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PROGRAMA POR 107 ANIVERSARIO DE LA PROVINCIA DE SULLANA

PROGRAMA POR EL 107 ANIVERSARIO DE LA PROVINCIA DE SULLANA

Con festivales, exposiciones y serenatas la provincia piurana de Sullana celebra su centésimo séptimo aniversario de creación política el 4 de noviembre, pero las actividades ya empezaron con la elección de Thalita Checa Girón como Miss Sullana 2018.

Programa de actividades (solo se ha considerado las que son de carácter turístico)

DOMINGO 28 DE OCTUBRE

Actividad: Festival Tonderazo del Chira 2018

Lugar: Plaza de Armas

Hora: 04:00 p.m.

MARTES 30 DE OCTUBRE

 

Actividad: Festival de Bandas Escolares

Lugar: Plaza de Armas

Hora: 04:00 p.m.

JUEVES 01 DE NOVIEMBRE

Actividad: Embanderamiento de la provincia

VIERNES 02 DE NOVIEMBRE

Actividad: Ceremonia de conmemoración del natalicio del Cnel. Francisco Bolognesi – Patrono del Glorioso Ejército del Perú y Día del Soldado

Hora: 08:00 a.m.

Actividad: Bicicleteada “Rutas Ambientales”

Lugar: Plaza de Armas

Hora: 05:00 p.m.

SABADO 03 DE NOVIEMBRE

Actividad: Misa y Te Deum

Lugar: Iglesia Santísima Trinidad

Hora: 08:00 a.m.

Actividad: Sesión solemne por CVII Aniversario de la Provincia de Sullana

Lugar: Salón Augusto Salaverry

Hora: 09:00 a.m.

Actividad: Esposición de trabajos de los talleres de dibujo, pintura y música Caja Sullana
Lugar: Parque de la Cultura “José Carlos Carrasco Távara”
Hora: 10:00 a.m.

Actividad: Serenata – 107 años
Lugar: Plaza Bolognesi
Hora: 08:00 p.m.

Actividad: Cena de gala
Lugar: Club Unión
Hora: 08:00 p.m.

DOMINGO 04 DE NOVIEMBRE

Actividad: Desfile cívico militar
Lugar: Av. El Alto
Hora: 08:45 a.m.

Actividad: Fiesta de aniversario
Lugar: Casa Club
Hora: 04:00 p.m.

MIERCOLES 07 DE NOVIEMBRE

Actividad: Presentación del proyecto de cine “Historias siniestras del Chira”
Lugar: Cinestar Sullana
Hora: 10:00 a.m.

JUEVES 08 DE NOVIEMBRE

Actividad: Inauguración de exposición pictórica – hasta el 15 de noviembre
Lugar: Salón Víctor Borrero Vargas – MPS
Hora: 07:30 p.m.

VIERNES 09 DE NOVIEMBRE

Actividad: I Feria Regional de Ciencia, Ingeniería, Tecnología y Emprendimiento “Fercietec”
Lugar: I.E.P. “Tte. Miguel Cortés”
Hora: 09:00 a.m.

Actividad: Feria “Crecemos Juntos”

Lugar: parque de la Cultura “José Carlos Carrasco Távara”
Hora: 09:00 a.m.

Actividad: VII Festival de Coros Cceposs
Lugar: Salón “Carlos Augusto Salaverry” – MPS
Hora: 04:00 p.m.

Actividad: Presentación del libro: “La Ninfa del Algarrobo”
Lugar: Salón “Lola Cruz de Acha”
Hora: 07:30 p.m.

SABADO 10 DE NOVIEMBRE

Actividad: Expo-venta: negocios de mujeres emprendedoras
Lugar: Cámara de Comercio
Hora: 09:00 a.m.

LUNES 12 DE NOVIEMBRE

Actividad: I Foro Panel Regional Textilería y Artesanal, Reflexiones y Propuestas
Lugar: Centro Cultural UNF
Hora: 09:00 a.m.

MARTES 13 DE NOVIEMBRE

Actividad: Noche Cultural
Lugar: Parque dela Cultura “José Carlos Carrasco Távara”
Hora: 08:00 p.m.

DEL 14 AL 16 DE NOVIEMBRE

Actividad: I Feria de Picanterías y Cevicherías de Sullana Antigua
Lugar: Parque de la Cultura “José Carlos Carrasco Távara”
Hora: 09:00 a.m.

DOMINGO 18 DE NOVIEMBRE

Actividad: Festival Internacional de Futbol Femenino

Lugar: Estadio Campeonoes del 36

Hora: 09:00 a.m.

Actividad: Corso Provincial – 107 años

Lugar: Plaza de Armas

Hora: 03:00 p.m.

01/11/2018 10:37 Formación Religiosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

Sullana: La Iglesia Matriz - Principales Devociones y tradiciones

Sullana

Es una ciudad peruana capital del distrito de Sullana y de la provincia de Sullana en el departamento de Piura. Fue fundada en 1783 por Baltasar Jaime Martínez Compañón con el nombre de Santísima Trinidad de La Punta. Se ubica en la región de la Costa al Norte del país. Según el INEI tenía 233.615 habitantes en 2012​ lo que la convertía en la decimosegunda en población del país.

La ciudad está emplazada a orillas del río Chira y está rodeada por la cordillera de Amotape. Su área urbana se extiende sobre un territorio de 1,985.32 ha y es una conurbación de tres municipios, dos de ellos (Sullana y Bellavista) completamente conurbados y uno, Marcavelica, parcialmente. Posee una ubicación estratégica, lo que la convierte en eje vial de comunicación de las provincias del departamento.

Su clima soleado le ha valido apelativos como La Perla del Chira, La Ciudad del Eterno Verano o La Novia del Sol.

HISTORIA Y EVOLUCIÓN DE SULLANA

ÉPOCA PRECOLOMBINA

Fueron diversas las etnias procedentes de quebradas andinas, con pobladores que llegaron por el litoral después de haber estado asentándose en distintos lugares, se conglomeraron y formaron la etnia Tallán, ubicada en ambas márgenes del valle del Chira aprovechando el caudaloso río y fértiles tierras. En lo que respecta al valle del Chira, los Tallanes o Tallancas, se escalonaron a una y otra margen del Alto Chira, motivados por la riqueza de la tierra y el agua se podía utilizar por el sistema de gravedad. En la zona media y baja del Chira, los asentamientos se ubicaron en la margen derecha y sólo en Sojo existía un poblado al lado izquierdo. Desde antes de la conquista europea, el valle fue progresivamente invadido por los Mochicas, Chimús y los Incas.

 ÉPOCA DE LA CONQUISTA, VIRREINATO Y FUNDACIÓN

Conquistas y expediciones de Francisco Pizarro

Llegó el conquistador Francisco Pizarro a Poechos8​ en donde se enfrenta al cacique de aquel lugar, y después de derrotar a este se dirige a Tangarará donde fundó la primera ciudad española en estos territorios, con el nombre de San Miguel poniendo la famosa “Cruz de la Conquista” es aquí donde se inició la evangelización y transculturación del Tahuantinsuyo.​

Martínez De Compañón y la fundación de Sullana: Fue el obispo Baltazar Jaime Martínez De Compañón y Bujanda; quien naciera en Cabredo, Navarra, España, en 1735. El cual al ser nombrado obispo de Trujillo, el 25 de febrero de 1778, empezara su visita a todas sus diócesis completándola en 1785. Llegando a Piura en julio de 1783; comenzando a agrupar a las poblaciones dispersas de esta región en las llamadas "reducciones" para lograr una mejor enseñanza de la doctrina cristiana; siendo la más importante en el valle del Río Chira la reducción de “La Punta” (antiguo nombre de Sullana) agrupando a la población de los distintos parajes en los terrenos de la hacienda Punta. Esta reducción estuvo en un primer momento constituida por 2,213 habitantes. (1,682 mestizos, 375 indios y 156 españoles), convirtiéndose en la más poblada de las diez que se crearon en la región; bautizándola con el nombre de "El Príncipe" pero eso solo quedó en el papel, porque los pobladores la llamaban “Santísima Trinidad De La Punta”. En parte del expediente de la fundación de Sullana esta junto al expediente de la creación de Tambo grande, amparado en el capítulo XI, acción tercera del concilio de Lima de 1783. El informe final de fundación se envió al virrey el 8 de julio de 1783 fecha fijada del nacimiento de Sullana.

LA INDEPENDENCIA Y ÉPOCA REPUBLICANA

En Querecotillo, el 11 de enero de 1821 se reúnen 150 vecinos y luego de leer los pliegos enviados por Torre Tagle se acuerda la jura de la independencia para el domingo 14; así en Querecotillo y Tumbes, simultáneamente se declaran independientes tal día.10​ En agosto de 1821 San Martín nombra jefe militar de Piura al coronel Andrés Santa Cruz quien forma la división Norte, reuniendo 2,613 voluntarios desde Trujillo a Piura. De La Punta acuden13 jóvenes combatiendo en la batalla de Pichincha el 22 de mayo de 1822 donde Ecuador consolida su independencia. Luego, esta división se integra al ejército de Simón Bolívar participando en acciones como Junín y Ayacucho, destacan Manuel Rejón, Miguel Aljovin, Juan Aguilar, José, Coloma, Gerónimo Garrido. José Saldarriaga, el cadete Miguel Cortés del Castillo, los hermanos Eugenio, Ventura y José María Raygada; el cabo Juan José Farfán entre muchos otros.

EDAD MODERNA

Sullana Villa: En 1823 los pobladores de la Punta presentan un memorial solicitando se eleve este poblado a la categoría de villa.Pero recién en 1826 Santa Cruz oficializa el pedido con el siguiente decreto: "Don Andrés de Santa Cruz gran mariscal de los ejércitos nacionales y presidente del Consejo de Gobierno de la República del Perú". Atendiendo a los servicios importantes hechos a la sagrada causa de nuestra independencia por el pueblo de La Punta, en la provincia de Piura del departamento de La Libertad; y considerando que dicho pueblo no obstante haber contribuido con muchos de sus hijos para sostenerla, reúne todavía elementos de riqueza y civilización progresiva; He venido a decretar y decreto:

 

Articulo 1°: El pueblo de La Punta, de la provincia de Piura, del departamento de La Libertad; es elevado al rango de villa bajo el nombre de Zullana.

Artículo 2°: El ministro de Estado en el departamento del Interior queda encargado de la ejecución del presente decreto.

Imprimase, publíquese y circúlese. Dado en Lima el 13 de Octubre de 1826 siendo presidente Andrés de Santa Cruz. Como podemos observar, en este decreto se oficializa el nombre de Sullana que entonces se escribía con la letra “Z”.

Sullana Distrito: En 1826 fue elevada a Villa, en 1837 a Distrito de Piura y en 1861 fue Distrito de Paita. Una de las referencias más antiguas de la ciudad de Sullana, data de 1847, donde tenía 4.000 habitantes desarrollándose a lo largo de dos calles principales prolongadas y muy anchas (San Martín y Bolívar).

Sullana ciudad: Todo el Perú rechazó las pretensiones de España de querer restablecer el coloniaje y en Sullana el 24 de diciembre de 1865 se reunieron las autoridades de la ciudad para expresar su adhesión al nuevo jefe del gobierno Mariano Ignacio Prado. Terminado el conflicto con España, fue elegido presidente. En octubre de 1867 el general Diez Canseco se subleva en Arequipa y en Trujillo. Por otro lado en Cajamarca y Chiclayo se subleva el coronel Balta. En 1868 el sullanense Rudecindo Vásquez que apoya a Balta con un grupo de montoneros toma la Huaca. Luego se apodera de Sullana en plena fiesta de Reyes. Con 150 hombres toma Paita, tras vencer a una guarnición de 20 soldados al mando del capitán José María Vera Tudela, se proclama subprefecto. El 13 de enero, con 250 hombres se presenta en Piura pactando con una delegación de notables toma la ciudad en forma pacífica, siendo nombrado prefecto ese mismo día, aunque sólo estuvo en el cargo tres. Luego fue nombrado comandante general reorganizando las tropas y recogiendo armas y municiones. El 28 de octubre de 1868, Balta eleva a la categoría de ciudad a las villas de Sullana y Catacaos, en reconocimiento al apoyo recibido. La mencionada ley dice textualmente: Por cuanto el congreso ha dado la ley siguiente:

El ciudadano José Balta, presidente constitucional de la República.

El congreso de la república peruana, considerando: Que la importancia de las antiguas villas de Sullana y Catacaos, del departamento de Piura, ha crecido notablemente por el desarrollo de su población y elementos industriales: Ha dado la Ley siguiente: Elévese a la categoría de ciudad, las villas de Sullana y Catacaos del departamento de Piura. Dada en la sala de sesiones del congreso, en Lima a 28 de octubre de 1868. José Rufino E. presidente del senado; Juan Oviedo, presidente de la Cámara de Diputados; Francisco Chávez, secretario del Senado; Pedro Bernales, secretario en Diputados. El Excmo. Señor Presidente de la República.

Por tanto: mandase imprima, publique y circule y se le dé debido cumplimiento. Dado en la casa de Gobierno, en Lima el 28 de octubre de 1868. José Balta, presidente; P. Gálvez, secretario.

SIGLO XX Y ACTUALIDAD

A finales del siglo XIX, luego de la instalación y puesta en función del tren Paita - La Huaca - Sullana (1879), para facilitar la exportación de algodón por Paita, la ciudad de Sullana comenzaría a crecer con mayor rapidez industrial-económicamente, pese a la gran recesión que se aconteció en el país con la post guerra con Chile. Desde comienzos hasta mediados del siglo XX, con las dos guerras mundiales (1914-17, 1939-45), significaron una creciente demanda de productos a nivel mundial, tales como el Algodón, minerales, cueros y otros productos orientados básicamente a la exportación, resultando esto positivo para el desarrollo económico del País, específicamente para la zona norte del País, donde se ubica la ciudad de Sullana. En la década de los 30, se construyó el canal Miguel Checa de alta incidencia agrícola así como el primer puente sobre el río Chira y la carretera Panamericana, que ampliaron los flujos comerciales hacia Talara, Tumbes y Ecuador, y desde entonces la ciudad se convertía en un gran nudo de caminos que unían el norte y sur del país. En el periodo 1940-1961, la población de la ciudad crece aceleradamente, con una tasa de 4.1 % incrementado su área en 135%, lo que se explica en los siguientes hechos: Ampliación de la frontera agrícola, con la construcción de la represa de San Lorenzo, Créditos agrícolas, con la instalación de la Agencia del Banco de Fomento Agrario, consolidación del comercio binacional, con el inicio de la Feria de Reyes. A comienzos de 1962, el ferrocarril a Paita deja de funcionar, surgiendo la necesidad de la construcción de una carretera hacia Paita; en este mismo año se da la interconexión eléctrica Piura-Sullana, impulsando de esta manera el desarrollo industrial y consecuentemente la creación del Parque Industrial de la ciudad, en este mismo periodo de 1961 - 1972, el área de la ciudad aumenta en un 75%, como resultado de las políticas de desarrollo industrial y la Reforma Agraria, y se inaugura el primer hospital de la ciudad. Ya, en la década de los ochenta a partir de diciembre de 1982 a julio de 1983 la ciudad como toda la zona norte del país sufre las consecuencia que trajo consigo el fenómeno del niño, reactivándose en este proceso las diversas quebradas que atravesaban la ciudad como: la quebrada Ceneguillo, cola del alacrán y bellavista; una vez terminado el fenómeno del niño, en los años siguientes se construiría diversos canales que atravesarían la ciudad; siendo uno de ellos el canal vía, todos estos terminados en el primer año de la década de los noventa. En los últimos años, la ciudad ha pasado de ser un municipio solo industrial-comercial a convertirse en núcleo de servicios.

ORGANIZACIÓN POLÍTICA ADMINISTRATIVA

Anexo: Distritos de la ciudad de Sullana

La ciudad no está delimitada por los límites distritales que comprenden su circunscripción, por lo mismo la cifra poblacional de la ciudad no se ajusta a la suma de poblaciones de los distritos que podrían estar parcial o totalmente considerados dentro de la ciudad, entidades como RENIEC consideran que la ciudad se divide en 2 distritos administrativos, coordinados por su municipio provincial, sin embargo INEI se vale de otras metodologías para la delimitación de la ciudad.

MAPA DE LA PROVINCIA DE SULLANA

 

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Los 236 años de la Iglesia Matriz de Sullana

 

 

TEMPLO MATRIZ DE LA "SANTÍSIMA TRINIDAD" DE SULLANA

Este templo pertenece a la parroquia de la Santísima Trinidad, a cargo de Sacerdotes Diocesanos.

Es un moderno y esbelto edificio de arquitectura neoclásica, con una torre de 42 metros de altura. La obra se inició en l942 y se inauguró el 8 de diciembre de 1945. En l960 se edificó lo que es la “nave” de la iglesia y en el campanario se colocaron dos enormes y hermosas campanas bautizadas con los nombres de “María Carmen” y "Trinidad", confeccionadas en España y una más pequeña construida en Italia en 1909 que recientemente la bajaron y la ubicaron a un costado del altar... tañe imponente en el momento de la Consagración. 

Campana Centenaria

Mi nombre es "María Carmen" y fui bautizada en 1960


Mi nombre es "Trinidad" y fui bautizada en 1960


 

NAVE DEL TEMPLO

La Parroquia Matriz Santísima Trinidad de Sullana

La parroquia Matriz Santísima Trinidad es más que un símbolo de fe para los sullaneros. Es un motivo para sentirse orgulloso. Por eso, los feligreses trabajan en las últimas semanas en la restauración de los techos y el sistema eléctrico del templo también conocido como “Iglesia Matriz de Sullana”.

El pasado 8 de junio, la Parroquia pues esta cumplió 236 años bendiciendo a esta importante provincia de la región Piura, que nació como curato en 1783 ... El templo actual fue construido en dos partes 1º la torre en 1945 con los Padres Pasionistas y luego la nave con los Padres Maristas después de 1952 quienes después 62 de haber cumplidad su labor misionera por esta tierras, la entregarón al Arzobispado de Piura, junto con el Colegio Parroquial "San Pedro Chanel" que  lleva el nombre de uno de sus principales Santos Mártires de su Congregación.

Para el párroco actual de Sullana, Manuel Curay Ochoa, la Iglesia Matriz forma parte importante de la historia de la ciudad: en ella que reposa la venerada imagen del patrono de Sullana, el “Señor de la Agonía”, y otras devociones propias de la feligresía católica.

“Es la iglesia madre. Aquí nacieron todas las iglesias y capillas que existen en la provincia. Primero era atendida por misioneros y sacerdotes; luego llegaron los padres pasionistas en el siglo pasado hasta llegar a los padres maristas. La iglesia es parte importante de la historia de la ciudad”, sostuvo el párroco.

Durante el periodo lluvioso que se registró en el norte del país, la iglesia Santísima Trinidad sufrió las consecuencias y su infraestructura se deterioró. Sin embargo, actualmente los fieles católicos de la provincia han iniciado una campaña para su restauración.

“Estamos mejorando el techo, los confesionarios y el sistema de electrificación. Además, hemos empezado una campaña para la renovación del piso. Hay que recalcar que la parte del hangar del templo no se va a cambiar, se va a pulir”,

El Señor de los Milagros

La principal devoción en la provincia de Sullana es el Señor de los Milagros que todos los años convoca a miles de fieles católicos y también está la Santísima Virgen María en sus diferentes devociones.

Todavía existe un tema pendiente, el cual es revalidar al “Señor de la Agonía” que esta asociado el 6 de enero con la Fiesta de Los Reyes, día central del patrono de Sullana, h.

“Esto debe empezar a cambiar”, recalcó el sacerdote de la bicentenaria iglesia sullanera.

Es válido mencionar que la parroquia Santísima Trinidad fue fundada en 1783 cuando la ciudad era conocida como La Punta, que luego se convirtió en la ciudad de Sullana.

 

EL SEÑOR DE LA AGONÍA 


Es el auténtico patrono de Sullana. Esta imagen se encuentra en la iglesia matriz, exactamente, en la columna derecha, entrando por la puerta principal. 
Cuentan nuestros abuelos, que en la guerra con Chile, un sargento chileno, de apellido Balmaceda, odiado hasta por sus propios subordinados, llegó a Sullana con la intención de saquear el pueblo. Luego de entrar al pequeño ambiente del local de la municipalidad del entonces distrito de Sullana, al no encontrar nada de valor, los intrusos ocasionaron grandes destrozos. El sargento, endiablado, salió y se dirigió al templo, pensando que encontraría objetos religiosos de valor. Al llegar a la puerta del aposento sagrado, se encontró ante la imagen de Cristo que no era otra sino la imagen del Señor de la Agonía muy venerado por los cargadores y otros devotos de toda condición social. Balmaceda, un hombre rudo y despiadado, casi inhumano, no creía en nada y seguramente no tenía sentimientos religiosos, pero, ante la imagen de Cristo quedó como petrificado. Es probable que antes de embarcarse en la expedición chilena, su madre bendijo su partida ante un crucifico – Hijo actúa con justicia y que Dios te proteja - tal vez le dijo la buena mujer. Balmaceda, al encontrase frente al Cristo del Señor de la Agonía, revivió este lejano recuerdo. En el fondo del corazón tenía un resquicio de amor y bondad, que en ese momento afloró e invadió su ser, y ante la sorpresa de su guarnición, ordenó se rindiera culto a la sagrada imagen. Entraron al templo, estuvieron unos momentos. Nadie supo lo que sucedió, lo cierto que el sargento chileno ordenó a sus soldados la retirada, ante el asombro de algunos pobladores que miraban asustados a la tropa chilena y esperaban lo peor. Una vez que desaparecieron entre el polvoriento arenal, los lugareños entraron al templo, comprobando que todo estaba intacto. 
A partir de entonces, cada seis de enero se veneraba al Señor de la Agonía con mayor devoción, convirtiéndose en una festividad popular. En dicha fecha, su imagen era paseada por diferentes calles de Sullana. Llegaba hasta la capilla de la calle San Martín donde hoy existe una plataforma deportiva, allí pasaba la noche. Luego el Señor era llevado hasta las inmediaciones de la hoy plaza Checa para, despues, retornar a la iglesia. 
Esta fiesta popular de fervor religioso y espontánea veneración, duraba toda una semana con sus novenas y otras actividades. En la plaza de Armas se concentraban tómbolas, magos de la suerte, vendedores de exquisita comida y dulces, y otras diversiones, coincidiendo con la presencia de comerciantes provenientes de Ecuador, del sur del Perú, de nuestra sierra, que por la época, aún hoy, convergían masivamente en el lugar intercambiando sus productos, para luego seguir su camino. Era una festividad religiosa popular parecida a las que hoy se celebran en otros lugares del Perú, como el Sr. Cautivo, el Sr, de la Buena Muerte de Chocán, la Virgen de las Mercedes de Paita, por mencionar las más cercanas. 
Lamentablemente, a principios de la década del 60, la festividad se había convertido en una fiesta pagana. Desde entonces, el culto decayó.

Hoy se está retomando su culto y en la actualidad permanece junto al Altar del Templo  de la Iglesia Santísma Trinidad.

 

COSTUMBRES Y TRADICIONES

Sullana es una provincia que posee una estratégica ubicación geográfica, un rico historial, un buen clima, una variedad de recursos naturales así como una gran cantidad de costumbres y tradiciones, transmitidas de generación en generación por sus habitantes. Cabe resaltar la importancia de las mismas en el desarrollo de la provincia; ya que son estas las que le dan un toque de magia, esplendor y misterio haciendo de nuestra querida “Perla del Chira” una provincia encantadora. Para ello empezaré por definir claramente lo que son cada una de ellas, así tenemos que una costumbre es una práctica social arraigada, es decir, la repetición constante y uniforme de ciertos actos o acontecimientos que las personas realizan cada cierto tiempo, mientras que una tradición es todo aquello que una generación hereda de las anteriores y, por estimarlo valioso, lega a las siguientes, considerándose así como tradicionales a las creencias y formas de expresión artísticas características de una comunidad.
Entre las principales costumbres y tradiciones que destacan en Sullana, podemos observar y vivir:

1.Los angelitos y las velaciones:

Es la festividad de todos los santos y de los difuntos, que se realiza 1 y 2 de noviembre, respectivamente, donde el pueblo encuentra modo de expansionar su devoción en un culto exagerado a la memoria de los muertos.La razón de acabarse materialmente, el fin de la carne, el misterio de la muerte, resultan impenetrables ideas en las hurañas mentes y forman todo un caos de supersticiones tradicionales, por lo que siempre tratan de olvidar tales temores y misterios con mucho ruido y

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 Los preparativos empiezan desde el mes de octubre, donde se hacen las compras para confeccionar coronas, ramitos y palmas, cuyo precio varía según el material empleado en su confección. Las más modestas son de alambre con flores de papel; siguen categoría las de harina de pan coloreada; y las más caras de hojalata pintada y adornada con simbólicas cabezas de angelitos. Desde entonces podemos observar el curioso aspecto que van tomando los mercados con estas pintorescas coronas.

Al 1° de Noviembre se le denomina Día de los Angelitos y es, en este día donde amanecen en los puestos especiales del mercado y en las dulcerías, los famosos “angelitos” que son unos dulces diminutos como símbolo de la porción humana que es un niño. Después, todos van al cementerio a “coronar” a los muertos llevando ramos de flores, rosas, velas que son colocadas en las tumbas de los niños, cuyas almas se cree están en el Cielo ensalzando a Dios, mientras que la mayoría de infantes que se encuentran el la Tierra degusta de estos pastelitos por todo el resto del día, ya que las madres o familiares que han perdido a sus hijos o parientes obsequian éstos a aquellos que tienen la edad del difunto.
El 2 de Noviembre, se le conoce como Día de las Velaciones donde la gente de los más remotos confines del departamento, acuden con fidelidad asombrosa a velar a sus finados, procurando permanecer el mayor tiempo posible al lado de sus muertos rezando durante toda la noche. En la Cruz Mayor, cobijados bajo los brazos extendidos del Cristo y como procurando hallar consuelo lloran y velan los deudos de aquellos que descansan lejos, bajo una tierra distante. Llegada la noche, se toma café y roscas de muerto, se bebe anisado para matar el miedo mientras otros rezan, o los más valientes, hasta refieren cuentos de penas.

2.El sepelio:

Consiste en trasladar al difunto desde la casa donde vivió o donde se “veló” hasta el cementerio, aco
mpañado por cierta cantidad de personas, evento que se conoce como cortejo fúnebre. Encabezando la marcha desfilan un grupo de niños portando flores, en ocasiones precedidos por vehículos que portan “arreglos” florales, en algunos casos participa una agrupación musical y dependiendo de la reputación del occiso, asisten delegaciones de instituciones con sus estandartes.

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El féretro es cargado por parientes o allegados que se van turnando para participar en el duelo. En ocasiones puede intervenir una hermandad religiosa que dirige los rezos y cantos relacionados al hecho, no faltando los llorones que ensalzan las virtudes que en vida tuvo el difunto.

3.El pelamiento: 

Es una costumbre donde se realiza la ceremonia de cortar el pelo de un niño por primera vez. Para esto, los padres seleccionan e invitan como padrinos a la gente más allegada y con buenos recursos económicos.

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La celebración generalmente se realiza a partir de las diez de la noche y consiste en que la madre sienta al “moñón” en una silla, rodeado por los padrinos; a la madrina le corresponde cortar el “moño mayor” que lo deposita en un plato y dinero en una bandeja; luego, sigue el padrino que corta otro pedazo de moño y coloca otra cantidad de billetes, que siempre es mayor que la anterior. A continuación empieza la fiesta que dura hasta el amanecer.

4.Mal de ojo “ojeado”:

Causado por la mirada fuerte de algunas personas que según se cree tienen el poder de “ojear”, ocurre generalmente en los lactantes y niños de corta edad, atribuyéndose también a espíritus malignos atraídos por la hermosura de un infante o por una gracia

 

 

de éste. De aColocarle-una-pulsera-roja-para-combatir-el-mal-de-ojohí la costumbre de proteger a los niños vistiéndolos con ropa de telas coloradas y colocándole en la mano derecha chaquiras, amuletos, etc. prendidos en una cinta roja con lo que se desvían los malos espíritus que acechan a su alrededor.Los síntomas de un niño con “mal de ojo” son el llanto frecuente, intranquilidad, inapetencia, náuseas, vómitos y fiebre alta. Ante esto es necesaria la presencia de un santiguador que inmediatamente empieza con sus rezos haciéndole la señal de la cruz en la frente, en el pecho y del hombro izquierdo al derecho. Hay ciertos santiguadores que utilizan un huevo fresco de gallina, frotándolo en todo el cuerpo. Terminado el rezo se rompe el huevo y el contenido se vierte en un vaso con agua, al mismo tiempo que el santiguador exclama el daño que se le a hecho a la criatura.

5.El susto:

Se le conoce también como “mal de espanto” y por otros “daño”. Es una enfermedad neuro-psiquiátrica en la que el individuo es afectado por una emoción muy desagradable o de terror provocada por un golpe, o por apariciones imprevistas de animales dañinos, de bultos o sombras o de perros que asustan por la noche. Aunque los habitantes de las zonas rurales refieren que sucede por la “posesión de espíritus malos” en los cerros, el agua (espejismos, visiones), los animales o las huacas (antiguos cementerios tallanes). Los síntomas son el nsustoerviosismo y poco a poco se va adelgazando, para la cura de este mal se recurre al llamado curandero, que escoge los días martes y viernes por la noche para el tratamiento. En este se inician los rezos y le hacen tomar al paciente bebidas de hierbas hasta dormirlo, a la vez que ahuman el lugar con palo santo; luego le escupen el cuerpo con agua de hierba del espanto y le preparan bebidas para que tome durante un mes, con lo que el afectado se va sintiendo mejor hasta reponerse totalmente.Otroscuranderos curan el “susto” frotando en el cuerpo del asustado un trozo de alambre mojado con agua florida, a la vez que rezan, terminada la sesión entierran el alambre en las cenizas de un brasero, dejándolo hasta el día siguiente.

GASTRONOMIA DE SULLANA

Sullana, es un paraíso gastronómico por las exquisitas comidas típicas que posee. Entre los platos más característicos se encuentra:

Seco de Chavelo (plátano asado o frito chancado con chicharrón)

-Chifles (rodajas finas de plátano verde, fritas en aceite).

-Carne: carne picada (trozos de ternera y cerdo frito), carne seca o cecina, Cabrito, "Rachi rachi"

El Tollito aliñado, Sudado, Cachema frita o Cebiche.

La chicha de jora, la bebida de los tallanes, a base de maíz.

Postres y dulces típicos de Sullana: Sullanerísimo Chumbeque (capas de turrón con miel), deliciosas natillas a base de leche de cabra, cocadas, alfajores de guanábana, bombitas, "mazorcas" a base de maní que son caramelos en miniatura.

En el día de todos los santos: los dulces pequeños llamados “angelitos”

En el día de los difuntos: Llamadas las Velaciones con tradicionales Roscas de muerto y la conserva de coco con camote


23/10/2018 06:51 Formación Religiosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA (COMPENDIO) 4º Y 5º SEC.

CATECISMO 

DE LA
IGLESIA CATÓLICA

Compendio

 

© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana

  

PRIMERA PARTE

LA PROFESIÓN DE LA FE

 

PRIMERA SECCIÓN
«CREO» – «CREEMOS»

 

1. ¿Cuál es el designio de Dios para el hombre?

1-25

Dios, infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo, en un designio de pura bondad ha creado libremente al hombre para hacerle partícipe de su vida bienaventurada. En la plenitud de los tiempos, Dios Padre envió a su Hijo como Redentor y Salvador de los hombres caídos en el pecado, convocándolos en su Iglesia, y haciéndolos hijos suyos de adopción por obra del Espíritu Santo y herederos de su eterna bienaventuranza.

 

CAPÍTULO PRIMERO

EL HOMBRE ES «CAPAZ» DE DIOS 

 

30

«Tú eres grande, Señor, y muy digno de alabanza (…). Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti» (San Agustín).


2. ¿Por qué late en el hombre el deseo de Dios?

27-30
44-45

Dios mismo, al crear al hombre a su propia imagen, inscribió en el corazón de éste el deseo de verlo. Aunque el hombre a menudo ignore tal deseo, Dios no cesa de atraerlo hacia sí, para que viva y encuentre en Él aquella plenitud de verdad y felicidad a la que aspira sin descanso. En consecuencia, el hombre, por naturaleza y vocación, es un ser esencialmente religioso, capaz de entrar en comunión con Dios. Esta íntima y vital relación con Dios otorga al hombre su dignidad fundamental.

 

3. ¿Cómo se puede conocer a Dios con la sola luz de la razón?

31-36
46-47

A partir de la Creación, esto es, del mundo y de la persona humana, el hombre, con la sola razón, puede con certeza conocer a Dios como origen y fin del universo y como sumo bien, verdad y belleza infinita.

 

4. ¿Basta la sola luz de la razón para conocer el misterio de Dios?

37-38

Para conocer a Dios con la sola luz de la razón, el hombre encuentra muchas dificultades. Además no puede entrar por sí mismo en la intimidad del misterio divino. Por ello, Dios ha querido iluminarlo con su Revelación, no sólo acerca de las verdades que superan la comprensión humana, sino también sobre verdades religiosas y morales, que, aun siendo de por sí accesibles a la razón, de esta manera pueden ser conocidas por todos sin dificultad, con firme certeza y sin mezcla de error.

 

5. ¿Cómo se puede hablar de Dios?

Se puede hablar de Dios a todos y con todos, partiendo de las perfecciones del hombre y las demás criaturas, las cuales son un reflejo, si bien limitado, de la infinita perfección de Dios. Sin embargo, es necesario purificar continuamente nuestro lenguaje de todo lo que tiene de fantasioso e imperfecto, sabiendo bien que nunca podrá expresar plenamente el infinito misterio de Dios.

 

CAPÍTULO SEGUNDO

DIOS VIENE AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

LA REVELACIÓN DE DIOS

 

6. ¿Qué revela Dios al hombre?

50-53
68-69

Dios, en su bondad y sabiduría, se revela al hombre. Por medio de acontecimientos y palabras, se revela a sí mismo y el designio de benevolencia que él mismo ha preestablecido desde la eternidad en Cristo en favor de los hombres. Este designio consiste en hacer partícipes de la vida divina a todos los hombres, mediante la gracia del Espíritu Santo, para hacer de ellos hijos adoptivos en su Hijo Unigénito.

 

7. ¿Cuáles son las primeras etapas de la Revelación de Dios?

54-58
70-71

Desde el principio, Dios se manifiesta a Adán y Eva, nuestros primeros padres, y les invita a una íntima comunión con Él. Después de la caída, Dios no interrumpe su revelación, y les promete la salvación para toda su descendencia. Después del diluvio, establece con Noé una alianza que abraza a todos los seres vivientes.

 

8. ¿Cuáles son las sucesivas etapas de la Revelación de Dios?

59-64
72

Dios escogió a Abram llamándolo a abandonar su tierra para hacer de él «el padre de una multitud de naciones» (Gn 17, 5), y prometiéndole bendecir en él a «todas las naciones de la tierra» (Gn 12,3). Los descendientes de Abraham serán los depositarios de las promesas divinas hechas a los patriarcas. Dios forma a Israel como su pueblo elegido, salvándolo de la esclavitud de Egipto, establece con él la Alianza del Sinaí, y le da su Ley por medio de Moisés. Los Profetas anuncian una radical redención del pueblo y una salvación que abrazará a todas las naciones en una Alianza nueva y eterna. Del pueblo de Israel, de la estirpe del rey David, nacerá el Mesías: Jesús.

 

9. ¿Cuál es la plena y definitiva etapa de la Revelación de Dios?

65-66
73

La plena y definitiva etapa de la Revelación de Dios es la que Él mismo llevó a cabo en su Verbo encarnado, Jesucristo, mediador y plenitud de la Revelación. En cuanto Hijo Unigénito de Dios hecho hombre, Él es la Palabra perfecta y definitiva del Padre. Con la venida del Hijo y el don del Espíritu, la Revelación ya se ha cumplido plenamente, aunque la fe de la Iglesia deberá comprender gradualmente todo su alcance a lo largo de los siglos.

«Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar» (San Juan de la Cruz)

 

10. ¿Qué valor tienen las revelaciones privadas?

67

Aunque no pertenecen al depósito de la fe, las revelaciones privadas pueden ayudar a vivir la misma fe, si mantienen su íntima orientación a Cristo. El Magisterio de la Iglesia, al que corresponde el discernimiento de tales revelaciones, no puede aceptar, por tanto, aquellas “revelaciones” que pretendan superar o corregir la Revelación definitiva, que es Cristo.

 

LA TRANSMISIÓN DE LA DIVINA REVELACIÓN

 

11. ¿Por qué y de qué modo se transmite la divina Revelación?

74

Dios «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tim 2, 4), es decir, de Jesucristo. Es preciso, pues, que Cristo sea anunciado a todos los hombres, según su propio mandato: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28, 19). Esto se lleva a cabo mediante la Tradición Apostólica.

 

12. ¿Qué es la Tradición Apostólica?

75-79
83
96.98

La Tradición Apostólica es la transmisión del mensaje de Cristo llevada a cabo, desde los comienzos del cristianismo, por la predicación, el testimonio, las instituciones, el culto y los escritos inspirados. Los Apóstoles transmitieron a sus sucesores, los obispos y, a través de éstos, a todas las generaciones hasta el fin de los tiempos todo lo que habían recibido de Cristo y aprendido del Espíritu Santo.

 

13. ¿De qué modo se realiza la Tradición Apostólica?

76

La Tradición Apostólica se realiza de dos modos: con la transmisión viva de la Palabra de Dios (también llamada simplemente Tradición) y con la Sagrada Escritura, que es el mismo anuncio de la salvación puesto por escrito.

 

14. ¿Qué relación existe entre Tradición y Sagrada Escritura?

80-82
97

La Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas entre sí. En efecto, ambas hacen presente y fecundo en la Iglesia el Misterio de Cristo, y surgen de la misma fuente divina: constituyen un solo sagrado depósito de la fe, del cual la Iglesia saca su propia certeza sobre todas las cosas reveladas.

 

15. ¿A quién ha sido confiado el depósito de la fe?

84.91
94.99

El depósito de la fe ha sido confiado por los Apóstoles a toda la Iglesia. Todo el Pueblo de Dios, con el sentido sobrenatural de la fe, sostenido por el Espíritu Santo y guiado por el Magisterio de la Iglesia, acoge la Revelación divina, la comprende cada vez mejor, y la aplica a la vida.

 

16. ¿A quién corresponde interpretar auténticamente el depósito de la fe?

85-90
100

La interpretación auténtica del depósito de la fe corresponde sólo al Magisterio vivo de la Iglesia, es decir, al Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, y a los obispos en comunión con él. Al Magisterio, el cual, en el servicio de la Palabra de Dios, goza del carisma cierto de la verdad, compete también definir los dogmas, que son formulaciones de las verdades contenidas en la divina Revelación; dicha autoridad se extiende también a las verdades necesariamente relacionadas con la Revelación.

 

17. ¿Qué relación existe entre Escritura, Tradición y Magisterio?

95

Escritura, Tradición y Magisterio están tan estrechamente unidos entre sí, que ninguno de ellos existe sin los otros. Juntos, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente, cada uno a su modo, a la salvación de los hombres.

 

LA SAGRADA ESCRITURA

 

18. ¿Por qué decimos que la Sagrada Escritura enseña la verdad?

105-108
135-136

Decimos que la Sagrada Escritura enseña la verdad porque Dios mismo es su autor: por eso afirmamos que está inspirada y enseña sin error las verdades necesarias para nuestra salvación. El Espíritu Santo ha inspirado, en efecto, a los autores humanos de la Sagrada Escritura, los cuales han escrito lo que el Espíritu ha querido enseñarnos. La fe cristiana, sin embargo, no es una «religión del libro», sino de la Palabra de Dios, que no es «una palabra escrita y muda, sino el Verbo encarnado y vivo» (San Bernardo de Claraval).

 

19. ¿Cómo se debe leer la Sagrada Escritura?

109-119
137

La Sagrada Escritura debe ser leída e interpretada con la ayuda del Espíritu Santo y bajo la guía del Magisterio de la Iglesia, según tres criterios: 1) atención al contenido y a la unidad de toda la Escritura; 2) lectura de la Escritura en la Tradición viva de la Iglesia; 3) respeto de la analogía de la fe, es decir, de la cohesión entre las verdades de la fe.

 

20. ¿Qué es el canon de las Escrituras?

120
138

El canon de las Escrituras es el elenco completo de todos los escritos que la Tradición Apostólica ha hecho discernir a la Iglesia como sagrados. Tal canon comprende cuarenta y seis escritos del Antiguo Testamento y veintisiete del Nuevo.

 

21. ¿Qué importancia tiene el Antiguo Testamento para los cristianos?

121-123

Los cristianos veneran el Antiguo Testamento como verdadera Palabra de Dios: todos sus libros están divinamente inspirados y conservan un valor permanente, dan testimonio de la pedagogía divina del amor salvífico de Dios, y han sido escritos sobre todo para preparar la venida de Cristo Salvador del mundo.

 

22. ¿Qué importancia tiene el Nuevo Testamento para los cristianos?

124-127
139

El Nuevo Testamento, cuyo centro es Jesucristo, nos transmite la verdad definitiva de la Revelación divina. En él, los cuatro Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, siendo el principal testimonio de la vida y doctrina de Jesús, constituyen el corazón de todas las Escrituras y ocupan un puesto único en la Iglesia.

 

23. ¿Qué unidad existe entre el Antiguo y el Nuevo Testamento?

128-130
140

La Escritura es una porque es única la Palabra de Dios, único el proyecto salvífico de Dios y única la inspiración divina de ambos Testamentos. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo, mientras que éste da cumplimiento al Antiguo: ambos se iluminan recíprocamente.

 

24. ¿Qué función tiene la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia?

131-133
141-142

La Sagrada Escritura proporciona apoyo y vigor a la vida de la Iglesia. Para sus hijos, es firmeza de la fe, alimento y manantial de vida espiritual. Es el alma de la teología y de la predicación pastoral. Dice el Salmista: «lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal 119, 105). Por esto la Iglesia exhorta a la lectura frecuente de la Sagrada Escritura, pues «desconocer la Escritura es desconocer a Cristo» (San Jerónimo).

 

CAPÍTULO TERCERO

LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS

CREO

 

25. ¿Cómo responde el hombre a Dios que se revela?

142-143

El hombre, sostenido por la gracia divina, responde a la Revelación de Dios con la obediencia de la fe, que consiste en fiarse plenamente de Dios y acoger su Verdad, en cuanto garantizada por Él, que es la Verdad misma.

 

26. ¿Cuáles son en la Sagrada Escritura los principales modelos de obediencia en la fe?

144-149

Son muchos los modelos de obediencia en la fe en la Sagrada Escritura, pero destacan dos particularmente: Abraham, que, sometido a prueba, «tuvo fe en Dios» (Rm 4, 3) y siempre obedeció a su llamada; por esto se convirtió en «padre de todos los creyentes» (Rm 4, 11.18). Y la Virgen María, quien ha realizado del modo más perfecto, durante toda su vida, la obediencia en la fe: «Fiat mihi secundum Verbum tuum – hágase en mi según tu palabra» (Lc 1, 38).

 

27. En la práctica ¿qué significa para el hombre creer en Dios?

150-152
176-178

Creer en Dios significa para el hombre adherirse a Dios mismo, confiando plenamente en Él y dando pleno asentimiento a todas las verdades por Él reveladas, porque Dios es la Verdad. Significa creer en un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

28. ¿Cuáles son las características de la fe?

153-165
179-180
183-184

La fe, don gratuito de Dios, accesible a cuantos la piden humildemente, es la virtud sobrenatural necesaria para salvarse. El acto de fe es un acto humano, es decir un acto de la inteligencia del hombre, el cual, bajo el impulso de la voluntad movida por Dios, asiente libremente a la verdad divina. Además, la fe es cierta porque se fundamenta sobre la Palabra de Dios; «actúa por medio de la caridad» (Ga 5,6); y está en continuo crecimiento, gracias, particularmente, a la escucha de la Palabra de Dios y a la oración. Ella nos hace pregustar desde ahora el gozo del cielo.

 

29. ¿Por qué afirmamos que no hay contradicción entre la fe y la ciencia?

159

Aunque la fe supera a la razón, no puede nunca haber contradicción entre la fe y la ciencia, ya que ambas tienen su origen en Dios. Es Dios mismo quien da al hombre tanto la luz de la razón como la fe.

«Cree para comprender y comprende para creer» (San Agustín)

 

CREEMOS

 

30. ¿Por qué la fe es un acto personal y al mismo tiempo eclesial?

166-169
181

La fe es un acto personal en cuanto es respuesta libre del hombre a Dios que se revela. Pero, al mismo tiempo, es un acto eclesial, que se manifiesta en la expresión «creemos», porque, efectivamente, es la Iglesia quien cree, de tal modo que Ella, con la gracia del Espíritu Santo, precede, engendra y alimenta la fe de cada uno: por esto la Iglesia es Madre y Maestra.

«Nadie puede tener a Dios por Padre si no tiene a la Iglesia por Madre»
(San Cipriano)

 

31. ¿Por qué son importantes las fórmulas de la fe?

170-171

Las fórmulas de la fe son importantes porque nos permiten expresar, asimilar, celebrar y compartir con los demás las verdades de la fe, utilizando un lenguaje común.

 

32. ¿En qué sentido la fe de la Iglesia es una sola?

172-175
182

La Iglesia, aunque formada por personas diversas por razón de lengua, cultura y ritos, profesa con voz unánime la única fe, recibida de un solo Señor y transmitida por la única Tradición Apostólica. Profesa un solo Dios –Padre, Hijo y Espíritu Santo– e indica un solo camino de salvación. Por tanto, creemos, con un solo corazón y una sola alma, todo aquello que se contiene en la Palabra de Dios escrita o transmitida y es propuesto por la Iglesia para ser creído como divinamente revelado.

 

SEGUNDA SECCIÓN
LA PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA

EL CREDO

Símbolo de los Apóstoles

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo,
Nuestro Señor,
Que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa María Virgen, padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir
a juzgar a vivos y muertos.

Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna.
Amén.

 

Credo
Niceno-Constantinopolitano

Creo en un solo Dios,
Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra,
de todo lo visible y lo invisible.
Creo en un solo Señor, Jesucristo,
Hijo único de Dios,
nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios,
Luz de Luz,
Dios verdadero de Dios verdadero,
engendrado, no creado,
de la misma naturaleza del Padre,
por quien todo fue hecho;
que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo,
y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre;
y por nuestra causa fue crucificado
en tiempos de Poncio Pilato;
padeció y fue sepultado,
y resucitó al tercer día, según las Escrituras,
y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos,
y su reino no tendrá fin.

Creo en el Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
que procede del Padre y del Hijo,
que con el Padre y el Hijo recibe
una misma adoración y gloria,
y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una,
santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo Bautismo
para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro.
Amén.

 

Symbolum Apostolicum

Credo in Deum, Patrem omnipoténtem,
Creatórem caeli et terrae,
et in Iesum Christum, Filium Eius únicum,
Dóminum nostrum,
qui conceptus est de Spiritu Sancto,
natus ex María Virgine,
passus sub Póntio Piláto,
crucifixus, mórtuus, et sepúltus,
descendit ad ínferos, tértia die resurréxit
a mórtuis, ascéndit ad caelos, sedet
ad déxteram Dei Patris omnipoténtis,
 inde ventúrus est iudicáre vivos
et mórtuos.

Et in Spíritum Sanctum,
sanctam Ecclésiam cathólicam,
sanctórum communiónem,
remissiónem peccatórum,
carnis resurrectiónem,
vitam aetérnam.
Amen.

 

 

Symbolum
Nicaenum-Constantinopolitanum

Credo in unum Deum,
Patrem omnipoténtem,
Factórem caeli et terrae,
visibílium ómnium et invisibílium.
Et in unum Dóminum Iesum Christum,
Filium Dei unigénitum
et ex Patre natum ante ómnia saécula:
Deum de Deo,
Lumen de Lúmine,
Deum verum de Deo vero,
génitum, non factum,
consubstantiálem Patri:
per quem ómnia facta sunt;
qui propter nos hómines et proper nostram
salútem, descéndit de caelis,
et incarnátus est de Spíritu Sancto
ex María Virgine et homo factus est,
crucifixus etiam pro nobis
sub Póntio Piláto,
passus et sepúltus est,
et resurréxit tértia die secúndum Scriptúras,
et ascendit in coelum, sedet ad déxteram Patris,
et íterum ventúrus est cum glória,
iudicáre vivos et mórtuos,
cuius regni non erit finis.

Credo in Spíritum Sanctum,
Dóminum et vivificántem,
qui ex Patre Filióque procédit,
qui cum Patre et Fílio simul
adorátur et conglorificátur,
qui locútus est per Prophétas.

Et unam sanctam cathólicam
et apostólicam Ecclésiam.

Confíteor unum Baptísma in
remissiónem peccatórum.

 Et exspécto resurrectiónem mortuórum,
et vitam ventúri saéculi.
Amen.


CAPÍTULO PRIMERO
CREO EN DIOS PADRE

LOS SÍMBOLOS DE LA FE

 

33. ¿Qué son los símbolos de la fe?

185-188
199.197

Los símbolos de la fe, también llamados «profesiones de fe» o «Credos», son fórmulas articuladas con las que la Iglesia, desde sus orígenes, ha expresado sintéticamente la propia fe, y la ha transmitido con un lenguaje común y normativo para todos los fieles.

 

34. ¿Cuáles son los símbolos de la fe más antiguos?

189-191

Los símbolos de la fe más antiguos son los bautismales. Puesto que el Bautismo se administra «en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19), las verdades de fe allí profesadas son articuladas según su referencia a las tres Personas de la Santísima Trinidad.

 

35. ¿Cuáles son los símbolos de la fe más importantes?

193-195

Los símbolos de la fe más importantes son: el Símbolo de los Apóstoles, que es el antiguo símbolo bautismal de la Iglesia de Roma, y el Símbolo niceno-constantinopolitano, que es fruto de los dos primeros Concilios Ecuménicos de Nicea (325) y de Constantinopla (381), y que sigue siendo aún hoy el símbolo común a todas las grandes Iglesias de Oriente y Occidente.

 

«CREO EN DIOS, PADRE TODOPODEROSO,
CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA»

 

36. ¿Por qué la profesión de fe comienza con «Creo en Dios»?

198-199

La profesión de fe comienza con la afirmación «Creo en Dios» porque es la más importante: la fuente de todas las demás verdades sobre el hombre y sobre el mundo y de toda la vida del que cree en Dios.

 

37. ¿Por qué profesamos un solo Dios?

200-202
228

Profesamos un solo Dios porque Él se ha revelado al pueblo de Israel como el Único, cuando dice: «escucha Israel, el Señor nuestro Dios es el Único Señor» (Dt 6, 4), «no existe ningún otro» (Is 45, 22). Jesús mismo lo ha confirmado: Dios «es el único Señor» (Mc 12, 29). Profesar que Jesús y el Espíritu Santo son también Dios y Señor no introduce división alguna en el Dios Único.

 

38. ¿Con qué nombre se revela Dios?

203-205
230-231

Dios se revela a Moisés como el Dios vivo: «Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob» (Ex 3, 6). Al mismo Moisés Dios le revela su Nombre misterioso: «Yo soy el que soy (YHWH)» (Ex 3, 14). El nombre inefable de Dios, ya en los tiempos del Antiguo Testamento, fue sustituido por la palabra Señor. De este modo en el Nuevo Testamento, Jesús, llamado el Señor, aparece como verdadero Dios.

 

39. ¿Sólo Dios «es»?

212-213

Mientras las criaturas han recibido de Él todo su ser y su poseer, sólo Dios es en sí mismo la plenitud del ser y de toda perfección. Él es «el que es», sin origen y sin fin. Jesús revela que también Él lleva el Nombre divino, «Yo soy» (Jn 8, 28).

 

40. ¿Por qué es importante la revelación del nombre de Dios?

206-213

Al revelar su Nombre, Dios da a conocer las riquezas contenidas en su misterio inefable: sólo Él es, desde siempre y por siempre, el que transciende el mundo y la historia. Él es quien ha hecho cielo y tierra. Él es el Dios fiel, siempre cercano a su pueblo para salvarlo. Él es el Santo por excelencia, «rico en misericordia» (Ef 2, 4), siempre dispuesto al perdón. Dios es el Ser espiritual, trascendente, omnipotente, eterno, personal y perfecto. Él es la verdad y el amor.

«Dios es el ser infinitamente perfecto que es la Santísima Trinidad» (Santo Toribio de Mogrovejo)

 

41. ¿En qué sentido Dios es la verdad?

214-217
231

Dios es la Verdad misma y como tal ni se engaña ni puede engañar. «Dios es luz, en Él no hay tiniebla alguna» (1 Jn 1, 5). El Hijo eterno de Dios, sabiduría encarnada, ha sido enviado al mundo «para dar testimonio de la Verdad» (Jn 18, 37).

 

42. ¿De qué modo Dios revela que Él es amor?

218-221

Dios se revela a Israel como Aquel que tiene un amor más fuerte que el de un padre o una madre por sus hijos o el de un esposo por su esposa. Dios en sí mismo «es amor» (1 Jn 4, 8.16), que se da completa y gratuitamente; que «tanto amó al mundo que dio a su Hijo único para que el mundo se salve por él» (Jn 3, 16-17). Al mandar a su Hijo y al Espíritu Santo, Dios revela que Él mismo es eterna comunicación de amor.

 

43. ¿Qué consecuencias tiene creer en un solo Dios?

222-227
229

Creer en Dios, el Único, comporta: conocer su grandeza y majestad; vivir en acción de gracias; confiar siempre en Él, incluso en la adversidad; reconocer la unidad y la verdadera dignidad de todos los hombres, creados a imagen de Dios; usar rectamente de las cosas creadas por Él.

 

44. ¿Cuál es el misterio central de la fe y de la vida cristiana?

232-237

El misterio central de la fe y de la vida cristiana es el misterio de la Santísima Trinidad. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

45. ¿Puede la razón humana conocer, por sí sola, el misterio de la Santísima Trinidad?

237

Dios ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la Encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios.

 

46. ¿Qué nos revela Jesucristo acerca del misterio del Padre?

240-243

Jesucristo nos revela que Dios es «Padre», no sólo en cuanto es Creador del universo y del hombre sino, sobre todo, porque engendra eternamente en su seno al Hijo, que es su Verbo, «resplandor de su gloria e impronta de su sustancia» (Hb 1, 3).

 

47. ¿Quién es el Espíritu Santo, que Jesucristo nos ha revelado?

243-248

El Espíritu Santo es la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es Dios, uno e igual al Padre y al Hijo; «procede del Padre» (Jn 15, 26), que es principio sin principio y origen de toda la vida trinitaria. Y procede también del Hijo (Filioque), por el don eterno que el Padre hace al Hijo. El Espíritu Santo, enviado por el Padre y por el Hijo encarnado, guía a la Iglesia hasta el conocimiento de la «verdad plena» (Jn 16, 13).

 

48. ¿Cómo expresa la Iglesia su fe trinitaria?

249-256
266

La Iglesia expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres Personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas Personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo.

 

49. ¿Cómo obran las tres divinas Personas?

257-260
267

Inseparables en su única sustancia, las divinas Personas son también inseparables en su obrar: la Trinidad tiene una sola y misma operación. Pero en el único obrar divino, cada Persona se hace presente según el modo que le es propio en la Trinidad.

«Dios mío, Trinidad a quien adoro... pacifica mi alma. Haz de ella tu cielo, tu morada amada y el lugar de tu reposo. Que yo no te deje jamás solo en ella, sino que yo esté allí enteramente, totalmente despierta en mi fe, en adoración, entregada sin reservas a tu acción creadora» (Beata Isabel de la Trinidad)

 

50. ¿Qué significa que Dios es Todopoderoso?

268-278

Dios se ha revelado como «el Fuerte, el Valeroso» (Sal 24, 8), aquel para quien «nada es imposible» (Lc 1, 37). Su omnipotencia es universal, misteriosa y se manifiesta en la creación del mundo de la nada y del hombre por amor, pero sobre todo en la Encarnación y en la Resurrección de su Hijo, en el don de la adopción filial y en el perdón de los pecados. Por esto la Iglesia en su oración se dirige a «Dios todopoderoso y eterno» («Omnipotens sempiterne Deus...»).

 

51. ¿Por qué es importante afirmar que «en el principio Dios creó el cielo y la tierra» (Gn 1, 1)?

279-289
315

Es importante afirmar que en el principio Dios creó el cielo y la tierra porque la creación es el fundamento de todos los designios salvíficos de Dios; manifiesta su amor omnipotente y lleno de sabiduría; es el primer paso hacia la Alianza del Dios único con su pueblo; es el comienzo de la historia de la salvación, que culmina en Cristo; es la primera respuesta a los interrogantes fundamentales sobre nuestro origen y nuestro fin.

 

52. ¿Quién ha creado el mundo?

290-292
316

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son el principio único e indivisible del mundo, aunque la obra de la Creación se atribuye especialmente a Dios Padre.

 

53. ¿Para qué ha sido creado el mundo?

293-294
319

El mundo ha sido creado para gloria de Dios, el cual ha querido manifestar y comunicar su bondad, verdad y belleza. El fin último de la Creación es que Dios, en Cristo, pueda ser «todo en todos» (1 Co 15, 28), para gloria suya y para nuestra felicidad.

«Porque la gloria de Dios es el que el hombre viva, y la vida del hombre es la visión de Dios» (San Ireneo de Lyon)

 

54. ¿Cómo ha creado Dios el universo?

295-301
317-320

Dios ha creado el universo libremente con sabiduría y amor. El mundo no es el fruto de una necesidad, de un destino ciego o del azar. Dios crea «de la nada» (–ex nihilo–: 2 M 7, 28) un mundo ordenado y bueno, que Él transciende de modo infinito. Dios conserva en el ser el mundo que ha creado y lo sostiene, dándole la capacidad de actuar y llevándolo a su realización, por medio de su Hijo y del Espíritu Santo.

 

55. ¿En qué consiste la Providencia divina?

302-306
321

La divina Providencia consiste en las disposiciones con las que Dios conduce a sus criaturas a la perfección última, a la que Él mismo las ha llamado. Dios es el autor soberano de su designio. Pero para realizarlo se sirve también de la cooperación de sus criaturas, otorgando al mismo tiempo a éstas la dignidad de obrar por sí mismas, de ser causa unas de otras.

 

56. ¿Cómo colabora el hombre con la Providencia divina?

307-308
323

Dios otorga y pide al hombre, respetando su libertad, que colabore con la Providencia mediante sus acciones, sus oraciones, pero también con sus sufrimientos, suscitando en el hombre «el querer y el obrar según sus misericordiosos designios» (Flp 2, 13).

 

57. Si Dios es todopoderoso y providente ¿por qué entonces existe el mal?

309-310
324. 400

Al interrogante, tan doloroso como misterioso, sobre la existencia del mal solamente se puede dar respuesta desde el conjunto de la fe cristiana. Dios no es, en modo alguno, ni directa ni indirectamente, la causa del mal. Él ilumina el misterio del mal en su Hijo Jesucristo, que ha muerto y ha resucitado para vencer el gran mal moral, que es el pecado de los hombres y que es la raíz de los restantes males.

 

58. ¿Por qué Dios permite el mal?

311-314
324

La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo. Esto Dios lo ha realizado ya admirablemente con ocasión de la muerte y resurrección de Cristo: en efecto, del mayor mal moral, la muerte de su Hijo, Dios ha sacado el mayor de los bienes, la glorificación de Cristo y nuestra redención.

 

El cielo y la tierra

 

59. ¿Qué ha creado Dios?

325-327

La Sagrada Escritura dice: «en el principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gn 1, 1). La Iglesia, en su profesión de fe, proclama que Dios es el creador de todas las cosas visibles e invisibles: de todos los seres espirituales y materiales, esto es, de los ángeles y del mundo visible y, en particular, del hombre.

 

60. ¿Quiénes son los ángeles?

328-333
350-351

Los ángeles son criaturas puramente espirituales, incorpóreas, invisibles e inmortales; son seres personales dotados de inteligencia y voluntad. Los ángeles, contemplando cara a cara incesantemente a Dios, lo glorifican, lo sirven y son sus mensajeros en el cumplimiento de la misión de salvación para todos los hombres.

 

61. ¿De qué modo los ángeles están presentes en la vida de la Iglesia?

334-336
352

La Iglesia se une a los ángeles para adorar a Dios, invoca la asistencia de los ángeles y celebra litúrgicamente la memoria de algunos de ellos.

«Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida» (San Basilio Magno)


62. ¿Qué enseña la Sagrada Escritura sobre la Creación del mundo visible?

337-344

A través del relato de los «seis días» de la Creación, la Sagrada Escritura nos da a conocer el valor de todo lo creado y su finalidad de alabanza a Dios y de servicio al hombre. Todas las cosas deben su propia existencia a Dios, de quien reciben la propia bondad y perfección, sus leyes y lugar en el universo.

 

63. ¿Cuál es el lugar del hombre en la Creación?

343-344
353

El hombre es la cumbre de la Creación visible, pues ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

 

64. ¿Qué tipo de relación existe entre las cosas creadas?

342
354

Entre todas las criaturas existe una interdependencia y jerarquía, queridas por Dios. Al mismo tiempo, entre las criaturas existe una unidad y solidaridad, porque todas ellas tienen el mismo Creador, son por Él amadas y están ordenadas a su gloria. Respetar las leyes inscritas en la creación y las relaciones que dimanan de la naturaleza de las cosas es, por lo tanto, un principio de sabiduría y un fundamento de la moral.

 

65. ¿Qué relación existe entre la obra de la Creación y la de la Redención?

345-349

La obra de la Creación culmina en la obra aún más grande de la Redención. Con ésta, de hecho, se inicia la nueva Creación, en la cual todo hallará de nuevo su pleno sentido y cumplimiento.

 

El hombre

 

66. ¿En qué sentido el hombre es creado «a imagen de Dios?»

355-357

El hombre ha sido creado a imagen de Dios, en el sentido de que es capaz de conocer y amar libremente a su propio Creador. Es la única criatura sobre la tierra a la que Dios ama por sí misma, y a la que llama a compartir su vida divina, en el conocimiento y en el amor. El hombre, en cuanto creado a imagen de Dios, tiene la dignidad de persona: no es solamente algo, sino alguien capaz de conocerse, de darse libremente y de entrar en comunión con Dios y las otras personas.

 

67. ¿Para qué fin ha creado Dios al hombre?

358-359

Dios ha creado todo para el hombre, pero el hombre ha sido creado para conocer, servir y amar a Dios, para ofrecer en este mundo toda la Creación a Dios en acción de gracias, y para ser elevado a la vida con Dios en el cielo. Solamente en el misterio del Verbo encarnado encuentra verdadera luz el misterio del hombre, predestinado a reproducir la imagen del Hijo de Dios hecho hombre, que es la perfecta «imagen de Dios invisible» (Col 1, 15).

 

68. ¿Por qué los hombres forman una unidad?

360-361

Todos los hombres forman la unidad del género humano por el origen común que les viene de Dios. Además Dios ha creado «de un solo principio, todo el linaje humano» (Hch 17, 26). Finalmente, todos tienen un único Salvador y todos están llamados a compartir la eterna felicidad de Dios.

 

69. ¿De qué manera el cuerpo y el alma forman en el hombre una unidad?

362-365
382

La persona humana es, al mismo tiempo, un ser corporal y espiritual. En el hombre el espíritu y la materia forman una única naturaleza. Esta unidad es tan profunda que, gracias al principio espiritual, que es el alma, el cuerpo, que es material, se hace humano y viviente, y participa de la dignidad de la imagen de Dios.

 

70. ¿Quién da el alma al hombre?

366-368
382

El alma espiritual no viene de los progenitores, sino que es creada directamente por Dios, y es inmortal. Al separarse del cuerpo en el momento de la muerte, no perece; se unirá de nuevo al cuerpo en el momento de la resurrección final.

 

71. ¿Qué relación ha establecido Dios entre el hombre y la mujer?

369-373
383

El hombre y la mujer han sido creados por Dios con igual dignidad en cuanto personas humanas y, al mismo tiempo, con una recíproca complementariedad en cuanto varón y mujer. Dios los ha querido el uno para el otro, para una comunión de personas. Juntos están también llamados a transmitir la vida humana, formando en el matrimonio «una sola carne» (Gn 2, 24), y a dominar la tierra como «administradores» de Dios.

 

72. ¿Cuál era la condición original del hombre según el designio de Dios?

374-379
384

Al crear al hombre y a la mujer, Dios les había dado una especial participación de la vida divina, en un estado de santidad y justicia. En este proyecto de Dios, el hombre no habría debido sufrir ni morir. Igualmente reinaba en el hombre una armonía perfecta consigo mismo, con el Creador, entre hombre y mujer, así como entre la primera pareja humana y toda la Creación.

 

La caída

 

73. ¿Cómo se comprende la realidad del pecado?

385-389

En la historia del hombre está presente el pecado. Esta realidad se esclarece plenamente sólo a la luz de la divina Revelación y, sobre todo, a la luz de Cristo, el Salvador de todos, que ha hecho que la gracia sobreabunde allí donde había abundado el pecado.

 

74. ¿Qué es la caída de los ángeles?

391-395
414

Con la expresión «la caída de los ángeles» se indica que Satanás y los otros demonios, de los que hablan la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, eran inicialmente ángeles creados buenos por Dios, que se transformaron en malvados porque rechazaron a Dios y a su Reino, mediante una libre e irrevocable elección, dando así origen al infierno. Los demonios intentan asociar al hombre a su rebelión contra Dios, pero Dios afirma en Cristo su segura victoria sobre el Maligno.

 

75. ¿En qué consiste el primer pecado del hombre?

396-403
415-417

El hombre, tentado por el diablo, dejó apagarse en su corazón la confianza hacia su Creador y, desobedeciéndole, quiso «ser como Dios» (Gn 3, 5), sin Dios, y no según Dios. Así Adán y Eva perdieron inmediatamente, para sí y para todos sus descendientes, la gracia de la santidad y de la justicia originales.

 

76. ¿Qué es el pecado original?

404
419

El pecado original, en el que todos los hombres nacen, es el estado de privación de la santidad y de la justicia originales. Es un pecado «contraído» no «cometido» por nosotros; es una condición de nacimiento y no un acto personal. A causa de la unidad de origen de todos los hombres, el pecado original se transmite a los descendientes de Adán con la misma naturaleza humana, «no por imitación sino por propagación». Esta transmisión es un misterio que no podemos comprender plenamente.

 

77. ¿Qué otras consecuencias provoca el pecado original?

405-409
418

Como consecuencia del pecado original, la naturaleza humana, aun sin estar totalmente corrompida, se halla herida en sus propias fuerzas naturales, sometida a la ignorancia, al sufrimiento y al poder de la muerte, e inclinada al pecado. Esta inclinación al mal se llama concupiscencia.

 

78. ¿Qué ha hecho Dios después del primer pecado del hombre?

410-412
420

Después del primer pecado, el mundo ha sido inundado de pecados, pero Dios no ha abandonado al hombre al poder de la muerte, antes al contrario, le predijo de modo misterioso –en el «Protoevangelio» (Gn 3, 15)– que el mal sería vencido y el hombre levantado de la caída. Se trata del primer anuncio del Mesías Redentor. Por ello, la caída será incluso llamada feliz culpa, porque «ha merecido tal y tan grande Redentor» (Liturgia de la Vigilia pascual).

 

 

CAPÍTULO SEGUNDO
CREO EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS

 

79. ¿Cuál es la Buena Noticia para el hombre?

422-424

La Buena Noticia es el anuncio de Jesucristo, «el Hijo de Dios vivo» (Mt 16, 16), muerto y resucitado. En tiempos del rey Herodes y del emperador César Augusto, Dios cumplió las promesas hechas a Abraham y a su descendencia, enviando «a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la Ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva» (Ga 4, 4-5).

 

80. ¿Cómo se difunde esta Buena Noticia?

425-429

Desde el primer momento, los discípulos desearon ardientemente anunciar a Cristo, a fin de llevar a todos los hombres a la fe en Él. También hoy, el deseo de evangelizar y catequizar, es decir, de revelar en la persona de Cristo todo el designio de Dios, y de poner a la humanidad en comunión con Jesús, nace de este conocimiento amoroso de Cristo.

 

CREO EN JESUCRISTO, SU ÚNICO HIJO, NUESTRO SEÑOR

 

81. ¿Qué significa el nombre de Jesús?

430-435
452

El nombre de Jesús, dado por el ángel en el momento de la Anunciación, significa «Dios salva». Expresa, a la vez, su identidad y su misión, «porque él salvará al pueblo de sus pecados» (Mt 1, 21). Pedro afirma que «bajo el cielo no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos» (Hch 4, 12).

 

82. ¿Por qué Jesús es llamado Cristo?

436-440
453

«Cristo», en griego, y «Mesías», en hebreo, significan «ungido». Jesús es el Cristo porque ha sido consagrado por Dios, ungido por el Espíritu Santo para la misión redentora. Él es el Mesías esperado por Israel y enviado al mundo por el Padre. Jesús ha aceptado el título de Mesías, precisando, sin embargo, su sentido: «bajado del cielo» (Jn 3, 13), crucificado y después resucitado, Él es el siervo sufriente «que da su vida en rescate por muchos» (Mt 20, 28). Del nombre de Cristo nos viene el nombre de cristianos.

 

83. ¿En qué sentido Jesús es el «Hijo unigénito de Dios»?

441-445
454

Jesús es el Hijo unigénito de Dios en un sentido único y perfecto. En el momento del Bautismo y de la Transfiguración, la voz del Padre señala a Jesús como su «Hijo predilecto». Al presentarse a sí mismo como el Hijo, que «conoce al Padre» (Mt 11, 27), Jesús afirma su relación única y eterna con Dios su Padre. Él es «el Hijo unigénito de Dios» (1 Jn 4, 9), la segunda Persona de la Trinidad. Es el centro de la predicación apostólica: los Apóstoles han visto su gloria, «que recibe del Padre como Hijo único» (Jn 1, 14).

 

84. ¿Qué significa el título de «Señor»?

446-451
455

En la Biblia, el título de «Señor» designa ordinariamente al Dios soberano. Jesús se lo atribuye a sí mismo, y revela su soberanía divina mediante su poder sobre la naturaleza, sobre los demonios, sobre el pecado y sobre la muerte, y sobre todo con su Resurrección. Las primeras confesiones de fe cristiana proclaman que el poder, el honor y la gloria que se deben a Dios Padre se le deben también a Jesús: Dios «le ha dado el nombre sobre todo nombre» (Flp 2, 9). Él es el Señor del mundo y de la historia, el único a quien el hombre debe someter de modo absoluto su propia libertad personal.

 

JESUCRISTO FUE CONCEBIDO
POR OBRA DEL ESPÍRITU SANTO
Y NACIÓ DE SANTA MARÍA VIRGEN

 

85. ¿Por qué el Hijo de Dios se hizo hombre?

456-460

El Hijo de Dios se encarnó en el seno de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo, por nosotros los hombres y por nuestra salvación: es decir, para reconciliarnos a nosotros pecadores con Dios, darnos a conocer su amor infinito, ser nuestro modelo de santidad y hacernos «partícipes de la naturaleza divina» (2 P 1, 4).

 

86. ¿Qué significa la palabra «Encarnación»?

461-463
483

La Iglesia llama «Encarnación» al misterio de la unión admirable de la naturaleza divina y la naturaleza humana de Jesús en la única Persona divina del Verbo. Para llevar a cabo nuestra salvación, el Hijo de Dios se ha hecho «carne» (Jn 1, 14), haciéndose verdaderamente hombre. La fe en la Encarnación es signo distintivo de la fe cristiana.

 

87. ¿De qué modo Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre?

464-467
469

En la unidad de su Persona divina, Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, de manera indivisible. Él, Hijo de Dios, «engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre», se ha hecho verdaderamente hombre, hermano nuestro, sin dejar con ello de ser Dios, nuestro Señor.

 

88. ¿Qué enseña a este propósito el Concilio de Calcedonia (año 451)?

467

El Concilio de Calcedonia enseña que «hay que confesar a un solo y mismo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo: perfecto en la divinidad y perfecto en la humanidad; verdaderamente Dios y verdaderamente hombre, compuesto de alma racional y de cuerpo; consubstancial con el Padre según la divinidad, y consubstancial con nosotros según la humanidad; “en todo semejante a nosotros, menos en el pecado” (Hb 4, 15); nacido del Padre antes de todos los siglos según la divinidad y, por nosotros y nuestra salvación, nacido en estos últimos tiempos de la Virgen María, la Madre de Dios, según la humanidad».

 

89. ¿Cómo expresa la Iglesia el misterio de la Encarnación?

464-469
479-481

La Iglesia expresa el misterio de la Encarnación afirmando que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre; con dos naturalezas, la divina y la humana, no confundidas, sino unidas en la Persona del Verbo. Por tanto, todo en la humanidad de Jesús –milagros, sufrimientos y la misma muerte– debe ser atribuido a su Persona divina, que obra a través de la naturaleza humana que ha asumido.

«¡Oh Hijo Unigénito y Verbo de Dios! Tú que eres inmortal, te dignaste, para salvarnos, tomar carne de la santa Madre de Dios y siempre Virgen María (...) Tú, Uno de la Santísima Trinidad, glorificado con el Padre y el Espíritu Santo, ¡sálvanos!» (Liturgia bizantina de san Juan Crisóstomo).

 

90. ¿Tenía el Hijo de Dios hecho hombre un alma con inteligencia humana?

470-474
482

El Hijo de Dios asumió un cuerpo dotado de un alma racional humana. Con su inteligencia humana Jesús aprendió muchas cosas mediante la experiencia. Pero, también como hombre, el Hijo de Dios tenía un conocimiento íntimo e inmediato de Dios su Padre. Penetraba asimismo los pensamientos secretos de los hombres y conocía plenamente los designios eternos que Él había venido a revelar.

 

91. ¿Cómo concordaban las dos voluntades del Verbo encarnado?

475
482

Jesús tenía una voluntad divina y una voluntad humana. En su vida terrena, el Hijo de Dios ha querido humanamente lo que Él ha decidido divinamente junto con el Padre y el Espíritu Santo para nuestra salvación. La voluntad humana de Cristo sigue, sin oposición o resistencia, su voluntad divina, y está subordinada a ella.

 

92. ¿Tenía Cristo un verdadero cuerpo humano?

476-477

Cristo asumió un verdadero cuerpo humano, mediante el cual Dios invisible se hizo visible. Por esta razón, Cristo puede ser representado y venerado en las sagradas imágenes.

 

93. ¿Qué representa el Corazón de Jesús?

478

Cristo nos ha conocido y amado con un corazón humano. Su Corazón traspasado por nuestra salvación es el símbolo del amor infinito que Él tiene al Padre y a cada uno de los hombres.

 

94. ¿Qué significa la expresión «concebido por obra y gracia del Espíritu Santo»?

484-486

Que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo significa que la Virgen María concibió al Hijo eterno en su seno por obra del Espíritu Santo y sin la colaboración de varón: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lc 1, 35), le dijo el ángel en la Anunciación.

 

95. «...Nacido de la Virgen María...»: ¿por qué María es verdaderamente Madre de Dios?

495
509

María es verdaderamente Madre de Dios porque es la madre de Jesús (Jn 2, 1; 19, 25). En efecto, aquél que fue concebido por obra del Espíritu Santo y fue verdaderamente Hijo suyo, es el Hijo eterno de Dios Padre. Es Dios mismo.

 

96. ¿Qué significa «Inmaculada Concepción»?

487-492
508

Dios eligió gratuitamente a María desde toda la eternidad para que fuese la Madre de su Hijo; para cumplir esta misión fue concebida inmaculada. Esto significa que, por la gracia de Dios y en previsión de los méritos de Jesucristo, María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción.

 

97. ¿Cómo colabora María al plan divino de la salvación?

493-494
508-511

Por la gracia de Dios, María permaneció inmune de todo pecado personal durante toda su existencia. Ella es la «llena de gracia» (Lc 1, 28), la «toda Santa». Y cuando el ángel le anuncia que va a dar a luz «al Hijo del Altísimo» (Lc 1, 32), ella da libremente su consentimiento «por obediencia de la fe» (Rm 1, 5). María se ofrece totalmente a la Persona y a la obra de Jesús, su Hijo, abrazando con toda su alma la voluntad divina de salvación.

 

98. ¿Qué significa la concepción virginal de Jesús?

496-498
503

La concepción virginal de Jesús significa que éste fue concebido en el seno de la Virgen María sólo por el poder del Espíritu Santo, sin concurso de varón. Él es Hijo del Padre celestial según la naturaleza divina, e Hijo de María según la naturaleza humana, pero es propiamente Hijo de Dios según las dos naturalezas, al haber en Él una sola Persona, la divina.

 

99. ¿En qué sentido María es «siempre Virgen»?

499-507
510

María es siempre virgen en el sentido de que ella «fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen al parir, Virgen durante el embarazo, Virgen después del parto, Virgen siempre» (San Agustín). Por tanto, cuando los Evangelios hablan de «hermanos y hermanas de Jesús», se refieren a parientes próximos de Jesús, según una expresión empleada en la Sagrada Escritura.

 

100. ¿De qué modo la maternidad espiritual de María es universal?

501-507
511

María tuvo un único Hijo, Jesús, pero en Él su maternidad espiritual se extiende a todos los hombres, que Jesús vino a salvar. Obediente junto a Jesucristo, el nuevo Adán, la Virgen es la nueva Eva, la verdadera madre de los vivientes, que coopera con amor de madre al nacimiento y a la formación de todos en el orden de la gracia. Virgen y Madre, María es la figura de la Iglesia, su más perfecta realización.

 

101. ¿En qué sentido toda la vida de Cristo es Misterio?

512-521
561-562

Toda la vida de Cristo es acontecimiento de revelación: lo que es visible en la vida terrena de Jesús conduce a su Misterio invisible, sobre todo al Misterio de su filiación divina: «quien me ve a mí ve al Padre» (Jn 14, 9). Asimismo, aunque la salvación nos viene plenamente con la Cruz y la Resurrección, la vida entera de Cristo es misterio de salvación, porque todo lo que Jesús ha hecho, dicho y sufrido tenía como fin salvar al hombre caído y restablecerlo en su vocación de hijo de Dios.

 

102. ¿Cuáles han sido las preparaciones históricas a los Misterios de Jesús?

522-524

Ante todo hay una larga esperanza de muchos siglos, que revivimos en la celebración litúrgica del tiempo de Adviento. Además de la oscura espera que ha puesto en el corazón de los paganos, Dios ha preparado la venida de su Hijo mediante la Antigua Alianza, hasta Juan el Bautista, que es el último y el mayor de los Profetas.

 

103. ¿Qué nos enseña el Evangelio sobre los Misterios del nacimiento y la infancia de Jesús?

525-530
563-564

En el Nacimiento de Jesús, la gloria del cielo se manifiesta en la debilidad de un niño; la circuncisión es signo de su pertenencia al pueblo hebreo y prefiguración de nuestro Bautismo; la Epifanía es la manifestación del Rey-Mesías de Israel a todos los pueblos; durante la presentación en el Templo, en Simeón y Ana se concentra toda la expectación de Israel, que viene al encuentro de su Salvador; la huida a Egipto y la matanza de los inocentes anuncian que toda la vida de Cristo estará bajo el signo de la persecución; su retorno de Egipto recuerda el Éxodo y presenta a Jesús como el nuevo Moisés: Él es el verdadero y definitivo liberador.

 

104. ¿Qué nos enseña la vida oculta de Jesús en Nazaret?

533-534
564

Durante la vida oculta en Nazaret, Jesús permanece en el silencio de una existencia ordinaria. Nos permite así entrar en comunión con Él en la santidad de la vida cotidiana, hecha de oración, sencillez, trabajo y amor familiar. La sumisión a María y a José, su padre legal, es imagen de la obediencia filial de Jesús al Padre. María y José, con su fe, acogen el misterio de Jesús, aunque no siempre lo comprendan.

 

105. ¿Por qué Jesús recibe de Juan el «Bautismo de conversión para el perdón de los pecados» (Lc 3, 3)?

535-537
565

Jesús recibe de Juan el Bautismo de conversión para inaugurar su vida pública y anticipar el «Bautismo» de su Muerte; y aunque no había en Él pecado alguno, Jesús, «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1, 29), acepta ser contado entre los pecadores. El Padre lo proclama su «Hijo predilecto» (Mt 3, 17), y el Espíritu viene a posarse sobre Él. El Bautismo de Jesús es la prefiguración de nuestro bautismo.

 

106. ¿Qué nos revelan las tentaciones de Jesús en el desierto?

538-540
566

Las tentaciones de Jesús en el desierto recapitulan la de Adán en el paraíso y las de Israel en el desierto. Satanás tienta a Jesús en su obediencia a la misión que el Padre le ha confiado. Cristo, nuevo Adán, resiste, y su victoria anuncia la de su Pasión, en la que su amor filial dará suprema prueba de obediencia. La Iglesia se une particularmente a este Misterio en el tiempo litúrgico de la Cuaresma.

 

107. ¿Quién es invitado a formar parte del Reino de Dios, anunciado y realizado por Jesús?

541-546
567

Jesús invita a todos los hombres a entrar en el Reino de Dios; aún el peor de los pecadores es llamado a convertirse y aceptar la infinita misericordia del Padre. El Reino pertenece, ya aquí en la tierra, a quienes lo acogen con corazón humilde. A ellos les son revelados los misterios del Reino de Dios.

 

108. ¿Por qué Jesús manifiesta el Reino mediante signos y milagros?

547-550
567

Jesús acompaña su palabra con signos y milagros para atestiguar que el Reino está presente en Él, el Mesías. Si bien cura a algunas personas, Él no ha venido para abolir todos los males de esta tierra, sino ante todo para liberarnos de la esclavitud del pecado. La expulsión de los demonios anuncia que su Cruz se alzará victoriosa sobre «el príncipe de este mundo» (Jn 12, 31).

 

109. ¿Qué autoridad confiere Jesús a sus Apóstoles en el Reino?

551-553
567

Jesús elige a los Doce, futuros testigos de su Resurrección, y los hace partícipes de su misión y de su autoridad para enseñar, absolver los pecados, edificar y gobernar la Iglesia. En este colegio, Pedro recibe «las llaves del Reino» (Mt 16, 19) y ocupa el primer puesto, con la misión de custodiar la fe en su integridad y de confirmar en ella a sus hermanos.

 

110. ¿Cuál es el significado de la Transfiguración?

554-556
568

En la Transfiguración de Jesús aparece ante todo la Trinidad: «el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa» (Santo Tomás de Aquino). Al evocar, junto a Moisés y Elías, su «partida» (Lc 9, 31), Jesús muestra que su gloria pasa a través de la cruz, y otorga un anticipo de su resurrección y de su gloriosa venida, «que transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo» (Flp 3, 21).

«En el monte te transfiguraste, Cristo Dios, y tus discípulos contemplaron tu gloria, en cuanto podían comprenderla. Así, cuando te viesen crucificado entenderían que padecías libremente y anunciarían al mundo que tú eres en verdad el resplandor del Padre» (Liturgia bizantina).

 

111. ¿Cómo tuvo lugar la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén?

557-560
569-570

En el tiempo establecido, Jesús decide subir a Jerusalén para sufrir su Pasión, morir y resucitar. Como Rey-Mesías que manifiesta la venida del Reino, entra en la ciudad montado sobre un asno; y es acogido por los pequeños, cuya aclamación es recogida por el Sanctus de la Misa: «¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Hosanna! (¡sálvanos!)» (Mt 21, 9). Con la celebración de esta entrada en Jerusalén la liturgia de la Iglesia da inicio cada año a la Semana Santa.

 

«JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO PILATO,
FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO»

 

112. ¿Por qué es tan importante el Misterio pascual de Jesús?

571-573

El misterio pascual de Jesús, que comprende su Pasión, Muerte, Resurrección y Glorificación, está en el centro de la fe cristiana, porque el designio salvador de Dios se ha cumplido de una vez por todas con la muerte redentora de su Hijo, Jesucristo.

 

113. ¿Bajo qué acusaciones fue condenado Jesús?

574-576

Algunos jefes de Israel acusaron a Jesús de actuar contra la Ley, contra el Templo de Jerusalén y, particularmente, contra la fe en el Dios único, porque se proclamaba Hijo de Dios. Por ello lo entregaron a Pilato para que lo condenase a muerte.

 

114. ¿Cómo se comportó Jesús con la Ley de Israel?

577-582
592

Jesús no abolió la Ley dada por Dios a Moisés en el Sinaí, sino que la perfeccionó, dándole su interpretación definitiva. Él es el Legislador divino que ejecuta íntegramente esta Ley. Aún más, es el siervo fiel que, con su muerte expiatoria, ofrece el único sacrificio capaz de redimir todas «las transgresiones cometidas por los hombres contra la Primera Alianza» (Hb 9, 15).

 

115. ¿Cuál fue la actitud de Jesús hacia el Templo de Jerusalén?

583-586
593

Jesús fue acusado de hostilidad hacia al Templo. Sin embargo, lo veneró como «la casa de su Padre» (Jn 2, 16), y allí impartió gran parte de sus enseñanzas. Pero también predijo la destrucción del Templo, en relación con su propia muerte, y se presentó a sí mismo como la morada definitiva de Dios en medio de los hombres.

 

116. ¿Contradijo Jesús la fe de Israel en el Dios Único y Salvador?

587-591
594

Jesús nunca contradijo la fe en un Dios único, ni siquiera cuando cumplía la obra divina por excelencia, que realizaba las promesas mesiánicas y lo revelaba como igual a Dios: el perdón de los pecados. La exigencia de Jesús de creer en Él y convertirse permite entender la trágica incomprensión del Sanedrín, que juzgó que Jesús merecía la muerte como blasfemo.

 

117. ¿Quién es responsable de la muerte de Jesús?

595-598

La pasión y muerte de Jesús no pueden ser imputadas indistintamente al conjunto de los judíos que vivían entonces, ni a los restantes judíos venidos después. Todo pecador, o sea todo hombre, es realmente causa e instrumento de los sufrimientos del Redentor; y aún más gravemente son culpables aquellos que más frecuentemente caen en pecado y se deleitan en los vicios, sobre todo si son cristianos.

 

118. ¿Por qué la muerte de Cristo forma parte del designio de Dios?

599-605
619

Al fin de reconciliar consigo a todos los hombres, destinados a la muerte a causa del pecado, Dios tomó la amorosa iniciativa de enviar a su Hijo para que se entregara a la muerte por los pecadores. Anunciada ya en el Antiguo Testamento, particularmente como sacrificio del Siervo doliente, la muerte de Jesús tuvo lugar según las Escrituras.

 

119. ¿De qué modo Cristo se ofreció a sí mismo al Padre?

606-609
620

Toda la vida de Cristo es una oblación libre al Padre para dar cumplimiento a su designio de salvación. Él da «su vida como rescate por muchos» (Mc 10, 45), y así reconcilia a toda la humanidad con Dios. Su sufrimiento y su muerte manifiestan cómo su humanidad fue el instrumento libre y perfecto del Amor divino, que quiere la salvación de todos los hombres.

 

120. ¿Cómo se manifiesta en la última Cena la oblación de Jesús?

610-611
621

En la última Cena con los Apóstoles, la víspera de su Pasión, Jesús anticipa, es decir, significa y realiza anticipadamente la oblación libre de sí mismo: «Esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros», «ésta es mi sangre que será derramada...» (Lc 22, 19-20). De este modo, Jesús instituye, al mismo tiempo, la Eucaristía como «memorial» (1 Co 11, 25) de su sacrificio, y a sus Apóstoles como sacerdotes de la nueva Alianza.

 

121. ¿Qué sucede en la agonía del huerto de Getsemaní?

612

En el huerto de Getsemaní, a pesar del horror que suponía la muerte para la humanidad absolutamente santa de Aquél que es «el autor de la vida» (Hch 3, 15), la voluntad humana del Hijo de Dios se adhiere a la voluntad del Padre; para salvarnos acepta soportar nuestros pecados en su cuerpo, «haciéndose obediente hasta la muerte» (Flp 2, 8).

 

122. ¿Cuáles son los efectos del sacrificio de Cristo en la Cruz?

613-617
622-623

Jesús ofreció libremente su vida en sacrificio expiatorio, es decir, ha reparado nuestras culpas con la plena obediencia de su amor hasta la muerte. Este amor hasta el extremo (cf. Jn 13, 1) del Hijo de Dios reconcilia a la humanidad entera con el Padre. El sacrificio pascual de Cristo rescata, por tanto, a los hombres de modo único, perfecto y definitivo, y les abre a la comunión con Dios.

 

123. ¿Por qué llama Jesús a sus discípulos a cargar con la propia Cruz?

618

Al llamar a sus discípulos a tomar su cruz y seguirle (cf. Mt 16, 24), Jesús quiere asociar a su sacrificio redentor a aquellos mismos que son sus primeros beneficiarios.

 

124. ¿En qué condiciones se encontraba el cuerpo de Cristo mientras estaba en el sepulcro?

624-630

Cristo sufrió una verdadera muerte, y verdaderamente fue sepultado. Pero la virtud divina preservó su cuerpo de la corrupción.

 

JESUCRISTO DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS,
AL TERCER DÍA RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS

 

125. ¿Qué eran «los infiernos» a los que Jesús descendió»?

632-637

Los «infiernos» –distintos del «infierno» de la condenación– constituían el estado de todos aquellos, justos e injustos, que habían muerto antes de Cristo. Con el alma unida a su Persona divina, Jesús tomó en los infiernos a los justos que aguardaban a su Redentor para poder acceder finalmente a la visión de Dios. Después de haber vencido, mediante su propia muerte, a la muerte y al diablo «que tenía el poder de la muerte» (Hb 2, 14), Jesús liberó a los justos, que esperaban al Redentor, y les abrió las puertas del Cielo.

 

126. ¿Qué lugar ocupa la Resurrección de Cristo en nuestra fe?

631. 638

La Resurrección de Jesús es la verdad culminante de nuestra fe en Cristo, y representa, con la Cruz, una parte esencial del Misterio pascual.

 

127. ¿Qué «signos» atestiguan la Resurrección de Cristo?

Además del signo esencial, que es el sepulcro vacío, la Resurrección de Jesús es atestiguada por las mujeres, las primeras que encontraron a Jesús resucitado y lo anunciaron a los Apóstoles. Jesús después «se apareció a Cefas (Pedro) y luego a los Doce, más tarde se apareció a más de quinientos hermanos a la vez» (1 Co 15, 5-6), y aún a otros. Los Apóstoles no pudieron inventar la Resurrección, puesto que les parecía imposible: en efecto, Jesús les echó en cara su incredulidad.

 

128. ¿Por qué la Resurrección es también un acontecimiento trascendente?

647
656-657

La Resurrección de Cristo es un acontecimiento trascendente porque, además de ser un evento histórico, verificado y atestiguado mediante signos y testimonios, transciende y sobrepasa la historia como misterio de la fe, en cuanto implica la entrada de la humanidad de Cristo en la gloria de Dios. Por este motivo, Cristo resucitado no se manifestó al mundo, sino a sus discípulos, haciendo de ellos sus testigos ante el pueblo.

 

129. ¿Cuál es el estado del cuerpo resucitado de Jesús?

645-646

La Resurrección de Cristo no es un retorno a la vida terrena. Su cuerpo resucitado es el mismo que fue crucificado, y lleva las huellas de su pasión, pero ahora participa ya de la vida divina, con las propiedades de un cuerpo glorioso. Por esta razón Jesús resucitado es soberanamente libre de aparecer a sus discípulos donde quiere y bajo diversas apariencias.

 

130. ¿De qué modo la Resurrección es obra de la Santísima Trinidad?

648-650

La Resurrección de Cristo es una obra trascendente de Dios. Las tres Personas divinas actúan conjuntamente, según lo que es propio de cada una: el Padre manifiesta su poder, el Hijo «recobra la vida, porque la ha dado libremente» (Jn 10, 17), reuniendo su alma y su cuerpo, que el Espíritu Santo vivifica y glorifica.

 

131. ¿Cuál es el sentido y el alcance salvífico de la Resurrección?

651-655
658

La Resurrección de Cristo es la culminación de la Encarnación. Es una prueba de la divinidad de Cristo, confirma cuanto hizo y enseñó y realiza todas las promesas divinas en nuestro favor. Además, el Resucitado, vencedor del pecado y de la muerte, es el principio de nuestra justificación y de nuestra resurrección: ya desde ahora nos procura la gracia de la adopción filial, que es real participación de su vida de Hijo unigénito; más tarde, al final de los tiempos, Él resucitará nuestro cuerpo.

 

«JESUCRISTO SUBIÓ A LOS CIELOS, Y ESTÁ SENTADO
A LA DERECHA DE DIOS, PADRE TODOPODEROSO»

 

132. ¿Qué representa la Ascensión?

659-667

Cuarenta días después de haberse mostrado a los Apóstoles bajo los rasgos de una humanidad ordinaria, que velaban su gloria de Resucitado, Cristo subió a los cielos y se sentó a la derecha del Padre. Desde entonces el Señor reina con su humanidad en la gloria eterna de Hijo de Dios, intercede incesantemente ante el Padre en favor nuestro, nos envía su Espíritu y nos da la esperanza de llegar un día junto a Él, al lugar que nos tiene preparado.

 

«DESDE ALLÍ HA DE VENIR A JUZGAR
A VIVOS Y MUERTOS»

 

133. ¿Cómo reina ahora el Señor Jesús?

668-674
680

Como Señor del cosmos y de la historia, Cabeza de su Iglesia, Cristo glorificado permanece misteriosamente en la tierra, donde su Reino está ya presente, como germen y comienzo, en la Iglesia. Un día volverá en gloria, pero no sabemos el momento. Por esto, vivimos vigilantes, pidiendo: «¡Ven, Señor Jesús!» (Ap 22, 20).

 

134. ¿Cómo se realizará la venida del Señor en la gloria?

675-677
680

Después del último estremecimiento cósmico de este mundo que pasa, la venida gloriosa de Cristo acontecerá con el triunfo definitivo de Dios en la Parusía y con el Juicio final. Así se consumará el Reino de Dios.

 

135. ¿Cómo juzgará Cristo a los vivos y a los muertos?

678-679
681-682

Cristo juzgará a los vivos y a los muertos con el poder que ha obtenido como Redentor del mundo, venido para salvar a los hombres. Los secretos de los corazones serán desvelados, así como la conducta de cada uno con Dios y el prójimo. Todo hombre será colmado de vida o condenado para la eternidad, según sus obras. Así se realizará «la plenitud de Cristo» (Ef 4, 13), en la que «Dios será todo en todos» (1 Co 15, 28).

 

CAPÍTULO TERCERO
«CREO EN EL ESPÍRITU SANTO»

 

136. ¿Qué quiere decir la Iglesia cuando confiesa: «Creo en el Espíritu Santo»?

683-686

Creer en el Espíritu Santo es profesar la fe en la tercera Persona de la Santísima Trinidad, que procede del Padre y del Hijo y «que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria». El Espíritu Santo «ha sido enviado a nuestros corazones» (Ga 4, 6), a fin de que recibamos la nueva vida de hijos de Dios.

 

137. ¿Por qué la misión del Hijo y la del Espíritu son inseparables?

687-690
742-743

La misión del Hijo y la del Espíritu son inseparables porque en la Trinidad indivisible, el Hijo y el Espíritu son distintos, pero inseparables. En efecto, desde el principio hasta el fin de los tiempos, cuando Dios envía a su Hijo, envía también su Espíritu, que nos une a Cristo en la fe, a fin de que podamos, como hijos adoptivos, llamar a Dios «Padre» (Rm 8, 15). El Espíritu es invisible, pero lo conocemos por medio de su acción, cuando nos revela el Verbo y cuando obra en la Iglesia.

 

138. ¿Cuáles son los apelativos del Espíritu Santo?

691-693

«Espíritu Santo» es el nombre propio de la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Jesús lo llama también Espíritu Paráclito (Consolador, Abogado) y Espíritu de Verdad. El Nuevo Testamento lo llama Espíritu de Cristo, del Señor, de Dios, Espíritu de la gloria y de la promesa.

 

139. ¿Con qué símbolos se representa al Espíritu Santo?

694-701

Son numerosos los símbolos con los que se representa al Espíritu Santo: el agua viva, que brota del corazón traspasado de Cristo y sacia la sed de los bautizados; la unción con el óleo, que es signo sacramental de la Confirmación; el fuego, que transforma cuanto toca; la nube oscura y luminosa, en la que se revela la gloria divina; la imposición de manos, por la cual se nos da el Espíritu; y la paloma, que baja sobre Cristo en su bautismo y permanece en Él.

 

140. ¿Qué significa que el Espíritu «habló por los Profetas»?

687-688
702-706
743

Con el término «Profetas» se entiende a cuantos fueron inspirados por el Espíritu Santo para hablar en nombre de Dios. La obra reveladora del Espíritu en las profecías del Antiguo Testamento halla su cumplimiento en la revelación plena del misterio de Cristo en el Nuevo Testamento.

 

141. ¿Cuál es la obra del Espíritu Santo en Juan el Bautista?

717-720

El Espíritu colma con sus dones a Juan el Bautista, el último profeta del Antiguo Testamento, quien, bajo la acción del Espíritu, es enviado para que «prepare al Señor un pueblo bien dispuesto» (Lc 1, 17) y anunciar la venida de Cristo, Hijo de Dios: aquel sobre el que ha visto descender y permanecer el Espíritu, «aquel que bautiza en el Espíritu» (Jn 1, 33).

 

142. ¿Cuál es la obra del Espíritu Santo en María?

721-726
744

El Espíritu Santo culmina en María las expectativas y la preparación del Antiguo Testamento para la venida de Cristo. De manera única la llena de gracia y hace fecunda su virginidad, para dar a luz al Hijo de Dios encarnado. Hace de Ella la Madre del «Cristo total», es decir, de Jesús Cabeza y de la Iglesia su cuerpo. María está presente entre los Doce el día de Pentecostés, cuando el Espíritu inaugura los «últimos tiempos» <con la manifestación de la Iglesia.

 

143. ¿Qué relación existe entre el Espíritu y Jesucristo, en su misión en la tierra?

727-730
745-746

Desde el primer instante de la Encarnación, el Hijo de Dios, por la unción del Espíritu Santo, es consagrado Mesías en su humanidad. Jesucristo revela al Espíritu con su enseñanza, cumpliendo la promesa hecha a los Padres, y lo comunica a la Iglesia naciente, exhalando su aliento sobre los Apóstoles después de su Resurrección.

 

144. ¿Qué sucedió el día de Pentecostés?

731-732
738

En Pentecostés, cincuenta días después de su Resurrección, Jesucristo glorificado infunde su Espíritu en abundancia y lo manifiesta como Persona divina, de modo que la Trinidad Santa queda plenamente revelada. La misión de Cristo y del Espíritu se convierte en la misión de la Iglesia, enviada para anunciar y difundir el misterio de la comunión trinitaria.

«Hemos visto la verdadera Luz, hemos recibido el Espíritu celestial,
hemos encontrado la verdadera fe: adoramos la Trinidad indivisible porque
Ella nos ha salvado»
(Liturgia bizantina. Tropario de las vísperas de Pentecostés).

 

145. ¿Qué hace el Espíritu Santo en la Iglesia?

733-741
747

El Espíritu Santo edifica, anima y santifica a la Iglesia; como Espíritu de Amor, devuelve a los bautizados la semejanza divina, perdida a causa del pecado, y los hace vivir en Cristo la vida misma de la Trinidad Santa. Los envía a dar testimonio de la Verdad de Cristo y los organiza en sus respectivas funciones, para que todos den «el fruto del Espíritu» (Ga 5, 22).

 

146. ¿Cómo actúan Cristo y su Espíritu en el corazón de los bautizados?

738-741

Por medio de los sacramentos, Cristo comunica su Espíritu a los miembros de su Cuerpo, y la gracia de Dios, que da frutos de vida nueva, según el Espíritu. El Espíritu Santo, finalmente, es el Maestro de la oración.

 

«CREO EN LA SANTA IGLESIA CATÓLICA»
La Iglesia en el designio de Dios

 

147. ¿Qué designamos con la palabra «Iglesia»?

751-752
777. 804

Con el término «Iglesia» se designa al pueblo que Dios convoca y reúne desde todos los confines de la tierra, para constituir la asamblea de todos aquellos que, por la fe y el Bautismo, han sido hechos hijos de Dios, miembros de Cristo y templo del Espíritu Santo.

 

148. ¿Hay otros nombres e imágenes con los que la Biblia designe a la Iglesia?

753-757

En la Sagrada Escritura encontramos muchas imágenes que ponen de relieve aspectos complementarios del misterio de la Iglesia. El Antiguo Testamento prefiere imágenes ligadas al Pueblo de Dios; el Nuevo Testamento aquellas vinculadas a Cristo como Cabeza de este pueblo, que es su Cuerpo, y las imágenes sacadas de la vida pastoril (redil, grey, ovejas), agrícola (campo, olivo, viña), de la construcción (morada, piedra, templo) y familiar (esposa, madre, familia).

 

149. ¿Cuál es el origen y la consumación de la Iglesia?

758-766
778

La Iglesia tiene su origen y realización en el designio eterno de Dios. Fue preparada en la Antigua Alianza con la elección de Israel, signo de la reunión futura de todas las naciones. Fundada por las palabras y las acciones de Jesucristo, fue realizada, sobre todo, mediante su muerte redentora y su Resurrección. Más tarde, se manifestó como misterio de salvación mediante la efusión del Espíritu Santo en Pentecostés. Al final de los tiempos, alcanzará su consumación como asamblea celestial de todos los redimidos.

 

150. ¿Cuál es la misión de la Iglesia?

767-769

La misión de la Iglesia es la de anunciar e instaurar entre todos los pueblos el Reino de Dios inaugurado por Jesucristo. La Iglesia es el germen e inicio sobre la tierra de este Reino de salvación.

 

151. ¿En qué sentido la Iglesia es Misterio?

770-773
779

La Iglesia es Misterio en cuanto que en su realidad visible se hace presente y operante una realidad espiritual y divina, que se percibe solamente con los ojos de la fe.

 

152. ¿Qué significa que la Iglesia es sacramento universal de salvación?

774-776
780

La Iglesia es sacramento universal de salvación en cuanto es signo e instrumento de la reconciliación y la comunión de toda la humanidad con Dios, así como de la unidad de todo el género humano.

 

La Iglesia: Pueblo de Dios, cuerpo de Cristo,
templo del Espíritu Santo

 

153. ¿Por qué la Iglesia es el Pueblo de Dios?

781
802-804

La Iglesia es el Pueblo de Dios porque Él quiso santificar y salvar a los hombres no aisladamente, sino constituyéndolos en un solo pueblo, reunido en la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

 

154. ¿Cuáles son las características del Pueblo de Dios?

782

Este pueblo, del que se llega a ser miembro mediante la fe en Cristo y el Bautismo, tiene por origen a Dios Padre, por cabeza a Jesucristo, por condición la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, por ley el mandamiento nuevo del amor, por misión la de ser sal de la tierra y luz del mundo, por destino el Reino de Dios, ya iniciado en la Tierra.

 

155. ¿En qué sentido el Pueblo de Dios participa de las tres funciones de Cristo: Sacerdote, Profeta y Rey?

783-786

El Pueblo de Dios participa del oficio sacerdotal de Cristo en cuanto los bautizados son consagrados por el Espíritu Santo para ofrecer sacrificios espirituales; participa de su oficio profético cuando, con el sentido sobrenatural de la fe, se adhiere indefectiblemente a ella, la profundiza y la testimonia; participa de su función regia con el servicio, imitando a Jesucristo, quien siendo rey del universo, se hizo siervo de todos, sobre todo de los pobres y los que sufren.

 

156. ¿De qué modo la Iglesia es cuerpo de Cristo?

787-791
805-806

La Iglesia es cuerpo de Cristo porque, por medio del Espíritu, Cristo muerto y resucitado une consigo íntimamente a sus fieles. De este modo los creyentes en Cristo, en cuanto íntimamente unidos a Él, sobre todo en la Eucaristía, se unen entre sí en la caridad, formando un solo cuerpo, la Iglesia. Dicha unidad se realiza en la diversidad de miembros y funciones.

 

157. ¿Quién es la cabeza de este Cuerpo?

792-795
807

Cristo «es la Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 18). La Iglesia vive de Él, en Él y por Él. Cristo y la Iglesia forman el «Cristo total» (San Agustín); «la Cabeza y los miembros, como si fueran una sola persona mística» (Santo Tomás de Aquino).

 

158. ¿Por qué llamamos a la Iglesia esposa de Cristo?

796
808

Llamamos a la Iglesia esposa de Cristo porque el mismo Señor se definió a sí mismo como «el esposo» (Mc 2, 19), que ama a la Iglesia uniéndola a sí con una Alianza eterna. Cristo se ha entregado por ella para purificarla con su sangre, «santificarla» (Ef 5, 26) y hacerla Madre fecunda de todos los hijos de Dios. Mientras el término «cuerpo» manifiesta la unidad de la «cabeza» con los miembros, el término «esposa» acentúa la distinción de ambos en la relación personal.

 

159. ¿Por qué la Iglesia es llamada templo del Espíritu Santo?

797-798
809-810

La Iglesia es llamada templo del Espíritu Santo porque el Espíritu vive en el cuerpo que es la Iglesia: en su Cabeza y en sus miembros; Él además edifica la Iglesia en la caridad con la Palabra de Dios, los sacramentos, las virtudes y los carismas.

«Lo que nuestro espíritu, es decir, nuestra alma, es para nuestros miembros,
eso mismo es el Espíritu Santo para los miembros de Cristo, para el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia»
(San Agustín).

 

160. ¿Qué son los carismas?

799-801

Los carismas son dones especiales del Espíritu Santo concedidos a cada uno para el bien de los hombres, para las necesidades del mundo y, en particular, para la edificación de la Iglesia, a cuyo Magisterio compete el discernimiento sobre ellos.

 

La Iglesia es una, santa, católica y apostólica

 

161. ¿Por qué la Iglesia es una?

813-815
866

La Iglesia es una porque tiene como origen y modelo la unidad de un solo Dios en la Trinidad de las Personas; como fundador y cabeza a Jesucristo, que restablece la unidad de todos los pueblos en un solo cuerpo; como alma al Espíritu Santo que une a todos los fieles en la comunión en Cristo. La Iglesia tiene una sola fe, una sola vida sacramental, una única sucesión apostólica, una común esperanza y la misma caridad.

 

162. ¿Dónde subsiste la única Iglesia de Cristo?

816
870

La única Iglesia de Cristo, como sociedad constituida y organizada en el mundo, subsiste (subsistit in) en la Iglesia católica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él. Sólo por medio de ella se puede obtener la plenitud de los medios de salvación, puesto que el Señor ha confiado todos los bienes de la Nueva Alianza únicamente al colegio apostólico, cuya cabeza es Pedro.

 

163. ¿Cómo se debe considerar entonces a los cristianos no católicos?

817-819

En las Iglesias y comunidades eclesiales que se separaron de la plena comunión con la Iglesia católica, se hallan muchos elementos de santificación y verdad. Todos estos bienes proceden de Cristo e impulsan hacia la unidad católica. Los miembros de estas Iglesias y comunidades se incorporan a Cristo en el Bautismo, por ello los reconocemos como hermanos.

 

164. ¿Cómo comprometerse en favor de la unidad de los cristianos?

820-822
866

El deseo de restablecer la unión de todos los cristianos es un don de Cristo y un llamamiento del Espíritu; concierne a toda la Iglesia y se actúa mediante la conversión del corazón, la oración, el recíproco conocimiento fraterno y el diálogo teológico.

 

165. ¿En qué sentido la Iglesia es santa?

823-829
867

La Iglesia es santa porque Dios santísimo es su autor; Cristo se ha entregado a sí mismo por ella, para santificarla y hacerla santificante; el Espíritu Santo la vivifica con la caridad. En la Iglesia se encuentra la plenitud de los medios de salvación. La santidad es la vocación de cada uno de sus miembros y el fin de toda su actividad. Cuenta en su seno con la Virgen María e innumerables santos, como modelos e intercesores. La santidad de la Iglesia es la fuente de la santificación de sus hijos, los cuales, aquí en la tierra, se reconocen todos pecadores, siempre necesitados de conversión y de purificación.

 

166. ¿Por qué decimos que la Iglesia es católica?

830-831
868

La Iglesia es católica, es decir universal, en cuanto en ella Cristo está presente: «Allí donde está Cristo Jesús, está la Iglesia Católica» (San Ignacio de Antioquía). La Iglesia anuncia la totalidad y la integridad de la fe; lleva en sí y administra la plenitud de los medios de salvación; es enviada en misión a todos los pueblos, pertenecientes a cualquier tiempo o cultura.

 

167. ¿Es católica la Iglesia particular?

832-835

Es católica toda Iglesia particular, (esto es la diócesis y la eparquía), formada por la comunidad de los cristianos que están en comunión, en la fe y en los sacramentos, con su obispo ordenado en la sucesión apostólica y con la Iglesia de Roma, «que preside en la caridad» (San Ignacio de Antioquía).

 

168. ¿Quién pertenece a la Iglesia católica?

836-838

Todos los hombres, de modos diversos, pertenecen o están ordenados a la unidad católica del Pueblo de Dios. Está plenamente incorporado a la Iglesia Católica quien, poseyendo el Espíritu de Cristo, se encuentra unido a la misma por los vínculos de la profesión de fe, de los sacramentos, del gobierno eclesiástico y de la comunión. Los bautizados que no realizan plenamente dicha unidad católica están en una cierta comunión, aunque imperfecta, con la Iglesia católica.

 

169. ¿Cuál es la relación de la Iglesia católica con el pueblo judío?

839-840

La Iglesia católica se reconoce en relación con el pueblo judío por el hecho de que Dios eligió a este pueblo, antes que a ningún otro, para que acogiera su Palabra. Al pueblo judío pertenecen «la adopción como hijos, la gloria, las alianzas, la legislación, el culto, las promesas, los patriarcas; de él procede Cristo según la carne» (Rm 9, 4-5). A diferencia de las otras religiones no cristianas, la fe judía es ya una respuesta a la Revelación de Dios en la Antigua Alianza.

 

170. ¿Qué vínculo existe entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas?

841-845

El vínculo entre la Iglesia católica y las religiones no cristianas proviene, ante todo, del origen y el fin comunes de todo el género humano. La Iglesia católica reconoce que cuanto de bueno y verdadero se encuentra en las otras religiones viene de Dios, es reflejo de su verdad, puede preparar para la acogida del Evangelio y conducir hacia la unidad de la humanidad en la Iglesia de Cristo.

 

171. ¿Qué significa la afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación»?

846-848

La afirmación «fuera de la Iglesia no hay salvación» significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por medio de la Iglesia, que es su Cuerpo. Por lo tanto no pueden salvarse quienes, conociendo la Iglesia como fundada por Cristo y necesaria para la salvación, no entran y no perseveran en ella. Al mismo tiempo, gracias a Cristo y a su Iglesia, pueden alcanzar la salvación eterna todos aquellos que, sin culpa alguna, ignoran el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan sinceramente a Dios y, bajo el influjo de la gracia, se esfuerzan en cumplir su voluntad, conocida mediante el dictamen de la conciencia.

 

172. ¿Por qué la Iglesia debe anunciar el Evangelio a todo el mundo?

849-851

La Iglesia debe anunciar el Evangelio a todo el mundo porque Cristo ha ordenado: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19). Este mandato misionero del Señor tiene su fuente en el amor eterno de Dios, que ha enviado a su Hijo y a su Espíritu porque «quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1 Tm 2, 4)

 

173. ¿De qué modo la Iglesia es misionera?

852-856

La Iglesia es misionera porque, guiada por el Espíritu Santo, continúa a lo largo de los siglos la misión del mismo Cristo. Por tanto, los cristianos deben anunciar a todos la Buena Noticia traída por Jesucristo, siguiendo su camino y dispuestos incluso al sacrificio de sí mismos hasta el martirio.

 

174. ¿Por qué la Iglesia es apostólica?

857
869

La Iglesia es apostólica por su origen, ya que fue construida «sobre el fundamento de los Apóstoles» (Ef 2, 20); por su enseñanza, que es la misma de los Apóstoles; por su estructura, en cuanto es instruida, santificada y gobernada, hasta la vuelta de Cristo, por los Apóstoles, gracias a sus sucesores, los obispos, en comunión con el sucesor de Pedro.

 

175. ¿En qué consiste la misión de los Apóstoles?

858-861

La palabra Apóstol significa enviado. Jesús, el Enviado del Padre, llamó consigo a doce de entre sus discípulos, y los constituyó como Apóstoles suyos, convirtiéndolos en testigos escogidos de su Resurrección y en fundamentos de su Iglesia. Jesús les dio el mandato de continuar su misión, al decirles: «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo» (Jn 20, 21) y al prometerles que estaría con ellos hasta el fin del mundo.

 

176. ¿Qué es la sucesión apostólica?

861-865

La sucesión apostólica es la transmisión, mediante el sacramento del Orden, de la misión y la potestad de los Apóstoles a sus sucesores, los obispos. Gracias a esta transmisión, la Iglesia se mantiene en comunión de fe y de vida con su origen, mientras a lo largo de los siglos ordena todo su apostolado a la difusión del Reino de Cristo sobre la tierra.

 

Los fieles: jerarquía, laicos, vida consagrada

 

177. ¿Quiénes son los fieles?

871-872

Los fieles son aquellos que, incorporados a Cristo mediante el Bautismo, han sido constituidos miembros del Pueblo de Dios; han sido hecho partícipes, cada uno según su propia condición, de la función sacerdotal, profética y real de Cristo, y son llamados a llevar a cabo la misión confiada por Dios a la Iglesia. Entre ellos hay una verdadera igualdad en su dignidad de hijos de Dios.

 

178. ¿Cómo está formado el Pueblo de Dios?

873
934

En la Iglesia, por institución divina, hay ministros sagrados, que han recibido el sacramento del Orden y forman la jerarquía de la Iglesia. A los demás fieles se les llama laicos. De unos y otros provienen fieles que se consagran de modo especial a Dios por la profesión de los consejos evangélicos: castidad en el celibato, pobreza y obediencia.

 

179. ¿Por qué Cristo instituyó la jerarquía eclesiástica?

874-876
935

Cristo instituyó la jerarquía eclesiástica con la misión de apacentar al Pueblo de Dios en su nombre, y para ello le dio autoridad. La jerarquía está formada por los ministros sagrados: obispos, presbíteros y diáconos. Gracias al sacramento del Orden, los obispos y presbíteros actúan, en el ejercicio de su ministerio, en nombre y en la persona de Cristo cabeza; los diáconos sirven al Pueblo de Dios en la diaconía (servicio) de la palabra, de la liturgia y de la caridad.

 

180. ¿En qué consiste la dimensión colegial del ministerio de la Iglesia?

877

A ejemplo de los doce Apóstoles, elegidos y enviados juntos por Cristo, la unión de los miembros de la jerarquía eclesiástica está al servicio de la comunión de todos los fieles. Cada obispo ejerce su ministerio como miembro del colegio episcopal, en comunión con el Papa, haciéndose partícipe con él de la solicitud por la Iglesia universal. Los sacerdotes ejercen su ministerio en el presbiterio de la Iglesia particular, en comunión con su propio obispo y bajo su guía.

 

181. ¿Por qué el ministerio eclesial tiene también un carácter personal?

878-879

El ministerio eclesial tiene también un carácter personal, en cuanto que, en virtud del sacramento del Orden, cada uno es responsable ante Cristo, que lo ha llamado personalmente, confiriéndole la misión.

 

182. ¿Cuál es la misión del Papa?

881-882
936-937

El Papa, Obispo de Roma y sucesor de san Pedro, es el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad de la Iglesia. Es el Vicario de Cristo, cabeza del colegio de los obispos y pastor de toda la Iglesia, sobre la que tiene, por institución divina, la potestad plena, suprema, inmediata y universal.

 

183. ¿Cuál es la función del colegio de los obispos?

883-885

El colegio de los obispos, en comunión con el Papa y nunca sin él, ejerce también él la potestad suprema y plena sobre la Iglesia.

 

184. ¿Cómo ejercen los obispos la misión de enseñar?

886-890
939

Los obispos, en comunión con el Papa, tienen el deber de anunciar a todos el Evangelio, fielmente y con autoridad, como testigos auténticos de la fe apostólica, revestidos de la autoridad de Cristo. Mediante el sentido sobrenatural de la fe, el Pueblo de Dios se adhiere indefectiblemente a la fe, bajo la guía del Magisterio vivo de la Iglesia.

 

185. ¿Cuándo se ejerce la infalibilidad del Magisterio?

891

La infalibilidad del Magisterio se ejerce cuando el Romano Pontífice, en virtud de su autoridad de Supremo Pastor de la Iglesia, o el colegio de los obispos en comunión con el Papa, sobre todo reunido en un Concilio Ecuménico, proclaman con acto definitivo una doctrina referente a la fe o a la moral; y también cuando el Papa y los obispos, en su Magisterio ordinario, concuerdan en proponer una doctrina como definitiva. Todo fiel debe adherirse a tales enseñanzas con el obsequio de la fe.

 

186. ¿Cómo ejercen los obispos la misión de santificar?

893

Los obispos ejercen su función de santificar a la Iglesia cuando dispensan la gracia de Cristo, mediante el ministerio de la palabra y de los sacramentos, en particular de la Eucaristía; y también con su oración, su ejemplo y su trabajo.

 

187. ¿Cómo ejercen los obispos la misión de gobernar?

894-896

Cada obispo, en cuanto miembro del colegio episcopal, ejerce colegialmente la solicitud por todas las Iglesias particulares y por toda la Iglesia, junto con los demás obispos unidos al Papa. El obispo, a quien se ha confiado una Iglesia particular, la gobierna con la autoridad de su sagrada potestad propia, ordinaria e inmediata, ejercida en nombre de Cristo, Buen Pastor, en comunión con toda la Iglesia y bajo la guía del sucesor de Pedro.

 

188. ¿Cuál es la vocación de los fieles laicos?

897-900
940

Los fieles laicos tienen como vocación propia la de buscar el Reino de Dios, iluminando y ordenando las realidades temporales según Dios. Responden así a la llamada a la santidad y al apostolado, que se dirige a todos los bautizados.

 

189. ¿Cómo participan los fieles laicos en la misión sacerdotal de Cristo?

901-903

Los laicos participan en la misión sacerdotal de Cristo cuando ofrecen como sacrificio espiritual «agradable a Dios por mediación de Jesucristo» (1 P 2, 5), sobre todo en la Eucaristía, la propia vida con todas las obras, oraciones e iniciativas apostólicas, la vida familiar y el trabajo diario, las molestias de la vida sobrellevadas con paciencia, así como los descansos físicos y consuelos espirituales. De esta manera, también los laicos, dedicados a Cristo y consagrados por el Espíritu Santo, ofrecen a Dios el mundo mismo.

 

190. ¿Cómo participan los fieles laicos en la misión profética de Cristo?

904-907
942

Los laicos participan en la misión profética de Cristo cuando acogen cada vez mejor en la fe la Palabra de Cristo, y la anuncian al mundo con el testimonio de la vida y de la palabra, mediante la evangelización y la catequesis. Este apostolado «adquiere una eficacia particular porque se realiza en las condiciones generales de nuestro mundo» (Lumen Gentium 35).

 

191. ¿Cómo participan los fieles laicos en la misión regia de Cristo?

908-913
943

Los laicos participan en la misión regia de Cristo porque reciben de Él el poder de vencer el pecado en sí mismos y en el mundo, por medio de la abnegación y la santidad de la propia vida. Los laicos ejercen diversos ministerios al servicio de la comunidad, e impregnan de valores morales las actividades temporales del hombre y las instituciones de la sociedad.

 

192. ¿Qué es la vida consagrada?

914-916
944

La vida consagrada es un estado de vida reconocido por la Iglesia; una respuesta libre a una llamada particular de Cristo, mediante la cual los consagrados se dedican totalmente a Dios y tienden a la perfección de la caridad, bajo la moción del Espíritu Santo. Esta consagración se caracteriza por la práctica de los consejos evangélicos.

 

193. ¿Qué aporta la vida consagrada a la misión de la Iglesia?

931-933
945

La vida consagrada participa en la misión de la Iglesia mediante una plena entrega a Cristo y a los hermanos, dando testimonio de la esperanza del Reino de los Cielos.

 

«CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS»

 

194. ¿Qué significa la expresión «comunión de los santos»?

946-953
960

La expresión «comunión de los santos» indica, ante todo, la común participación de todos los miembros de la Iglesia en las cosas santas (sancta): la fe, los sacramentos, en particular en la Eucaristía, los carismas y otros dones espirituales. En la raíz de la comunión está la caridad que «no busca su propio interés» (1 Co 13, 5), sino que impulsa a los fieles a «poner todo en común» (Hch 4, 32), incluso los propios bienes materiales, para el servicio de los más pobres.

 

195. ¿Qué otra significación tiene la expresión «comunión de los santos»?

954-959
961-962

La expresión «comunión de los santos» designa también la comunión entre las personas santas (sancti), es decir, entre quienes por la gracia están unidos a Cristo muerto y resucitado. Unos viven aún peregrinos en este mundo; otros, ya difuntos, se purifican, ayudados también por nuestras plegarias; otros, finalmente, gozan ya de la gloria de Dios e interceden por nosotros. Todos juntos forman en Cristo una sola familia, la Iglesia, para alabanza y gloria de la Trinidad.

 

 

 

 

María, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia

 

196. ¿En qué sentido la Bienaventurada Virgen María es Madre de la Iglesia?

963-966
973

La Bienaventurada Virgen María es Madre de la Iglesia en el orden de la gracia, porque ha dado a luz a Jesús, el Hijo de Dios, Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia. Jesús, agonizante en la cruz, la dio como madre al discípulo con estas palabras: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19, 27).

 

197. ¿Cómo ayuda la Virgen María a la Iglesia?

967-970

Después de la Ascensión de su Hijo, la Virgen María ayudó con su oración a los comienzos de la Iglesia. Incluso tras su Asunción al cielo, ella continúa intercediendo por sus hijos, siendo para todos un modelo de fe y de caridad y ejerciendo sobre ellos un influjo salvífico, que mana de la sobreabundancia de los méritos de Cristo. Los fieles ven en María una imagen y un anticipo de la resurrección que les espera, y la invocan como abogada, auxiliadora, socorro y mediadora.

 

198. ¿Qué tipo de culto se rinde a la Virgen María?

971

A la Virgen María se le rinde un culto singular, que se diferencia esencialmente del culto de adoración, que se rinde sólo a la Santísima Trinidad. Este culto de especial veneración encuentra su particular expresión en las fiestas litúrgicas dedicadas a la Madre de Dios y en la oración mariana, como el santo Rosario, compendio de todo el Evangelio.

 

199. ¿De qué modo la Virgen María es icono escatológico de la Iglesia?

972
974-975

Contemplando a María, la toda santa, ya glorificada en cuerpo y alma, la Iglesia ve en ella lo que la propia Iglesia está llamada a ser sobre la tierra y aquello que será en la patria celestial.

 

«CREO EN EL PERDÓN DE LOS PECADOS»

 

200. ¿Cómo se perdonan los pecados?

976-980
984-985

El primero y principal sacramento para el perdón de los pecados es el Bautismo. Para los pecados cometidos después del Bautismo, Cristo instituyó el sacramento de la Reconciliación o Penitencia, por medio del cual el bautizado se reconcilia con Dios y con la Iglesia.

 

201. ¿Por qué la Iglesia tiene el poder de perdonar los pecados?

981-983
986-987

La Iglesia tiene la misión y el poder de perdonar los pecados porque el mismo Cristo se lo ha dado: «Recibid el Espíritu Santo, a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados, a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 22-23).

 

«CREO EN LA RESURRECCIÓN DE LA CARNE»

 

202. ¿Qué se indica con el término «carne» y cuál es su importancia?

976-980
984-985

El término «carne» designa al hombre en su condición de debilidad y mortalidad. «La carne es soporte de la salvación» (Tertuliano). En efecto, creemos en Dios que es el Creador de la carne; creemos en el Verbo hecho carne para rescatar la carne; creemos en la resurrección de la carne, perfección de la Creación y de la redención de la carne.

 

203. ¿Qué significa la expresión «resurrección de la carne»?

990

La expresión «resurrección de la carne» significa que el estado definitivo del hombre no será solamente el alma espiritual separada del cuerpo, sino que también nuestros cuerpos mortales un día volverán a tener vida.

 

204. ¿Qué relación existe entre la resurrección de Cristo y la nuestra?

988-991
1002-1003

Así como Cristo ha resucitado verdaderamente de entre los muertos y vive para siempre, así también Él resucitará a todos en el último día, con un cuerpo incorruptible: «los que hayan hecho el bien resucitarán para la vida, y los que hayan hecho el mal, para la condenación» (Jn 5, 29).

 

205. ¿Qué sucede con la muerte a nuestro cuerpo y a nuestra alma?

Con la muerte, que es separación del alma y del cuerpo, éste cae en la corrupción, mientras el alma, que es inmortal, va al encuentro del juicio de Dios y espera volverse a unir al cuerpo, cuando éste resurja transformado en la segunda venida del Señor. Comprender cómo tendrá lugar la resurrección sobrepasa la posibilidad de nuestra imaginación y entendimiento.

 

206. ¿Qué significa morir en Cristo Jesús?

1005-1014
1019

Morir en Cristo Jesús significa morir en gracia de Dios, sin pecado mortal. Así el creyente en Cristo, siguiendo su ejemplo, puede transformar la propia muerte en un acto de obediencia y de amor al Padre. «Es cierta esta afirmación: si hemos muerto con Él, también viviremos con Él» (2 Tm 2, 11).

 

«CREO EN LA VIDA ETERNA»

 

207. ¿Qué es la vida eterna?

1020
1051

La vida eterna es la que comienza inmediatamente después de la muerte. Esta vida no tendrá fin; será precedida para cada uno por un juicio particular por parte de Cristo, juez de vivos y muertos, y será ratificada en el juicio final.

 

208. ¿Qué es el juicio particular?

1021-1022
1051

Es el juicio de retribución inmediata, que, en el momento de la muerte, cada uno recibe de Dios en su alma inmortal, en relación con su fe y sus obras. Esta retribución consiste en el acceso a la felicidad del cielo, inmediatamente o después de una adecuada purificación, o bien de la condenación eterna al infierno.

 

209. ¿Qué se entiende por cielo?

1023-1026
1053

Por cielo se entiende el estado de felicidad suprema y definitiva. Todos aquellos que mueren en gracia de Dios y no tienen necesidad de posterior purificación, son reunidos en torno a Jesús, a María, a los ángeles y a los santos, formando así la Iglesia del cielo, donde ven a Dios «cara a cara» (1 Co 13, 12), viven en comunión de amor con la Santísima Trinidad e interceden por nosotros.

«La vida subsistente y verdadera es el Padre que, por el Hijo y en el Espíritu Santo, derrama sobre todos sin excepción los dones celestiales. Gracias a su misericordia, nosotros también, hombres, hemos recibido la promesa indefectible de la vida eterna» (San Cirilo de Jerusalén).

 

210 ¿Qué es el purgatorio?

1030-1031
1054

El purgatorio es el estado de los que mueren en amistad con Dios pero, aunque están seguros de su salvación eterna, necesitan aún de purificación para entrar en la eterna bienaventuranza.

 

211. ¿Cómo podemos ayudar en la purificación de las almas del purgatorio?

1032

En virtud de la comunión de los santos, los fieles que peregrinan aún en la tierra pueden ayudar a las almas del purgatorio ofreciendo por ellas oraciones de sufragio, en particular el sacrificio de la Eucaristía, pero también limosnas, indulgencias y obras de penitencia.

 

212. ¿En qué consiste el infierno?

1033-1035
1056-1057

Consiste en la condenación eterna de todos aquellos que mueren, por libre elección, en pecado mortal. La pena principal del infierno consiste en la separación eterna de Dios, en quien únicamente encuentra el hombre la vida y la felicidad para las que ha sido creado y a las que aspira. Cristo mismo expresa esta realidad con las palabras «Alejaos de mí, malditos al fuego eterno» (Mt 25, 41).

 

213. ¿Cómo se concilia la existencia del infierno con la infinita bondad de Dios?

1036-1037

Dios quiere que «todos lleguen a la conversión» (2 P 3, 9), pero, habiendo creado al hombre libre y responsable, respeta sus decisiones. Por tanto, es el hombre mismo quien, con plena autonomía, se excluye voluntariamente de la comunión con Dios si, en el momento de la propia muerte, persiste en el pecado mortal, rechazando el amor misericordioso de Dios.

 

214. ¿En qué consistirá el juicio final?

1038-1041
1058-1059

El juicio final (universal) consistirá en la sentencia de vida bienaventurada o de condena eterna que el Señor Jesús, retornando como juez de vivos y muertos, emitirá respecto «de los justos y de los pecadores» (Hch 24, 15), reunidos todos juntos delante de sí. Tras del juicio final, el cuerpo resucitado participará de la retribución que el alma ha recibido en el juicio particular.

 

215. ¿Cuándo tendrá lugar este juicio?

1040

El juicio final sucederá al fin del mundo, del que sólo Dios conoce el día y la hora.

 

216. ¿Qué es la esperanza de los cielos nuevos y de la tierra nueva?

1042-1050
1060

Después del juicio final, el universo entero, liberado de la esclavitud de la corrupción, participará de la gloria de Cristo, inaugurando «los nuevos cielos y la tierra nueva» (2 P 3, 13). Así se alcanzará la plenitud del Reino de Dios, es decir, la realización definitiva del designio salvífico de Dios de «hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los cielos y lo que está en la tierra» (Ef 1, 10). Dios será entonces «todo en todos» (1 Co 15, 28), en la vida eterna.

 

«AMÉN»

 

217. ¿Qué significa el Amén, con el que concluye nuestra profesión de fe?

1061-1065

La palabra hebrea Amén, con la que se termina también el último libro de la Sagrada Escritura, algunas oraciones del Nuevo Testamento y las oraciones litúrgicas de la Iglesia, significa nuestro «sí» confiado y total a cuanto confesamos creer, confiándonos totalmente en Aquel que es el «Amén» (Ap 3, 14) definitivo: Cristo el Señor.

 

 

 

SEGUNDA PARTE
LA CELEBRACIÓN
DEL MISTERIO CRISTIANO

 

PRIMERA SECCIÓN
LA ECONOMÍA SACRAMENTAL


218. ¿Qué es la liturgia?

1066-1070

La liturgia es la celebración del Misterio de Cristo y en particular de su Misterio Pascual. Mediante el ejercicio de la función sacerdotal de Jesucristo, se manifiesta y realiza en ella, a través de signos, la santificación de los hombres; y el Cuerpo Místico de Cristo, esto es la Cabeza y sus miembros, ejerce el culto público que se debe a Dios.

 

219. ¿Qué lugar ocupa la liturgia en la vida de la Iglesia?

1071-1075

La liturgia, acción sagrada por excelencia, es la cumbre hacia la que tiende la acción de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de la que emana su fuerza vital. A través de la liturgia, Cristo continúa en su Iglesia, con ella y por medio de ella, la obra de nuestra redención

 

220. ¿En qué consiste la economía sacramental?

1076

La economía sacramental consiste en la comunicación de los frutos de la redención de Cristo, mediante la celebración de los sacramentos de la Iglesia, de modo eminente la Eucaristía, «hasta que él vuelva» (1 Co 11, 26)

 

CAPÍTULO PRIMERO

EL MISTERIO PASCUAL
EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA


LA LITURGIA, OBRA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

 

221. ¿De qué modo el Padre es fuente y fin de la liturgia?

1077-1083
1110

En la liturgia el Padre nos colma de sus bendiciones en el Hijo encarnado, muerto y resucitado por nosotros, y derrama en nuestros corazones el Espíritu Santo. Al mismo tiempo, la Iglesia bendice al Padre mediante la adoración, la alabanza y la acción de gracias, e implora el don de su Hijo y del Espíritu Santo.

 

222. ¿Cuál es la obra de Cristo en la Liturgia?

1084-1090

En la liturgia de la Iglesia, Cristo significa y realiza principalmente su misterio pascual. Al entregar el Espíritu Santo a los Apóstoles, les ha concedido, a ellos y a sus sucesores, el poder de actualizar la obra de la salvación por medio del sacrificio eucarístico y de los sacramentos, en los cuales Él mismo actúa para comunicar su gracia a los fieles de todos los tiempos y en todo el mundo.

 

223. ¿Cómo actúa el Espíritu Santo en la liturgia respecto de la Iglesia?

1091-1109
1112

En la liturgia se realiza la más estrecha cooperación entre el Espíritu Santo y la Iglesia. El Espíritu Santo prepara a la Iglesia para el encuentro con su Señor, recuerda y manifiesta a Cristo a la fe de la asamblea de creyentes, hace presente y actualiza el Misterio de Cristo, une la Iglesia a la vida y misión de Cristo y hace fructificar en ella el don de la comunión.

 

EL MISTERIO PASCUAL EN LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA

 

224. ¿Qué son los sacramentos y cuántos hay?

1113-1131

Los sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se nos otorga la vida divina. Son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Unción de los enfermos, Orden y Matrimonio.

 

225. ¿Qué relación existe entre los sacramentos y Cristo?

1114-1116

Los misterios de la vida de Cristo constituyen el fundamento de lo que ahora, por medio de los ministros de su Iglesia, el mismo Cristo dispensa en los sacramentos.

«Lo que era visible en nuestro Salvador ha pasado a sus sacramentos»
(San León Magno).

 

226. ¿Cuál es el vínculo de los sacramentos con la Iglesia?

1117-1119

Cristo ha confiado los sacramentos a su Iglesia. Son «de la Iglesia» en un doble sentido: «de ella», en cuanto son acciones de la Iglesia, la cual es sacramento de la acción de Cristo; y «para ella», en el sentido de que edifican la Iglesia.

 

227. ¿Qué es el «carácter» sacramental?

1121

El carácter sacramental es un sello espiritual, conferido por los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y del Orden. Constituye promesa y garantía de la protección divina. En virtud de este sello, el cristiano queda configurado a Cristo, participa de diversos modos en su sacerdocio y forma parte de la Iglesia según estados y funciones diversos. Queda, por tanto, consagrado al culto divino y al servicio de la Iglesia. Puesto que el carácter es indeleble, los sacramentos que lo imprimen sólo pueden recibirse una vez en la vida.

 

228. ¿Qué relación tienen los sacramentos con la fe?

1122-1126
1133

Los sacramentos no sólo suponen la fe, sino que con las palabras y los elementos rituales la alimentan, fortalecen y expresan. Celebrando los sacramentos la Iglesia confiesa la fe apostólica. De ahí la antigua sentencia: «lex orandi, lex credendi», esto es, la Iglesia cree tal como reza.

 

229. ¿Por qué los sacramentos son eficaces?

1127-1128
1131

Los sacramentos son eficaces ex opere operato («por el hecho mismo de que la acción sacramental se realiza»), porque es Cristo quien actúa en ellos y quien da la gracia que significan, independientemente de la santidad personal del ministro. Sin embargo, los frutos de los sacramentos dependen también de las disposiciones del que los recibe.

 

230. ¿Por qué los sacramentos son necesarios para la salvación?

1129

Para los creyentes en Cristo, los sacramentos, aunque no todos se den a cada uno de los fieles, son necesarios para la salvación, porque otorgan la gracia sacramental, el perdón de los pecados, la adopción como hijos de Dios, la configuración con Cristo Señor y la pertenencia a la Iglesia. El Espíritu Santo cura y transforma a quienes los reciben.

 

231. ¿Qué es la gracia sacramental?

1129. 1131
1134. 2003

La gracia sacramental es la gracia del Espíritu Santo, dada por Cristo y propia de cada sacramento. Esta gracia ayuda al fiel en su camino de santidad, y también a la Iglesia en su crecimiento de caridad y testimonio.

 

232. ¿Qué relación existe entre los sacramentos y la vida eterna?

1130

En los sacramentos la Iglesia recibe ya un anticipo de la vida eterna, mientras vive «aguardando la feliz esperanza y la manifestación de la gloria del gran Dios y Salvador nuestro Jesucristo» (Tt 2, 13).

 

CAPÍTULO SEGUNDO

LA CELEBRACIÓN SACRAMENTAL
DEL MISTERIO PASCUAL


CELEBRAR LA LITURGIA DE LA IGLESIA

 

¿Quién celebra?

 

233. ¿Quién actúa en la liturgia?

1135-1137
1187

En la liturgia actúa el «Cristo total» (Christus totus), Cabeza y Cuerpo. En cuanto sumo Sacerdote, Él celebra la liturgia con su Cuerpo, que es la Iglesia del cielo y de la tierra.

 

234. ¿Quién celebra la liturgia del cielo?

1138-1139

La liturgia del cielo la celebran los ángeles, los santos de la Antigua y de la Nueva Alianza, en particular la Madre de Dios, los Apóstoles, los mártires y «una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas» (Ap 7, 9). Cuando celebramos en los sacramentos el misterio de la salvación, participamos de esta liturgia eterna.

 

235. ¿De qué modo la Iglesia en la tierra celebra la liturgia?

1140-1144
1188

La Iglesia en la tierra celebra la liturgia como pueblo sacerdotal, en el cual cada uno obra según su propia función, en la unidad del Espíritu Santo: los bautizados se ofrecen como sacrificio espiritual; los ministros ordenados celebran según el Orden recibido para el servicio de todos los miembros de la Iglesia; los obispos y presbíteros actúan en la persona de Cristo Cabeza.

 

¿Cómo celebrar?

 

236. ¿Cómo se celebra la liturgia?

1145

La celebración litúrgica está tejida de signos y símbolos, cuyo significado, enraizado en la creación y en las culturas humanas, se precisa en los acontecimientos de la Antigua Alianza y se revela en plenitud en la Persona y la obra de Cristo.

 

237. ¿De dónde proceden los signos sacramentales?

1146-1152
1189

Algunos signos sacramentales provienen del mundo creado (luz, agua, fuego, pan, vino, aceite); otros, de la vida social (lavar, ungir, partir el pan); otros de la historia de la salvación en la Antigua Alianza (los ritos pascuales, los sacrificios, la imposición de manos, las consagraciones). Estos signos, algunos de los cuales son normativos e inmutables, asumidos por Cristo, se convierten en portadores de la acción salvífica y de santificación

 

238. ¿Qué relación existe entre las acciones y las palabras en la celebración sacramental?

1153-1155
1190

En la celebración sacramental las acciones y las palabras están estrechamente unidas. En efecto, aunque las acciones simbólicas son ya por sí mismas un lenguaje, es preciso que las palabras del rito acompañen y vivifiquen estas acciones. Indisociables en cuanto signos y enseñanza, las palabras y las acciones litúrgicas lo son también en cuanto realizan lo que significan.

 

239. ¿Con qué criterios el canto y la música tienen una función propia dentro de la celebración litúrgica?

1156-1158
1191

Puesto que la música y el canto están estrechamente vinculados a la acción litúrgica, deben respetar los siguientes criterios: la conformidad de los textos a la doctrina católica, y con origen preferiblemente en la Sagrada Escritura y en las fuentes litúrgicas; la belleza expresiva de la oración; la calidad de la música; la participación de la asamblea; la riqueza cultural del Pueblo de Dios y el carácter sagrado y solemne de la celebración.

«El que canta, reza dos veces» (San Agustín).

 

240. ¿Cuál es la finalidad de las sagradas imágenes?

1159-1161
1192

La imagen de Cristo es el icono litúrgico por excelencia. Las demás, que representan a la Madre de Dios y a los santos, significan a Cristo, que en ellos es glorificado. Las imágenes proclaman el mismo mensaje evangélico que la Sagrada Escritura transmite mediante la palabra, y ayudan a despertar y alimentar la fe de los creyentes.

 

¿Cuándo celebrar?

 

241. ¿Cuál es el centro del tiempo litúrgico?

1163-1167
1193

El centro del tiempo litúrgico es el domingo , fundamento y núcleo de todo el año litúrgico, que tiene su culminación en la Pascua anual, fiesta de las fiestas.

 

242. ¿Cuál es la función del año litúrgico?

1168-1173
1194-1195

La función del año litúrgico es celebrar todo el Misterio de Cristo, desde la Encarnación hasta su retorno glorioso. En días determinados, la Iglesia venera con especial amor a María, la bienaventurada Madre de Dios, y hace también memoria de los santos, que vivieron para Cristo, con Él padecieron y con Él han sido glorificados.

 

243. ¿Qué es la Liturgia de las Horas?

1174-1178
1196

La Liturgia de las Horas, oración pública y común de la Iglesia, es la oración de Cristo con su Cuerpo, la Iglesia. Por su medio, el Misterio de Cristo, que celebramos en la Eucaristía, santifica y transfigura el tiempo de cada día. Se compone principalmente de salmos y de otros textos bíblicos, y también de lecturas de los santos Padres y maestros espirituales.

 

¿Dónde celebrar?

 

244. ¿Tiene la Iglesia necesidad de lugares para celebrar la liturgia?

1179-1181
1197-1198

El culto «en espíritu y en verdad» (Jn 4, 24) de la Nueva Alianza no está ligado a un lugar exclusivo, porque Cristo es el verdadero templo de Dios, por medio del cual también los cristianos y la Iglesia entera se convierten, por la acción del Espíritu Santo, en templos del Dios vivo. Sin embargo, el Pueblo de Dios, en su condición terrenal, tiene necesidad de lugares donde la comunidad pueda reunirse para celebrar la liturgia.

 

245. ¿Qué son los edificios sagrados?

1181
1198-1199

Los edificios sagrados son las casas de Dios, símbolo de la Iglesia que vive en aquel lugar e imágenes de la morada celestial. Son lugares de oración, en los que la Iglesia celebra sobre todo la Eucaristía y adora a Cristo realmente presente en el tabernáculo.

 

246. ¿Cuáles son los lugares principales dentro de los edificios sagrados?

1182-1186

Los lugares principales dentro de los edificios sagrados son éstos: el altar, el sagrario o tabernáculo, el receptáculo donde se conservan el santo crisma y los otros santos óleos, la sede del obispo (cátedra) o del presbítero, el ambón, la pila bautismal y el confesionario.

 

DIVERSIDAD LITÚRGICA Y UNIDAD DEL MISTERIO

 

247. ¿Por qué el único Misterio de Cristo se celebra en la Iglesia según diversas tradiciones litúrgicas?

1200-1204
1207-1209

El Misterio de Cristo, aunque es único, se celebra según diversas tradiciones litúrgicas porque su riqueza es tan insondable que ninguna tradición litúrgica puede agotarla. Desde los orígenes de la Iglesia, por tanto, esta riqueza ha encontrado en los distintos pueblos y culturas expresiones caracterizadas por una admirable variedad y complementariedad.

 

248. ¿Qué criterio asegura la unidad dentro de la multiformidad?

1209

El criterio para asegurar la unidad en la multiformidad es la fidelidad a la Tradición Apostólica, es decir, la comunión en la fe y en los sacramentos recibidos de los Apóstoles, significada y garantizada por la sucesión apostólica. La Iglesia es católica: puede, por tanto, integrar en su unidad todas las riquezas verdaderas de las distintas culturas.

 

249. ¿Es todo inmutable en la liturgia?

1205-1206

En la liturgia, sobre todo en la de los sacramentos, existen elementos inmutables por ser de institución divina, que la Iglesia custodia fielmente. Hay después otros elementos, susceptibles de cambio, que la Iglesia puede y a veces debe incluso adaptar a las culturas de los diversos pueblos.

 

SEGUNDA SECCIÓN
LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA

Los siete Sacramentos de la Iglesia

Bautismo
Confirmación
Eucaristía
Penitencia
Unción de los enfermos
Orden
Matrimonio

Septem Ecclesiae Sacramenta

Baptismum
Confirmátio
Eucarístia
Paeniténtia
Únctio infirmórum
Ordo
Matrimónium


250. ¿Cómo se distinguen los sacramentos de la Iglesia?

1210-1211

Los sacramentos de la Iglesia se distinguen en sacramentos de la iniciación cristiana (Bautismo, Confirmación y Eucaristía); sacramentos de la curación (Penitencia y Unción de los enfermos); y sacramentos al servicio de la comunión y de la misión (Orden y Matrimonio). Todos corresponden a momentos importantes de la vida cristiana, y están ordenados a la Eucaristía «como a su fin específico» (Santo Tomás de Aquino).

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO PRIMERO

LOS SACRAMENTOS DE LA INICIACIÓN CRISTIANA 251. ¿Cómo se realiza la iniciación cristiana?

1212
1275

La Iniciación cristiana se realiza mediante los sacramentos que ponen los fundamentos de la vida cristiana: los fieles, renacidos en el Bautismo, se fortalecen con la Confirmación, y son alimentados en la Eucaristía.

 

EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO

252. ¿Con qué nombres se conoce el primer Sacramento de la iniciación?

1213-1216
1276-1277

El primer sacramento de la iniciación recibe, ante todo, el nombre de Bautismo, en razón del rito central con el cual se celebra: bautizar significa «sumergir» en el agua; quien recibe el bautismo es sumergido en la muerte de Cristo y resucita con Él «como una nueva criatura» (2 Co 5, 17). Se llama también «baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo» (Tt 3, 5), e «iluminación», porque el bautizado se convierte en «hijo de la luz» (Ef 5, 8).

 

253. ¿Cómo se prefigura el Bautismo en la Antigua Alianza?

1217-1222

En la Antigua Alianza se encuentran varias prefiguraciones del Bautismo: el agua, fuente de vida y de muerte; el arca de Noé, que salva por medio del agua; el paso del Mar Rojo, que libera al pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto; el paso del Jordán, que hace entrar a Israel en la tierra prometida, imagen de la vida eterna.

 

254. ¿Quién hace que se cumplan estas prefiguraciones?

1223-1224

Estas prefiguraciones del bautismo las cumple Jesucristo, el cual, al comienzo de su vida pública, se hace bautizar por Juan Bautista en el Jordán; levantado en la cruz, de su costado abierto brotan sangre y agua, signos del Bautismo y de la Eucaristía, y después de su Resurrección confía a los Apóstoles esta misión: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19-20).

 

255. ¿Desde cuándo y a quién administra la Iglesia el Bautismo?

1226-1228

Desde el día de Pentecostés, la Iglesia administra el Bautismo al que cree en Jesucristo.

 

256. ¿En qué consiste el rito esencial del Bautismo?

1229-1245
1278

El rito esencial del Bautismo consiste en sumergir en el agua al candidato o derramar agua sobre su cabeza, mientras se invoca el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

257. ¿Quién puede recibir el Bautismo?

246-1522

Puede recibir el Bautismo cualquier persona que no esté aún bautizada.

 

258. ¿Por qué la Iglesia bautiza a los niños?

1250

La Iglesia bautiza a los niños puesto que, naciendo con el pecado original, necesitan ser liberados del poder del maligno y trasladados al reino de la libertad de los hijos de Dios.

 

259. ¿Qué se requiere para ser bautizado?

1253-1255

A todo aquel que va a ser bautizado se le exige la profesión de fe, expresada personalmente, en el caso del adulto, o por medio de sus padres y de la Iglesia, en el caso del niño. El padrino o la madrina y toda la comunidad eclesial tienen también una parte de responsabilidad en la preparación al Bautismo (catecumenado), así como en el desarrollo de la fe y de la gracia bautismal.

 

260. ¿Quién puede bautizar?

1256
1284

Los ministros ordinarios del Bautismo son el obispo y el presbítero; en la Iglesia latina, también el diácono. En caso de necesidad, cualquiera puede bautizar, siempre que tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia. Éste derrama agua sobre la cabeza del candidato y pronuncia la fórmula trinitaria bautismal: «Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo».

 

261. ¿Es necesario el Bautismo para la salvación?

1257

El Bautismo es necesario para la salvación de todos aquellos a quienes el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad de pedir este sacramento.

 

262. ¿Hay salvación posible sin el Bautismo?

1258-1261
1281-1283

Puesto que Cristo ha muerto para la salvación de todos, pueden salvarse también sin el Bautismo todos aquellos que mueren a causa de la fe (Bautismo de sangre), los catecúmenos, y todo aquellos que, bajo el impulso de la gracia, sin conocer a Cristo y a la Iglesia, buscan sinceramente a Dios y se esfuerzan por cumplir su voluntad (Bautismo de deseo). En cuanto a los niños que mueren sin el Bautismo, la Iglesia en su liturgia los confía a la misericordia de Dios.

 

263. ¿Cuáles son los efectos del Bautismo?

1262-1274
1279-1280

El Bautismo perdona el pecado original, todos los pecados personales y todas las penas debidas al pecado; hace participar de la vida divina trinitaria mediante la gracia santificante, la gracia de la justificación que incorpora a Cristo y a su Iglesia; hace participar del sacerdocio de Cristo y constituye el fundamento de la comunión con los demás cristianos; otorga las virtudes teologales y los dones del Espíritu Santo. El bautizado pertenece para siempre a Cristo: en efecto, queda marcado con el sello indeleble de Cristo (carácter).

 

264. ¿Cuál es el significado del nombre cristiano recibido en el Bautismo?

2156-2159
2167

El nombre es importante porque Dios conoce a cada uno por su nombre, es decir, en su unicidad. Con el Bautismo, el cristiano recibe en la Iglesia el nombre propio, preferiblemente de un santo, de modo que éste ofrezca al bautizado un modelo de santidad y le asegure su intercesión ante Dios.

 

EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN

 

265. ¿Qué lugar ocupa la Confirmación en el designio divino de salvación?

1285-1288
1315

En la Antigua Alianza, los profetas anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías esperado y sobre todo el pueblo mesiánico. Toda la vida y la misión de Jesús se desarrollan en una total comunión con el Espíritu Santo. Los Apóstoles reciben el Espíritu Santo en Pentecostés y anuncian «las maravillas de Dios» (Hch 2,11). Comunican a los nuevos bautizados, mediante la imposición de las manos, el don del mismo Espíritu. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha seguido viviendo del Espíritu y comunicándolo a sus hijos.

 

266. ¿Por qué se llama Confirmación o Crismación?

1289

Se llama Confirmación, porque confirma y refuerza la gracia bautismal. Se llama Crismación, puesto que un rito esencial de este sacramento es la unción con el Santo Crisma (en las Iglesias Orientales, unción con el Santo Myron).

 

267. ¿Cuál es el rito esencial de la Confirmación?

1290-1301
1318
1320-1321

El rito esencial de la Confirmación es la unción con el Santo Crisma (aceite de oliva mezclado con perfumes, consagrado por el obispo), que se hace con la imposición de manos por parte del ministro, el cual pronuncia las palabras sacramentales propias del rito. En Occidente, esta unción se hace sobre la frente del bautizado con estas palabras: «Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo». En las Iglesias Orientales de rito bizantino, la unción se hace también en otras partes del cuerpo, con la fórmula: «Sello del don del Espíritu Santo».

 

268. ¿Cuál es el efecto de la Confirmación?

1302-1305
1316-1317

El efecto de la Confirmación es la especial efusión del Espíritu Santo, tal como sucedió en Pentecostés. Esta efusión imprime en el alma un carácter indeleble y otorga un crecimiento de la gracia bautismal; arraiga más profundamente la filiación divina; une más fuertemente con Cristo y con su Iglesia; fortalece en el alma los dones del Espíritu Santo; concede una fuerza especial para dar testimonio de la fe cristiana.

 

269. ¿Quién puede recibir este sacramento?

1306-1311
1319

El sacramento de la Confirmación puede y debe recibirlo, una sola vez, aquel que ya ha sido bautizado. Para recibirlo con fruto hay que estar en gracia de Dios.

 

270. ¿Quién es el ministro de la Confirmación?

1312-1314

El ministro originario de la Confirmación es el obispo: se manifiesta así el vínculo del confirmado con la Iglesia en su dimensión apostólica. Cuando el sacramento es administrado por un presbítero, como sucede ordinariamente en Oriente y en casos particulares en Occidente, es el mismo presbítero, colaborador del obispo, y el santo crisma, consagrado por éste, quienes expresan el vínculo del confirmado con el obispo y con la Iglesia.

 

EL SACRAMENTO DE LA EUCARISTÍA

 

271. ¿Qué es la Eucaristía?

1322-1323
1409

La Eucaristía es el sacrificio mismo del Cuerpo y de la Sangre del Señor Jesús, que Él instituyó para perpetuar en los siglos, hasta su segunda venida, el sacrificio de la Cruz, confiando así a la Iglesia el memorial de su Muerte y Resurrección. Es signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual, en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna.

 

272. ¿Cuándo instituyó Jesucristo la Eucaristía?

1323
1337-1340

Jesucristo instituyó la Eucaristía el Jueves Santo, «la noche en que fue entregado» (1 Co 11, 23), mientras celebraba con sus Apóstoles la Última Cena.

 

273. ¿Cómo instituyó la Eucaristía?

1337-1340
1365, 1406

Después de reunirse con los Apóstoles en el Cenáculo, Jesús tomó en sus manos el pan, lo partió y se lo dio, diciendo: «Tomad y comed todos de él, porque esto es mi Cuerpo que será entregado por vosotros». Después tomó en sus manos el cáliz con el vino y les dijo: «Tomad y bebed todos de él, porque éste es el cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por todos los hombres, para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía».

 

274. ¿Qué representa la Eucaristía en la vida de la Iglesia?

1324-1327
1407

La Eucaristía es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la celebración eucarística nos unimos a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna.

 

 

275. ¿Qué nombres recibe este sacramento?

1328-1332

La inagotable riqueza de este sacramento se expresa con diversos nombres, que evocan sus aspectos particulares. Los más comunes son: Eucaristía, Santa Misa, Cena del Señor, Fracción del Pan, Celebración Eucarística, Memorial de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, Santo Sacrificio, Santa y Divina Liturgia, Santos Misterios, Santísimo Sacramento del Altar, Sagrada Comunión.

 

276. ¿Qué lugar ocupa la Eucaristía en el designio divino de salvación?

1333-1334

En la Antigua Alianza, la Eucaristía fue anunciada sobre todo en la cena pascual, celebrada cada año por los judíos con panes ázimos, como recuerdo de la salida apresurada y liberadora de Egipto. Jesús la anunció en sus enseñanzas y la instituyó celebrando con los Apóstoles la Última Cena durante un banquete pascual. La Iglesia, fiel al mandato del Señor: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11, 24), ha celebrado siempre la Eucaristía, especialmente el domingo, día de la resurrección de Jesús.

 

277. ¿Cómo se desarrolla la celebración de la Eucaristía?

1345-1355
1408

La celebración eucarística se desarrolla en dos grandes momentos, que forman un solo acto de culto: la liturgia de la Palabra, que comprende la proclamación y la escucha de la Palabra de Dios; y la liturgia eucarística, que comprende la presentación del pan y del vino, la anáfora o plegaria eucarística, con las palabras de la consagración, y la comunión.

 

278. ¿Quién es el ministro de la celebración de la Eucaristía?

1348
1411

El ministro de la celebración de la Eucaristía es el sacerdote (obispo o presbítero), válidamente ordenado, que actúa en la persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia.

 

279. ¿Cuáles son los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía?

1412

Los elementos esenciales y necesarios para celebrar la Eucaristía son el pan de trigo y el vino de vid.

 

280. ¿En qué sentido la Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo?

1362-1367

La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por todas, sobre la Cruz en favor de la humanidad. El carácter sacrificial de la Eucaristía se manifiesta en las mismas palabras de la institución: «Esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros» y «Este cáliz es la nueva alianza en mi Sangre que se derrama por vosotros» (Lc 22, 19-20). El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio. Son idénticas la víctima y el oferente, y sólo es distinto el modo de ofrecerse: de manera cruenta en la cruz, incruenta en la Eucaristía.

 

281. ¿De qué modo la Iglesia participa del Sacrificio eucarístico?

1368-1372
1414

En la Eucaristía, el sacrificio de Cristo se hace también sacrificio de los miembros de su Cuerpo. La vida de los fieles, su alabanza, su sufrimiento, su oración y su trabajo se unen a los de Cristo. En cuanto sacrificio, la Eucaristía se ofrece también por todos los fieles, vivos y difuntos, en reparación de los pecados de todos los hombres y para obtener de Dios beneficios espirituales y temporales. También la Iglesia del cielo está unida a la ofrenda de Cristo.

 

282. ¿Cómo está Jesucristo presente en la Eucaristía?

1373-1375 1413

Jesucristo está presente en la Eucaristía de modo único e incomparable. Está presente, en efecto, de modo verdadero, real y sustancial: con su Cuerpo y con su Sangre, con su Alma y su Divinidad. Cristo, todo entero, Dios y hombre, está presente en ella de manera sacramental, es decir, bajo las especies eucarísticas del pan y del vino.

 

283. ¿Qué significa transubstanciación?

1376-1377
1413

Transubstanciación significa la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del Cuerpo de Cristo, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su Sangre. Esta conversión se opera en la plegaria eucarística con la consagración, mediante la eficacia de la palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo. Sin embargo, permanecen inalteradas las características sensibles del pan y del vino, esto es las «especies eucarísticas».

 

284. La fracción del pan, ¿divide a Cristo?

1377

La fracción del pan no divide a Cristo: Él está presente todo e íntegro en cada especie eucarística y en cada una de sus partes.

 

285. ¿Cuánto dura la presencia eucarística de Cristo?

1377

La presencia eucarística de Cristo continúa mientras subsistan las especies eucarísticas.

 

286. ¿Qué tipo de culto se debe rendir al sacramento de la Eucaristía?

1378-1381
1418

Al sacramento de la Eucaristía se le debe rendir el culto de latría, es decir la adoración reservada a Dios, tanto durante la celebración eucarística, como fuera de ella. La Iglesia, en efecto, conserva con la máxima diligencia las Hostias consagradas, las lleva a los enfermos y a otras personas imposibilitadas de participar en la Santa Misa, las presenta a la solemne adoración de los fieles, las lleva en procesión e invita a la frecuente visita y adoración del Santísimo Sacramento, reservado en el Sagrario.

 

287. ¿Por qué la Eucaristía es el banquete pascual?

1382-1384
1391-1396

La Eucaristía es el banquete pascual porque Cristo, realizando sacramentalmente su Pascua, nos entrega su Cuerpo y su Sangre, ofrecidos como comida y bebida, y nos une con Él y entre nosotros en su sacrificio.

 

288. ¿Qué significa el altar?

1383
1410

El altar es el símbolo de Cristo mismo, presente como víctima sacrificial (altar-sacrificio de la Cruz), y como alimento celestial que se nos da a nosotros (altar-mesa eucarística).

 

289. ¿Cuándo obliga la Iglesia a participar de la Santa Misa?

1389
1417

La Iglesia establece que los fieles tienen obligación de participar de la Santa Misa todos los domingos y fiestas de precepto, y recomienda que se participe también en los demás días.

 

290. ¿Cuándo se debe recibir la sagrada Comunión?

1389

La Iglesia recomienda a los fieles que participan de la Santa Misa recibir también, con las debidas disposiciones, la sagrada Comunión, estableciendo la obligación de hacerlo al menos en Pascua.

 

291. ¿Qué se requiere para recibir la sagrada Comunión?

1385-1389
1415

Para recibir la sagrada Comunión se debe estar plenamente incorporado a la Iglesia Católica y hallarse en gracia de Dios, es decir sin conciencia de pecado mortal. Quien es consciente de haber cometido un pecado grave debe recibir el sacramento de la Reconciliación antes de acercarse a comulgar. Son también importantes el espíritu de recogimiento y de oración, la observancia del ayuno prescrito por la Iglesia y la actitud corporal (gestos, vestimenta), en señal de respeto a Cristo.

 

292. ¿Cuáles son los frutos de la sagrada Comunión?

1391-1397
1416

La sagrada Comunión acrecienta nuestra unión con Cristo y con su Iglesia, conserva y renueva la vida de la gracia, recibida en el Bautismo y la Confirmación y nos hace crecer en el amor al prójimo. Fortaleciéndonos en la caridad, nos perdona los pecados veniales y nos preserva de los pecados mortales para el futuro.

 

293. ¿Cuándo se puede administrar la sagrada Comunión a los otros cristianos?

1398-1401

Los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de las Iglesias orientales que no están en plena comunión con la Iglesia católica, siempre que éstos lo soliciten espontáneamente y tengan las debidas disposiciones.

Asimismo, los ministros católicos administran lícitamente la sagrada Comunión a los miembros de otras comunidades eclesiales que, en presencia de una grave necesidad, la pidan espontáneamente, estén bien dispuestos y manifiesten la fe católica respecto al sacramento.

 

294. ¿Por qué se dice que la Eucaristía es «prenda de la gloria futura»?

1402-1405

La Eucaristía es prenda de la gloria futura porque nos colma de toda gracia y bendición del cielo, nos fortalece en la peregrinación de nuestra vida terrena y nos hace desear la vida eterna, uniéndonos a Cristo, sentado a la derecha del Padre, a la Iglesia del cielo, a la Santísima Virgen y a todos los santos.

«En la Eucaristía, nosotros partimos "un mismo pan que es remedio de inmortalidad, antídoto no para morir, sino para vivir en Jesucristo para siempre"» (San Ignacio de Antioquía).

 

CAPÍTULO SEGUNDO

LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN


295. ¿Por qué Cristo instituyó los sacramentos de la Penitencia y de la Unción de los enfermos?

1420-1421
1426

Cristo, médico del alma y del cuerpo, instituyó los sacramentos de la Penitencia y de la Unción de los enfermos, porque la vida nueva que nos fue dada por Él en los sacramentos de la iniciación cristiana puede debilitarse y perderse para siempre a causa del pecado. Por ello, Cristo ha querido que la Iglesia continuase su obra de curación y de salvación mediante estos dos sacramentos.

 

EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
Y LA RECONCILIACIÓN

 

296. ¿Qué nombres recibe este sacramento?

1422-1424

Este sacramento es llamado sacramento de la Penitencia, de la Reconciliación, del Perdón, de la Confesión y de la Conversión.

 

297. ¿Por qué hay un sacramento de la Reconciliación después del Bautismo?

1425-1426
1484

Puesto que la vida nueva de la gracia, recibida en el Bautismo, no suprimió la debilidad de la naturaleza humana ni la inclinación al pecado (esto es, la concupiscencia), Cristo instituyó este sacramento para la conversión de los bautizados que se han alejado de Él por el pecado.

 

298. ¿Cuándo fue instituido este sacramento?

1485

El Señor resucitado instituyó este sacramento cuando la tarde de Pascua se mostró a sus Apóstoles y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos» (Jn 20, 22-23).

 

299. ¿Tienen necesidad los bautizados de conversión?

1427-1429

La llamada de Cristo a la conversión resuena continuamente en la vida de los bautizados. Esta conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia, que, siendo santa, recibe en su propio seno a los pecadores.

 

300. ¿Qué es la penitencia interior?

1430-1433
1490

La penitencia interior es el dinamismo del «corazón contrito» (Sal 51, 19), movido por la gracia divina a responder al amor misericordioso de Dios. Implica el dolor y el rechazo de los pecados cometidos, el firme propósito de no pecar más, y la confianza en la ayuda de Dios. Se alimenta de la esperanza en la misericordia divina.

 

301. ¿De qué modos se expresa la penitencia en la vida cristiana?

1434-1439

La penitencia puede tener expresiones muy variadas, especialmente el ayuno, la oración y la limosna. Estas y otras muchas formas de penitencia pueden ser practicadas en la vida cotidiana del cristiano, en particular en tiempo de Cuaresma y el viernes, día penitencial.

 

302. ¿Cuáles son los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación?

1440-1449

Los elementos esenciales del sacramento de la Reconciliación son dos: los actos que lleva a cabo el hombre, que se convierte bajo la acción del Espíritu Santo, y la absolución del sacerdote, que concede el perdón en nombre de Cristo y establece el modo de la satisfacción.

 

303. ¿Cuáles son los actos propios del penitente?

1450-1460
1487-1492

Los actos propios del penitente son los siguientes: un diligente examen de conciencia; la contrición (o arrepentimiento), que es perfecta cuando está motivada por el amor a Dios, imperfecta cuando se funda en otros motivos, e incluye el propósito de no volver a pecar; la confesión, que consiste en la acusación de los pecados hecha delante del sacerdote; la satisfacción, es decir, el cumplimiento de ciertos actos de penitencia, que el propio confesor impone al penitente para reparar el daño causado por el pecado.

 

304. ¿Qué pecados deben confesarse?

1456

Se deben confesar todos los pecados graves aún no confesados que se recuerdan después de un diligente examen de conciencia. La confesión de los pecados graves es el único modo ordinario de obtener el perdón.

 

305. ¿Cuándo se está obligado a confesar los pecados graves?

1457

Todo fiel, que haya llegado al uso de razón, está obligado a confesar sus pecados graves al menos una vez al año, y de todos modos antes de recibir la sagrada Comunión.

 

306. ¿Por qué también los pecados veniales pueden ser objeto de la confesión sacramental?

1458

La Iglesia recomienda vivamente la confesión de los pecados veniales aunque no sea estrictamente necesaria, ya que ayuda a formar una recta conciencia y a luchar contra las malas inclinaciones, a dejarse curar por Cristo y a progresar en la vida del Espíritu.

 

307. ¿Quién es el ministro del sacramento de la Reconciliación?

1461-1466
1495

Cristo confió el ministerio de la reconciliación a sus Apóstoles, a los obispos, sucesores de los Apóstoles, y a los presbíteros, colaboradores de los obispos, los cuales se convierten, por tanto, en instrumentos de la misericordia y de la justicia de Dios. Ellos ejercen el poder de perdonar los pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

 

308. ¿A quién está reservada la absolución de algunos pecados particularmente graves?

1463

La absolución de algunos pecados particularmente graves (como son los castigados con la excomunión) está reservada a la Sede Apostólica o al obispo del lugar o a los presbíteros autorizados por ellos, aunque todo sacerdote puede absolver de cualquier pecado y excomunión, al que se halla en peligro de muerte.

 

309. El confesor, ¿está obligado al secreto?

1467

Dada la delicadeza y la grandeza de este ministerio y el respeto debido a las personas, todo confesor está obligado, sin ninguna excepción y bajo penas muy severas, a mantener el sigilo sacramental, esto es, el absoluto secreto sobre los pecados conocidos en confesión.

 

310. ¿Cuáles son los efectos de este sacramento?

1468-1470
1496

Los efectos del sacramento de la Penitencia son: la reconciliación con Dios y, por tanto, el perdón de los pecados; la reconciliación con la Iglesia; la recuperación del estado de gracia, si se había perdido; la remisión de la pena eterna merecida a causa de los pecados mortales y, al menos en parte, de las penas temporales que son consecuencia del pecado; la paz y la serenidad de conciencia y el consuelo del espíritu; el aumento de la fuerza espiritual para el combate cristiano.

 

311. ¿Se puede celebrar en algunos casos este sacramento con la confesión general y absolución colectiva?

1480-1484

En caso de grave necesidad (como un inminente peligro de muerte), se puede recurrir a la celebración comunitaria de la Reconciliación, con la confesión general y la absolución colectiva, respetando las normas de la Iglesia y haciendo propósito de confesar individualmente, a su debido tiempo, los pecados graves ya perdonados de esta forma.

 

312. ¿Qué son las indulgencias?

1471-1479
1498

Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, cumpliendo determinadas condiciones, obtiene para sí mismo o para los difuntos, mediante el ministerio de la Iglesia, la cual, como dispensadora de la redención, distribuye el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos.

 

EL SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

 

313. ¿Cómo es considerada la enfermedad en el Antiguo Testamento?

1499-1502

En el Antiguo Testamento, el hombre experimenta en la enfermedad su propia limitación y, al mismo tiempo, percibe que ésta se halla misteriosamente vinculada al pecado. Los profetas intuyeron que la enfermedad podía tener también un valor redentor de los pecados propios y ajenos. Así, la enfermedad se vivía ante Dios, de quien el hombre imploraba la curación.

 

314. ¿Qué significado tiene la compasión de Jesús hacia los enfermos?

1503-1505

La compasión de Jesús hacia los enfermos y las numerosas curaciones realizadas por él son una clara señal de que con él había llegado el Reino de Dios y, por tanto, la victoria sobre el pecado, el sufrimiento y la muerte. Con su pasión y muerte, Jesús da un nuevo sentido al sufrimiento, el cual, unido al de Cristo, puede convertirse en medio de purificación y salvación, para nosotros y para los demás.

 

315. ¿Cómo se comporta la Iglesia con los enfermos?

1506-1513
1526-1527

La Iglesia, habiendo recibido del Señor el mandato de curar a los enfermos, se empeña en el cuidado de los que sufren, acompañándolos con oraciones de intercesión. Tiene sobre todo un sacramento específico para los enfermos, instituido por Cristo mismo y atestiguado por Santiago: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor» (St 5, 14-15).

 

316. ¿Quién puede recibir el sacramento de la Unción de los enfermos?

1514-1515
1528-1529

El sacramento de la Unción de los enfermos lo puede recibir cualquier fiel que comienza a encontrarse en peligro de muerte por enfermedad o vejez. El mismo fiel lo puede recibir también otras veces, si se produce un agravamiento de la enfermedad o bien si se presenta otra enfermedad grave. La celebración de este sacramento debe ir precedida, si es posible, de la confesión individual del enfermo.

 

317. ¿Quién administra este sacramento?

1516
1530

El sacramento de la Unción de los enfermos sólo puede ser administrado por los sacerdotes (obispos o presbíteros).

 

318. ¿Cómo se celebra este sacramento?

1517-1519
1531

La celebración del sacramento de la Unción de los enfermos consiste esencialmente en la unción con óleo, bendecido si es posible por el obispo, sobre la frente y las manos del enfermo (en el rito romano, o también en otras partes del cuerpo en otros ritos), acompañada de la oración del sacerdote, que implora la gracia especial de este sacramento.

 

319. ¿Cuáles son los efectos de este sacramento?

1520-1523
1532

El sacramento de la Unción confiere una gracia particular, que une más íntimamente al enfermo a la Pasión de Cristo, por su bien y por el de toda la Iglesia, otorgándole fortaleza, paz, ánimo y también el perdón de los pecados, si el enfermo no ha podido confesarse. Además, este sacramento concede a veces, si Dios lo quiere, la recuperación de la salud física. En todo caso, esta Unción prepara al enfermo para pasar a la Casa del Padre.

 

320. ¿Qué es el Viático?

1524-1525

El Viático es la Eucaristía recibida por quienes están por dejar esta vida terrena y se preparan para el paso a la vida eterna. Recibida en el momento del tránsito de este mundo al Padre, la Comunión del Cuerpo y de la Sangre de Cristo muerto y resucitado, es semilla de vida eterna y poder de resurrección.


CAPÍTULO TERCERO

LOS SACRAMENTOS AL SERVICIO
DE LA COMUNIÓN Y DE LA MISIÓN
 

 

321. ¿Cuáles son los sacramentos al servicio de la comunión y de la misión?

1533-1535

Dos sacramentos, el Orden y el Matrimonio, confieren una gracia especial para una misión particular en la Iglesia, al servicio de la edificación del pueblo de Dios. Contribuyen especialmente a la comunión eclesial y a la salvación de los demás.

 

EL SACRAMENTO DEL ORDEN

 

322. ¿Qué es el sacramento del Orden?

1536

El sacramento del Orden es aquel mediante el cual, la misión confiada por Cristo a sus Apóstoles, sigue siendo ejercida en la Iglesia hasta el fin de los tiempos.

 

323. ¿Por qué se llama sacramento del Orden?

1537-1538

Orden indica un cuerpo eclesial, del que se entra a formar parte mediante una especial consagración (Ordenación), que, por un don singular del Espíritu Santo, permite ejercer una potestad sagrada al servicio del Pueblo de Dios en nombre y con la autoridad de Cristo.

 

324. ¿Cómo se sitúa el sacramento del Orden en el designio divino de la salvación?

1539-1546
1590-1591

En la Antigua Alianza el sacramento del Orden fue prefigurado por el servicio de los levitas, el sacerdocio de Aarón y la institución de los setenta «ancianos» (Nm 11, 25). Estas prefiguraciones se cumplen en Cristo Jesús, quien, mediante su sacrificio en la cruz, es «el único [.....] mediador entre Dios y los hombres» (1 Tm 2, 5), el «Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec» (Hb 5,10). El único sacerdocio de Cristo se hace presente por el sacerdocio ministerial.

«Sólo Cristo es el verdadero sacerdote; los demás son ministros suyos»
(Santo Tomás de Aquino).

 

325. ¿De cuántos grados se compone el sacramento del Orden?

1554
1593

El sacramento del Orden se compone de tres grados, que son insustituibles para la estructura orgánica de la Iglesia: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.

 

326. ¿Cuál es el efecto de la Ordenación episcopal?

1557-1558
1594

La Ordenación episcopal da la plenitud del sacramento del Orden, hace al Obispo legítimo sucesor de los Apóstoles, lo constituye miembro del Colegio episcopal, compartiendo con el Papa y los demás obispos la solicitud por todas las Iglesias, y le confiere los oficios de enseñar, santificar y gobernar.

 

327. ¿Cuál es el oficio del obispo en la Iglesia particular que se le ha confiado?

1560-1561

El obispo, a quien se confía una Iglesia particular, es el principio visible y el fundamento de la unidad de esa Iglesia, en la cual desempeña, como vicario de Cristo, el oficio pastoral, ayudado por sus presbíteros y diáconos.

 

328. ¿Cuál es el efecto de la Ordenación presbiteral?

1562-1567
1595

La unción del Espíritu marca al presbítero con un carácter espiritual indeleble, lo configura a Cristo sacerdote y lo hace capaz de actuar en nombre de Cristo Cabeza. Como cooperador del Orden episcopal, es consagrado para predicar el Evangelio, celebrar el culto divino, sobre todo la Eucaristía, de la que saca fuerza todo su ministerio, y ser pastor de los fieles.

 

329. ¿Cómo ejerce el presbítero su ministerio?

1568

Aunque haya sido ordenado para una misión universal, el presbítero la ejerce en una Iglesia particular, en fraternidad sacramental con los demás presbíteros que forman el «presbiterio» y que, en comunión con el obispo y en dependencia de él, tienen la responsabilidad de la Iglesia particular.

 

330. ¿Cuál es el efecto de la Ordenación diaconal?

1569-1574
1596

El diácono, configurado con Cristo siervo de todos, es ordenado para el servicio de la Iglesia, y lo cumple bajo la autoridad de su obispo, en el ministerio de la Palabra, el culto divino, la guía pastoral y la caridad.

 

331. ¿Cómo se celebra el sacramento del Orden?

1572-1574
1597

En cada uno de sus tres grados, el sacramento del Orden se confiere mediante la imposición de las manos sobre la cabeza del ordenando por parte del obispo, quien pronuncia la solemne oración consagratoria. Con ella, el obispo pide a Dios para el ordenando una especial efusión del Espíritu Santo y de sus dones, en orden al ejercicio de su ministerio.

 

332. ¿Quién puede conferir este sacramento?

1575-1576
1600

Corresponde a los obispos válidamente ordenados, en cuanto sucesores de los Apóstoles, conferir los tres grados del sacramento del Orden.

 

333. ¿Quién puede recibir este sacramento?

1577-1578
1598

Sólo el varón bautizado puede recibir válidamente el sacramento del Orden. La Iglesia se reconoce vinculada por esta decisión del mismo Señor. Nadie puede exigir la recepción del sacramento del Orden, sino que debe ser considerado apto para el ministerio por la autoridad de la Iglesia.

 

334. ¿Se exige el celibato para recibir el sacramento del Orden?

1579-1580
1599

Para el episcopado se exige siempre el celibato. Para el presbiterado, en la Iglesia latina, son ordinariamente elegidos hombres creyentes que viven como célibes y tienen la voluntad de guardar el celibato «por el reino de los cielos» (Mt 19, 12); en las Iglesias orientales no está permitido contraer matrimonio después de haber recibido la ordenación. Al diaconado permanente pueden acceder también hombres casados.

 

335. ¿Qué efectos produce el sacramento del Orden?

1581-1589
1592

El sacramento del Orden otorga una efusión especial del Espíritu Santo, que configura con Cristo al ordenado en su triple función de Sacerdote, Profeta y Rey, según los respectivos grados del sacramento. La ordenación confiere un carácter espiritual indeleble: por eso no puede repetirse ni conferirse por un tiempo determinado.

 

336. ¿Con qué autoridad se ejerce el sacerdocio ministerial?

1547-1553
1592

Los sacerdotes ordenados, en el ejercicio del ministerio sagrado, no hablan ni actúan por su propia autoridad, ni tampoco por mandato o delegación de la comunidad, sino en la Persona de Cristo Cabeza y en nombre de la Iglesia. Por tanto, el sacerdocio ministerial se diferencia esencialmente, y no sólo en grado, del sacerdocio común de los fieles, al servicio del cual lo instituyó Cristo.

 

 

EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO

 

337. ¿Cuál es el designio de Dios sobre el hombre y la mujer?

1601-1605

Dios, que es amor y creó al hombre por amor, lo ha llamado a amar. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el Matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne» (Mt 19, 6). Al bendecirlos, Dios les dijo: «Creced y multiplicaos» (Gn 1, 28).

 

338. ¿Con qué fines ha instituido Dios el Matrimonio?

1659-1660

La alianza matrimonial del hombre y de la mujer, fundada y estructurada con leyes propias dadas por el Creador, está ordenada por su propia naturaleza a la comunión y al bien de los cónyuges, y a la procreación y educación de los hijos. Jesús enseña que, según el designio original divino, la unión matrimonial es indisoluble: «Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10, 9).

339. ¿De qué modo el pecado amenaza al Matrimonio?

1606-1608

A causa del primer pecado, que ha provocado también la ruptura de la comunión del hombre y de la mujer, donada por el Creador, la unión matrimonial está muy frecuentemente amenazada por la discordia y la infidelidad. Sin embargo, Dios, en su infinita misericordia, da al hombre y a la mujer su gracia para realizar la unión de sus vidas según el designio divino original.

 

340. ¿Qué enseña el Antiguo Testamento sobre el Matrimonio?

1609-1611

Dios ayuda a su pueblo a madurar progresivamente en la conciencia de la unidad e indisolubilidad del Matrimonio, sobre todo mediante la pedagogía de la Ley y los Profetas. La alianza nupcial entre Dios e Israel prepara y prefigura la Alianza nueva realizada por el Hijo de Dios, Jesucristo, con su esposa, la Iglesia.

 

341. ¿Qué novedad aporta Cristo al Matrimonio?

1612-1617
1661

Jesucristo no sólo restablece el orden original del Matrimonio querido por Dios, sino que otorga la gracia para vivirlo en su nueva dignidad de sacramento, que es el signo del amor esponsal hacia la Iglesia: «Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo ama a la Iglesia» (Ef 5, 25)

 

342. ¿Es el Matrimonio una obligación para todos?

1618-1620

El Matrimonio no es una obligación para todos. En particular, Dios llama a algunos hombres y mujeres a seguir a Jesús por el camino de la virginidad o del celibato por el Reino de los cielos; éstos renuncian al gran bien del Matrimonio para ocupase de las cosas del Señor tratando de agradarle, y se convierten en signo de la primacía absoluta del amor de Cristo y de la ardiente esperanza de su vuelta gloriosa.

 

343. ¿Cómo se celebra el sacramento del Matrimonio?

1621-1624
1663

Dado que el Matrimonio constituye a los cónyuges en un estado público de vida en la Iglesia, su celebración litúrgica es pública, en presencia del sacerdote (o de un testigo cualificado de la Iglesia) y de otros testigos.

 

344. ¿Qué es el consentimiento matrimonial?

1625-1632
1662-1663

El consentimiento matrimonial es la voluntad, expresada por un hombre y una mujer, de entregarse mutua y definitivamente, con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo. Puesto que el consentimiento hace el Matrimonio, resulta indispensable e insustituible. Para que el Matrimonio sea válido el consentimiento debe tener como objeto el verdadero Matrimonio, y ser un acto humano, consciente y libre, no determinado por la violencia o la coacción.

 

345. ¿Qué se exige cuando uno de los esposos no es católico?

1633-1637

Para ser lícitos, los matrimonios mixtos (entre católico y bautizado no católico) necesitan la licencia de la autoridad eclesiástica. Los matrimonios con disparidad de culto (entre un católico y un no bautizado), para ser válidos necesitan una dispensa. En todo caso, es esencial que los cónyuges no excluyan la aceptación de los fines y las propiedades esenciales del Matrimonio, y que el cónyuge católico confirme el compromiso, conocido también por el otro cónyuge, de conservar la fe y asegurar el Bautismo y la educación católica de los hijos.

 

346. ¿Cuáles son los efectos del sacramento del Matrimonio?

1638-1642

El sacramento del Matrimonio crea entre los cónyuges un vínculo perpetuo y exclusivo. Dios mismo ratifica el consentimiento de los esposos. Por tanto, el Matrimonio rato y consumado entre bautizados no podrá ser nunca disuelto. Por otra parte, este sacramento confiere a los esposos la gracia necesaria para alcanzar la santidad en la vida conyugal y acoger y educar responsablemente a los hijos.

 

347. ¿Cuáles son los pecados gravemente contrarios al sacramento del Matrimonio?

1645-1648

Los pecados gravemente contrarios al sacramento del Matrimonio son los siguientes: el adulterio, la poligamia, en cuanto contradice la idéntica dignidad entre el hombre y la mujer y la unidad y exclusividad del amor conyugal; el rechazo de la fecundidad, que priva a la vida conyugal del don de los hijos; y el divorcio, que contradice la indisolubilidad.

 

348. ¿Cuándo admite la Iglesia la separación física de los esposos?

1629
1649

La Iglesia admite la separación física de los esposos cuando la cohabitación entre ellos se ha hecho, por diversas razones, prácticamente imposible, aunque procura su reconciliación. Pero éstos, mientras viva el otro cónyuge, no son libres para contraer una nueva unión, a menos que el matrimonio entre ellos sea nulo y, como tal, declarado por la autoridad eclesiástica.

 

349. ¿Cuál es la actitud de la Iglesia hacia los divorciados vueltos a casar?

1650-1651

Fiel al Señor, la Iglesia no puede reconocer como matrimonio la unión de divorciados vueltos a casar civilmente. «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio» (Mc 10, 11-12). Hacia ellos la Iglesia muestra una atenta solicitud, invitándoles a una vida de fe, a la oración, a las obras de caridad y a la educación cristiana de los hijos; pero no pueden recibir la absolución sacramental, acercarse a la comunión eucarística ni ejercer ciertas responsabilidades eclesiales, mientras dure tal situación, que contrasta objetivamente con la ley de Dios.

 

350. ¿Por qué la familia cristiana es llamada Iglesia doméstica?

1655-1658 1666

La familia cristiana es llamada Iglesia doméstica, porque manifiesta y realiza la naturaleza comunitaria y familiar de la Iglesia en cuanto familia de Dios. Cada miembro, según su propio papel, ejerce el sacerdocio bautismal, contribuyendo a hacer de la familia una comunidad de gracia y de oración, escuela de virtudes humanas y cristianas y lugar del primer anuncio de la fe a los hijos.

 

CAPÍTULO CUARTO

OTRAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS

LOS SACRAMENTALES

 

351. ¿Qué son los sacramentales?

1667-1672
1677-1678

Los sacramentales son signos sagrados instituidos por la Iglesia, por medio de los cuales se santifican algunas circunstancias de la vida. Comprenden siempre una oración acompañada de la señal de la cruz o de otros signos. Entre los sacramentales, ocupan un lugar importante las bendiciones, que son una alabanza a Dios y una oración para obtener sus dones, la consagración de personas y la dedicación de cosas al culto de Dios.

 

352. ¿Qué es un exorcismo?

1673

Tiene lugar un exorcismo, cuando la Iglesia pide con su autoridad, en nombre de Jesús, que una persona o un objeto sea protegido contra el influjo del Maligno y sustraído a su dominio. Se practica de modo ordinario en el rito del Bautismo. El exorcismo solemne, llamado gran exorcismo, puede ser efectuado solamente por un presbítero autorizado por el obispo.

 

353. ¿Qué formas de piedad popular acompañan la vida sacramental de la Iglesia?

1674-1676
1679

El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado en todo tiempo su expresión en formas variadas de piedad, que acompañan la vida sacramental de la Iglesia, como son la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el «Vía crucis», el Rosario. La Iglesia, a la luz de la fe, ilumina y favorece las formas auténticas de piedad popular.

 

LAS EXEQUIAS CRISTIANAS

 

354. ¿Qué relación existe entre los sacramentos y la muerte del cristiano?

1680-1683

El cristiano que muere en Cristo alcanza, al final de su existencia terrena, el cumplimiento de la nueva vida iniciada con el Bautismo, reforzada con la Confirmación y alimentada en la Eucaristía, anticipo del banquete celestial. El sentido de la muerte del cristiano se manifiesta a la luz de la Muerte y Resurrección de Cristo, nuestra única esperanza; el cristiano que muere en Cristo Jesús va «a vivir con el Señor» (2 Co 5, 8).

 

355. ¿Qué expresan las exequias?

1684-1685

Las exequias, aunque se celebren según diferentes ritos, respondiendo a las situaciones y a las tradiciones de cada región, expresan el carácter pascual de la muerte cristiana, en la esperanza de la resurrección, y el sentido de la comunión con el difunto, particularmente mediante la oración por la purificación de su alma.

 

356. ¿Cuáles son los momentos principales de las exequias?

1686-1690

De ordinario, las exequias comprenden cuatro momentos principales: la acogida de los restos mortales del difunto por parte de la comunidad, con palabras de consuelo y esperanza para sus familiares; la liturgia de la Palabra; el sacrificio eucarístico; y «el adiós», con el que se encomienda el alma del difunto a Dios, fuente de vida eterna, mientras su cuerpo es sepultado en la esperanza de la Resurrección.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

TERCERA PARTE

LA VIDA EN CRISTO

 

PRIMERA SECCIÓN

LA VOCACIÓN DEL HOMBRE:
LA VIDA EN EL ESPÍRITU
 

 

357. ¿De qué modo la vida moral cristiana está vinculada a la fe y a los sacramentos?

1691-1698

Lo que se profesa en el Símbolo de la fe, los sacramentos lo comunican. En efecto, con ellos los fieles reciben la gracia de Cristo y los dones del Espíritu Santo, que les hacen capaces de vivir la vida nueva de hijos de Dios en Cristo, acogido con fe.

«Cristiano, reconoce tu dignidad» (San León Magno).

 

CAPÍTULO PRIMERO

LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA

EL HOMBRE, IMAGEN DE DIOS


358. ¿Cuál es la raíz de la dignidad de la persona humana?

1699-1715

La dignidad de la persona humana está arraigada en su creación a imagen y semejanza de Dios. Dotada de alma espiritual e inmortal, de inteligencia y de voluntad libre, la persona humana está ordenada a Dios y llamada, con alma y cuerpo, a la bienaventuranza eterna.

 

NUESTRA VOCACIÓN A LA BIENAVENTURANZA

 

359. ¿Cómo alcanza el hombre la bienaventuranza?

1716

El hombre alcanza la bienaventuranza en virtud de la gracia de Cristo, que lo hace partícipe de la vida divina. En el Evangelio Cristo señala a los suyos el camino que lleva a la felicidad sin fin: las Bienaventuranzas. La gracia de Cristo obra en todo hombre que, siguiendo la recta conciencia, busca y ama la verdad y el bien, y evita el mal.

 

360. ¿Qué importancia tienen para nosotros las Bienaventuranzas?

1716-1717
1725-1726

Las Bienaventuranzas son el centro de la predicación de Jesús; recogen y perfeccionan las promesas de Dios, hechas a partir de Abraham. Dibujan el rostro mismo de Jesús, y trazan la auténtica vida cristiana, desvelando al hombre el fin último de sus actos: la bienaventuranza eterna.

 

 

361. ¿Qué relación tienen las Bienaventuranzas con el deseo de felicidad del hombre?

1718-1719

Las Bienaventuranzas responden al innato deseo de felicidad que Dios ha puesto en el corazón del hombre, a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer.

 

362. ¿Qué es la bienaventuranza eterna?

1720-1724
1727-1729

La bienaventuranza consiste en la visión de Dios en la vida eterna, cuando seremos en plenitud «partícipes de la naturaleza divina» (2 P 1, 4), de la gloria de Cristo y del gozo de la vida trinitaria. La bienaventuranza sobrepasa la capacidad humana; es un don sobrenatural y gratuito de Dios, como la gracia que nos conduce a ella. La promesa de la bienaventuranza nos sitúa frente a opciones morales decisivas respecto de los bienes terrenales, estimulándonos a amar a Dios sobre todas las cosas.

 

LA LIBERTAD DEL HOMBRE

 

363. ¿Qué es la libertad?

1730-1733
1743-1744

La libertad es el poder dado por Dios al hombre de obrar o no obrar, de hacer esto o aquello, de ejecutar de este modo por sí mismo acciones deliberadas. La libertad es la característica de los actos propiamente humanos. Cuanto más se hace el bien, más libre se va haciendo también el hombre. La libertad alcanza su perfección cuando está ordenada a Dios, Bien supremo y Bienaventuranza nuestra. La libertad implica también la posibilidad de elegir entre el bien y el mal. La elección del mal es un abuso de la libertad, que conduce a la esclavitud del pecado.

 

364. ¿Qué relación hay entre libertad y responsabilidad?

1734-1737
1745-1746

La libertad hace al hombre responsable de sus actos, en la medida en que éstos son voluntarios; aunque tanto la imputabilidad como la responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas o incluso anuladas a causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia soportada, el miedo, los afectos desordenados y los hábitos.

 

365. ¿Por qué todo hombre tiene derecho al ejercicio de su libertad?

1738
1747

El derecho al ejercicio de la libertad es propio de todo hombre, en cuanto resulta inseparable de su dignidad de persona humana. Este derecho ha de ser siempre respetado, especialmente en el campo moral y religioso, y debe ser civilmente reconocido y tutelado, dentro de los límites del bien común y del justo orden público.

 

366. ¿Dónde se sitúa la libertad humana en el orden de la salvación?

1739-1742
1748

Nuestra libertad se halla debilitada a causa del pecado original. El debilitamiento se agrava aún más por los pecados sucesivos. Pero Cristo «nos liberó para ser libres» (Ga 5, 1). El Espíritu Santo nos conduce con su gracia a la libertad espiritual, para hacernos libres colaboradores suyos en la Iglesia y en el mundo.

 

367. ¿Cuál es la fuente de moralidad de los actos humanos?

1749-1754
1757-1758

La moralidad de los actos humanos depende de tres fuentes: del objeto elegido, es decir, un bien real o aparente; de la intención del sujeto que actúa, es decir, del fin por el que lleva a cabo su acción; y de las circunstancias de la acción, incluidas las consecuencias de la misma.

 

368. ¿Cuándo un acto es moralmente bueno?

1755-1756
1759-1760

El acto es moralmente bueno cuando supone, al mismo tiempo, la bondad del objeto, del fin y de las circunstancias. El objeto elegido puede por sí solo viciar una acción, aunque la intención sea buena. No es lícito hacer el mal para conseguir un bien. Un fin malo puede corromper la acción, aunque su objeto sea en sí mismo bueno; asimismo, un fin bueno no hace buena una acción que de suyo sea en sí misma mala, porque el fin no justifica los medios. Las circunstancias pueden atenuar o incrementar la responsabilidad de quien actúa, pero no puede modificar la calidad moral de los actos mismos, porque no convierten nunca en buena una acción mala en sí misma.

 

369. ¿Hay actos que son siempre ilícitos?

1756-1761

Hay actos cuya elección es siempre ilícita en razón de su objeto (por ejemplo, la blasfemia, el homicidio, el adulterio). Su elección supone un desorden de la voluntad, es decir, un mal moral, que no puede ser justificado en virtud de los bienes que eventualmente pudieran derivarse de ellos.

 

LA MORALIDAD DE LAS PASIONES

 

370. ¿Qué son las pasiones?

1762-1766
1771-1772

Las pasiones son los afectos, emociones o impulsos de la sensibilidad –componentes naturales de la psicología humana–, que inclinan a obrar o a no obrar, en vista de lo que se percibe como bueno o como malo. Las principales son el amor y el odio, el deseo y el temor, la alegría, la tristeza y la cólera. La pasión fundamental es el amor, provocado por el atractivo del bien. No se ama sino el bien, real o aparente.

 

371. ¿Las pasiones son moralmente buenas o malas?

1767-1770
1773-1775

Las pasiones, en cuanto impulsos de la sensibilidad, no son en sí mismas ni buenas ni malas; son buenas, cuando contribuyen a una acción buena; son malas, en caso contrario. Pueden ser asumidas en las virtudes o pervertidas en los vicios.

 

LA CONCIENCIA MORAL

 

372. ¿Qué es la conciencia moral?

1776-1780
1795-1797

La conciencia moral, presente en lo íntimo de la persona, es un juicio de la razón, que en el momento oportuno, impulsa al hombre a hacer el bien y a evitar el mal. Gracias a ella, la persona humana percibe la cualidad moral de un acto a realizar o ya realizado, permitiéndole asumir la responsabilidad del mismo. Cuando escucha la conciencia moral, el hombre prudente puede sentir la voz de Dios que le habla.

 

373. ¿Qué supone la dignidad de la persona en relación con la conciencia moral?

1780-1782
1798

La dignidad de la persona humana supone la rectitud de la conciencia moral, es decir que ésta se halle de acuerdo con lo que es justo y bueno según la razón y la ley de Dios. A causa de la misma dignidad personal, el hombre no debe ser forzado a obrar contra su conciencia, ni se le debe impedir obrar de acuerdo con ella, sobre todo en el campo religioso, dentro de los límites del bien común.

 

374. ¿Cómo se forma la conciencia moral para que sea recta y veraz?

1783-1788
1799-1800

La conciencia recta y veraz se forma con la educación, con la asimilación de la Palabra de Dios y las enseñanzas de la Iglesia. Se ve asistida por los dones del Espíritu Santo y ayudada con los consejos de personas prudentes. Además, favorecen mucho la formación moral tanto la oración como el examen de conciencia.

 

375. ¿Qué normas debe seguir siempre la conciencia?

1789

Tres son las normas más generales que debe seguir siempre la conciencia:

1) Nunca está permitido hacer el mal para obtener un bien.
2) La llamada Regla de oro: «Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos» (Mt 7, 12).
3) La caridad supone siempre el respeto del prójimo y de su conciencia, aunque esto no significa aceptar como bueno lo que objetivamente es malo.

 

376. ¿Puede la conciencia moral emitir juicios erróneos?

1790-1794
1801-1802

La persona debe obedecer siempre al juicio cierto de la propia conciencia, la cual, sin embargo, puede también emitir juicios erróneos, por causas no siempre exentas de culpabilidad personal. Con todo, no es imputable a la persona el mal cometido por ignorancia involuntaria, aunque siga siendo objetivamente un mal. Es necesario, por tanto, esforzarse para corregir la conciencia moral de sus errores.

 

LAS VIRTUDES

 

377. ¿Qué es la virtud?

1803. 1833

La virtud es una disposición habitual y firme para hacer el bien: «El fin de una vida virtuosa consiste en llegar a ser semejante a Dios» (San Gregorio de Nisa). Hay virtudes humanas y virtudes teologales.

 

378. ¿Qué son las virtudes humanas?

1804
1810-1811
1834, 1839

Las virtudes humanas son perfecciones habituales y estables del entendimiento y de la voluntad, que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta en conformidad con la razón y la fe. Adquiridas y fortalecidas por medio de actos moralmente buenos y reiterados, son purificadas y elevadas por la gracia divina.

 

379. ¿Cuáles son las principales virtudes humanas?

1805
1834

Las principales virtudes humanas son las denominadas cardinales, que agrupan a todas las demás y constituyen las bases de la vida virtuosa. Son la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

 

380. ¿Qué es la prudencia?

1806
1835

La prudencia dispone la razón a discernir, en cada circunstancia, nuestro verdadero bien y a elegir los medios adecuados para realizarlo. Es guía de las demás virtudes, indicándoles su regla y medida.

 

381. ¿Qué es la justicia?

1807
1836

La justicia consiste en la constante y firme voluntad de dar a los demás lo que les es debido. La justicia para con Dios se llama «virtud de la religión».

 

382. ¿Qué es la fortaleza?

1808
1838

La fortaleza asegura la firmeza en las dificultades y la constancia en la búsqueda del bien, llegando incluso a la capacidad de aceptar el eventual sacrificio de la propia vida por una causa justa.

 

383. ¿Qué es la templanza?

1809
1838

La templanza modera la atracción de los placeres, asegura el dominio de la voluntad sobre los instintos y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados.

 

384. ¿Qué son las virtudes teologales?

1812-1813
1840-1841

Las virtudes teologales son las que tienen como origen, motivo y objeto inmediato a Dios mismo. Infusas en el hombre con la gracia santificante, nos hacen capaces de vivir en relación con la Santísima Trinidad, y fundamentan y animan la acción moral del cristiano, vivificando las virtudes humanas. Son la garantía de la presencia y de la acción del Espíritu Santo en las facultades del ser humano.

 

385. ¿Cuáles son las virtudes teologales?

1813

Las virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad

 

386. ¿Qué es la fe?

1814-1816
1842

La fe es la virtud teologal por la que creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha revelado, y que la Iglesia nos propone creer, dado que Dios es la Verdad misma. Por la fe, el hombre se abandona libremente a Dios; por ello, el que cree trata de conocer y hacer la voluntad de Dios, ya que «la fe actúa por la caridad» (Ga 5, 6).

 

387. ¿Qué es la esperanza?

1817-1821
1843

La esperanza es la virtud teologal por la que deseamos y esperamos de Dios la vida eterna como nuestra felicidad, confiando en las promesas de Cristo, y apoyándonos en la ayuda de la gracia del Espíritu Santo para merecerla y perseverar hasta el fin de nuestra vida terrena.

 

388. ¿Qué es la caridad?

1822-1829
1844

La caridad es la virtud teologal por la cual amamos a Dios sobre todas las cosas y a nuestro prójimo como a nosotros mismos por amor a Dios. Jesús hace de ella el mandamiento nuevo, la plenitud de la Ley. Ella es «el vínculo de la perfección» (Col 3, 14) y el fundamento de las demás virtudes, a las que anima, inspira y ordena: sin ella «no soy nada» y «nada me aprovecha» (1 Co 13, 2-3).

 

389. ¿Qué son los dones del Espíritu Santo?

1830-1831
1845

Los dones del Espíritu Santo son disposiciones permanentes que hacen al hombre dócil para seguir las inspiraciones divinas. Son siete: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

 

390. ¿Qué son los frutos del Espíritu Santo?

1832

Los frutos del Espíritu Santo son perfecciones plasmadas en nosotros como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: «caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia y castidad» (Ga 5, 22-23 [Vulgata]).

 

EL PECADO

 

391. ¿Qué supone para nosotros acoger la misericordia de Dios?

1846-1848
1870

Acoger la misericordia de Dios supone que reconozcamos nuestras culpas, arrepintiéndonos de nuestros pecados. Dios mismo, con su Palabra y su Espíritu, descubre nuestros pecados, sitúa nuestra conciencia en la verdad sobre sí misma y nos concede la esperanza del perdón.

 

392. ¿Qué es el pecado?

1849-1851
1871-1872

El pecado es «una palabra, un acto o un deseo contrarios a la Ley eterna» (San Agustín). Es una ofensa a Dios, a quien desobedecemos en vez de responder a su amor. Hiere la naturaleza del hombre y atenta contra la solidaridad humana. Cristo, en su Pasión, revela plenamente la gravedad del pecado y lo vence con su misericordia.

 

393. ¿Hay diversidad de pecados?

1852-1853
1873

La variedad de los pecados es grande. Pueden distinguirse según su objeto o según las virtudes o los mandamientos a los que se oponen. Pueden referirse directamente a Dios, al prójimo o a nosotros mismos. Se los puede también distinguir en pecados de pensamiento, palabra, obra y omisión.

 

394. ¿Cómo se distinguen los pecados en cuanto a la gravedad?

1854

En cuanto a la gravedad, el pecado se distingue en pecado mortal y pecado venial.

 

395. ¿Cuándo se comete un pecado mortal?

1855-1861
1874

Se comete un pecado mortal cuando se dan, al mismo tiempo, materia grave, plena advertencia y deliberado consentimiento. Este pecado destruye en nosotros la caridad, nos priva de la gracia santificante y, a menos que nos arrepintamos, nos conduce a la muerte eterna del infierno. Se perdona, por vía ordinaria, mediante los sacramentos del Bautismo y de la Penitencia o Reconciliación.

 

396. ¿Cuándo se comete un pecado venial?

1862-1864
1875

El pecado venial, que se diferencia esencialmente del pecado mortal, se comete cuando la materia es leve; o bien cuando, siendo grave la materia, no se da plena advertencia o perfecto consentimiento. Este pecado no rompe la alianza con Dios. Sin embargo, debilita la caridad, entraña un afecto desordenado a los bienes creados, impide el progreso del alma en el ejercicio de las virtudes y en la práctica del bien moral y merece penas temporales de purificación.

 

397. ¿Cómo prolifera en nosotros el pecado?

1865, 1876

El pecado prolifera en nosotros pues uno lleva a otro, y su repetición genera el vicio.

 

398. ¿Qué son los vicios?

1866-1867

Los vicios, como contrarios a las virtudes, son hábitos perversos que oscurecen la conciencia e inclinan al mal. Los vicios pueden ser referidos a los siete pecados llamados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.

 

399. ¿Tenemos responsabilidad en los pecados cometidos por otros?

1868

Tenemos responsabilidad en los pecados de los otros cuando cooperamos culpablemente a que se comentan.

 

400. ¿Qué son las estructuras de pecado?

1869

Las estructuras de pecado son situaciones sociales o instituciones contrarias a la ley divina, expresión y efecto de los pecados personales.

 

 

CAPÍTULO SEGUNDO

LA COMUNIDAD HUMANA

LA PERSONA Y LA SOCIEDAD

 

401. ¿En qué consiste la dimensión social del hombre?

1877-1879
1890-1891

Junto a la llamada personal a la bienaventuranza divina, el hombre posee una dimensión social que es parte esencial de su naturaleza y de su vocación. En efecto, todos los hombres están llamados a un idéntico fin, que es el mismo Dios. Hay una cierta semejanza entre la comunión de las Personas divinas y la fraternidad que los hombres deben instaurar entre ellos, fundada en la verdad y en la caridad. El amor al prójimo es inseparable del amor a Dios.

 

402. ¿Qué relación existe entre persona y sociedad?

1881-1882
1892-1893

La persona es y debe ser principio, sujeto y fin de todas las instituciones sociales. Algunas sociedades, como la familia y la comunidad civil, son necesarias para la persona. También son útiles otras asociaciones, tanto dentro de las comunidades políticas como a nivel internacional, en el respeto del principio de subsidiaridad

 

403. ¿Qué indica el principio de subsidiaridad?

1883-1885
1894

El principio de subsidiaridad indica que una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior, privándole de sus competencias, sino que más bien debe sostenerle en caso de necesidad.

 

404. ¿Qué más requiere una auténtica convivencia humana?

1886-1889
1895-1896

Una auténtica convivencia humana requiere respetar la justicia y la recta jerarquía de valores, así como el subordinar las dimensiones materiales e instintivas a las interiores y espirituales. En particular, cuando el pecado pervierte el clima social, se necesita hacer un llamamiento a la conversión del corazón y a la gracia de Dios, para conseguir los cambios sociales que estén realmente al servicio de cada persona, considerada en su integridad. La caridad es el más grande mandamiento social, pues exige y da la capacidad de practicar la justicia.

 

LA PARTICIPACIÓN EN LA VIDA SOCIAL

 

405. ¿En qué se funda la autoridad de la sociedad?

1897-1902
1918-1920

Toda sociedad humana tiene necesidad de una autoridad legítima, que asegure el orden y contribuya a la realización del bien común. Esta autoridad tiene su propio fundamento en la naturaleza humana, porque corresponde al orden establecido por Dios.

 

406. ¿Cuándo se ejerce la autoridad de manera legítima?

1903-1904
1921-1922
1901

La autoridad se ejerce de manera legítima cuando procura el bien común, y para conseguirlo utiliza medios moralmente lícitos. Por tanto, los regímenes políticos deben estar determinados por la libertad de decisión de los ciudadanos y respetar el principio del «Estado de derecho». Según tal principio, la soberanía es prerrogativa de la ley, no de la voluntad arbitraria de los hombres. Las leyes injustas y las medidas contrarias al orden moral no obligan en conciencia.

 

407. ¿Qué es el bien común?

1905-1906
1924

Por bien común se entiende el conjunto de condiciones de la vida social que hacen posible, a los grupos y a cada uno de sus miembros, el logro de la propia perfección.

 

408. ¿Qué supone el bien común?

1907-1909
1925

El bien común supone: el respeto y la promoción de los derechos fundamentales de la persona, el desarrollo de los bienes espirituales y temporales de la persona y la sociedad, y la paz y la seguridad de todos.

 

409. ¿Dónde se realiza de manera más completa el bien común?

1910-1912
1927

La realización más completa del bien común se verifica en aquellas comunidades políticas que defienden y promueven el bien de los ciudadanos y de las instituciones intermedias, sin olvidar el bien universal de la familia humana.

 

410. ¿Cómo participa el hombre en la realización del bien común?

1913-1917
1926

Todo hombre, según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, participa en la realización del bien común, respetando las leyes justas y haciéndose cargo de los sectores en los que tiene responsabilidad personal, como son el cuidado de la propia familia y el compromiso en el propio trabajo. Por otra parte, los ciudadanos deben tomar parte activa en la vida pública, en la medida en que les sea posible.

 

LA JUSTICIA SOCIAL

 

411. ¿Cómo asegura la sociedad la justicia social?

1928-1933
1943-1944

La sociedad asegura la justicia social cuando respeta la dignidad y los derechos de la persona, finalidad propia de la misma sociedad. Ésta, además, procura alcanzar la justicia social, vinculada al bien común y al ejercicio de la autoridad, cuando garantiza las condiciones que permiten a las asociaciones y a los individuos conseguir aquello que les corresponde por derecho.

 

412. ¿En que se fundamenta la igualdad entre los hombres?

1934-1935
1945

Todos los hombres gozan de igual dignidad y derechos fundamentales, en cuanto que, creados a imagen del único Dios y dotados de una misma alma racional, tienen la misma naturaleza y origen, y están llamados en Cristo, único Salvador, a la misma bienaventuranza divina.

 

413. ¿Cómo hay que juzgar el hecho de la desigualdad entre los hombres?

1936-1938
1946-1947

Existen desigualdades económicas y sociales inicuas, que afectan a millones de seres humanos, que están en total contraste con el Evangelio, son contrarias a la justicia, a la dignidad de las personas y a la paz. Pero hay también diferencias entre los hombres, causadas por diversos factores, que entran en el plan de Dios. En efecto, Dios quiere que cada uno reciba de los demás lo que necesita, y que quienes disponen de talentos particulares los compartan con los demás. Estas diferencias alientan, y con frecuencia obligan, a las personas a la magnanimidad, la benevolencia y la solidaridad, e incitan a las culturas a enriquecerse unas a otras.

 

414. ¿Cómo se expresa la solidaridad humana?

1939-1942
1948

La solidaridad, que emana de la fraternidad humana y cristiana, se expresa ante todo en la justa distribución de bienes, en la equitativa remuneración del trabajo y en el esfuerzo en favor de un orden social más justo. La virtud de la solidaridad se realiza también en la comunicación de los bienes espirituales de la fe, aún más importantes que los materiales.

 

CAPÍTULO TERCERO

LA SALVACIÓN DE DIOS: LA LEY Y LA GRACIA

LA LEY MORAL

 

415. ¿Qué es la ley moral?

1950-1953
1975-1978

La ley moral es obra de la Sabiduría divina. Prescribe al hombre los caminos y las reglas de conducta que llevan a la bienaventuranza prometida, y prohíbe los caminos que apartan de Dios.

 

416. ¿En qué consiste la ley moral natural?

1954-1960
1978-1979

La ley natural, inscrita por el Creador en el corazón de todo hombre, consiste en una participación de la sabiduría y bondad de Dios, y expresa el sentido moral originario, que permite al hombre discernir el bien y el mal, mediante la razón. La ley natural es universal e inmutable, y pone la base de los deberes y derechos fundamentales de la persona, de la comunidad humana y de la misma ley civil.

 

417. ¿Son todos capaces de percibir la ley natural?

1960

A causa del pecado, no siempre ni todos son capaces de percibir en modo inmediato y con igual claridad la ley natural.

Por esto, «Dios escribió en las tablas de la Ley lo que los hombres no alcanzaban a leer en sus corazones» (San Agustín).

 

418. ¿Qué relación existe entre la ley natural y la Ley antigua?

1961-1962
1980-1981

La Ley antigua constituye la primera etapa de la Ley revelada. Expresa muchas verdades naturalmente accesibles a la razón, que se encuentran afirmadas y convalidadas en las Alianzas de la salvación. Sus prescripciones morales, recogidas en los Mandamientos del Decálogo, ponen la base de la vocación del hombre, prohíben lo que es contrario al amor de Dios y del prójimo y indican lo que les es esencial.

 

419. ¿Cómo se sitúa la Ley antigua en el plano de la salvación?

1963-1964
1982

La Ley antigua permite conocer muchas verdades accesibles a la razón, señala lo que se debe o no se debe hacer, y sobre todo, como un sabio pedagogo, prepara y dispone a la conversión y a la acogida del Evangelio. Sin embargo, aun siendo santa, espiritual y buena, la Ley antigua es todavía imperfecta, porque no da por sí misma la fuerza y la gracia del Espíritu para observarla.

 

420. ¿En qué consiste la nueva Ley o Ley evangélica?

1965-1972
1983-1985

La nueva Ley o Ley evangélica, proclamada y realizada por Cristo, es la plenitud y el cumplimiento de la ley divina, natural y revelada. Se resume en el mandamiento de amar a Dios y al prójimo, y de amarnos como Cristo nos ha amado. Es también una realidad grabada en el interior del hombre: la gracia del Espíritu Santo, que hace posible tal amor. Es «la ley de la libertad» (St 1, 25), porque lleva a actuar espontáneamente bajo el impulso de la caridad.

«La Ley nueva es principalmente la misma gracia del Espíritu Santo que se da a los que creen en Cristo» (Santo Tomás de Aquino).

 

421. ¿Dónde se encuentra la Ley nueva?

1971-1974
1986

La Ley nueva se encuentra en toda la vida y la predicación de Cristo y en la catequesis moral de los Apóstoles; el Sermón de la Montaña es su principal expresión.

 

GRACIA Y JUSTIFICACIÓN

 

422. ¿Qué es la justificación?

1987-1995
2017-2020

La justificación es la obra más excelente del amor de Dios. Es la acción misericordiosa y gratuita de Dios, que borra nuestros pecados, y nos hace justos y santos en todo nuestro ser. Somos justificados por medio de la gracia del Espíritu Santo, que la Pasión de Cristo nos ha merecido y se nos ha dado en el Bautismo. Con la justificación comienza la libre respuesta del hombre, esto es, la fe en Cristo y la colaboración con la gracia del Espíritu Santo.

 

423. ¿Qué es la gracia que justifica?

1996-1998
2005, 2021

La gracia es un don gratuito de Dios, por el que nos hace partícipes de su vida trinitaria y capaces de obrar por amor a Él. Se le llama gracia habitual, santificante o deificante, porque nos santifica y nos diviniza. Es sobrenatural, porque depende enteramente de la iniciativa gratuita de Dios y supera la capacidad de la inteligencia y de las fuerzas del hombre. Escapa, por tanto, a nuestra experiencia.

 

424. ¿Qué otros tipos de gracia existen?

1999-2000
2003-2004
2023-2024

Además de la gracia habitual, existen otros tipos de gracia: las gracias actuales (dones en circunstancias particulares); las gracias sacramentales (dones propios de cada sacramento); las gracias especiales o carismas (que tienen como fin el bien común de la Iglesia), entre las que se encuentran las gracias de estado, que acompañan al ejercicio de los ministerios eclesiales y de las responsabilidades de la vida.

 

425. ¿Qué relación hay entre la gracia y la libertad del hombre?

2001-2002

La gracia previene, prepara y suscita la libre respuesta del hombre; responde a las profundas aspiraciones de la libertad humana, la invita a cooperar y la conduce a su perfección.

 

426. ¿Qué es el mérito?

2006-2010
2025-2026

El mérito es lo que da derecho a la recompensa por una obra buena. Respecto a Dios, el hombre, de suyo, no puede merecer nada, habiéndolo recibido todo gratuitamente de Él. Sin embargo, Dios da al hombre la posibilidad de adquirir méritos, mediante la unión a la caridad de Cristo, fuente de nuestros méritos ante Dios. Por eso, los méritos de las buenas obras deben ser atribuidos primero a la gracia de Dios y después a la libre voluntad del hombre.

 

427. ¿Qué bienes podemos merecer?

2010-2011
2027

Bajo la moción del Espíritu Santo, podemos merecer, para nosotros mismos o para los demás, las gracias útiles para santificarnos y para alcanzar la gloria eterna, así como también los bienes temporales que nos convienen según el designio de Dios. Nadie puede merecer la primera gracia, que está en el origen de la conversión y de la justificación.

 

428. ¿Estamos todos llamados a la santidad cristiana?

2012-2016
2028-2029

Todos los fieles estamos llamados a la santidad cristiana. Ésta es plenitud de la vida cristiana y perfección de la caridad, y se realiza en la unión íntima con Cristo y, en Él, con la Santísima Trinidad. El camino de santificación del cristiano, que pasa por la cruz, tendrá su cumplimiento en la resurrección final de los justos, cuando Dios sea todo en todos.

 

LA IGLESIA, MADRE Y MAESTRA

 

429. ¿Cómo nutre la Iglesia la vida moral del cristiano?

2030-2031
2047

La Iglesia es la comunidad donde el cristiano acoge la Palabra de Dios y las enseñanzas de la «Ley de Cristo» (Ga 6, 2); recibe la gracia de los sacramentos; se une a la ofrenda eucarística de Cristo, transformando así su vida moral en un culto espiritual; aprende del ejemplo de santidad de la Virgen María y de los santos.

 

430. ¿Por qué el Magisterio de la Iglesia interviene en el campo moral?

2032-2040
2049-2051

El Magisterio de la Iglesia interviene en el campo moral, porque es su misión predicar la fe que hay que creer y practicar en la vida cotidiana. Esta competencia se extiende también a los preceptos específicos de la ley natural, porque su observancia es necesaria para la salvación.

 

431. ¿Qué finalidad tienen los preceptos de la Iglesia?

2041
2048

Los preceptos de la Iglesia tienen por finalidad garantizar que los fieles cumplan con lo mínimo indispensable en relación al espíritu de oración, a la vida sacramental, al esfuerzo moral y al crecimiento en el amor a Dios y al prójimo.

 

432. ¿Cuáles son los preceptos de la Iglesia?

2042-2043

Los preceptos de la Iglesia son cinco:

1) Participar en la Misa todos los domingos y fiestas de guardar, y no realizar trabajos y actividades que puedan impedir la santificación de estos días.
2) Confesar los propios pecados, mediante el sacramento de la Reconciliación al menos una vez al año.
3) Recibir el sacramento de la Eucaristía al menos en Pascua.
4) Abstenerse de comer carne y observar el ayuno en los días establecidos por la Iglesia.
5) Ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales, cada uno según sus posibilidades.

 

433. ¿Por qué la vida moral de los cristianos es indispensable para el anuncio del Evangelio?

2044-2046

La vida moral de los cristianos es indispensable para el anuncio del Evangelio, porque, conformando su vida con la del Señor Jesús, los fieles atraen a los hombres a la fe en el verdadero Dios, edifican la Iglesia, impregnan el mundo con el espíritu del Evangelio y apresuran la venida del Reino de Dios.


SEGUNDA SECCIÓN
LOS DIEZ MANDAMIENTOS

 

Éxodo 20, 2-17

Deuteronomio, 5, 6-21

Fórmula catequética

«Yo soy el Señor tu Dios
que te ha sacado del país
de Egipto
de la casa de servidumbre.

«Yo soy el Señor,
tu Dios, que te ha sacado
de Egipto,
de la  servidumbre.

«Yo soy el Señor
tu Dios:

No habrá para ti
otros dioses delante de mí.
No te harás escultura
ni imagen alguna,
ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo
en la tierra.
No te postrarás ante ellas
ni les darás culto,
porque yo el Señor, tu Dios,
soy un Dios celoso,
que castigo la iniquidad
de los padres en los hijos,
hasta la tercera generación
de los que me odian,
y tengo misericordia por millares
con los que me aman
y guardan mis mandamientos.

No habrá para ti
otros dioses delante de mí.

1. Amarás a Dios
sobre todas las cosas.

No tomarás en falso el
nombre del Señor
porque el Señor
no dejará sin castigo
a quien toma
su nombre en falso.

No tomarás en falso
el nombre del Señor, tu Dios...

2. No tomarás
el nombre de Dios
en vano.

Recuerda el día del sábado 
para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos
tus trabajos, pero el séptimo es
día de descanso para el
Señor, tu Dios.
No harás ningún trabajo,
ni tú, ni tu hijo ni tu hija
ni tu siervo ni tu sierva,
ni tu ganado, ni el forastero
que habita en tu ciudad.
Pues en seis días hizo el Señor
el cielo y la tierra,
el mar y todo cuanto contienen,
y el séptimo descansó;
por eso bendijo el Señor
el día del sábado.

Guardarás el día del sábado para santificarlo.

3. Santificarás las fiestas.

Honra a tu padre y a tu madre para que se prolonguen
tus días sobre la tierra
que el Señor, tu Dios,
te va a dar.

Honra a tu padre
y a tu madre.

4. Honrarás a tu padre
y a tu madre.

No matarás.

No matarás.

5. No matarás.

No cometerás adulterio.

No cometerás adulterio.

6. No cometerás actos impuros.

No robarás.

No robarás.

7. No robarás

No darás falso testimonio
contra tu prójimo.

No darás testimonio falso
contra tu prójimo.

8. No darás falso testimonio ni mentirás.

No codiciarás la casa
de tu prójimo. No codiciarás
la mujer de tu prójimo,
ni su siervo, ni su sierva,
ni su buey, ni su asno,
ni nada que sea de tu prójimo»

 

No desearás la mujer
de tu prójimo.

9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.

No codiciarás... nada
que sea de tu prójimo.»

10. No codiciarás los bienes ajenos.»

434. «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?» (Mt 19, 16)

2052- 2054
2075-2076

Al joven que le pregunta «Maestro, ¿qué he de hacer de bueno para conseguir la vida eterna?», Jesús responde: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos», y después añade: «Ven y sígueme» (Mt 19, 16). Seguir a Jesús implica cumplir los Mandamientos. La Ley no es abolida. Por el contrario, el hombre es invitado a encontrarla en la persona del divino Maestro, que la realiza perfectamente en sí mismo, revela su pleno significado y atestigua su perennidad.

 

435. ¿Cómo interpreta Jesús la Ley?

2055

Jesús interpreta la Ley a la luz del doble y único mandamiento de la caridad, que es su plenitud: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Éste es el mayor y primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas» (Mt 22, 37-40).

 

436. ¿Qué significa «Decálogo»?

2056-2057

Decálogo significa las «diez palabras» que recogen la Ley dada por Dios al pueblo de Israel durante la Alianza hecha por medio de Moisés (Ex 34, 28). El Decálogo, al presentar los mandamientos del amor a Dios (los tres primeros) y al prójimo (los otros siete), traza, para el pueblo elegido y para cada uno en particular, el camino de una vida liberada de la esclavitud del pecado.

 

437. ¿Cuál es el vínculo del Decálogo con la Alianza?

2058-2063
2077

El Decálogo se comprende a la luz de la Alianza, en la que Dios se revela, dando a conocer su voluntad. Al guardar los Mandamientos, el pueblo expresa su pertenencia a Dios, y responde con gratitud a su iniciativa de amor.

 

438. ¿Qué importancia da la Iglesia al Decálogo?

2064-2068

Fiel a la Escritura y siguiendo el ejemplo de Jesús, la Iglesia ha reconocido en el Decálogo una importancia y un significado fundamentales. Los cristianos están obligados a observarlo.

 

439. ¿Por qué el Decálogo constituye una unidad orgánica?

2069
2079

Los diez mandamientos constituyen un todo orgánico e indisociable, porque cada mandamiento remite a los demás y a todo el Decálogo. Por tanto, transgredir un mandamiento es como quebrantar toda la Ley.

 

440. ¿Por qué el Decálogo obliga gravemente?

2072-2073
2081

El Decálogo obliga gravemente porque enuncia los deberes fundamentales del hombre para con Dios y para con el prójimo.

 

441. ¿Es posible cumplir el Decálogo?

2074
2082

Sí, es posible cumplir el Decálogo, porque Cristo, sin el cual nada podemos hacer, nos hace capaces de ello con el don del Espíritu Santo y de la gracia.

 

CAPÍTULO PRIMERO

«AMARÁS AL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN,
CON TODA TU ALMA Y CON TODAS TUS FUERZAS»

 

PRIMER MANDAMIENTO:
YO SOY EL SEÑOR TU DIOS. AMARÁS A DIOS
SOBRE TODAS LAS COSAS

 

442. ¿Qué implica la afirmación de Dios: «Yo soy el Señor tu Dios» (Ex 20, 20)?

2083-2094
2133-2134

La afirmación: «Yo soy el Señor tu Dios» implica para el fiel guardar y poner en práctica las tres virtudes teologales, y evitar los pecados que se oponen a ellas. La fe cree en Dios y rechaza todo lo que le es contrario, como, por ejemplo, la duda voluntaria, la incredulidad, la herejía, la apostasía y el cisma. La esperanza aguarda confiadamente la bienaventurada visión de Dios y su ayuda, evitando la desesperación y la presunción. La caridad ama a Dios sobre todas las cosas y rechaza la indiferencia, la ingratitud, la tibieza, la pereza o indolencia espiritual y el odio a Dios, que nace del orgullo.

 

443. ¿Qué comporta la Palabra del Señor: «Adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo darás culto» (Mt 4, 10)?

2095-2105
2135-2136

Las palabras «adorarás al Señor tu Dios y a Él sólo darás culto» suponen adorar a Dios como Señor de todo cuanto existe; rendirle el culto debido individual y comunitariamente; rezarle con expresiones de alabanza, de acción de gracias y de súplica; ofrecerle sacrificios, sobre todo el espiritual de nuestra vida, unido al sacrificio perfecto de Cristo; mantener las promesas y votos que se le hacen.

 

444. ¿Cómo ejerce el hombre su derecho a rendir culto a Dios en verdad y en libertad?

2104-2109
2137

Todo hombre tiene el derecho y el deber moral de buscar la verdad, especialmente en lo que se refiere a Dios y a la Iglesia, y, una vez conocida, de abrazarla y guardarla fielmente, rindiendo a Dios un culto auténtico. Al mismo tiempo, la dignidad de la persona humana requiere que, en materia religiosa, nadie sea forzado a obrar contra su conciencia, ni impedido a actuar de acuerdo con la propia conciencia, tanto pública como privadamente, en forma individual o asociada, dentro de los justos límites del orden público.

 

445. ¿Qué es lo que Dios prohíbe cuando manda: «No tendrás otro Dios fuera de mí» (Ex 20, 2)?

2010-2128
2138-2140

Con el mandamiento «No tendrás otro Dios fuera de mí» se prohíbe:

el politeísmo y la idolatría, que diviniza a una criatura, el poder, el dinero, incluso al demonio;
la superstición, que es una desviación del culto debido al Dios verdadero, y que se expresa también bajo las formas de adivinación, magia, brujería y espiritismo;
la irreligión, que se manifiesta en tentar a Dios con palabras o hechos; en el sacrilegio, que profana a las personas y las cosas sagradas, sobre todo la Eucaristía; en la simonía, que intenta comprar o vender realidades espirituales;
el ateísmo, que rechaza la existencia de Dios, apoyándose frecuentemente en una falsa concepción de la autonomía humana;
el agnosticismo, según el cual, nada se puede saber sobre Dios, y que abarca el indiferentismo y el ateísmo práctico.

 

446. El mandato de Dios: «No te harás escultura alguna...» (Ex 20, 3), ¿prohíbe el culto a las imágenes?

2129-2132
2141

En el Antiguo Testamento, el mandato «no te harás escultura alguna» prohibía representar a Dios, absolutamente trascendente. A partir de la encarnación del Verbo, el culto cristiano a las sagradas imágenes está justificado (como afirma el II Concilio de Nicea del año 787), porque se fundamenta en el Misterio del Hijo de Dios hecho hombre, en el cual, el Dios trascendente se hace visible. No se trata de una adoración de la imagen, sino de una veneración de quien en ella se representa: Cristo, la Virgen, los ángeles y los santos.

 

SEGUNDO MANDAMIENTO:
NO TOMARÁS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO

 

447. ¿Cómo se respeta la santidad del Nombre de Dios?

2142-2149
2160-2162

Se respeta la santidad del Nombre de Dios invocándolo, bendiciéndole, alabándole y glorificándole. Ha de evitarse, por tanto, el abuso de apelar al Nombre de Dios para justificar un crimen, y todo uso inconveniente de su Nombre, como la blasfemia, que por su misma naturaleza es un pecado grave; la imprecación y la infidelidad a las promesas hechas en nombre de Dios.

 

448. ¿Por qué está prohibido jurar en falso?

2150-2151
2163-2164

Está prohibido jurar en falso, porque ello supone invocar en una causa a Dios, que es la verdad misma, como testigo de una mentira.

«No jurar ni por Criador, ni por criatura, si no fuere con verdad, necesidad y reverencia» (San Ignacio de Loyola).

 

449. ¿Qué es el perjurio?

2152-2155

El perjurio es hacer, bajo juramento, una promesa con intención de no cumplirla, o bien violar la promesa hecha bajo juramento. Es un pecado grave contra Dios, que siempre es fiel a sus promesas.

 

TERCER MANDAMIENTO:
SANTIFICARÁS LAS FIESTAS

 

450. ¿Por qué Dios «ha bendecido el día del sábado y lo ha declarado sagrado» (Ex 20,11)?

2168-2172
2189

Dios ha bendecido el sábado y lo ha declarado sagrado, porque en este día se hace memoria del descanso de Dios el séptimo día de la creación, así como de la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto y de la Alianza que Dios hizo con su pueblo.

 

451. ¿Cómo se comporta Jesús en relación con el sábado?

2173

Jesús reconoce la santidad del sábado, y con su autoridad divina le da la interpretación auténtica: «El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27).

 

452. ¿Por qué motivo, para los cristianos, el sábado ha sido sustituido por el domingo?

2174-2176
2190-2191

Para los cristianos, el sábado ha sido sustituido por el domingo, porque éste es el día de la Resurrección de Cristo. Como «primer día de la semana» (Mc 16, 2), recuerda la primera Creación; como «octavo día», que sigue al sábado, significa la nueva Creación inaugurada con la Resurrección de Cristo. Es considerado, así, por los cristianos como el primero de todos los días y de todas las fiestas: el día del Señor, en el que Jesús, con su Pascua, lleva a cumplimiento la verdad espiritual del sábado judío y anuncia el descanso eterno del hombre en Dios.

 

453. ¿Cómo se santifica el domingo?

2177-2185
2192-2193

Los cristianos santifican el domingo y las demás fiestas de precepto participando en la Eucaristía del Señor y absteniéndose de las actividades que les impidan rendir culto a Dios, o perturben la alegría propia del día del Señor o el descanso necesario del alma y del cuerpo. Se permiten las actividades relacionadas con las necesidades familiares o los servicios de gran utilidad social, siempre que no introduzcan hábitos perjudiciales a la santificación del domingo, a la vida de familia y a la salud.

 

454. ¿Por qué es importante reconocer civilmente el domingo como día festivo?

2186-2188
2194-2195

Es importante que el domingo sea reconocido civilmente como día festivo, a fin de que todos tengan la posibilidad real de disfrutar del suficiente descanso y del tiempo libre que les permitan cuidar la vida religiosa, familiar, cultural y social; de disponer de tiempo propicio para la meditación, la reflexión, el silencio y el estudio, y de dedicarse a hacer el bien, en particular en favor de los enfermos y de los ancianos.

 

CAPÍTULO SEGUNDO
«AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO»

CUARTO MANDAMIENTO:
HONRARÁS A TU PADRE Y A TU MADRE

 

455. ¿Qué manda el cuarto mandamiento?

2196-2200
2247-2248

El cuarto mandamiento ordena honrar y respetar a nuestros padres, y a todos aquellos a quienes Dios ha investido de autoridad para nuestro bien.

 

456. ¿Cuál es la naturaleza de la familia en el plan de Dios?

2201-2205
2249

En el plan de Dios, un hombre y una mujer, unidos en matrimonio, forman, por sí mismos y con sus hijos, una familia. Dios ha instituido la familia y le ha dotado de su constitución fundamental. El matrimonio y la familia están ordenados al bien de los esposos y a la procreación y educación de los hijos. Entre los miembros de una misma familia se establecen relaciones personales y responsabilidades primarias. En Cristo la familia se convierte en Iglesia doméstica, porque es una comunidad de fe, de esperanza y de amor.

 

457. ¿Qué lugar ocupa la familia en la sociedad?

2207-2208

La familia es la célula original de la sociedad humana, y precede a cualquier reconocimiento por parte de la autoridad pública. Los principios y valores familiares constituyen el fundamento de la vida social. La vida de familia es una iniciación a la vida de la sociedad.

 

458. ¿Qué deberes tiene la sociedad en relación con la familia?

2209-2213
2250

La sociedad tiene el deber de sostener y consolidar el matrimonio y la familia, siempre en el respeto del principio de subsidiaridad. Los poderes públicos deben respetar, proteger y favorecer la verdadera naturaleza del matrimonio y de la familia, la moral pública, los derechos de los padres, y el bienestar doméstico.

 

459. ¿Cuáles son los deberes de los hijos hacia sus padres?

2214-2220
2251

Los hijos deben a sus padres respeto (piedad filial), reconocimiento, docilidad y obediencia, contribuyendo así, junto a las buenas relaciones entre hermanos y hermanas, al crecimiento de la armonía y de la santidad de toda la vida familiar. En caso de que los padres se encuentren en situación de pobreza, de enfermedad, de soledad o de ancianidad, los hijos adultos deben prestarles ayuda moral y material.

 

460. ¿Cuáles son los deberes de los padres hacia los hijos?

2221-2231

Los padres, partícipes de la paternidad divina, son los primeros responsables de la educación de sus hijos y los primeros anunciadores de la fe. Tienen el deber de amar y de respetar a sus hijos como personas y como hijos de Dios, y proveer, en cuanto sea posible, a sus necesidades materiales y espirituales, eligiendo para ellos una escuela adecuada, y ayudándoles con prudentes consejos en la elección de la profesión y del estado de vida. En especial, tienen la misión de educarlos en la fe cristiana.

 

461. ¿Cómo educan los padres a sus hijos en la fe cristiana?

2252-2253

Los padres educan a sus hijos en la fe cristiana principalmente con el ejemplo, la oración, la catequesis familiar y la participación en la vida de la Iglesia.

 

462. ¿Son un bien absoluto los vínculos familiares?

2232-2233

Los vínculos familiares, aunque sean importantes, no son absolutos, porque la primera vocación del cristiano es seguir a Jesús, amándolo: «El que ama su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí» (Mt 10, 37). Los padres deben favorecer gozosamente el seguimiento de Jesús por parte de sus hijos en todo estado de vida, también en la vida consagrada y en el ministerio sacerdotal.

 

463. ¿Cómo se ejerce la autoridad en los distintos ámbitos de la sociedad civil?

2234-2237
2254

En los distintos ámbitos de la sociedad civil, la autoridad se ejerce siempre como un servicio, respetando los derechos fundamentales del hombre, una justa jerarquía de valores, las leyes, la justicia distributiva y el principio de subsidiaridad. Cada cual, en el ejercicio de la autoridad, debe buscar el interés de la comunidad antes que el propio, y debe inspirar sus decisiones en la verdad sobre Dios, sobre el hombre y sobre el mundo.

 

464. ¿Cuáles son los deberes de los ciudadanos respecto a las autoridades civiles?

2238-2241
2255

Quienes están sometidos a las autoridades deben considerarlas como representantes de Dios, ofreciéndoles una colaboración leal para el buen funcionamiento de la vida pública y social. Esto exige el amor y servicio de la patria, el derecho y el deber del voto, el pago de los impuestos, la defensa del país y el derecho a una crítica constructiva.

 

465. ¿Cuándo el ciudadano no debe obedecer a las autoridades civiles?

2238-2241
2255

El ciudadano no debe en conciencia obedecer cuando las prescripciones de la autoridad civil se opongan a las exigencias del orden moral: «Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres» (Hch 5, 29).

 

QUINTO MANDAMIENTO:
NO MATARÁS

 

466. ¿Por qué ha de ser respetada la vida humana?

2242-2262
2318-2320

La vida humana ha de ser respetada porque es sagrada. Desde el comienzo supone la acción creadora de Dios y permanece para siempre en una relación especial con el Creador, su único fin. A nadie le es lícito destruir directamente a un ser humano inocente, porque es gravemente contrario a la dignidad de la persona y a la santidad del Creador. «No quites la vida del inocente y justo» (Ex 23, 7).

 

467. ¿Por qué la legítima defensa de la persona y de la sociedad no va contra esta norma?

2263-2265

Con la legítima defensa se toma la opción de defenderse y se valora el derecho a la vida, propia o del otro, pero no la opción de matar. La legítima defensa, para quien tiene la responsabilidad de la vida de otro, puede también ser un grave deber. Y no debe suponer un uso de la violencia mayor que el necesario.

 

468. ¿Para qué sirve una pena?

2266

Una pena impuesta por la autoridad pública, tiene como objetivo reparar el desorden introducido por la culpa, defender el orden público y la seguridad de las personas y contribuir a la corrección del culpable.

 

469. ¿Qué pena se puede imponer?

2267

La pena impuesta debe ser proporcionada a la gravedad del delito. Hoy, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido, los casos de absoluta necesidad de pena de muerte «suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos» (Juan Pablo II, Carta Encíclica Evangelium vitae). Cuando los medios incruentos son suficientes, la autoridad debe limitarse a estos medios, porque corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común, son más conformes a la dignidad de la persona y no privan definitivamente al culpable de la posibilidad de rehabilitarse.

 

470. ¿Qué prohíbe el quinto mandamiento?

2268-2283
2321-2326

El quinto mandamiento prohíbe, como gravemente contrarios a la ley moral:

1) El homicidio directo y voluntario y la cooperación al mismo.
2) El aborto directo, querido como fin o como medio, así como la cooperación al mismo, bajo pena de excomunión, porque el ser humano, desde el instante de su concepción, ha de ser respetado y protegido de modo absoluto en su integridad.
3) La eutanasia directa, que consiste en poner término, con una acción o una omisión de lo necesario, a la vida de las personas discapacitadas, gravemente enfermas o próximas a la muerte.
4) El suicidio y la cooperación voluntaria al mismo, en cuanto es una ofensa grave al justo amor de Dios, de sí mismo y del prójimo; por lo que se refiere a la responsabilidad, ésta puede quedar agravada en razón del escándalo o atenuada por particulares trastornos psíquicos o graves temores.

 

471. ¿Qué tratamientos médicos se permiten cuando la muerte se considera inminente?

2278-2279

Los cuidados que se deben de ordinario a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos; son legítimos, sin embargo, el uso de analgésicos, no destinados a causar la muerte, y la renuncia al «encarnizamiento terapéutico», esto es, a la utilización de tratamientos médicos desproporcionados y sin esperanza razonable de resultado positivo.

 

472. ¿Por qué la sociedad debe proteger a todo embrión?

2274

La sociedad debe proteger a todo embrión, porque el derecho inalienable a la vida de todo individuo humano desde su concepción es un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación. Cuando el Estado no pone su fuerza al servicio de los derechos de todos, y en particular de los más débiles, entre los que se encuentran los concebidos y aún no nacidos, quedan amenazados los fundamentos mismos de un Estado de derecho.

 

473. ¿Cómo se evita el escándalo?

2284-2287

El escándalo, que consiste en inducir a otro a obrar el mal, se evita respetando el alma y el cuerpo de la persona. Pero si se induce deliberadamente a otros a pecar gravemente, se comete una culpa grave.

 

474. ¿Qué deberes tenemos hacia nuestro cuerpo?

2288-2291

Debemos tener un razonable cuidado de la salud física, la propia y la de los demás, evitando siempre el culto al cuerpo y toda suerte de excesos. Ha de evitarse, además, el uso de estupefacientes, que causan gravísimos daños a la salud y a la vida humana, y también el abuso de los alimentos, del alcohol, del tabaco y de los medicamentos.

 

475. ¿Cuándo son moralmente legítimas las experimentaciones científicas, médicas o psicológicas sobre las personas o sobre grupos humanos?

2292-2295

Las experimentaciones científicas, médicas o psicológicas sobre las personas o sobre grupos humanos son moralmente legítimas si están al servicio del bien integral de la persona y de la sociedad, sin riesgos desproporcionados para la vida y la integridad física y psíquica de los sujetos, oportunamente informados y contando con su consentimiento.

 

476. ¿Se permiten el trasplante y la donación de órganos antes y después de la muerte?

2296

El trasplante de órganos es moralmente aceptable con el consentimiento del donante y sin riesgos excesivos para él. Para el noble acto de la donación de órganos después de la muerte, hay que contar con la plena certeza de la muerte real del donante.

 

477. ¿Qué prácticas son contrarias al respeto a la integridad corporal de la persona humana?

2297-2298

Prácticas contrarias al respeto a la integridad corporal de la persona humana son las siguientes: los secuestros de personas y la toma de rehenes, el terrorismo, la tortura, la violencia y la esterilización directa. Las amputaciones y mutilaciones de una persona están moralmente permitidas sólo por los indispensables fines terapéuticos de las mismas.

 

478. ¿Qué cuidados deben procurarse a los moribundos?

2299

Los moribundos tienen derecho a vivir con dignidad los últimos momentos de su vida terrena, sobre todo con la ayuda de la oración y de los sacramentos, que preparan al encuentro con el Dios vivo.

 

479. ¿Cómo deben ser tratados los cuerpos de los difuntos?

2300-2301

Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad. La cremación de los mismos está permitida, si se hace sin poner en cuestión la fe en la Resurrección de los cuerpos.


480. ¿Qué exige el Señor a toda persona para la defensa de la paz?

2302-2303

El Señor que proclama «bienaventurados los que construyen la paz» (Mt 5, 9), exige la paz del corazón y denuncia la inmoralidad de la ira, que es el deseo de venganza por el mal recibido, y del odio, que lleva a desear el mal al prójimo. Estos comportamientos, si son voluntarios y consentidos en cosas de gran importancia, son pecados graves contra la caridad.

 

481. ¿En qué consiste la paz en el mundo?

2304-2305

La paz en el mundo, que es la búsqueda del respeto y del desarrollo de la vida humana, no es simplemente ausencia de guerra o equilibrio de fuerzas contrarias, sino que es «la tranquilidad del orden» (San Agustín), «fruto de la justicia» (Is 32, 17) y efecto de la caridad. La paz en la tierra es imagen y fruto de la paz de Cristo.

 

482. ¿Qué se requiere para la paz en el mundo?

2304
2307-2308

Para la paz en el mundo se requiere la justa distribución y la tutela de los bienes de las personas, la libre comunicación entre los seres humanos, el respeto a la dignidad de las personas humanas y de los pueblos, y la constante práctica de la justicia y de la fraternidad.

 

483. ¿Cuándo está moralmente permitido el uso de la fuerza militar?

2307-2310

El uso de la fuerza militar está moralmente justificado cuando se dan simultáneamente las siguientes condiciones: certeza de que el daño causado por el agresor es duradero y grave; la ineficacia de toda alternativa pacífica; fundadas posibilidades de éxito en la acción defensiva y ausencia de males aún peores, dado el poder de los medios modernos de destrucción.

 

484. En caso de amenaza de guerra, ¿a quién corresponde determinar si se dan las anteriores condiciones?

2309

Determinar si se dan las condiciones para un uso moral de la fuerza militar compete al prudente juicio de los gobernantes, a quienes corresponde también el derecho de imponer a los ciudadanos la obligación de la defensa nacional, dejando a salvo el derecho personal a la objeción de conciencia y a servir de otra forma a la comunidad humana.

 

485. ¿Qué exige la ley moral en caso de guerra?

2312-2314
2328

La ley moral permanece siempre válida, aún en caso de guerra. Exige que sean tratados con humanidad los no combatientes, los soldados heridos y los prisioneros. Las acciones deliberadamente contrarias al derecho de gentes, como también las disposiciones que las ordenan, son crímenes que la obediencia ciega no basta para excusar. Se deben condenar las destrucciones masivas así como el exterminio de un pueblo o de una minoría étnica, que son pecados gravísimos; y hay obligación moral de oponerse a la voluntad de quienes los ordenan.

 

486. ¿Qué es necesario hacer para evitar la guerra?

2315-2317
2327-2330

Se debe hacer todo lo razonablemente posible para evitar a toda costa la guerra, teniendo en cuenta los males e injusticias que ella misma provoca. En particular, es necesario evitar la acumulación y el comercio de armas no debidamente reglamentadas por los poderes legítimos; las injusticias, sobre todo económicas y sociales; las discriminaciones étnicas o religiosas; la envidia, la desconfianza, el orgullo y el espíritu de venganza. Cuanto se haga por eliminar estos u otros desórdenes ayuda a construir la paz y a evitar la guerra.

 

SEXTO MANDAMIENTO:
NO COMETERÁS ACTOS IMPUROS

 

487. ¿Qué corresponde a la persona humana frente a la propia identidad sexual?

2331-2336
2392-2393

Dios ha creado al hombre como varón y mujer, con igual dignidad personal, y ha inscrito en él la vocación del amor y de la comunión. Corresponde a cada uno aceptar la propia identidad sexual, reconociendo la importancia de la misma para toda la persona, su especificidad y complementariedad.

 

488. ¿Qué es la castidad?

2337-2338

La castidad es la positiva integración de la sexualidad en la persona. La sexualidad es verdaderamente humana cuando está integrada de manera justa en la relación de persona a persona. La castidad es una virtud moral, un don de Dios, una gracia y un fruto del Espíritu.

 

489. ¿Qué supone la virtud de la castidad?

2339-2341

La virtud de la castidad supone la adquisición del dominio de sí mismo, como expresión de libertad humana destinada al don de uno mismo. Para este fin, es necesaria una integral y permanente educación, que se realiza en etapas graduales de crecimiento.

 

490. ¿De qué medios disponemos para ayudarnos a vivir la castidad?

2340-2347

Son numerosos los medios de que disponemos para vivir la castidad: la gracia de Dios, la ayuda de los sacramentos, la oración, el conocimiento de uno mismo, la práctica de una ascesis adaptada a las diversas situaciones y el ejercicio de las virtudes morales, en particular de la virtud de la templanza, que busca que la razón sea la guía de las pasiones.

 

491. ¿De qué modos todos están llamados a vivir la castidad?

2348-2350
2394

Todos, siguiendo a Cristo modelo de castidad, están llamados a llevar una vida casta según el propio estado de vida: unos viviendo en la virginidad o en el celibato consagrado, modo eminente de dedicarse más fácilmente a Dios, con corazón indiviso; otros, si están casados, viviendo la castidad conyugal; los no casados, practicando la castidad en la continencia.

 

492. ¿Cuáles son los principales pecados contra la castidad?

2351-2359
2396

Son pecados gravemente contrarios a la castidad, cada uno según la naturaleza del propio objeto: el adulterio, la masturbación, la fornicación, la pornografía, la prostitución, el estupro y los actos homosexuales. Estos pecados son expresión del vicio de la lujuria. Si se cometen con menores, estos actos son un atentado aún más grave contra su integridad física y moral.

 

493. ¿Por qué el sexto mandamiento prohíbe todos los pecados contra la castidad?

2336

Aunque en el texto bíblico del Decálogo se dice «no cometerás adulterio» (Ex 20, 14), la Tradición de la Iglesia tiene en cuenta todas las enseñanzas morales del Antiguo y del Nuevo Testamento, y considera el sexto mandamiento como referido al conjunto de todos los pecados contra la castidad.

 

494. ¿Cuáles son los deberes de las autoridades civiles respecto a la castidad?

2354

Las autoridades civiles, en cuanto obligadas a promover el respeto a la dignidad de la persona humana, deben contribuir a crear un ambiente favorable a la castidad, impidiendo inclusive, mediante leyes adecuadas, algunas de las graves ofensas a la castidad antes mencionadas, en orden sobre todo a proteger a los menores y a los más débiles.

 

495. ¿Cuáles son los bienes del amor conyugal, al que está ordenada la sexualidad?

2360-2361
2397-2398

Los bienes del amor conyugal, que para los bautizados está santificado por el sacramento del Matrimonio, son: la unidad, la fidelidad, la indisolubilidad y la apertura a la fecundidad.

 

496. ¿Cuál es el significado del acto conyugal?

2362-2367

El acto conyugal tiene un doble significado: de unión (la mutua donación de los cónyuges), y de procreación (apertura a la transmisión de la vida). Nadie puede romper la conexión inseparable que Dios ha querido entre los dos significados del acto conyugal, excluyendo de la relación el uno o el otro.

 

497. ¿Cuándo es moral la regulación de la natalidad?

2368-2369
2399

La regulación de la natalidad, que representa uno de los aspectos de la paternidad y de la maternidad responsables, es objetivamente conforme a la moralidad cuando se lleva a cabo por los esposos sin imposiciones externas; no por egoísmo, sino por motivos serios; y con métodos conformes a los criterios objetivos de la moralidad, esto es, mediante la continencia periódica y el recurso a los períodos de infecundidad.

 

498. ¿Cuáles son los medios inmorales para la regulación de la natalidad?

2370-2372

Es intrínsecamente inmoral toda acción –como, por ejemplo, la esterilización directa o la contracepción–, que, bien en previsión del acto conyugal o en su realización, o bien en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga como fin o como medio, impedir la procreación.

 

499. ¿Por qué son inmorales la inseminación y la fecundación artificial?

2373-2377

La inseminación y la fecundación artificial son inmorales, porque disocian la procreación del acto conyugal con el que los esposos se entregan mutuamente, instaurando así un dominio de la técnica sobre el origen y sobre el destino de la persona humana. Además, la inseminación y la fecundación heterólogas, mediante el recurso a técnicas que implican a una persona extraña a la pareja conyugal, lesionan el derecho del hijo a nacer de un padre y de una madre conocidos por él, ligados entre sí por matrimonio y poseedores exclusivos del derecho a llegar a ser padre y madre solamente el uno a través del otro.

 

500. ¿Cómo ha de ser considerado un hijo?

2378

El hijo es un don de Dios, el don más grande dentro del Matrimonio. No existe el derecho a tener hijos («tener un hijo, sea como sea»). Sí existe, en cambio, el derecho del hijo a ser fruto del acto conyugal de sus padres, y también el derecho a ser respetado como persona desde el momento de su concepción.

 

501. ¿Qué pueden hacer los esposos cuando no tienen hijos?

2379

Cuando el don del hijo no les es concedido, los esposos, después de haber agotado todos los legítimos recursos de la medicina, pueden mostrar su generosidad mediante la tutela o la adopción, o bien realizando servicios significativos en beneficio del prójimo. Así ejercen una preciosa fecundidad espiritual.

 

502. ¿Cuáles son las ofensas a la dignidad del Matrimonio?

2380-2391
2400

Las ofensas a la dignidad del Matrimonio son las siguientes: el adulterio, el divorcio, la poligamia, el incesto, la unión libre (convivencia, concubinato) y el acto sexual antes o fuera del matrimonio.

 

SÉPTIMO MANDAMIENTO:
NO ROBARÁS

 

503. ¿Qué declara el séptimo mandamiento?

2401-2402

El séptimo mandamiento declara el destino y distribución universal de los bienes; el derecho a la propiedad privada; el respeto a las personas, a sus bienes y a la integridad de la creación. La Iglesia encuentra también en este mandamiento el fundamento de su doctrina social, que comprende la recta gestión en la actividad económica y en la vida social y política; el derecho y el deber del trabajo humano; la justicia y la solidaridad entre las naciones y el amor a los pobres.

 

504. ¿Qué condiciones se requieren para el derecho a la propiedad privada?

2403

Existe el derecho a la propiedad privada cuando se ha adquirido o recibido de modo justo, y prevalezca el destino universal de los bienes, para satisfacer las necesidades fundamentales de todos los hombres.

 

505. ¿Cuál es la finalidad de la propiedad privada?

2404-2406

La finalidad de la propiedad privada es garantizar la libertad y la dignidad de cada persona, ayudándole a satisfacer las necesidades fundamentales propias, las de aquellos sobre los que tiene responsabilidad, y también las de otros que viven en necesidad.

 

506. ¿Qué otras cosas prescribe el séptimo mandamiento?

2407-2415
2450-2451

El séptimo mandamiento prescribe el respeto a los bienes ajenos mediante la práctica de la justicia y de la caridad, de la templanza y de la solidaridad. En particular, exige el respeto a las promesas y a los contratos estipulados; la reparación de la injusticia cometida y la restitución del bien robado; el respeto a la integridad de la Creación, mediante el uso prudente y moderado de los recursos minerales, vegetales y animales del universo, con singular atención a las especies amenazadas de extinción.

 

507. ¿Cuál debe ser el comportamiento del hombre para con los animales?

2416-2418
2457

El hombre debe tratar a los animales, criaturas de Dios, con benevolencia, evitando tanto el desmedido amor hacia ellos, como su utilización indiscriminada, sobre todo en experimentos científicos, efectuados al margen de los límites razonables y con inútiles sufrimientos para los animales mismos.

 

508. ¿Qué prohíbe el séptimo mandamiento?

2408-2413
2453-2455

El séptimo mandamiento prohíbe ante todo el robo, que es la usurpación del bien ajeno contra la razonable voluntad de su dueño. Esto sucede también cuando se pagan salarios injustos, cuando se especula haciendo variar artificialmente el valor de los bienes para obtener beneficio en detrimento ajeno, y cuando se falsifican cheques y facturas. Prohíbe además cometer fraudes fiscales o comerciales y ocasionar voluntariamente un daño a las propiedades privadas o públicas. Prohíbe igualmente la usura, la corrupción, el abuso privado de bienes sociales, los trabajos culpablemente mal realizados y el despilfarro.

 

509. ¿Cuál es el contenido de la doctrina social de la Iglesia?

2419-2423

La doctrina social de la Iglesia, como desarrollo orgánico de la verdad del Evangelio acerca de la dignidad de la persona humana y sus dimensiones sociales, contiene principios de reflexión, formula criterios de juicio y ofrece normas y orientaciones para la acción

 

510. ¿Cuándo interviene la Iglesia en materia social?

2420
2458

La Iglesia interviene emitiendo un juicio moral en materia económica y social, cuando lo exigen los derechos fundamentales de la persona, el bien común o la salvación de las almas.

 

511. ¿Cómo ha de ejercerse la vida social y económica?

2459

La vida social y económica ha de ejercerse según los propios métodos, en el ámbito del orden moral, al servicio del hombre en su integridad y de toda la comunidad humana, en el respeto a la justicia social. La vida social y económica debe tener al hombre como autor, centro y fin.

 

512. ¿Qué se opone a la doctrina social de la Iglesia?

2424-2425

Se oponen a la doctrina social de la Iglesia los sistemas económicos y sociales que sacrifican los derechos fundamentales de las personas, o que hacen del lucro su regla exclusiva y fin último. Por eso la Iglesia rechaza las ideologías asociadas, en los tiempos modernos, al «comunismo» u otras formas ateas y totalitarias de «socialismo». Rechaza también, en la práctica del «capitalismo», el individualismo y la primacía absoluta de las leyes del mercado sobre el trabajo humano.

 

513. ¿Qué significado tiene el trabajo para el hombre?

2426-2428
2460-2461

Para el hombre, el trabajo es un deber y un derecho, mediante el cual colabora con Dios Creador. En efecto, trabajando con empeño y competencia, la persona actualiza las capacidades inscritas en su naturaleza, exalta los dones del Creador y los talentos recibidos; procura su sustento y el de su familia y sirve a la comunidad humana. Por otra parte, con la gracia de Dios, el trabajo puede ser un medio de santificación y de colaboración con Cristo para la salvación de los demás.

 

514. ¿A qué tipo de trabajo tiene derecho toda persona?

2429,
2433-2434

El acceso a un trabajo seguro y honesto debe estar abierto a todos, sin discriminación injusta, dentro del respeto a la libre iniciativa económica y a una equitativa distribución.

 

515. ¿Cuál es la responsabilidad del Estado con respecto al trabajo?

2431

Compete al Estado procurar la seguridad sobre las garantías de las libertades individuales y de la propiedad, además de un sistema monetario estable y de unos servicios públicos eficientes; y vigilar y encauzar el ejercicio de los derechos humanos en el sector económico. Teniendo en cuenta las circunstancias, la sociedad debe ayudar a los ciudadanos a encontrar trabajo.

 

516. ¿Qué compete a los dirigentes de empresa?

2432

Los dirigentes de las empresas tienen la responsabilidad económica y ecológica de sus operaciones. Están obligados a considerar el bien de las personas y no solamente el aumento de las ganancias, aunque éstas son necesarias para asegurar las inversiones, el futuro de las empresas, los puestos de trabajo y el buen funcionamiento de la vida económica.

 

517. ¿Qué deberes tienen los trabajadores?

2435

Los trabajadores deben cumplir con su trabajo en conciencia, con competencia y dedicación, tratando de resolver los eventuales conflictos mediante el diálogo. El recurso a la huelga no violenta es moralmente legítimo cuando se presenta como el instrumento necesario, en vistas a unas mejoras proporcionadas y teniendo en cuenta el bien común.

 

518. ¿Cómo se realiza la justicia y la solidaridad entre las naciones?

2437-2441

En el plano internacional, todas las naciones e instituciones deben obrar con solidaridad y subsidiaridad, a fin de eliminar, o al menos reducir, la miseria, la desigualdad de los recursos y de los medios económicos, las injusticias económicas y sociales, la explotación de las personas, la acumulación de las deudas de los países pobres y los mecanismos perversos que obstaculizan el desarrollo de los países menos desarrollados.

 

519. ¿De qué modo participan los cristianos en la vida política y social?

2442

Los fieles cristianos laicos intervienen directamente en la vida política y social, animando con espíritu cristiano las realidades temporales, y colaborando con todos como auténticos testigos del Evangelio y constructores de la paz y de la justicia.

 

520. ¿En qué se inspira el amor a los pobres?

2443-2449
2462-2463

El amor a los pobres se inspira en el Evangelio de las bienaventuranzas y en el ejemplo de Jesús en su constante atención a los pobres. Jesús dijo: «Cuanto hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis» (Mt 25, 40). El amor a los pobres se realiza mediante la lucha contra la pobreza material, y también contra las numerosas formas de pobreza cultural, moral y religiosa. Las obras de misericordia espirituales y corporales, así como las numerosas instituciones benéficas a lo largo de los siglos, son un testimonio concreto del amor preferencial por los pobres que caracteriza a los discípulos de Jesús.

 

OCTAVO MANDAMIENTO:
NO DARÁS FALSO TESTIMONIO NI MENTIRÁS

 

521. ¿Qué deberes tiene el hombre hacia la verdad?

2462-2470
2504

Toda persona está llamada a la sinceridad y a la veracidad en el hacer y en el hablar. Cada uno tiene el deber de buscar la verdad y adherirse a ella, ordenando la propia vida según las exigencias de la verdad. En Jesucristo, la verdad de Dios se ha manifestado íntegramente: Él es la Verdad. Quien le sigue vive en el Espíritu de la verdad, y rechaza la doblez, la simulación y la hipocresía.

 

522. ¿Cómo se da testimonio de la verdad?

2471-2474
2505-2506

El cristiano debe dar testimonio de la verdad evangélica en todos los campos de su actividad pública y privada; incluso con el sacrificio, si es necesario, de la propia vida. El martirio es el testimonio supremo de la verdad de la fe.

 

523.¿Qué prohíbe el octavo mandamiento?

2475-2487
2507-2509

El octavo mandamiento prohíbe:

1) El falso testimonio, el perjurio y la mentira, cuya gravedad se mide según la naturaleza de la verdad que deforma, de las circunstancias, de las intenciones del mentiroso y de los daños ocasionados a las víctimas.
2) El juicio temerario, la maledicencia, la difamación y la calumnia, que perjudican o destruyen la buena reputación y el honor, a los que tiene derecho toda persona.
3) El halago, la adulación o la complacencia, sobre todo si están orientados a pecar gravemente o para lograr ventajas ilícitas.
Una culpa cometida contra la verdad debe ser reparada, si ha causado daño a otro.

 

524. ¿Qué exige el octavo mandamiento?

2488-2492
2510-2511

El octavo mandamiento exige el respeto a la verdad, acompañado de la discreción de la caridad: en la comunicación y en la información, que deben valorar el bien personal y común, la defensa de la vida privada y el peligro del escándalo; en la reserva de los secretos profesionales, que han de ser siempre guardados, salvo en casos excepcionales y por motivos graves y proporcionados. También se requiere el respeto a las confidencias hechas bajo la exigencia de secreto.

 

525. ¿Cuál debe ser el uso de los medios de comunicación social?

2493-2499
2512

La información a través de los medios de comunicación social debe estar al servicio del bien común, y debe ser siempre veraz en su contenido e íntegra, salvando la justicia y la caridad. Debe también expresarse de manera honesta y conveniente, respetando escrupulosamente las leyes morales, los legítimos derechos y la dignidad de las personas.

 

526. ¿Qué relación existe entre la verdad, la belleza y el arte sacro?

2500-2503
2513

La verdad es bella por sí misma. Supone el esplendor de la belleza espiritual. Existen, más allá de la palabra, numerosas formas de expresión de la verdad, en particular en las obras de arte. Son fruto de un talento donado por Dios y del esfuerzo del hombre. El arte sacro, para ser bello y verdadero, debe evocar y glorificar el Misterio del Dios manifestado en Cristo, y llevar a la adoración y al amor de Dios Creador y Salvador, excelsa Belleza de Verdad y Amor.

 

NOVENO MANDAMIENTO:
NO CONSENTIRÁS PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS

 

527. ¿Qué exige el noveno mandamiento?

2514-2516
2528-2530

El noveno mandamiento exige vencer la concupiscencia carnal en los pensamientos y en los deseos. La lucha contra esta concupiscencia supone la purificación del corazón y la práctica de la virtud de la templanza.

 

528. ¿Qué prohíbe el noveno mandamiento?

2517-2519
2531-2532

El noveno mandamiento prohíbe consentir pensamientos y deseos relativos a acciones prohibidas por el sexto mandamiento.

 

529. ¿Cómo se llega a la pureza del corazón?

2520

El bautizado, con la gracia de Dios y luchando contra los deseos desordenados, alcanza la pureza del corazón mediante la virtud y el don de la castidad, la pureza de intención, la pureza de la mirada exterior e interior, la disciplina de los sentimientos y de la imaginación, y con la oración.

 

530.¿Qué otras cosas exige la pureza?

2521-2527
2533

La pureza exige el pudor, que, preservando la intimidad de la persona, expresa la delicadeza de la castidad y regula las miradas y gestos, en conformidad con la dignidad de las personas y con la relación que existe entre ellas. El pudor libera del difundido erotismo y mantiene alejado de cuanto favorece la curiosidad morbosa. Requiere también una purificación del ambiente social, mediante la lucha constante contra la permisividad de las costumbres, basada en un erróneo concepto de la libertad humana.

 

DÉCIMO MANDAMIENTO:
NO CODICIARÁS LOS BIENES AJENOS

 

531. ¿Qué manda y qué prohíbe el décimo mandamiento?

2534-2540
2551-2554

Este mandamiento, que complementa al precedente, exige una actitud interior de respeto en relación con la propiedad ajena, y prohíbe la avaricia, el deseo desordenado de los bienes de otros y la envidia, que consiste en la tristeza experimentada ante los bienes del prójimo y en el deseo desordenado de apropiarse de los mismos.

 

532. ¿Qué exige Jesús con la pobreza del corazón?

2544-2547
2556

Jesús exige a sus discípulos que le antepongan a Él respecto a todo y a todos. El desprendimiento de las riquezas –según el espíritu de la pobreza evangélica– y el abandono a la providencia de Dios, que nos libera de la preocupación por el mañana, nos preparan para la bienaventuranza de «los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mt 5, 3).

 

533. ¿Cuál es el mayor deseo del hombre?

2548-2550
2557

El mayor deseo del hombre es ver a Dios. Éste es el grito de todo su ser: «¡Quiero ver a Dios!». El hombre, en efecto, realiza su verdadera y plena felicidad en la visión y en la bienaventuranza de Aquel que lo ha creado por amor, y lo atrae hacia sí en su infinito amor.

«El que ve a Dios obtiene todos los bienes que se pueden concebir»
(San Gregorio de Nisa).

 

 

 

 

 

 

 

 

 


CUARTA PARTE

LA ORACIÓN CRISTIANA

PRIMERA SECCIÓN
LA ORACIÓN
EN LA VIDA CRISTIANA
 

 

534. ¿Qué es la oración?

2558-2565
2590

La oración es la elevación del alma a Dios o la petición al Señor de bienes conformes a su voluntad. La oración es siempre un don de Dios que sale al encuentro del hombre. La oración cristiana es relación personal y viva de los hijos de Dios con su Padre infinitamente bueno, con su Hijo Jesucristo y con el Espíritu Santo, que habita en sus corazones.

 

CAPÍTULO PRIMERO
LA REVELACIÓN DE LA ORACIÓN

 

535. ¿Por qué existe una vocación universal a la oración?

2566-2567
2591

Existe una vocación universal a la oración, porque Dios, por medio de la creación, llama a todo ser desde la nada; e incluso después de la caída, el hombre sigue siendo capaz de reconocer a su Creador, conservando el deseo de Aquel que le ha llamado a la existencia. Todas las religiones y, de modo particular, toda la historia de la salvación, dan testimonio de este deseo de Dios por parte del hombre; pero es Dios quien primero e incesantemente atrae a todos al encuentro misterioso de la oración.

 

LA REVELACIÓN DE LA ORACIÓN
EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

 

536. ¿En qué sentido Abraham es un modelo de oración?

2570-2573
2592

Abraham es un modelo de oración porque camina en la presencia de Dios, le escucha y obedece. Su oración es un combate de la fe porque, aún en los momentos de prueba, él continúa creyendo que Dios es fiel. Aún más, después de recibir en su propia tienda la visita del Señor que le confía sus designios, Abraham se atreve a interceder con audaz confianza por los pecadores.

 

537. ¿Cómo oraba Moisés?

2574-2577
2593

La oración de Moisés es modelo de la oración contemplativa: Dios, que llama a Moisés desde la zarza ardiente, conversa frecuente y largamente con él «cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (Ex 33, 11). De esta intimidad con Dios, Moisés saca la fuerza para interceder con tenacidad a favor del pueblo; su oración prefigura así la intercesión del único mediador, Cristo Jesús.

 

538. ¿Qué relaciones tienen en el Antiguo Testamento el templo y el rey con la oración?

2578-2580
2594

A la sombra de la morada de Dios –el Arca de la Alianza y más tarde el Templo– se desarrolla la oración del Pueblo de Dios bajo la guía de sus pastores. Entre ellos, David es el rey «según el corazón de Dios» (cf Hch 13, 22), el pastor que ora por su pueblo. Su oración es un modelo para la oración del pueblo, puesto que es adhesión a la promesa divina, y confianza plena de amor, en Aquél que es el solo Rey y Señor.

 

539. ¿Qué papel desempeña la oración en la misión de los Profetas?

2581-2584

Los Profetas sacan de la oración luz y fuerza para exhortar al pueblo a la fe y a la conversión del corazón: entran en una gran intimidad con Dios e interceden por los hermanos, a quienes anuncian cuanto han visto y oído del Señor. Elías es el padre de los Profetas, de aquellos que buscan el Rostro de Dios. En el monte Carmelo, obtiene el retorno del pueblo a la fe gracias a la intervención de Dios, al que Elías suplicó así: «¡Respóndeme, Señor, respóndeme!» (1R 18, 37).

 

540. ¿Cuál es la importancia de los Salmos en la oración?

2579
2585-2589
2596-2597

Los Salmos son el vértice de la oración en el Antiguo Testamento: la Palabra de Dios se convierte en oración del hombre. Indisociablemente individual y comunitaria, esta oración, inspirada por el Espíritu Santo, canta las maravillas de Dios en la creación y en la historia de la salvación. Cristo ha orado con los Salmos y los ha llevado a su cumplimiento. Por esto, siguen siendo un elemento esencial y permanente de la oración de la Iglesia, que se adaptan a los hombres de toda condición y tiempo.

 

LA ORACIÓN ES PLENAMENTE REVELADA
Y REALIZADA EN JESÚS

 

541. ¿De quién aprendió Jesús a orar?

2599
2620

Conforme a su corazón de hombre, Jesús aprendió a orar de su madre y de la tradición judía. Pero su oración brota de una fuente más secreta, puesto que es el Hijo de Dios que, en su humanidad santa, dirige a su Padre la oración filial perfecta.

 

542. ¿Cuándo oraba Jesús?

2600-2604
2620

El Evangelio muestra frecuentemente a Jesús en oración. Lo vemos retirarse en soledad, con preferencia durante la noche; ora antes de los momentos decisivos de su misión o de la misión de sus apóstoles. De hecho toda la vida de Jesús es oración, pues está en constante comunión de amor con el Padre.

 

543. ¿Cómo oró Jesús en su pasión?

2605-2606
2620

La oración de Jesús durante su agonía en el huerto de Getsemaní y sus últimas palabras en la Cruz revelan la profundidad de su oración filial: Jesús lleva a cumplimiento el designio amoroso del Padre, y toma sobre sí todas las angustias de la humanidad, todas las súplicas e intercesiones de la historia de la salvación; las presenta al Padre, quien las acoge y escucha, más allá de toda esperanza, resucitándolo de entre los muertos.

 

544. ¿Cómo nos enseña Jesús a orar?

2607-2614
2621

Jesús nos enseña a orar no sólo con la oración del Padre nuestro, sino también cuando Él mismo ora. Así, además del contenido, nos enseña las disposiciones requeridas por una verdadera oración: la pureza del corazón, que busca el Reino y perdona a los enemigos; la confianza audaz y filial, que va más allá de lo que sentimos y comprendemos; la vigilancia, que protege al discípulo de la tentación.

 

545. ¿Porqué es eficaz nuestra oración?

2615-2616

Nuestra oración es eficaz porque está unida mediante la fe a la oración de Jesús. En Él la oración cristiana se convierte en comunión de amor con el Padre; podemos presentar nuestras peticiones a Dios y ser escuchados: «Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado» (Jn 16, 24).

 

546. ¿Cómo oraba la Virgen María?

2617;2622
2618;2674
2679

La oración de María se caracteriza por su fe y por la ofrenda generosa de todo su ser a Dios. La Madre de Jesús es también la Nueva Eva, la «Madre de los vivientes» (cf Gn 3, 20): Ella ruega a Jesús, su Hijo, por las necesidades de los hombres.

 

547. ¿Existe en el Evangelio una oración de María?

2619

Además de la intercesión de María en Caná de Galilea, el Evangelio nos entrega el Magnificat (Lc 1, 46-55), que es el cántico de la Madre de Dios y el de la Iglesia, la acción de gracias gozosa, que sube desde el corazón de los pobres porque su esperanza se realiza en el cumplimiento de las promesas divinas.

 

LA ORACIÓN EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA

 

548. ¿Cómo oraba la primera comunidad cristiana de Jerusalén?

2623-2624

Al comienzo del libro de los Hechos de los Apóstoles, se narra que en la primera comunidad de Jerusalén, educada por el Espíritu Santo en la vida de oración, los creyentes «acudían asiduamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones» (Hch 2, 42).

 

549. ¿Cómo interviene el Espíritu Santo en la oración de la Iglesia?

2623. 2625

El Espíritu Santo, Maestro interior de la oración cristiana, educa a la Iglesia en la vida de oración, y le hace entrar cada vez con mayor profundidad en la contemplación y en la unión con el insondable misterio de Cristo. Las formas de oración, tal como las revelan los escritos apostólicos y canónicos, siguen siendo normativas para la oración cristiana.

 

 

 

 

 

550. ¿Cuáles son las formas esenciales de oración cristiana?

2643-2644

Las formas esenciales de oración cristiana son la bendición y la adoración, la oración de petición y de intercesión, la acción de gracias y la alabanza. La Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración.

 

551. ¿Qué es la bendición?

2626-2627
2645

La bendición es la respuesta agradecida del hombre a los dones de Dios: nosotros bendecimos al Todopoderoso, quien primeramente nos bendice y colma con sus dones.

 

552. ¿Cómo se puede definir la adoración?

2628

La adoración es la prosternación del hombre, que se reconoce criatura ante su Creador tres veces santo.

 

553. ¿Cuáles son las diversas formas de la oración de petición?

2629-2633
2646

La oración de petición puede adoptar diversas formas: petición de perdón o también súplica humilde y confiada por todas nuestras necesidades espirituales y materiales; pero la primera realidad que debemos desear es la llegada del Reino de Dios.

 

554. ¿En qué consiste la intercesión?

2634-2636
2647

La intercesión consiste en pedir en favor de otro. Esta oración nos une y conforma con la oración de Jesús, que intercede ante el Padre por todos los hombres, en particular por los pecadores. La intercesión debe extenderse también a los enemigos.

 

555. ¿Cuándo se da gracias a Dios?

2637-2638
2648

La Iglesia da gracias a Dios incesantemente, sobre todo cuando celebra la Eucaristía, en la cual Cristo hace partícipe a la Iglesia de su acción de gracias al Padre. Todo acontecimiento se convierte para el cristiano en motivo de acción de gracias.

 

556. ¿Qué es la oración de alabanza?

2639-2643
2649

La alabanza es la forma de oración que, de manera más directa, reconoce que Dios es Dios; es totalmente desinteresada: canta a Dios por sí mismo y le da gloria por lo que Él es.

 

CAPÍTULO SEGUNDO
LA TRADICIÓN DE LA ORACIÓN

 

557. ¿Cuál es la importancia de la Tradición respecto a la oración?

2650-2651

A través de la Tradición viva, es como en la Iglesia el Espíritu Santo enseña a orar a los hijos de Dios. En efecto, la oración no se reduce a la manifestación espontánea de un impulso interior, sino que implica contemplación, estudio y comprensión de las realidades espirituales que se experimentan.

 

FUENTES DE LA ORACIÓN

 

558. ¿Cuáles son las fuentes de la oración cristiana?

2652-2662
2658

Las fuentes de la oración cristiana son: la Palabra de Dios, que nos transmite «la ciencia suprema de Cristo» (Flp 3, 8); la Liturgia de la Iglesia, que anuncia, actualiza y comunica el misterio de la salvación; las virtudes teologales; las situaciones cotidianas, porque en ellas podemos encontrar a Dios.

«Te amo, Señor, y la única gracia que te pido es amarte eternamente. Dios mío, si mi lengua no puede decir en todos los momentos que te amo, quiero que mi corazón te lo repita cada vez que respiro» (San Juan María Vianney).

 

EL CAMINO DE LA ORACIÓN

 

559. ¿Hay en la Iglesia diversos caminos de oración?

2663

En la Iglesia hay diversos caminos de oración, según los diversos contextos históricos, sociales y culturales. Corresponde al Magisterio discernir la fidelidad de estos caminos a la tradición de la fe apostólica, y compete a los pastores y catequistas explicar su sentido, que se refiere siempre a Jesucristo.

 

560. ¿Cuál es el camino de nuestra oración?

2664
2680-2681

El camino de nuestra oración es Cristo, porque ésta se dirige a Dios nuestro Padre pero llega a Él sólo si, al menos implícitamente, oramos en el Nombre de Jesús. Su humanidad es, pues, la única vía por la que el Espíritu Santo nos enseña a orar a Dios nuestro Padre. Por esto las oraciones litúrgicas concluyen con la fórmula: «Por Jesucristo nuestro Señor».

 

561. ¿Cuál es el papel del Espíritu Santo en la oración?

2670-2672
2680-2681

Puesto que el Espíritu Santo es el Maestro interior de la oración cristiana y «nosotros no sabemos pedir como conviene» (Rm 8, 26), la Iglesia nos exhorta a invocarlo e implorarlo en toda ocasión: «¡Ven, Espíritu Santo!».

 

562. ¿En qué sentido es mariana la oración cristiana?

2673-2679
2682

En virtud de la singular cooperación de María con la acción del Espíritu Santo, la Iglesia ama rezar a María y orar con María, la orante perfecta, para alabar e invocar con Ella al Señor. Pues María, en efecto, nos «muestra el camino» que es su Hijo, el único Mediador.

 

563. ¿Cómo reza la Iglesia a María?

2676-2678
2682

La Iglesia reza a María, ante todo, con el Ave María, oración con la que la Iglesia pide la intercesión de la Virgen. Otras oraciones marianas son el Rosario, el himno Acáthistos, la Paraclisis, los himnos y cánticos de las diversas tradiciones cristianas.

 

MAESTROS DE ORACIÓN

 

564. ¿De qué modo los santos son maestros de la oración?

2683-2684
2692-2693

Los santos son para los cristianos modelos de oración, y a ellos les pedimos también que intercedan, ante la Santísima Trinidad, por nosotros y por el mundo entero; su intercesión es el más alto servicio que prestan al designio de Dios. En la comunión de los santos, a lo largo de la historia de la Iglesia, se han desarrollado diversos tipos de espiritualidad, que enseñan a vivir y a practicar la oración.

 

565. ¿Quién puede enseñar a rezar?

2685-2690
2694-2695

La familia cristiana constituye el primer ámbito de educación a la oración. Hay que recomendar de manera particular la oración cotidiana en familia, pues es el primer testimonio de vida de oración de la Iglesia. La catequesis, los grupos de oración, la «dirección espiritual» son una escuela y una ayuda para la oración.

 

566. ¿Cuáles son los lugares favorables para la oración?

2691
2696

Se puede orar en cualquier sitio, pero elegir bien el lugar tiene importancia para la oración. El templo es el lugar propio de la oración litúrgica y de la adoración eucarística; también otros lugares ayudan a orar, como «un rincón de oración» en la casa familiar, un monasterio, un santuario.

 

CAPÍTULO TERCERO
LA VIDA DE ORACIÓN 

 

567. ¿Qué momentos son los más indicados para la oración?

2697-2698
2720

Todos los momentos son indicados para la oración, pero la Iglesia propone a los fieles ritmos destinados a alimentar la oración continua: oración de la mañana y del atardecer, antes y después de las comidas, la Liturgia de la Horas, la Eucaristía dominical, el Santo Rosario, las fiestas del año litúrgico.

«Es necesario acordarse de Dios más a menudo que de respirar» (San Gregorio Nacianceno).

 

568. ¿Cuáles son las expresiones de la vida de oración?

2697-2699

La tradición cristiana ha conservado tres modos principales de expresar y vivir la oración: la oración vocal, la meditación y la oración contemplativa. Su rasgo común es el recogimiento del corazón.

 

LAS EXPRESIONES DE LA ORACIÓN

 

569. ¿En qué se caracteriza la oración vocal?

2700-2704
2722

La oración vocal asocia el cuerpo a la oración interior del corazón; incluso quien practica la más interior de las oraciones no podría prescindir del todo en su vida cristiana de la oración vocal. En cualquier caso, ésta debe brotar siempre de una fe personal. Con el Padre nuestro, Jesús nos ha enseñado una fórmula perfecta de oración vocal.

 

570. ¿Qué es la meditación?

2705-2708
2723

La meditación es una reflexión orante, que parte sobre todo de la Palabra de Dios en la Biblia; hace intervenir a la inteligencia, la imaginación, la emoción, el deseo, para profundizar nuestra fe, convertir el corazón y fortalecer la voluntad de seguir a Cristo; es una etapa preliminar hacia la unión de amor con el Señor.

 

571. ¿Qué es la oración contemplativa?

2709-2719
2724
2739-2741

La oración contemplativa es una mirada sencilla a Dios en el silencio y el amor. Es un don de Dios, un momento de fe pura, durante el cual el que ora busca a Cristo, se entrega a la voluntad amorosa del Padre y recoge su ser bajo la acción del Espíritu. Santa Teresa de Jesús la define como una íntima relación de amistad: «estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama».

 

EL COMBATE DE LA ORACIÓN

 

572. ¿Por qué la oración es un combate?

2725

La oración es un don de la gracia, pero presupone siempre una respuesta decidida por nuestra parte, pues el que ora combate contra sí mismo, contra el ambiente y, sobre todo, contra el Tentador, que hace todo lo posible para apartarlo de la oración. El combate de la oración es inseparable del progreso en la vida espiritual: se ora como se vive, porque se vive como se ora.

 

573. ¿Cuáles son las objeciones a la oración?

2726-2728
2752-2753

Además de los conceptos erróneos sobre la oración, muchos piensan que no tienen tiempo para orar o que es inútil orar. Quienes oran pueden desalentarse frente a las dificultades o los aparentes fracasos. Para vencer estos obstáculos son necesarias la humildad, la confianza y la perseverancia.

 

574. ¿Cuáles son las dificultades para la oración?

2729-2733
2754-2755

La dificultad habitual para la oración es la distracción, que separa de la atención a Dios, y puede incluso descubrir aquello a lo que realmente estamos apegados. Nuestro corazón debe entonces volverse a Dios con humildad. A menudo la oración se ve dificultada por la sequedad, cuya superación permite adherirse en la fe al Señor incluso sin consuelo sensible. La acedía es una forma de pereza espiritual, debida al relajamiento de la vigilancia y al descuido de la custodia del corazón.

 

575. ¿Cómo fortalecer nuestra confianza filial?

2734-2741
2756

La confianza filial se pone a prueba cuando pensamos que no somos escuchados. Debemos preguntarnos, entonces, si Dios es para nosotros un Padre cuya voluntad deseamos cumplir, o más bien un simple medio para obtener lo que queremos. Si nuestra oración se une a la de Jesús, sabemos que Él nos concede mucho más que este o aquel don, pues recibimos al Espíritu Santo, que transforma nuestro corazón.

 

576. ¿Es posible orar en todo momento?

2742-2745
2757

Orar es siempre posible, pues el tiempo del cristiano es el tiempo de Cristo resucitado, que está con nosotros «todos los días» (Mt 28, 20). Oración y vida cristiana son, por ello, inseparables.

«Es posible, incluso en el mercado o en un paseo solitario, hacer una frecuente y fervorosa oración. Sentados en vuestra tienda, comprando o vendiendo, o incluso haciendo la cocina» (San Juan Crisóstomo).

 

577. ¿Cuál es la oración de la Hora de Jesús?

2604
2746-2751
2758

Se llama la oración de la Hora de Jesús a la oración sacerdotal de Éste en la Última Cena. Jesús, Sumo Sacerdote de la Nueva Alianza, dirige su oración al Padre cuando llega la Hora de su «paso» a Dios, la Hora de su sacrificio.

 

SEGUNDA SECCIÓN
LA ORACIÓN DEL SEÑOR:
PADRE NUESTRO

 

Padre nuestro

Padre nuestro que estás en el cielo, 
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu Reino;
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.
Danos hoy
nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.

Pater Noster

Pater noster qui es in caelis:
sanctificetur Nomen Tuum;
adveniat Regnum Tuum;
fiat voluntas Tua,
sicut in caelo et in terra.
Panem nostrum
quotidianum da nobis hodie;
et dimitte nobis debita nostra,
sicut et nos
dimittimus debitoribus nostris;
et ne nos inducas in tentationem;
sed libera nos a Malo. Amen

 

578. ¿Cuál es el origen de la oración del Padre nuestro?

2759-2760
2773

Jesús nos enseñó esta insustituible oración cristiana, el Padre nuestro, un día en el que un discípulo, al verle orar, le rogó: «Maestro, enséñanos a orar» (Lc 11, 1). La tradición litúrgica de la Iglesia siempre ha usado el texto de San Mateo (6, 9-13).

 

«LA SÍNTESIS DE TODO EL EVANGELIO»

 

579. ¿Qué lugar ocupa el Padre nuestro en las Escrituras?

2761-2764
2774

El Padre nuestro es «el resumen de todo el Evangelio» (Tertuliano); «es la más perfecta de todas las oraciones» (Santo Tomás de Aquino). Situado en el centro del Sermón de la Montaña (Mt 5-7), recoge en forma de oración el contenido esencial del Evangelio.

 

580. ¿Por qué se le llama «la oración del Señor»?

2765-2766
2775

Al Padre nuestro se le llama «Oración dominical», es decir «la oración del Señor», porque nos la enseñó el mismo Jesús, nuestro Señor.

 

581. ¿Qué lugar ocupa el Padre nuestro en la oración de la Iglesia?

2767-2772
2776

Oración por excelencia de la Iglesia, el Padre nuestro es «entregado» en el Bautismo, para manifestar el nacimiento nuevo a la vida divina de los hijos de Dios. La Eucaristía revela el sentido pleno del Padre nuestro, puesto que sus peticiones, fundándose en el misterio de la salvación ya realizado, serán plenamente atendidas con la Segunda venida del Señor. El Padre nuestro es parte integrante de la Liturgia de las Horas.

 

«PADRE NUESTRO QUE ESTÁS EN EL CIELO»

 

582. ¿Por qué podemos acercarnos al Padre con plena confianza?

2777-2778
2797

Podemos acercarnos al Padre con plena confianza, porque Jesús, nuestro Redentor, nos introduce en la presencia del Padre, y su Espíritu hace de nosotros hijos de Dios. Por ello, podemos rezar el Padre nuestro con confianza sencilla y filial, gozosa seguridad y humilde audacia, con la certeza de ser amados y escuchados.

 

583. ¿Cómo es posible invocar a Dios como «Padre»?

2779-2785
2789
2798-2800

Podemos invocar a Dios como «Padre», porque el Hijo de Dios hecho hombre nos lo ha revelado, y su Espíritu nos lo hace conocer. La invocación del Padre nos hace entrar en su misterio con asombro siempre nuevo, y despierta en nosotros el deseo de un comportamiento filial. Por consiguiente, con la oración del Señor, somos conscientes de ser hijos del Padre en el Hijo.

 

584. ¿Por qué decimos Padre «nuestro»?

2786-2790
2801

«Nuestro» expresa una relación con Dios totalmente nueva. Cuando oramos al Padre, lo adoramos y lo glorificamos con el Hijo y el Espíritu. En Cristo, nosotros somos su pueblo, y Él es nuestro Dios, ahora y por siempre. Decimos, de hecho, Padre «nuestro», porque la Iglesia de Cristo es la comunión de una multitud de hermanos, que tienen «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4, 32).

 

585. ¿Con qué espíritu de comunión y de misión nos dirigimos a Dios como Padre «nuestro»?

2791-2793
2801

Dado que el Padre nuestro es un bien común de los bautizados, éstos sienten la urgente llamada a participar en la oración de Jesús por la unidad de sus discípulos. Rezar el Padre nuestro es orar con todos los hombres y en favor de la entera humanidad, a fin de que todos conozcan al único y verdadero Dios y se reúnan en la unidad.

 

586 ¿Qué significa la expresión «que estás en el cielo»?

2794-2796
2802

La expresión bíblica «cielo» no indica un lugar sino un modo de ser: Dios está más allá y por encima de todo; la expresión designa la majestad, la santidad de Dios, y también su presencia en el corazón de los justos. El cielo, o la Casa del Padre, constituye la verdadera patria hacia la que tendemos en la esperanza, mientras nos encontramos aún en la tierra. Vivimos ya en esta patria, donde nuestra «vida está oculta con Cristo en Dios» (Col 3, 3).

 

LAS SIETE PETICIONES

 

587. ¿Cómo está compuesta la oración del Señor?

2803-2806
2857

La oración del Señor contiene siete peticiones a Dios Padre. Las tres primeras, más teologales, nos atraen hacia Él, para su gloria, pues lo propio del amor es pensar primeramente en Aquel que amamos. Estas tres súplicas sugieren lo que, en particular, debemos pedirle: la santificación de su Nombre, la venida de su Reino y la realización de su voluntad. Las cuatro últimas peticiones presentan al Padre de misericordia nuestras miserias y nuestras esperanzas: le piden que nos alimente, que nos perdone, que nos defienda ante la tentación y nos libre del Maligno.

 

588. ¿Qué significa «Santificado sea tu Nombre»?

2807-2812
2858

Santificar el Nombre de Dios es, ante todo, una alabanza que reconoce a Dios como Santo. En efecto, Dios ha revelado su santo Nombre a Moisés, y ha querido que su pueblo le fuese consagrado como una nación santa en la que Él habita.

 

589. ¿Cómo se santifica el Nombre de Dios en nosotros y en el mundo?

2813-2815

Santificar el Nombre de Dios, que «nos llama a la santidad» (1Ts 4, 7), es desear que la consagración bautismal vivifique toda nuestra vida. Asimismo, es pedir que, con nuestra vida y nuestra oración, el Nombre de Dios sea conocido y bendecido por todos los hombres.

 

590. ¿Qué pide la Iglesia cuando suplica «Venga a nosotros tu Reino»?

2816-2821
2859

La Iglesia invoca la venida final del Reino de Dios, mediante el retorno de Cristo en la gloria. Pero la Iglesia ora también para que el Reino de Dios crezca aquí ya desde ahora, gracias a la santificación de los hombres en el Espíritu y al compromiso de éstos al servicio de la justicia y de la paz, según las Bienaventuranzas. Esta petición es el grito del Espíritu y de la Esposa: «Ven, Señor Jesús» (Ap 22, 20).

 

591. ¿Por qué pedimos «Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo»?

2822-2827
2860

La voluntad del Padre es que «todos los hombres se salven» (1Tm 2, 4). Para esto ha venido Jesús: para cumplir perfectamente la Voluntad salvífica del Padre. Nosotros pedimos a Dios Padre que una nuestra voluntad a la de su Hijo, a ejemplo de María Santísima y de los santos. Le pedimos que su benevolente designio se realice plenamente sobre la tierra, como se ha realizado en el cielo. Por la oración, podemos «distinguir cuál es la voluntad de Dios» (Rm 12, 2), y obtener «constancia para cumplirla» (Hb 10, 36).

 

592. ¿Cuál es el sentido de la petición «Danos hoy nuestro pan de cada día»?

2828-2834
2861

Al pedir a Dios, con el confiado abandono de los hijos, el alimento cotidiano necesario a cada cual para su subsistencia, reconocemos hasta qué punto Dios Padre es bueno, más allá de toda bondad. Le pedimos también la gracia de saber obrar, de modo que la justicia y la solidaridad permitan que la abundancia de los unos cubra las necesidades de los otros.

 

593. ¿Cuál es el sentido específicamente cristiano de esta petición?

2835-2837
2861

Puesto que «no sólo de pan vive el hombre, sino de todo lo que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4), la petición sobre el pan cotidiano se refiere igualmente al hambre de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo, recibido en la Eucaristía, así como al hambre del Espíritu Santo. Lo pedimos, con una confianza absoluta, para hoy, el hoy de Dios: y esto se nos concede, sobre todo, en la Eucaristía, que anticipa el banquete del Reino venidero.

 

594. ¿Por qué decimos «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden»?

2838-2839
2862

Al pedir a Dios Padre que nos perdone, nos reconocemos ante Él pecadores; pero confesamos, al mismo tiempo, su misericordia, porque, en su Hijo y mediante los sacramentos, «obtenemos la redención, la remisión de nuestros pecados» (Col 1, 14). Ahora bien, nuestra petición será atendida a condición de que nosotros, antes, hayamos, por nuestra parte, perdonado.

 

595. ¿Cómo es posible el perdón?

2840-2845
2862

La misericordia penetra en nuestros corazones solamente si también nosotros sabemos perdonar, incluso a nuestros enemigos. Aunque para el hombre parece imposible cumplir con esta exigencia, el corazón que se entrega al Espíritu Santo puede, a ejemplo de Cristo, amar hasta el extremo de la caridad, cambiar la herida en compasión, transformar la ofensa en intercesión. El perdón participa de la misericordia divina, y es una cumbre de la oración cristiana.

 

596. ¿Qué significa «No nos dejes caer en la tentación»?

2846-2849
2863

Pedimos a Dios Padre que no nos deje solos y a merced de la tentación. Pedimos al Espíritu saber discernir, por una parte, entre la prueba, que nos hace crecer en el bien, y la tentación, que conduce al pecado y a la muerte; y, por otra parte, entre ser tentado y consentir en la tentación. Esta petición nos une a Jesús, que ha vencido la tentación con su oración. Pedimos la gracia de la vigilancia y de la perseverancia final.

 

597. ¿Por qué concluimos suplicando «Y líbranos del mal»?

2850-2854
2864

El mal designa la persona de Satanás, que se opone a Dios y que es «el seductor del mundo entero» (Ap 12, 9). La victoria sobre el diablo ya fue alcanzada por Cristo; pero nosotros oramos a fin de que la familia humana sea liberada de Satanás y de sus obras. Pedimos también el don precioso de la paz y la gracia de la espera perseverante en el retorno de Cristo, que nos librará definitivamente del Maligno.

 

598. ¿Qué significa el «Amén» final?

2855-2856
2865

«Después, terminada la oración, dices: Amén, refrendando por medio de este Amén, que significa “Así sea”, lo que contiene la oración que Dios nos enseñó» (San Cirilo de Jerusalén).

 

25/08/2018 19:36 Formación Religiosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

PIUCAT (CATECISMO DE PIURA) 6TO PRIMARIA - 1º Y 2º SEC-

PRIMERA PARTE

LA PROFESION DE LA FE

PRIMERA SECCION

CREO- CREEMOS

 EL HOMBRE Y SU BUSQUEDA DE DIOS

 1.   ¿Qué experiencias profundas encontramos en el interior de todo ser humano?

En lo más profundo de su realidad, en su mismidad, el hombre siente una nostalgia de Absoluto, un ansia de Algo que está más allá de todo lo que el mundo le puede dar. Y entiende que en la búsqueda y respuesta a este Absoluto, es donde encontrará la felicidad total, aquella que sacia su ansia y su hambre de eternidad, su ansia de Infinito.

 

  1. 2.   Por qué siente el hombre esta ansia de Infinito?

Porque el hombre ha sido creado por Dios y en lo más profundo de su ser está presente la huella del Creador que lo llama hacia El. Por eso el hombre es por esencia un ser religioso: viene de Dios y se dirige a Dios, como magníficamente expresó San Agustín: “Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (Conf. 1,1.)

Respondiendo a sus dinamismos más profundos, el hombre busca a Dios; y esta búsqueda de Dios lo define. Por eso podemos decir que el hombre es una creatura teologal, ya que por llevar en sí la impronta de Dios, solo en El podrá alcanzar la felicidad y la dicha tan anheladas. No existe felicidad definitiva y absoluta para el ser humano que no sea en Dios; y cualquier intento de encontrar la felicidad en cualquier otra cosa no será más que un sucedáneo.

Por tanto, podemos concluir que el Ansia de Infinito que siente el ser humano, en el fondo es ansia de Dios, o también podemos llamarla, un “hambre de Dios”.

 

  1. 3.   ¿Pueden todos los hombres buscar y encontrar a Dios?

De hecho, todo hombre puede buscar y encontrar a Dios. A lo largo de la historia, los seres humanos han expresado esta búsqueda y este encuentro a través de las diversas religiones. La misma creación ofrece ciertos “caminos” o “vías” para poder acercarse a Dios y encontrarlo. Mirando el mundo y lo que manifiesta: el movimiento, las cosas que existen, el orden de la creación, etc, se llega  a descubrir la existencia de Aquel que ha puesto las cosas en movimiento, la Causa de lo que existe y el que orienta las cosas a su fin, y éste es Dios. Al mirarse a sí mismo, en su interior, el hombre percibe en su espíritu una “nostalgia de Infinito” que hace referencia a Dios mismo.

La Iglesia enseña como verdad de fe que el ser humano puede conocer a Dios mediante su inteligencia y a partir de las cosas creadas, y este conocimiento ofrece una verdadera certeza (ver Sab 13, 1ss; Rom 1, 20ss; Concilio Vaticano I, DH 3004). Sin embargo, aunque el hombre puede llegar a conocer la existencia de Dios y vivir encuentro con Él, no siempre se produce esto. Por muchos motivos (rebelión ante el mal existente, la indiferencia o la ignorancia, el ateísmo, etc) algunas personas olvidan, rechazan o desconocen a Dios. Este olvido de Dios lleva, desgraciadamente, a una situación de frustración e infidelidad muy honda.

 

  1. 4.   Una vez que llegamos a conocer la existencia de Dios, ¿qué podemos saber acerca de Él?

Mediante su inteligencia, el hombre puede llegar a conocer con certeza que Dios existe; y conoce también que Dios es un ser personal que lo invita a vivir la Comunión plena. Conoce también algunas de sus perfecciones y atributos. Sin embargo, lo que podamos saber y decir acerca de Dio siempre quedará muy corto, si lo comparamos con su realidad infinita. Todo lo que podemos saber y decir acerca de Dios se basa en las diversas perfecciones de las cosas creadas, que nos remiten la perfección Absoluta de Dios (analogía). Sin embargo, debemos ser conscientes de que “nuestras representaciones humanas quedan siempre más acá del misterio de Dios”.

Justamente, porque muchas veces no podemos ni sabemos decir quién es Dios del modo más completo, es que Dios mismo ha salido a nuestro encuentro y nos ha dicho quién es El y qué quiere de nosotros. Así también, permite que se satisfaga esa nostalgia de Infinito que está en nuestros corazones. Y esto es lo que nosotros llamaos la Revelación.

 

 

DIOS SALE AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

LA REVELACION

 

  1. 5.   ¿Qué es la Revelación?

Es la manifestación personal de Dios al hombre, de su Ser más intimo y del Plan que tiene para con todos y cada uno de los seres humanos y el mundo. Aun cuando se les pueda conocer y se pueda saber acerca de su realidad, Dios siempre es un misterio para el hombre: El habita en una luz inaccesible (1Tim 6, 16) y por eso a Dios nadie lo ha visto jamás (ver Jn 1, 18). Sin embargo, de manera totalmente gratuita y soberanamente libre, Dios ha querido comunicarnos quién es y que quiere de nosotros. Así también, en la comunicación de su Misterio, Dios no solo muestra su identidad, sino que además da una respuesta definitiva y sobreabundante a las interrogantes que el ser humano se plantea sobre el sentido y finalidad de su vida.

 

  1. 6.   ¿Por qué se ha revelado Dios al hombre?

A Dios nadie le ha obligado a revelarse al hombre; si lo ha hecho, ha sido por amor. Dios, que nos ama, quiere que participemos de la Comunión plena con El y por eso se nos manifiesta, invitándonos a vivir para siempre con El y así alcanzar nuestra dicha. Y como el marco del amor es siempre la libertad, la Revelación es un acto eminentemente libre, que requiere una acogida y una respuesta también libre.

 

  1. 7.   ¿Qué características presenta la Revelación?

El modo como Dios se ha ido revelando a los hombres es:

 

a)     Mediante hechos y palabras íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente. Lo que significa que Dios e ha revelado en la Historia de los hombres, participando en ella.

b)     De una manera progresiva, es decir, gradualmente, Dios ha ido descubriendo al hombre su misterio, desde lo más sencillo hasta su realidad más intima. Esto supone, pues, una pedagogía divina en la que Dios va preparando al hombre para que pueda acoger la plenitud de su manifestación.

c)     De una manera adecuada a la capacidad de los hombres que recibían la Revelación. Dios ha hablado “humanamente” a los hombres, considerando sus limitaciones. Esto es lo que se llama la condescendencia (synkatábasis) de Dios en la Revelación).

d)     Por último, la Revelación de Dios a toda la humanidad ha sido definitiva en Jesucristo. Por medio de El, Dios nos ha comunicado todo de sí mismo, y ha dado a conocer también lo que es nuestro propio misterio y el misterio del mundo.

 

Gracias a esta Revelación, podemos conocer con seguridad a Dios, y podemos vivir el encuentro y la comunión con El, que al responder a nuestros dinamismos más profundos, nos permite alcanzar la felicidad plena.

 

  1. 8.   ¿Se ha producido la Revelación en un solo momento?

No. Si la Revelación de Dios ha sido progresiva, entonces podemos contar una serie de etapas a través de las cuales se ha ido realizando.

 

  1. En primer lugar, Dios se ha dado a conocer a través del testimonio de las cosas creadas. En efecto, la Creación nos revela (de manera indirecta, pero real) la existencia y presencia de Dios Creador (ver Sal 19, 2ss; Sal 8, 4ss; Sal 104).
  2. Sin embargo, Dios no solo ha querido “sugerir” su presencia mediante las cosas creadas; El mismo, de modo directo y personal ha hablado a los hombres, comunicándose e invitándoles a la Comunión. Esta es la revelación sobrenatural. Es aquí donde podemos encontrar las siguientes etapas:

2.a. En primer lugar, hay una manifestación de Dios a nuestros primeros padres. Los invitó a una comunión intima con El, llenándolos de gracia y santidad especiales. Y al pecar el hombre, Dios no lo abandonó; antes bien, siguió hablándole, prometiéndole la esperanza de la reconciliación (Ver Gén 3, 15).

2.b. Con Noé, Dios hace una Alianza que abarca a toda la humanidad, que por sus pecados puede errar y buscar ídolos como si fuesen Dios. Esta Alianza muestra la Universidad de la Revelación.

2.c. De entre todos los hombres, Dios eligió a Abraham para formar un Pueblo por el cual vendría la salvación a la humanidad pecadora. Con este pueblo, Israel, Dios hizo una Alianza, y lo fue preparando mediante sus profetas para recibir la Salvación en persona.

2.d. Pero la Revelación plena y definitiva de Dios se realiza en y con Jesucristo, su Hijo, quien ha realizado la Alianza definitiva y ha reconciliado al hombre. Jesús es Mediador y Plenitud de toda la Revelación.

 

  1. 9.   ¿Por qué decimos que Jesús es Mediador y Plenitud de toda la Revelación?

Porque Jesús, Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En él lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta.  Por medio de Jesús, Dios Padre nos ha revelado sus misterios más íntimos, de allí que podamos llamarlo mediador. Y es Jesús el que nos da a conocer absolutamente todo lo que es Dios y todo lo que es de Dios, por eso lo podemos llamar también plenitud de la Revelación. Por eso, la Revelación ha culminado en Cristo; ya no habrá otra revelación más porque el Padre, en Jesús lo ha dicho todo. Pero aunque la Revelación esté acabada, no está totalmente explicitada. El crecimiento de la vida de fe en los creyentes hace que se comprenda cada vez más el contenido total de la Revelación que la Iglesia posee y custodia.

 

10. ¿Cómo ha llegado hasta nosotros la Revelación?

La Revelación de Dios ha llegado hasta nosotros por medio de la Sagrada Tradición y de la Sagrada Escritura.

 

11. ¿Qué es la Sagrada Tradición?

La Sagrada Tradición es la transmisión viva de la Revelación cuya plenitud es Jesucristo. En efecto, Jesús comunicó a sus apóstoles el misterio de Dios y de nuestra salva ión, y estos a su vez lo trasmitieron fielmente, sea de palabra o por escrito. De esta manera, lo que Jesús nos ha revelado ha llegado hasta nosotros, en la Iglesia y para todos los hombres.

Esta transmisión se realiza mediante la asistencia del Espíritu Santo, y progresa en la comprensión de aquello que es transmitido mientras más se medita, se enseña y se vive. De este modo, la comunicación que el Padre ha hecho de sí mismo por medio de Jesucristo en el Espíritu Santo sigue presente y activa en la Iglesia.

 

12. ¿Qué relación hay entre Sagrada Escritura y Tradición

La Sagrada Escritura y la Tradición no son dos realidades opuestas entre sí; tampoco son dos cosas absolutamente diferentes. Tanto la Tradición como la Sagrada Escritura surgen de la misma fuente; ambas contienen la misma y única Palabra de Dios. Sin embargo, son dos modos distintos de transmisión: La Tradición es transmisión viva que se dará a lo largo de todos los tiempos; la Sagrada Escritura muestra la permanencia y fidelidad inalterables de la Palabra de Dios.

 

13. ¿A quién fue confiada la Revelación Divina?

Jesús confío su Revelación a los apóstoles, y por éstos, a la Iglesia. Pero dentro de la Iglesia, son los obispos, sucesores de los apóstoles, quienes tienen la misión de conservar, explicar y difundir la Palabra. El Magisterio de la Iglesia es, pues, el interprete autentico de la Palabra de Dios, oral o escrita, y está a su servicio.

El Magisterio ejerce plenamente esta misión de explicar la Palabra cuando formula los dogmas. Estos son verdades de fe que el Magisterio propone como pertenecientes a la Revelación, o ligadas a ella, un dogma no es una verdad nueva añadida a la Revelación; sino más bien una verdad que está ya en la Revelación y que se hace explicita, y por tanto, que debe llevar a la adhesión de la fe. Y si bien el Magisterio nos enseña que la Revelación ya fue dada definitivamente por Cristo, acepta la existencia de las llamadas “revelaciones privadas”. Estas no traen algo nuevo que Jesús no haya dicho, sino más bien son acentos que permiten vivir de manera más plena la única Revelación en determinados momentos y circunstancias históricas.

 

14. ¿Qué es la Sagrada Escritura?

La Sagrada Escritura o Biblia, es la Palabra de Dios que ha sido puesto por escrito. En este libro, está contenido lo que Dios nos ha revelado y que fue escrito a lo largo de muchos siglos por diferentes autores humano que escribieron aquello que el Espíritu Santo les iba señalando. A esto le llamamos la inspiración.

 

15. ¿Qué es la inspiración?

La inspiración viene a ser la acción que ejerce el Espíritu Santo sobre el autor sagrado para que ponga por escrito todo y solo que Dios quiere. De esta manera, lo escrito es inspirado porque tiene a Dios por autor principal y se puede decir que la Escritura es auténticamente la Palabra de Dios. Sin embargo, para dejarnos su Palabra, Dios se ha valido de autores humanos con sus capacidades, inteligencias e incluso sus limitaciones. Por tanto los hombres son también verdaderos autores.

De hecho de que la Sagrada Escritura tiene a Dios por autor (inspiración) se sigue que lo que la Escritura enseña con fidelidad y sin error alguno es la verdad que Dios hizo consignar para nuestra salvación. A esto se le llama la Verdad de la Sagrada Escritura.

Y como Dios ha dejado a la Iglesia el encargo de cuidar su Palabra, entonces la Iglesia puede decir qué libros son inspirados, y por tanto, Palabra de Dios. Esto se llama canonicidad: el reconocimiento que la Iglesia hace de un libro como verdadera Palabra Divina. El nombre viene del griego canon, es decir, lista. Fue la Tradición la que elaboró el canon bíblico, integrado por 46 libros del Antiguo Testamento y 27 del Nuevo Testamento:

 

Antiguo Testamento: Génesis, éxodo, Levíticos, Números, Deuteronomio, Josué, Jueces, Rut, 1 Samuel, 2 Samuel, 1 Re6es,  2 Reyes, 1 Crónicas, 2 Crónicas, Esdras, Nehemías, Tobías, Judit, Ester, 1 Macabeos, 2 Macabeos, Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares, Sabiduría, Eclesiástico, Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Baruc, Ezequiel, Daniel, Oseas, Joel, Amos, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías.

 

Nuevo Testamento: Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, Hechos de los Apóstoles, Cartas de Pablo a los Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 Tesalonicenses, 2 Tesalonicenses, 1 Timoteo, 2 Timoteo, Tito, Filemón; la Carta a los Hebreros, la Carta de Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, la Carta de Judas y el Apocalipsis.

 

16. ¿Cómo se relacionan entre sí el Antiguo y el Nuevo Testamento?

El Antiguo Testamento describe la Antigua Alianza hecha por Dios con el pueblo de Israel para salvar a los hombres que desde el inicio de la historia habían pecado contra Dios. El Nuevo Testamento narra la salvación definitiva realizada por Jesús, quien instaura una Nueva Alianza, cumplimiento de la anterior, en la que toda la humanidad puede alcanzar la reconciliación integral. Esta salvación, ocurrida de manera real en nuestra historia humana, es descrita en los evangelios, que son como el corazón de la Sagrada Escritura, y es explicitada en los otros escritos neotestamentarios.

Por tanto, la Sagrada Escritura debe verde como una unidad. Porque ambos Testamentos son la única Palabra de Dios, y porque describen la única Revelación de Dios. Sin embargo, como la plenitud de la Revelación es Jesucristo, se debe leer y entender toda la Escritura desde el misterio de Jesús. Todo lo que el Antiguo Testamento dice, encuentra su sentido y su realización en el Nuevo Testamento, y lo que el Nuevo Testamento dice, ya estaba como oculto o indicado en el Antiguo.

 

17. ¿Cómo debemos interpretar la Escritura?

Siendo la Sagrada Escritura la Palabra de Dios en palabra humana, al interpretarla debemos buscar qué nos dicen los autores humanos. Y para esto es conveniente considerar los géneros literarios, la cultura de la época, los modos de hablar, etc… Alcanzamos lo que Dios nos quiere decir mediante los hombres que la escribieron teniendo en cuenta que:

 

  1. La Sagrada Escritura es una unidad, a pesar de sus muchos libros (73 en total) y los diversos autores humanos que posee. Por tanto, si es una unidad, no puede contradecirse a sí misma.
  2. La Palabra de Dios contenida en la Escritura fue encomendada a la Iglesia. Por tanto, debe interpretarse la Sagrada Escritura en consonancia como la Iglesia la ha entendido y vivido en su Tradición.
  3. Las verdades que la Escritura nos presenta están cohesionadas entre sí y se sostienen unas a otras es lo que se llama “analogía de la fe”. Toda interpretación de la Escritura debe respetar esta analogía.

 

18. ¿Qué importancia tiene la Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia?

La Sagrada Escritura alimenta la vida de los fieles: los instruye, los exhorta y los lleva al encuentro de Jesús, Palabra viva del Padre (ver Jn 1, 1). Por eso la Iglesia ha venerado siempre a la Escritura así como lo ha hecho con la Eucaristía, el Cuerpo del Señor, e invita a sus miembros a leerla, meditarla y practicarla.

 

 

EL HOMBRE RESPONDE A DIOS QUE SE REVELA: LA FE

 

19. ¿De qué modo puede responder el hombre a Dios que se le ha revelado?.

Si la Revelación es para el hombre, entonces éste debe responder al amor y a la manifestación libre de Dios, aceptando y amando libremente a quien le ofrece su Amor. Esta aceptación de Dios por parte del hombre es la Fe.

 

20. ¿Qué es la fe?

La fe es la adhesión personal del hombre a Dios que se revela. Por la fe, el hombre conoce a Dios y su Plan de salvación, acepta confiadamente a Dios y lo ama, y vive en obediencia a lo que Dios le pide. De allí que la fe, en cuanto repuesta del hombre a Dios, abarca toda su realidad humana: su mente, su corazón y su acción.

La fe es también don de Dios, que El nos da para que podamos conocerlo, adherirnos a El y poder seguirlo y obedecerle.  Es, pues, don de Dios y respuesta humana. Y en Santa María, la Madre de Jesús, encontramos el modelo más perfecto de la fe. Ella es “dichosa porque ha creído” (ver Lc 1, 45). Y por su fe todas las generaciones la proclamarán bienaventurada (ver Lc 1, 48).

 

21. ¿Qué significa tener Fe en Dios?

Tener fe en Dios, es creer que Dios es Aquel que se nos ha revelado en la persona de Jesús y que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. La fe cristiana en Dios es una fe trinitaria.

 

22. ¿Qué características posee la fe?

Además de lo que mencionado, podemos señalar las siguientes características de la fe:

 

a)     La fe en cuanto respuesta del hombre al don de Dios, es un acto racional. Lo que creemos no es algo irracional (Dios no es irracional ni caprichoso), ni nos pide que excluyamos el ejercicio de nuestra inteligencia. Pero la fe, al mismo tiempo es suprarracional: trasciende las fronteras de nuestra inteligencia porque Dios, en sí mismo, es misterio y no podemos comprehenderlo en su totalidad. Por eso, la fe nos permite conocer muchas cosas que por nosotros mismos, jamás llegarías a descubrir.

b)     La fe es un acto libre del hombre. El que cree, acepta y sigue voluntariamente a Dios, porque lo ama, y donde hay amor nunca puede haber imposición. Nadie puede obligar a otro a creer, y la fe nunca debe ser impuesta a la fuerza.

c)     La fe es necesaria para la salvación. El que no tenga fe, no se podrá salvar. Pero para alcanzar eta salvación, debemos perseverar en la vida de fe, cooperando activamente desde nuestra libertad para que la fe se desarrolle en nosotros.

d)     La fe es el inicio de la vida eterna; es principio de nuestra santificación. En la raíz y en la base de la vida cristiana, el primer fundamento es la fe. Por lo tanto, la fe debe ser una realidad que crezca en la persona hasta llegar a su meta: la comunión definitiva con Dios por toda la eternidad.

e)     La fe es acto personal, pero no es una experiencia aislada. La fe cristiana es eclesial. Eso significa que la fe no es algo que nosotros nos hayamos dado; nos la ha transmitido la Iglesia en el bautismo. Y por eso, la fe es experiencia comunitaria, donde todos nos apoyamos mutuamente. Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros, y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros.

 

 

SEGUNDA SECCIÓN

LA PROFESION DE LA FE CRISTIANA

 


CREO DE LOS APOSTOLES

 

Creo en Dios, Padre todopoderoso,

Creador del Cielo y de la tierra.

 

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,

que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,

nació de santa María Virgen,

padeció bajo el poder de Poncio Pilato,

fue crucificado, muerto y sepultado,

descendió a los infiernos,

al tercer día resucitó de entre los muertos,

subió a los cielos

y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso.

 Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.

 

Creo en el Espíritu Santo,

la santa Iglesia Católica,

la comunión de los santos,

el perdón de los pecados,

la resurrección de la carne

 y la vida eterna.

Amén.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CREDO NICENO CONSANTINOPOLITANO

 

Creo en un solo Dios,

Padre todopoderoso,

creador del cielo y de la tierra,

de todo lo visible y lo invisible.

 

Creo en un solo Señor, Jesucristo,

Hijo único de Dios,

nacido antes de todos los siglos:

Dios de Dios,

Luz de Luz,

Dios verdadero de Dios verdadero,

engendrado, no creado,

de la misma naturaleza del Padre,

por quien todo fue hecho;

que por nosotros los hombres

y por nuestra salvación

bajó del cielo,

y por obra del Espíritu Santo

se encarnó de María, la Virgen,

y se hizo hombre;

y por nuestra causa fue crucificado

en tiempos de Poncio Pilato;

padeció y fue sepultado,

y resucitó al tercer día según las Escrituras,

y subió al cielo,

y está sentado a la derecha del Padre;

y de nuevo vendrá con gloria

para juzgar a vivos y muertos,

y su reino no tendrá fin.

 

Creo en el Espíritu Santo,

Señor y dador de Vida,

que procede del Padre y del Hijo,

que con el Padre y el Hijo

reciben una misma adoración y gloria.

Y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia,

que es una, santa, católica y apostólica.

Confieso que hay un solo bautismo

para el perdón de los pecados.

Espero la resurrección de los muertos

 y la vida del mundo futuro.

Amén.

 

 

 

 

 

 

 

23. ¿De qué manera expresamos nuestra fe?

El contenido de nuestra fe es amplísimo, porque Dios y su Revelación son inabarcables e inagotables. Sin embargo, la Tradición de la iglesia ha creado unas oraciones que son como la síntesis de la fe cristiana. A estas oraciones-síntesis le llamamos “Profesiones de fe”, “símbolos de fe” o también “credos”, porque la primera palabra del símbolo es “creo”. A través de ellas la Iglesia nos enseña y nos transmite la fe.

 

24. ¿Cómo aparecen los símbolos de fe o credos?

El credo, que es la recopilación de las verdades de fe, aparece desde muy antiguo ligado al momento del bautismo. Los que iban a ser bautizados debían expresar en voz alta cual era el núcleo de la fe que iban a recibir de la Iglesia. Con el tiempo, este núcleo fundamental se fue desarrollando a medida que se acrecentaba la vida de fe en la Iglesia (la fe es la misma pero va creciendo su comprensión). Y el credo tiene la función de identificar a los creyentes, así como de garantizar su unidad en la fe.

 

25. ¿De qué manera está dividido el Credo?

De acuerdo a la estructura de la liturgia bautismal, el credo o profesión de fe se divide en tres partes: a) Creo en Dios Padre; b) Creo en Jesucristo su único Hijo; c) Creo en el Espíritu Santo. El Credo tiene, pues, una estructura trinitaria, y todos los demás artículos de la fe se van agrupando a estas tres partes fundamentales. Y por eso, recitar con fe el Credo es entrar en comunión con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, es entrar también en comunión con toda la Iglesia que nos transmite la fe y en el seno de la cual creemos

 

26. ¿Cuántos credos existen en la Iglesia?

A lo largo de la historia de la Iglesia han aparecido muchos símbolos de fe. Pero los más comunes son: el Credo de los Apóstoles y el Credo Niceno-constantinopolitano, ambos de origen muy antiguo.

 

 

 

CREO EN DIOS PADRE

 

27. ¿Quién es Dios?

Mediante su Revelación, Dios e nos ha dado a conocer. Y nos ha dicho que es Único, que no hay un solo Dios. El es nuestro primer origen y nuestro fin último. Él es quien da sentido y razón de ser a nuestras vidas. Y a pesar de lo que podamos decir, es y sigue siendo misterio. Y aunque Dios no deje de ser misterio, ha querido relacionarse con nosotros, los hombres, como amigos y nos ha hablado e invitado a participar en su vida.

 

28. ¿Qué nos dice la Sagrada Escritura acerca de Dios?

La Sagrada Escritura recoge lo que Dios mismo nos ha dicho acerca de El. En el Antiguo Testamento, Dios reveló su nombre a Moisés: “Yo soy el que soy” (Ex 3, 14). Esto significa que solo Dios Es: plenitud del ser, el que fundamenta todo lo que existe y que permanece para siempre. Y porque Dios es Ser en plenitud, y permanece para siempre, por eso es Dios fiel.

Dios es la Verdad misma, por tanto no puede engañar, ni tampoco obrar contra la verdad de las cosas que ha hecho; Dios no es irracional, en el sentido que haga cosas contrarias a su Designio. Dios no es arbitrario ni caprichoso.

Pero la Sagrada Escritura nos va a decir también que Dios es amor (1Jn 4, 16), que su ser mismo es el Amor y que su revelación y su reconciliación salvífica son fruto del intenso amor con que nos ama. Toda la realidad íntima de Dios, su realidad trinitaria, puede entenderse como comunicación de amor entre Padre, Hijo y Espíritu Santo e invitación de la Trinidad al ser humano a participar de este amor divino.

 

29. ¿Y qué de nuevo nos ha revelado Jesús acerca de Dios?

Jesús no solamente nos ha dicho todo lo anterior acerca de Dios, sino que nos ha revelado su misterio más íntimo: Dios es Trino. Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres personas distintas en un solo Dios. Este es el misterio de la Trinidad, misterio central de la vida cristiana, y un misterio en sentido estricto, es decir, que no lo habríamos conocido de no haber sido por la revelación de Jesús.

 

30. ¿Qué queremos decir cuando rezamos “Creo en Dios Padre”?.

Al decir que Dios es Padre, expresamos nuestra fe en que Dios es Origen de todo lo que existe y al mismo tiempo, bondad y amor que protege y cuida lo existente. Pero hay más. Dios es Padre en sentido real, no solo por ser creador, sino por ser el Padre de Jesucristo. Desde toda la eternidad, Dios es Padre. Ello significa que desde siempre está el Hijo, que es “consustancial” (de la misma sustancia) al Padre, y por lo tanto, Dios mismo. El Hijo tiene su origen en el Padre, y el Espíritu Santo tiene su origen en el Padre y el Hijo. Por eso la fe confiesa que Dios es único, pero no solitario: el Padre es Dios, el Hijo es Dios, el Espíritu Santo es Dios. Pero no hay tres dioses, sino un solo en tres personas distintas.

La fe en la Trinidad fue vivida desde el Principio por toda la Iglesia. En la escritura halló la enseñanza de Jesús sobre Dios Uno y Trino (ver Jn 1, 1ss; Lc 1, 26-38; Mt 28, 18-20; 2Cor 13, 13, etc). Al decirnos Jesús que Dios es Padre en sentido pleno nos está descorriendo el velo que cubre el misterio de la Santísima Trinidad.

 

31. ¿Qué características de Dios Padre señala el credo?

El Credo nos dice dos cosas específicas acerca de Dios Padre: que es Todopoderoso y que es Creador del cielo y de la Tierra.

 

32. ¿Por qué decimos que Dios Padre es Todopoderoso?

Llamar Todopoderoso a Dios Padre expresa su Dominio y Señorío Absoluto sobre el mundo, que ha sido creado pro El; pero expresa de manera especial ese poder a través de su amor creador y reconciliador: Dios puede persona y mover a la conversión a un corazón endurecido por el pecado. Dentro del marco de libertad en el que se desarrolla la relación entre Dios y el hombre, Dios Padre puede suscitar el arrepentimiento donde no lo hay, y reconciliar a los hombres. Por eso, la Escritura llama “nueva creación” a esta reconciliación que el Padre realiza por Jesucristo y que es pasar del no-ser del pecado a la plenitud de la vida de la gracia, haciéndonos hijos suyos.

 

33. ¿Es Dios Padre el Creador del cielo y de la tierra?

Sabemos que Dios Padre es Origen y Principio de todo cuanto existe, y por eso se le atribuye la creación del universo.

Pero en sentido estricto, la creación es obra común de la Santísima Trinidad. Esto lo dice la Escritura al señalar la acción creadora del Padre: “Y dijo Dios: Haya Luz” (Gén 1, 3), y también la creación como obra del Hijo: “Todo fue hecho por la Palabra (Jn 1, 2), y también la creación como obra del Espíritu Santo: “…Y el Espíritu de Dios aleteaba sobre las aguas” (Gén. 1, 2).

 

34. ¿Cómo ha creado Dios el mundo?

Podemos señalar algunas características del acto creador de Dios, como por ejemplo:

 

a)     Dios ha creado al mundo de la nada; es decir, lo que no existía ha parecido gracias al poder creador e infinito de Dios. Con esto se nos enseña una gran verdad: el mundo no es Dios, porque ha sido hecho por El. La creación del mundo, de la nada, es afirmación radical del monoteísmo.

b)     Dios ha creado el mundo de manera libre; nadie lo ha obligado. Y como Dios es Sabiduría y Verdad Absolutas, ha plasmado en el mundo un orden que se rige según su designio de salvación. Es lo que llamamos el Plan de Dios.

c)     Dios ha creado el mundo por amor; sin obligación ni exigencia alguna, ha querido comunicar su amor a otros eres para que participen den su fidelidad plena. El mundo ha sido creado para la Gloria de Dios… pero la gloria de Dios es el hombre que vive la Comunión divina.

d)     Dios ha creado al mundo bueno, lleno de belleza, de bondad y de armonía. En esto podemos ver que para nuestra fe, la creación es una realidad valiosa y positiva; nunca el cristianismo ha dicho que la creación sea algo malo y negativo, más bien es todo lo contrario.

e)     Dios ha creado el mundo para el hombre. Se lo ha dado para que en él y mediante él pueda realizarse y alcanzar su meta: la comunión divina y la plenitud humana. Por eso, en cuanto que es medio para su propia realización, el hombre no debe despreciar el mundo ni tampoco prescindir de él.

 

35. Al crear Dios el mundo, ¿lo deja parar que funcione como pueda, o más bien tiene una Preocupación especial por el mundo?

Dios ha creado el mundo, pero no lo ha dejado abandonado. Lo cuida y conserva para que se mantenga en la existencia. Dios mismo interviene en la creación disponiendo las cosas de tal manera que ésta –la creación- pueda alcanzar su plenitud definitiva. El cuidado y las disposiciones con las que Dios interviene para que el mundo y el hombre lleguen a su realización, es la Divina Providencia.

 

36. ¿De qué manera actúa la Providencia Divina?

El cuidado personal de Dios sobre sus creaturas (pues eso es la Providencia) es ejercida por Dios mediante la participación de las creaturas. Inclusive, Dios quiere que en su concurso libre, las creaturas colaboren para que el mundo pueda alcanzar su realización definitiva. Pero si bien este es el modo más común del actuar de la Providencia, no impide que en algún momento Dios pueda actuar directamente, pues El es Señor del mundo.

37. Y si Dios ha creado el mundo bueno y lo cuidamos con su Providencia, ¿por qué entonces existe el mal?

Ciertamente, Dios no ha creado el mal, ni se complace en su existencia. La creación no tiene aún la perfección final; se encamina hacia ella. Mientras tanto, deberá dejar todo aquello que aparece como imperfecto. Sin embargo, lo más grave es que por una decisión libre – y equivocada- las creaturas espirituales (ángeles y hombres) se apartaron de Dios e introdujeron el mal y la desgracia, algo mucho más que las imperfecciones propias de la creación. Es el pecado la causa de la existencia del mal, del dolor y de la muerte, y el origen de la tragedia que hace sufrir al hombre y al mundo.

La existencia del mal es un misterio; sin embargo, Dios ha sabido sacar del mal muchos bienes. En la muerte de Jesús en la cruz, a través de la que somos reconciliados, Dios ha querido esclarecer en algo la realidad del mal, que ha sido vencido por el amor del Señor Jesús.

 

38. ¿Qué significa que Dios es creador de cielo y tierra?

Significa que Dios ha hecho todo lo que existe, el universo visible e invisible, esto es, las cosas, los hombres y las creaturas invisibles que llamamos ángeles.

 

39. ¿Quiénes son los ángeles?

Los ángeles son creaturas espirituales, no corporales, que acompañan a Dios, lo glorifican y le sirven. En cuanto que son espirituales, son creaturas personales. Su función es la de ser los mensajeros de Dios. A través de ellos, Dios va dando a conocer su Plan de salvación y lo va realizando en la historia humana. Y por eso Jesucristo, que realiza el plan Divino, aparece como Señor de los Ángeles, puesto que ellos han sido creados por El y participan en la realización de la obra reconciliadora.

 

40. ¿Qué papel cumplen los ángeles en la vida de la Iglesia?

Así como Jesús se valió de los ángeles en la relación de la reconciliación, así también quiere que sigan ayudándonos a vivir en gracia y comunión. Por eso la Iglesia venera a los Ángeles como intercesores y protectores, y nos enseña que todo hombre es acompañado a lo largo de su vida por la presencia protectora de un ángel. Junto con los ángeles en el cielo, la Iglesia eleva su adoración y alabanza al único Dios.

 

41. ¿Cómo ha creado Dios al hombre?

Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza (ver Gén 1, 26). Por ser imagen de Dios, el hombre lleva en sí la huella, el reflejo de Dios que lo mueve a buscar a Dios y querer vivir la comunión con El; mientras que la semejanza implica el proceso dinámico por el cual el hombre, a través del don de Dios mismo, se va haciendo lo más igual posible a Dios. Y este don es el amor divino que nos llega como gracia.

 

42. ¿Qué características propias posee el hombre?

Del hecho de haber sido creado imagen y semejanza de Dios, el hombre presenta una serie de rasgos muy propios:

 

  1. Es un ser que en su unidad fundamental, presenta una dimensión corporal (cuerpo), una dimensión anímica o psíquica (alma) y una dimensión espiritual (espíritu). Se puede decir con San Pablo, que el hombre es unidad del cuerpo, alma y espíritu (ver 1Tes 5, 23), o también con la tradición más común, que es unidad de cuerpo y alma, entendiendo alma como el principio espiritual en el hombre.
  2. El ser humano ha sido creado como varón y mujer; la distinción de sexos querida por Dios al momento de crear a la humanidad, señala que el hombre está llamado a vivir la comunión y el encuentro con los otros, realizándose en la complementación con los demás, y especialmente con la mujer.
  3. El hombre es un ser social; su plenitud se alcanza en la medida en que vive y se comunica con los otros seres humanos. Y esta dimensión social es parte constituya del ser humano, pues refleja la realidad social de la Trinidad, de la que el hombre, por ser imagen y semejanza divinas, es reflejo.
  4. El hombre es persona. No es algo, sino Alguien. Posee inteligencia, voluntad y libertad y está llamado a su realización en y por el amor. Y esta vocación el hombre la realiza en el ejercicio de su libertad. En su libertad, el hombre puede expresar toda la grandeza de la vocación a la que Dios le ha invitado.

 

43. ¿De qué manera vivía el ser humano al principio de su historia?

Dios creó al hombre y lo invitó a participar de su misma vida divina. La vocación del hombre es la comunión con Dios, y por ella, la comunión consigo mismo, con los demás hombres y con la creación toda. Desde el primer momento de su existencia, el hombre vivía participando de esta comunión; por tanto, se encontraba en armonía con Dios; interiormente vivía la armonía de sí mismo como autodominio y autoposesión; vivía la armonía con los demás, y también con la creación. La Escritura nos presenta eta vida de gracia original y de armonía bajo la figura del Paraíso (Ver Gén. 2, 8ss).

 

44. Si todo era tan perfecto en un principio, ¿qué ocurrió para que todo eso se perdiese?

Lo que ocurrió fue que, en el principio de la historia, las creaturas espirituales, usando mal de su libertad, se apartaron de Dios y rompieron la armonía y la felicidad original. Es lo que nosotros llamaos el pecado de los orígenes.

 

45. ¿También los ángeles sufrieron una caída?

Sí. Algunos ángeles en vez de optar por Dios y por la dicha que les ofrecía eternamente, lo rechazaron y prefirieron vivir eternamente en odio y enemistad con Dios. Eso fue lo que pasó con Satanás, el jefe de los ángeles caídos. Al optar por el mal, Satanás y sus ángeles (los llamados demonios) viven el rechazo de Dios de manera total e irrevocable, y al odiar a Dios, odian también al ahombre y pretenden arrastrarlo hacia el mal y la desdicha a través del engaño y la seducción. La existencia del Diablo como ser personal (y no solo como un símbolo o personificación de un mal abstracto) es una verdad de fe, creída desde el principio en la Iglesia y por la Iglesia.

 

46. ¿Y Cómo fue la caída del hombre?

Al crear Dios a los primeros hombres los invitó a vivir su propia vida divina de amor, y así poder ser felices. Le dio la gracia para que pueda responder a esa invitación y realizarse como hombre. Y mediante el don de la libertad, cooperando con la gracia, podía alcanzar la comunión divina. Pero el hombre uso mal de su libertad, y se dejó engañar por Satanás (ver Gén 3, 1ss) y en vez de aceptar lo que Dios le decía, desobedeció, y rechazándolo se apartó de Él. Esto es lo que llamamos pecado original.

 

47. ¿Qué cosa es exactamente el pecado original?

La expresión pecado original designa dos realidades distintas, aunque relacionadas entre sí. En primer lugar, significa el pecado de nuestros primeros padres (que la Escritura designa como Adán y Eva), un pecado de desobediencia al mandato divino (ver Gén 2, 16ss). Las consecuencias de este pecado fueron: la ruptura del hombre a todo nivel. Si el hombre antes del pecado vivía en armonía con Dios, consigo mismo, con los demás y con la creación, ahora por el pecado vive la ruptura con Dios; sufre una quiebra en su interior, quedando como dividido; sus relaciones con los otros (en concreto, las relaciones entre Adán y Eva) ya no serán de amor y de entrega, sino de egoísmo y de enemistad; por último, la creación sufrirá las consecuencias del pecado del hombre: destrucción, desolación y desequilibrio. Por el pecado, el hombre queda inclinado al mal y desviado de su meta, que es Dios. Por el pecado la muerte se introduce en el mundo.

Pecado original significa también la condición de desgracia en la que nace todo hombre. Es la situación de lejanía de Dios y de ausencia de gracia que tiene todo hombre desde que nace como consecuencia del pecado de Adán. En efecto, Adán y Eva transmitieron esta condición a toda su descendencia, como consecuencia de su pecado. El pecado original, en este sentido, sería la herencia (negativa) que nos transmitieron nuestros primeros padres. Perdemos la semejanza, es decir, la gracia, y nuestra imagen queda como oscurecida y debilitada. Vivimos la inclinación desordenada al mal (concupiscencia) que nos jala al pecado. Pero si bien le pecado original es propio de cada uno, no es una falta personal; no es algo que yo haya hecho, sino más bien es algo que he recibido.

A veces nos preguntamos: ¿por qué el hombre es capaz de tanta maldad si ha sido creado bueno por Dios? En la doctrina del pecado original encontramos la respuesta. Pero sabemos que el pecado original no es invencible, y que en nosotros es borrado por el bautismo. El Señor Jesús ha derrotado al pecado, lo ha destruido y unido a Él, podemos vencerlo y desterrarlo de nuestras vidas. Pero para eso hemos de luchar contra el dinamismo propio del pecado y del demonio. La vida del hombres es una lucha permanente (ver Job 7, 1ss; 1Cor 9 25-27).

 

 

CREO EN JESUCRISTO, HIJO UNICO DE DIOS

 

48. Al pecar el hombre, ¿lo dejó Dios abandonado a su suerte?

Ciertamente que no. Dios Padre, en su gran misericordia, no solo no abandonó al ser humano, sino que a lo largo de los tiempos, fue preparando poco a poco a la humanidad para que en un momento muy esencial (la “plenitud de los tiempos” de la que habla San Pablo, ver Gál 4 4) viniese al mundo su Hijo, para reconciliar al hombre salvándolo del pecado y de la muerte y llevarlo de nuevo a la comunión con El. Y ese es Jesús nuestro Reconciliador y Salvador.

 

49. ¿Quién es Jesús?

Jesús es el Hijo único de Dios, la segunda persona de la Trinidad y por tanto, Dios mismo. El es la Palabra del Padre, su Verbo (ver Jn 1, 1) que, enviado por el Padre, se hizo hombre y habitó entre nosotros (ver Jn 1, 14). Por ser Dios e Hijo de Dios, es eterno y consubtancial (de la misma sustancia) que el Padre, y posee con El la misma divinidad. Por ser hijo de la Virgen María, es hombre como nosotros, y por eso, nuestro hermano.

Los nombres que damos a Jesús reflejan algo de su misterio. El nombre Jesús, significa “Yahvéh salva” y señala su condición de Salvador de los hombres. Al llamarlo Cristo (Ungido) indicamos que El es el Mesías, el esperado por Israel para salvar a la humanidad de sus pecados. El nombre compuesto Jesucristo quiere expresar esa dimensión de Salvador y Elegido por Dios (Cristo y Mesías significa lo mismo). Mientras que al llamarlo Señor, estamos señalando su divinidad. Por eso, cuando decimos “El Señor Jesús”, indicamos la realidad de Jesús en su condición humana, real e histórica, y su realidad divina por ser el Hijo de Dios. “Nadie puede decir ¡Jesús es Señor! Sino por influjo del Espíritu Santo” (1Cor 12 3).

Jesús es el centro de nuestra fe cristiana. Creer en El es lo que nos distingue. Y la catequesis no será otra cosa más que enseñar a creer y amar a Jesús, la razón y sentido de nuestra existencia.

 

50. ¿Qué significa decir que el Señor Jesús es el Verbo Encarnado?

Significa que el Verbo Hijo de Dios, la Segunda Persona de la Trinidad, se hizo hombre sin dejar de ser Dios y vino a vivir nuestra existencia humana. Esto es un hecho que ocurrió real e históricamente en un momento concreto de la historia humana, en un pueblo y una cultura específicos (Israel, siglo I, etc.). A este gran misterio le damos el nombre de Encarnación, que es central y distintivo de nuestra fe (Ver Jn 1, 14; Flp 2, 5-8; Hbr 10, 5-7; 1 Jn 4, 2).

 

51. ¿Por qué se encarnó el Hijo de Dios?

Al observar el Plan de Dios tal como nos ha sido manifestado por el Señor Jesús, podemos señalar algunos rasgos que nos indican el por qué de la Encarnación:

 

  1. El Hijo de Dios se encarnó para reconciliarnos con Dios Padre. Por el Pecado vivíamos la ruptura con Dios, con nosotros mismos, con los demás y con la creación toda. Pero por la Encarnación, Dios y el hombre están unidos íntima e inseparablemente en la persona de Jesús, que es Dios y hombre, y podemos nuevamente vivir la comunión con el Padre. La Encarnación es la primera reconciliación.
  2. El Hijo de Dios se encarnó para que pudiésemos conocer el amor de Dios. Podemos ahora saber cuánto nos ama Dios, si miramos al Señor Jesús.
  3. Por la Encarnación el Señor Jesús es nuestro modelo y medida de santidad. Él es el “Hagionormo”. Y él es quien nos manifiesta la plenitud de nuestra humanidad: ser hombre pleno es ser como Jesús.
  4. Por la Encarnación, además, el Señor Jesús nos hace partícipes de la naturaleza divina (ver 2Pe 1, 4) para poder vivir la comunión con Dios Padre y gracias al don del Espíritu Santo (Ver 2 Cor 13, 13).

 

 

52. El Señor Jesús, Verbo encarnado, ¿es hombre igual a nosotros?

Si. Por su Encarnación, Jesús es hombre igual en todo a nosotros, menos en el pecado (ver Hbr 4, 15). Eso significa que posee un alma y espíritu propiamente humanos, inteligencia y voluntad humanas; que ha sufrido, sentido y gozado como sufren, sienten y gozan los hombres: ha padecido sed (ver Jn 4, 1ss); ha llorado (ver Jn 11, 35); ha muerto (ver Jn 19, 30).

 

53. ¿Qué quiere enseñarnos el Credo cuando dice que Jesús “nació de Santa María Virgen?.

Nos enseña que María, la Virgen, es madre del Señor Jesús. Gracias a ella, a su Fiat (hágase en mí.,..) generoso, el Hijo de Dios se hizo hombre, se hizo hijo de María.

Al ser María la madre de Jesús, es por eso Madre de Dios, por ser madre del Hijo de Dios que es Dios mismo. Y siendo madre de Jesús, cabeza del cuerpo místico de salvación (la Iglesia)  es también madre de los miembros de ese cuerpo: ella es madre nuestra en el orden de la gracia (maternidad espiritual de María).

María ha sido elegida y predestinada por Dios Padre desde toda la eternidad para ser la madre de Jesús. Y por eso, Dios la llenó de la plenitud de la gracia, preservándola de todo pecado, incluso del original. Esto es lo que nos indica el saludo del Ángel Gabriel a María cuando le dice: “Alégrate, llena de gracia” (ver Lc 1, 28). Esta verdad de fe (la preservación de María del pecado original) es el dogma de la Inmaculada Concepción.

Por otra parte, en el mismo pasaje de la Anunciación (Lc 1, 26.-38) y en otros textos (Mt 1, 18-25) se deja ver que María ha concebido a Jesús por obra del Espíritu Santo sin intervención de varón. La maternidad de María es virginal, y la Iglesia ha proclamado como verdad de fe la Virginidad Perpetua de María, explicitada en la conocida fórmula “antes, durante y después del parto”.

Además, María, unida a su hijo el Señor Jesús, ha participado de su triunfo sobre la muerte, expresado en la resurrección del Señor. Por eso, Ella, por una gracia muy especial, se halla en el cielo, glorificada en cuerpo, alma y espíritu, gozando de Dios e intercediendo por nosotros sus hijos. A esta verdad de fe, le llamamos la Asunción Gloriosa de María.

 

54. ¿Por qué es tan importante la Virgen María?

María es importante porque ella muestra cuál debe ser la actitud del hombre ante Dios: la cooperación activa a la reconciliación que Dios nos ofrece. Al responder al ángel “Hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38) permite que se pueda realizar la encarnación, principio de nuestra reconciliación.

María es modelo de obediencia, de disponibilidad y de fidelidad a Dios y a su Plan. Ella, por ser Madre nuestra (maternidad espiritual) nos ayuda a ser semejantes a su Hijo, nos va conformando con el Señor Jesús, educándonos en la vivencia del amor que nos transforma. Y por último, María intercesora ante Dios por nosotros, es Madre y modelo de la Iglesia. Todo lo que es ella (toda santa, virgen fiel, pura, etc.) la Iglesia está llamada y encaminada a realizar.

 

55. ¿De qué manera nos ha salvado el Señor Jesús?

El Señor Jesús, por su Encarnación, nos salva viviendo una existencia humana. En ese sentido, la humanidad de Cristo es un sacramento, o sea, signo e instrumento de su divinidad y de la salvación que nos trae. Por lo tanto, toda la vida de Jesús es salvífica: todo lo que El hace, dice, enseña, etc. Apunta a que nuevamente vivamos la comunión perdida por el pecado, es decir, apunta a la reconciliación.

Los hechos que constituyen la vida del Señor reciben el nombre de los misterios de Jesús. En esos misterios, El se presenta como nuestro modelo de humanidad y nos muestra lo que es nuestro propio misterio. Con su predicación, nos habla del Reino de Dios que El viene a establecer en este mundo. Sus milagros manifiestan la presencia del Reino y nos abren a la fe en Jesús como Hijo de Dios y Salvador. Debemos asumir en nosotros los misterios del Señor para poder conformarnos a Jesús, especialmente en su estado fundamental de hijo de María, y al final poder decir con San Pablo: “Vivo yo, mas no yo: es Cristo quien vive en mí” (Gál 2, 20).

Sin embargo, aún cuando toda la vida del Señor Jesús es salvífica y reconciliadora, hay momentos muy especiales donde esa salvación reconciliadora se da de modo más pleno. Y el momento más importante de su salvación es el de su pasión, muerte y resurrección. Es lo que llamamos el misterio pascual.

 

56. ¿Cómo murió el Señor Jesús?

El Señor Jesús murió crucificado; fueron los jefes del pueblo judío, el Sumo Sacerdote Caifás y los miembros del Sanedrín quienes lo entregaron a los romanos para que lo ejecuten. Pero la muerte del Señor Jesús no fue ni accidente ni casualidad: él entrego su vida por nosotros (ver Jn 10, 17-18) cumpliendo de ese modo las profecías que anunciaban su sacrificio (ver Sal 21, 1ss; Is 53, 1-12 etc.), y realizando así el Plan reconciliador de Dios Padre: entregar su vida para reconciliarnos: “El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20, 28).

 

57. ¿Qué significado tiene la muerte de Jesús en la cruz?

La muerte del Señor Jesús en la cruz es un acto de obediencia filial que nos reconcilia. En efecto, el pecado, causa de la ruptura con Dios (y de las demás rupturas) se produjo por un acto de desobediencia. La reconciliación se ha producido por un acto de obediencia: “y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2, 8). La muerte en cruz de Jesús es, además, expresión de su gran amor por nosotros: “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Jn 15 13) y al mismo tiempo es expresión del amor de Dios Padre por nosotros: “Mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros” (Rm 5, 8).

Al morir en la cruz, el Señor Jesús ha tomado sobre sí todos nuestros pecados, y de ese modo nos ha limpiado y reconciliador. El no tenía pecado, era inocente; pero al cargar con nuestros pecados nos ha quitado la condena que pesaba sobre nosotros. El sacrificio del Señor nos ha hecho justos, posibilita que seamos regenerados completamente: es como una “nueva creación” del hombre, según lo que enseña San Pablo (ver 2Cor 5, 17).

 

58. ¿Murió verdaderamente Jesús?

Si. Esto significa que Jesús ha conocido el estado de muerte por el que todos los hombres hemos de pasar; y esto nos puede dar una idea del gran amor que El nos tiene. Jesús, Hijo de Dios y Dios mismo, ha sufrido la muerte por amor a nosotros, para librarnos del enemigo invencible de toda la humanidad. Pero Jesús “con su muerte destruyó a la muerte” y eso se ha realizado por la Resurrección.

Cuando rezamos el Credo y decimos del Señor Jesús que: “… descendió a los infiernos”, se quiere expresar que la muerte de Jesús fue verdadera y que se “reunió con todos aquellos que habían muerto antes de su Venida, para que reciban la gloria (el caso de los justos) o lo que merecieron los malos por sus pecados y por su rechazo de Dios. Decir que Jesús “descendió a los infiernos” es afirmar no solamente que murió de verdad, sino también que su salvación reconciliadora trasciende el tiempo y engloba incluso a los que existieron antes de su Venida (Encarnación).

 

59. Pero el Credo dice también que Jesús resucitó al tercer día., ¿Qué significa esto?

Significa que la muerte no ha sido el último acto en la existencia de Jesús. Ciertamente murió, pero resucitó, y con su resurrección destruyó el poder de la muerte y el pecado y de esa manera nos liberó y nos posibilito vivir la reconciliación definitiva.

La resurrección de Jesús es el acontecimiento en el que el Señor, que había muerto, vuelve a la vida. Pero no se trata de un “revivir” o retomar la existencia tal cual la había dejado. La vida de Jesús resucitado es una vida de gloria: su humanidad es una humanidad glorificada, que ya no cubre su dignidad, sino que más bien la irradia. Y la resurrección implica esta nueva existencia humana integral, plena, sin rupturas, y además para siempre. Con su resurrección, Jesús dio cumplimiento a las profecías que anticipaban este hecho (ver Sal 16, 10 y otros).

60. ¿Cómo debemos entender la resurrección de Jesús? ¿Es un hecho histórico?

La resurrección del Señor Jesús sí es un hecho histórico. El sepulcro vacío (ver Jn 20, 5-7) y la indicación de que este hecho ocurrió “al tercer día” indican las coordenadas de espacio y de tiempo en que se desarrollo tal acontecimiento. Las apariciones de Jesús, los testimonios que sobre El han dado los apóstoles y muchos otros, todo ello hace ver que la resurrección debe ser considerada como histórica: ocurrió efectivamente y se constata este suceso en nuestra historia humana objetiva.

Pero hay que decir además que si bien la resurrección es un hecho histórico, también es un hecho que trasciende la historia. Cristo resucitado ya no se circunscribe a un específico tiempo y espacio limitados y parciales: por su resurrección Cristo “abarca” todo lugar y todo tiempo, para que su reconciliación sea la más universal posible. De tal manera que hay que decir que la Resurrección de Jesús es al mismo tiempo histórica y metahistórica o trascendente. No se deben negar ni rechazar ninguno de esos dos aspectos.

 

61. ¿Qué alcances o consecuencias se siguen de la resurrección del Señor Jesús?

En primer lugar, la resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra fe, es la confirmación de lo que es Jesús, Dios hecho hombre, y la corroboración de todo lo que dijo e hizo. Pro eso, San Pablo enseña que: “Si Cristo no resucitó, vana sería nuestra fe” (1Cor 15, 14ss).

En segundo lugar, la resurrección de Jesús indica la condición actual y permanente del Señor: El se encuentra junto con el Padre y el Espíritu Santo, pleno de gloria, pero como hombre, es decir, en su realidad corporal, anímica y espiritual realizada de modo perfecto. Jesús es y será por toda la eternidad Dios-hombre glorificado, y eso es debido a su Resurrección.

En tercer lugar, la Resurrección de Jesús produce un doble efecto: por una parte, nos libera del poder del pecado y de la muerte; por otro lado, nos ofrece el acceso a una nueva vida, en la que podremos vivir los frutos de la reconciliación.

Y por último, la Resurrección, de Jesús es garantía de nuestra propia resurrección. Si estamos unidos al Señor Jesús, podremos resucitar con El y vivir la vida eterna. ¿Cómo nos unimos a Jesús?. En primer lugar, por el bautismo; pero de manera especial, en la Eucaristía, donde recibimos a Cristo resucitado y glorioso, prenda de la vida eterna y de la resurrección.

 

  1. 62.          ¿Y qué significa lo que dice el Credo: “Subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre Todopoderoso”?.

Este hecho, al que llamamos la Ascensión del Señor, indica que a los cuarenta días de su resurrección, Jesús retornó nuevamente junto a Dios Padre, de donde había venido (ver Jn 16, 28) y allí se encuentra ejerciendo su soberanía y su cuidado sobre el mundo, hasta el fin de los tiempos.

La Ascensión de Jesús significa, entre otras cosas, nuestra posibilidad de estar junto a Dios en nuestra realidad de hombres. En efecto, toda nuestra realidad humana (no sólo una parte) está invitada a la Comunión y a la felicidad plenas. El que Jesús, en su Cuerpo y humanidad gloriosas, se encuentre en el Cielo, es la garantía de que nosotros también podremos participar de esa vida.

Por otra parte, la Ascensión es un misterio de Amor. Jesús resucitado y glorioso, en el cielo, continuamente intercede y pide a Su Padre por nosotros. El que está en el cielo, es decir, quien ha participado ya del misterio de la Ascensión de Jesús, se une al amor intercesor de Jesús por los hombres, sus hermanos.

 

 

63. ¿Volverá Jesús?

Sí. Al final de los tiempos, cuando lleguemos al último momento de nuestra historia, el Señor vendrá nuevamente, eta vez en toda su gloria y poder. A este momento le damos el nombre de parusía, o Segunda Venida del Señor Jesús.

Con su muerte, resurrección y ascensión, el Señor Jesús derrotó el mal y el pecado e instauró su Reino en nuestro mundo. Pero tanto la derrota del mal como la instauración del Reino tienen que hacerse absolutas. Y esto es lo que sucederá al final de la historia. La Escritura nos enseña que en este último momento la Iglesia pasará por momentos muy difíciles y se verá muy probada en su fe; pero el que persevere hasta el fin, ese se salvará. La venida de Jesús será la expulsión definitiva del mal y de la muerte, así como el inicio de la vida eterna y bienaventurada, la Comunión con Dios Uno y Trino.

Hasta que esto suceda, la Iglesia vive en la espera activa del Señor Jesús, cooperando con la gracia para que se realice el designio de Dios sobre nuestro mundo y procurando ser fiel en todo momento. La oración de la Iglesia: Maranatha (¡Ven Señor Jesús!) es expresión de esta espera activa.

 

 

 

 

 

CREO EN EL ESPIRITU SANTO

 

64. ¿Quién es el Espíritu Santo?

El Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, ES Dios al igual que el Padre y el Hijo son Dios. Por tanto, el Espíritu Santo recibe la misma adoración que tributamos al Padre y al Hijo.

Así como Jesucristo es el Verbo, la Palabra del Padre hecha hombre, el Espíritu Santo es el Amor del Padre. El Espíritu Santo procede eternamente del Padre y del Hijo como Amor que une y comunica, que realiza de manera total la Comunión. Y así como el Hijo es enviado por el Padre para realizar una misión en el mundo, así también el Espíritu Santo es enviado por el Padre y por el Hijo para el cumplimiento de una misión.

 

65. ¿Cuál es la misión encomendada al Espíritu Santo?

Ante todo, hay que señalar que la misión del Espíritu Santo está muy ligada a la misión del Señor Jesús. Si la tarea de Jesús es la Revelación del Padre, el Espíritu nos lleva a la comprensión de la reconciliación, el Espíritu tendrá como tarea la actualización y plenitud de esa reconciliación en el presente y para todos los tiempos. Si por los misterios reconciliadores del Señor podemos amar a Dios, el Espíritu Santo, que es Amor, nos transforma y hace que efectivamente lo amemos.

Podríamos decir que la misión del Espíritu Santo es la de hacernos vivir el amor de Dios que ha sido derramado en nuestros corazones por El mismo (ver Rom 5, 5). En otras palabras, la misión del Espíritu Santo es la santificación de los hombres.

 

66. ¿Y cómo se ha desarrollado esta misión a lo largo de la historia de la reconciliación?

Desde el primer momento de la historia, el Espíritu Santo se hallaba presente. Así, el Espíritu está en el momento de la creación, sobre las aguas (ver Gén 1, 2). La nube luminosa que guiaba a los israelitas por el desierto ha sido entendida como la presencia del Espíritu que orienta e ilumina (ver Ex 40, 36-38). Los profetas anuncian la salvación de Dios y predicen que el Mesías será Aquel que esté lleno de Espíritu Santo (Is 61, 1-2). Justamente, la efusión del Espíritu Santo que transforme los corazones indicará la llegada de la salvación reconciliadora (ver Ez 36, 25-28).

El Señor Jesús es el hombre lleno del Espíritu Santo (ver Lc 4, 16ss); ha sido concebido por obra del Espíritu Santo en María, la Virgen (Lc 1, 35ss); es llevado por el Espíritu (Ver Mt 4, 1ss) y sus milagros los realiza por el poder del Espíritu (Ver Mt 12, 28). A los apóstoles promete enviarles el Espíritu Santo (ver Jn 15, 26 y par). Y esta promesa se cumple el día de Pentecostés, cuando el Espíritu desciende sobre los Apóstoles reunidos en torno a María, la madre de Jesús (ver Hchos 2, 1ss). Pentecostés aparece como la antítesis de la escena de la torre de Babel (ver Gén 11, 1ss) donde el pecado llevó a la ruptura-división entre los hombres; en Pentecostés, es el Espíritu el que unifica, reconcilia a quienes el pecado había dispersado.

A lo largo de nuestra historia, el Espíritu Santo irá realizando la reconciliación: reconciliará a Dios con el hombre que vivirán unidos en el amor (jl 3, 1ss); reconciliará al hombre en su interior por medio de la presencia del Espíritu de amor (ver Ez 36, 26-28); reconciliará a los hombre entre sí, que vivirán en paz y en unidad (ver Hcho 2, 1ss) y transformará la creación haciéndola participar de la obra reconciliadora (Ver Rom 8, 19-24).

 

67. ¿Cómo es representada el Espíritu Santo en la Escritura?.

Hay muchísimos símbolos que representan al Espíritu Santo y que indican su presencia permanente a lo largo de toda la historia de la reconciliación: es representado por el agua, que sacia la se de vida eterna (ver Jn 7, 38); también por el fuego (ver Hchos 2, 1ss) porque el Espíritu transforma lo que toca; es representado por la nube que desciende y cubre (ver Lc 1, 35; Lc 9, 34ss) señalando la trascendencia de Dios respecto a los hombres;  pero la transcendencia de Dios respecto a los hombres;  pero la representación más tradicional es la paloma, que indica el descenso del Espíritu Santo sobre Jesús al ser bautizado por Juan (ver Mt 3, 6ss) y también el descenso de Dios sobre la nueva creación (así como la paloma que Noé envió desde el arca y se posó sobre la tierra limpiada del pecado por el Diluvio, (ver Gén 8, 8-12).

Esto nos hace ver que la presencia del Espíritu Santo es constante en la Biblia y en el cielo reconciliador. Y así como lo vemos en la Escritura santificando a los hombres, en estos momentos cumple esa misma función a través de la Iglesia. En efecto, la Iglesia es la prolongación de la acción reconciliadora del Señor Jesús y de la acción santificadora del Espíritu Santo.

 

68. ¿Qué es la Iglesia?

En sentido etimológico, Iglesia (del griego Ekklesia) significa “convocación”. Designa la asamblea de los llamados por Dios. Para nosotros, cristianos, aun cuando la palabra Iglesia tenga este sentido, supone mucho más. Porque la Iglesia es en sí misma un misterio, y por tanto no puede ser englobada en una sola definición. Por eso, para poder hablar con propiedad de la Iglesia, será necesario profundizar en el significado del misterio como tal.

 

69. ¿Y qué significa que la Iglesia es misterio?

Cuando en la Escritura se habla del misterio, eso significa en primer lugar el designio de salvación de Dios oculto a los hombres (ver 1Cor 2, 7-9), y también significa la realización de esa salvación en y por el Señor Jesús (ver Ef 3, 5); en última instancia, Cristo es el misterio de Dios (Col 1, 27). Por ultimo, la Iglesia, en cuanto es concreción del plan de salvación en Cristo, es también llamada misterio (ver Ef 3, 6).

Por tanto, al decir que la Iglesia es misterio, afirmamos que en cuanto asamblea de los que creen en Cristo, es instrumento de la salvación de Dios. La Iglesia es Pueblo de Dios y como pueblo realiza el designio reconciliador de Dios para con toda la humanidad. Pero en cuanto que refleja a Cristo y lo hace presente, la Iglesia es el Cuerpo místico de Cristo. Y en cuanto que la Iglesia nace por el envío del Espíritu Santo en Pentecostés, la Iglesia es también Templo del Espíritu Santo.

Pueblo de Dios, Cuerpo místico de Cristo y Templo del Espíritu Santo, son figuras que describen a la Iglesia y nos dan una idea de su ser. Pero no agotan la realidad de la Iglesia, y por eso puede ser describa con muchas más figuras.

Y por ser un misterio, la Iglesia es al mismo tiempo el signo o sacramento de la unión de los hombres con Dios, así como también de la unión de los hombres entre sí. De la realidad de la Iglesia como misterio, se sigue además que ella (la Iglesia) es al mismo tiempo visible e invisible; santa y compuesta por pecadores; celestial y terrena, peregrinando por el mundo al encuentro definitivo con Dios.

 

70. ¿Qué otras figuras nos describen a la Iglesia?

La Biblia describe a la Iglesia a través de diversas figuras o símbolos: la Iglesia es como un redil donde las ovejas están a salvo (Jn 10, 1ss) o como un rebaño cuyo pastor es el Señor Jesús (Jn 10, 14-16). También la Iglesia es como un campo de labranza (1 Cor 3, 9) o como una vida cuyo tronco es Cristo y nosotros somos sus sarmientos (Jn 15, 1-5). La Iglesia es como una casa (1Tim 3, 15) o edificaciones (1Cor 3, 9) donde Cristo es la piedra angular y los cristianos son piedras vivas; también la Iglesia es llamada “madre” (Gál 4, 26) y esposa de Cristo (Ef 5, 25-32). Todas estas figuras o símbolos nos presentan diversos aspectos de la realidad inagotable de la Iglesia.

 

71. ¿Cómo se origina la Iglesia?

El origen de la Iglesia está en la Santísima Trinidad: en efecto, la Iglesia se origina del designio de salvación del Padre, que desde la creación ha querido convocar a todos los hombres en torno a su Hijo; y aún cuando el pecado llevó a los hombres a la ruptura, Dios nos dejó de insistir en su empeño reconciliador y es Abraham dio origen a un pueblo que congregará y uniera a toda la humanidad y por el cual se alcanzara la salvación (Ver Gén. 12, 1ss). Al elegir a Israel como a su Pueblo, y al realizar su Alianza con él, Dios Padre mostraba su deseo de salvar a la humanidad mediante un Pueblo que portara su reconciliación.

Y junto al designio de salvación de Dios Padre, la Iglesia se origina de la misión reconciliadora del Señor Jesús, quien al venir al mundo, predicó la Buena Nueva y el Reino de Dios (Ver Mc 1, 15). Pues bien, el Reino presente en el mundo de manera inicial es la Iglesia. El Señor Jesús es el fundador de la Iglesia, a lo largo de un proceso que se inicia en la Anunciación-Encarnación (La Iglesia es concebida), se desarrolla a lo largo de la vida publica de Jesús en la elección de los apóstoles, las enseñanzas que Jesús les imparte, en la promesa del Primado que otorga a Simón Pedro (LA Iglesia se va cimentando), y nace por medio de la entrega de Jesús en la Cruz, vivida anticipadamente en la Eucaristía. Por último, la Iglesia se manifiesta públicamente en Pentecostés (ver Hchos 2, 1ss).

Al designio de salvación del Padre y la misión del Hijo, se suma el origen de la Iglesia mediante la misión del Espíritu Santo. Al descender sobre los Apóstoles el día de Pentecostés, el Espíritu manifiesta a la Iglesia ante todos los pueblos del mundo y la envía a la misión de anunciar la Buena Nueva del Señor Jesús. Y el Espíritu Santo sigue presente en la Iglesia, santificándola con sus dones, guiándola hasta el encuentro definitivo con el Padre.

 

72. ¿Qué son las propiedades de la Iglesia?

Son atributos que posee la Iglesia y que señalan diversos rasgos esenciales de su ser y de su misión. Han sido otorgadas por Jesús mediante el Espíritu Santo y se destacan de modo muy especial cuatro de ellas: la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad. Nuestra fe nos lleva a confesar a la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica.

 

73. ¿Por qué decimos “La Iglesia es una”?

Cuando decimos que la Iglesia es una, queremos indicar que tiene su origen en Dios uno y Trino, misterio de comunión y de unidad; que su fundador es uno y único, el Señor Jesús, que no  fundó más que una sola Iglesia; que el Espíritu Santo, presente en la Iglesia; la lleva a vivir el misterio de la unidad. La Iglesia es una porque Jesús por su muerte en la cruz, nos reconcilió y nos unió formando un solo pueblo.

Pero si bien la unidad es una realidad que ya poseemos y vivimos, debe ser realizada en plenitud. Para eso, el Espíritu Santo da sus dones y mueve a los miembros de la Iglesia a superar las divisiones existentes, así como mueve también a todos los cristianos a buscar la unidad en la verdad y en el amor, siguiendo las palabras del Señor: “Que todos sean uno, como Tú, Padre, en mí y yo en Ti” (Jn 17, 21).

 

74. ¿Cuáles son los vínculos de la unidad de la Iglesia?

Los vínculos de la unidad son elementos a través de los cuales la Iglesia se presenta como una. Como elementos visibles de la unidad, tenemos:

  1. La fe, que es una sola y que hemos recibido de los apóstoles. Todos en la Iglesia, profesamos la misma fe.
  2. La celebración común del culto, especialmente de los sacramentos.
  3. La autoridad que dirige a la Iglesia, que es única y que conserva y protege la unidad de la Iglesia.

 

El vínculo invisible de la unidad de la Iglesia es la caridad, que une a todos los fieles en el amor de Cristo. Y estos vínculos visibles e invisibles están bellamente sintetizados en la Eucaristía, signo magnifico de unidad.

 

75. ¿Qué cosas dañan o destruyen la unidad de la Iglesia?

Los pecados que cometemos, al ser rechazo de la caridad, redundan en perjuicio de la Iglesia y dañan su unidad. Pero la unidad de la Iglesia sufre de manera muy fuerte cuando se produce el cisma (separación y ruptura con la Iglesia por razones disciplinarias); la herejía (separación y ruptura por rechazar o negar alguna parte de la fe de la Iglesia) y la apostasía (es renegar totalmente de la fe). Estas acciones son gravísimas y tienen como consecuencia la exclusión de la comunión (= común unión) de la Iglesia.

 

76. Y a esta unidad de la Iglesia, ¿están también invitados los cristianos que no son católicos?

Si. Aquellos que creen en Cristo, pero que viven alejados de la unidad, están invitados a recuperar esta comunión con y en la Iglesia Católica. Y esta búsqueda de unidad y reconciliación de todos los cristianos entre si recibe el nombre de ecumenismo.

Puesto que la unidad que Cristo concedió desde el principio a la Iglesia... Subsiste en la Iglesia católica (Decreto Unitatis redintegratio, n.4) es en ella donde debe realizarse esta unidad de todos los cristianos. Pero se debe tener en cuenta que “este santo propósito de reconciliar a todos los cristianos en la unidad de la única Iglesia de Jesucristo excede las fuerzas y la capacidad humana” (UR 24). Por ello es necesario rezar mucho al Señor y poner lo necesario de nuestra parte para alcanzar esta ansiada unidad.

 

77. ¿Por qué decimos que la Iglesia es santa?

La Iglesia es santa porque Jesús, su fundador, es santo; es santa porque el Espíritu Santo que la vivifica es santo y la hace participes de la santidad divina; es una santa porque posee los medios adecuados para santificar a sus miembros: fe, oración, sacramentos, instituciones, etc. Es santa, en última instancia, porque en ella se refleja y brilla la santidad de Dios Trinidad Santa, que por medio de ella ha querido santificar a todos los hombres.

La santidad de la Iglesia no es algo que tenga por sí misma, sino una realidad que recibe del Señor Jesús a través del Espíritu Santo. Por eso, mientras más unida se halle a Jesús, más santa será. Posee la santidad, pero esa santidad es todavía imperfecta y debe crecer hasta alcanzar su plenitud.

 

78. ¿Pero acaso no es cierto que a veces vemos mucho pecado en los católicos? ¿Cómo podemos decir entonces que la Iglesia es santa?

Es cierto que en la Iglesia, sus miembros son pecadores y necesitamos de conversión. Pero es que Jesús no vino por los sanos, sino por los enfermos (ver Mt 9, 12) y ha llamado a los pecadores a la Iglesia para santificarlos y renovarlos. Por eso la Iglesia mientras existía, tendrá en sí buenos y malos, estará conformada por justos que deben ser más justos y pecadores que necesitan conversión. Pero, debido a que en ella se encuentran  Jesús y el Espíritu Santo reconciliando y santificando a los hombres, seguirá siendo siempre santa, aún cuando en su seno haya pecadores, e incluso a veces, muchos pecados.

 

79. ¿Podemos constatar de manera visible la santidad de la Iglesia?

La santidad de la Iglesia se deja ver, entre otras cosas, a través de hombres y mujeres que se han conformado plenamente con Jesús en sus vidas y son como una imagen viva de la santidad de Dios mismo. A estas personas, la Iglesia los canoniza, es decir proclama de manera solemne su santidad y promueve su veneración e imitación para ayudar a los fieles a asemejarse cada vez más con el Señor Jesús. Los santos son la prueba palpable de que la plenitud de la santidad se halla en la Iglesia, y de que es posible ser santo. Y en Santa María, la Madre de Jesús, la Iglesia encuentra su modelo acabado y perfecto de santidad: es Ella (María) la Iglesia es ya enteramente santa.

 

80. ¿Por qué decimos que la Iglesia es católica?

La Palabra “católico” significa “universal”, pero con el sentido de “totalidad”. Al decir que la Iglesia es católica, queremos decir que en ella el Señor Jesús está presente de manera total y plena; que en ella se encuentra la plenitud de la salvación y los medios para obtenerla; en fin, que en la Iglesia se halla la totalidad de la fe, no solo una parte de ella, por muy grande que sea. Desde el primer día de su existencia, cuando la Iglesia estaba conformada por un puñado de personas, ya era plenamente católica en este sentido.

“Católico” significa también universal en el sentido geográfico o espacial del  término. Por ser católica la Iglesia ha recibido el mandato de Jesús de hacerse presente en todo el mundo, en todos los pueblos y a todos los hombres (ver Mt 28, 18-20).

 

81. ¿Quiénes pertenecen a la Iglesia Católica?

Propia y plenamente, los bautizados que poseen el Espíritu de Cristo, profesan la fe, los sacramentos y son guiados por los pastores que el Señor instituyó en su Iglesia. Todos estos, junto con los catecúmenos, conforman la Iglesia Católica.

 

82. ¿Y los no católicos y no cristianos, ¿Qué relación tienen con la Iglesia Católica?

Los no católicos son aquellos que no profesan totalmente la fe de la Iglesia Católica ni viven en común con ella. Pero no son ajenos a la Iglesia; están relacionados o ligados por la común posesión del bautismo, del celo y veneración por la Escritura, y en el caso de los ortodoxos, de una cercanía tan grande que poco faltaría para que se dé la comunión plena.

Los no cristianos están orientados u ordenados de diversas maneras a la Iglesia: en primer lugar, los judíos, pues a ellos Dios les dio sus promesas, Su palabra y por la Elección como Pueblo Elegido. De ellos proviene Jesús, según la carne (ver Rom 9, 5). También los musulmanes, quienes comparten con nosotros la creencia en el único Dios. Pero también las otras religiones, en la medida en que buscan con sinceridad a Dios y se esfuerzan por la práctica del bien, encuentran en ello una orientación que las relaciona a la Iglesia.  De esta manera, en torno a la Iglesia, ordenadas a ella o vinculadas a ella, los hombres tratan de buscar su unidad y su salvación, y por eso la Iglesia aparece como “mundo reconciliado”, o lo que es lo mismo: “signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de los hombres entre sí” (ver S. Agustín, serm. 96, 7-9; Const. Dogmática “Lumen Gentium” n.1).

 

83. ¿Qué consecuencias se siguen de la catolicidad de la Iglesia?

De la Catolicidad de la Iglesia, se siguen dos consecuencias concretas:

  1. En primer lugar, por ser “católica”, la Iglesia aparece como el medio necesario de la salvación, ya que en ella está el Señor Jesús, que es la salvación en plenitud. Y esta salvación llega a los hombres mediante la Iglesia. Es decir que, si un miembro de otra región puede salvarse, ello se debe a que al estar orientado obligado a la Iglesia, participa en cierto modo de Cristo y su salvación gracias a eta cierta vinculación con la Iglesia. Este es el sentido de aquella famosa expresión: “Fuera de la Iglesia no hay salvación”, que equivale a: “Toda salvación se dan en Cristo por medio de la Iglesia”.
  2. En segundo lugar, de la “Catolicidad” de la Iglesia se desprende su carácter misionero. En efecto, sí la Iglesia posee la plenitud de la salvación, es una exigencia del Señor Jesús el llevar a todos los hombre esta salvación. De la esencia de la Iglesia es el ser misionera.

 

84. ¿Por qué decimos que la Iglesia es apostólica?

Al decir que la Iglesia es apostólica, queremos señalar que Jesús la han fundado sobre los Apóstoles que El eligió (ver Mt 10, 1ss); también se indica que la Iglesia guarda, enseña y profundiza en la Buena Nueva de Jesús tal como fue recibida y predicada por los Apóstoles; y por último, que sigue siendo guiada por los apóstoles en la persona de sus sucesores, esto es, el Papa y los obispos. Decir “La Iglesia es apostólica” es afirmar que se trata de la misma Iglesia que fundó el Señor Jesús.

 

85. ¿Qué exigencias se sigue del hecho de la apostolicidad de la Iglesia?

Si la Iglesia es apostólica, entonces sigue guiada por los apóstoles mediante sus sucesores. De aquí podemos concluir como exigencia concreta la fidelidad a los sucesores de los apóstoles, esto es, el Papa y los Obispos, porque ellos continúan la tarea que el Señor Jesús encargó a los Doce.

Por otra parte, de la apostolicidad de la Iglesia se desprende el compromiso de trabajar –según sea la condición de cada uno- en la tarea encomendada a los apóstoles. Y esta tarea es el apostolado. Todo tenemos el deber de anunciar y propagar la Buena Nueva para la extensión del Reino por toda la tierra.

 

86. ¿Cómo está constituida la Iglesia?

En la Iglesia, todos sus miembros, por el bautismo, gozan de una igualdad fundamental. Sin embargo, el Señor Jesús estableció en su Iglesia diversas funciones y ministerios, de tal manera que unos tienen como tarea el guiar y dirigir al Cuerpo místico de Cristo, y otros son guiados y cumplen una función propia y particular.

Podemos hacer la siguiente analogía: la Iglesia es el Cuerpo místico de Cristo, del cual el mismo Señor Jesús es la Cabeza. De igual manera por el bautismo los creyentes se incorporan al cuerpo místico de Cristo como miembros suyos: esos son los laicos. Pero hay otros miembros que, a través del sacramento del Orden se unen con Cristo-Cabeza y tienen la tarea de guiar a todo el Cuerpo, es decir, a la Iglesia. Estos constituyen la Jerarquía: el Papa, los obispos y sus colaboradores, los presbíteros y los diáconos. Por tanto, la Iglesia está constituida por los laicos y la jerarquía; de esa manera está estructurado el Cuerpo místico de Cristo.

 

87. ¿Qué es la Jerarquía de la Iglesia y quiénes la constituyen?

La Jerarquía es el grupo de aquellos que, en la Iglesia, por especial llamado del Señor Jesús, ejercen la autoridad en nombre del Señor y así guían a la Iglesia. La Jerarquía posee el ministerio eclesial, que es conferido por el Señor a través de un sacramento: el Orden, que les permite actuar “como si fueran la persona de Cristo” (“in persona Christi”) y por eso anuncian la Buena Nueva, santifican y dan la gracia y gobiernan a la Iglesia en representación del Señor Jesús.

El ministerio eclesial está al servicio de la Iglesia; tiene carácter colegial (es dado a un grupo, y se ejerce grupalmente) y también carácter personal (es conferido a personas concretas y  se ejerce personalmente). La Jerarquía está constituida por el Papa, los obispos, y los colaboradores inmediatos de los obispos en el ministerio eclesial, que son los presbíteros y los diáconos.

 

88. ¿Quién es el Papa?

Vemos en los Evangelios cómo Jesús, al llamar a los apóstoles, le confió a Pedro la autoridad suprema de la Iglesia, prometiéndole en primer lugar ser el fundamento sobre el cual se apoyaría la Iglesia: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia…” (Mt 16, 16ss), y entregándole definitivamente la autoridad: “Apacienta mis corderos… Apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17). Por este encargo, Pedro tiene el deber de guiar a la Iglesia y confirmar la fe de sus hermanos (Lc 22, 31-32). Por eso, en la vida de la naciente Iglesia, aparece siempre Pedro llevando en sus manos la autoridad: es siempre el primero en ser nombrado en todas las listas de los apóstoles (ver Mt, 10, 1ss; Lc 6, 14; Hch 1, 13ss, etc.), el primero en hablar en las asambleas (ver Hch 1, 15;  2, 14; 3, 12); preside el concilio y dirige la conversación  (Hch 15, 7ss) y su autoridad es indiscutible. Son los Doce quienes han recibido el ministerio y la guía de la Iglesia, pero de entre ellos, Pedro es la autoridad máxima.

Pues bien, el Papa es el sucesor de Pedro en el gobierno de la Iglesia. Como tal, es el Vicario de Cristo y Cabeza visible de la Iglesia. El Papa, que es al mismo tiempo el Obispo de Roma, es el Supremo Pastor y Doctor de la Iglesia, su máximo Jefe y guía, y tiene la tarea de ser el fundamento visible de la unidad de la Iglesia. Por lo tanto, su función está al servicio de la unidad del Pueblo de Dios.

 

89. ¿Qué tareas o funciones desempeña el Papa en la Iglesia?

El papa posee un triple ministerio de enseñar, santificar y gobernar conferido por el Señor Jesús de una manera eminente. Por lo que se refiere a su ministerio de enseñar, el Papa, en ciertas ocasiones muy especiales (magisterio extraordinario pontificio) goza a título personal de privilegio de la infalibilidad. Es decir: cuando desea definir como revelada una doctrina sobre fe y moral, y cuando la proclama de modo solemne, recibe la asistencia del Espíritu Santo que lo preserva de caer en el error. Esto es lo que se llama infalibilidad pontificia, y se halla al servicio de la verdad que debe recibir el Pueblo de Dios para vivir la libertad de los hijos de Dios (ver Jn 8, 32). Mientras que en su enseñanza común (magisterio ordinario) el Papa propone a los fieles las enseñanzas que conducen a una mejor comprensión de la Verdad revelada. Los fieles deben escuchar la voz del Santo Padre y adherirse filialmente a sus enseñanzas.

Por su ministerio de santificar, el Papa, con su autoridad propone a la Iglesia los mejores modos de vivir la gracia; ofrece a través de las canonizaciones y beatificaciones, modelos de santidad para la vida de los fieles. Por su ministerio de gobernar, el Papa ejerce su autoridad sobre toda la Iglesia, guiándola en la unidad de la fe y de la caridad. Su autoridad, así como su cuidado por la Iglesia, se expresa en el nombramiento de nuevos obispos, la creación de nuevas iglesias y la ayuda a la solución de problemas y dificultades en la Iglesia universal.

 

90. ¿Quiénes son los obispos?

Los Obispos son los sucesores de los apóstoles en el ministerio eclesial. A los apóstoles, el Señor Jesús les otorgó la autoridad para guiar la Iglesia (Ver Mt 18, 18; 28, 18-20) y los obispos tienen esa misma tarea. Por eso, ellos (los obispos) cumplen con la misión de gobernar sobre la porción del Pueblo de Dios que se les ha confiado, mediante el triple ministerio de enseñar, santificar y gobernar.

 

91. ¿Cómo desarrollan los Obispos su ministerio pastoral?

En cuanto al ministerio de enseñar, el Obispo es maestro autentico de la fe en su Iglesia particular, y en la medida en que está unido a los demás Obispos y en común con el Papa, es maestro de la fe de la Iglesia. Por tanto, propone la autentica fe de la Iglesia cuando expresa la enseñanza común de la Iglesia una.

Y cuando todos los obispos se unen con el Papa para proclamar como verdad revelada una doctrina de fe y costumbres (por ej. En un Concilio ecuménico) gozan colectivamente de la infalibilidad, aún cuando no posean personalmente ese privilegio.

Por su ministerio de santificar, los obispos son los administradores de la gracia de Dios. Poseen la plenitud del sumo sacerdocio, y a través de la celebración de los sacramentos, santifican al Pueblo de Dios, tanto de modo personal, como también a través de la ayuda de su colabores, los presbiterios y los diáconos.

Por su ministerio de gobernar, guían a la Iglesia conduciendo las Iglesias particulares a ellos encomendadas, con una autoridad efectiva, si bien está regulada por la autoridad el Papa. Pero los obispos no gobiernan la Iglesia como ejecutivos del Papa; al contrario, la autoridad universal del Papa confirma y tutela la autoridad episcopal.

 

92. ¿Y qué es el colegio episcopal?

El colegio episcopal es la reunión de todos los obispos de la Iglesia con el Papa, que es su Cabeza. Así como Pedro y los demás apóstoles estaban unidos formando una asamblea estable (colegio), así también están reunidos el Papa con los demás obispos.

En la Iglesia católica, el colegio episcopal, en cuanto constituido por muchos miembros, indica la diversidad del Pueblo de Dios. En cuanto dirigido por una única autoridad, la del Papa, expresa la unidad del Pueblo de Dios. Cuando está reunido de manera solemne con el Santo Padre a la cabeza, recibe el nombre de Concilio Ecuménico y es también sujeto de la autoridad suprema de la Iglesia, para ejercer su misión en el cuidado y la preocupación por la Iglesia universal.  Cada Obispo, por pertenecer al colegio, se preocupa no solo de su Iglesia particular, sino además del bien de todas las Iglesias.

 

93. ¿Quiénes son los presbíteros y los diáconos?

Los presbíteros son los colabores del Obispo, que por el sacramento del Orden reciben una participación en el sacerdocio del obispo y lo ayudan en su ministerio, especialmente a través de la celebración de los sacramentos y la predicación.

Participan de la autoridad episcopal y guían también al Pueblo de Dios, en dependencia de su legítimo pastor. Los presbíteros de una diócesis conforman el colegio de los presbíteros, que asiste y acompaña al obispo en sus labores, lo aconseja, etc. A través de los presbiterios, es como llega el celo pastoral y paternal del obispo hasta cada uno de los fieles.

Los diáconos conforman el último grado de la Jerarquía. Ellos reciben el ministerio jerárquico de manos del obispo, para servir (la palabra diakonía en griego significa “servicio”) en la liturgia, la predicación y en la caridad y asistencia al Pueblo de Dios, especialmente a los más pobres.

En la Iglesia, la autoridad de la jerarquía se ejerce en el servicio. Con ello se quiere seguir el ejemplo del Señor Jesús, que no vino a ser servido, sino a servir (ver Mt 20, 28ss).

 

94. ¿Quiénes son los laicos?

Los laicos son los fieles cristianos que por el bautismo están incorporados al Cuerpo de Cristo y tienen como vocación propia la transformación cristiana del mundo desde el mundo mismo (carácter secular). Estos dos elementos, el bautismo y el carácter secular, son constitutivos de la identidad del laico.

En efecto, al recibir el bautismo, los laicos participan (a su modo) de la función profética, sacerdotal y real del Señor Jesús. En cuanto a la función  profética: deben sr anunciadores de la Buena Nueva reconciliadora con el testimonio y la palabra, allí en los ambientes donde viven y trabajan; y deben también enseñar, unidos a los pastores, colaborando en la difusión del Evangelio.

En cuanto a su función sacerdotal, por su sacerdocio común, participan activamente de la liturgia y los sacramentos, y al ofrecer a Dios sus acciones y esfuerzos, deben hacer de su vida un continuo gesto litúrgico; por su función real, están llamados a realizar todos los esfuerzos para que Jesús reine en todo el mundo; en primer lugar, en cada hombre; pero también en las estructuras temporales: la familia, la cultura, la economía, la política, etc. El carácter secular debe mover al laico a la consagración del mundo a Dios.

 

95. ¿Qué importancia tiene la tarea del laico para la Iglesia?

La misión del laico tiene una importancia excepcional para la Iglesia toda. Pues hay ambientes donde solo los laicos, para vivir en ellos, pueden alcanzar y transformar. Y el apostolado, como tarea laical, se desarrolla para lograr que el mundo, sus ambientes, estructuras, etc. Puedan alcanzar la reconciliación que el Señor Jesús ha realizado. De allí que se pueda decir que “los laicos son miembros de la iglesia en el corazón del mundo, y miembros del mundo en el corazón de la Iglesia”. Y no es exagerado decir que los laicos se encuentran en la línea más avanzada de la vida de la Iglesia.

 

96. ¿Qué es la vida consagrada? ¿Quiénes la conforman?

La vida consagrada surge como un desarrollo legítimo de la vida de santidad de la Iglesia. Está conformada por los fieles que, respondiendo a una vocación particular otorgada por Dios, quieren vivir la perfección de la vida evangélica (algo que es universal) a través de la practica de la pobreza, el celibato por el Reino y la obediencia como forma de vida estable (que constituye su característica especifica).

Esta vida consagrada reviste diversas formas y abarca a distintas personas y vocaciones. Por ejemplo, los religiosos, es decir, aquellos fieles que abrazan la vida consagrada haciendo profesión pública de la pobreza, el celibato y la obediencia, viviendo en comunidad y dando testimonio del Reino de Dios en sus existencias.

También los laicos, sin perder su carácter secular y laical, pueden asumir una vida consagrada, para la mejor realización del apostolado al que son llamados por vocación divina.

 

97. ¿Qué significa la comunión de los Santos?

Esta expresión quiere profundizar en la vida que posee la Iglesia: en efecto, en ella los fieles participamos y tenemos en común las cosas santas (los sacramentos, la fe, la caridad, etc.) pero también existe una relación muy estrecha de unidad y cercanía (comunión) entre todos los creyentes. Entonces, común de los santos quiere decir la unión de los hijos de la Iglesia toda: los que peregrinamos por esta vida (Iglesia terrena); los que ya están en el cielo, viviendo la Comunión plena con Dios Uno y Trino  (Iglesia triunfante) y los difuntos que se hallan purgando sus pecados y esperando alcanzar la comunión definitiva (iglesia purgante). Hay una unión, pues, entre todos, que trasciende incluso la muerte, y que se centra en el amor. Por eso, nosotros que peregrinamos, podemos orar e interceder por los difuntos que purgan sus pecados, así como lo que están participando de la Comunión Divina intercedan ante el Señor por nosotros y nuestras necesidades.

La comunión de los santos significa, además, que tanto los que peregrinamos en esta vida terrena, como aquellos fieles que purgan sus pecados, nos encaminamos al encuentro de los santos, para gozar eternamente de la Comunión con Dios. La meta es el Encuentro Definitivo con Dios Trinidad de Amor. Y María, al vivir esta condición gloriosa de manera perfecta, es imagen de aquello a lo que la Iglesia está llamada. Por eso se dice que María es “icono escatológico de la Iglesia”.

 

98. Y la expresión “…el perdón de los pecados”, ¿a qué hace referencia?

Significa que Jesús dejó a la Iglesia el poder de perdonar los pecados para que los hombres puedan vivir la reconciliación. Para esto, entrego el Espíritu Santo a los apóstoles (ver Jn 20, 21ss).

Y la Iglesia es la que perdona los pecados: en primer lugar, en el bautismo, que constituye así la primera reconciliación. Pero también por medio del sacramento de la penitencia o reconciliación, donde el pecador, al reconciliarse con la Iglesia, se reconcilia con Dios. Los apóstoles y sus sucesores, por encargo de Jesús y por el don del Espíritu, son constituidos “ministros de la reconciliación” (Ver 2 Cor 5, 18ss).

 

99. ¿Por qué decimos “creo en la resurrección de la carne”?

Creer en la resurrección de la carne es afirman nuestra fe en que el Señor Jesús, por su resurrección ha vencido a la muerte y hace posible que nosotros participemos de su triunfo. La muerte, en cuanto es consecuencia del pecado, manifiesta una ruptura que se produce en el hombre: su unidad de cuerpo, alma y espíritu se quiebra, y el cuerpo se corrompe y desaparece. El que muere queda separado del mundo de los vivos. Pero la resurrección de la carne significa que, gracias a Jesús y su resurrección, recuperaremos nuestra realidad humana integral: cuerpo, alma y espíritu será nuevamente nuestra humanidad unida e integrada, pero ahora gozaremos de la Gloria de Dios en nuestro cuerpo (cuerpo glorioso). Nuevamente nos uniremos con aquellos de quienes la muerte nos había separado. Y estaremos viviendo para siempre en comunión con Dios Trino y con todos los santos.

 

  1. 100.        ¿Qué características presenta la resurrección?

Podemos señalar algunos elementos característicos de la resurrección, tal como nos lo muestra la fe de la Iglesia:

  1. La resurrección es universal: todo los que hayan muerto resucitarán; quienes hicieron el bien, para la vida eterna; quienes hicieron el mal, para la condenación (Ver Jn 5, 29).
  2. Resucitaremos con nuestros propios cuerpos; el cuerpo que tendremos será nuestro, pero no tal como el que ahora tenemos; será un cuerpo glorioso, a semejanza del cuerpo glorioso de Jesús resucitado. El cómo pueda ser nuestro cuerpo pero al mismo tiempo una realidad distinta de la que ahora poseemos es un misterio (ver 1Cor 15, 39ss).
  3. El momento de la resurrección será en el último día, al fin del mundo, cuando el Señor Jesús venga en la Gloria por segunda y definitiva vez en su Parusía (Ver 1Cor 15, 51ss).

 

Sin embargo, aún cuando todo esto ocurrirá al final, en cierto modo ya estamos viviendo la resurrección: los sacramentos son un anticipo de ella. Y por el bautismo, participamos sacramentalmente de la muerte y resurrección de Jesús; de igual manera, la Eucaristía es comunión con el Cuerpo glorioso del Señor resucitado, que es prenda y garantía de nuestra propia resurrección.

 

  1. 101.        Pero para resucitar hay que morir. Nosotros católicos, ¿cómo entendemos la muerte?

La muerte es la ruptura íntima que afecta al ser humano, que desintegra su unidad constitutiva de cuerpo, alma y espíritu. Aunque puede considerarse natural en un sentido, la muerte es consecuencia del pecado original. Es la ruptura que destruye la unidad íntima del sujeto: el cuerpo inerte se descompone, corrompe y desaparece mientras que su espíritu pervive. Es la ruptura que separa al hombre de sus semejantes: el que muere ya no pertenece al mundo de los vivos; es la ruptura con el mundo creado: morir significa “salid de este mundo”; y por ultimo, implica la ruptura con Dios, que es “Dios de vivos, no de muertos” (ver Mt 22, 32). Es el final –dramático, lleno de sufrimientos- de la vida terrena.

Sin embargo, para nosotros, creyentes, la muerte ha sido vencida por el Señor Jesús: ya no es el punto final de la existencia; ahora es el comienzo de la vida eterna, en comunión con Dios. Gracias a Jesús, la muerte, que aparecía como absurdo, ahora tiene sentido: en ella ha de comenzar el Encuentro permanente con el Señor. Por eso la Iglesia nos enseña a prepararnos para este momento, con esperanza y confianza en el Señor.

 

  1. 102.        Si la muerte no es el punto final de la existencia, ¿qué hay después de ella?

Luego de la muerte, el ser humano comienza una nueva dimensión de su existencia, en la que perviviendo en espíritu, se pone en presencia de Dios (juicio particular) para recibir la gloria y la comunión con Dios y los santos (cielo), asume una espera que lo ha de purificar de las huellas de sus pecados (purgatorio) o como consecuencia de su rechazo del amor de Dios vive para siempre la ruptura y la separación divinas (infierno). Pero la realidad definitiva de la humanidad está en la Resurrección universal y el Juicio Final, donde el gozo de la Comunión será absoluto y se alcanzará la vida eterna en el Reino prometido.

 

  1. 103.        ¿Qué es el cielo”?.

Es haber alcanzado al Señor Jesús para siempre, y vivir con El por toda la eternidad, junto con el Padre y el Espíritu y todos los santos. Es gozar de la Comunión perfecta, la dicha y felicidad absolutas del ser humano, contemplando a Dios Amor, amándolo y amando a todos los que participan de esa dicha.

Quien muere en gracia y amistad con Dios “va al cielo”. Y al vivir en comunión con Dios, somos “semejados” a El, participamos de su gloria (ver 1Cor 3, 12; 1 Jn. 3, 2). Ver a Dios tal cual es (visión beatifica) y vivir en plenitud el amor divino en todas sus dimensiones (Comunión) con los ángeles, los santos y los bienaventurados: eso es el “cielo”. Es la meta definitiva y el destino supremo al que Dios ha invitado al ser humano.

 

  1. 104.        ¿Qué es el purgatorio?

Es la purificación por la que habrán de pasar todos aquellos que han muerto en gracia y en comunión con Dios, pero sin haber logrado la santidad plena. Por tanto, requieren de una purificación, mediante la espera del momento en que alcanzarán la comunión definitiva y total con Dios Amor.

Quienes viven esta purificación, aún no ven a Dios, pero ya poseen la seguridad plena de la salvación y al término de su proceso purgativo (que será en el momento de la Resurrección y el Juicio Final) podrán gozar de la dicha del encuentro definitivo con el Señor. El dolor que se produce ante la secuencia-transitoria-de Dios purifica a la persona hasta que alcance la meta. Y esta realidad del purgatorio, la Iglesia la encuentra referida de manera  clara en algunos textos de la Sagrada Escritura, como por ejemplo en 2 Mc 12, 42ss, 1Cor 3, 15 y 1 Pe 1, 7. Esto, más la antiquísima costumbre de orar por los difuntos y ofrecer misas y suplicas por su salvación, muestran que el Purgatorio ha sido considerado como una verdad de fe desde el principio de la vida de la Iglesia.

Podemos ayudar a nuestros hermanos que se hallan en esta situación por medio de nuestras oraciones, de las indulgencias obtenidas por sus intenciones, y sobre todo con el ofrecimiento de la Santa Misa en su nombre.

 

  1. 105.        ¿Qué es el infierno?

Es el estado de separación y ruptura eterna y total del hombre respecto a Dios, a causa de su pecado y de haber permanecido en el, sin arrepentimiento ni deseo de conversión. Cuando el hombre, de manera libre pero equivocada, decide rechazar el amor de Dios, y vive la dinámica de ruptura propia de pecado, apartándose de Dios, viviendo de manera inauténtica, despreciando y pecado contra los hombres, sus hermanos, y dilapidando el don de la creación, y esto de manera definitiva, la consecuencia es la pérdida definitiva de Dios y su amor. Es la infelicidad absoluta, el fracaso total de una existencia creada para amar, el hundimiento de la vida en la muerte.

El infierno es el sufrimiento eterno y absoluto del hombre al haber perdido a Dios, en quien debía encontrar la felicidad plena. Y por eso constituye un llamado a la responsabilidad del hombre, para usar bien de su libertad y un llamado apremiante a la conversión. Ese es el sentido de las palabras del Señor Jesús cuando habla del infierno, p.ej. en Mt 7, 13-14; Mt 10, 28. Y es cierto que Dios no ha creado a nadie con la intención de enviarlo al infierno, pues “Dios quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1Tim 2 4). El infierno no es obra de Dios, sino –desgraciadamente- obra de los hombres malos.

 

  1. 106.        ¿Qué sucederá en el Juicio Final?

Precediendo al Juicio final, se producirá la resurrección de los muertos; toda la humanidad se hallará ante el Señor Jesús, que vendrá en toda su gloria para instaurar el Reino Definitivo. A este momento lo llamamos la parusía, la segunda venida del Señor Jesús glorioso, con la que culminará esta historia terrena.

En el Juicio Final, todos los hombres estarán delante de Jesús y su amor, que será para cada uno la medida de su propia existencia: aquellos que a lo largo d su vida respondieron al amor de Cristo de manera total, o bien aceptaron su amor en medio de sus debilidades y se purificaron de ellas, participarán de la gloria de Dios para siempre en el Reino, gozando esta dicha en toda su realidad humana. Pero aquellos que vivieron negando siempre el amor de Dios y el amor a sus hermanos, los hombres ante el amor de Jesús que se presenta glorioso, experimentarán la pérdida total de ese Amor para siempre, y su sufrimiento abarcará toda su realidad humana. Pues la dicha celestial que nunca acaba, y el sufrimiento eterno del infierno, serán vividos por hombres en toda su integridad humana, no solo por una dimensión parcial.

El juicio final nos habla de la esperanza ante el encuentro final con el Señor Jesús. Por eso, debemos esforzarnos por ser santos, acogiendo el don del amor divino, convirtiéndonos de nuestros pecados y buscando cumplir el Plan de Dios en todo momento.

 

  1. 107.        ¿Y qué significa “…vida eterna” que aparece al final del Credo?

La vida eterna o Reino de Dios, es la realidad definitiva a la que se llegará gracias a la salvación lograda por el Señor Jesús. No solo los hombres, sino también el universo, será renovado, transformado y glorificado. En este momento, viviremos en toda su plenitud la reconciliación con Dios; en efecto allí Dios será todo en todo (ver 1Cor 15, 28) porque Jesús habrá recapitulado y reconciliado todas las cosas con el Padre (ver Ef 1, 10; Col 1, 20). Al estar en la condición de resucitado, participando de la gloria de la Trinidad en nuestra humanidad completa (cuerpo, alma y espíritu) viviéremos la reconciliación con nosotros mismos, sin ruptura posible por el pecado o la muerte, que ya no existirán. Todos los hombres estaremos unidos por el amor y por la participación común en la felicidad eterna: será la realización plena de la reconciliación con los hermanos humanos. Y por último, el mundo mismo, que habían sido afectado por el pecado del hombre (ver Gén 3, 17; Rom 8, 20-21) participará de la salvación: es la reconciliación con el mundo creado.

La Sagrada Escritura nos habla de estas realidades (ver Ap. 21-22; 2Pe 3, 13) pero no sabemos ni cuándo será este momento, ni tampoco sabemos exactamente cómo se realizará. Por eso, cuando al terminar el credo, decimos amén, expresamos nuestra fe y nuestra certeza de que todo esto se cumplirá, pues así nos lo ha revelado Dios mismo. Decir amén es decir que creemos lo que Dios nos ha dicho; pero más aún, es creer en el Amor del Padre que se ha manifestado en Jesús y que podemos vivir hoy por el Espíritu Santo.

 

SEGUNDA PARTE

LA CELABRACION DEL MISTERIO CRISTIANO

 

PRIMERA SECCION

LA ECONOMIA SACRAMENTAL

 

LA LITURGIA

 

En la primera parte, vimos lo que cree un cristiano. En esta segunda parte, revisaremos lo que celebra el creyente. Y es que la fe profesada se hace vida y culto a Dios cuando es celebrada, y ello ocurre en la Liturgia.

 

  1. 108.        ¿Qué es la liturgia?

La liturgia es la acción sagrada, hecha por medio de símbolos y signos sensibles eficaces, a través de la cual la Iglesia, realizando la obra sacerdotal de Jesús, rinde culto y alcanza su santificación, llevando a los hombres al encuentro con Él. En la liturgia se actualiza la obra de la reconciliación realizada por Dios Uno y Trino a favor de los hombres

 

  1. 109.        ¿Por qué decimos que la liturgia es actualización de la obra de la reconciliación?

En la liturgia, por medio de los signos y símbolos sagrados (especialmente por los sacramentos) se hace presente y actuante en nuestro tiempo la reconciliación que es Padre ha querido para nosotros desde toda la eternidad; se actualiza también el sacrificio reconciliador con el que el Hijo nos ha otorgado la salvación; y podemos interiorizar y vivir en plenitud estos dones gracias a la acción del Espíritu Santo.

 

  1. 110.        ¿Qué son los sacramentos?

Los sacramentos son signo-símbolos sensibles y eficaces, instituidos por el Señor Jesús y entregados a la Iglesia, a través de los cuales se realiza la santificación del hombre y el encuentro con Dios.

 

  1. 111.        ¿Qué características poseen los sacramentos?

Señalamos las siguientes características:

 

  1. Los sacramentos son signos y símbolos sensibles: esto quiere decir que son elementos (agua, pan y vino, etc.) y acciones (imponer las manos, dar un consentimiento) explicitadas por las palabras, que puede ser percibidas por los hombres.
  2. Los sacramentos son signos y símbolos sensibles eficaces: no solo representan la gracia, sino que la producen realmente, y ello en virtud de la propia acción sacramental realizada, sin depender de la santidad de quien realiza el sacramento o de quien lo recibe. A esta característica se le llama eficacia ex opere operato. Esto se debe a que en un sacramento es Jesús mismo quien obra, en la persona del celebrante.
  3.  Los sacramentos han sido instituidos por Cristo. Mediante ellos, el Señor Jesús nos alcanza la reconciliación y hace posible que vivamos la comunión con Dios y con nuestros hermanos.
  4. Los sacramentos son de la Iglesia, pues Jesús los entrego a ella, y es la Iglesia quien los celebra en su nombre. La celebración sacramental de la Iglesia es siempre comunitaria.

 

  1. 112.        ¿Qué otros aspectos podemos observar en la celebración de la Liturgia?.

En la celebración de la liturgia, se pueden apreciar los siguientes aspectos esenciales:

-          Quién celebra.

-          Cómo se celebra.

-          Cuándo se celebra.

-          Dónde se celebra

 

 

  1. 113.        ¿Quién celebra la liturgia?

La liturgia, en cuanto acción que glorifica a Dios Padre, es celebrada por Jesucristo, nuestro sumo Sacerdote, junto a los ángeles y los santos. La Iglesia participa de esta celebración eterna cuando, a través de los signos y símbolos sagrados, realiza la liturgia sacramental. Por eso, se puede decir que la liturgia es obra del Cristo total, esto es, de la Cabeza (Jesucristo) y del Cuerpo (la Iglesia).

 

  1. 114.        En la celebración de la liturgia, ¿todo hacemos lo mismo?

No. Es cierto que por el bautismo, todos participemos del sacerdocio de Cristo como miembro de su Cuerpo (sacerdocio común), y por tanto tenemos un papel activo en la liturgia. Pero la dirección de la celebración corresponde a quienes por el sacramento del Orden están unidos a Cristo-Cabeza (sacerdocio ministerial). En la asamblea litúrgica, cada uno tiene su función, pero todo concurre a la unidad del Cuerpo de Cristo.

 

  1. 115.        ¿Cómo se celebra la liturgia?

La liturgia se celebra:

  1.  Mediante signos y símbolos que pertenecen a la experiencia humana universal. Estos elementos (p.ej. el agua, el fuego, el pan, etc.) han sido asumidos por el Señor Jesús para expresar y transmitir la reconciliación a todos los hombres.
  2. A través de acciones y palabras que hacen presente la salvación dada por Dios y la respuesta de fe de los creyentes. Destaca la proclamación de la Palabra de Dios como parte muy importante de la liturgia.
  3. Utilizando cantos y música sagrada, que expresan con su belleza el espíritu de oración, alabanza y adoración que toda liturgia debe tener.
  4. Utilizando imágenes sagradas, que nos ayudan a profundizar en el Misterio de Jesucristo, alimentan nuestra piedad y son una valiosa ayuda para la catequesis. Las imágenes de Cristo nos llevan a la adoración de quien está allí representado. Mientras que las imágenes de María y de los santos, nos llevan a venerarlos y pedir su intercesión.

 

  1. 116.        ¿Cuándo se celebra la liturgia?

La Iglesia celebra la liturgia en todo momento, hasta que se encuentre definitivamente con el Señor Jesús en el último día. Todo el año la Iglesia conmemora los misterios reconciliadores de Jesús: este es el Año Litúrgico. Y dentro de la semana, destaca la celebración del Domingo.

 

  1. 117.        ¿Qué es el Año Litúrgico?

Es el ciclo anual en el que la Iglesia presenta todo el misterio del Señor Jesús desde la Encarnación y la Navidad, teniendo como eje la Pascua (Pasión, Muerte y Resurrección) hasta Ascensión y Pentecostés, y la expectativa de la Venida Gloriosa del Señor, culmen de nuestra esperanza.

El Año Litúrgico está dividido en dos grandes ciclos, que a su vez se subdividen en tiempos:

 

  1. 1.     Ciclo de Navidad.
    1. Tiempo de Adviento: se inicia el Primer Domingo después de la Solemnidad de Cristo Rey (Fines de Noviembre) hasta el 24 de diciembre).
    2. Tiempo de Navidad: Desde las vísperas del 24 de Diciembre hasta el Domingo siguiente a la Epifanía.
    3. 2.     Ciclo De Pascua
      1. Tiempo de Cuaresma: Desde el Miércoles de Ceniza hasta la misa vespertina del Jueves Santo.
      2. Triduo Pascual: Se ubica en la Semana Santa, en la que se celebra la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús. Su centro es la vigilia Pascual.
      3. Tiempo Pascual: Dura cincuenta días: desde el Domingo de Resurrección hasta Pentecostés. El día 40 se celebra la Ascensión del Señor.
      4. Tiempo Ordinario: Dura 33 o 34 semanas del ciclo total anual. Tiene dos etapas: la primera (6 ó 7 semanas) va desde el domingo después de Epifanía hasta la Cuaresma.  La segunda (el resto de semanas) después del domingo de Pentecostés hasta Adviento. El último domingo del tiempo ordinario se celebra la solemnidad de Cristo Rey.

 

Durante el Año Litúrgico, la Iglesia conmemora a los Santos que ya están gozando de la Comunión plena con Dios Amor. De esta manera se expresa la unidad de la Liturgia celeste con la liturgia que celebramos aquí en la Tierra.

 

  1. 118.        ¿Por qué es importante el Domingo?

En el Domingo, “Día del Señor”, los cristianos celebramos a Jesús Resucitado, que así nos ha obtenido la reconciliación. Es el día más importante de la semana, el momento por excelencia para la reunión de la asamblea cristiana, en el que se celebra la Eucaristía.

 

  1. 119.        ¿Qué es la Liturgia de las Horas?

Es la oración pública y común de la Iglesia, que a lo largo de todo el día, consagra el tiempo. Mediante la Liturgia de las horas, los momentos de cada día, desde el amanecer hasta el anochecer, se convierten en alabanza, adoración y suplicas a Dios. Cada miembro de la Iglesia participa de esta oración según su lugar propio y sus circunstancias.

 

  1. 120.        ¿Dónde se celebra la Liturgia?

La liturgia es celebrada principalmente en edificios destinados al culto divino, y adecuados especialmente para ello. Estos edificios son los templos o iglesias. En estos lugares se ora, se escucha la Palabra de Dios y se celebran los sacramentos, especialmente la Eucaristía.

 

 

SEGUNDA SECCION

LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA

 

  1. 121.        ¿Cuántos y cuáles son los sacramentos de la Iglesia?

Los sacramentos son siete: bautismo, confirmación, eucaristía, penitencia o reconciliación, unción de los enfermos, matrimonio y orden.

Haciendo una analogía con los momentos más importantes de la vida humana, se pueden dividir los sacramentos en:

-          Sacramentos de Iniciación cristiana: Con ellos se origina, se afianza y se sustenta la vida cristiana. Son el bautismo, la confirmación y la Eucaristía.

-          Sacramentos de Curación: Nos permiten recuperar la gracia santificante cuando la hemos perdido o al hallarnos en peligro. Son la penitencia o reconciliación y la Unción de los enfermos.

-          Sacramentos al servicio de la comunidad: Se llaman así porque están especialmente ordenados a la salvación de los demás. Son el matrimonio y el orden.

 

LOS SACRAMENTOS DE LA INICIACION CRISTIANA

EL BAUTISMO

 

  1. 122.        ¿Qué es el Bautismo?

Es el sacramento que, por medio de la ablución con agua y la formula sacramental, nos borra el pecado original, nos otorga la gracia santificante convirtiéndonos en nuevas creaturas, y nos hace hijos de Dios e hijos de la Iglesia.

El bautismo es el primero de los sacramentos, y también es como la “puerta” que abre el acceso a los otros sacramentos. Es el inicio y el primer paso de nuestra vida cristiana.

 

  1. 123.        ¿Qué nos dice la Biblia acerca del Bautismo?

En la Biblia encontramos prefigurado el bautismo a través de ciertas figuras y hechos del Antiguo Testamento. Así, por ejemplo, el Arca de Noé en medio del Diluvio (Gén 6-8) y el paso del Mar Rojo por los israelitas al salir de Egipto (Ex 14-15) simbolizan la salvación que nos viene por e agua. En el Nuevo Testamento, vemos a Juan el Bautista que da el bautismo como signo de arrepentimiento. Jesús fue bautizado por Juan (Mt 3, 13ss) y torga a los Apóstoles la misión de dar el verdadero bautismo “en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19-20). San Pablo nos explica que el bautismo es participación en la muerte y resurrección del Señor Jesús (Rom 6, 1ss). San Pedro enseña que por el bautismo se nos perdonan los pecados y se nos da el don del Espíritu Santo (Hch 2, 38).

 

  1. 124.        ¿Es necesario el bautismo para la salvación?

Si. El Señor Jesús lo afirma cuando dice: “El que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios” (Jn 3, 5). Por eso envía a sus apóstoles a bautizar a todos los hombres. No obstante, hay muchas personas que no pueden recibir el bautismo por razones ajenas a su voluntad. La Iglesia sabe que aquellos que sin estar bautizados han dado su vida por la fe en Jesús, han sido bautizados por su Pasión reconciliadora (bautismo de sangre).

Los catecúmenos que mueren sin haber recibido el bautismo, por su deseo de ser de Cristo han recibido los efectos del bautismo (bautismo de deseo). En el caso de los que, sin culpa propia, nunca han oído hablar de Jesucristo y de la Iglesia, pero que viven buscando hacer el bien y según la verdad, podemos suponer que habrían deseado el bautismo de haberlo conocido (deseo implícito). Respecto a los niños que mueren sin bautismo, la Iglesia, sabiendo que “Dios quiere que todos los hombres s salven” (1Tim 2, 3ss) y viendo el ejemplo de Jesús que dijo: “Dejad que los niños vengan a mí y no se lo impidáis” (Mc 10, 14), confía en la misericordia de Dios y ruega por la salvación de estos pequeños. No se salvaría, en cambio, quien sabiendo la necesidad del bautismo, y pudiendo bautizarse, se niegue obstinadamente a recibir este sacramento.

 

  1. 125.        ¿Cuál es el rito esencial del bautismo?

El rito esencial del bautismo consiste en sumergir en el agua a la persona tres veces, o también en derramar tres veces el agua sobre su cabeza, al mismo tiempo que el ministro dice: N (nombre de la persona), yo te bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

  1. 126.        ¿Cuáles son los efectos del bautismo?

Señalamos los siguientes:

  1.  El bautismo nos perdona los pecados. Borra el pecado original con el que venimos al mundo, y perdona cualquier pecado personal que el hombre haya podido cometer.
  2. Se nos da por este sacramento la “vida nueva”, la gracia santifica que nos hace “nuevas creaturas”. El bautizado es ahora hijo adoptivo del Padre, hermano de Jesucristo y templo del Espíritu Santo. Gracias al bautismo, el cristiano puede indicar su proceso de conformación con el Señor Jesús.
  3. El bautismo nos da las virtudes teologales: la fe la esperanza y la caridad. En la medida en que se nos da la fe, este sacramento nos hace miembros de la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo.
  4. El bautismo imprime en el cristiano el “carácter sacramental”: un sello espiritual imborrable que lo signa como perteneciente a Cristo y lo habilita a participar en la liturgia. El bautismo no se puede repetir.

 

  1. 127.        ¿Quiénes pueden administrar el bautismo?

Los ministros ordinarios de este sacramento son aquellos que poseen el sacramento del Orden: obispos, presbíteros y diáconos. Pero dado que el bautismo es necesario para la salvación, cualquier persona, incluso un no bautizado, puede administrarlo, siempre y cuando tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia, utilizando el agua y la formula sacramental.

 

  1. 128.        ¿Quiénes pueden recibir el bautismo?

Puede ser bautizada cualquier persona que aún no haya recibido el bautismo. Los adultos que aún no han recibido este sacramento deben pasar por un proceso de educación en la fe llamado catecumenado, a cuyo término reciben los sacramentos de la Iniciación cristiana. La Iglesia exhorta bautizar a los niños para que, desde los primeros momentos de su existencia, queden libres del poder del pecado, puedan vivir la gracia de ser hijos de Dios y participar de la reconciliación que el Señor Jesús nos ha obtenido.

 

LA CONFIRMACION

 

  1. 129.        ¿Qué es la confirmación?

Es el sacramento por el que el cristiano, a través de la Unción con el Santo Crisma, recibe la plenitud de la gracia bautismal y el Don del Espíritu Santo que lo une de manera más fuerte a la Iglesia, lo compromete a participar de su misión y apostolado y lo hace testigo de Cristo en medio del mundo.

 

  1. 130.        ¿Qué nos dice la Biblia acerca de la Confirmación?

Ya en el Antiguo Testamento se anuncia que Dios derramará su Espíritu sobre su pueblo elegido (Joel 3, 1ss). El Espíritu de Dios estará sobre el Mesías (Is 61, 1ss) y será el sello de la Nueva Alianza (Jer 31, 31) que transformará los corazones de piedra en corazones de carne (Ez 36, 25ss). Esta promesa se cumple cuando el Señor Jesús envía el Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles en Pentecostés (Hch 2, 1ss). Desde ese momento, los Apóstoles – y posteriormente sus sucesores- imponían las manos y otorgaban el Don del Espíritu que completa la gracia bautismal (Hch 8, 15-17). Es en esta práctica apostólica –que actualiza la promesa del Espíritu Santo hecha por el Señor Jesús- donde encontramos los orígenes del sacramento de la Confirmación.

 

  1. 131.        ¿Cuál es el rito esencial de la Confirmación?

El rito esencial de este sacramento lo constituye la unción con el Santo Crisma, junto con la imposición de la mano del ministro y las palabras: “Recibe por esta señal el don del Espíritu Santo”. Simboliza el hecho de que la persona, al recibir el Espíritu Santo, queda consagrado (esto significa precisamente la unción) para vivir la misión a la que Jesús lo llama, y que realiza con y en la Iglesia.

 

  1. 132.        ¿Cuáles son los efectos de la Confirmación?

Los principios efectos son:

  1. La efusión plena del Espíritu Santo, que perfecciona y completa la gracia bautismal, permitiendo que el cristiano pueda vivir su fe de manera madura y responsable. Por eso se dice que la Confirmación es el “sacramento de la adultez cristiana”.
  2. Una unión mucho más profunda con el Señor Jesús, y por ende, una vivencia, más profunda de nuestra filiación adoptiva.
  3. El aumento de los dones del Espíritu Santo, que nos ayuda a entender, amar y poner por obra nuestra fe.
  4. La unión más plena y comprometida con la Iglesia. Por esta unión, los cristianos estamos llamados a ser testigos y apóstoles del Señor en medio del mundo.
  5. Así como en el bautismo, la Confirmación produce en la persona que lo recibe, el “carácter” os ello espiritual imborrable que perfecciona el sacerdocio común recibido en el bautismo y le da el poder de confesar la fe de Cristo públicamente. Por lo mismo, este sacramento solo puede darse una vez en la vida.

 

  1. 133.        ¿Quiénes pueden administrar la Confirmación?

Los que ordinariamente administran la Confirmación son los obispos. Ello se debe a que, por ser los sucesores de los Apóstoles, poseen la plenitud del sacerdocio ministerial y pueden unir más estrechamente a los creyentes a la misión apostólica de la Iglesia.

La Confirmación también puede ser administrada por el presbítero, siempre y cuando lo autorice el obispo. En caso de peligro de muerte, el presbítero debe administrar la Confirmación.

 

  1. 134.        ¿Quiénes puede recibir la Confirmación?

Pueden recibirla todos los cristianos bautizados que aún no hayan sido confirmados. Debido a que la Confirmación conlleva la exigencia de un compromiso maduro y responsable con la fe y la misión de la Iglesia, se debe recibir a una edad adecuada (en nuestro medio, la Confirmación se recibe por lo común a la edad de quince años).

 

 

LA EUCARISTIA

 

  1. 135.        ¿Qué es la Eucaristía?

La Eucaristía es el sacramento del Cuerpo y la Sangre del Señor Jesús. En la Eucaristía se hace presente (se “actualiza”) el misterio de la pasión, muerte y resurrección del Señor por el cual nos ha reconciliado. Es Jesucristo mismo quien está realmente presente en este sacramento, para unirse con nosotros, para que podamos asemejarnos con El y alcanzar la Comunión plena.

 

  1. 136.        ¿Qué otros nombres recibe la Eucaristía?

La palabra Eucaristía significa “acción de gracias” y significa que en este sacramento admirable agradecemos a Dios Padre por el don de la reconciliación que nos ha dado en la persona de su Hijo. Se la llama también Cena del Señor porque es la actualización de la Cena que el Señor Jesús celebro con los Apóstoles la víspera de su Pasión; Fracción del Pan, porque hace referencia al gesto de Jesús de partir el pan en la Última Cena, dándonos así su propio cuerpo; Santo Sacrificio porque  en la Eucaristía se realiza, bajo los signos sacramentales, el mismo sacrificio de la Cruz, solo que ahora de manera incruenta; Comunión, porque nos une a Cristo de una manera más intima y nos une también entre nosotros.

Estos nombres, y otros más, nos indican la riqueza que posee este sacramento. No sin razón se le llama también el Sacramento de los sacramentos o el Santísimo Sacramento.

 

  1. 137.        ¿Qué nos dice la Biblia acerca de la Eucaristía?

En el Antiguo Testamento, hallamos ciertas prefiguraciones de la Eucaristía, como p.ej. el ofrecimiento de pan y vino hecho por Melquisedec (Gén 14, 18), o como el maná con el que Dios alimentó al pueblo de Israel durante su marcha por el desierto (Ex 16m, 14-16). El Señor Jesús, luego del milagro de la multiplicación de los panes, se dio a conocer como el verdadero Pan vivo bajado del cielo que da la vida eterna (Jn 6, 51). El mismo, al iniciarse la Pascua Judía, la noche en que iba a ser entregado, instituyo el sacramento de la Eucaristía,  dándonos a comprender que es la Pascua definitiva y la realización plena de la Alianza entre Dios y los hombres (ver Mt 26, 26ss; Mc 14, 22-24; Lc 22, 19-22).

Desde el principio de su existencia, la Iglesia celebró la Eucaristía. Así lo muestra la vida de la primera comunidad cristiana (Ver Hch 2, 42ss) que celebraba este sacramento el día domingo (Hch 20, 7). San Pablo nos recuerda que la Eucaristía es un verdadero sacrificio (1Cor 10, 16-21) donde se hace presente de manera real el Señor Jesús de allí que la celebración deba realizarse con reverencia y caridad (ver 1Cor 11, 23-34).

 

  1. 138.        ¿De qué manera se celebra la Eucaristía?

La celebración de la Eucaristía recibe el nombre de Misa. A lo largo de los siglos, la Misa se ha celebrado siguiendo una misma estructura fundamental.

La Misa está constituida por dos partes que conforman una unidad inseparable: la Liturgia de la Palabra y la Liturgia de la Eucaristía. Los ritos iníciales y los ritos de conclusión y cierran –respectivamente – la celebración de la Santa Misa.

Podemos esquematizar de manera completa las partes de la Misa a través del siguiente esquema:

 

  1. Ritos Iniciales: A través de ellos la asamblea es congregada y se prepara para escuchar la Palabra de Dios. Comprende
    1. Entrada
    2. Saludo del celebrante
    3. Ritos penitenciales: Se reconocen los propios pecados y se pide la misericordia del Señor (Kyrie)
    4. Gloria
    5. Oración colecta
    6. Liturgia de la Palabra: Dios habla a la asamblea mediante su Palabra (lecturas). El pueblo responde aclamando la Palabra (Aleluya), meditándola (homilía), expresando su fe (Profesión de fe) y presentando sus necesidades (Oración universal o de los fieles).

Comprende:

  1. Primera Lectura: Dios habla por su profeta. De allí que por lo común se toma del Antiguo Testamento.
  2. Salmo Responsorial
  3. Segunda Lectura: Dios habla por medio de su Apóstol.
  4. Aleluya: La Asamblea aclama a Jesús que se hará presente en su Evangelio (se omite en cuaresma).
  5. Evangelio: Dios habla por medio de su Hijo.
  6. Homilía.
  7. Profesión de fe.
  8. Oración Universal.

 

  1. Liturgia de la Eucaristía: El Señor Jesús, que por su Palabra está entre sus fieles, se hace presente de manera real en la Eucaristía. Comprende:
    1. Presentación de dones.
    2. Oración eucarística: Conformada por el Prefacio y el Santo, y el momento central que es la Plegaria eucarística. Es aquí donde se realiza la consagración.
    3. Ritos de comunión:

3.1.  Oración del Padre Nuevo.

3.2.  Signo de la paz

3.3.  Fracción del pan, que a su vez comprende:

3.3.1.      Agnus Dei (oración “Cordero de Dios…”).

3.3.2.      Oración “Señor, no soy digno” como acto de humildad ante el Señor Jesús que viene a nosotros.

3.3.3.      Comunión

3.3.4.      Oración final.

 

  1. Ritos de Conclusión: También llamados “Ritos de despedida”

Es la culminación y punto final de la misa.

Incluye:

  1. Bendición final.
  2. Despedida de los participantes.

 

  1. 139.        ¿Qué aspectos o dimensiones presenta la Eucaristía?

Podemos señalar básicamente tres aspectos de este maravilloso sacramento: la Eucaristía es sacrificio; la eucaristía es la presencia real del Señor Jesús; la Eucaristía es Comunión con Jesucristo y entre nosotros.

 

  1. 140.        ¿Por qué decimos que la Eucaristía es sacrificio?

Porque en la Eucaristía se hace presente en nuestro hoy el único sacrificio del Señor Jesús que se realizó en el Gólgota. Por eso decimos que la Eucaristía es actualización de la entrega reconciliadora de Cristo, y Memorial de su Pascua.

Debe quedar bien claro que la Eucaristía NO es otro sacrificio distinto al sacrificio de la cruz. Es el mismo sacrificio, y aquel es el mismo Jesús quien se entrega por nosotros, con la única diferencia que en este sacramento El se halla en su estado glorioso de resucitado, y por ello no puede sufrir. Por eso se dice que la Eucaristía es sacrificio incruento.

 

  1. 141.        ¿Por qué hablamos de “presencia real” del Señor Jesús en la Eucaristía?.

Porque en la Eucaristía Jesús está realmente presente. No es solo un recuerdo, ni tampoco un símbolo de su presencia: por el sacramento, el Señor Jesús está entre nosotros de manera enteramente real, en su Cuerpo y Sangre, humanidad y divinidad.

Esta presencia singular nos habla del gran amor que Jesús nos tiene. No solo nos ha reconciliado por su muerte en la cruz, sino que ha querido quedarse con nosotros para ser nuestro alimento y fortaleza en nuestra vida cristiana.

 

  1. 142.        ¿De qué manera se hace presente realmente Jesús en la eucaristía?

Cuando en la Misa, el sacerdote pronuncia las palabras de Jesús en la última Cena: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”; “Tomad y bebe, esta es mi sangre…” entonces la sustancia del pan y del vino se convierten en el cuerpo y la sangre del Señor, permaneciendo las apariencias de pan y de vino. A este hecho maravilloso se le llama transubstanciación. Esta es la parte más importante de la misa, y por lo mismo, constituye el rito esencial de la Eucaristía.

De esta manera, Jesús está presente entre nosotros bajo las especies del pan y del vino. Por eso nuestra actitud ante la Eucaristía es de adoración, pues la fe nos muestra allí al miso Señor. Los creyentes expresamos nuestro amor a Jesús sacramentado mediante nuestros gestos (p.ej. arrodillarnos), en las visitas al Santísimo Sacramento, y en el Culto solemne a la Eucaristía.

 

  1. 143.        ¿Por qué decimos que la Eucaristía es comunión?

Al decir que la Eucaristía es comunión, señalamos uno de los aspectos más importantes de este sacramento, que es el de realizar un encuentro y una unión plenas entre Jesús y cada uno de nosotros. En efecto, quien comulga, se une de manera más intima con el Señor, que “me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2, 20). Gracias a la Eucaristía, Jesús vive en nuestro interior, y así podemos ir configurándonos con El con más intensidad.

Pero la Eucaristía realizar además la comunión de los creyentes entre sí. Al comulgar y unirnos al Señor Jesús, todos formamos parte de un solo Cuerpo, el de Cristo, y de una única Iglesia. De allí que a la eucaristía se le llame también” sacramento de unidad” y “vinculo de caridad”.

 

  1. 144.        ¿Cuáles son los efectos de la Eucaristía?

Podemos señalar los siguientes:

 

a)     Mediante la Eucaristía, el Señor Jesús habita en nuestro interior, y nos da la gracia santificante por la que podemos vivir santamente.

b)     La Eucaristía acrecienta nuestro amor. Gracias a ella, podemos amar más intensamente a Dios nuestro Padre y también a nuestros hermanos los hombres, especialmente a los más pobres y a aquellos que más sufren.

c)     La Eucaristía borra los pecados veniales y nos preserva de cometer pecados mortales. Esto se debe a que en el sacramento experimentamos el amor de Jesús, lo que nos lleva a responder amándolo con todo nuestro corazón, mientras que el pecado es el rechazo del amor del Señor.

d)     La Eucaristía hace la unidad de la Iglesia, ya que nos une en el único Cuerpo de Cristo y nos hace participes de la fe, esperanza y caridad que se viven en la Iglesia.

e)     Por último, la Eucaristía es prenda de la gloria eterna: en ella, el Señor Jesús nos garantiza que resucitaremos con El y tendremos una humanidad gloriosa semejante a la suya: “El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo le resucitaré el último día” (Jn 6, 54).

 

  1. 145.        ¿Quiénes pueden consagrar la Eucaristía?

Los únicos que pueden consagrar la Eucaristía son aquellos que han recibido el sacramento del Orden y poseen el sacerdocio ministerial (presbíteros y obispos).

 

  1. 146.        ¿Quiénes pueden recibir la Eucaristía?

Puede recibirla todo bautizado que pueda reconocer en el sacramento la presencia del Señor y se halle en estado de gracia. La Iglesia llama vivamente a sus fieles a confesarse – si se hallan en estado de pecado mortal- antes de acercase a la Eucaristía, y exhorta a su recepción frecuente. Es precepto de la Iglesia comulgar por lo menos una vez al año, si es posible, en tiempo pascual.

 

LOS SACRAMENTOS DE CURACION

LA RECONCILIACION

 

  1. 147.        ¿Qué es la penitencia o reconciliación?

Es el sacramento por el que, mediante la confesión de los pecados y la absolución conferida por el sacerdote, se nos da el perdón de los pecados cometidos después del bautismo y se restablece la amistad con Dios, perdida por la ruptura generada por el pecado.

Los nombres dados a este sacramento nos indican claramente sus diversas dimensiones. Se le llama penitencia para indicar los actos con los que el pecador expresa su arrepentimiento al recibir el perdón divino; reconciliación, ya que Dios, al perdonarnos, repara la ruptura producida por el pecado; confesión, porque la manifestación de los pecados al sacerdote es parte esencial del sacramento.

 

  1. 148.        ¿Qué nos dice la Sagrada Escritura acerca del sacramento de la reconciliación?.

El Señor Jesús ha venido al mundo para salvarnos del pecado (ver Mt 1, 21) y a lo largo de su vida terrena perdonaba los pecados de los hombres (ver Mc 2, 5-12). Es el mismo Jesús quien encargó a los apóstoles el perdonar así como El nos perdonaba: “Como el Padre me envió, también yo os envío... Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se les retengáis, les quedan retenidos” (Jn 20, 21-23). Por eso, en el ejercicio de su ministerio, los apóstoles trasmitirán a los hombres el perdón y la reconciliación: “Y todo proviene de Dios, que nos reconcilió consigo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación. Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Somos, pues, embajadores de Cristo, como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: reconciliaos con Dios!” (2 Cor 5, 18-20).

 

  1. 149.        ¿Por qué es importante este sacramento?

Porque al perdonarnos los pecados cometidos después del bautismo, nos ayuda a convertirnos de modo más pleno. Por el pecado, nuestra condición humana ha quedado debilitada. Necesitamos la ayuda de Dios para vivir santamente y luchar contra nuestras inconsistencias y faltas personales.

 

  1. 150.        ¿Cuáles son los elementos constitutivos del sacramento de la reconciliación?

Los elementos constitutivos de este sacramento son, por una parte, los actos del penitente, y por otra, la acción de la Iglesia que otorga el perdón sacramental.

Los actos del penitente son:

a)     la contrición, esto es, el dolor por los pecados cometidos unido a la resolución de no volver a pecar. Es el amor a Dios y el temor a la condenación eterna lo que nos mueve al arrepentimiento y nos lleva a buscar la reconciliación.

b)     La confesión de los pecados al sacerdote, es elemento central de este sacramento. Se deben confesar los pecados mortales, previo examen de conciencia, e incluso los veniales (cosa que la Iglesia recomienda vivamente). Es precepto de la Iglesia el confesarse por lo menos una vez al año, o cuando se está en peligro de muerte.

c)     la satisfacción es la reparación que el penitente realiza con sus actos para eliminar los daños causados por el pecado, tanto en otras personas (por ejemplo, restituir lo robado) como en uno mismo (p. ej. Purificar el propio interior a través de oraciones, obras de misericordia etc). A la satisfacción que impone el confesor, se le llama también penitencia.

 

La acción de la Iglesia que nos da la reconciliación recibe el nombre de absolución. La da el sacerdote a través de la fórmula sacramental, que expresa el perdón otorgado por Dios Uno y Trino mediante la Iglesia: “Dios Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y resurrección de su Hijo, y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, el perdón y la paz. Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

 

  1. 151.        ¿Quién es el ministro de la reconciliación?

El ministro de este sacramento es el Obispo, y su colaborador en el sacerdocio, es decir, el presbítero. Solo ellos pueden administrar la reconciliación.

Es importante recordar que el ministro que recibe las confesiones está obligado a guardar absoluto secreto sobre los pecados de los penitentes. Este secreto, que no admite excepción alguna, recibe el nombre de “sigilo sacramental”.

 

  1. 152.        ¿Cuáles son los efectos del sacramento de la reconciliación?

Podemos señalar los siguientes efectos:

a)     Por este sacramento somos reconciliados con Dios. Si nuestros pecados nos alejaron de El, la gracia del sacramento restablece la amistad perdida y nos permite vivir la Comunión con el Señor.

b)     Nos devuelve la gracia santificante, así como nos brinda la tranquilidad de espíritu y la paz interior.

c)     Nos reconcilia con la Iglesia. En efecto, el pecado es también ruptura de la comunión fraterna, y ésta es resanada por el sacramento. Incluso se puede afirmar que la reconciliación con la Iglesia es inseparable de la reconciliación con Dios.

 

En un texto admirable, el Papa Juan Pablo II nos  dirá lo siguiente: “Hay que añadir que tal reconciliación con Dios tiene como consecuencia, por así decir, otras reconciliaciones que reparan las rupturas causadas por el pecado: el penitente perdonado se reconcilia consigo mismo en el fondo más íntimo de su propio ser, en el que recupera la propia verdad interior; se reconcilia con los hermanos, agredidos y lesionados por él de algún modo; se reconcilia con la Iglesia, se reconcilia con toda la creación” (Exhort. “Reconciliación y Penitencia” n.31).

 

  1. 153.        ¿Qué son las indulgencias?

Para entender esto, debemos explicar primero lo que ocasiona el pecado que cometemos. Cuando pecamos gravemente, rompemos la comunión con Dios, nos partamos de Él y quedamos incapacitados para la vida eterna: estamos en situación de culpa ante Dios y merecemos la pena eterna por nuestro alejamiento. Pero en nuestro pecado hay otra consecuencia: el apego desordenado a las cosas que nos impide amar correctamente a Dios, y nos hace merecedores de la pena temporal.

El sacramento de la reconciliación elimina la culpa y la pena eterna, frutos del pecado: reconciliados, ya no somos culpables, sino hijos de Dios, y estamos unidos nuevamente con El. Pero permanece la pena temporal, que es borrada por las indulgencias. Decimos, pues, que las indulgencias consisten en la remisión de la pena temporal de los pecados que el penitente, cumpliendo ciertas condiciones, obtiene por mediación de la Iglesia, encargada por el Señor Jesús de administrar en su nombre la gracia del perdón. La indulgencia puede ser plenaria o parcial según borre complemente o en parte la pena temporal de los pecados.

 

  1. 154.        ¿Quiénes pueden ganar las indulgencias?

Los fieles pueden ganar las indulgencias para sí mismos cumpliendo los requisitos que pone la Iglesia (confesión, peregrinación a determinado lugar, participación en la Eucaristía, oración, realizar obras de misericordia). Pero pueden aplicarlas también a los fieles difuntos, y de esa manera, en virtud de la comunión de los santos, pueden ayudarlos a su purificación plena, hasta alcanzar la gloria.

 

  1. 155.        ¿Cómo se celebra el sacramento de la reconciliación?

La manera ordinaria de celebrar este sacramento es la confesión y la absolución personales. Esto tiene una razón muy profunda: el Señor Jesús se dirige personalmente a cada uno de los pecadores para perdonarlos y devolverles la amistad con Dios.

 

LA UNCION DE LOS ENFERMOS.

 

  1. 156.        ¿Qué es la Unción de los Enfermos?

La Unción de los enfermos es el sacramento que fortalece al cristiano que sufre de enfermedad grave o de vejez, lo une más al Señor Jesús y le procura alivio y bienestar en medio de sus dolores y padecimientos.

 

  1. 157.        ¿Qué nos dice la Sagrada Escritura sobre la Unción de los Enfermos?

La Sagrada Escritura nos presenta la enfermedad y el sufrimiento como males de los que Dios nos salva: “Tú me curarás, me darás la vida. Entonces mi amargura se trocará en bienestar, pues tú preservaste mi alma de la fosa de la nada” (Is 38, 16-17). Jesús, al curar a los enfermos, muestra que ha venido para sanarnos de la enfermedad más grave: el pecado: “… Jesús dijo al Paralitico: Hijo, tus pecados te son perdonados… A ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa” (Mc 2, 5.11). El mismo Señor Jesús envió a los apóstoles “a curar enfermos” (Mt 10, 8). Y es así como los apóstoles y sus seguidores, siguiendo el mandato de Jesús, administraban el sacramento de la Unción de los enfermos.

Un ejemplo lo tenemos en la carta de Santiago: “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecado, le serán perdonados” (Stg 5, 14-15).

 

  1. 158.        ¿Quiénes pueden recibir este sacramento?

La Unción de los enfermos pueden recibirla aquellos fieles que se hallan padeciendo alguna enfermedad grave, o que son de edad avanzada y pueden, por ello, hallarse en peligro de muerte, y puede además, administrarse repetidas veces. No es conveniente dar este sacramento instantes antes de la muerte, ya que de ese modo se evita la participación activa del fiel.

 

  1. 159.        ¿Quiénes administran la Unción de los enfermos?

Solamente los sacerdotes (obispos, y presbíteros) pueden administrar este sacramento.

 

  1. 160.        ¿Cuál es el rito esencial de la Unción de los enfermos?

El rito esencial de este sacramento consiste en ungir al enfermo con el aceite consagrado en la frente y en las manos, mientras el sacerdote pronuncia las palabras: “Por esta santa unción y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad”.

 

  1. 161.        ¿Qué efectos produce la Unción de los enfermos?

La celebración de este sacramento produce los siguientes efectos:

a)     Da al enfermo una gracia especial por la que el Espíritu Santo lo conforta en su situación de enfermedad grave o de vez, brindándole la salud espiritual, e inclusive la curación corporal, si conviene a su salvación.

b)     Perdona los pecados, si es que el enfermo no ha podido recibir el sacramento de la reconciliación.

c)     Une al fiel enfermo con la Pasión del Señor Jesús, para que, ofreciendo sus sufrimientos con espíritu de oblación, pueda contribuir a su santificación y a la de sus hermanos en la fe.

d)     Prepara a la persona para el momento en que se encuentre definitivamente con Dios Uno y Trino y pueda vivir la Comunión plena, amando al Señor por toda la eternidad.

 

LOS SACRAMENTOS ALS ERVICIO DE LA COMUNIDAD

EL ORDEN

 

  1. 162.        ¿Qué es el sacramento del Orden?

El Orden es el sacramento que transmite la misión y la autoridad que Jesús confió a sus apóstoles para que dirijan la Iglesia. Comprende tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado.

 

  1. 163.        ¿Qué nos dice la Sagrada Escritura acerca de este sacramento?

Ya desde el Antiguo Testamento, Israel aparece como “reino de sacerdotes” (Ex 19, 6). Pero dentro de Israel, Dios eligió algunos hombres para que realizaran las funciones del culto divino: los levitas. Aarón, hermanos de Moisés, es llamado al sacerdocio por Dios mismo (Ex 28, 1). Posteriormente, Israel poseerá Sumos Sacerdotes que hagan de mediadores entre Dios y el pueblo.

Todo esto prefiguraba a Jesús, Sumo Sacerdote (Hbr 5, 10), y único mediador entre Dios y los hombres (1Tim 2, 5) que con su sacrificio en la cruz nos ha conseguido la reconciliación (Ef 2, 14ss; Col 1, 20). Pero el Señor Jesús ha querido que su ministerio sacerdotal sea continuado por sus apóstoles, que deben seguir ofreciendo9 su sacrificio a los hombres hasta el fin de los tiempos: “Haced esto en recuerdo mío…”. En la Última Cena, los apóstoles fueron constituidos sacerdotales, para celebrar de manera sacramental los misterios de nuestra salvación, especialmente la Eucaristía (Ver 1Cor 11, 23-26). Y a su vez, los apóstoles trasmitieron su sacerdocio a sus sucesores, los obispos, e hicieron participes de él a os presbíteros, sus colabores en el ministerio (ver 2Tim 1, 6; Tito 1, 5).

 

  1. 164.        ¿Existen diversas participaciones en el sacerdocio de Jesucristo?

Si. El Señor Jesús ha hecho de la Iglesia un pueblo sacerdotal (ver 1Pe 2, 9). Sin embargo, no todos en la Iglesia participan del sacerdocio del Señor de la misma manera. Todos los fieles, por su bautismo, poseen el sacerdocio común, por el que se unen a Cristo sacerdote como miembros de su cuerpo y pueden tener un papel activo en el culto. Pero el sacerdocio ministerial lo poseen solamente aquellos que han recibido el sacramento del Orden, por el cual se unen a Cristo-Cabeza, y tienen la función de santificar al cuerpo, especialmente por la administración de lso sacramentos, y guiarlos, ejerciendo la autoridad. Téngase en cuenta que el sacerdocio ministerial es diferente del sacerdocio común, de modo esencial, no sólo gradual, y ambos conforman el único sacerdocio de Jesucristo, tal como se vive en la Iglesia.

 

  1. 165.        ¿Cuántos grados posee el sacramento del Orden?

Este sacramento posee tres grados: el episcopado, el presbiterado y el diaconado. De éstos, dos de ellos (episcopado y presbiterado) son participación del sacerdocio ministerial del Señor Jesús. El tercero (diaconado) no hace participes del sacerdocio de Cristo. Está dado en orden al servicio y ayuda de los sacerdotes y de la Iglesia.

 

  1. 166.        ¿Quiénes poseen el Episcopado?

Lo poseen los Obispos. Ellos, en cuanto sucesores de los apóstoles, han recibido la plenitud del sacramento del Orden, precisamente para cumplir su misión de santificar a la Iglesia.

 

  1. 167.        ¿Quiénes poseen el presbiterado?

Lo poseen los presbíteros, que han recibido una participación del sacerdocio pleno del obispo y ejercen su ministerio sacerdotal colaborando con la función santificadora y de gobierno propia del Obispo. Como colaboradores, celebran el culto y administran los sacramentos, así como conducen con autoridad a la porción del Pueblo de Dios que su Obispo les encomienda.

 

  1. 168.        ¿Quiénes poseen el diaconado?

Lo poseen los diáconos, que reciben el Orden no para el sacerdocio, sino para el servicio. En este sentido, los diáconos tienen la función de ayudar a los obispos y presbíteros, así como servir al Pueblo de Dios.

  1. 169.        ¿Cuál es el rito esencial de este sacramento?

El rito esencial de este sacramento lo constituyen – en los tres grados- la imposición de las manos por parte del ministro sobre la cabeza del ordenando, a la que acompaña la oración consecratoria propia de cada ministerio conferido.

 

  1. 170.        ¿Quiénes pueden conferir el sacramento del Orden?

Son los Obispos, en cuanto sucesores de los apóstoles, los que pueden conferir válidamente el Orden en sus tres grados.

 

  1. 171.        ¿Quiénes pueden recibir el sacramento del Orden?

Solamente los varones bautizados pueden recibir el sacramento del Orden. Con esto, la Iglesia sigue el ejemplo del mismo Señor Jesús, que solamente llamo a varones para ejercer este ministerio.

En la Iglesia Católica de rito latino, el Orden es conferido a los varones que quieren vivir el celibato por amor del Reino y para servir a los hombres. La única excepción a esta norma eclesial es la de los diáconos permanentes, que pueden recibir este ministerio siendo casados.

 

  1. 172.        ¿Cuáles son los efectos del sacramento del Orden?

Son los siguientes:

a)     Una gracia particular que configura al ordenado con Jesucristo Sumo Sacerdote, y lo hace partícipes de su

b)     El Orden produce un carácter sacramental indeleble e irreiterable, que no se borra nunca.

c)     Por este sacramento, el ordenado (sea obispo, presbítero o diacono) puede realizar las tareas propias de su ministerio. Con la gracia particular propia del sacramento, se le otorga también la gracia santificante que le permite realizar santamente sus funciones.

 

 

EL MATRIMONIO

 

  1. 173.        ¿Qué es el matrimonio?

El matrimonio es el sacramento por el cual, el hombre y la mujer se entregan el uno al otro, para crear una comunión de vida que los realice plenamente como personas en el amor mutuo y en la formación y el cuidado de un hogar.

 

  1. 174.        ¿Qué nos dice la Sagrada Escritura sobre el Matrimonio?

Ya desde el relato de la creación, vemos cómo Dios mismo ha querido la unción del hombre y la mujer: “Creó pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó” (Gén 1, 27). El matrimonio es bendecido por Dios, que lo quiere como parte de su Plan para el hombre: “Y bendíjolos Dios y les dijo: Sed fecundos y multiplicaos y llenad la tierra y sometedla” (Gén 1, 28). Y la esencia del matrimonio es el amor del hombre y la mujer, amor que supera cualquier otro tipo de amor humano y que debe llevar a al unidad entre ambos: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen los dos una sola carne” (Gén. 2, 24).

El pecado de los primeros padres deformó y distorsionó el matrimonio: el amor es reemplazado por el egoísmo, y las relaciones de afecto y comunión se tocan en dominio y opresión (ver Gén 3, 16). Sin embargo, Dios no va a negar su Plan; antes bien, toma la figura del matrimonio para expresar su amor reconciliador por los hombres. En efecto, la Alianza es presentada muchas veces como un matrimonio (ver Os 1-3; Is 54, 1ss; Is 62, 1ss), figura del amor y de la unidad que Dios quiere vivir con la humanidad. Será el Señor Jesús quien restaure la dignidad del matrimonio “como era en el principio” (ver Mt 19, 8) y enseñe que hombre y mujer deben vivir en comunión fiel e indisoluble, porque ese es el Plan de Dios. Más aún: Jesús, al entregar su vida por nuestra reconciliación, se ha unido a la Iglesia como un esposo a su esposa, realizando así la Alianza Plena y definitiva. Por eso, porque la unción del hombre y la mujer es símbolo de la unción de Jesús con su Iglesia (Ver Ef 5, 25-32), es que el matrimonio es considerado un sacramento cristiano.

 

  1. 175.        ¿Cuál es el elemento central de este sacramento?

El elemento central del matrimonio lo constituye el consentimiento mutuo, que es el acto de la voluntad por el cual el hombre y la mujer se entregan y se reciben el uno al otro para toda la vida. Tal consentimiento debe ser libe, y es expresado por los esposos durante la celebración del matrimonio, que-por lo común- se realiza durante la misa.

 

  1. 176.        ¿Quiénes administran el matrimonio?

En este sacramento, los “ministros” son los mismos contrayentes, es decir, el hombre y la mujer que por su mutua entrega, se unen en el Señor. Pero el matrimonio, por ser sacramento, se celebra en la Iglesia, ante un testigo cualificado que acepta y bendice el consentimiento mutuo de los cónyuges, y que puede ser el sacerdote o el diacono.

 

  1. 177.        ¿Cuáles son los efectos del Matrimonio?

Podemos señalar los siguientes:

a)     El matrimonio crea un vínculo que une indesligablemente al hombre y a la mujer, mientras vivan. Esto nos lo recuerda el Señor Jesús, cuando, hablando del matrimonio, die que: “ya no son dos, sino una sola carne” (Mt 19, 6).

b)     El matrimonio da una gracia sacramental propia, por la cual los esposos viven el misterio del amor de Cristo y de la Iglesia (ver Ef 5, 25-32). De esta manera es perfeccionado el amor conyugal, que se convierte en signo y testimonio del amor con que el Señor Jesús ha amado a los hombres.

c)     Otorga, además, la gracia santificante y todos los auxilios necesarios para que los esposos puedan cumplir con los deberes propios de su estado y alcancen la conformación plena con Jesucristo.

  1. 178.        ¿Qué características posee el matrimonio cristiano?

Son características propias del matrimonio cristiano:

a)     Unidad: Pues el matrimonio implica la entrega mutua de un hombre a una mujer. Es la misma naturaleza del amor, que es exclusivo y total, lo que excluye la multiplicidad de esposas (poligamia) o de esposos (poliandria).

b)     Indisolubilidad: El matrimonio, una vez realizado y consumado, no se puede disolver.  No existe poder humano que pueda separar a dos esposos válidamente casados. En esto, la Iglesia sigue fielmente las palabras de Jesús cuando dijo: “Lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre” (Mt 19, 6). De allí que la Iglesia rechace el divorcio, por ser una realidad negativa que destruye a la familia y banaliza el amor conyugal, que está llamado a ser permanente, precisamente porque es amor.

c)     Apertura a la vida: Pues todo matrimonio está abierto al don de la vida, que se plasma en los hijos. En efecto, los hijos son como la prolongación del amor de los esposos y la expresión de una vida común que no se plasma en los hijos. En efecto, los hijos son como la prolongación del amor de los esposos y la expresión de una vida común que no se cierra egoístamente sobre sí misma, sino que se abre a la existencia de otro ser. En ese sentido, el que los esposos, a través de medios ilícitos, se cierren a la posibilidad de tener hijos, desfigura y perturba la vida matrimonial.

 

  1. 179.        ¿Qué papel deben cumplir los hogares cristianos?

Los hogares cristianos (llamados también “Iglesias domésticas”) cumplen un papel muy importante: por medio de ellos la Iglesia da testimonio del amor del Señor Jesús desde el centro mismo de las estructuras del mundo. Es en el hogar donde los creyentes reciben su primera educación en la fe; y el hogar cristiano está llamado a desempeñar una tarea apostólica fundamental en la Nueva Evangelización a la que el Señor nos convoca.

 

OTRAS CELEBRACIONES LITURGICAS

 

  1. 180.        ¿Qué otros elementos posee la liturgia de la Iglesia?

La liturgia de la Iglesia abarca también los sacramentales. Estos son signos sagrados instituidos por la Iglesia, que preparan a los fieles para la recepción de los sacramentos y santifican las diversas circunstancias de la vida. Sacramentales son las bendiciones, que pueden ser de personas (por ejemplo, una profesión de votos de un religioso o una religiosa, una consagración apostólica laical, la entrega de ministerios laicales, como el acolitado, etc.); de cosas (por ejemplo, la bendición de una nueva iglesia, de los objetos sagrados, de una casa, etc.) de situaciones (por ejemplo, la bendición de la mesa).

 

  1. 181.        ¿Qué características poseen los sacramentales?

Podemos señalar las siguientes:

a)     Han sido instituido por la Iglesia – a diferencia de los sacramentos, que fueron instituidos por el Señor Jesús – como elementos de intercesión y de santificación en todos los momentos cotidianos de la existencia.

b)     Por lo común, constan de una oración sencilla, por la que se solicita el auxilio y la bendición del Señor, así como de un signo particular (imposición de la mano, aspersión con agua bendita, señal de la cruz).

c)     Poseen eficacia, en virtud del poder intercesor de la Iglesia – y no por sí mismo, como es el caso de los sacramentos-. Los sacramentales nos disponen a recibir la gracia santificante de modo más provechoso.

 

  1. 182.        ¿Qué es la religiosidad popular?

Es un conjunto de ritos, símbolos y costumbres con las que el pueblo cristiano vive su fe de manera sencilla, inculturada en los diversos ambientes y pueblos. La religiosidad popular es prolongación de la vida litúrgica de la Iglesia; y las diversas expresiones de la religiosidad popular (vía crucis, procesiones, fiestas religiosas, el rosario, las peregrinaciones, etc.) manifiestan la experiencia del encuentro con Dios propia de las masas creyentes. En nuestro medio, un hermoso ejemplo de religiosidad popular lo constituyen las procesiones.

 

 

 

TERCERA PARTE

LA VIDA EN CRISTO

 

PRIMERA SECCIÓN

LA VOCACION DEL HOMBRE:

LA VIDA EN EL ESPIRITU

 

La fe cristiana es profesada mediante la proclamación del Símbolo de fe o Credo. Y la fe profesada es celebrada en la liturgia por la que damos culto y alabanza a Dios Uno y Trino, y se actualiza nuestra reconciliación. Esto ocurre específicamente en los sacramentos.

La fe es también una nueva vida, que consiste en seguir a Jesús y conformarnos con El a través de nuestros actos. La fe que profesamos y celebramos es vivida por medio de a moral cristiana y concretamente, a través de los mandamientos. De esta manera, el hombre responde a sus dinamismos más profundos y a su vocación definitiva.

 

  1. 183.        ¿Cuál es la vocación del hombre?

El hombre ha sido creado por Dios para vivir la comunión plena de amor con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, en unión con sus hermanos humanos y con la creación entera. Hecho a imagen y semejanza de su Creador, el hombre, mediante sus dinamismos fundamentales de permanencia y despliegue, busca la felicidad que solo en Dios puede encontrar de manera absoluta.

Por ser creatura espiritual, el hombre busca a Dios y quiere unirse a Él. En su realidad más profunda, la persona humana siente una “sed de Dios” que es constitutiva de su ser (permanencia). Y buscará planificar su ser más profundo en el encuentro y la comunión con Dios (Despliegue). A través de sus afectos, pensamientos y acciones externas, el hombre responde a la gracia divina y realiza así la vocación a la que ha sido invitado.

 

  1. 184.        ¿Quién revela al hombre su vocación?

Nos dice el Concilio Vaticano II que: “Cristo manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación” (Gaudium st spes n.22). En efecto, es el Señor Jesús quien nos muestra que hemos sido creados para ser hijos adoptivos de Dios Padre y hermanos de Jesús. Para realizarnos plenamente como hombres debemos asemejarnos con Jesús, el hombre perfecto. Y para que pudiéramos alcanzar nuestra meta, el Señor Jesús nos reconoció, muriendo por nosotros para darnos la vida eterna.

Jesús nos enseña que nuestra vocación última es la bienaventuranza: la humildad, la misericordia, la pureza de corazón, la paz, la mansedumbre, son las actitudes que nos llevarán a la comunión plena con Dios Amor, que es el Reino.

 

  1. 185.        ¿y es difícil para el hombre vivir esta invitación a la comunión plena y a la felicidad?

Sí. Ello se debe a que el hombre, haciendo mal uso de su libertad, peca y se aparta de Dios. Entonces, las acciones humanas no reflejan ya este deseo de comunión con Dios, sino más bien la ruptura con nuestro Creador, y por lo mismo, esto nos lleva a la infelicidad y al fracaso. De allí que sea necesario para el ser humano la ayuda de Dios: que nos dé la fuerza interior necesaria para llegar hasta El (gracia) y nos indique cómo debemos vivir en respuesta fiel a su amor (Ley).

 

  1. 186.        ¿Qué es la libertad? ¿Por qué decimos que el hombre es libre?

La libertad es el poder propio del hombre por el cual opta de manera voluntaria y responsable por aquello que lo realiza y lo lleva a ser más persona. Libertad es optar por el bien, respondiendo a los dinamismos fundamentales.

La libertad presupone la capacidad del hombre de elegir entre diversas opciones (libertad de elección). Por la libertad, rectamente empelada, el hombre, cooperando con la gracia de Dios, puede alcanzar su plenitud y felicidad. En la libertad, el hombre refleja la dignidad que le es propia. Dios mismo, que ha creado al ser humano, a tal punto respeta su libertad, que nuca lo obliga ni lo fuerza a cosa alguna.

 

  1. 187.        ¿Y qué hizo el hombre con su libertad?

Dios otorgó al hombre la libertad para que pueda acercarse a Él, y ser feliz en comunión con su Creador. Pero el hombre usó mal de su libertad, eligió el mal y perdió el amor de Dios, introduciendo el pecado y la muerte en el mundo. Desde este momento la libertad humana se halla debilitada, inclinada al mal y afectada por el pecado. Pero sabemos que “para ser libres nos ha liberado Cristo” (Gal 5, 1).

 

  1. 188.        ¿Qué características poseen los actos humanos libres?

Los actos humanos libres constituyen propiamente actos morales. Por sus actos libres, hechos voluntarias y responsables, el hombre se acerca a Dios y cumple el bien, o por el contario, comete el mal, apartándose de Él.

 

  1. 189.        ¿De qué depende la moralidad de los actos humanos?

La moralidad de los actos humanos depende:

a)     De objeto elegido;

b)     Del fin buscado o la intención;

c)     De las circunstancias de la acción.

 

A estos tres elementos se les llama fuentes de la moralidad.

 

  1. 190.        ¿Qué es el objeto de un acto moral?

Objeto de un acto moral es el bien hacia el cual tiende la voluntad de la persona que elige. Constituye la materia del acto humano y cualifica moralmente dicho acto (es decir, si se elige algo bueno, el acto moral será bueno; si se elige algo malo como bueno, el acto moral será malo). Existen actos morales que son en sí mismos malos por razón del objeto, por ejemplo: la fornicación, el adulterio. No está permitido hacer el mal para obtener un bien.

 

  1. 191.        ¿Qué es la intención?

Es el movimiento de la voluntad que apunta hacia un fin. Toda acción moral humana posee siempre una intención, que puede ser la misma para varias acciones, incluso puede orientar toda la vida hacia su fin último.

La intención, por ser una cualidad de la persona que actúa, es importancia y cualifica la acción moral. Pero una intención buena no hace bueno un comportamiento en sí mismo malo: el fin no justifica los medios. De igual manera, una intención mala puede malograr un acto que de suyo es bueno: por ejemplo, dar limosna (que en sí es algo bueno) se vuelve una acción viciosa y mala cuando se hace por vanagloria (el caso de los fariseos criticados por el Señor Jesús, ver Mt 6, 2-4).

 

  1. 192.        ¿Qué son las circunstancias?

Son las situaciones que rodean y acompañan al sujeto y a sus acciones, así como las consecuencias de estas acciones. Contribuyen a gravar o disminuir la bondad o malicia moral de los actos humanos (por ejemplo: no es lo mismo robar 10 que robar 1 millón). Las circunstancias no pueden, por sí mismas, hacen ni buena ni justa una acción que de suyo es mala.

 

  1. 193.        ¿Cuándo un acto humano es moralmente bueno?

Un acto humano será moralmente bueno cuando el objeto, el fin y las circunstancias sean buenos. Hay actos cuyo objeto los cualifica directamente, y que, por lo tanto, no podrán nunca ser buenos aunque se realicen con las mejores intenciones y en circunstancias especiales.

 

  1. 194.        ¿Qué es la conciencia moral?

La conciencia es el juicio interior por el que el hombre reconocer la cualidad moral de un acto concreto que piensa hacer, eta haciendo o ha hecho. Es la conciencia la que impulsa al hombre a hacer el bien y evitar el mal. Mediante el dictamen de su conciencia, el ser humano reconoce la ley divina, presente en lo profundo de su corazón (ver Rom 2, 14). La conciencia moral abarca la percepción de los principios de la moralidad, su aplicación a las circunstancias concretas mediante un discernimiento práctico, y por último, el juicio de valor sobre los actos concretos que se van a realizar o se han realizado.

 

  1. 195.        ¿Qué significa “formar nuestra conciencia”?

Es la responsabilidad que tiene toda persona de educar su conciencia, para que a la hora de optar, pueda elegir según la verdad, buscando siempre lo bueno. La conciencia debe ser formada teniendo al Plan de Dios como su criterio orientador, para que, en la vida concreta, se vea libre del error y de las inclinaciones negativas a las que el pecado muchas veces conduce. De allí que los medios adecuados para formar nuestra conciencia sean, entre otros, la Palabra de Dios, la práctica de las virtudes, el consejo de personas que nos puedan ayudar, y las enseñanzas de la Iglesia.

 

  1. 196.        ¿La conciencia siempre discierne correctamente?

La conciencia, a veces, puede estar afectada por la ignorancia, y por tanto, puede formar juicios erróneos sobre actos por hacer o ya hechos: puede juzgar como correcto algo que no lo es. En este caso, se llama conciencia errónea. Cuando una persona obra así, creyendo que es lo correcto, con ignorancia invencible y sin malicia propia, no puede ser considerada culpable, aunque su acción sea objetivamente mala. Sin embargo, la persona será culpable si la ignorancia que condicionó su conciencia pudo ser corregida y eliminada (ignorancia vencible).

Esto nos muestra lo importante que es formar nuestra conciencia. Lo ideal es llegar a tener una conciencia recta y verdadera, iluminada por la fe y que nos lleva a un encuentro pleno con Jesús, que es la Verdad (ver Jn 14, 6).

 

 

 

LAS VIRTUDES

 

  1. 197.        ¿Qué son las virtudes?

Las virtudes son disposiciones, actitudes y hábitos que regulan los actos humanos, ordena las facultades y potencialidades de la persona humana y la llevan hasta la plenitud de su ser, disponiéndola para el encuentro pleno con Dios.

Podemos distinguir entre virtudes humanas, que el hombre consigue y vive por sí mismo, y virtudes teologales, que son dadas por Dios para vivir la comunión con El.

 

  1. 198.        ¿A qué se llaman virtudes cardinales?

Se llama así a cuatro virtudes humanas que orientan y guían de manera principal la acción humana y agrupan en torno así a las demás virtudes. Ellas son: la prudencia, la justicia, la fortaleza y la templanza.

La prudencia es la virtud que ayuda a discernir en toda circunstancia el verdadero bien y a elegir los medios rectos para realizarlo. Gracias a la prudencia, el hombre puede aplicar sin error los principios morales a cada caso concreto y deja de lado las dudas sobre lo que debe o no debe hacerse.

La justicia es la constante y firme voluntad de dar a cada uno lo que le es debido (sea a Dios y al prójimo). Referida a Dios, es llamada “virtud de la religión”. Y en las relaciones con los hermanos humanos, debe llevar al respeto a los derechos de las personas, así como a vivir en armonía y paz.

La fortaleza es aquella virtud que nos da la firmeza y la constancia en la búsqueda del bien, y nos reafirma en la lucha contra las tentaciones así como en la renovación de nuestros buenos propósitos, superando los obstáculos en la vida moral.

La Templanza modera la atracción de los placeres y procura el equilibrio en el uso de los bienes creados. Nos ayuda a vivir sobriamente, ejerciendo el señorío sobre nosotros mismos y sobre las cosas.

 

  1. 199.        ¿Qué son las virtudes teologales?

Son aquellos dones dados directamente por Dios y que nos permiten vivir la comunión sobrenatural con nuestro Creador. Mediante las virtudes teologales, Dios nos da su misma vida y posibilita nuestra respuesta de adhesión, de confianza y de amor. Son: la fe, la esperanza y la caridad.

 

  1. 200.        ¿Qué es la fe?

La fe es el don sobrenatural dado por Dios por la cual nosotros creemos y nos adherimos a Él y a todo lo que nos ha revelado. La fe es un acto de entrega al Señor, así como el inicio de la comunión con El (ver en la Primera Parte, Primera sección, El hombre responde a Dios que se revela: la Fe).

 

  1. 201.        ¿Qué es la esperanza?

Es la virtud teologal que nos da confianza y certeza en las promesas divinas, aguardando la llegada gloriosa del Señor Jesús y la instauración plena del Reino de los Cielos. Mediante la esperanza, somos fortalecidos en la espera, y ello debe llevarnos a cooperar con todas nuestras fuerzas a la realización de la promesa.

En el Antiguo Testamento, Abraham es visto como modelo de esperanza, a partir de su fe: “Esperando contra toda esperanza, creyó y fue hecho padre de muchas naciones” (Rom 4, 18). Pero es María, la madre de Jesús, el modelo perfecto de la esperanza. En el cántico del Magnificat expresa la esperanza del pueblo de Israel que se cumple con Jesús (Lc 1 46-55); orando con los apóstoles, espera la manifestación del Espíritu Santo en Pentecostés, como cumplimiento de la promesa del Señor Jesús (Hch 1, 14).

 

  1. 202.        ¿Qué es la caridad?

Es el don divino por el cual amamos a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. La caridad nos permite amar con el mismo amor con el que Dios ama, y de esa manera, posibilita que alcancemos nuestra plenitud, ya que hemos sido creados para vivir el amor.

La caridad es el centro de la vida enseñanza de Jesús. El nos enseña que el amor a dios Padre está por encima de todo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el mayor y el primer mandamiento” (Mt 22, 37-38). Jesús ama a los suyos hasta el fin (ver Jn 13, 1) y muestra con su propia entrega que “nadie tiene mayor amor que aquel que da la vida por sus amigos”. El mandamiento de Jesús es el mandamiento del amor: “Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15, 12). Debemos amar a todos, sin excluir a nadie, incluyendo a los enemigos (Mt 5, 44). Y el amor se vive de manera concreta en el servicio (ver 1Cor 13, 4-7). Por todo esto, la caridad es la mayor de todas las virtudes: “Ahora subsiste la fe, la esperanza y la caridad, estas tres. Pero la mayor de todas ellas es la caridad” (1Cor 13, 13).

 

  1. 203.        ¿Qué otros dones y virtudes nos regala Dios?

Dios nos otorga también los dones del Espíritu Santo, que son disposiciones permanentes que nos ayudan a seguir dócilmente el Plan de Dios. Son siete: Sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Y están además los frutos del Espíritu Santo, que son: caridad, gozo, paz, paciencia, bondad, mansedumbre, fidelidad, modestia, castidad, etc.

Por medio de las virtudes, estamos invitados a vivir santamente, respondiendo desde nuestra libertad al amor de Dios. Pero no siempre respondemos como es debido, sino que a veces preferimos rechazar el amor de Dios y apartarnos de El. Esto este el pecado.

 

  1. 204.        ¿Qué es el pecado?

El pecado es la ruptura con Dios, fruto del egoísmo del hombre y del mal uso de la libertad. Es toda acción, palabra o deseo que lleva al hombre a apartarse de Dios y romper la comunión de amor con Dios, pero también es romper la unidad y armonía consigo mismo, con los demás hombres y con la creación.

El pecado es el rechazo del amor de Dios, que es nuestra felicidad y realización plenas. Pro eso, el primer y mayor perjudicado por el pecado es el mismo hombre que peca. El pecado es un acto suicida ya que nos conduce a la desdicha y a la muerte. Y desgraciadamente, porta la división y el mal que causaría sufrimiento a otros: el pecado, por más personal que sea, siempre tiene consecuencias sobre los demás.

 

 

  1. 205.        ¿Todos los pecados son iguales?

No. Existen diversidad de pecados, algunos más graves que otros. Podemos distinguir, según la Tradición de la Iglesia, entre pecados mortales y pecados veniales.

 

  1. 206.        ¿Qué es el pecado mortal?

Viene a ser la falta que destruye el amor de Dios en el hombre y nos aparta del Señor. El pecado mortal implica cometer una acción muy grave y contraria a la ley de Dios, con pleno conocimiento de que se está obrando mal y con el consentimiento deliberado de la persona. Son pecados mortales, por ejemplo, los actos graves contrarios a los mandamientos de la Ley de Dios, así como los pecados que llamamos capitales: soberbia, vanagloria, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza.

Las consecuencias del pecado mortal son: la pérdida de la caridad, la privación de la gracia santificante y – si no produce una actitud de conversión y arrepentimiento- la exclusión del Reino y la condenación eterna.

 

  1. 207.        ¿Qué es el pecado venial?

Es la falta que debilita el amor de Dios en el corazón de los hombres, sin llegar a romper la comunión con El. En la medida en que debilita el amor a Dios, poco a poco va predisponiendo al hombre a cometer el pecado mortal.

Hay pecado venial cuando no se cumple –en materia leve- lo que nos pide Dios, o cuando se comete una falta grave, pero sin pleno conocimiento o sin pleno consentimiento. No obstante, el pecado venial no nos priva de la gracia santificante ni de la unión con Dios, y puede ser limpiado por la misma gracia que ya poseemos, si nos arrepentimos de ellos.

Somos pecadores, pero no debemos perder la confianza en la misericordia divina. Dios Padre nos ha reconciliado por medio de su Hijo el Señor Jesús (ver 2 Cor 5, 18ss) y gracias a El podemos vernos libres del pecado y viviendo santamente. Esta salvación la vivimos mediante la Ley Moral y la gracia.



LEY MORAL Y LA GRACIA

 

  1. 208.        ¿Qué es la Ley Moral?

Ley moral viene a ser como una instrucción paternal, que brota del amor de Dios y que es dada al hombre para que pueda alcanzar su fin: la comunión de amor y la felicidad eterna con Dios. Nos dice cómo llegar hasta Dios y nos enseña lo que debemos evitar par ano apartarnos de su amor.

La ley moral, que es un regalo de Dios, no nace de su capricho o arbitrariedad. Dios no nos manda lo que quiere, sino lo que es lo mejor para nosotros; y porque es lo mejor para nosotros, por eso lo quiere. La ley moral es el camino de realización del Plan de Dios para cada ser humano.

La ley moral tiene diversas expresiones: la ley eterna, fuente en Dios de toda ley; la ley natural; la ley revelada, que abarca la Ley Antigua  o la Ley nueva o evangélica; y por ultimo, las leyes civiles y eclesiásticas.

 

  1. 209.        ¿Qué es la ley moral natural?

Es una participación en la sabiduría y bondad de Dios, por parte del hombre, por la cual se conoce lo que es el bien y lo que es el mal, la verdad y la mentira, así como los principios básicos del recto obrar.

La ley natural está inscrita en el corazón de todo hombre. Ella nos remite a Dios, quien la ha colocado allí. Es universal, ya que se extiende a todo hombre; e inmutable, porque su esencia se mantiene siempre la misma, en medio de la diversidad de tiempos, culturas, situaciones, aunque las normas que la expresen puedan variar. Por lo mismo, es principio común que une a todos los hombres.

 

  1. 210.        ¿Qué es la Ley Antigua?

Es el primer estado de la Ley Revelada. Dios enseña al pueblo elegido, Israel, las prescripciones morales que deben seguir para vivir en comunión con Dios y en armonía y paz entre sí mismos y con los otros hombres.

La Ley Antigua está resumida en los Diez mandamientos, dados por Dios Moisés (ver Ex 20, 1ss). Por tener su origen en Dios es buena y santa (Rom 7, 12.16), muestra que es lo que debe y no debe hacerse, es imperfecta y ha sido planificada por el Señor Jesús, que vino no a abolir la Ley, sino  ad arle cumplimiento pleno (ver Mt 5, 17). Por eso decimos que la Ley Antigua es una preparación para el Evangelio.

 

  1. 211.        ¿A qué llamamos Ley Nueva?

La Ley Nueva o evangélica es la perfección de la ley divina que el hombre está invitado a vivir en eta vida terrena. Ha sido dada por el Señor Jesús y está contenida en el Sermón de la montaña. Es además, obra del Espíritu Santo y se expresa en la ley interior o ley de la caridad.

La ley nueva es la plenitud de la Ley; es la ley del amor y de la libertad. Todo aquel que cree en Jesús está llamado a vivir el amor, para el amor y por el amor: “Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mandó” (1Jn 3, 23).

 

  1. 212.        ¿Cuál es la característica principal de esta Ley Nueva?

La característica principal de esta Nueva Ley es la gracia que nos es dada por el Espíritu Santo, mediante la fe, y que nos justifica, haciéndonos libres y capaces de alcanzar la santidad plena. Por ello, conviene ahora profundizar sobre la gracia como medio para vivir la salvación de Dios.

 

  1. 213.        ¿Qué es la gracia?

La gracia es Dios mismo que se da al hombre como don, como regalo, para que pueda vivir participando de su amor y de su felicidad. La gracia es, por tanto, la participación en la vida divina (ver 2Pe 1, 4) que surge como consecuencia de la donación de Dios mismo al ser humano.

El Señor Jesús, nuestro Reconciliador, nos ha conseguido toda la gracia necesaria para nuestra salvación. Por su muerte en la cruz y por su resurrección gloriosa, posibilita que recuperemos la comunión perdida por el pecado, amando a Dios Padre y siendo sus hijos adoptivos (ver Gal 4, 4). Y es el Espíritu Santo el que derrama la gracia en nuestros corazones, justificándonos y santificándonos.

 

 

  1. 214.        ¿A qué llamaos gracia santificante?

Precisamente, llamamos gracia santificante al don de Dios que nos convierte en nuevas creaturas (ver 2Co 5, 17), nos hace santos y nos otorga la vida propia de los hijos de Dios, que es la vida de la caridad sobrenatural. La gracia santificante nos es dada mediante los sacramentos.

 

  1. 215.        ¿Y qué son las gracias actuales?

Son los auxilios o ayudas que Dios nos otorga para llevarnos a la comunión y a vivir con intensidad la gracia santificante. Las gracias actuales se hallan en el origen de la conversión, y también en el curso de la santificación del hombre.

 

  1. 216.        ¿Qué es la justificación?

Es el proceso por el cual el hombre pasa de una situación de pecado y de lejanía de Dios, a la salvación y comunión con Dios. La justificación del hombre es fruto de la gracia de la reconciliación obtenida por el Señor Jesús, mediante su pasión.

El hombre se apropia de esta justificación mediante la fe en Jesucristo. Por la fe, y por la gracia que nos es dada, somos transformados interiormente, de pecadores en justos; recibimos la gracia santificante que nos hace hijos del Padre y nos convertimos en hermanos de Jesús y templos del Espíritu Santo.

 

  1. 217.        ¿Cómo debe responder el hombre a la gracia de Dios?

La respuesta del ser humano a la gracia misericordiosa de Dios debe ser la de cooperación plena y activa con el don entregado. Esto implica que Dios nos salva (con su gracia); pero quiere que nosotros tengamos también una parte imprescindible en nuestra propia salvación, a tal punto que si el hombre no responde a la gracia, no podrá salvarse.

El hombre, una vez justificado, puede optar radicalmente por aceptar y vivir el Plan de Dios y orientar sus acciones concretas según esta opción. Esta opción fundamental, que es la opción de la fe, brota como respuesta libre del hombre, y apunta a vivir la santidad, que es la vocación a la que está llamado todo cristiano.

 

  1. 218.        ¿Quién nos enseña a vivir correctamente la moral cristiana?

Ha sido la Iglesia, quien por encargo de Jesús, ha recibido la potestad para enseñar cómo deben vivir los fieles a la fe cristiana y sus exigencias morales. Para ello, la Iglesia propone la práctica de los mandamientos y de los preceptos de la Iglesia.

 

  1. 219.        ¿Qué son los preceptos de la Iglesia?

Son leyes que la Iglesia promulga y que garantizan la práctica sacramental necesaria para vivir el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Los preceptos de la Iglesia son cinco:

  1. Oír misa entera los domingos y fiestas de guardar
  2. Confesarse por lo memos una vez al año y en peligro de muerte.
  3. Comulgar por Pascua de Resurrección
  4. Guardar ayuno y abstinencia según lo mande la Iglesia.
  5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales.

 

 

LA COMUNIDAD HUMANA

 

  1. 220.        ¿Existe relación entre vida moral, personal y sociedad?

Si. Porque el hombre no ha sido creado por Dios para vivir solo, sino en sociedad. La vida social es esencial al ser humano, ya que mediante ella se realiza como persona. Y por esto, la vida moral implica también una serie de deberes con respecto al prójimo, y por ende, a la comunidad. De aquí se sigue que todo cambio personal ayuda a un cambio social, y todo esfuerzo personal por ser santos puede llevar a un mejoramiento de la convivencia social: “La primera tarea social es la santidad propia”.

 

  1. 221.        ¿Qué es la sociedad?

Una sociedad es un conjunto de personas ligadas de manera orgánica por un principio de unidad que supera a cada una de ellas. La sociedad es a la vez visible y espiritual; en ella el hombre encuentra el ámbito donde pueda realizar su vocación a ser persona humana. De allí que se puede decir que el principio, sujeto y fin de toda sociedad es y debe ser la persona humana.

 

  1. 222.        ¿Qué es el Estado?

El Estado es la sociedad orgánica políticamente. Es la estructura social que, por el ejercicio de la autoridad, busca la consecución de los fines de la sociedad: la realización integral de las personas que la conforman, y el bien común. Todo Estado, por definición, se halla al servicio de las personas y de las sociedades, pero para conseguir sus metas puede solicitar, e incluso exigir, la participación de sus miembros.

 

  1. 223.        ¿Qué implica el ejercicio de la autoridad?

La autoridad es la cualidad por la que personas o instituciones dan leyes y ordenes a los hombres y esperan la correspondiente obediencia. La autoridad es inherente a la naturaleza humana, y a la misma vida social, y es necesaria para la recta convivencia. Por eso, en la medida que pertenece a la condición humana creada por Dios, la autoridad tiene un origen divino: “Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas” (Rom 13, 1).

Al ejercer la autoridad, los gobernantes sirven a la comunidad y procuran el bien común. Pero la autoridad no puede ni debe ejercerse arbitrariamente. Cuando busca intereses propios,  ajenos al bien común, entonces pierde legitimidad. Incluso, cuando obliga a las personas a aceptar o realizar acciones inmorales y malas, pierde el derecho a ser obedecidas.

 

  1. 224.        ¿Qué es el bien común?

Es “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (Const. Pastoral Gaudium et spes n. 26). No es solo la suma de los bienes particulares de cada sujeto; implica la referencia del bien personal al bien del grupo; y viceversa.

 

 

  1. 225.        ¿Qué elementos esenciales abarca el bien común?

Abarca tres elementos esenciales:

a)     En primer lugar, el respeto a la persona humana, concretamente a sus derechos fundamentales.

b)     También exige el bienestar social y el desarrollo del grupo mismo. Todo hombre debe contar con lso bienes materiales y espirituales que necesita para vivir dignamente y realizarse como persona.

c)     Por último, el bien común implica la paz. Por eso, la autoridad debe asegurar, por medios honestos, la seguridad de la sociedad y la de sus miembros. El bien común fundamenta el derecho a la legítima defensa individual y colectiva.

 

 

SEGUNDA SECCION

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

 

  1. 226.        ¿Qué es el Decálogo?

El Decálogo es el conjunto formado por los Diez mandamientos de la Le de Dios, que entregó a Moisés en el monte Sinaí y que constituyen el corazón de la Antigua Alianza.

 

  1. 227.        ¿Cuáles son los Diez Mandamientos?

Son los siguientes:

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás al padre y a la madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No dar falso testimonio ni mentir.
  9. No consentir pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciar los bienes ajenos.

 

  1. 228.        ¿Por qué son importantes los Diez mandamientos?

Son importantes porque constituyen el modo concreto de seguir al Señor Jesús y alcanzar la comunión plena con Dios. Cuando el joven rico le pregunta a Jesús qué debe hacer para tener vida eterna, Jesús le responde: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mt 19, 17). Al darnos  el mandamiento del amor, que es la plenitud de la Ley de Moisés, el Señor Jesús no ha eliminado, sino llevado a su perfección los Diez mandamientos, que siguen siendo válidos y vigentes para hoy.

 

  1. 229.        ¿De qué manera se dividen los Diez mandamientos?

Si bien es verdad que los mandamientos constituyen una unidad orgánica, de tal manera que incumplir uno equivale a incumplir la Ley (Ver Stgo 2, 10), sin embargo podemos distinguir dos grupos: aquellos que se refieren a laos deberes para con Dios (primero, segundo y tercer mandamiento) y los que se refieren a los deberes para con el prójimo (los restantes).

 

  1. 230.        ¿Es posible que el hombre, siendo de condición pecadora y débil, pueda cumplir los mandamientos?

Si. En primera lugar porque Dios nunca nos pide aquello que no podemos cumplir. Y sobre todo, porque El mismo nos da la gracia que necesitamos para guardar los mandamientos. El Señor Jesús nos recuerda que “El que permanece en mí como yo en él, ése da mucho fruto; porque sin mí, no podéis hacer nada” (Jn 15, 5).

 

1.- AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

 

  1. 231.        ¿Qué nos dice el primer mandamiento de la Ley de Dios?

Nos señala que sólo hay un único Dios al que debemos amar por sobre todo, y al que debemos adorar como es debido. El primer mandamiento nos dice que debemos creer en Dios, poner en El toda nuestra esperanza y amarlo con todo nuestro corazón. Adorar a Dios lleva a rendirle el culto debido, así como reconocer su gloria y nuestra necesidad de El en la oración, y cumplir las promesas que le hacemos.

 

  1. 232.        ¿Solamente las personas individuales están llamadas a cumplir este mandamiento?

No. También la sociedad en su conjunto debe reconocer a Dios como su único Señor, y rendirle adoración. Por eso la Iglesia, con todos sus hijos, quiere hacer presente en medio de la vida pública su amor a Dios y su culto, invitando a todos los hombres a unirse a la fe en Dios Padre, que nos ha reconciliado por Jesucristo y nos santifica con el don de su Espíritu.

 

  1. 233.        ¿Cuáles son los pecados contra el primer mandamiento?

Los pecados que van contra el amor de Dios son, principalmente, la incredulidad (no creer ni aceptar a Dios y a su amor por nosotros); la desesperación (no vivir la esperanza en el amor y la misericordia divinas); la indiferencia, la tibieza, la acedia y el odio a Dios (que se oponen y rechazan de diversas formas al amor divino).

Existen otros pecados por los que desconocemos o ponemos en duda que haya un único Dios. La idolatría es tomar las cosas creadas como lo más importante que existe, dejando de lado a Dios. Hoy en día, los ídolos pueden ser el dinero, el placer, la fama, el mismo mundo, el poder. Los superstición, la magia, la brujería, son actos que piensan someter a Dios y su poder a través de conjuros; todo ello se opone al primer mandamiento. La adivinación, el creer en horóscopos, el espiritismo y el uso de amuletos buscan apropiarse de un poder que solo Dios tiene; constituyen, por eso, pecados contra el primer mandamiento.

La negación de Dios (ateísmo), así como la afirmación dudosa del conocimiento de Dios (agnosticismo) niegan el núcleo de este mandamiento.

 

 

2.- NO TOMAR EL NOMBRE DE DIOS EN VANO

 

  1. 234.        ¿Qué nos enseña el segundo mandamiento?

Nos enseña que debemos respetar el nombre de Dios. Señala la reverencia que debemos tener para con las cosas santas, especialmente cuando hablamos de Dios, de la Virgen María y de los santos.

 

  1. 235.        ¿Por qué es importante el nombre de Dios?

El nombre, en la mentalidad bíblica, representa a la persona misma. Invocar el nombre de Dios es poner a Dios mismo como garante de algo que ha de suceder. Por eso, nombrar a Dios es relacionarse directamente con su persona, a la que se le debe respeto y adoración.

 

  1. 236.        ¿Qué pecados se oponen a este mandamiento?

Al segundo mandamiento se opone la blasfemia, que es injuriar a Dios y/o a los santos, expresando palabras de odio, de reproche o de desafío. También va contra este mandamiento el uso del nombre de Dios con fines mágicos.

El jurar en vano, es decir, afirmar algo poniendo por testigo a Dios, y luego mentir, va contra el respeto que siempre debemos tener contra Dios. Un juramento en falso es una manipulación del nombre de dios.

 

3.- SANTIFICAR LAS FIESTAS

 

  1. 237.        ¿Qué Nos enseña el tercer mandamiento?

Nos enseña que debemos reservar los días consagrados a Dios y celebrar el culto que le es debido. Pero también debemos “consagrar” especialmente esos días a Dios, participando de las celebraciones litúrgicas, la oración, y de todo aquello que nos acerque con más intensidad al Señor.

 

  1. 238.        ¿Cuál es el día dedicado al Señor?

En el Antiguo Testamento, vemos que Dios, luego de crear al mundo en seis días, descansó al séptimo, santificándolo y consagrándolo para sí. Israel, el pueblo de la Antigua Alianza, tenía al día sábado como el día del Señor, el día sagrado de la semana. Sin embargo, Jesús, al resucitar el domingo, “el primer día de la semana” (Mt 28, 1; Mc 16, 2) nos muestra que su salvación es la plenitud que anunciaba el Antiguo Testamento, y que el día santo es ahora el domingo.

Para los cristianos, el domingo es el día consagrado al Señor. Es el día en el que se participa de la santa Misa. Es obligatoria la participación en la misa, y que en ella nos unimos al Señor Jesús de manera incomparable por medio de la Escritura.

Son también días consagrados al Señor los días donde se celebra fiestas religiosas muy importantes (solemnidades). Así por ejemplo: Navidad, Solemnidad de Santa María Madre de Dios, Semana Santa, San Pedro y San Pablo, Inmaculada Concepción, etc. También en estos días rige el precepto obligatorio de participar en la Misa.

 

  1. 239.        ¿Qué acciones se oponen a este mandamiento?

Ya que el domingo y los días de fiesta religiosas se deben dedicar a Dios, se oponen a este mandamiento todas aquellas acciones que impidan esta dedicación. No asistir a Misa, pudiendo hacerlo, es cometer un pecado grave.

El domingo y los días de fiesta están consagrados al Señor, pero también al descanso de las personas, signo y figura del descanso divino (ver Gén 2, 2). No se debe impedir ni recortar el descanso dominical, ni tampoco la celebración de los actos de culto en este día.

 

4.- HONRAR AL PADRE Y LA MADRE

 

  1. 240.        ¿Qué nos enseña este mandamiento?

Nos enseña a venerar y respetar a nuestros padres, a honrarlos y amarlos como es debido. El cuarto mandamiento indica la actitud – y también los deberes- que los hijos deben tener para con sus progenitores, y en sentido amplio, con todos los parientes. El contexto inmediato donde se desarrolla este mandamiento, es, pues, el de la familia

 

  1. 241.        ¿Cuál es el papel de la familia en el Plan de Dios?

Al crear al ser humano como varón y mujer y unirlos en matrimonio (ver Gén 1, 26-27; 2, 18-25) para multiplicarse y llenar la tierra (Gén 1, 28) el Señor quiso que la familia tenga un papel muy importante en su divino plan. La familia –el hombre y la mujer unidos en matrimonio, junto con sus hijos- es reflejo de la comunión trinitaria del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. En la familia, las personas están llamadas a vivir el amor y a desarrollarse de manera plena e integral. El Señor Jesús, que es Dios hecho hombre, al encarnarse, quiso vivir en una familia y asumir los deberes de todo hijo hacia sus padres. Por eso la Iglesia reconoce el valor y la dignidad de la familia, que está llamada a ser “Iglesia doméstica”.

 

  1. 242.        ¿Cuáles son los deberes de los hijos para con los padres?

Todo hijo debe amar a sus padres y respetarlos. Dicho amor y respeto se expresa en la obediencia, ya que los padres han recibido de Dios la autoridad y la vocación de cuidar a sus hijos hasta que éstos puedan valerse por sí mismos. Cuando los hijos llegan a ser adultos, cesa la obediencia a los padres, mas no el respeto, que permanece para siempre.

Es deber d elos hijos mayores de edad el cuidado de sus padres en la vejez o enfermedad, así como preocuparse por ellos y ayudarlos en todo lo posible.

 

  1. 243.        ¿Cuáles son los deberes de los padres para con los hijos?

Los padres son los primeros responsables en la educación de sus hijos; deben enseñarle a ser personas en el sentido más pleno de la palabra; asimismo, los padres deben ser los primeros evangelizadores de sus hijos, educándolos con la palabra y el testimonio desde sus primeros años. El cuidado paternal no se reduce solo a las necesidades materiales de los hijos; supone también el cuidado espiritual.

Los padres deben formar y educar para la libertad. No es correcto que los padres impongan a sus hijos la profesión o estado de vida que consideren la adecuada; mucho menos que presión e impongan su criterio en la elección del futuro cónyuge. Pueden y deben ayudar a sus hijos aportando su prudente consejo.

 

5.- NO MATAR

 

  1. 244.        ¿Qué nos enseña el quinto mandamiento?

Nos enseña que la vida humana es sagrada, por ser creación de Dios. Por eso, nadie puede atribuirse el derecho de matar de modo directo a un sr humano inocente.

El Señor Jesús nos pide no solo que no matemos. Él nos dice que toda actitud de ira, de odio y de venganza hacia nuestro prójimo, es pecado porque no respeta la dignidad que es propia de todo ser humano (Mt 5, 21-22).

 

  1. 245.        ¿Qué es la legitima defensa?

Es el derecho a defender la propia vida ante una injusta agresión. Puede ser ejercido por una persona o por la sociedad para proteger su propia existencia, utilizando los medios necesarios para esto, incluso, dando muerte a quien agrede y amenaza mortalmente la propia existencia.

La legítima defensa no constituye una excepción al mandamiento de no matar a un inocente. Es completamente lícito hacer respetar el derecho a la propia vida, y es no solo un derecho, sino incluso un deber para quien es responsable de la vida de otro, del bien común de la familia y/o de la sociedad.

 

  1. 246.        ¿Qué pecados se oponen a este mandamiento?

Se opone a este mandamiento el homicidio directo y voluntario; el aborto director, porque es asesinar a un ser humano indefenso o inocente. La Iglesia condena el aborto como un crimen abominable y lo sanciona con la pena de excomunión.

También se oponen a este mandamiento la eutanasia, que es provocar la muerte a un enfermo o a un moribundo “para que no sufra”. La Iglesia considera esto como un homicidio. De igual manera, el suicidio, al atentar contra la propia vida, es contrario al quinto mandamiento.

El escándalo, que es la actitud o comportamiento de una persona que induce a otro a hacer el mal, es también pecado grave cuando lleva a culpas graves. El Señor Jesús tiene palabras muy duras contra los que provocan escándalos (ver Mt 18, 6).

 

  1. 247.        ¿Qué se puede decir acerca de la guerra?

Toda guerra, en cuanto implica conflicto, destrucción y muerte, es mala y el cristiano debe empeñarse en evitarla. Sin embargo, ante el hecho de la guerra, permanece plenamente válida la ley moral y debe ser cumplida. Se debe respetar el derecho a la vida de los no combatientes, así como llevar el conflicto con la máxima humanidad posible.

 

  1. 248.        ¿Qué debe hacer un cristiano para vivir las exigencias de este mandamiento?

El cristiano sabe que todo conflicto, odio y violencia que lleva a la ruptura nace del corazón pecado (ver Mt 15, 19). Por ello, la paz ha de brotar del don de la reconciliación que el Señor Jesús nos ha concedido y que siembra en los corazones. La defensa de la vida brota de la conversión del hombre a Dios y del esfuerzo por vivir la reconciliación (ver 2Cor 5, 19).

 

6.- NO COMETER ACTOS IMPUROS

 

  1. 249.        ¿Qué nos enseña este mandamiento?

El sexto mandamiento, que en la Sagrada Escritura aparece descrito con las palabras: “No cometerás adulterio” (Ex 20, 14; Dt 5, 17), nos enseña a vivir nuestra sexualidad en el marco de la pureza y de amor, según el Plan de Dios. Y esto lo podemos lograr a través de la virtud de la castidad.

 

  1. 250.        ¿Qué es la castidad?

La castidad es la virtud que permite vivir la sexualidad integrada en el ser espiritual del hombre. Por medio de la virtud de la castidad, el hombre expresa a través de su sexualidad aquello que es lo más propiamente humano: su ser a imagen y semejanza de Dios, y su vocación a vivir el amor.

La castidad implica una educación en el señorío sobe sí mismo, un autodominio que lleva a la posesión de sí, para –llegado el momento- poder donarse totalmente en el amor al otro. En este sentido, la castidad es un ejercicio autentico de la libertad, que apunta a vivir la pureza y que impide que el hombre se convierta en esclavo de sus pasiones y apetitos, muchas veces desordenados y pecaminosos.

Todo cristiano está llamado a vivir la castidad, cada uno según su peculiar vocación y condición de vida: los religiosos y consagrados viven la castidad como celibato, entregados en cuerpo, alma y espíritu a Dios; los novios viven la castidad en la continencia, preparándose para la futura entrega total de sí mismos en el matrimonio; los esposos viven la castidad en el matrimonio, en la pureza de su mutua entrega.

 

  1. 251.        ¿Cuáles son los pecados contra el sexto mandamiento?

Son: la lujuria, que es el deseo o goce desordenado del placer sexual; la masturbación, que es autoprocurarse el placer sexual; la fornicación, o unión carnal entre un hombre y una muer fura del matrimonio; la pornografía, que es dar a conocer actos sexuales reales o figurados, exhibiéndolos deliberadamente; la prostitución, cuya existencia es una lacra social; la violación, que es forzar o agredir con violencia la intimidad sexual de una persona; las practicas homosexuales, es decir, la unión carnal entre personas del mismo sexo. Todas estas acciones constituyen pecados graves.

El adultero, que es tener relaciones carnales con una persona distinta del cónyuge, es un pecado que atenta contra el matrimonio mismo. El Señor Jesús nos enseña que incluso el hombre que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón (Mt 5, 27-28).

 

  1. 252.        ¿Qué medios pueden ayudarnos a vivir en castidad?

Medios importantes para vivir la castidad son: el correcto conocimiento de sí mismo; la amistad sincera; la practica de una ascética adecuada; el recurso constante a la oración y los sacramentos; la intercesión de Santa María, nuestra Madre, modelo de pureza y de entrega a Dios y a los hombres.

 

7.- NO ROBAR

 

  1. 253.        ¿Qué nos enseña este mandamiento?

El séptimo mandamiento enseña que no se deben tomar ni retener injustamente los bienes del prójimo. Indica las relaciones de justicia y de caridad que deben darse en la gestión y posesión de los bienes terrenos.

 

  1. 254.        ¿A quiénes pertenecen los bienes de la creación?

La Iglesia siempre ha enseñado que los bienes creados han sido destinados por Dios para todos los hombres. La propiedad privada es un derecho legitimo que tiene todo ser humano, y debe ser reconocido y respetado; pero el que posee un bien debe ponerlo al servicio de los demás: “las cosas son de uno, pero para todos”.

 

  1. 255.        ¿Qué actitud se debe tener hacia los pobres?

La actitud hacia los hombres debe ser de ayuda solidaria de compromiso amoroso, pues ellos también son invitados a participar de los bienes de la creación. De allí que la ayuda al pobre no sea solamente un acto de caridad, sino también de justicia.

El Señor Jesús declaró bienaventurados a los pobres (Lc 6, 20) y El mismo, siendo rico se hizo pobre (2Cor 8, 9) identificándose con los más necesitados (ver Mt 25, 35-40). El amor de preferencia a los pobres, por parte de la Iglesia encuentra en las obras de misericordia una aplicación concreta. Son siete las obras de misericordia corporales: dar de comer al hambriento; dar de beber al sediento; vestir al desnudo; dar techo al que no lo tiene; dar limosna; visitar a los enfermos y a los presos; enterrar a los muertos. Las siete obras de misericordia espirituales son: enseñar al que no sabe; corregir al que yerra; consolar al triste; dar buen consejo; aceptar con paciencia las molestias del prójimo; perdonar las injurias y rezar por los vivos y muertos.

 

  1. 256.        ¿Qué actitud se debe tener ante los bienes creados?

Dado que Dios ha dado la creación a todos los hombres para su recto uso, es tarea de todos el cuidado y la protección de la creación. La explotación indiscriminada de los recursos naturales, así como el maltrato a los animales, es contrario al encargo que Dios le dio al hombre sobre la creación.

 

  1. 257.        ¿Qué cados son contrarios a este mandamiento?

Son contrarios al séptimo mandamiento el robo, que es usurpar el bien ajeno contra la voluntad razonable de su dueño. Pero toda retención abusiva del bien ajeno es una violencia a este mandamiento: el pago de salarios injustos; la especulación y encarecimiento de productos de primera necesidad; la explotación económica; la evasión de impuestos; la falsificación de dinero, cheques y facturas; el despilfarro.

 

8.- NO DAR FALSO TESTIMONIO NI MENTIR

 

  1. 258.        ¿Qué nos enseña este mandamiento?

Nos enseña en primer lugar a vivir según la verdad, entendida como rectitud de la acción y de la palabra (veracidad) evitando la duplicidad, la simulación y la hipocresía, así como nos lo enseñó Jesús cuando dijo: “Sea vuestro hablar “sí, sí”; “no, no”, que lo que pasa de aquí viene del Maligno” (Mt 5, 37).

 

  1. 259.        ¿De qué manera se debe vivir según la verdad?

El cristiano vive según la verdad cuando ajusta su propia existencia, su conducta y sus palabras con el Modelo pleno que es Jesucristo. En este sentido, la coherencia de vida entre lo que se cree y lo que se hace, debe brotar del proceso constante de conformación con el Señor Jesús.

El martirio, es dar testimonio de Jesús hasta la entrega de la propia vida; constituye la máxima expresión de atestiguar la verdad que es Jesucristo y su Evangelio.

 

  1. 260.        ¿Qué pecados atentan contra el octavo mandamiento?

Atenta directamente contra el octavo mandamiento la mentira, que es decir falsedad con la intención de engañar. Mentir es hablar u obrar contra la verdad para inducir al error, y es tanto más dañina cuanto que en ella se sigue el influjo del Diablo, que es el “Padre de la mentira” (ver Jn 8, 44).

También el dar falso testimonio es la violencia del octavo mandamiento. Cuando el falso testimonio se da bajo juramento se llama perjurio y constituye una falta grave. La calumnia, la maledicencia, el juicio temerario y el chisme son también faltas contra la verdad. Lo mismo se debe decir de la vanagloria o jactancia, así como de la ironía.

 

  1. 261.        ¿Qué aplicaciones sociales importantes pueden tener este mandamiento?

En la vida social, algunas profesiones tienen la exigencia de mantener en secreto ciertas informaciones a ellas confiadas (por ejemplo, en la medicina; en la jurisprudencia, etc). Tal secreto debe ser siempre guardado, salvo el caso excepcional en que no hacerlo implique un daño gravísimo al que lo ha confiado, al que lo ha recibido o a terceros, y solo  pueda evitarse divulgando la verdad.

Los medios de comunión social deben respetar la verdad en sus informaciones y emisiones. Es inmoral explotar estos medios para dañar la imagen de las personas, o para difundir antivalores (violencia, hedonismo, indiferencia, etc.) como medio de captar audiencia y aumentar sus ganancias. Es inmoral también la manipulación de la opción pública a través de estos medios.

 

9.- NO CONSENTIR PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS.

 

  1. 262.        ¿Qué nos enseña este mandamiento?

Es la Sagrada Escritura, este mandamiento está descrito con palabras: “No desearás la mujer de tu prójimo” (ver Ex 29, 17; Dt 5, 21). Nos enseña la necesidad de mantener la pureza del corazón, porque como dice el Señor Jesús: “Del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones…” (Mt 15, 19). No basta el no cometer actos impuros. Es necesaria la purificación del pensamiento y de los deseos que puedan llevarnos a cometer pecados carnales.

 

  1. 263.        ¿Qué es la pureza del corazón?

La pureza del corazón es la virtud que lleva al hombre a orientar y ajustar todo su ser con la santidad de Dios, de manera particular en tres áreas: la caridad, la castidad o rectitud sexual y el amor de la verdad y la recta fe.

Todo ser humano está llamado a vivir esta pureza del corazón. El Señor Jesús nos recuerda: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8). Crecer en la pureza del corazón es aumentar la caridad, la castidad y la vida de fe, e ir desterrando los efectos de la concupiscencia de la carne (ver Gál 5, 16ss).

 

  1. 264.        ¿Qué acciones son contrarias a este mandamiento?

Son contrarios al noveno mandamiento el consentir y recrearse en pensamientos impuros; las miradas indecorosas; la impudicia, es decir, la falta desvergonzada de pudor; el frecuentar espectáculos lascivos y obscenos; el uso de ciertas modas en el vestido y las costumbres que fomentan la permisividad y la excitación sensual.

 

  1. 265.        ¿Qué medios permiten adquirir la pureza del corazón?

Es la cooperación activa con la gracia de Dios la que permite que el hombre triunfe sobre la concupiscencia y pueda acrecentar la pureza del corazón. Entre los medios más adecuados están: la virtud de la castidad; la pureza de intención; la pureza de la mirada, que existe disciplina en los sentidos y en la imaginación; el rechazo de todo pensamiento impuro; la oración fervorosa y constante.

 

10.- NO CODICIAR LOS BIENES AJENOS

 

  1. 266.        ¿Qué nos enseña el decimo mandamiento?

Nos enseña a mantener una actitud sobria ante los bienes materiales, sin apegarnos a ellos, y sobre todo, a no desearlos hasta el extremo de poner nuestro corazón en ellos, sufriendo porque no los tenemos y otros sí los tienen. Este mandamiento nos enseña a combatir contra la “concupiscencia del tener” a la que San Juan llama “jactancia de las riquezas” (ver 1Jn 2, 16), así como el noveno mandamiento nos enseña a combatir contra la “concupiscencia de la carne”.

 

  1. 267.        ¿Qué pecados son contrarios a este mandamiento?

Son contrarios al décimo mandamiento la avaricia, que es el deseo inmoderado y desordenado de los bienes terrenos, tanto más grave cuando nos lleva al olvido de Dios. Jesús nos dice: “Mirad y guardaos de toda codicia, porque aún en la abundancia, la vida de uno no está asegurada por sus bienes” (Lc 12, 15).

También es contraria a este mandamiento la envidia, que es el sufrimiento por el bien ajeno, y el deseo de poseer ese bien, aunque sea de forma indebida. Tanto la avaricia como la envidia son pecados capitales.

 

  1. 268.        ¿Cuál deben ser la actitud del cristiano ante los bienes terrenos?

El cristiano sabe que los bienes terrenos son un don de Dios, otorgados pro El como un medio de realización plena. En ese sentido, el cristiano valora los bienes y los considera buenos y necesarios. Pero sabe también que los bienes terrenos son medios, no fines en sí mismos, y por eso no los pone por encima de todo.la actitud correcta ante los bienes es la de su legitimo uso, pero con la libertad necesaria que le permita –llegado el caso- de desprenderse de ellos sin perturbarse, sabiendo que Dios es la mayor riqueza y el sumo Bien. A esta actitud se le llama “pobreza evangélica” o también “pobreza de espíritu”. El Señor Jesús y Santa María, su Madre, son modelos perfectos de esta pobreza, que estamos llamados a reproducir en nosotros.

 

CUARTA PARTE

LA ORACION CRISTIANA

 

PRIMERA SECCION

LA ORACION EN LA VIDA CRISTIANA

 

La Fe de la Iglesia es profesada mediante el Credo o símbolo de los apóstoles; es celebrada en la liturgia y, particularmente, en los sacramentos; y es vivida a través de la moral cristiana. Pero también la fe implica una relación personal e intima con Dios Uno y Trino. Esta relación es precisamente la oración.

 

  1. 269.        ¿Qué es la oración?

La oración es la elevación del corazón del Señor. Es el dialogo personal con Dios, en el que se da una entrega amorosa del corazón llena de reconocimiento, gratitud y alabanza.

La oración brota desde lo más íntimo del ser humano, de sus dinamismos fundamentales que expresa su “sed de Dios”, a la que Dios mismo responde. Bellamente dice San Agustín que la oración es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de Él.

Por medio de la oración, la persona humana vive la experiencia del encuentro con Dios Amor, encuentro de amistad y de comunión. En la oración, el hombre se descubre a sí mismo tal como es porque se ve a la luz de Dios mismo con el que se encuentra. Por ello, la oración es un medio apropiado para conocernos y para conocer a Dios. La oración es necesaria para el hombre.

 

  1. 270.        ¿Qué nos dice la Sagrada Escritura sobre la oración?

La Sagrada Escritura nos muestra cómo el pecado ha roto la comunicación del hombre con Dios. La oración busca recuperar esta comunicación perdida. Dios llama al hombre a la oración y el hombre responde orando. Es el caso de Abraham, que ora al Señor pidiendo el cumplimiento de la promesa (Gén 15, 2ss) e intercediendo por Sodoma (Gén 18, 23-32). Es también la actitud de Moisés, que hablaba cara a cara con Dios como con un amigo (EX 33, 11). David, rey de Israel, nos ha dejado en los salmos la mejor escuela de oración de todo el Antiguo Testamento. Los profetas para hablar de Dios a Israel, primero hablan ellos con Dios en la oración.

Sin embargo, la plenitud de la oración la encontramos en el Señor Jesús. Toda su vida es un ejemplo perfecto de oración: ora antes de elegir a los Doce (ver Lc 6, 12); antes de la transfiguración (Lc 9, 28) y antes de resucitar a Lázaro (Jn 11 41-42). Su oración es intensa en la última Cena (ver Jn 17, 1 ss). En el huerto, oró con fuerza pidiendo que se cumpla el Plan del Padre (ver Mc 14, 32ss). Clavado en la cruz, oró al Padre hasta el momento de su muerte (Lc 23, 46). Con su oración, Jesús nos enseña a orar, a dirigirnos a Dios como a nuestro Padre.

María es también modelo de oración. Su aceptación del Plan de Dios por el que nos llegó la reconciliación se da en contexto de oración (ver Lc 1, 38). Orando, expresa en el Magnificat las maravillas que Dios ha obrado en Ella (Lc 1, 46ss). En Caná, intercede ante Jesús por las necesidades de los novios, y su intercesión lleva a la fe en su Hijo (ver Jn 2, 1ss). Al pie de la cruz, en oración silenciosa, repite el “Hágase” de la Anunciación-Encarnación (Jn 19, 25). En el Cenáculo, junto a los Apóstoles, María ora esperando la venida del Espíritu Santo (Hch 1, 14).

 

  1. 271.        ¿Quién nos instruye en la oración?

San Pablo nos dice que: “Nosotros no sabemos cómo pedir para orar como conviene; mas el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables” (Rom 8, 26). Es el Espíritu Santo el que nos enseña a orar, para que podamos vivir la comunión con el Señor y con el Padre. El Espíritu Santo, además, suscita las diversas formas en que podemos orar.

 

  1. 272.        ¿Cuáles son las diversas formas de la oración?

Podemos señalar las siguientes: la oración de bendición, por la que respondemos al don de Dios y lo reconocemos bendito por sobre todas las cosas; la oración de adoración, por la que reconocemos la grandeza, la gloria y la majestad de Dios desde una actitud humilde y reverente; la oración de petición, en la que expresamos nuestra  dependencia de Dios y le solicitamos todo aquello que necesitamos: su perdón, su gracia, su ayuda, los bienes materiales para subsistir, la salud, etc.; la oración de  intercesión, es la petición a favor de otro o de otros, para que el Señor les alcance los dones necesarios para su salvación; la oración de acción de gracia, ante los dones que Dios nos ha dado, particularmente ante el don de la reconciliación; la oración de alabanza, en la que reconocemos y damos gloria a Dios, no solo por lo que ha hecho o hace, sino sobre todo por lo que El es.

 

  1. 273.        ¿Cuáles son las fuentes de la oración?

Llamamos “fuentes de la oración” a las instancias desde las cuales podemos orar o extraemos el contenido de nuestras oraciones. Son: La Palabra de Dios; la liturgia de la Iglesia; las virtudes teologales. La misma existencia cotidiana puede y debe ser una instancia desde la cual oremos constantemente.

 

  1. 274.        ¿A quién se dirige la oración cristiana?

La oración cristiana es trinitaria. Se dirige principalmente al Padre, por medio de Jesucristo y gracias al don que el Espíritu derrama en nosotros. Nuestra oración se dirige también a Jesús, ya que El es nuestro Mediador por excelencia (1Tim 2, 4ss). También el Espíritu Santo puede ser adorado e invocado, para que nos enseñe a orar y para que El nos lleve a la comunión con la Trinidad que es Amor.

 

  1. 275.        ¿Se puede orar a la Virgen María?

Por supuesto. María es nuestra Madre espiritual, y como hijos suyos, debemos dirigirnos a ella, solicitando su ayuda para que podamos conformarnos con el Señor Jesús, asemejándonos a Él. La Iglesia ve en María su modelo de oración, y pide su intercesión y su protección. Para nosotros, cristianos, la piedad filial mariana se ejercita por medio de dos oraciones muy conocidas: el Ave María y el Rosario.

 

 

  1. 276.        ¿Se puede invocar también a los santos?

Sí. Los santos, que se encuentran gozando de la comunión plena de amor con Dios Uno y Trino, pueden interceder por nosotros y procurarnos de parte de Dios, las gracias que necesitamos para santificarnos. En la oración que dirigimos a los santos, alabamos a Dios mismo que manifiesta su gloria en ellos.

 

  1. 277.        ¿A través de quiénes aprendemos a orar?

Aprendemos a orar, en primer lugar, por medio de la familia, que es la primera escuela de oración. También los sacerdotes y diáconos tienen un papel muy importante en la correcta enseñanza de la oración cristiana. De igual manera los religiosos, catequistas, los grupos de oración y otros, pueden ser auténticos guías y educadores para la vida de oración. Todos ellos expresan la dimensión educativa de la Iglesia que se prepara para orar.

 

  1. 278.        ¿Cuáles son los lugares más favorables para orar?

El lugar propio de la oración es el templo, o la capilla, que es como la casa de Dios. Pero son también lugares muy apropiados los oratorios, sean privados o públicos; los santuarios y lugares de peregrinación y los monasterios.

 

  1. 279.        ¿De qué manera puede expresarse la oración?

Dentro de los muchos modos en que se expresa la oración, destacan: la oración vocal, la oración mental y la contemplación.

 

  1. 280.        ¿Qué es la oración vocal?

Es el modo por el que el hombre se dirige a Dios expresando en palabras todo lo que experimenta en lo profundo de su corazón. La oración vocal se fundamenta en la realidad del ser humano como unidad biopsicoespiritual: el anhelo de comunión con Dios y la necesidad que siente el hombre en su espíritu, tiende a expresar por medio de sus palabras. La oración vocal es la más extendida de todos los modos de orar, por ser tan connatural a la experiencia religiosa de todo hombre.

 

  1. 281.        ¿Qué es la oración mental?

La oración mental, o meditación, consiste en dirigirse a Dios a través de la reflexión de los misterios divinos. Por lo común, la matera de reflexión es la Sagrada Escritura. En este tipo de oración, se busca comprender qué dice el Señor en su palabra, y además que me dice de manera personal; ello debe llevar al que ora a transformar su corazón, amando a Jesús y apropiándose de los sentimientos del Señor, y a poner por obra los criterios de conducta que El le muestra. En la oración mental intervienen la inteligencia, los afectos, la voluntad.

 

  1. 282.        ¿Qué es la contemplación?

Es la oración que consiste en la mirada de fe dirigida al Señor, por la cual el orante es llenado del conocimiento de los misterios de Dios, y recibe el amor que Dios concede expresarle. La oración contemplativa es un don, que debe ser recibido con humilde y sencillez.

 

  1. 283.        ¿Cuáles son las dificultades más comunes de la oración?

Si bien es verdad que la necesidad de la oración brota desde lo más profundo del hombre, desde su mismidad, también es cierto que rezar supone muchas veces un esfuerzo consciente. Nuestra debilidad, fruto del pecado, nos lleva a veces a apartarnos de Dios, en vez de buscarlo. El Diablo, por medio de las tentaciones, busca alejarnos del Señor. La perseverancia en la oración es parte importante del combate espiritual.

 

  1. 284.        ¿Y cuáles son las principales tentaciones que amenazan a la oración?

Una de las dificultades más comunes es la distracción. En ella, el hombre se descubre alejándose de Dios, con el que debería estar unido. La distracción en la oración muestra al hombre cual es el objeto de su apego. Otra dificultad de la oración es la sequedad: la sensación de aridez, de poco gusto en la oración. Este puede ser un momento oportuno para una purificación y renovación en la vida de oración.

 

  1. 285.        ¿Y cuáles son las principales tentaciones que amenazan a la oración?

Señalamos dos: la falta de fe, que se expresa muchas veces de manera solapada, en el relegar la oración, prefiriendo otro tipo de actitudes consideradas más urgentes. Esto es muy grave porque el abandono de la oración es el inicio de la muerte del espíritu. La otra tentación es la acedia, que es el disgusto el rechazo por las cosas espirituales, debido al descuido o relajo. La acedia lleva al endurecimiento del corazón (esclerocardia), y es también muerte para la persona.

Ante esto, es necesario estar siempre alerta. Se impone la advertencia del Señor Jesús: “Velad y orar para que no caigáis en tentación” 8Mt 26, 41); y la exhortación de San Pablo: “Orad constantemente” (1Tes 5, 17).

 

  1. 286.        ¿Cuál es la principal oración del cristiano?

La principal oración del cristiano es aquella que el Señor Jesús nos enseñó y que se reconoce como el Padre Nuestro.

 

SEGUNDA SECCION

LA ORACION DEL SEÑOR:

EL PADRE NUESTRO

 

  1. 287.        ¿Por qué nos dejó Jesús la oración del Padre Nuestro?

El Señor Jesús nos entregó la oración del “Padre Nuestro”, respondiendo al pedido de sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar, como enseñó Juan a sus discípulos”. El les enseño la oracin que ahora rezamos:

 

Padre Nuestro, que está en el cielo,

Santificado sea tu Nombre.

Venga a nosotros tú Reino;

Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día;

Perdona nuestras ofendas, como también

Nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.

 

El “Padre Nuestro” es la respuesta de Jesús a nuestra necesidad de orar. Es el Señor quien nos muestra cómo dirigirnos al Padre, y qué es lo que debemos pedirle. Ninguna otra oración alcanza la sencillez, la perfección y la belleza del “Padre Nuestro”. Y a lo largo de los siglos, éste ha sido el modo como han rezado millones de cristianos de toda raza, idioma y nacionalidad. El “Padre Nuestro es la oración de los hijos de Dios.

 

  1. 288.        ¿Cuál es el uso que hace la Iglesia de esta oración?

Desde el inicio de su existencia, la Iglesia ha empleado la oración del “Padre Nuestro” siguiendo fielmente la enseñanza de Jesús. Rezada incansablemente por todos los fieles, ha sido recogida además por la liturgia de la Iglesia, que la emplea especialmente en los tres sacramentos de iniciación cristiana: bautismo, confirmación y eucaristía. El “Padre Nuestro” tiene, además, un puesto permanente en la celebración de la Santa Misa.

 

  1. 289.        ¿Qué características posee el “Padre Nuestro”?

El “Padre Nuestro” es el prototipo y modelo de la oración cristiana. Por ello, combina las dos formas más importantes que puede asumir una oración: la alabanza y la petición. En efecto: las dos primeras frases de nuestra oración constituyen un reconocimiento y alabanza a Dios: El es nuestro Padre celestial y nos llama ser sus hijos. Mientras que el grueso de la oración está constituido por siete peticiones, donde presentamos al Padre nuestras necesidades, tanto materiales como espirituales.

 

  1. 290.        ¿Qué queremos decir cuando llamamos a Dios “Padre Nuestro”?

Al llamar a Dios “Padre Nuestro”, reconocemos a Dios como nuestro Padre: El nos ha dado la existencia al crearnos, y nos llama a una vida autentica y plena. Pero reconocemos a Dios como nuestro Padre gracias a que Jesús nos lo ha manifestado. En Jesús, Dios Padre nos ha hecho sus hijos adoptivos, y nos presenta a Jesús como el medio para llegar hasta El: “Nadie va al Padre sino por mí” (Jn 14, 6).

Cuando decimos “Padre Nuestro”, siguiendo las enseñanzas de Jesús, estamos reconociendo quien es Dios para nosotros: nuestro Padre amoroso. Pero estamos reconociendo también quienes somos nosotros para Dios: sus hijos, elegidos y amados en Jesucristo (ver Ef 1, 5). Decir “Padre Nuestro” es conocer a Dios y conocernos a nosotros mismos.

 

  1. 291.        Al decir “que estás en el cielo”, ¿qué cosa queremos indica?

El “cielo” no indica el lugar, sino la condición misma de Dios, que es plenamente Santo. El “Cielo” es la comunión de amor que vive en sí misma la Trinidad Santa: El Padre el Hijo y el Espíritu Santo.

Al decir “que está en el cielo”, reconocemos al Pare como Dios Santo, que por medio del Señor Jesús y con el poder del Espíritu nos invita a participar de su vida, es decir, nos invita “al cielo”. Es por eso que el “cielo” es la meta definitiva a la que el hombre ha sido invitado (ver numeral 103 ¿Qué es el cielo?).

 

  1. 292.        ¿Cómo se articulan las siete peticiones del “Padre Nuestro”?.

Las tres primeras peticiones se halla referidas a Dios Padre: tu “Nombre”; tu “Reino”; tu “Voluntad”. Mediante ellas, pedimos que El sea glorificado y se cumpla su Divino Plan. Es el reconocimiento de la grandeza divina y la humilde suplica de poder participar en ella. Las otras cuatro, se hallan referidas a nuestras necesidades humanas, tanto materiales (el pan de cada día) como espirituales (la reconciliación por el perdón y la ayuda que nos impida caer bajo el poder del Maligno).

 

  1. 293.        ¿Qué quiere decir la primera petición: “Santificado sea tu nombre”?

El nombre de Dios expresa su ser propio, su santidad y su amor. Dios reveló su nombre a Moisés (Ex 3, 14) para que Israel sepa quién lo llamaba a la salvación y a la Alianza. Por eso para los judíos, el nombre de Dios es santo (Sal 92, 2; Sal 111, 9). Santa María, la Madre de Jesús, proclama la santidad del nombre de Dios (Lc 1, 49). Jesús nos ha dado a conocer el nombre de Dios Padre: “He manifestado tu Nombre a los hombres que Tú me has dado” (Jn 17, 6).

Cuando decimos “Santificado sea tu nombre” pedimos al Padre que nos haga participes de su santidad y de su amor. Jesús hace posible esta comunión pro medio del nombre del Padre: “Yo les he dado a conocer tu Nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que le amor con que Tú me has amado esté en ellos, y yo en ellos” (Jn 17, 26).

 

  1. 294.        ¿Qué quiere decir la segunda petición: “Venga a nosotros tu Reino”?

El Señor Jesús nos hablaba del Reino en parábolas: es como un grano de mostaza, como un campo de trigo, como un rebaño de ovejas, etc. (ver Mt 13, 3ss; Lc 15, 4). Con estas figuras nos quiere indicar que el Reino es el Amor de Dios que se hace presente en el mundo Amor al que están invitados a vivir todos los hombres, y que glorificará al mundo, transformándolo. Jesús es la presencia anticipada de este Reino (ver Mt 12, 28). Cuando venga en su gloria, habrá llegado la Plenitud del Reino (Mt 25, 31.34).

Al decir “Venga a nosotros tu Reino” pedimos al Padre que llegue este momento, en el que Jesús venga de manera definitiva e instaure su Reino de Amor, donde “no habrá ya muerte ni habrá llanto ni gritos  ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado” (Ap. 21, 4). Será la felicidad completa para los hombres porque viviremos en Dios, por Dios y para Dios. Mientras llega ese momento, debemos trabajar activamente por nuestra propia santificación y por hacer que nuestro mundo refleje el amor al cual está destinado.

 

  1. 295.        ¿Qué quiere decir la tercera petición: “Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo”?

San Pablo nos enseña: “Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” (1Tes 4, 3). Y también: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de Verdad” (1Tim 2, 4). La Voluntad de Dios es su Plan de Salvación sobre el hombre. Dios nos ha creado por amor para que vivamos unidos a Él, rechazando el pecado. El Señor Jesús ha venido al mundo para cumplir el Plan Divino y reconciliar al hombre caído en el pecado, y nos enseña la obediencia y el cumplimiento del Plan de Dios: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado” (Jn 4, 34). Y ha obedecido hasta el extremo: “obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz” (Flp 2, 8).

Cuando decimos “Hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo”, pedimos a nuestro Padre que se realice su Divino Plan, en primer lugar sobre nosotros, para que, santificados en Jesús con el don de Espíritu, podamos vivir la plenitud del Reino.

Pedimos también que se cumpla el Plan de Dios sobre todos los hombres y sobre el mundo. Pero esto debe movernos al compromiso de trabajar por nuestra salvación y la de los demás, cooperando activamente con la gracia, en obediencia y disponibilidad a lo que Dios nos pide.

 

  1. 296.        ¿Qué quiere decir la cuarta petición: “Danos hoy nuestro pan de cada día”?

El pan es el alimento universal; expresa la necesidad del sustento cotidiano. Pero es también signo de fraternidad y de comunión entre los hombres: “partir el pan”, “compartir el pan” son figuras que hablan de hermandad y de paz. El Señor Jesús, durante su predicación pública, realizó el miagro de la multiplicación de los panes para alimentar a las multitudes hambrientas (ver Mt 14, 15ss; Jn 6, 1ss). El mismo quiso quedarse entre nosotros como Eucaristía bajo la apariencia del sencillo pan (Mt 26, 26).

Al decir “danos hoy nuestro pan de cada día” reconocemos nuestra dependencia de Dios, y expresamos nuestra confianza en su Providencia amorosa. El nos da el alimento y todo don necesario para nuestro bien. Y no solo nos da el pan terreno, sino que además nos ha dado a su Hijo, el Señor Jesús, que es “El Pan vivo bajado del cielo” (Jn 6, 51), alimento perenne que nos da la vida eterna.

 

  1. 297.        ¿Qué significa la quinta petición: “Perdona nuestras ofendas, como también nosotros

         perdonamos a los que nos ofenden”?.

Dios Padre es “rico en misericordia” (Ef 2, 4) y muestra su misericordia hacia los hombres perdonando sus pecados. La reconciliación realizada por Jesús es expresión del amor misericordioso del Padre: “La prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo todavía pecadores murió por nosotros (…) Si cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, ¡con cuánta más razón, estando ya reconciliados, seremos salvos por su vida!” (Rom 5,8.10). El mismo Jesús, clavado en la cruz, es el mejor ejemplo de perdón: “Padre, perdónales porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).

Al pedirle a nuestro Padre: “Perdona nuestras ofendas” imploramos su misericordia y su perdón ante nuestros pecados. Pero para que el perdón divino se haga vivo y provechoso en nosotros, debemos perdonas así como hemos sido perdonados. Ese es el sentido de la segunda parte de la petición: “como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. La reconciliación que hemos recibido como don de parte de Dios Padre, debe llevarnos a vivir la reconciliación con nuestros hermanos, perdonándonos de corazón. No hacerlo, será vivir en la incoherencia y en la falsedad. El Señor Jesús nos lo recuerda con suma claridad: “Si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano” (Mt 5, 23-24).

 

  1. 298.        ¿Qué quiere decir la seta petición: “No nos dejes caer en la tentación”?

La tentación es la invitación a pecar, que hace Satanás para apartar al hombre de los caminos de Dios. Adán y Eva sucumbieron a la tentación (ver Gén 3, 1ss), dejando por herencia a la humanidad el mal y el pecado, Israel, el pueblo de Dios, fue tentado en el desierto (Ex 17, 1ss;  Sal 95, 8-9) y a lo largo de su historia, y muchas veces cayó en pecado. Pero Jesús, al ser tentado en el desierto, muestra que podemos vences a la tentación si nos mantenemos unidos a Dios Padre, siendo fieles a su Palabra y rechazando todo dialogo con el Tentador (ver Mt 4, 1ss; Mc 1, 12-13; Lc 4, 1-13.).

Al pedir “no nos dejes caer en la tentación”, imploramos la fortaleza y la gracia que necesitamos para mantenernos fieles   y seguir por los caminos del Señor. Es el Espíritu Santo el que nos mantiene firmes y nos da las fuerzas necesarias para rechazar la tentación. San Pablo nos dice que; “Fiel es Dios que no permitirá seáis tentados sobre vuestras fuerzas. Antes bien, con la tentación os dará modo de poderla resistir con éxito”. (1Co 10, 13). Al medio para resistir y vencer las tentaciones. Es también un medio muy oportuno la huida de las tentaciones, y de toda ocasión que pueda llevarnos al pecado.

 

  1. 299.        ¿Qué quiere decir la séptima petición: “Líbranos del Mal”?

El Mal al que aquí se hace referencia no es algo abstracto; se refiere a su ser personal, el Diablo, el Maligno. Fue por envidia del Diablo que entró el pecado en el mundo (Gén 3, 1ss; Sab 2, 24). El es “homicida desde el principio, mentiroso y padre de la mentira” (Jn 8, 44). Pero el Señor Jesús, con su Pasión y muerte derrotó el poder del Diablo, de tal manera que ahora ya no ejerce su nefasto dominio sobre el hombre. Todo el que cree en Jesús y guarda su Palabra, ha vencido al Maligno (1Jn 2, 13-15). El Apóstol San Juan describe en su visión la derrota de Satanás por Jesucristo y su Madre (Ap 12, 1ss). Al final de los tiempos, el Diablo será reducido para siempre y ya no ejercerá su maligno influjo.

Al pedir al Padre: “Líbranos del Mal” le rogamos que nos guarde de las asechanzas del Diablo y que nunca nos apartemos del amor divino. Si Jesús ha derrotado al Demonio, nosotros, en la medida en que estemos más unidos al Señor, podremos actualizar su victoria en nuestras propias existencias.

Los cristianos rezamos el “Padre Nuestro” convencidos de que Dios nos escucha y nos da lo que necesitamos para nuestra salvación. Esta confianza y seguridad es expresada por la palabra que cierra nuestra oración: Amén: Así sea.

 

 

 

 

 

 

INDICE

 

Presentación

Decreto

 

Primera Parte

LA PROFESION DE LA FE

Primera Sección

CREO – CREAMOS

EL HOMBRE SU BÚSQUEDA DE DIOS

DIOS SALE AL ENCUENTRO DEL HOMBRE:

LA REVELACIÓN

EL HOMBRE RESPONDE A DIOS

QUE SE REVELA: LA FE

Segunda Sección

LA PROFESION DE LA FE CRISTIANA

CREDO DE LOS APÓSTOLES

CREDO NICENO CONSTANTINOPOLITANO

CREO EN DIOS PADRE

CREO EN JESCRISTO, HIJO UNICO DE DIOS

CREO EN EL ESPIRITU SANTO

 

Segunda Padre:

LA CELEBACION DEL MISTERIO CRISTIANO

Primera Sección

LA ECONOMIA SACRAMENTAL

LA LITURGIA

Segunda Sección:

LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA

LOS SACRAMENTOS DE

LA INICIACION CRISTIANA

EL BAUTISMO

LA CONFIRAMCION

LA EUCARISTIA

LOSSACRAMENTOS DE CURACION

LA RECONCILIACION

LA UNCION D ELOS ENFERMOS

LOS SACRAMENTOS AL SERVICIO

DE LA COMUNIDAD

EL ORDEN

EL MATRIMONIO

OTRAS CELEBRACIONES LITURGICAS

 

Tercera Parte:

LA VIDA EN CRISTO

Primera Sección

LA VOCACION DEL HOMBRE

LA VIDA EN EL ESPIRITU

LAS VIRTUDES

EL PECADO

LA LEY MORAL Y LA GRACIA

 LA COMUNIDAD HUMANA

 

Segunda Sección

LOS DIOS MANDAMIENTOS

1.- AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

2.- NO TOMAR EL NOMBRE DE DIOS EN VANO

3.- SANTIFICAR LAS FIESTAS

4.- HONRAR AL PADRE Y A LA MADRE

5.- NO MATAR

6.- NO COMETER ACTOS IMPUROS

7.- NO ROBAR

8.- NO DAR FALSOS TESTIMONIOS NI MENTIR

9.- NO CONSENTIR PENSAMIENTOS NI DESEOS IMPUROS

10.- NO CODICIAR LOS BIENES AJENOS

 

Cuarta Parte:

LA ORACION CRISTIANA

Primera Sección

LA ORACION EN LA VIDA CRISTIANA

Segunda Sección:

LA ORACION DEL SEÑOR:

EL PADRE NUESTRO

 

25/08/2018 19:31 Formación Religiosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS

TEMA TOMADO DEL CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p2s2c2a5_sp.html

1499 "Con la sagrada unción de los enfermos y con la oración de los presbíteros , toda la Iglesia entera encomienda a los enfermos al Señor sufriente y glorificado para que los alivie y los salve. Incluso los anima a unirse libremente a la pasión y muerte de Cristo; y contribuir, así, al bien del Pueblo de Dios" (LG 11).

I. Fundamentos en la economía de la salvación

La enfermedad en la vida humana

1500 La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte.

1501 La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él.

El enfermo ante Dios

1502 El hombre del Antiguo Testamento vive la enfermedad de cara a Dios. Ante Dios se lamenta por su enfermedad (cf Sal 38) y de Él, que es el Señor de la vida y de la muerte, implora la curación (cf Sal 6,3; Is 38). La enfermedad se convierte en camino de conversión (cf Sal 38,5; 39,9.12) y el perdón de Dios inaugura la curación (cf Sal 32,5; 107,20; Mc 2,5-12). Israel experimenta que la enfermedad, de una manera misteriosa, se vincula al pecado y al mal; y que la fidelidad a Dios, según su Ley, devuelve la vida: "Yo, el Señor, soy el que te sana" (Ex 15,26). El profeta entreve que el sufrimiento puede tener también un sentido redentor por los pecados de los demás (cf Is 53,11). Finalmente, Isaías anuncia que Dios hará venir un tiempo para Sión en que perdonará toda falta y curará toda enfermedad (cf Is 33,24).

Cristo, médico

1503 La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de dolientes de toda clase (cf Mt 4,24) son un signo maravilloso de que "Dios ha visitado a su pueblo" (Lc7,16) y de que el Reino de Dios está muy cerca. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los pecados (cf Mc 2,5-12): vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo; es el médico que los enfermos necesitan (Mc 2,17). Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse con ellos: "Estuve enfermo y me visitasteis" (Mt 25,36). Su amor de predilección para con los enfermos no ha cesado, a lo largo de los siglos, de suscitar la atención muy particular de los cristianos hacia todos los que sufren en su cuerpo y en su alma. Esta atención dio origen a infatigables esfuerzos por aliviar a los que sufren.

1504 A menudo Jesús pide a los enfermos que crean (cf Mc 5,34.36; 9,23). Se sirve de signos para curar: saliva e imposición de manos (cf Mc 7,32-36; 8, 22-25), barro y ablución (cf Jn9,6s). Los enfermos tratan de tocarlo (cf Mc 1,41; 3,10; 6,56) "pues salía de él una fuerza que los curaba a todos" (Lc 6,19). Así, en los sacramentos, Cristo continúa "tocándonos" para sanarnos.

1505 Conmovido por tantos sufrimientos, Cristo no sólo se deja tocar por los enfermos, sino que hace suyas sus miserias: "El tomó nuestras flaquezas y cargó con nuestras enfermedades" (Mt 8,17; cf Is 53,4). No curó a todos los enfermos. Sus curaciones eran signos de la venida del Reino de Dios. Anunciaban una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte por su Pascua. En la Cruz, Cristo tomó sobre sí todo el peso del mal (cf Is 53,4-6) y quitó el "pecado del mundo" (Jn 1,29), del que la enfermedad no es sino una consecuencia. Por su pasión y su muerte en la Cruz, Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces éste nos configura con Él y nos une a su pasión redentora.

“Sanad a los enfermos...”

1506 Cristo invita a sus discípulos a seguirle tomando a su vez su cruz (cf Mt 10,38). Siguiéndole adquieren una nueva visión sobre la enfermedad y sobre los enfermos. Jesús los asocia a su vida pobre y humilde. Les hace participar de su ministerio de compasión y de curación: "Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban" (Mc 6,12-13).

1507 El Señor resucitado renueva este envío ("En mi nombre [...] impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien", Mc 16,17-18) y lo confirma con los signos que la Iglesia realiza invocando su nombre (cf. Hch 9,34; 14,3). Estos signos manifiestan de una manera especial que Jesús es verdaderamente "Dios que salva" (cf Mt 1,21; Hch 4,12).

1508 El Espíritu Santo da a algunos un carisma especial de curación (cf 1 Co 12,9.28.30) para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado. Sin embargo, ni siquiera las oraciones más fervorosas obtienen la curación de todas las enfermedades. Así san Pablo aprende del Señor que "mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza" (2 Co 12,9), y que los sufrimientos que tengo que padecer, tienen como sentido lo siguiente: "Completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia" (Col 1,24).

1509 "¡Sanad a los enfermos!" (Mt 10,8). La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos, como por la oración de intercesión con la que los acompaña. Cree en la presencia vivificante de Cristo, médico de las almas y de los cuerpos. Esta presencia actúa particularmente a través de los sacramentos, y de manera especial por la Eucaristía, pan que da la vida eterna (cf Jn 6,54.58) y cuya conexión con la salud corporal insinúa san Pablo (cf 1 Co 11,30).

1510 No obstante, la Iglesia apostólica tuvo un rito propio en favor de los enfermos, atestiguado por Santiago: "Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,14-15). La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos de la Iglesia (cf DS 216; 1324-1325; 1695-1696; 1716-1717).

Un sacramento de los enfermos

1511 La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la enfermedad: la Unción de los enfermos:

«Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo nuestro Señor como un sacramento del Nuevo Testamento, verdadero y propiamente dicho, insinuado por Marcos (cf Mc 6,13), y recomendado a los fieles y promulgado por Santiago, apóstol y hermano del Señor» (Concilio de Trento: DS 1695, cf St 5, 14-15).

1512 En la tradición litúrgica, tanto en Oriente como en Occidente, se poseen desde la antigüedad testimonios de unciones de enfermos practicadas con aceite bendito. En el transcurso de los siglos, la Unción de los enfermos fue conferida, cada vez más exclusivamente, a los que estaban a punto de morir. A causa de esto, había recibido el nombre de "Extremaunción". A pesar de esta evolución, la liturgia nunca dejó de orar al Señor a fin de que el enfermo pudiera recobrar su salud si así convenía a su salvación (cf. DS 1696).

1513 La Constitución apostólica Sacram Unctionem Infirmorum del 30 de noviembre de 1972, de conformidad con el Concilio Vaticano II (cf SC 73) estableció que, en adelante, en el rito romano, se observara lo que sigue:

«El sacramento de la Unción de los enfermos se administra a los gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva debidamente bendecido o, según las circunstancias, con otro aceite de plantas, y pronunciando una sola vez estas palabras: Per istam sanctam unctionem et suam piissimam misericordiam adiuvet te Dominus gratia Spiritus Sancti, ut a peccatis liberatum te salvet atque propitius allevet ("Por esta santa unción, y por su bondadosa misericordia, te ayude el Señor con la gracia del Espíritu Santo, para que, libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte en tu enfermedad")» (Sacram Unctionem Infirmorum; cf CIC, can. 847, §1).

II. Quién recibe y quién administra este sacramento

En caso de grave enfermedad ...

1514 La Unción de los enfermos "no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez" (SC 73; cf CIC, can. 1004, §1; 1005; 1007; CCEO, can. 738).

1515 Si un enfermo que recibió la unción recupera la salud, puede, en caso de nueva enfermedad grave, recibir de nuevo este sacramento. En el curso de la misma enfermedad, el sacramento puede ser reiterado si la enfermedad se agrava. Es apropiado recibir la Unción de los enfermos antes de una operación importante. Y esto mismo puede aplicarse a las personas de edad edad avanzada cuyas fuerzas se debilitan.

"...llame a los presbíteros de la Iglesia"

1516 Solo los sacerdotes (obispos y presbíteros) son ministros de la Unción de los enfermos (cf Concilio de Trento: DS 1697; 1719; CIC, can 1003; CCEO. can. 739,1). Es deber de los pastores instruir a los fieles sobre los beneficios de este sacramento. Los fieles deben animar a los enfermos a llamar al sacerdote para recibir este sacramento. Y que los enfermos se preparen para recibirlo en buenas disposiciones, con la ayuda de su pastor y de toda la comunidad eclesial a la cual se invita a acompañar muy especialmente a los enfermos con sus oraciones y sus atenciones fraternas.

III. La celebración del sacramento

1517 Como en todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria (cf SC 27), que tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor. Si las circunstancias lo permiten, la celebración del sacramento puede ir precedida del sacramento de la Penitencia y seguida del sacramento de la Eucaristía. En cuanto sacramento de la Pascua de Cristo, la Eucaristía debería ser siempre el último sacramento de la peregrinación terrenal, el "viático" para el "paso" a la vida eterna.

1518 Palabra y sacramento forman un todo inseparable. La Liturgia de la Palabra, precedida de un acto de penitencia, abre la celebración. Las palabras de Cristo y el testimonio de los Apóstoles suscitan la fe del enfermo y de la comunidad para pedir al Señor la fuerza de su Espíritu.

1519 La celebración del sacramento comprende principalmente estos elementos: "los presbíteros de la Iglesia" (St 5,14) imponen —en silencio— las manos a los enfermos; oran por los enfermos en la fe de la Iglesia (cf St 5,15); es la epíclesis propia de este sacramento; luego ungen al enfermo con óleo bendecido, si es posible, por el obispo.

Estas acciones litúrgicas indican la gracia que este sacramento confiere a los enfermos.

IV. Efectos de la celebración de este sacramento

1520 Un don particular del Espíritu Santo. La gracia primera de este sacramento es un gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra las tentaciones del maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia ante la muerte (cf. Hb 2,15). Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si tal es la voluntad de Dios (cf Concilio de Florencia: DS 1325). Además, "si hubiera cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,15; cf Concilio de Trento: DS 1717).

1521 La unión a la Pasión de Cristo. Por la gracia de este sacramento, el enfermo recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo: en cierta manera es consagrado para dar fruto por su configuración con la Pasión redentora del Salvador. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.

1522 Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, "uniéndose libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios" (LG 11). Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, en la comunión de los santos, intercede por el bien del enfermo. Y el enfermo, a su vez, por la gracia de este sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios Padre.

1523 Una preparación para el último tránsito. Si el sacramento de la unción de los enfermos es concedido a todos los que sufren enfermedades y dolencias graves, lo es con mayor razón "a los que están a punto de salir de esta vida" (in exitu viae constituti; Concilio de Trento: DS 1698), de manera que se la llamado también sacramentum exeuntium ("sacramento de los que parten";  ibid.). La Unción de los enfermos acaba de conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el Bautismo había comenzado a hacerlo. Es la última de las sagradas unciones que jalonan toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta vida. Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo para defenderse en los últimos combates antes entrar en la Casa del Padre  (cf ibid.: DS 1694).

V. El viático, último sacramento del cristiano

1524 A los que van a dejar esta vida, la Iglesia ofrece, además de la Unción de los enfermos, la Eucaristía como viático. Recibida en este momento del paso hacia el Padre, la Comunión del Cuerpo y la Sangre de Cristo tiene una significación y una importancia particulares. Es semilla de vida eterna y poder de resurrección, según las palabras del Señor: "El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día" (Jn 6,54). Puesto que es sacramento de Cristo muerto y resucitado, la Eucaristía es aquí sacramento del paso de la muerte a la vida, de este mundo al Padre (Jn 13,1).

1525 Así, como los sacramentos del Bautismo, de la Confirmación y de la Eucaristía constituyen una unidad llamada "los sacramentos de la iniciación cristiana", se puede decir que la Penitencia, la Santa Unción y la Eucaristía, en cuanto viático, constituyen, cuando la vida cristiana toca a su fin, "los sacramentos que preparan para entrar en la Patria" o los sacramentos que cierran la peregrinación.

Resumen

1526 "¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometidos pecados, le serán perdonados" (St5,14-15).

1527 El sacramento de la Unción de los enfermos tiene por fin conferir una gracia especial al cristiano que experimenta las dificultades inherentes al estado de enfermedad grave o de vejez.

1528 El tiempo oportuno para recibir la Santa Unción llega ciertamente cuando el fiel comienza a encontrarse en peligro de muerte por causa de enfermedad o de vejez.

1529 Cada vez que un cristiano cae gravemente enfermo puede recibir la Santa Unción, y también cuando, después de haberla recibido, la enfermedad se agrava.

1530 Sólo los sacerdotes (presbíteros y obispos) pueden administrar el sacramento de la Unción de los enfermos; para conferirlo emplean óleo bendecido por el obispo, o, en caso necesario, por el mismo presbítero que celebra.

1531 Lo esencial de la celebración de este sacramento consiste en la unción en la frente y las manos del enfermo (en el rito romano) o en otras partes del cuerpo (en Oriente), unción acompañada de la oración litúrgica del sacerdote celebrante que pide la gracia especial de este sacramento.

1532 La gracia especial del sacramento de la Unción de los enfermos tiene como efectos:

— la unión del enfermo a la Pasión de Cristo, para su bien y el de toda la Iglesia;
— el consuelo, la paz y el ánimo para soportar cristianamente los sufrimientos de la enfermedad o de la vejez; 
— el perdón de los pecados si el enfermo no ha podido obtenerlo por el sacramento de la penitencia; 
— el restablecimiento de la salud corporal, si conviene a la salud espiritual; 
— la preparación para el paso a la vida eterna.

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03/07/2018 04:56 Formación Religiosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LA RELIGIOSIDAD POPULAR EN EL PERÚ

LA RELIGIOSIDAD POPULAR EN EL PERÚ

1. RELIGIOSIDAD POPULAR

En nuestros días se ha hecho problemática la definición de Religiosidad Popular. No basta con decir que se trata de la Religión del Pueblo o de las clases subalternas, ya que el concepto mismo de "pueblo» ha conocido profundos cambios en el curso de las épocas históricas. El interés actual por la Religiosidad Popular es fruto de una sensibilidad completamente moderna y su estudio se hace hoy dentro de una óptica multidisciplinar, sobre todo bajo el impulso de la antropología cultural y de la psicología social. Al mismo tiempo surge una conciencia más clara del hecho de que la Religiosidad Popular interpela a la teología, tanto en sus aspectos mejores y proféticos como en sus limitaciones evidentes. Las formas clásicas de la religiosidad popular son las diferentes formas de devoción vinculadas a los santuarios (sobre todo las peregrinaciones), las:

  • Fiestas patronales,
  • Procesiones,
  • Diversas formas de culto a los santos locales,
  • Los devotos,
  • Bendiciones,

Variadas manifestaciones de culto mariano y de folclore Religioso (que a menudo, como es sabido, constituyen reviviscencias palpables de cultos paganos, a veces disfrazadas muy superficialmente de ingredientes cristianos). Se caracteriza sobre todo por unos gestos más intensos, de mayor implicación emotiva, de un sentido más fuerte de la fiesta; se encuentra a menudo un vínculo profundo entre la Religión y los problemas concretos del grupo Humano. Existe además una forma «mixta»: un modo popular de usar la Religión tradicional de manera eminentemente supersticiosa y propiciatoria.

2.- RELIGIOSIDAD POPULAR EN EL PERÚ

La Religiosidad Popular en EL PERÚ está marcada por muchos factores, se desarrolla dentro de las estructuras de celebraciones, ritos, devociones, etc., consecuencia del proceso de evangelización, pero, junto a esto, es consecuencia también de otros muchos factores étnicos, culturales, sociales e históricos principalmente. El calificativo de popular indica la vivencia religiosa de las grandes mayorías. En la actualidad está muy influida por los grandes procesos sociales a los que está sometida EL PERÚ:

  • la crisis global,
  • las migraciones,
  • los desproporcionados suburbios de las grandes ciudades, donde desde la vivienda, toda forma de vida, y aun de posibilidad de culto Religioso, es radicalmente distinta a lo tradicional, las mayorías empobrecidas y con identidad creyente, la consolidación de otras denominaciones Religiosas.

3.- FUENTES DE LA RELIGIOSIDAD POPULAR EN EL PERÚ

En EL PERÚ las fuentes de la religiosidad popular tienen por los menos dos orígenes bien distintos: las que proceden de la implantación y desarrollo de la religión católica, y las que se derivan de otras culturas o formas religiosas subyacentes en el pueblo a través de diversas épocas y circunstancias. Tienen hoy su importancia y es difícil el separar los elementos, ya que responden a culturas o situaciones que todavía permanecen en el entramado social. Nos referimos aquellas cuya influencia es más notoria hoy:

 3.1.- FUENTES INDÍGENAS Y MESTIZAS

A pesar de siglos de expolio, estos grupos sobreviven y tienen sus manifestaciones religiosas muy peculiares: el quechua y aymara de los Andes, el centenar de pequeños grupos indígenas amazónicos. En su universo simbólico resaltan: lo comunitario, lo ético, el culto a los antepasados, a los espíritus buenos y malos, la hechicería, el culto a la Madre Tierra.

Generalmente son festivos y contribuyen a la Religiosidad Popular no solo con símbolos autóctonos, sus ritmos, sus músicas, instrumentos, vestidos, danzas, y la participación de las autoridades comunitarias.

3.2.- FUENTES AFRO-AMERICANAS

La trascendencia de esta fuente es grande en parte de la costa del Perú. Son muchos millones de negros que vinieron a América, como esclavos y por aislamiento primero y su situación les ayudó a conservar sus tradiciones Culturales y Religiosas, y posteriormente influir en las formas religiosas de importantes sectores. Su sentimiento está marcado por el signo de la esclavitud. Añoran su tierra, su libertad anterior, y lo expresan en formas religiosas. Enfatizan la experiencia del trance y de ser poseídos, cultos como el candomblé o el vudú, la sanación física y espiritual, los bailes religiosos, la identidad como negros.

3.3.- FUENTES RURALES

No olvidemos que EL PERÚ era un País eminentemente rural y campesino. Las tres cuartas partes de su población estaban diseminados por el campo, las selvas, los valles y las sierras,  generalmente en pequeños poblados, que, por las dificultades, tenían muy escasa y casi siempre puntual presencia de sacerdotes. El esfuerzo de la Iglesia por evangelizar fue grande y constante. Ha logrado dejar signos claros de una época mejor: sembró de Templos, Capillas, Patronos, y Tradiciones Religiosas los lugares más remotos.

En medio de estas grandes dificultades, las poblaciones rurales, han logrado conservar las tradiciones y las formas religiosas implantadas desde tiempos seculares. Este medio rural y sus habitantes, aunque hoy muchos de ellos estén en los suburbios de las grandes ciudades, es sin duda, la fuente más importante de la Religiosidad Popular.

3.4.- FUENTES URBANO MARGINALES

Su abanico de manifestaciones religiosas se da en torno a su precariedad y a la lucha por la supervivencia. Un denominador común es la búsqueda de identidad, por eso los grupos pequeños son ellos muy importantes. Los migrantes, añoran su identidad y se agrupan por los lugares de origen, recrean sus fiestas religiosas, mantienen los valores de los alimentos de la sierra, de la medicina tradicional, los chamanes siguen teniendo una gran influencia. el grupo urbano marginal mantiene con dificultades (o con menos esplendor) sus tradiciones, un observador demasiado rápido diría que se mantienen con brillo, sin embargo, no solo muchas se pierden (porque hay pocos migrantes del lugar, sino que otras varias reducen su espectacularidad).

3.5.- FUENTES DE CAPA MEDIA

La utilización de la religión como medio de ser "progresista", de crecer en el "status social". De esta forma se integran a sectores económicos, sociales o políticos más significativos y toman la religión como una forma de resolver sus problemas. En la Iglesia Católica recurren a integrarse en formas valoradas (Hermandades, Cofradías, en las que incluso ocuparán cargos directivos), también pueden buscar otras formas filantrópicas o seudo-religiosas, de reconocido "status social"

  • Mormones,
  • Club de Leones, Rosacruces,
  • grupos de prácticas esotéricas espiritistas.

4.- NUEVAS INFLUENCIAS

La Religiosidad Popular en EL PERÚ también ha recibido en la época moderna otras nuevas influencias que tienen una fuerte significación en el desarrollo de la concepción y relación con la fe, las formas religiosas, y aún los espíritus. Nos referiremos solo a dos de ellas: las que nacen de una relación con otras formas y las que utilizan no solo inadecuadamente, sino fanáticamente las formas religiosas, para obtener beneficios.

 

4.1.- LOS SINCRETISMOS MODERNOS

La práctica de la religión tradicional no impide que en ocasiones se acepten y se unan otros elementos bien religiosos, bien animistas, que se reciben sobre todo por influencias de personas que llegan de otros lugares (Europa, Asia) y también por la masiva presentación que, de una u otra forma, hacen los medios de comunicación. Destacan todas las prácticas de llamada a los espíritus, generalmente en reuniones semi clandestinas, y con gente especialmente invitada. Entre los jóvenes están haciendo daños las prácticas a modo de juego como el de la "ouija"

Esto ayuda también a resurgir con fuerza prácticas antiguas (aunque nunca habían desaparecido) como toda la cultura del curanderismo el "mal de ojo", o los que se dedican a "limpiar" (purificar) las casas, las ropas y las personas porque "les están haciendo mal". Muchas personas católicas y aun practicantes, ante el problema de su salud, dificultades en la vida, y todo lo relacionado con los problemas amorosos, acuden a quien "sana" o "limpia" con otros recursos y aún con otros ritos, no exentos ni mucho menos de elementos católicos: cruces, imágenes, agua bendita, incienso, etc. Otras veces se admiten nueva formas para alcanzar dinero, o para progresar en la vida, o para admitir la novedad de otras religiones practicadas por personas que han progresado en la vida. Aun así, en la mayoría de los casos, tampoco suele haber un abandono de su fe o de sus prácticas religiosas.

 

4.2.- PRÁCTICAS FUNCIONALES

Aquí situamos algunas nuevas formas de la práctica religiosa que utilizan la tradicional Religión Católica, de forma fanática e inadecuada, simplemente para obtener lo que ellos necesitan o reclaman, por el solo hecho de "cumplir rigurosamente con unas formas dadas". En realidad no son nuevas, pero sí, en estos últimos tiempos, quizá se han fortalecido más. Recordamos toda la gama de promesas y de mandas, (fuertemente extendidas en el pueblo, tanto para pedir como para agradecer) visitas a santuarios, rezos preceptivos donde se exige exactitud completa. Siguen teniendo bastante fuerza las prácticas de ascética corporal, como andar descalzo en largas procesiones, o peregrinar a santuarios, realizadas por algunas personas , sobre todo en las manifestaciones religiosas de grandes solemnidades y a santuarios de mucha tradición o procesiones más significativas. Entre todo lo mencionado, unas son prácticas antiguas que permanecen quizá ahora un poco al margen del actual sentimiento Religioso. Finalmente, algunas son prácticas nuevas fuera de todo correcto sentido Religioso.

5.-. LÍNEAS CARACTERÍSTICAS

Después de lo manifestado, es más fácil ahora entender las líneas características actuales de la religiosidad popular en Al., algunas de ellas entroncan con aspectos ya expuestos, otras aparecen por primera vez, como resultado de las nuevas circunstancias. Destacamos solo algunas de las principales:

5.1.- LA MATRIZ TRADICIONAL

5.1.1.- Fiestas y Procesiones:

Las manifestaciones tradicionales tienen una gran importancia en la religiosidad popular actual las:

  • Hermandades y Cofradías,
  • Procesiones,
  • fiestas tradicionales,
  • los Santuarios,  siguen siendo de una enorme atracción, no exenta de dificultades.

El pertenecer a una Hermandad o Cofradía, a veces puede significar que ya "se es católico" y da derecho a reclamar que persistan formas de culto a veces ajenas a la realidad tanto eclesial como social. La procesión es no solo la manifestación más popular en el ámbito Religioso, sino también una gran concentración de personas de toda clase y condición. Este sentido tradicional tiene una gran importancia. Ignorar, desconocer todo este potencial, no solo sería en vano, sino que, peor todavía, impediría quizá el poder aprovechar circunstancias y aun personas valiosas y posibilidades de que puedan penetrar las nuevas formas religiosas. Sin embargo, muchas veces esta forma tradicional, "muy autónoma" y "cultural" conlleva excesos que provocan tensiones y enfrentamientos con la Jerarquía, difícil panorama en este aspecto, que requiere toda clase de tacto y prudencia, no exenta de profetismo.

5.1.2.- Los signos:

Quizá una de las características más clara y central de la Religiosidad Popular es el significado simbólico y el uso de toda clase de signos. Esto guarda mucha relación con el estrato Social y las formas Culturales y aún la "formación religiosa" que aún permanece en ellos Los santos tienen un lugar muy central en su religiosidad, pero no como "personas a imitar por sus virtudes" sino como personas poderosas que pueden depararles sus favores. No por eso consideran a los santos lejanos a ellos, son santos "de cada lugar", que tienen fuerza en una comarca o en un país, de tal forma que se convierten en sus santos, a los que de siempre han invocado y cuya fiesta es obligatorio celebrar. Hay también santos "no-oficiales", es decir no canonizados por la Iglesia, que no están en los altares, pero sí (en el corazón del pueblo sencillo) y gozan de amplia veneración: es el caso del Sarita Colonia.

Es muy grande la profusión de imágenes, medallas, cuadros, etc., asimismo el simbolismo que para ellos tienen el cirio, el agua bendita, el incienso. Entre lo signos por excelencia está la Cruz. No hay pueblo en EL PERÚ (principalmente en los países andinos), cuyo cerro más cercano no esté rematado por una Cruz, llena de simbolismo y de recuerdos de la Pasión. La fiesta de la Cruz de Mayo es una de las de mayor devoción. Finalmente un recuerdo especial a la importancia de lo sagrado, se aprecia la bendición del sacerdote sobre las personas y sobre las cosas. Se pide la bendición de forma no esporádica, sino mayoritaria. Es una necesidad Religiosa para algunos, y seguramente una costumbre y ocasión de reunión social para los demás.

5.1.3.- Los espíritus:

La Religiosidad Popular está en una fuerte relación con la "otra vida" donde los espíritus viven. Todo esto está cubierto de formas culturales, de tradiciones, de cultos esotéricos, etc.

La Religiosidad Popular tiene un enorme respeto a los difuntos. Su recuerdo, el ofrecimiento permanente de oraciones y misas para los difuntos, es algo que está muy dentro de su cultura. La muerte, tan cercana en esto pueblos, se convierte a la vez en algo Religioso. La obligación con el difunto no termina con su muerte. Se tiene, sobre todo en los ambientes rurales, la convicción de que la muerte es un tránsito, por eso necesita de sus familiares y amigos que le velen, que le acompañen sino que el velatorio, le ayudará, es un momento "religioso" del cual participa, en los pueblos andinos, el "chakchar" la hoja de Coca  y el recitar costumbres ancestrales. El difunto tiene sus derechos. No hay familia por pobre que sea, que no intente un entierro digno, una sepultura, el agasajo a los presentes, las flores, la música, la misa de cabo de año realizada con dignidad y comida para todos, son costumbres que indican la relación que se sigue guardando con el difunto que "reclama". El no cumplir eso sería exponerse a un "castigo".

5.2.- EL NUEVO MATIZ

Toda esta religiosidad del pueblo pobre y sencillo se está llenando también de nuevas formas Religiosas que constituyen ya parte de su acerbo, nos vamos a referir brevemente solo a tres:

las pequeñas comunidades, la formación bíblica, y la relación fevida.

5.2.1.- Las pequeñas comunidades:

Es en los suburbios de las grandes poblaciones y en los lugares más marginales de las poblaciones medias donde se está dando con fuerza el fenómeno de los pequeños grupos o comunidades. El desarraigo (por haberse formado con gente de aluvión), las necesidades comunes de todo tipo, hacen que el lugar de residencia sea un lugar importante para el surgimiento de los grupos naturales: educativos, de promoción de la Salud, del Barrio y también Religiosos. La nueva forma de entender la religión, de participar con más plenitud, de reflexionar sobre aspectos de la Fe, de preparar mejor los sacramentos de sus familiares, hasta de participar en celebraciones de las capillas o parroquias más cercanas, hacen que surjan con fuerza estos grupos o Comunidades de Base, que dan lugar a la reflexión y a la práctica de una nueva forma de religión. Cuando esto sucede, ocupa para las personas que participan un lugar central en sus vidas y les da la alegría de haber encontrado algo que necesitaban: entender y practicar mejor la Religión que les entronca con la misma vida.

5.2.2.- El manejo de la Biblia:

El uso de la Biblia se hace más constante y aún popular: en las reuniones, en la formación de los catequistas, en las clases de religión de los centros educativos. Se organizan cursillos, campañas bíblicas a precios muy asequibles. La Biblia pasa así a ser un elemento principal en la formación y práctica religiosa.

 

Un grupo de teólogos y pastoralistas de EL PERÚ hace una traducción importante por el lenguaje y las introducciones más comprensibles en EL PERÚ El éxito es importante (publicada en 1972 tiene hoy más de alrededor de 90 ediciones) y se ha repartido y se está usando con mucha profusión. Se desarrolla así un conocimiento más personal y completo de la Historia de la Salvación, se medita en silencio personal, se introduce la lectura y reflexión en grupos, se ayuda a que ilumine la práctica. La Biblia es apreciada, valorada y aún requerida por muchas personas que comienzan a usarla con gusto y enseñar su uso a los demás.

5.2.3.- La fe unida de la vida:

Un tercer rasgo importante en la nueva perspectiva de la Religiosidad Popular es el nuevo contenido que se da a las prácticas Religiosas, las Antiguas y las Nuevas. Las dificultades que padecen los creyentes de sectores Populares y la nueva forma de entender la Religión, hacen que encuentren en ella una perspectiva distinta y a la vez más cercana para abordar los problemática de su vida. Hay un claro discernimiento de lo que significa seguimiento de Cristo, y lo que significa alienación, o prevalencia de formas opresoras. Quizá hasta las mismas prácticas Religiosas toman nuevos contenidos. No hay separación, no es uno el momento Religioso y otro el momento de la Vida. Vida y Religión están regidas por el mismo y único Dios.

6.- RELIGIONES Y MOVIMIENTOS RELIGIOSOS

6.1.- IGLESIA CATÓLICA APOSTÓLICA ROMANA

El catolicismo es la religión que tradicionalmente identifica a la sociedad peruana y alrededor de ella se celebran numerosas festividades que muchas veces tienen carácter sincrético con las religiones nativas. Alrededor del 81,3% de la población se identifica como católica. La constitución peruana reconoce el aporte que tuvo la religión católica a la formación de la nación peruana, pero aunque la religión católica es la mayoritaria. La forma en cómo se practica la religión católica en el Perú es diversa, la llamada "religión popular" nace del sincretismo religioso de la religión católica y las prácticas pre-hispánicas. Sin embargo, el catolicismo en el Perú concuerda con las líneas generales de la fe cristiana católica, esto es, el amor al prójimo y el compromiso social, reflejado en las numerosas obras de caridad, ayuda y asistencia a la población más necesitada, particularmente en campañas organizadas por parroquias e incluso algunos colegios particulares de corte religioso. Al llegar los conquistadores al territorio que luego se llamaría Perú en el siglo XVI, empezó la difusión de la religión católica, que se fue imponiendo a sus pobladores. Los colonos españoles que llegaron al Perú siguieron con sus prácticas católicas españolas, entre ellas impartir doctrina a quienes denominaban "los gentiles o paganos". El clero español destruyó la mayor parte de la herencia cultural incaica, la religiosidad andina, mediante sus acciones denominadas por ellos mismos como de "extirpación de la idolatría". Como lo sostiene Pierre Duviols (1986: XXVII), "Para los teólogos de la España del siglo XVI, los pueblos americanos de los reinos más civilizados, como (los mayas y los incas), eran considerados paganos -o gentiles- igual que los antiguos griegos y romanos, porque adoraban muchas divinidades o ídolos, por lo cual los pueblos andinos fueron catalogados como idólatras" Además, cada uno de los pueblos amazónicos tiene una mitología y religión propia y sus respectivas explicaciones sobre el origen del universo, los acontecimientos después de la muerte, los milagros de sanidad, etc

 

6.2.- IGLESIA EVANGÉLICA O PROTESTANTE

llegaron al Perú con los emigrantes europeos y norteamericanos comprometidos en la difusión de la Biblia. la difusión de la fe cristiana el misionero italiano Rev. Francisco Penzotti quien llegó al Perú en julio de 1888. Los esfuerzos de difusión de las Sagradas Escrituras permitieron después la fundación de la Iglesia Metodista, primera congregación protestante en el Perú. Las Iglesias protestantes históricas como el:

Anglicanismo,

Presbiterianismo,

Luteranismo o Metodismo también basadas en la fe cristiana, tienen una presencia limitada y se destacan por su contribución social y política, al reconocer la importancia del amor al prójimo y la solidaridad al lado de la fe. Esto se deduce de su presencia con centros:

Educativos, Médicos, Comedores populares, etc.

Iglesias como:

Las Asambleas de Dios del Perú, Las Iglesias Bautistas y la Alianza Cristiana y Misionera

Nacen y crecen, propagándose por todo el territorio Peruano, en una intensa labor misionera y apostólica. En las décadas de los 70 y 80 nacen nuevas Iglesias evangélicas.

  • Agua Viva,
  • Camino de Vida,
  • Iglesia Bíblica Emmanuel,
  • Movimiento Misionero Mundial,
  • Movimiento Evangelistico Misionero,

son los nombres de algunas de las muchas iglesias que cada día nacen, basando su trabajo en la predicación y el discipulado de los nuevos creyentes, formando también redes o células dentro de hogares cristianos, distribuidos en los distritos de cada departamento del Perú. La membresía de las iglesias protestantes y evangélicas se estima en alrededor de 4millones de personas. La mayoría de esa población se concentra en las iglesias evangélicas independientes. el crecimiento de la población evangélica en el Perú se ha dado a partir de la década de los 70. De un 1% entonces, ha llegado a superar el 7% en el año 2006.Tanto la Iglesia Católica como las Iglesias Protestantes ven a Jesucristo como su cabeza, pero la diferencia está en que estas últimas no reconocen al Papa como autoridad en la Tierra. Por ello no hay un líder único dentro de la Comunidad Cristiana ni un cuerpo colegiado que toma decisiones por encima de toda la congregación nacional, ni una unidad dogmática, ritualista ni de otro tipo. Sin embargo, existen asociaciones que agrupan a algunas iglesias y a pastores del Perú.

6.3- OTRAS RELIGIONES

Con las migraciones llegaron otras prácticas religiosas al Perú. Los chinos en la primera mitad del siglo XIX, los judíos, las comunidades árabes y turcas, cada grupo social trajeron su propia religión, de tal manera que se practica en el Perú, además de la religión cristiana, la religión budista, el Islam, la religión hinduista, entre otras. La primera forma arquitectónica de una mezquita en el Perú ha sido construida en Tacna. En la ciudad de Lima se encuentran otros centros del Islam. Si bien inicialmente la versión del Islam que vino al Perú estuvo muy influida por la secta del wahabismo (de moderno origen saudita y muy aceptado en Egipto) o sus variantes contemporáneas, también se encuentra la versión pre-wahabita del Islam, extendida por todos los países islámicos con anterioridad a la llegada del modernismo wahabita.

7.- PRINCIPALES FIESTAS EN EL PERÚ

Las fiestas Religiosas Peruanas empiezan y terminan con la semana misa y son acompañadas de: Procesiones, peregrinaciones, cantos, bailes, rezos, promesas, lágrimas, etc.

7.1- EL SEÑOR DE LOS MILAGROS

La fiesta de señor de los milagros o Cristo de Pachacamilla, considerada por el l´osservatore romano como la manifestación religiosa más numerosa del mundo, se celebra en octubre, el mes morado, muchos peruanos visten el hábito morado como signo de penitencia, con todo el mar de gente con habito morado cantan, alaban, rezan, agradecen y piden al Señor por sus necesidades.

7.2.- EL SEÑOR CAUTIVO DE AYABACA

Esta fiesta de gran envergadura en la región, se inicia con la retreta de la banda musical del pueblo de Ayabaca (ubicado a 211 km de la ciudad de Piura). El Señor Cautivo de Ayabaca es una de las imágenes que más pasión despierta en los fieles. El templo principal de la Sagrada Virgen del Pilar, que alberga la imagen del Señor Cautivo de Ayabaca tallado en madera de cedro, se llena de devotos:

  • Peruanos,
  • Ecuatorianos,
  • Colombianos
  • Bolivianos, que son recibidos con mucha alegría y cordialidad por los ayabaquinos.

 

7.3.- EL SEÑOR DE LUREN

El tercer lunes del mes de octubre de todos los años se celebra en la ciudad de Ica las festividades religiosas en Homenaje al Patrono de la Ciudad, el Señor de Lúren de Ica. Esta festividad se celebra desde hace más o menos 4 siglos, desde el año 1570 en que llego la imagen a la Villa de Valverde, y desde esas épocas ha congregado la procesión a una ingente cantidad de fieles que siguen los pasos del anda durante sus 17 horas de recorrido aproximadamente por las principales calles de la ciudad.

7.4.- FIESTA DE QOYLLUR RITTI

(estrella de la nieve), cera de 100 mil personas llegan a pie del nevado Ausangate 6362 msnm para rendir culto al niño San Juan las personas de la selva y parte de la sierra en la noche del 23 de junio entran a bañarse en los ríos para purificarse en baño bendito.

7.5.- EL CORPUS CHRISTI

La Festividad del "Corpus Christi" ocupa un lugar preponderante en el calendario festivo de la ciudad (Mayo o Junio movible - 9 semanas luego de Semana Santa), es una de las fiestas religiosas más fastuosas de Cusco  por lo que para esta ocasión la ciudad se ve muy concurrida por gentes venidas de otros confines. El origen de esta festividad se remonta hacia el año 1247 , cuando en San Miguel de Lieja (Bélgica) fue celebrada por primera vez. "Corpus Christi" significa "Cuerpo de Cristo" y fue instituida para conmemorar solemnemente la institución de la Sagrada Eucaristía que a su vez representa el Cuerpo de Cristo.

 

7.6.- FIESTAS DE LA VIRGEN DE CHAPI

La Virgen de la Candelaria de Chapi o simplemente Virgen de Chapi, es una advocación mariana del Perú, Patrona de Arequipa. Su santuario al cual acuden en peregrinación miles de devotos, está ubicado a unos 90 Kilómetros de la ciudad de Arequipa en el desértico lugar denominado Chapi que se encuentra en el límite entre los departamentos de Arequipa y Moquegua en el distrito de Polobaya que pertenece al departamento de Arequipa.

7.7.-OTROS

En los puertos marítimos se celebra San Pedro y San Pablo, con las procesiones marinas, San Pedro es llevado por el mar por una gran cantidad de pescadores en sus lanchas y botes. Así mismo la semana santa se vive intensamente en el Perú: En Ayacucho se celebra 10 días durante los cuales hay procesiones entre las que se destaca el encuentro de Jesús y María, cuyas andas adornadas en forma piramidal por gran cantidad de velar y cirios, la gente acompaña con velas encendidas y cantos estremecedores La Virgen de la Candelaria en Puno donde cerca de 40 mil, 5 mil músicos y gran parte de la población celebra esta fiesta: su día central es el 2 de febrero y dura 20 días, los danzarines después de bailar entran arrodillados al templo La Virgen de la Inmaculada concepción se celebra en distintas ciudades y pueblos. La Virgen del Perpetuo Socorro en Piura y en el Rímac, donde esta nuestro seminario también sale en procesión.

WEBGRAFIA

  • https://es.scribd.com/doc/180569379/Religiosidad-Popular-en-El-Peru
  • http://noviciadoursal.blogspot.com/2011/11/religiosidad-popular-en-el-peru.html
  • http://www.mat.puc.cl/~rolando.rebolledo/Azar/Trabajos/talesnik.pdf 
  • http://www.slideshare.net/bboyzalo10/la-religiosidad-popular-en-el-per-es-muy-profunda-y-variada
  • http://www.museomapa.cl/contenedor.php?idMenu=6&categoria=51&nombre=Religiosidad+Popular
  • http://es.catholic.net/conocetufe/423/2215/articulo.php?id=4722
  • http://mercaba.org/FICHAS/AlfaOmega/299%2021-3-2002/la_religiosidad_popular_el_puebl.htm.

 

05/06/2018 06:14 Formación Religiosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

LAS CONFERENCIAS DEL CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM)

CONFERENCIAS DEL CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM)

El episcopado latinoamericano tiene una larga historia de búsqueda de un organismo colegiado que discierna la ruta del catolicismo del continente. En efecto, durante la época colonial se desarrollaron concilios provinciales o juntas eclesiásticas tanto en ciudad de México como en Lima, incluso antes de la Real Cédula pos-tridentina de 1621.

Ya en 1899, por iniciativa del Obispo chileno Monseñor Carlos Casanueva, el Papa León XIII convoca en Roma al Primer Concilio Plenario Latinoamericano, con ocasión del 400 aniversario de la llegada de colonos españoles. Los trece arzobispos y cuarenta obispos se ocuparon fundamentalmente de discutir más que cuestiones doctrinales, asuntos relativos a la disciplina eclesiástica, con la emergencia de problemas socio-eclesiales comunes.

Creación del CELAM

El CELAM se crea en 1956, a propósito de la celebración de la Primera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano reunido en Río de Janeiro en 1955. Su nacimiento jurídico se remonta a 1958. La creación del CELAM precede a la existencia de la mayoría de las Conferencias Episcopales de iglesias locales, por lo tanto, no podemos leer su surgimiento como una recepción regional de una experiencia local.

El CELAM se ha reunido en Conferencia General cinco veces: 1955, 1968, 1979, 1992 y 2007, emitiendo un Documento Final como conclusiones de sus trabajos. Estos documentos no se explican de manera automática e independiente, se requiere una adecuada hermenéutica para evaluarlos y entender aquello que allí se ha expresado u omitido.

Primera Conferencia: Río de Janeiro, entre el 25 de julio-4 de agosto de 1955

El Papa Pío XII, esperaba expresamente que los obispos de América Latina se hicieran cargo del problema de la escasez de clero, considerado como el principal para el catolicismo regional. No hubo mención expresa del enorme problema social causado por la dependencia latinoamericana de Estados Unidos. Se había comenzado a establecer la consolidación de gobiernos nacionalistas y reformistas que buscaban alejarse de la excesiva influencia de Estados Unidos en la conducción de sus políticas interiores; frente a ello se establecieron políticas de desestabilización económica y política.

La preocupación fundamental estaba centrada en el incremento del protestantismo lo que, a juicio del Pontífice, estaba directamente relacionado con la falta de atención pastoral por ministros, quedando un terreno libre a diversos grupos sociales y religiosos que ponían en riesgo la predominancia de la fe católica. Por ello el trabajo en pastoral vocacional y el cuidado en la formación del clero ayudaría a generar más y mejor clero local; pero también se precisaba el fomento de la llegada de sacerdotes extranjeros, de modo que se renovasen métodos pastorales apropiados a las exigencias del problema religioso de América Latina, superando la fragmentación y generando más intercambio entre las iglesias locales.

La realidad religiosa del Continente marcó la agenda de la Conferencia. Para descubrir el rostro de Dios, en su resplandor y deformaciones, el Cardenal Piazza solicitó realizar un análisis estadístico de la situación pastoral, espiritual y social de las iglesias locales. Metodológicamente se trataba de hacer localmente estos estudios, para que luego las asambleas provinciales enviaran los resultados a la asamblea de Río.

Atención especial mereció la cuestión misionera especialmente frente a la emigración rural y al creciente aumento del protestantismo y las sectas, comprometiéndose con los inmigrantes y con la promoción de una cultura autóctona. Se destacó el potencial de las diversas formas de apostolado laico frente a formas de disgregación cristiana. La Conferencia se propuso, además, incentivar la creación de un diario católico en cada país y también limitar la influencia del mal cine. A pesar de identificar el problema en la escasez de clero, con una eclesiología muy autocentrada, se evidenció una sensibilidad real por los problemas sociales del momento y la positiva influencia que un laicado mejor formado podía traer al Continente.

 

II Conferencia: Medellín, entre el 26 de agosto – 7 de septiembre de 1968

Fue la primera vez que un pontífice pisaba tierras latinoamericanas. Entre 1962 y 1965 se había celebrado el Concilio Vaticano II, trayendo consigo la cristalización de décadas de pensamiento teológico renovador en el catolicismo romano. Este magisterio universal sería contrastado con dos documentos promulgados por el papa Pablo VI: la Encíclica Populorum Progressio(PP), con muy buena recepción en América Latina y la Encíclica Humanae Vitae que había desatado una encarnizada polémica.

Socialmente, el continente enfrentaba una desproporción acelerada entre progreso económico y desarrollo social. Muchas Iglesias locales, tales como Brasil, Chile, Venezuela, Colombia, Ecuador y Costa Rica apoyaron la creación de movimientos de inspiración cristiana como cooperativas y proyectos de promoción humana. La Iglesia también colaboró en la creación de partidos políticos con inspiración cristiana. Algunas reformas estructurales, como la agraria, fueron también impulsadas por la Iglesia.

La Conferencia se enfrentó a ese modelo económico neoliberal de desarrollo, unido a la convulsión estudiantil de varios países del continente. Era imperativo hacerse cargo del desafío de hablar desde y hacia ese momento presente latinoamericano.

Medellín puede ser contada como la gran recepción continental del Concilio Vaticano II. Alrededor de 750 obispos se reunieron en torno al tema “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio”.

Desde presupuestos bíblicos y pastorales, resulta evidente que el nuevo paradigma eclesial que emerge en Medellín resitúa un tema marginal en los debates conciliares, el paradigma eclesiológico de la “Iglesia de los pobres”.

Hubo también una valorización de la acción política de los cristianos, como una característica esencial de la teología y pastoral del catolicismo del continente  

III Conferencia: Puebla, entre el 27 de enero – 13 de febrero de 1979

La extraordinaria recepción de Evangelii nuntiandi en la Iglesia de América Latina, fue el escenario en el cual surgió la idea de convocar a una nueva Conferencia General del Episcopado, en el décimo aniversario de Medellín. La Iglesia latinoamericana fue madurando entre Medellín y Puebla y ese sería el contexto que determinó la propuesta temática: “La evangelización en el presente y en el futuro de América Latina”.

El Continente asistía a una de las épocas sociales más complejas de la historia reciente, enfrentaba regímenes dictatoriales, represivos, violencia institucionalizada, bloqueos, desmantelamiento a revoluciones, abstenciones electorales, fronteras de apoyo político y militar de potencias extranjeras, etc.

La Iglesia, de esa manera, asumió en un gran sector del Continente un rol de liderazgo religioso en defensa de los derechos de las personas en un ambiente de tortura, desaparición y muerte. La Teología de la Liberación se había convertido en ese momento, en una herramienta eclesial militante que se ocupaba de sistematizar las experiencias de opresión y liberación desde la opción creyente; un método de análisis y un lenguaje apropiado para expresar cristianamente la realidad, mucho más que la doctrina social de la Iglesia

En torno al tema general de la Conferencia “La evangelización en el presente y futuro de América Latina”, este Documento realiza un diagnóstico social, económico y político, enumerando los principales núcleos del pensamiento social de la Iglesia. Se advierte transversalmente que, a pesar del desarrollo económico, la brecha entre ricos y pobres es demasiado grande y que la existencia de extrema pobreza desafía fuertemente a los cristianos.

El modelo de Iglesia como sacramento del Reino de Dios se instala, promoviendo vivamente la activa participación laical y el desarrollo de ministerios. Se confirma a la Iglesia en su irrenunciable misión religiosa de establecer una comunidad más humana, frente a la compleja situación sociopolítica que enfrentaban la mayoría de los países de América Latina (42).

IV Cuarta Conferencia de Santo Domingo: entre el 12 – 28 octubre de 1992

Más de veinte años mediaron entre la cuarta y la quinta conferencia. Ya desde mediados de los 80’ se consideró que el quinto centenario de la presencia de la Iglesia en América Latina sería un escenario apropiado para una nueva reunión episcopal. Juan Pablo II inaugurando en Port-au-Prince la XIX Asamblea ordinaria de los Obispos del CELAM, el 9 de marzo de 1983, sostuvo que el Continente tenía necesidad de una evangelización nueva: nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión. En la preparación de esta Conferencia se advierte un declive en participación, afectando su recepción e impacto en la vida eclesial. La ‘nueva evangelización’ fue leída en no pocos ámbitos eclesiales en clave ideológica, como respaldo del catolicismo romano a la actitud colonizadora en los pueblos indoamericanos.

El CELAM convocó la cuarta conferencia bajo el tema “Nueva Evangelización, promoción humana, cultura cristiana. Jesucristo ayer, hoy y siempre (Heb. 13,8)”.

La catequesis y la liturgia son muy enfatizadas como canales de inculturación del Evangelio. Los documentos finales insistieron en la afirmación de la necesidad de la evangelización desde el paradigma de cultura de vida v/s cultura de muerte.

 

V Conferencia: Aparecida, entre el 13 – 31 mayo de 2007

En los quince años que mediaron entre Santo Domingo y Aparecida, se habían producido muchos cambios sociales y eclesiales.

La emergencia masiva de nuevos movimientos religiosos había cambiado el rostro confesional en un Continente que había prácticamente perdido el influjo pastoral directo de las comunidades cristianas de base.

América Latina y el Caribe se veían afectados por el establecimiento de un nuevo orden mundial, regido por el neoliberalismo como sistema económico y la globalización que atravesaba todas las esferas de la sociedad.

El tema que convocaba era “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (Jn. 14,6)”.

El tema general de la Conferencia se ubicó en sintonía con las categorías teológicas latinoamericanas tradicionales “Discípulos y Misioneros de Jesucristo para que en él nuestros pueblos tengan vida: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, a saber, el del discipulado comunitario y de la valorización de la historia concreta donde se expresa ese discipulado, seguimiento del Verbo encarnado. Una renovada comprensión de misión se dibuja en la Conferencia, más abierta e inclusiva, sin las cargas de un eclesiocentrismo excluyente (163ss) y más atenta a la reivindicación de la pluralidad étnica de América Latina.

Se enfatiza explícitamente la continuidad tanto con Medellín, como con Puebla. Así se leen los pasajes en los cuales reaparecen con fuerza tanto la opción preferencial por los más pobres, contra la pobreza; como, el aprecio por una eclesiología de base, para los obispos, desde las Comunidades Eclesiales de Base; emerge la iglesia en salida, tan propia de esta Asamblea. Este tema, convertido en un paradigma eclesiológico, sería universalizado por el papa Bergoglio en Evangelii Gaudium.

Las conferencias del episcopado latinoamericano, sin duda, han marcado la agenda del catolicismo del Continente, le han otorgado nuevos lenguajes pastorales, de modo que el pueblo creyente latinoamericano ha podido aproximarse al mundo con mediaciones más cercanas a su propia realidad. Las tempranas asambleas le otorgaron una cierta legitimidad a los movimientos sociales cristianos emergentes o consolidados; las últimas, especialmente Aparecida, ha visibilizado con solidez categorías de comprensión de la realidad social y eclesial que han devenido comunes, como la violencia institucionalizada, la opción eclesial preferencial por los más pobres, la inculturación del evangelio, la promoción de la dignidad humana y sus derechos inalienables, la iglesia inclusiva, en salida hacia las nuevas realidades y nuevos rostros.

A través de estas Asambleas, apreciamos un continente más maduro en buscar y utilizar formas más colegiadas de discernimiento eclesial, aunque aún falte mayor creatividad latinoamericana en el diseño de formas de gobierno más representativas de toda la membresía eclesial. Resulta evidente, además, que, en la gestación de magisterio local, la consideración de otras disciplinas en el análisis de la realidad es necesaria, así como la asesoría permanente de quienes cultivan la disciplina teológica. El episcopado latinoamericano ha madurado y esto debe proyectarse en las relaciones con otros cuerpos episcopales, así como con la curia romana. Y esta madurez debe traducirse en la proactividad en el diseño de políticas eclesiales locales que reviertan la suerte de irrelevancia en la que el catolicismo latinoamericano se va convirtiendo.

 

 

29/05/2018 06:32 Formación Religiosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA GAUDETE ET EXSULTATE

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
GAUDETE ET EXSULTATE
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL

 

ÍNDICE

«Alegraos y regocijaos» [1-2]

Capítulo Primero
EL LLAMADO A LA SANTIDAD

Los santos que nos alientan y acompañan [3-5]
Los santos de la puerta de al lado [6-9]
El Señor llama [10-13]
También para ti [14-18]
Tu misión en Cristo [19-24]
La actividad que santifica [25-31] 
Más vivos, más humanos [32-34]

Capítulo Segundo
DOS SUTILES ENEMIGOS DE LA SANTIDAD

El gnosticismo actual [36]

Una mente sin Dios y sin carne [37-39] 
Una doctrina sin misterio [40-42] 
Los límites de la razón [43-46]

El pelagianismo actual [47-48]

Una voluntad sin humildad [49-51]
Una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada [52-56]
Los nuevos pelagianos [57-59]
El resumen de la Ley [60-62]

Capítulo Tercero
A LA LUZ DEL MAESTRO

A contracorriente [65-66]

«Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» [67-70]
«Felices los mansos, porque heredarán la tierra» [71-74]  
«Felices los que lloran, porque ellos serán consolados» [75-76] 
«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados» [77-79]
«Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» [80-82]
«Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios» [83-86]
«Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» [87-89]
«Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» [90-94]

El gran protocolo [95]

Por fidelidad al Maestro [96-99]
Las ideologías que mutilan el corazón del Evangeli[100-103]
El culto que más le agrada [104-109]

Capítulo Cuarto
ALGUNAS NOTAS DE LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL

Aguante, paciencia y mansedumbre [112-121]
Alegría y sentido del humor [122-128] 
Audacia y fervor [129-139] 
En comunidad [140-146] 
En oración constante [147-157]

Capítulo Quinto
COMBATE, VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO

El combate y la vigilancia [159]

Algo más que un mito [160-161] 
Despiertos y confiados [162-163]
La corrupción espiritual [164-165]

El discernimiento [166]

Una necesidad imperiosa [167-168]
Siempre a la luz del Señor [169] 
Un don sobrenatural [170-171]
Habla, Señor [172-173]
La lógica del don y de la cruz [174-177]

 


 

 

1«Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1).

2. No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4).

CAPÍTULO PRIMERO
EL LLAMADO A LA SANTIDAD

Los santos que nos alientan y acompañan

3. En la carta a los Hebreos se mencionan distintos testimonios que nos animan a que «corramos, con constancia, en la carrera que nos toca» (12,1). Allí se habla de Abraham, de Sara, de Moisés, de Gedeón y de varios más (cf. 11,1-12,3) y sobre todo se nos invita a reconocer que tenemos «una nube tan ingente de testigos» (12,1) que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta. Y entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor.

4. Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión. Lo atestigua el libro del Apocalipsis cuando habla de los mártires que interceden: «Vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia?”» (6,9-10). Podemos decir que «estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios […] No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce»[1].

5. En los procesos de beatificación y canonización se tienen en cuenta los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte. Esa ofrenda expresa una imitación ejemplar de Cristo, y es digna de la admiración de los fieles[2]. Recordemos, por ejemplo, a la beata María Gabriela Sagheddu, que ofreció su vida por la unión de los cristianos.

Los santos de la puerta de al lado

6. No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente»[3]. El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo.

7. Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad»[4].

8. Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que «participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad»[5]. Pensemos, como nos sugiere santa Teresa Benedicta de la Cruz, que a través de muchos de ellos se construye la verdadera historia: «En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado»[6].

9. La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo»[7]. Por otra parte, san Juan Pablo II nos recordó que «el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes»[8]. En la hermosa conmemoración ecuménica que él quiso celebrar en el Coliseo, durante el Jubileo del año 2000, sostuvo que los mártires son «una herencia que habla con una voz más fuerte que la de los factores de división»[9].

El Señor llama

10. Todo esto es importante. Sin embargo, lo que quisiera recordar con esta Exhortación es sobre todo el llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros, ese llamado que te dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1 P1,16). El Concilio Vaticano II lo destacó con fuerza: «Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre»[10].

11. «Cada uno por su camino», dice el Concilio. Entonces, no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él. Todos estamos llamados a ser testigos, pero «existen muchas formas existenciales de testimonio»[11]. De hecho, cuando el gran místico san Juan de la Cruz escribía su Cántico Espiritual, prefería evitar reglas fijas para todos y explicaba que sus versos estaban escritos para que cada uno los aproveche «según su modo»[12]. Porque la vida divina se comunica «a unos en una manera y a otros en otra»[13].

12. Dentro de las formas variadas, quiero destacar que el «genio femenino» también se manifiesta en estilos femeninos de santidad, indispensables para reflejar la santidad de Dios en este mundo. Precisamente, aun en épocas en que las mujeres fueron más relegadas, el Espíritu Santo suscitó santas cuya fascinación provocó nuevos dinamismos espirituales e importantes reformas en la Iglesia. Podemos mencionar a santa Hildegarda de Bingen, santa Brígida, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Ávila o santa Teresa de Lisieux. Pero me interesa recordar a tantas mujeres desconocidas u olvidadas quienes, cada una a su modo, han sostenido y transformado familias y comunidades con la potencia de su testimonio.

13. Esto debería entusiasmar y alentar a cada uno para darlo todo, para crecer hacia ese proyecto único e irrepetible que Dios ha querido para él desde toda la eternidad: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5).

También para ti

14. Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales[14].

15. Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Ga 5,22-23). Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: «Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor». En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad. El Señor la ha llenado de dones con la Palabra, los sacramentos, los santuarios, la vida de las comunidades, el testimonio de sus santos, y una múltiple belleza que procede del amor del Señor, «como novia que se adorna con sus joyas» (Is 61,10).

16. Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos. Por ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: «No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso.

17. A veces la vida presenta desafíos mayores y a través de ellos el Señor nos invita a nuevas conversiones que permiten que su gracia se manifieste mejor en nuestra existencia «para que participemos de su santidad» (Hb 12,10). Otras veces solo se trata de encontrar una forma más perfecta de vivir lo que ya hacemos: «Hay inspiraciones que tienden solamente a una extraordinaria perfección de los ejercicios ordinarios de la vida»[15]. Cuando el Cardenal Francisco Javier Nguyên van Thuânestaba en la cárcel, renunció a desgastarse esperando su liberación. Su opción fue «vivir el momento presente colmándolo de amor»; y el modo como se concretaba esto era: «Aprovecho las ocasiones que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria»[16].

18. Así, bajo el impulso de la gracia divina, con muchos gestos vamos construyendo esa figura de santidad que Dios quería, pero no como seres autosuficientes sino «como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 P 4,10). Bien nos enseñaron los Obispos de Nueva Zelanda que es posible amar con el amor incondicional del Señor, porque el Resucitado comparte su vida poderosa con nuestras frágiles vidas: «Su amor no tiene límites y una vez dado nunca se echó atrás. Fue incondicional y permaneció fiel. Amar así no es fácil porque muchas veces somos tan débiles. Pero precisamente para tratar de amar como Cristo nos amó, Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros. De esta manera, nuestras vidas demuestran su poder en acción, incluso en medio de la debilidad humana»[17].

Tu misión en Cristo

19. Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad, porque «esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4,3). Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio.

20. Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde él. En el fondo la santidad es vivir en unión con él los misterios de su vida. Consiste en asociarse a la muerte y resurrección del Señor de una manera única y personal, en morir y resucitar constantemente con él. Pero también puede implicar reproducir en la propia existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor. La contemplación de estos misterios, como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes[18]. Porque «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio»[19], «toda la vida de Cristo es Revelación del Padre»[20], «toda la vida de Cristo es misterio de Redención»[21], «toda la vida de Cristo es misterio de Recapitulación»[22], y «todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en él y que él lo viva en nosotros»[23].

21. El designio del Padre es Cristo, y nosotros en él. En último término, es Cristo amando en nosotros, porque «la santidad no es sino la caridad plenamente vivida»[24]. Por lo tanto, «la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya»[25]. Así, cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo.

22. Para reconocer cuál es esa palabra que el Señor quiere decir a través de un santo, no conviene entretenerse en los detalles, porque allí también puede haber errores y caídas. No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona[26].

23. Esto es un fuerte llamado de atención para todos nosotros. Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy.

24. Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.

La actividad que santifica

25. Como no puedes entender a Cristo sin el reino que él vino a traer, tu propia misión es inseparable de la construcción de ese reino: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia» (Mt 6,33). Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos. Cristo mismo quiere vivirlo contigo, en todos los esfuerzos o renuncias que implique, y también en las alegrías y en la fecundidad que te ofrezca. Por lo tanto, no te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño.

26. No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión.

27. ¿Acaso el Espíritu Santo puede lanzarnos a cumplir una misión y al mismo tiempo pedirnos que escapemos de ella, o que evitemos entregarnos totalmente para preservar la paz interior? Sin embargo, a veces tenemos la tentación de relegar la entrega pastoral o el compromiso en el mundo a un lugar secundario, como si fueran «distracciones» en el camino de la santificación y de la paz interior. Se olvida que «no es que la vida tenga una misión, sino que es misión»[27].

28. Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora. El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo. De ahí que suela hablarse, por ejemplo, de una espiritualidad del catequista, de una espiritualidad del clero diocesano, de una espiritualidad del trabajo. Por la misma razón, en Evangelii gaudium quise concluir con una espiritualidad de la misión, en Laudato si’ con una espiritualidad ecológica y en Amoris laetitia con una espiritualidad de la vida familiar.

29. Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive. ¿Cómo no reconocer entonces que necesitamos detener esa carrera frenética para recuperar un espacio personal, a veces doloroso pero siempre fecundo, donde se entabla el diálogo sincero con Dios? En algún momento tendremos que percibir de frente la propia verdad, para dejarla invadir por el Señor, y no siempre se logra esto si uno «no se ve al borde del abismo de la tentación más agobiante, si no siente el vértigo del precipicio del más desesperado abandono, si no se encuentra absolutamente solo, en la cima de la soledad más radical»[28]. Así encontramos las grandes motivaciones que nos impulsan a vivir a fondo las propias tareas.

30. Los mismos recursos de distracción que invaden la vida actual nos llevan también a absolutizar el tiempo libre, en el cual podemos utilizar sin límites esos dispositivos que nos brindan entretenimiento o placeres efímeros[29]. Como consecuencia, es la propia misión la que se resiente, es el compromiso el que se debilita, es el servicio generoso y disponible el que comienza a retacearse. Eso desnaturaliza la experiencia espiritual. ¿Puede ser sano un fervor espiritual que conviva con una acedia en la acción evangelizadora o en el servicio a los otros?

31. Nos hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación.

Más vivos, más humanos

32. No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. Depender de él nos libera de las esclavitudes y nos lleva a reconocer nuestra propia dignidad. Esto se refleja en santa Josefina Bakhita, quien fue «secuestrada y vendida como esclava a la tierna edad de siete años, sufrió mucho en manos de amos crueles. Pero llegó a comprender la profunda verdad de que Dios, y no el hombre, es el verdadero Señor de todo ser humano, de toda vida humana. Esta experiencia se transformó en una fuente de gran sabiduría para esta humilde hija de África»[30].

33. En la medida en que se santifica, cada cristiano se vuelve más fecundo para el mundo. Los Obispos de África occidental nos enseñaron: «Estamos siendo llamados, en el espíritu de la nueva evangelización, a ser evangelizados y a evangelizar a través del empoderamiento de todos los bautizados para que asumáis vuestros roles como sal de la tierra y luz del mundo donde quiera que os encontréis»[31].

34. No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia. En el fondo, como decía León Bloy, en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos»[32].

 

CAPÍTULO SEGUNDO
DOS SUTILES ENEMIGOS DE LA SANTIDAD

35. En este marco, quiero llamar la atención acerca de dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo. Son dos herejías que surgieron en los primeros siglos cristianos, pero que siguen teniendo alarmante actualidad. Aun hoy los corazones de muchos cristianos, quizá sin darse cuenta, se dejan seducir por estas propuestas engañosas. En ellas se expresa un inmanentismo antropocéntrico disfrazado de verdad católica.[33] Veamos estas dos formas de seguridad doctrinal o disciplinaria que dan lugar «a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente»[34].

El gnosticismo actual

36. El gnosticismo supone «una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos»[35].

Una mente sin Dios y sin carne

37. Gracias a Dios, a lo largo de la historia de la Iglesia quedó muy claro que lo que mide la perfección de las personas es su grado de caridad, no la cantidad de datos y conocimientos que acumulen. Los «gnósticos» tienen una confusión en este punto, y juzgan a los demás según la capacidad que tengan de comprender la profundidad de determinadas doctrinas. Conciben una mente sin encarnación, incapaz de tocar la carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia de abstracciones. Al descarnar el misterio finalmente prefieren «un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo»[36].

38. En definitiva, se trata de una superficialidad vanidosa: mucho movimiento en la superficie de la mente, pero no se mueve ni se conmueve la profundidad del pensamiento. Sin embargo, logra subyugar a algunos con una fascinación engañosa, porque el equilibrio gnóstico es formal y supuestamente aséptico, y puede asumir el aspecto de una cierta armonía o de un orden que lo abarca todo.

39. Pero estemos atentos. No me refiero a los racionalistas enemigos de la fe cristiana. Esto puede ocurrir dentro de la Iglesia, tanto en los laicos de las parroquias como en quienes enseñan filosofía o teología en centros de formación. Porque también es propio de los gnósticos creer que con sus explicaciones ellos pueden hacer perfectamente comprensible toda la fe y todo el Evangelio. Absolutizan sus propias teorías y obligan a los demás a someterse a los razonamientos que ellos usan. Una cosa es un sano y humilde uso de la razón para reflexionar sobre la enseñanza teológica y moral del Evangelio; otra es pretender reducir la enseñanza de Jesús a una lógica fría y dura que busca dominarlo todo[37].

Una doctrina sin misterio

40. El gnosticismo es una de las peores ideologías, ya que, al mismo tiempo que exalta indebidamente el conocimiento o una determinada experiencia, considera que su propia visión de la realidad es la perfección. Así, quizá sin advertirlo, esta ideología se alimenta a sí misma y se enceguece aún más. A veces se vuelve especialmente engañosa cuando se disfraza de una espiritualidad desencarnada. Porque el gnosticismo «por su propia naturaleza quiere domesticar el misterio»[38], tanto el misterio de Dios y de su gracia, como el misterio de la vida de los demás.

41. Cuando alguien tiene respuestas a todas las preguntas, demuestra que no está en un sano camino y es posible que sea un falso profeta, que usa la religión en beneficio propio, al servicio de sus elucubraciones psicológicas y mentales. Dios nos supera infinitamente, siempre es una sorpresa y no somos nosotros los que decidimos en qué circunstancia histórica encontrarlo, ya que no depende de nosotros determinar el tiempo y el lugar del encuentro. Quien lo quiere todo claro y seguro pretende dominar la trascendencia de Dios.

42. Tampoco se puede pretender definir dónde no está Dios, porque él está misteriosamente en la vida de toda persona, está en la vida de cada uno como él quiere, y no podemos negarlo con nuestras supuestas certezas. Aun cuando la existencia de alguien haya sido un desastre, aun cuando lo veamos destruido por los vicios o las adicciones, Dios está en su vida. Si nos dejamos guiar por el Espíritu más que por nuestros razonamientos, podemos y debemos buscar al Señor en toda vida humana. Esto es parte del misterio que las mentalidades gnósticas terminan rechazando, porque no lo pueden controlar.

Los límites de la razón

43. Nosotros llegamos a comprender muy pobremente la verdad que recibimos del Señor. Con mayor dificultad todavía logramos expresarla. Por ello no podemos pretender que nuestro modo de entenderla nos autorice a ejercer una supervisión estricta de la vida de los demás. Quiero recordar que en la Iglesia conviven lícitamente distintas maneras de interpretar muchos aspectos de la doctrina y de la vida cristiana que, en su variedad, «ayudan a explicitar mejor el riquísimo tesoro de la Palabra». Es verdad que «a quienes sueñan con una doctrina monolítica defendida por todos sin matices, esto puede parecerles una imperfecta dispersión»[39]. Precisamente, algunas corrientes gnósticas despreciaron la sencillez tan concreta del Evangelio e intentaron reemplazar al Dios trinitario y encarnado por una Unidad superior donde desaparecía la rica multiplicidad de nuestra historia.

44. En realidad, la doctrina, o mejor, nuestra comprensión y expresión de ella, «no es un sistema cerrado, privado de dinámicas capaces de generar interrogantes, dudas, cuestionamientos», y «las preguntas de nuestro pueblo, sus angustias, sus peleas, sus sueños, sus luchas, sus preocupaciones, poseen valor hermenéutico que no podemos ignorar si queremos tomar en serio el principio de encarnación. Sus preguntas nos ayudan a preguntarnos, sus cuestionamientos nos cuestionan»[40].

45. Con frecuencia se produce una peligrosa confusión: creer que porque sabemos algo o podemos explicarlo con una determinada lógica, ya somos santos, perfectos, mejores que la «masa ignorante». A todos los que en la Iglesia tienen la posibilidad de una formación más alta, san Juan Pablo II les advertía de la tentación de desarrollar «un cierto sentimiento de superioridad respecto a los demás fieles»[41]. Pero en realidad, eso que creemos saber debería ser siempre una motivación para responder mejor al amor de Dios, porque «se aprende para vivir: teología y santidad son un binomio inseparable»[42].

46. Cuando san Francisco de Asís veía que algunos de sus discípulos enseñaban la doctrina, quiso evitar la tentación del gnosticismo. Entonces escribió esto a san Antonio de Padua: «Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos con tal que, en el estudio de la misma, no apagues el espíritu de oración y devoción»[43]. Él reconocía la tentación de convertir la experiencia cristiana en un conjunto de elucubraciones mentales que terminan alejándonos de la frescura del Evangelio. San Buenaventura, por otra parte, advertía que la verdadera sabiduría cristiana no se debe desconectar de la misericordia hacia el prójimo: «La mayor sabiduría que puede existir consiste en difundir fructuosamente lo que uno tiene para dar, lo que se le ha dado precisamente para que lo dispense. [...] Por eso, así como la misericordia es amiga de la sabiduría, la avaricia es su enemiga»[44]. «Hay una actividad que al unirse a la contemplación no la impide, sino que la facilita, como las obras de misericordia y piedad»[45].

El pelagianismo actual

47. El gnosticismo dio lugar a otra vieja herejía, que también está presente hoy. Con el paso del tiempo, muchos comenzaron a reconocer que no es el conocimiento lo que nos hace mejores o santos, sino la vida que llevamos. El problema es que esto se degeneró sutilmente, de manera que el mismo error de los gnósticos simplemente se transformó, pero no fue superado.

48. Porque el poder que los gnósticos atribuían a la inteligencia, algunos comenzaron a atribuírselo a la voluntad humana, al esfuerzo personal. Así surgieron los pelagianos y los semipelagianos. Ya no era la inteligencia lo que ocupaba el lugar del misterio y de la gracia, sino la voluntad. Se olvidaba que «todo depende no del querer o del correr, sino de la misericordia de Dios» (Rm 9,16) y que «él nos amó primero» (1 Jn 4,19).

Una voluntad sin humildad

49. Los que responden a esta mentalidad pelagiana o semipelagiana, aunque hablen de la gracia de Dios con discursos edulcorados «en el fondo solo confían en sus propias fuerzas y se sienten superiores a otros por cumplir determinadas normas o por ser inquebrantablemente fieles a cierto estilo católico»[46]. Cuando algunos de ellos se dirigen a los débiles diciéndoles que todo se puede con la gracia de Dios, en el fondo suelen transmitir la idea de que todo se puede con la voluntad humana, como si ella fuera algo puro, perfecto, omnipotente, a lo que se añade la gracia. Se pretende ignorar que «no todos pueden todo»[47], y que en esta vida las fragilidades humanas no son sanadas completa y definitivamente por la gracia[48]. En cualquier caso, como enseñaba san Agustín, Dios te invita a hacer lo que puedas y a pedir lo que no puedas[49]; o bien a decirle al Señor humildemente: «Dame lo que me pides y pídeme lo que quieras»[50].

50. En el fondo, la falta de un reconocimiento sincero, dolorido y orante de nuestros límites es lo que impide a la gracia actuar mejor en nosotros, ya que no le deja espacio para provocar ese bien posible que se integra en un camino sincero y real de crecimiento[51]. La gracia, precisamente porque supone nuestra naturaleza, no nos hace superhombres de golpe. Pretenderlo sería confiar demasiado en nosotros mismos. En este caso, detrás de la ortodoxia, nuestras actitudes pueden no corresponder a lo que afirmamos sobre la necesidad de la gracia, y en los hechos terminamos confiando poco en ella. Porque si no advertimos nuestra realidad concreta y limitada, tampoco podremos ver los pasos reales y posibles que el Señor nos pide en cada momento, después de habernos capacitado y cautivado con su don. La gracia actúa históricamente y, de ordinario, nos toma y transforma de una forma progresiva[52]. Por ello, si rechazamos esta manera histórica y progresiva, de hecho podemos llegar a negarla y bloquearla, aunque la exaltemos con nuestras palabras.

51. Cuando Dios se dirige a Abraham le dice: «Yo soy Dios todopoderoso, camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1). Para poder ser perfectos, como a él le agrada, necesitamos vivir humildemente en su presencia, envueltos en su gloria; nos hace falta caminar en unión con él reconociendo su amor constante en nuestras vidas. Hay que perderle el miedo a esa presencia que solamente puede hacernos bien. Es el Padre que nos dio la vida y nos ama tanto. Una vez que lo aceptamos y dejamos de pensar nuestra existencia sin él, desaparece la angustia de la soledad (cf. Sal 139,7). Y si ya no ponemos distancias frente a Dios y vivimos en su presencia, podremos permitirle que examine nuestro corazón para ver si va por el camino correcto (cf. Sal 139,23-24). Así conoceremos la voluntad agradable y perfecta del Señor (cf. Rm 12,1-2) y dejaremos que él nos moldee como un alfarero (cf. Is 29,16). Hemos dicho tantas veces que Dios habita en nosotros, pero es mejor decir que nosotros habitamos en él, que él nos permite vivir en su luz y en su amor. Él es nuestro templo: lo que busco es habitar en la casa del Señor todos los días de mi vida (cf. Sal 27,4). «Vale más un día en tus atrios que mil en mi casa»(Sal 84,11). En él somos santificados.

Una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada

52. La Iglesia enseñó reiteradas veces que no somos justificados por nuestras obras o por nuestros esfuerzos, sino por la gracia del Señor que toma la iniciativa. Los Padres de la Iglesia, aun antes de san Agustín, expresaban con claridad esta convicción primaria. San Juan Crisóstomo decía que Dios derrama en nosotros la fuente misma de todos los dones antes de que nosotros hayamos entrado en el combate[53]. San Basilio Magno remarcaba que el fiel se gloría solo en Dios, porque «reconoce estar privado de la verdadera justicia y que es justificado únicamente mediante la fe en Cristo»[54].

53. El II Sínodo de Orange enseñó con firme autoridad que nada humano puede exigir, merecer o comprar el don de la gracia divina, y que todo lo que pueda cooperar con ella es previamente don de la misma gracia: «Aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo»[55]. Posteriormente, aun cuando el Concilio de Trento destacó la importancia de nuestra cooperación para el crecimiento espiritual, reafirmó aquella enseñanza dogmática: «Se dice que somos justificados gratuitamente, porque nada de lo que precede a la justificación, sea la fe, sean las obras, merece la gracia misma de la justificación; “porque si es gracia, ya no es por las obras; de otro modo la gracia ya no sería gracia” (Rm 11,6)»[56].

54. El Catecismo de la Iglesia Católica también nos recuerda que el don de la gracia «sobrepasa las capacidades de la inteligencia y las fuerzas de la voluntad humana»[57], y que «frente a Dios no hay, en el sentido de un derecho estricto, mérito alguno de parte del hombre. Entre él y nosotros la desigualdad no tiene medida»[58]. Su amistad nos supera infinitamente, no puede ser comprada por nosotros con nuestras obras y solo puede ser un regalo de su iniciativa de amor. Esto nos invita a vivir con una gozosa gratitud por ese regalo que nunca mereceremos, puesto que «después que uno ya posee la gracia, no puede la gracia ya recibida caer bajo mérito»[59]. Los santos evitan depositar la confianza en sus acciones: «En el atardecer de esta vida me presentaré ante ti con las manos vacías, Señor, porque no te pido que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos»[60].

55. Esta es una de las grandes convicciones definitivamente adquiridas por la Iglesia, y está tan claramente expresada en la Palabra de Dios que queda fuera de toda discusión. Así como el supremo mandamiento del amor, esta verdad debería marcar nuestro estilo de vida, porque bebe del corazón del Evangelio y nos convoca no solo a aceptarla con la mente, sino a convertirla en un gozo contagioso. Pero no podremos celebrar con gratitud el regalo gratuito de la amistad con el Señor si no reconocemos que aun nuestra existencia terrena y nuestras capacidades naturales son un regalo. Necesitamos «consentir jubilosamente que nuestra realidad sea dádiva, y aceptar aun nuestra libertad como gracia. Esto es lo difícil hoy en un mundo que cree tener algo por sí mismo, fruto de su propia originalidad o de su libertad»[61].

56. Solamente a partir del don de Dios, libremente acogido y humildemente recibido, podemos cooperar con nuestros esfuerzos para dejarnos transformar más y más[62]. Lo primero es pertenecer a Dios. Se trata de ofrecernos a él que nos primerea, de entregarle nuestras capacidades, nuestro empeño, nuestra lucha contra el mal y nuestra creatividad, para que su don gratuito crezca y se desarrolle en nosotros: «Os exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, a que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rm 12,1). Por otra parte, la Iglesia siempre enseñó que solo la caridad hace posible el crecimiento en la vida de la gracia, porque si no tengo caridad, no soy nada (cf. 1 Co 13,2).

Los nuevos pelagianos

57. Todavía hay cristianos que se empeñan en seguir otro camino: el de la justificación por las propias fuerzas, el de la adoración de la voluntad humana y de la propia capacidad, que se traduce en una autocomplacencia egocéntrica y elitista privada del verdadero amor. Se manifiesta en muchas actitudes aparentemente distintas: la obsesión por la ley, la fascinación por mostrar conquistas sociales y políticas, la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia, la vanagloria ligada a la gestión de asuntos prácticos, el embeleso por las dinámicas de autoayuda y de realización autorreferencial. En esto algunos cristianos gastan sus energías y su tiempo, en lugar de dejarse llevar por el Espíritu en el camino del amor, de apasionarse por comunicar la hermosura y la alegría del Evangelio y de buscar a los perdidos en esas inmensas multitudes sedientas de Cristo[63].

58. Muchas veces, en contra del impulso del Espíritu, la vida de la Iglesia se convierte en una pieza de museo o en una posesión de pocos. Esto ocurre cuando algunos grupos cristianos dan excesiva importancia al cumplimiento de determinadas normas propias, costumbres o estilos. De esa manera, se suele reducir y encorsetar el Evangelio, quitándole su sencillez cautivante y su sal. Es quizás una forma sutil de pelagianismo, porque parece someter la vida de la gracia a unas estructuras humanas. Esto afecta a grupos, movimientos y comunidades, y es lo que explica por qué tantas veces comienzan con una intensa vida en el Espíritu, pero luego terminan fosilizados... o corruptos.

59. Sin darnos cuenta, por pensar que todo depende del esfuerzo humano encauzado por normas y estructuras eclesiales, complicamos el Evangelio y nos volvemos esclavos de un esquema que deja pocos resquicios para que la gracia actúe. Santo Tomás de Aquino nos recordaba que los preceptos añadidos al Evangelio por la Iglesia deben exigirse con moderación «para no hacer pesada la vida a los fieles», porque así «se convertiría nuestra religión en una esclavitud»[64].

El resumen de la Ley

60. En orden a evitarlo, es sano recordar frecuentemente que existe una jerarquía de virtudes, que nos invita a buscar lo esencial. El primado lo tienen las virtudes teologales, que tienen a Dios como objeto y motivo. Y en el centro está la caridad. San Pablo dice que lo que cuenta de verdad es «la fe que actúa por el amor» (Ga 5,6). Estamos llamados a cuidar atentamente la caridad: «El que ama ha cumplido el resto de la ley […] por eso la plenitud de la ley es el amor» (Rm 13,8.10). «Porque toda la ley se cumple en una sola frase, que es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Ga 5,14).

61. Dicho con otras palabras: en medio de la tupida selva de preceptos y prescripciones, Jesús abre una brecha que permite distinguir dos rostros, el del Padre y el del hermano. No nos entrega dos fórmulas o dos preceptos más. Nos entrega dos rostros, o mejor, uno solo, el de Dios que se refleja en muchos. Porque en cada hermano, especialmente en el más pequeño, frágil, indefenso y necesitado, está presente la imagen misma de Dios. En efecto, el Señor, al final de los tiempos, plasmará su obra de arte con el desecho de esta humanidad vulnerable. Pues, «¿qué es lo que queda?, ¿qué es lo que tiene valor en la vida?, ¿qué riquezas son las que no desaparecen? Sin duda, dos: El Señor y el prójimo. Estas dos riquezas no desaparecen»[65].

62. ¡Que el Señor libere a la Iglesia de las nuevas formas de gnosticismo y de pelagianismo que la complican y la detienen en su camino hacia la santidad! Estas desviaciones se expresan de diversas formas, según el propio temperamento y las propias características. Por eso exhorto a cada uno a preguntarse y a discernir frente a Dios de qué manera pueden estar manifestándose en su vida.

 

CAPÍTULO TERCERO
A LA LUZ DEL MAESTRO

63. Puede haber muchas teorías sobre lo que es la santidad, abundantes explicaciones y distinciones. Esa reflexión podría ser útil, pero nada es más iluminador que volver a las palabras de Jesús y recoger su modo de transmitir la verdad. Jesús explicó con toda sencillez qué es ser santos, y lo hizo cuando nos dejó las bienaventuranzas (cf. Mt 5,3-12; Lc 6,20-23). Son como el carnet de identidad del cristiano. Así, si alguno de nosotros se plantea la pregunta: «¿Cómo se hace para llegar a ser un buen cristiano?», la respuesta es sencilla: es necesario hacer, cada uno a su modo, lo que dice Jesús en el sermón de las bienaventuranzas[66]. En ellas se dibuja el rostro del Maestro, que estamos llamados a transparentar en lo cotidiano de nuestras vidas.

64. La palabra «feliz» o «bienaventurado», pasa a ser sinónimo de «santo», porque expresa que la persona que es fiel a Dios y vive su Palabra alcanza, en la entrega de sí, la verdadera dicha.

A contracorriente

65. Aunque las palabras de Jesús puedan parecernos poéticas, sin embargo van muy a contracorriente con respecto a lo que es costumbre, a lo que se hace en la sociedad; y, si bien este mensaje de Jesús nos atrae, en realidad el mundo nos lleva hacia otro estilo de vida. Las bienaventuranzas de ninguna manera son algo liviano o superficial; al contrario, ya que solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo.

66. Volvamos a escuchar a Jesús, con todo el amor y el respeto que merece el Maestro. Permitámosle que nos golpee con sus palabras, que nos desafíe, que nos interpele a un cambio real de vida. De otro modo, la santidad será solo palabras. Recordamos ahora las distintas bienaventuranzas en la versión del evangelio de Mateo (cf. Mt 5,3-12)[67].

«Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»

67. El Evangelio nos invita a reconocer la verdad de nuestro corazón, para ver dónde colocamos la seguridad de nuestra vida. Normalmente el rico se siente seguro con sus riquezas, y cree que cuando están en riesgo, todo el sentido de su vida en la tierra se desmorona. Jesús mismo nos lo dijo en la parábola del rico insensato, de ese hombre seguro que, como necio, no pensaba que podría morir ese mismo día (cf. Lc 12,16-21).

68. Las riquezas no te aseguran nada. Es más: cuando el corazón se siente rico, está tan satisfecho de sí mismo que no tiene espacio para la Palabra de Dios, para amar a los hermanos ni para gozar de las cosas más grandes de la vida. Así se priva de los mayores bienes. Por eso Jesús llama felices a los pobres de espíritu, que tienen el corazón pobre, donde puede entrar el Señor con su constante novedad.

69. Esta pobreza de espíritu está muy relacionada con aquella «santa indiferencia» que proponía san Ignacio de Loyola, en la cual alcanzamos una hermosa libertad interior: «Es menester hacernos indiferentes a todas las cosas criadas, en todo lo que es concedido a la libertad de nuestro libre albedrío, y no le está prohibido; en tal manera, que no queramos de nuestra parte más salud que enfermedad, riqueza que pobreza, honor que deshonor, vida larga que corta, y por consiguiente en todo lo demás»[68].

70. Lucas no habla de una pobreza «de espíritu» sino de ser «pobres» a secas (cf. Lc 6,20), y así nos invita también a una existencia austera y despojada. De ese modo, nos convoca a compartir la vida de los más necesitados, la vida que llevaron los Apóstoles, y en definitiva a configurarnos con Jesús, que «siendo rico se hizo pobre» (2 Co 8,9).

Ser pobre en el corazón, esto es santidad.

«Felices los mansos, porque heredarán la tierra» 

71. Es una expresión fuerte, en este mundo que desde el inicio es un lugar de enemistad, donde se riñe por doquier, donde por todos lados hay odio, donde constantemente clasificamos a los demás por sus ideas, por sus costumbres, y hasta por su forma de hablar o de vestir. En definitiva, es el reino del orgullo y de la vanidad, donde cada uno se cree con el derecho de alzarse por encima de los otros. Sin embargo, aunque parezca imposible, Jesús propone otro estilo: la mansedumbre. Es lo que él practicaba con sus propios discípulos y lo que contemplamos en su entrada a Jerusalén: «Mira a tu rey, que viene a ti, humilde, montado en una borrica» (Mt 21,5; cf. Za 9,9).

72. Él dijo: «Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas» (Mt 11,29). Si vivimos tensos, engreídos ante los demás, terminamos cansados y agotados. Pero cuando miramos sus límites y defectos con ternura y mansedumbre, sin sentirnos más que ellos, podemos darles una mano y evitamos desgastar energías en lamentos inútiles. Para santa Teresa de Lisieux «la caridad perfecta consiste en soportar los defectos de los demás, en no escandalizarse de sus debilidades»[69].

73. Pablo menciona la mansedumbre como un fruto del Espíritu Santo (cf. Ga 5,23). Propone que, si alguna vez nos preocupan las malas acciones del hermano, nos acerquemos a corregirle, pero «con espíritu de mansedumbre» (Ga 6,1), y recuerda: «Piensa que también tú puedes ser tentado» (ibíd.). Aun cuando uno defienda su fe y sus convicciones debe hacerlo con mansedumbre (cf. 1 P3,16), y hasta los adversarios deben ser tratados con mansedumbre (cf. 2 Tm 2,25). En la Iglesia muchas veces nos hemos equivocado por no haber acogido este pedido de la Palabra divina.

74. La mansedumbre es otra expresión de la pobreza interior, de quien deposita su confianza solo en Dios. De hecho, en la Biblia suele usarse la misma palabra anawin para referirse a los pobres y a los mansos. Alguien podría objetar: «Si yo soy tan manso, pensarán que soy un necio, que soy tonto o débil». Tal vez sea así, pero dejemos que los demás piensen esto. Es mejor ser siempre mansos, y se cumplirán nuestros mayores anhelos: los mansos «poseerán la tierra», es decir, verán cumplidas en sus vidas las promesas de Dios. Porque los mansos, más allá de lo que digan las circunstancias, esperan en el Señor, y los que esperan en el Señor poseerán la tierra y gozarán de inmensa paz (cf. Sal 37,9.11). Al mismo tiempo, el Señor confía en ellos: «En ese pondré mis ojos, en el humilde y el abatido, que se estremece ante mis palabras» (Is 66,2).

Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad.

«Felices los que lloran, porque ellos serán consolados»

75. El mundo nos propone lo contrario: el entretenimiento, el disfrute, la distracción, la diversión, y nos dice que eso es lo que hace buena la vida. El mundano ignora, mira hacia otra parte cuando hay problemas de enfermedad o de dolor en la familia o a su alrededor. El mundo no quiere llorar: prefiere ignorar las situaciones dolorosas, cubrirlas, esconderlas. Se gastan muchas energías por escapar de las circunstancias donde se hace presente el sufrimiento, creyendo que es posible disimular la realidad, donde nunca, nunca, puede faltar la cruz.

76. La persona que ve las cosas como son realmente, se deja traspasar por el dolor y llora en su corazón, es capaz de tocar las profundidades de la vida y de ser auténticamente feliz[70]. Esa persona es consolada, pero con el consuelo de Jesús y no con el del mundo. Así puede atreverse a compartir el sufrimiento ajeno y deja de huir de las situaciones dolorosas. De ese modo encuentra que la vida tiene sentido socorriendo al otro en su dolor, comprendiendo la angustia ajena, aliviando a los demás. Esa persona siente que el otro es carne de su carne, no teme acercarse hasta tocar su herida, se compadece hasta experimentar que las distancias se borran. Así es posible acoger aquella exhortación de san Pablo: «Llorad con los que lloran» (Rm 12,15).

Saber llorar con los demás, esto es santidad.

«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados»

77. «Hambre y sed» son experiencias muy intensas, porque responden a necesidades primarias y tienen que ver con el instinto de sobrevivir. Hay quienes con esa intensidad desean la justicia y la buscan con un anhelo tan fuerte. Jesús dice que serán saciados, ya que tarde o temprano la justicia llega, y nosotros podemos colaborar para que sea posible, aunque no siempre veamos los resultados de este empeño.

78. Pero la justicia que propone Jesús no es como la que busca el mundo, tantas veces manchada por intereses mezquinos, manipulada para un lado o para otro. La realidad nos muestra qué fácil es entrar en las pandillas de la corrupción, formar parte de esa política cotidiana del «doy para que me den», donde todo es negocio. Y cuánta gente sufre por las injusticias, cuántos se quedan observando impotentes cómo los demás se turnan para repartirse la torta de la vida. Algunos desisten de luchar por la verdadera justicia, y optan por subirse al carro del vencedor. Eso no tiene nada que ver con el hambre y la sed de justicia que Jesús elogia.

79. Tal justicia empieza por hacerse realidad en la vida de cada uno siendo justo en las propias decisiones, y luego se expresa buscando la justicia para los pobres y débiles. Es cierto que la palabra «justicia» puede ser sinónimo de fidelidad a la voluntad de Dios con toda nuestra vida, pero si le damos un sentido muy general olvidamos que se manifiesta especialmente en la justicia con los desamparados: «Buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda» (Is 1,17).

Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad.

«Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»

80. La misericordia tiene dos aspectos: es dar, ayudar, servir a los otros, y también perdonar, comprender. Mateo lo resume en una regla de oro: «Todo lo que queráis que haga la gente con vosotros, hacedlo vosotros con ella» (7,12). El Catecismo nos recuerda que esta ley se debe aplicar «en todos los casos»[71], de manera especial cuando alguien «se ve a veces enfrentado con situaciones que hacen el juicio moral menos seguro, y la decisión difícil»[72].

81. Dar y perdonar es intentar reproducir en nuestras vidas un pequeño reflejo de la perfección de Dios, que da y perdona sobreabundantemente. Por tal razón, en el evangelio de Lucas ya no escuchamos el «sed perfectos» (Mt 5,48) sino «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará» (6,36-38). Y luego Lucas agrega algo que no deberíamos ignorar: «Con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros» (6,38). La medida que usemos para comprender y perdonar se aplicará a nosotros para perdonarnos. La medida que apliquemos para dar, se nos aplicará en el cielo para recompensarnos. No nos conviene olvidarlo.

82. Jesús no dice: «Felices los que planean venganza», sino que llama felices a aquellos que perdonan y lo hacen «setenta veces siete» (Mt 18,22). Es necesario pensar que todos nosotros somos un ejército de perdonados. Todos nosotros hemos sido mirados con compasión divina. Si nos acercamos sinceramente al Señor y afinamos el oído, posiblemente escucharemos algunas veces este reproche: «¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?» (Mt 18,33).

Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad.

«Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios»

83. Esta bienaventuranza se refiere a quienes tienen un corazón sencillo, puro, sin suciedad, porque un corazón que sabe amar no deja entrar en su vida algo que atente contra ese amor, algo que lo debilite o lo ponga en riesgo. En la Biblia, el corazón son nuestras intenciones verdaderas, lo que realmente buscamos y deseamos, más allá de lo que aparentamos: «El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón» (1 S 16,7). Él busca hablarnos en el corazón (cf. Os 2,16) y allí desea escribir su Ley (cf. Jr 31,33). En definitiva, quiere darnos un corazón nuevo (cf. Ez 36,26).

84. Lo que más hay que cuidar es el corazón (cf. Pr 4,23). Nada manchado por la falsedad tiene un valor real para el Señor. Él «huye de la falsedad, se aleja de los pensamientos vacíos» (Sb 1,5). El Padre, que «ve en lo secreto» (Mt 6,6), reconoce lo que no es limpio, es decir, lo que no es sincero, sino solo cáscara y apariencia, así como el Hijo sabe también «lo que hay dentro de cada hombre» (Jn 2,25).

85. Es cierto que no hay amor sin obras de amor, pero esta bienaventuranza nos recuerda que el Señor espera una entrega al hermano que brote del corazón, ya que «si repartiera todos mis bienes entre los necesitados; si entregara mi cuerpo a las llamas, pero no tengo amor, de nada me serviría» (1 Co 13,3). En el evangelio de Mateo vemos también que lo que viene de dentro del corazón es lo que contamina al hombre (cf. 15,18), porque de allí proceden los asesinatos, el robo, los falsos testimonios, y demás cosas (cf. 15,19). En las intenciones del corazón se originan los deseos y las decisiones más profundas que realmente nos mueven.

86. Cuando el corazón ama a Dios y al prójimo (cf. Mt 22,36-40), cuando esa es su intención verdadera y no palabras vacías, entonces ese corazón es puro y puede ver a Dios. San Pablo, en medio de su himno a la caridad, recuerda que «ahora vemos como en un espejo, confusamente» (1 Co 13,12), pero en la medida que reine de verdad el amor, nos volveremos capaces de ver «cara a cara» (ibíd.). Jesús promete que los de corazón puro «verán a Dios».

Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad.

«Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» 

87. Esta bienaventuranza nos hace pensar en las numerosas situaciones de guerra que se repiten. Para nosotros es muy común ser agentes de enfrentamientos o al menos de malentendidos. Por ejemplo, cuando escucho algo de alguien y voy a otro y se lo digo; e incluso hago una segunda versión un poco más amplia y la difundo. Y si logro hacer más daño, parece que me provoca mayor satisfacción. El mundo de las habladurías, hecho por gente que se dedica a criticar y a destruir, no construye la paz. Esa gente más bien es enemiga de la paz y de ningún modo bienaventurada[73].

88. Los pacíficos son fuente de paz, construyen paz y amistad social. A esos que se ocupan de sembrar paz en todas partes, Jesús les hace una promesa hermosa: «Ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5,9). Él pedía a los discípulos que cuando llegaran a un hogar dijeran: «Paz a esta casa» (Lc 10,5). La Palabra de Dios exhorta a cada creyente para que busque la paz junto con todos (cf. 2 Tm 2,22), porque «el fruto de la justicia se siembra en la paz para quienes trabajan por la paz» (St 3,18). Y si en alguna ocasión en nuestra comunidad tenemos dudas acerca de lo que hay que hacer, «procuremos lo que favorece la paz» (Rm 14,19) porque la unidad es superior al conflicto[74].

89. No es fácil construir esta paz evangélica que no excluye a nadie sino que integra también a los que son algo extraños, a las personas difíciles y complicadas, a los que reclaman atención, a los que son diferentes, a quienes están muy golpeados por la vida, a los que tienen otros intereses. Es duro y requiere una gran amplitud de mente y de corazón, ya que no se trata de «un consenso de escritorio o una efímera paz para una minoría feliz»[75], ni de un proyecto «de unos pocos para unos pocos»[76]. Tampoco pretende ignorar o disimular los conflictos, sino «aceptar sufrir el conflicto, resolverlo y transformarlo en el eslabón de un nuevo proceso»[77]. Se trata de ser artesanos de la paz, porque construir la paz es un arte que requiere serenidad, creatividad, sensibilidad y destreza.

Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad.

«Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos»

90. Jesús mismo remarca que este camino va a contracorriente hasta el punto de convertirnos en seres que cuestionan a la sociedad con su vida, personas que molestan. Jesús recuerda cuánta gente es perseguida y ha sido perseguida sencillamente por haber luchado por la justicia, por haber vivido sus compromisos con Dios y con los demás. Si no queremos sumergirnos en una oscura mediocridad no pretendamos una vida cómoda, porque «quien quiera salvar su vida la perderá» (Mt 16,25).

91. No se puede esperar, para vivir el Evangelio, que todo a nuestro alrededor sea favorable, porque muchas veces las ambiciones del poder y los intereses mundanos juegan en contra nuestra. San Juan Pablo II decía que «está alienada una sociedad que, en sus formas de organización social, de producción y consumo, hace más difícil la realización de esta donación [de sí] y la formación de esa solidaridad interhumana»[78]. En una sociedad así, alienada, atrapada en una trama política, mediática, económica, cultural e incluso religiosa que impide un auténtico desarrollo humano y social, se vuelve difícil vivir las bienaventuranzas, llegando incluso a ser algo mal visto, sospechado, ridiculizado.

92. La cruz, sobre todo los cansancios y los dolores que soportamos por vivir el mandamiento del amor y el camino de la justicia, es fuente de maduración y de santificación. Recordemos que cuando el Nuevo Testamento habla de los sufrimientos que hay que soportar por el Evangelio, se refiere precisamente a las persecuciones (cf. Hch 5,41; Flp 1,29; Col 1,24; 2 Tm 1,12; 1 P 2,20; 4,14-16; Ap 2,10).

93. Pero hablamos de las persecuciones inevitables, no de las que podamos ocasionarnos nosotros mismos con un modo equivocado de tratar a los demás. Un santo no es alguien raro, lejano, que se vuelve insoportable por su vanidad, su negatividad y sus resentimientos. No eran así los Apóstoles de Cristo. El libro de los Hechos cuenta insistentemente que ellos gozaban de la simpatía «de todo el pueblo» (2,47; cf. 4,21.33; 5,13) mientras algunas autoridades los acosaban y perseguían (cf. 4,1-3; 5,17-18).

94. Las persecuciones no son una realidad del pasado, porque hoy también las sufrimos, sea de manera cruenta, como tantos mártires contemporáneos, o de un modo más sutil, a través de calumnias y falsedades. Jesús dice que habrá felicidad cuando «os calumnien de cualquier modo por mi causa» (Mt 5,11). Otras veces se trata de burlas que intentan desfigurar nuestra fe y hacernos pasar como seres ridículos.

Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad.

El gran protocolo

95. En el capítulo 25 del evangelio de Mateo (vv. 31-46), Jesús vuelve a detenerse en una de estas bienaventuranzas, la que declara felices a los misericordiosos. Si buscamos esa santidad que agrada a los ojos de Dios, en este texto hallamos precisamente un protocolo sobre el cual seremos juzgados: «Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme» (25,35-36).

Por fidelidad al Maestro

96. Por lo tanto, ser santos no significa blanquear los ojos en un supuesto éxtasis. Decía san Juan Pablo II que «si verdaderamente hemos partido de la contemplación de Cristo, tenemos que saberlo descubrir sobre todo en el rostro de aquellos con los que él mismo ha querido identificarse»[79]. El texto de Mateo 25,35-36 «no es una simple invitación a la caridad: es una página de cristología, que ilumina el misterio de Cristo»[80]. En este llamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse.

97. Ante la contundencia de estos pedidos de Jesús es mi deber rogar a los cristianos que los acepten y reciban con sincera apertura, «sine glossa», es decir, sin comentario, sin elucubraciones y excusas que les quiten fuerza. El Señor nos dejó bien claro que la santidad no puede entenderse ni vivirse al margen de estas exigencias suyas, porque la misericordia es «el corazón palpitante del Evangelio»[81].

98. Cuando encuentro a una persona durmiendo a la intemperie, en una noche fría, puedo sentir que ese bulto es un imprevisto que me interrumpe, un delincuente ocioso, un estorbo en mi camino, un aguijón molesto para mi conciencia, un problema que deben resolver los políticos, y quizá hasta una basura que ensucia el espacio público. O puedo reaccionar desde la fe y la caridad, y reconocer en él a un ser humano con mi misma dignidad, a una creatura infinitamente amada por el Padre, a una imagen de Dios, a un hermano redimido por Jesucristo. ¡Eso es ser cristianos! ¿O acaso puede entenderse la santidad al margen de este reconocimiento vivo de la dignidad de todo ser humano?[82]

99. Esto implica para los cristianos una sana y permanente insatisfacción. Aunque aliviar a una sola persona ya justificaría todos nuestros esfuerzos, eso no nos basta. Los Obispos de Canadá lo expresaron claramente mostrando que, en las enseñanzas bíblicas sobre el Jubileo, por ejemplo, no se trata solo de realizar algunas buenas obras sino de buscar un cambio social: «Para que las generaciones posteriores también fueran liberadas, claramente el objetivo debía ser la restauración de sistemas sociales y económicos justos para que ya no pudiera haber exclusión»[83].

Las ideologías que mutilan el corazón del Evangelio

100. Lamento que a veces las ideologías nos lleven a dos errores nocivos. Por una parte, el de los cristianos que separan estas exigencias del Evangelio de su relación personal con el Señor, de la unión interior con él, de la gracia. Así se convierte al cristianismo en una especie de ONG, quitándole esa mística luminosa que tan bien vivieron y manifestaron san Francisco de Asís, san Vicente de Paúl, santa Teresa de Calcuta y otros muchos. A estos grandes santos ni la oración, ni el amor de Dios, ni la lectura del Evangelio les disminuyeron la pasión o la eficacia de su entrega al prójimo, sino todo lo contrario.

101. También es nocivo e ideológico el error de quienes viven sospechando del compromiso social de los demás, considerándolo algo superficial, mundano, secularista, inmanentista, comunista, populista. O lo relativizan como si hubiera otras cosas más importantes o como si solo interesara una determinada ética o una razón que ellos defienden. La defensa del inocente que no ha nacido, por ejemplo, debe ser clara, firme y apasionada, porque allí está en juego la dignidad de la vida humana, siempre sagrada, y lo exige el amor a cada persona más allá de su desarrollo. Pero igualmente sagrada es la vida de los pobres que ya han nacido, que se debaten en la miseria, el abandono, la postergación, la trata de personas, la eutanasia encubierta en los enfermos y ancianos privados de atención, las nuevas formas de esclavitud, y en toda forma de descarte[84]. No podemos plantearnos un ideal de santidad que ignore la injusticia de este mundo, donde unos festejan, gastan alegremente y reducen su vida a las novedades del consumo, al mismo tiempo que otros solo miran desde afuera mientras su vida pasa y se acaba miserablemente.

102. Suele escucharse que, frente al relativismo y a los límites del mundo actual, sería un asunto menor la situación de los migrantes, por ejemplo. Algunos católicos afirman que es un tema secundario al lado de los temas «serios» de la bioética. Que diga algo así un político preocupado por sus éxitos se puede comprender; pero no un cristiano, a quien solo le cabe la actitud de ponerse en los zapatos de ese hermano que arriesga su vida para dar un futuro a sus hijos. ¿Podemos reconocer que es precisamente eso lo que nos reclama Jesucristo cuando nos dice que a él mismo lo recibimos en cada forastero (cf. Mt 25,35)? San Benito lo había asumido sin vueltas y, aunque eso pudiera «complicar» la vida de los monjes, estableció que a todos los huéspedes que se presentaran en el monasterio se los acogiera «como a Cristo»[85], expresándolo aun con gestos de adoración[86], y que a los pobres y peregrinos se los tratara «con el máximo cuidado y solicitud»[87].

103. Algo semejante plantea el Antiguo Testamento cuando dice: «No maltratarás ni oprimirás al emigrante, pues emigrantes fuisteis vosotros en la tierra de Egipto» (Ex 22,20). «Si un emigrante reside con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis. El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrantes fuisteis en Egipto» (Lv 19,33-34). Por lo tanto, no se trata de un invento de un Papa o de un delirio pasajero. Nosotros también, en el contexto actual, estamos llamados a vivir el camino de iluminación espiritual que nos presentaba el profeta Isaías cuando se preguntaba qué es lo que agrada a Dios: «Partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos. Entonces surgirá tu luz como la aurora» (58,7-8).

El culto que más le agrada

104. Podríamos pensar que damos gloria a Dios solo con el culto y la oración, o únicamente cumpliendo algunas normas éticas ―es verdad que el primado es la relación con Dios―, y olvidamos que el criterio para evaluar nuestra vida es ante todo lo que hicimos con los demás. La oración es preciosa si alimenta una entrega cotidiana de amor. Nuestro culto agrada a Dios cuando allí llevamos los intentos de vivir con generosidad y cuando dejamos que el don de Dios que recibimos en él se manifieste en la entrega a los hermanos.

105. Por la misma razón, el mejor modo de discernir si nuestro camino de oración es auténtico será mirar en qué medida nuestra vida se va transformando a la luz de la misericordia. Porque «la misericordia no es solo el obrar del Padre, sino que ella se convierte en el criterio para saber quiénes son realmente sus verdaderos hijos»[88]. Ella «es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia»[89]. Quiero remarcar una vez más que, si bien la misericordia no excluye la justicia y la verdad, «ante todo tenemos que decir que la misericordia es la plenitud de la justicia y la manifestación más luminosa de la verdad de Dios»[90]. Ella «es la llave del cielo»[91].

106. No puedo dejar de recordar aquella pregunta que se hacía santo Tomás de Aquino cuando se planteaba cuáles son nuestras acciones más grandes, cuáles son las obras externas que mejor manifiestan nuestro amor a Dios. Él respondió sin dudar que son las obras de misericordia con el prójimo[92], más que los actos de culto: «No adoramos a Dios con sacrificios y dones exteriores por él mismo, sino por nosotros y por el prójimo. Él no necesita nuestros sacrificios, pero quiere que se los ofrezcamos por nuestra devoción y para la utilidad del prójimo. Por eso, la misericordia, que socorre los defectos ajenos, es el sacrificio que más le agrada, ya que causa más de cerca la utilidad del prójimo»[93].

107. Quien de verdad quiera dar gloria a Dios con su vida, quien realmente anhele santificarse para que su existencia glorifique al Santo, está llamado a obsesionarse, desgastarse y cansarse intentando vivir las obras de misericordia. Es lo que había comprendido muy bien santa Teresa de Calcuta: «Sí, tengo muchas debilidades humanas, muchas miserias humanas. […] Pero él baja y nos usa, a usted y a mí, para ser su amor y su compasión en el mundo, a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras miserias y defectos. Él depende de nosotros para amar al mundo y demostrarle lo mucho que lo ama. Si nos ocupamos demasiado de nosotros mismos, no nos quedará tiempo para los demás»[94].

108. El consumismo hedonista puede jugarnos una mala pasada, porque en la obsesión por pasarla bien terminamos excesivamente concentrados en nosotros mismos, en nuestros derechos y en esa desesperación por tener tiempo libre para disfrutar. Será difícil que nos ocupemos y dediquemos energías a dar una mano a los que están mal si no cultivamos una cierta austeridad, si no luchamos contra esa fiebre que nos impone la sociedad de consumo para vendernos cosas, y que termina convirtiéndonos en pobres insatisfechos que quieren tenerlo todo y probarlo todo. También el consumo de información superficial y las formas de comunicación rápida y virtual pueden ser un factor de atontamiento que se lleva todo nuestro tiempo y nos aleja de la carne sufriente de los hermanos. En medio de esta vorágine actual, el Evangelio vuelve a resonar para ofrecernos una vida diferente, más sana y más feliz.

***

109. La fuerza del testimonio de los santos está en vivir las bienaventuranzas y el protocolo del juicio final. Son pocas palabras, sencillas, pero prácticas y válidas para todos, porque el cristianismo es principalmente para ser practicado, y si es también objeto de reflexión, eso solo es válido cuando nos ayuda a vivir el Evangelio en la vida cotidiana. Recomiendo vivamente releer con frecuencia estos grandes textos bíblicos, recordarlos, orar con ellos, intentar hacerlos carne. Nos harán bien, nos harán genuinamente felices.

 

CAPÍTULO CUARTO
ALGUNAS NOTAS DE LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL

110. Dentro del gran marco de la santidad que nos proponen las bienaventuranzas y Mateo 25,31-46, quisiera recoger algunas notas o expresiones espirituales que, a mi juicio, no deben faltar para entender el estilo de vida al que el Señor nos llama. No me detendré a explicar los medios de santificación que ya conocemos: los distintos métodos de oración, los preciosos sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, la ofrenda de sacrificios, las diversas formas de devoción, la dirección espiritual, y tantos otros. Solo me referiré a algunos aspectos del llamado a la santidad que espero resuenen de modo especial.

111. Estas notas que quiero destacar no son todas las que pueden conformar un modelo de santidad, pero son cinco grandes manifestaciones del amor a Dios y al prójimo que considero de particular importancia, debido a algunos riesgos y límites de la cultura de hoy. En ella se manifiestan: la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo, y tantas formas de falsa espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual.

Aguante, paciencia y mansedumbre

112. La primera de estas grandes notas es estar centrado, firme en torno a Dios que ama y que sostiene. Desde esa firmeza interior es posible aguantar, soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida, y también las agresiones de los demás, sus infidelidades y defectos: «Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?» (Rm 8,31).Esto es fuente de la paz que se expresa en las actitudes de un santo. A partir de tal solidez interior, el testimonio de santidad, en nuestro mundo acelerado, voluble y agresivo, está hecho de paciencia y constancia en el bien. Es la fidelidad del amor, porque quien se apoya en Dios (pistis) también puede ser fiel frente a los hermanos (pistós), no los abandona en los malos momentos, no se deja llevar por su ansiedad y se mantiene al lado de los demás aun cuando eso no le brinde satisfacciones inmediatas.

113. San Pablo invitaba a los romanos a no devolver «a nadie mal por mal» (Rm 12,17), a no querer hacerse justicia «por vuestra cuenta» (v.19), y a no dejarse vencer por el mal, sino a vencer «al mal con el bien» (v.21). Esta actitud no es expresión de debilidad sino de la verdadera fuerza, porque el mismo Dios «es lento para la ira pero grande en poder» (Na 1,3). La Palabra de Dios nos reclama: «Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad» (Ef 4,31).

114. Hace falta luchar y estar atentos frente a nuestras propias inclinaciones agresivas y egocéntricas para no permitir que se arraiguen: «Si os indignáis, no lleguéis a pecar; que el sol no se ponga sobre vuestra ira» (Ef 4,26). Cuando hay circunstancias que nos abruman, siempre podemos recurrir al ancla de la súplica, que nos lleva a quedar de nuevo en las manos de Dios y junto a la fuente de la paz: «Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios. Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones» (Flp 4,6-7).

115. También los cristianos pueden formar parte de redes de violencia verbal a través de internet y de los diversos foros o espacios de intercambio digital. Aun en medios católicos se pueden perder los límites, se suelen naturalizar la difamación y la calumnia, y parece quedar fuera toda ética y respeto por la fama ajena. Así se produce un peligroso dualismo, porque en estas redes se dicen cosas que no serían tolerables en la vida pública, y se busca compensar las propias insatisfacciones descargando con furia los deseos de venganza. Es llamativo que a veces, pretendiendo defender otros mandamientos, se pasa por alto completamente el octavo: «No levantar falso testimonio ni mentir», y se destroza la imagen ajena sin piedad. Allí se manifiesta con descontrol que la lengua «es un mundo de maldad» y «encendida por el mismo infierno, hace arder todo el ciclo de la vida» (St 3,6).

116. La firmeza interior que es obra de la gracia, nos preserva de dejarnos arrastrar por la violencia que invade la vida social, porque la gracia aplaca la vanidad y hace posible la mansedumbre del corazón. El santo no gasta sus energías lamentando los errores ajenos, es capaz de hacer silencio ante los defectos de sus hermanos y evita la violencia verbal que arrasa y maltrata, porque no se cree digno de ser duro con los demás, sino que los considera como superiores a uno mismo (cf. Flp 2,3).

117. No nos hace bien mirar desde arriba, colocarnos en el lugar de jueces sin piedad, considerar a los otros como indignos y pretender dar lecciones permanentemente. Esa es una sutil forma de violencia[95]. San Juan de la Cruz proponía otra cosa: «Sea siempre más amigo de ser enseñado por todos que de querer enseñar aun al que es menos que todos»[96]. Y agregaba un consejo para tener lejos al demonio: «Gozándote del bien de los otros como de ti mismo, y queriendo que los pongan a ellos delante de ti en todas las cosas, y esto con verdadero corazón. De esta manera vencerás el mal con el bien y echarás lejos al demonio y traerás alegría de corazón. Procura ejercitarlo más con los que menos te caen en gracia. Y sabe que si no ejercitas esto, no llegarás a la verdadera caridad ni aprovecharás en ella»[97].

118. La humildad solamente puede arraigarse en el corazón a través de las humillaciones. Sin ellas no hay humildad ni santidad. Si tú no eres capaz de soportar y ofrecer algunas humillaciones no eres humilde y no estás en el camino de la santidad. La santidad que Dios regala a su Iglesia viene a través de la humillación de su Hijo, ése es el camino. La humillación te lleva a asemejarte a Jesús, es parte ineludible de la imitación de Jesucristo: «Cristo padeció por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas» (1 P 2,21). Él a su vez expresa la humildad del Padre, que se humilla para caminar con su pueblo, que soporta sus infidelidades y murmuraciones (cf. Ex 34,6-9; Sb 11,23-12,2; Lc 6,36). Por esta razón los Apóstoles, después de la humillación, «salieron del Sanedrín dichosos de haber sido considerados dignos de padecer por el nombre de Jesús» (Hch 5,41).

119. No me refiero solo a las situaciones crudas de martirio, sino a las humillaciones cotidianas de aquellos que callan para salvar a su familia, o evitan hablar bien de sí mismos y prefieren exaltar a otros en lugar de gloriarse, eligen las tareas menos brillantes, e incluso a veces prefieren soportar algo injusto para ofrecerlo al Señor: «En cambio, que aguantéis cuando sufrís por hacer el bien, eso es una gracia de parte de Dios» (1 P 2,20). No es caminar con la cabeza baja, hablar poco o escapar de la sociedad. A veces, precisamente porque está liberado del egocentrismo, alguien puede atreverse a discutir amablemente, a reclamar justicia o a defender a los débiles ante los poderosos, aunque eso le traiga consecuencias negativas para su imagen.

120. No digo que la humillación sea algo agradable, porque eso sería masoquismo, sino que se trata de un camino para imitar a Jesús y crecer en la unión con él. Esto no se entiende naturalmente y el mundo se burla de semejante propuesta. Es una gracia que necesitamos suplicar: «Señor, cuando lleguen las humillaciones, ayúdame a sentir que estoy detrás de ti, en tu camino».

121. Tal actitud supone un corazón pacificado por Cristo, liberado de esa agresividad que brota de un yo demasiado grande. La misma pacificación que obra la gracia nos permite mantener una seguridad interior y aguantar, perseverar en el bien «aunque camine por cañadas oscuras» (Sal 23,4) o «si un ejército acampa contra mí» (Sal 27,3). Firmes en el Señor, la Roca, podemos cantar: «En paz me acuesto y enseguida me duermo, porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo» (Sal 4,9). En definitiva, Cristo «es nuestra paz» (Ef 2,14), vino a «guiar nuestros pasos por el camino de la paz» (Lc 1,79). Él transmitió a santa Faustina Kowalska que «la humanidad no encontrará paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina»[98]. Entonces no caigamos en la tentación de buscar la seguridad interior en los éxitos, en los placeres vacíos, en las posesiones, en el dominio sobre los demás o en la imagen social: «Os doy mi paz; pero no como la da el mundo» (Jn 14,27).

Alegría y sentido del humor

122. Lo dicho hasta ahora no implica un espíritu apocado, tristón, agriado, melancólico, o un bajo perfil sin energía. El santo es capaz de vivir con alegría y sentido del humor. Sin perder el realismo, ilumina a los demás con un espíritu positivo y esperanzado. Ser cristianos es «gozo en el Espíritu Santo» (Rm 14,17), porque «al amor de caridad le sigue necesariamente el gozo, pues todo amante se goza en la unión con el amado […] De ahí que la consecuencia de la caridad sea el gozo»[99]. Hemos recibido la hermosura de su Palabra y la abrazamos «en medio de una gran tribulación, con la alegría del Espíritu Santo» (1Ts 1,6). Si dejamos que el Señor nos saque de nuestro caparazón y nos cambie la vida, entonces podremos hacer realidad lo que pedía san Pablo: «Alegraos siempre en el Señor; os lo repito, alegraos» (Flp 4,4).

123. Los profetas anunciaban el tiempo de Jesús, que nosotros estamos viviendo, como una revelación de la alegría: «Gritad jubilosos» (Is 12,6). «Súbete a un monte elevado, heraldo de Sión; alza fuerte la voz, heraldo de Jerusalén» (Is 40,9). «Romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados» (Is 49,13). «¡Salta de gozo, Sión; alégrate, Jerusalén! Mira que viene tu rey, justo y triunfador» (Za 9,9). Y no olvidemos la exhortación de Nehemías: «¡No os pongáis tristes; el gozo del Señor es vuestra fuerza!» (8,10).

124. María, que supo descubrir la novedad que Jesús traía, cantaba: «Se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador» (Lc 1,47) y el mismo Jesús «se llenó de alegría en el Espíritu Santo» (Lc 10,21). Cuando él pasaba «toda la gente se alegraba» (Lc 13,17). Después de su resurrección, donde llegaban los discípulos había una gran alegría (cf. Hch 8,8). A nosotros, Jesús nos da una seguridad: «Estaréis tristes, pero vuestra tristeza se convertirá en alegría. […] Volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestra alegría» (Jn 16,20.22). «Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud» (Jn 15,11).

125. Hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural, que «se adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo»[100]. Es una seguridad interior, una serenidad esperanzada que brinda una satisfacción espiritual incomprensible para los parámetros mundanos.

126. Ordinariamente la alegría cristiana está acompañada del sentido del humor, tan destacado, por ejemplo, en santo Tomás Moro, en san Vicente de Paúl o en san Felipe Neri. El mal humor no es un signo de santidad: «Aparta de tu corazón la tristeza» (Qo11,10). Es tanto lo que recibimos del Señor, «para que lo disfrutemos» (1 Tm 6,17), que a veces la tristeza tiene que ver con la ingratitud, con estar tan encerrado en sí mismo que uno se vuelve incapaz de reconocer los regalos de Dios[101].

127. Su amor paterno nos invita: «Hijo, en cuanto te sea posible, cuida de ti mismo […]. No te prives de pasar un día feliz» (Si14,11.14). Nos quiere positivos, agradecidos y no demasiado complicados: «En tiempo de prosperidad disfruta […]. Dios hizo a los humanos equilibrados, pero ellos se buscaron preocupaciones sin cuento» (Qo 7,14.29). En todo caso, hay que mantener un espíritu flexible, y hacer como san Pablo: «Yo he aprendido a bastarme con lo que tengo» (Flp 4,11). Es lo que vivía san Francisco de Asís, capaz de conmoverse de gratitud ante un pedazo de pan duro, o de alabar feliz a Dios solo por la brisa que acariciaba su rostro.

128. No estoy hablando de la alegría consumista e individualista tan presente en algunas experiencias culturales de hoy. Porque el consumismo solo empacha el corazón; puede brindar placeres ocasionales y pasajeros, pero no gozo. Me refiero más bien a esa alegría que se vive en comunión, que se comparte y se reparte, porque «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35) y «Dios ama al que da con alegría» (2 Co 9,7). El amor fraterno multiplica nuestra capacidad de gozo, ya que nos vuelve capaces de gozar con el bien de los otros: «Alegraos con los que están alegres» (Rm 12,15). «Nos alegramos siendo débiles, con tal de que vosotros seáis fuertes» (2 Co 13,9). En cambio, si «nos concentramos en nuestras propias necesidades, nos condenamos a vivir con poca alegría»[102].

Audacia y fervor

129. Al mismo tiempo, la santidad es parresía: es audacia, es empuje evangelizador que deja una marca en este mundo. Para que sea posible, el mismo Jesús viene a nuestro encuentro y nos repite con serenidad y firmeza: «No tengáis miedo» (Mc 6,50). «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28,20). Estas palabras nos permiten caminar y servir con esa actitud llena de coraje que suscitaba el Espíritu Santo en los Apóstoles y los llevaba a anunciar a Jesucristo. Audacia, entusiasmo, hablar con libertad, fervor apostólico, todo eso se incluye en el vocablo parresía, palabra con la que la Biblia expresa también la libertad de una existencia que está abierta, porque se encuentra disponible para Dios y para los demás (cf. Hch 4,29; 9,28; 28,31; 2Co 3,12; Ef 3,12; Hb 3,6; 10,19).

130. El beato Pablo VI mencionaba, entre los obstáculos de la evangelización, precisamente la carencia de parresía: «La falta de fervor, tanto más grave cuanto que viene de dentro»[103].

¡Cuántas veces nos sentimos tironeados a quedarnos en la comodidad de la orilla! Pero el Señor nos llama para navegar mar adentro y arrojar las redes en aguas más profundas (cf. Lc 5,4). Nos invita a gastar nuestra vida en su servicio. Aferrados a él nos animamos a poner todos nuestros carismas al servicio de los otros. Ojalá nos sintamos apremiados por su amor (cf. 2 Co 5,14) y podamos decir con san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16).

131. Miremos a Jesús: su compasión entrañable no era algo que lo ensimismara, no era una compasión paralizante, tímida o avergonzada como muchas veces nos sucede a nosotros, sino todo lo contrario. Era una compasión que lo movía a salir de sí con fuerza para anunciar, para enviar en misión, para enviar a sanar y a liberar. Reconozcamos nuestra fragilidad pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión. Somos frágiles, pero portadores de un tesoro que nos hace grandes y que puede hacer más buenos y felices a quienes lo reciban. La audacia y el coraje apostólico son constitutivos de la misión.

132. La parresía es sello del Espíritu, testimonio de la autenticidad del anuncio. Es feliz seguridad que nos lleva a gloriarnos del Evangelio que anunciamos, es confianza inquebrantable en la fidelidad del Testigo fiel, que nos da la seguridad de que nada «podrá separarnos del amor de Dios» (Rm 8,39).

133. Necesitamos el empuje del Espíritu para no ser paralizados por el miedo y el cálculo, para no acostumbrarnos a caminar solo dentro de confines seguros. Recordemos que lo que está cerrado termina oliendo a humedad y enfermándonos. Cuando los Apóstoles sintieron la tentación de dejarse paralizar por los temores y peligros, se pusieron a orar juntos pidiendo la parresía: «Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía» (Hch 4,29). Y la respuesta fue que «al terminar la oración, tembló el lugar donde estaban reunidos; los llenó a todos el Espíritu Santo, y predicaban con valentía la palabra de Dios» (Hch 4,31).

134. Como el profeta Jonás, siempre llevamos latente la tentación de huir a un lugar seguro que puede tener muchos nombres: individualismo, espiritualismo, encerramiento en pequeños mundos, dependencia, instalación, repetición de esquemas ya prefijados, dogmatismo, nostalgia, pesimismo, refugio en las normas. Tal vez nos resistimos a salir de un territorio que nos era conocido y manejable. Sin embargo, las dificultades pueden ser como la tormenta, la ballena, el gusano que secó el ricino de Jonás, o el viento y el sol que le quemaron la cabeza; y lo mismo que para él, pueden tener la función de hacernos volver a ese Dios que es ternura y que quiere llevarnos a una itinerancia constante y renovadora.

135. Dios siempre es novedad, que nos empuja a partir una y otra vez y a desplazarnos para ir más allá de lo conocido, hacia las periferias y las fronteras. Nos lleva allí donde está la humanidad más herida y donde los seres humanos, por debajo de la apariencia de la superficialidad y el conformismo, siguen buscando la respuesta a la pregunta por el sentido de la vida. ¡Dios no tiene miedo! ¡No tiene miedo! Él va siempre más allá de nuestros esquemas y no le teme a las periferias. Él mismo se hizo periferia (cf. Flp 2,6-8;Jn 1,14). Por eso, si nos atrevemos a llegar a las periferias, allí lo encontraremos, él ya estará allí. Jesús nos primerea en el corazón de aquel hermano, en su carne herida, en su vida oprimida, en su alma oscurecida. Él ya está allí.

136. Es verdad que hay que abrir la puerta del corazón a Jesucristo, porque él golpea y llama (cf. Ap 3,20). Pero a veces me pregunto si, por el aire irrespirable de nuestra autorreferencialidad, Jesús no estará ya dentro de nosotros golpeando para que lo dejemos salir. En el Evangelio vemos cómo Jesús «iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, proclamando y anunciando la Buena Noticia del reino de Dios» (Lc 8,1). También después de la resurrección, cuando los discípulos salieron a predicar por todas partes, «el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban» (Mc 16,20). Esa es la dinámica que brota del verdadero encuentro.

137. La costumbre nos seduce y nos dice que no tiene sentido tratar de cambiar algo, que no podemos hacer nada frente a esta situación, que siempre ha sido así y que, sin embargo, sobrevivimos. A causa de ese acostumbrarnos ya no nos enfrentamos al mal y permitimos que las cosas «sean lo que son», o lo que algunos han decidido que sean. Pero dejemos que el Señor venga a despertarnos, a pegarnos un sacudón en nuestra modorra, a liberarnos de la inercia. Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado.

138. Nos moviliza el ejemplo de tantos sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que se dedican a anunciar y a servir con gran fidelidad, muchas veces arriesgando sus vidas y ciertamente a costa de su comodidad. Su testimonio nos recuerda que la Iglesia no necesita tantos burócratas y funcionarios, sino misioneros apasionados, devorados por el entusiasmo de comunicar la verdadera vida. Los santos sorprenden, desinstalan, porque sus vidas nos invitan a salir de la mediocridad tranquila y anestesiante.

139. Pidamos al Señor la gracia de no vacilar cuando el Espíritu nos reclame que demos un paso adelante, pidamos el valor apostólico de comunicar el Evangelio a los demás y de renunciar a hacer de nuestra vida cristiana un museo de recuerdos. En todo caso, dejemos que el Espíritu Santo nos haga contemplar la historia en la clave de Jesús resucitado. De ese modo la Iglesia, en lugar de estancarse, podrá seguir adelante acogiendo las sorpresas del Señor.

En comunidad

140. Es muy difícil luchar contra la propia concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta si estamos aislados. Es tal el bombardeo que nos seduce que, si estamos demasiado solos, fácilmente perdemos el sentido de la realidad, la claridad interior, y sucumbimos.

141. La santificación es un camino comunitario, de dos en dos. Así lo reflejan algunas comunidades santas. En varias ocasiones la Iglesia ha canonizado a comunidades enteras que vivieron heroicamente el Evangelio o que ofrecieron a Dios la vida de todos sus miembros. Pensemos, por ejemplo, en los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de María, en las siete beatas religiosas del primer monasterio de la Visitación de Madrid, en san Pablo Miki y compañeros mártires en Japón, en san Andrés Kim Taegon y compañeros mártires en Corea, en san Roque González, san Alfonso Rodríguez y compañeros mártires en Sudamérica. También recordemos el reciente testimonio de los monjes trapenses de Tibhirine (Argelia), que se prepararon juntos para el martirio. Del mismo modo, hay muchos matrimonios santos, donde cada uno fue un instrumento de Cristo para la santificación del cónyuge. Vivir o trabajar con otros es sin duda un camino de desarrollo espiritual. San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otros «para que te labren y ejerciten»[104].

142. La comunidad está llamada a crear ese «espacio teologal en el que se puede experimentar la presencia mística del Señor resucitado»[105]. Compartir la Palabra y celebrar juntos la Eucaristía nos hace más hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera. Esto da lugar también a verdaderas experiencias místicas vividas en comunidad, como fue el caso de san Benito y santa Escolástica, o aquel sublime encuentro espiritual que vivieron juntos san Agustín y su madre santa Mónica: «Cuando ya se acercaba el día de su muerte ―día por ti conocido, y que nosotros ignorábamos―, sucedió, por tus ocultos designios, como lo creo firmemente, que nos encontramos ella y yo solos, apoyados en una ventana que daba al jardín interior de la casa donde nos hospedábamos […]. Y abríamos la boca de nuestro corazón, ávidos de las corrientes de tu fuente, la fuente de vida que hay en ti […]. Y mientras estamos hablando y suspirando por ella [la sabiduría], llegamos a tocarla un poco con todo el ímpetu de nuestro corazón […] de modo que fuese la vida sempiterna cual fue este momento de intuición por el cual suspiramos»[106].

143. Pero estas experiencias no son lo más frecuente, ni lo más importante. La vida comunitaria, sea en la familia, en la parroquia, en la comunidad religiosa o en cualquier otra, está hecha de muchos pequeños detalles cotidianos. Esto ocurría en la comunidad santa que formaron Jesús, María y José, donde se reflejó de manera paradigmática la belleza de la comunión trinitaria. También es lo que sucedía en la vida comunitaria que Jesús llevó con sus discípulos y con el pueblo sencillo.

144. Recordemos cómo Jesús invitaba a sus discípulos a prestar atención a los detalles.

El pequeño detalle de que se estaba acabando el vino en una fiesta.
El pequeño detalle de que faltaba una oveja.
El pequeño detalle de la viuda que ofreció sus dos moneditas.
El pequeño detalle de tener aceite de repuesto para las lámparas por si el novio se demora.
El pequeño detalle de pedir a sus discípulos que vieran cuántos panes tenían.
El pequeño detalle de tener un fueguito preparado y un pescado en la parrilla mientras esperaba a los discípulos de madrugada.

145. La comunidad que preserva los pequeños detalles del amor[107], donde los miembros se cuidan unos a otros y constituyen un espacio abierto y evangelizador, es lugar de la presencia del Resucitado que la va santificando según el proyecto del Padre. A veces, por un don del amor del Señor, en medio de esos pequeños detalles se nos regalan consoladoras experiencias de Dios: «Una tarde de invierno estaba yo cumpliendo, como de costumbre, mi dulce tarea […]. De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy bien iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; y en él, señoritas elegantemente vestidas, prodigándose mutuamente cumplidos y cortesías mundanas. Luego posé la mirada en la pobre enferma, a quien sostenía. En lugar de una melodía, escuchaba de vez en cuando sus gemidos lastimeros […]. No puedo expresar lo que pasó por mi alma. Lo único que sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, los cuales sobrepasaban de tal modo el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad»[108].

146. En contra de la tendencia al individualismo consumista que termina aislándonos en la búsqueda del bienestar al margen de los demás, nuestro camino de santificación no puede dejar de identificarnos con aquel deseo de Jesús: «Que todos sean uno, como tú Padre en mí y yo en ti» (Jn 17,21).

En oración constante

147. Finalmente, aunque parezca obvio, recordemos que la santidad está hecha de una apertura habitual a la trascendencia, que se expresa en la oración y en la adoración. El santo es una persona con espíritu orante, que necesita comunicarse con Dios. Es alguien que no soporta asfixiarse en la inmanencia cerrada de este mundo, y en medio de sus esfuerzos y entregas suspira por Dios, sale de sí en la alabanza y amplía sus límites en la contemplación del Señor. No creo en la santidad sin oración, aunque no se trate necesariamente de largos momentos o de sentimientos intensos.

148. San Juan de la Cruz recomendaba «procurar andar siempre en la presencia de Dios, sea real, imaginaria o unitiva, de acuerdo con lo que le permitan las obras que esté haciendo»[109]. En el fondo, es el deseo de Dios que no puede dejar de manifestarse de alguna manera en medio de nuestra vida cotidiana: «Procure ser continuo en la oración, y en medio de los ejercicios corporales no la deje. Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a él su corazón»[110].

149. No obstante, para que esto sea posible, también son necesarios algunos momentos solo para Dios, en soledad con él. Para santa Teresa de Ávila la oración es «tratar de amistad estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama»[111]. Quisiera insistir que esto no es solo para pocos privilegiados, sino para todos, porque «todos tenemos necesidad de este silencio penetrado de presencia adorada»[112]. La oración confiada es una reacción del corazón que se abre a Dios frente a frente, donde se hacen callar todos los rumores para escuchar la suave voz del Señor que resuena en el silencio.

150. En ese silencio es posible discernir, a la luz del Espíritu, los caminos de santidad que el Señor nos propone. De otro modo, todas nuestras decisiones podrán ser solamente «decoraciones» que, en lugar de exaltar el Evangelio en nuestras vidas, lo recubrirán o lo ahogarán. Para todo discípulo es indispensable estar con el Maestro, escucharle, aprender de él, siempre aprender. Si no escuchamos, todas nuestras palabras serán únicamente ruidos que no sirven para nada.

151. Recordemos que «es la contemplación del rostro de Jesús muerto y resucitado la que recompone nuestra humanidad, también la que está fragmentada por las fatigas de la vida, o marcada por el pecado. No hay que domesticar el poder del rostro de Cristo»[113]. Entonces, me atrevo a preguntarte: ¿Hay momentos en los que te pones en su presencia en silencio, permaneces con él sin prisas, y te dejas mirar por él? ¿Dejas que su fuego inflame tu corazón? Si no le permites que él alimente el calor de su amor y de su ternura, no tendrás fuego, y así ¿cómo podrás inflamar el corazón de los demás con tu testimonio y tus palabras? Y si ante el rostro de Cristo todavía no logras dejarte sanar y transformar, entonces penetra en las entrañas del Señor, entra en sus llagas, porque allí tiene su sede la misericordia divina[114].

152. Pero ruego que no entendamos el silencio orante como una evasión que niega el mundo que nos rodea. El «peregrino ruso», que caminaba en oración continua, cuenta que esa oración no lo separaba de la realidad externa: «Cuando me encontraba con la gente, me parecía que eran todos tan amables como si fueran mi propia familia. [...] Y la felicidad no solamente iluminaba el interior de mi alma, sino que el mundo exterior me aparecía bajo un aspecto maravilloso»[115].

153. Tampoco la historia desaparece. La oración, precisamente porque se alimenta del don de Dios que se derrama en nuestra vida, debería ser siempre memoriosa. La memoria de las acciones de Dios está en la base de la experiencia de la alianza entre Dios y su pueblo. Si Dios ha querido entrar en la historia, la oración está tejida de recuerdos. No solo del recuerdo de la Palabra revelada, sino también de la propia vida, de la vida de los demás, de lo que el Señor ha hecho en su Iglesia. Es la memoria agradecida de la que también habla san Ignacio de Loyola en su «Contemplación para alcanzar amor»[116], cuando nos pide que traigamos a la memoria todos los beneficios que hemos recibido del Señor. Mira tu historia cuando ores y en ella encontrarás tanta misericordia. Al mismo tiempo esto alimentará tu consciencia de que el Señor te tiene en su memoria y nunca te olvida. Por consiguiente, tiene sentido pedirle que ilumine aun los pequeños detalles de tu existencia, que a él no se le escapan.

154. La súplica es expresión del corazón que confía en Dios, que sabe que solo no puede. En la vida del pueblo fiel de Dios encontramos mucha súplica llena de ternura creyente y de profunda confianza. No quitemos valor a la oración de petición, que tantas veces nos serena el corazón y nos ayuda a seguir luchando con esperanza. La súplica de intercesión tiene un valor particular, porque es un acto de confianza en Dios y al mismo tiempo una expresión de amor al prójimo. Algunos, por prejuicios espiritualistas, creen que la oración debería ser una pura contemplación de Dios, sin distracciones, como si los nombres y los rostros de los hermanos fueran una perturbación a evitar. Al contrario, la realidad es que la oración será más agradable a Dios y más santificadora si en ella, por la intercesión, intentamos vivir el doble mandamiento que nos dejó Jesús. La intercesión expresa el compromiso fraterno con los otros cuando en ella somos capaces de incorporar la vida de los demás, sus angustias más perturbadoras y sus mejores sueños. De quien se entrega generosamente a interceder puede decirse con las palabras bíblicas: «Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por el pueblo» (2 M 15,14).

155. Si de verdad reconocemos que Dios existe no podemos dejar de adorarlo, a veces en un silencio lleno de admiración, o de cantarle en festiva alabanza. Así expresamos lo que vivía el beato Carlos de Foucauld cuando dijo: «Apenas creí que Dios existía, comprendí que solo podía vivir para él»[117]. También en la vida del pueblo peregrino hay muchos gestos simples de pura adoración, como por ejemplo cuando «la mirada del peregrino se deposita sobre una imagen que simboliza la ternura y la cercanía de Dios. El amor se detiene, contempla el misterio, lo disfruta en silencio»[118].

156. La lectura orante de la Palabra de Dios, más dulce que la miel (cf. Sal 119,103) y «espada de doble filo» (Hb 4,12), nos permite detenernos a escuchar al Maestro para que sea lámpara para nuestros pasos, luz en nuestro camino (cf. Sal 119,105). Como bien nos recordaron los Obispos de India: «La devoción a la Palabra de Dios no es solo una de muchas devociones, hermosa pero algo opcional. Pertenece al corazón y a la identidad misma de la vida cristiana. La Palabra tiene en sí el poder para transformar las vidas»[119].

157. El encuentro con Jesús en las Escrituras nos lleva a la Eucaristía, donde esa misma Palabra alcanza su máxima eficacia, porque es presencia real del que es la Palabra viva. Allí, el único Absoluto recibe la mayor adoración que puede darle esta tierra, porque es el mismo Cristo quien se ofrece. Y cuando lo recibimos en la comunión, renovamos nuestra alianza con él y le permitimos que realice más y más su obra transformadora.

 

CAPÍTULO QUINTO
COMBATE, VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO

158. La vida cristiana es un combate permanente. Se requieren fuerza y valentía para resistir las tentaciones del diablo y anunciar el Evangelio. Esta lucha es muy bella, porque nos permite celebrar cada vez que el Señor vence en nuestra vida.

El combate y la vigilancia

159. No se trata solo de un combate contra el mundo y la mentalidad mundana, que nos engaña, nos atonta y nos vuelve mediocres sin compromiso y sin gozo. Tampoco se reduce a una lucha contra la propia fragilidad y las propias inclinaciones (cada uno tiene la suya: la pereza, la lujuria, la envidia, los celos, y demás). Es también una lucha constante contra el diablo, que es el príncipe del mal. Jesús mismo festeja nuestras victorias. Se alegraba cuando sus discípulos lograban avanzar en el anuncio del Evangelio, superando la oposición del Maligno, y celebraba: «Estaba viendo a Satanás caer del cielo como un rayo» (Lc 10,18).

Algo más que un mito

160. No aceptaremos la existencia del diablo si nos empeñamos en mirar la vida solo con criterios empíricos y sin sentido sobrenatural. Precisamente, la convicción de que este poder maligno está entre nosotros, es lo que nos permite entender por qué a veces el mal tiene tanta fuerza destructiva. Es verdad que los autores bíblicos tenían un bagaje conceptual limitado para expresar algunas realidades y que en tiempos de Jesús se podía confundir, por ejemplo, una epilepsia con la posesión del demonio. Sin embargo, eso no debe llevarnos a simplificar tanto la realidad diciendo que todos los casos narrados en los evangelios eran enfermedades psíquicas y que en definitiva el demonio no existe o no actúa. Su presencia está en la primera página de las Escrituras, que acaban con la victoria de Dios sobre el demonio[120]. De hecho, cuando Jesús nos dejó el Padrenuestro quiso que termináramos pidiendo al Padre que nos libere del Malo. La expresión utilizada allí no se refiere al mal en abstracto y su traducción más precisa es «el Malo». Indica un ser personal que nos acosa. Jesús nos enseñó a pedir cotidianamente esa liberación para que su poder no nos domine.

161. Entonces, no pensemos que es un mito, una representación, un símbolo, una figura o una idea[121]. Ese engaño nos lleva a bajar los brazos, a descuidarnos y a quedar más expuestos. Él no necesita poseernos. Nos envenena con el odio, con la tristeza, con la envidia, con los vicios. Y así, mientras nosotros bajamos la guardia, él aprovecha para destruir nuestra vida, nuestras familias y nuestras comunidades, porque «como león rugiente, ronda buscando a quien devorar» (1 P 5,8).

Despiertos y confiados

162. La Palabra de Dios nos invita claramente a «afrontar las asechanzas del diablo» (Ef 6,11) y a detener «las flechas incendiarias del maligno» (Ef 6,16). No son palabras románticas, porque nuestro camino hacia la santidad es también una lucha constante. Quien no quiera reconocerlo se verá expuesto al fracaso o a la mediocridad. Para el combate tenemos las armas poderosas que el Señor nos da: la fe que se expresa en la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la celebración de la Misa, la adoración eucarística, la reconciliación sacramental, las obras de caridad, la vida comunitaria, el empeño misionero. Si nos descuidamos nos seducirán fácilmente las falsas promesas del mal, porque, como decía el santo cura Brochero, «¿qué importa que Lucifer os prometa liberar y aun os arroje al seno de todos sus bienes, si son bienes engañosos, si son bienes envenenados?»[122].

163. En este camino, el desarrollo de lo bueno, la maduración espiritual y el crecimiento del amor son el mejor contrapeso ante el mal. Nadie resiste si opta por quedarse en un punto muerto, si se conforma con poco, si deja de soñar con ofrecerle al Señor una entrega más bella. Menos aún si cae en un espíritu de derrota, porque «el que comienza sin confiar perdió de antemano la mitad de la batalla y entierra sus talentos. […] El triunfo cristiano es siempre una cruz, pero una cruz que al mismo tiempo es bandera de victoria, que se lleva con una ternura combativa ante los embates del mal»[123].

La corrupción espiritual

164. El camino de la santidad es una fuente de paz y de gozo que nos regala el Espíritu, pero al mismo tiempo requiere que estemos «con las lámparas encendidas» (Lc 12,35) y permanezcamos atentos: «Guardaos de toda clase de mal» (1 Ts 5,22). «Estad en vela» (Mt 24,42; cf. Mc 13,35). «No nos entreguemos al sueño» (1 Ts 5,6). Porque quienes sienten que no cometen faltas graves contra la Ley de Dios, pueden descuidarse en una especie de atontamiento o adormecimiento. Como no encuentran algo grave que reprocharse, no advierten esa tibieza que poco a poco se va apoderando de su vida espiritual y terminan desgastándose y corrompiéndose.

165. La corrupción espiritual es peor que la caída de un pecador, porque se trata de una ceguera cómoda y autosuficiente donde todo termina pareciendo lícito: el engaño, la calumnia, el egoísmo y tantas formas sutiles de autorreferencialidad, ya que «el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz» (2 Co 11,14). Así acabó sus días Salomón, mientras el gran pecador David supo remontar su miseria. En un relato, Jesús nos advirtió acerca de esta tentación engañosa que nos va deslizando hacia la corrupción: menciona una persona liberada del demonio que, pensando que su vida ya estaba limpia, terminó poseída por otros siete espíritus malignos (cf. Lc 11,24-26). Otro texto bíblico utiliza una imagen fuerte: «El perro vuelve a su propio vómito» (2 P 2,22; cf. Pr 26,11).

El discernimiento

166. ¿Cómo saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo? La única forma es el discernimiento, que no supone solamente una buena capacidad de razonar o un sentido común, es también un don que hay que pedir. Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual.

Una necesidad imperiosa

167. Hoy día, el hábito del discernimiento se ha vuelto particularmente necesario. Porque la vida actual ofrece enormes posibilidades de acción y de distracción, y el mundo las presenta como si fueran todas válidas y buenas. Todos, pero especialmente los jóvenes, están expuestos a un zapping constante. Es posible navegar en dos o tres pantallas simultáneamente e interactuar al mismo tiempo en diferentes escenarios virtuales. Sin la sabiduría del discernimiento podemos convertirnos fácilmente en marionetas a merced de las tendencias del momento.

168. Esto resulta especialmente importante cuando aparece una novedad en la propia vida, y entonces hay que discernir si es el vino nuevo que viene de Dios o es una novedad engañosa del espíritu del mundo o del espíritu del diablo. En otras ocasiones sucede lo contrario, porque las fuerzas del mal nos inducen a no cambiar, a dejar las cosas como están, a optar por el inmovilismo o la rigidez. Entonces impedimos que actúe el soplo del Espíritu. Somos libres, con la libertad de Jesucristo, pero él nos llama a examinar lo que hay dentro de nosotros ―deseos, angustias, temores, búsquedas― y lo que sucede fuera de nosotros —los «signos de los tiempos»— para reconocer los caminos de la libertad plena: «Examinadlo todo; quedaos con lo bueno» (1 Ts 5,21).

Siempre a la luz del Señor

169. El discernimiento no solo es necesario en momentos extraordinarios, o cuando hay que resolver problemas graves, o cuando hay que tomar una decisión crucial. Es un instrumento de lucha para seguir mejor al Señor. Nos hace falta siempre, para estar dispuestos a reconocer los tiempos de Dios y de su gracia, para no desperdiciar las inspiraciones del Señor, para no dejar pasar su invitación a crecer. Muchas veces esto se juega en lo pequeño, en lo que parece irrelevante, porque la magnanimidad se muestra en lo simple y en lo cotidiano[124]. Se trata de no tener límites para lo grande, para lo mejor y más bello, pero al mismo tiempo concentrados en lo pequeño, en la entrega de hoy. Por tanto, pido a todos los cristianos que no dejen de hacer cada día, en diálogo con el Señor que nos ama, un sincero «examen de conciencia». Al mismo tiempo, el discernimiento nos lleva a reconocer los medios concretos que el Señor predispone en su misterioso plan de amor, para que no nos quedemos solo en las buenas intenciones.

Un don sobrenatural

170. Es verdad que el discernimiento espiritual no excluye los aportes de sabidurías humanas, existenciales, psicológicas, sociológicas o morales. Pero las trasciende. Ni siquiera le bastan las sabias normas de la Iglesia. Recordemos siempre que el discernimiento es una gracia. Aunque incluya la razón y la prudencia, las supera, porque se trata de entrever el misterio del proyecto único e irrepetible que Dios tiene para cada uno y que se realiza en medio de los más variados contextos y límites. No está en juego solo un bienestar temporal, ni la satisfacción de hacer algo útil, ni siquiera el deseo de tener la conciencia tranquila. Está en juego el sentido de mi vida ante el Padre que me conoce y me ama, el verdadero para qué de mi existencia que nadie conoce mejor que él. El discernimiento, en definitiva, conduce a la fuente misma de la vida que no muere, es decir, conocer al Padre, el único Dios verdadero, y al que ha enviado: Jesucristo (cf. Jn 17,3). No requiere de capacidades especiales ni está reservado a los más inteligentes o instruidos, y el Padre se manifiesta con gusto a los humildes (cf. Mt 11,25).

171. Si bien el Señor nos habla de modos muy variados en medio de nuestro trabajo, a través de los demás, y en todo momento, no es posible prescindir del silencio de la oración detenida para percibir mejor ese lenguaje, para interpretar el significado real de las inspiraciones que creímos recibir, para calmar las ansiedades y recomponer el conjunto de la propia existencia a la luz de Dios. Así podemos dejar nacer esa nueva síntesis que brota de la vida iluminada por el Espíritu.

Habla, Señor

172. Sin embargo, podría ocurrir que en la misma oración evitemos dejarnos confrontar por la libertad del Espíritu, que actúa como quiere. Hay que recordar que el discernimiento orante requiere partir de una disposición a escuchar: al Señor, a los demás, a la realidad misma que siempre nos desafía de maneras nuevas. Solo quien está dispuesto a escuchar tiene la libertad para renunciar a su propio punto de vista parcial o insuficiente, a sus costumbres, a sus esquemas. Así está realmente disponible para acoger un llamado que rompe sus seguridades pero que lo lleva a una vida mejor, porque no basta que todo vaya bien, que todo esté tranquilo. Dios puede estar ofreciendo algo más, y en nuestra distracción cómoda no lo reconocemos.

173. Tal actitud de escucha implica, por cierto, obediencia al Evangelio como último criterio, pero también al Magisterio que lo custodia, intentando encontrar en el tesoro de la Iglesia lo que sea más fecundo para el hoy de la salvación. No se trata de aplicar recetas o de repetir el pasado, ya que las mismas soluciones no son válidas en toda circunstancia y lo que era útil en un contexto puede no serlo en otro. El discernimiento de espíritus nos libera de la rigidez, que no tiene lugar ante el perenne hoy del Resucitado. Únicamente el Espíritu sabe penetrar en los pliegues más oscuros de la realidad y tener en cuenta todos sus matices, para que emerja con otra luz la novedad del Evangelio.

La lógica del don y de la cruz

174. Una condición esencial para el progreso en el discernimiento es educarse en la paciencia de Dios y en sus tiempos, que nunca son los nuestros. Él no hace caer fuego sobre los infieles (cf. Lc 9,54), ni permite a los celosos «arrancar la cizaña» que crece junto al trigo (cf. Mt 13,29). También se requiere generosidad, porque «hay más dicha en dar que en recibir» (Hch 20,35). No se discierne para descubrir qué más le podemos sacar a esta vida, sino para reconocer cómo podemos cumplir mejor esa misión que se nos ha confiado en el Bautismo, y eso implica estar dispuestos a renuncias hasta darlo todo. Porque la felicidad es paradójica y nos regala las mejores experiencias cuando aceptamos esa lógica misteriosa que no es de este mundo, como decía san Buenaventura refiriéndose a la cruz: «Esta es nuestra lógica»[125]. Si uno asume esta dinámica, entonces no deja anestesiar su conciencia y se abre generosamente al discernimiento.

175. Cuando escrutamos ante Dios los caminos de la vida, no hay espacios que queden excluidos. En todos los aspectos de la existencia podemos seguir creciendo y entregarle algo más a Dios, aun en aquellos donde experimentamos las dificultades más fuertes. Pero hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida. El que lo pide todo también lo da todo, y no quiere entrar en nosotros para mutilar o debilitar sino para plenificar. Esto nos hace ver que el discernimiento no es un autoanálisis ensimismado, una introspección egoísta, sino una verdadera salida de nosotros mismos hacia el misterio de Dios, que nos ayuda a vivir la misión a la cual nos ha llamado para el bien de los hermanos.

***

176. Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…».

177. Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el 19 de marzo, Solemnidad de San José, del año 2018, sexto de mi Pontificado.

Francisco

EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
GAUDETE ET EXSULTATE
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO

SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
EN EL MUNDO ACTUAL

 

ÍNDICE

«Alegraos y regocijaos» [1-2]

Capítulo Primero
EL LLAMADO A LA SANTIDAD

Los santos que nos alientan y acompañan [3-5]
Los santos de la puerta de al lado [6-9]
El Señor llama [10-13]
También para ti [14-18]
Tu misión en Cristo [19-24]
La actividad que santifica [25-31] 
Más vivos, más humanos [32-34]

Capítulo Segundo
DOS SUTILES ENEMIGOS DE LA SANTIDAD

El gnosticismo actual [36]

Una mente sin Dios y sin carne [37-39] 
Una doctrina sin misterio [40-42] 
Los límites de la razón [43-46]

El pelagianismo actual [47-48]

Una voluntad sin humildad [49-51]
Una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada [52-56]
Los nuevos pelagianos [57-59]
El resumen de la Ley [60-62]

Capítulo Tercero
A LA LUZ DEL MAESTRO

A contracorriente [65-66]

«Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» [67-70]
«Felices los mansos, porque heredarán la tierra» [71-74]  
«Felices los que lloran, porque ellos serán consolados» [75-76] 
«Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados» [77-79]
«Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» [80-82]
«Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios» [83-86]
«Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» [87-89]
«Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos» [90-94]

El gran protocolo [95]

Por fidelidad al Maestro [96-99]
Las ideologías que mutilan el corazón del Evangeli[100-103]
El culto que más le agrada [104-109]

Capítulo Cuarto
ALGUNAS NOTAS DE LA SANTIDAD EN EL MUNDO ACTUAL

Aguante, paciencia y mansedumbre [112-121]
Alegría y sentido del humor [122-128] 
Audacia y fervor [129-139] 
En comunidad [140-146] 
En oración constante [147-157]

Capítulo Quinto
COMBATE, VIGILANCIA Y DISCERNIMIENTO

El combate y la vigilancia [159]

Algo más que un mito [160-161] 
Despiertos y confiados [162-163]
La corrupción espiritual [164-165]

El discernimiento [166]

Una necesidad imperiosa [167-168]
Siempre a la luz del Señor [169] 
Un don sobrenatural [170-171]
Habla, Señor [172-173]
La lógica del don y de la cruz [174-177]

 


 

 

1«Alegraos y regocijaos» (Mt 5,12), dice Jesús a los que son perseguidos o humillados por su causa. El Señor lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la cual fuimos creados. Él nos quiere santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre, aguada, licuada. En realidad, desde las primeras páginas de la Biblia está presente, de diversas maneras, el llamado a la santidad. Así se lo proponía el Señor a Abraham: «Camina en mi presencia y sé perfecto» (Gn 17,1).

2. No es de esperar aquí un tratado sobre la santidad, con tantas definiciones y distinciones que podrían enriquecer este importante tema, o con análisis que podrían hacerse acerca de los medios de santificación. Mi humilde objetivo es hacer resonar una vez más el llamado a la santidad, procurando encarnarlo en el contexto actual, con sus riesgos, desafíos y oportunidades. Porque a cada uno de nosotros el Señor nos eligió «para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor» (Ef 1,4).

CAPÍTULO PRIMERO
EL LLAMADO A LA SANTIDAD

Los santos que nos alientan y acompañan

3. En la carta a los Hebreos se mencionan distintos testimonios que nos animan a que «corramos, con constancia, en la carrera que nos toca» (12,1). Allí se habla de Abraham, de Sara, de Moisés, de Gedeón y de varios más (cf. 11,1-12,3) y sobre todo se nos invita a reconocer que tenemos «una nube tan ingente de testigos» (12,1) que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta. Y entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor.

4. Los santos que ya han llegado a la presencia de Dios mantienen con nosotros lazos de amor y comunión. Lo atestigua el libro del Apocalipsis cuando habla de los mártires que interceden: «Vi debajo del altar las almas de los degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían. Y gritaban con voz potente: “¿Hasta cuándo, Dueño santo y veraz, vas a estar sin hacer justicia?”» (6,9-10). Podemos decir que «estamos rodeados, guiados y conducidos por los amigos de Dios […] No tengo que llevar yo solo lo que, en realidad, nunca podría soportar yo solo. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce»[1].

5. En los procesos de beatificación y canonización se tienen en cuenta los signos de heroicidad en el ejercicio de las virtudes, la entrega de la vida en el martirio y también los casos en que se haya verificado un ofrecimiento de la propia vida por los demás, sostenido hasta la muerte. Esa ofrenda expresa una imitación ejemplar de Cristo, y es digna de la admiración de los fieles[2]. Recordemos, por ejemplo, a la beata María Gabriela Sagheddu, que ofreció su vida por la unión de los cristianos.

Los santos de la puerta de al lado

6. No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios, porque «fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente»[3]. El Señor, en la historia de la salvación, ha salvado a un pueblo. No existe identidad plena sin pertenencia a un pueblo. Por eso nadie se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se establecen en la comunidad humana: Dios quiso entrar en una dinámica popular, en la dinámica de un pueblo.

7. Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad»[4].

8. Dejémonos estimular por los signos de santidad que el Señor nos presenta a través de los más humildes miembros de ese pueblo que «participa también de la función profética de Cristo, difundiendo su testimonio vivo sobre todo con la vida de fe y caridad»[5]. Pensemos, como nos sugiere santa Teresa Benedicta de la Cruz, que a través de muchos de ellos se construye la verdadera historia: «En la noche más oscura surgen los más grandes profetas y los santos. Sin embargo, la corriente vivificante de la vida mística permanece invisible. Seguramente, los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia. Y cuáles sean las almas a las que hemos de agradecer los acontecimientos decisivos de nuestra vida personal, es algo que solo sabremos el día en que todo lo oculto será revelado»[6].

9. La santidad es el rostro más bello de la Iglesia. Pero aun fuera de la Iglesia Católica y en ámbitos muy diferentes, el Espíritu suscita «signos de su presencia, que ayudan a los mismos discípulos de Cristo»[7]. Por otra parte, san Juan Pablo II nos recordó que «el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio común de católicos, ortodoxos, anglicanos y protestantes»[8]. En la hermosa conmemoración ecuménica que él quiso celebrar en el Coliseo, durante el Jubileo del año 2000, sostuvo que los mártires son «una herencia que habla con una voz más fuerte que la de los factores de división»[9].

El Señor llama

10. Todo esto es importante. Sin embargo, lo que quisiera recordar con esta Exhortación es sobre todo el llamado a la santidad que el Señor hace a cada uno de nosotros, ese llamado que te dirige también a ti: «Sed santos, porque yo soy santo» (Lv 11,45; cf. 1 P1,16). El Concilio Vaticano II lo destacó con fuerza: «Todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre»[10].

11. «Cada uno por su camino», dice el Concilio. Entonces, no se trata de desalentarse cuando uno contempla modelos de santidad que le parecen inalcanzables. Hay testimonios que son útiles para estimularnos y motivarnos, pero no para que tratemos de copiarlos, porque eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él (cf. 1 Co 12, 7), y no que se desgaste intentando imitar algo que no ha sido pensado para él. Todos estamos llamados a ser testigos, pero «existen muchas formas existenciales de testimonio»[11]. De hecho, cuando el gran místico san Juan de la Cruz escribía su Cántico Espiritual, prefería evitar reglas fijas para todos y explicaba que sus versos estaban escritos para que cada uno los aproveche «según su modo»[12]. Porque la vida divina se comunica «a unos en una manera y a otros en otra»[13].

12. Dentro de las formas variadas, quiero destacar que el «genio femenino» también se manifiesta en estilos femeninos de santidad, indispensables para reflejar la santidad de Dios en este mundo. Precisamente, aun en épocas en que las mujeres fueron más relegadas, el Espíritu Santo suscitó santas cuya fascinación provocó nuevos dinamismos espirituales e importantes reformas en la Iglesia. Podemos mencionar a santa Hildegarda de Bingen, santa Brígida, santa Catalina de Siena, santa Teresa de Ávila o santa Teresa de Lisieux. Pero me interesa recordar a tantas mujeres desconocidas u olvidadas quienes, cada una a su modo, han sostenido y transformado familias y comunidades con la potencia de su testimonio.

13. Esto debería entusiasmar y alentar a cada uno para darlo todo, para crecer hacia ese proyecto único e irrepetible que Dios ha querido para él desde toda la eternidad: «Antes de formarte en el vientre, te elegí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1,5).

También para ti

14. Para ser santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos. Muchas veces tenemos la tentación de pensar que la santidad está reservada solo a quienes tienen la posibilidad de tomar distancia de las ocupaciones ordinarias, para dedicar mucho tiempo a la oración. No es así. Todos estamos llamados a ser santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra. ¿Eres consagrada o consagrado? Sé santo viviendo con alegría tu entrega. ¿Estás casado? Sé santo amando y ocupándote de tu marido o de tu esposa, como Cristo lo hizo con la Iglesia. ¿Eres un trabajador? Sé santo cumpliendo con honradez y competencia tu trabajo al servicio de los hermanos. ¿Eres padre, abuela o abuelo? Sé santo enseñando con paciencia a los niños a seguir a Jesús. ¿Tienes autoridad? Sé santo luchando por el bien común y renunciando a tus intereses personales[14].

15. Deja que la gracia de tu Bautismo fructifique en un camino de santidad. Deja que todo esté abierto a Dios y para ello opta por él, elige a Dios una y otra vez. No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo para que sea posible, y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida (cf. Ga 5,22-23). Cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: «Señor, yo soy un pobrecillo, pero tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor». En la Iglesia, santa y compuesta de pecadores, encontrarás todo lo que necesitas para crecer hacia la santidad. El Señor la ha llenado de dones con la Palabra, los sacramentos, los santuarios, la vida de las comunidades, el testimonio de sus santos, y una múltiple belleza que procede del amor del Señor, «como novia que se adorna con sus joyas» (Is 61,10).

16. Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos. Por ejemplo: una señora va al mercado a hacer las compras, encuentra a una vecina y comienza a hablar, y vienen las críticas. Pero esta mujer dice en su interior: «No, no hablaré mal de nadie». Este es un paso en la santidad. Luego, en casa, su hijo le pide conversar acerca de sus fantasías, y aunque esté cansada se sienta a su lado y escucha con paciencia y afecto. Esa es otra ofrenda que santifica. Luego vive un momento de angustia, pero recuerda el amor de la Virgen María, toma el rosario y reza con fe. Ese es otro camino de santidad. Luego va por la calle, encuentra a un pobre y se detiene a conversar con él con cariño. Ese es otro paso.

17. A veces la vida presenta desafíos mayores y a través de ellos el Señor nos invita a nuevas conversiones que permiten que su gracia se manifieste mejor en nuestra existencia «para que participemos de su santidad» (Hb 12,10). Otras veces solo se trata de encontrar una forma más perfecta de vivir lo que ya hacemos: «Hay inspiraciones que tienden solamente a una extraordinaria perfección de los ejercicios ordinarios de la vida»[15]. Cuando el Cardenal Francisco Javier Nguyên van Thuânestaba en la cárcel, renunció a desgastarse esperando su liberación. Su opción fue «vivir el momento presente colmándolo de amor»; y el modo como se concretaba esto era: «Aprovecho las ocasiones que se presentan cada día para realizar acciones ordinarias de manera extraordinaria»[16].

18. Así, bajo el impulso de la gracia divina, con muchos gestos vamos construyendo esa figura de santidad que Dios quería, pero no como seres autosuficientes sino «como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios» (1 P 4,10). Bien nos enseñaron los Obispos de Nueva Zelanda que es posible amar con el amor incondicional del Señor, porque el Resucitado comparte su vida poderosa con nuestras frágiles vidas: «Su amor no tiene límites y una vez dado nunca se echó atrás. Fue incondicional y permaneció fiel. Amar así no es fácil porque muchas veces somos tan débiles. Pero precisamente para tratar de amar como Cristo nos amó, Cristo comparte su propia vida resucitada con nosotros. De esta manera, nuestras vidas demuestran su poder en acción, incluso en medio de la debilidad humana»[17].

Tu misión en Cristo

19. Para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad, porque «esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (1 Ts 4,3). Cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio.

20. Esa misión tiene su sentido pleno en Cristo y solo se entiende desde él. En el fondo la santidad es vivir en unión con él los misterios de su vida. Consiste en asociarse a la muerte y resurrección del Señor de una manera única y personal, en morir y resucitar constantemente con él. Pero también puede implicar reproducir en la propia existencia distintos aspectos de la vida terrena de Jesús: su vida oculta, su vida comunitaria, su cercanía a los últimos, su pobreza y otras manifestaciones de su entrega por amor. La contemplación de estos misterios, como proponía san Ignacio de Loyola, nos orienta a hacerlos carne en nuestras opciones y actitudes[18]. Porque «todo en la vida de Jesús es signo de su misterio»[19], «toda la vida de Cristo es Revelación del Padre»[20], «toda la vida de Cristo es misterio de Redención»[21], «toda la vida de Cristo es misterio de Recapitulación»[22], y «todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en él y que él lo viva en nosotros»[23].

21. El designio del Padre es Cristo, y nosotros en él. En último término, es Cristo amando en nosotros, porque «la santidad no es sino la caridad plenamente vivida»[24]. Por lo tanto, «la santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya»[25]. Así, cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo.

22. Para reconocer cuál es esa palabra que el Señor quiere decir a través de un santo, no conviene entretenerse en los detalles, porque allí también puede haber errores y caídas. No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona[26].

23. Esto es un fuerte llamado de atención para todos nosotros. Tú también necesitas concebir la totalidad de tu vida como una misión. Inténtalo escuchando a Dios en la oración y reconociendo los signos que él te da. Pregúntale siempre al Espíritu qué espera Jesús de ti en cada momento de tu existencia y en cada opción que debas tomar, para discernir el lugar que eso ocupa en tu propia misión. Y permítele que forje en ti ese misterio personal que refleje a Jesucristo en el mundo de hoy.

24. Ojalá puedas reconocer cuál es esa palabra, ese mensaje de Jesús que Dios quiere decir al mundo con tu vida. Déjate transformar, déjate renovar por el Espíritu, para que eso sea posible, y así tu preciosa misión no se malogrará. El Señor la cumplirá también en medio de tus errores y malos momentos, con tal que no abandones el camino del amor y estés siempre abierto a su acción sobrenatural que purifica e ilumina.

La actividad que santifica

25. Como no puedes entender a Cristo sin el reino que él vino a traer, tu propia misión es inseparable de la construcción de ese reino: «Buscad sobre todo el reino de Dios y su justicia» (Mt 6,33). Tu identificación con Cristo y sus deseos, implica el empeño por construir, con él, ese reino de amor, justicia y paz para todos. Cristo mismo quiere vivirlo contigo, en todos los esfuerzos o renuncias que implique, y también en las alegrías y en la fecundidad que te ofrezca. Por lo tanto, no te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño.

26. No es sano amar el silencio y rehuir el encuentro con el otro, desear el descanso y rechazar la actividad, buscar la oración y menospreciar el servicio. Todo puede ser aceptado e integrado como parte de la propia existencia en este mundo, y se incorpora en el camino de santificación. Somos llamados a vivir la contemplación también en medio de la acción, y nos santificamos en el ejercicio responsable y generoso de la propia misión.

27. ¿Acaso el Espíritu Santo puede lanzarnos a cumplir una misión y al mismo tiempo pedirnos que escapemos de ella, o que evitemos entregarnos totalmente para preservar la paz interior? Sin embargo, a veces tenemos la tentación de relegar la entrega pastoral o el compromiso en el mundo a un lugar secundario, como si fueran «distracciones» en el camino de la santificación y de la paz interior. Se olvida que «no es que la vida tenga una misión, sino que es misión»[27].

28. Una tarea movida por la ansiedad, el orgullo, la necesidad de aparecer y de dominar, ciertamente no será santificadora. El desafío es vivir la propia entrega de tal manera que los esfuerzos tengan un sentido evangélico y nos identifiquen más y más con Jesucristo. De ahí que suela hablarse, por ejemplo, de una espiritualidad del catequista, de una espiritualidad del clero diocesano, de una espiritualidad del trabajo. Por la misma razón, en Evangelii gaudium quise concluir con una espiritualidad de la misión, en Laudato si’ con una espiritualidad ecológica y en Amoris laetitia con una espiritualidad de la vida familiar.

29. Esto no implica despreciar los momentos de quietud, soledad y silencio ante Dios. Al contrario. Porque las constantes novedades de los recursos tecnológicos, el atractivo de los viajes, las innumerables ofertas para el consumo, a veces no dejan espacios vacíos donde resuene la voz de Dios. Todo se llena de palabras, de disfrutes epidérmicos y de ruidos con una velocidad siempre mayor. Allí no reina la alegría sino la insatisfacción de quien no sabe para qué vive. ¿Cómo no reconocer entonces que necesitamos detener esa carrera frenética para recuperar un espacio personal, a veces doloroso pero siempre fecundo, donde se entabla el diálogo sincero con Dios? En algún momento tendremos que percibir de frente la propia verdad, para dejarla invadir por el Señor, y no siempre se logra esto si uno «no se ve al borde del abismo de la tentación más agobiante, si no siente el vértigo del precipicio del más desesperado abandono, si no se encuentra absolutamente solo, en la cima de la soledad más radical»[28]. Así encontramos las grandes motivaciones que nos impulsan a vivir a fondo las propias tareas.

30. Los mismos recursos de distracción que invaden la vida actual nos llevan también a absolutizar el tiempo libre, en el cual podemos utilizar sin límites esos dispositivos que nos brindan entretenimiento o placeres efímeros[29]. Como consecuencia, es la propia misión la que se resiente, es el compromiso el que se debilita, es el servicio generoso y disponible el que comienza a retacearse. Eso desnaturaliza la experiencia espiritual. ¿Puede ser sano un fervor espiritual que conviva con una acedia en la acción evangelizadora o en el servicio a los otros?

31. Nos hace falta un espíritu de santidad que impregne tanto la soledad como el servicio, tanto la intimidad como la tarea evangelizadora, de manera que cada instante sea expresión de amor entregado bajo la mirada del Señor. De este modo, todos los momentos serán escalones en nuestro camino de santificación.

Más vivos, más humanos

32. No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario, porque llegarás a ser lo que el Padre pensó cuando te creó y serás fiel a tu propio ser. Depender de él nos libera de las esclavitudes y nos lleva a reconocer nuestra propia dignidad. Esto se refleja en santa Josefina Bakhita, quien fue «secuestrada y vendida como esclava a la tierna edad de siete años, sufrió mucho en manos de amos crueles. Pero llegó a comprender la profunda verdad de que Dios, y no el hombre, es el verdadero Señor de todo ser humano, de toda vida humana. Esta experiencia se transformó en una fuente de gran sabiduría para esta humilde hija de África»[30].

33. En la medida en que se santifica, cada cristiano se vuelve más fecundo para el mundo. Los Obispos de África occidental nos enseñaron: «Estamos siendo llamados, en el espíritu de la nueva evangelización, a ser evangelizados y a evangelizar a través del empoderamiento de todos los bautizados para que asumáis vuestros roles como sal de la tierra y luz del mundo donde quiera que os encontréis»[31].

34. No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo. La santidad no te hace menos humano, porque es el encuentro de tu debilidad con la fuerza de la gracia. En el fondo, como decía León Bloy, en la vida «existe una sola tristeza, la de no ser santos»[32].

 

CAPÍTULO SEGUNDO
DOS SUTILES ENEMIGOS DE LA SANTIDAD

35. En este marco, quiero llamar la atención acerca de dos falsificaciones de la santidad que podrían desviarnos del camino: el gnosticismo y el pelagianismo. Son dos herejías que surgieron en los primeros siglos cristianos, pero que siguen teniendo alarmante actualidad. Aun hoy los corazones de muchos cristianos, quizá sin darse cuenta, se dejan seducir por estas propuestas engañosas. En ellas se expresa un inmanentismo antropocéntrico disfrazado de verdad católica.[33] Veamos estas dos formas de seguridad doctrinal o disciplinaria que dan lugar «a un elitismo narcisista y autoritario, donde en lugar de evangelizar lo que se hace es analizar y clasificar a los demás, y en lugar de facilitar el acceso a la gracia se gastan las energías en controlar. En los dos casos, ni Jesucristo ni los demás interesan verdaderamente»[34].

El gnosticismo actual

36. El gnosticismo supone «una fe encerrada en el subjetivismo, donde solo interesa una determinada experiencia o una serie de razonamientos y conocimientos que supuestamente reconfortan e iluminan, pero en definitiva el sujeto queda clausurado en la inmanencia de su propia razón o de sus sentimientos»[35].

Una mente sin Dios y sin carne

37. Gracias a Dios, a lo largo de la historia de la Iglesia quedó muy claro que lo que mide la perfección de las personas es su grado de caridad, no la cantidad de datos y conocimientos que acumulen. Los «gnósticos» tienen una confusión en este punto, y juzgan a los demás según la capacidad que tengan de comprender la profundidad de determinadas doctrinas. Conciben una mente sin encarnación, incapaz de tocar la carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia de abstracciones. Al descarnar el misterio finalmente prefieren «un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo»