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EDUCACIÓN RELIGIOSA CATÓLICA

San Pedro Luis María Chanel

San Pedro Luis María Chanel

El P. Chanel y María 

San Pedro Luis María Chanel

Primer Mártir de Oceanía

Primer Santo Marista

Por el Hno. José Diez Villacorta

El 28 de abril recordamos el martirio de San Pedro Chanel, primer mártir Marista, perteneciente a la Sociedad de María, la cual también integraba el Padre Champagnat. En 1836 se unió a un grupo de misioneros Maristas y partió hacia la Polinesia. Junto al Hermano Marie-Nizier desembarcaron en la isla de Futuna el 12 de noviembre de 1837. En la isla no conocían el cristianismo y Pedro se las ingenió para predicar y empezó a convertir a los nativos.

Si al principio los misioneros fueron bien acogidos por el rey Niuliki, a medida que la predicación iba haciendo catecúmenos, las relaciones se fueron enfriando ya que veía su religión amenazada. Como soportaban todo con paciencia y continuaban con su apostolado y sus obras de misericordia, vinieron las amenazas. "Que se los mate, que desaparezca su religión" era el grito que empezaba a oírse por parte de los opositores. Los misioneros lo sabían y estaban dispuestos a sufrir el martirio si esa era la voluntad de Dios......

   Infancia y estudios

San Pedro Chanel

Nació en La Potière, aldea del pueblo de Cuet en el departamento del Ain (Francia), el día 12 de julio de 1803. Era el 5º hijo de los 8 que tuvo la familia compuesta por los humildes agricultores Francisco Chanel y María Ana Sibellas. Bautizado 4 días después, en la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, con el nombre de Pedro, añadiría más tarde los de Luis María con ocasión de la confirmación, nombres que indican su devoción a san Luis Gonzaga y a la Sma. Virgen.

Encargado a los 7 años de sacar a pastar y cuidar el modesto rebaño familiar, sus primeros ensayos de alfabetización los realizó en los inviernos de 1810 y 1811 en la escuela más cercana (6 km) de Saint-Didier d’Aussiat. Los resultados fueron escasos, ya que lo poco aprendido en el invierno se le olvidaba rápidamente durante el cuidado del rebaño el resto del año.


La solución le vino con el encuentro del abate Trompier, cura párroco del cercano pueblo (4 km) de Cras-sur-Reyssouze, donde los 2 inviernos siguientes Pedro fue a la escuela, bajo la tutela del sacerdote y el alojamiento en casa de una tía. Cuando su protector fue nombrado en 1815 párroco de Monsols (en las montañas del Beaujolais), le propuso llevarlo consigo y encargarse de su educación, cosa que sus padres aceptaron.

En Monsols no sólo hizo grandes progresos en las ciencias humanas, sino que, como monaguillo y acompañante del cura párroco en misas, visitas a los enfermos y entierros, Pedro se iba casi sin percatarse preparando para el sacerdocio. Vuelto el párroco a Cras al año siguiente, ya que el clima de la montaña le había afectado la salud, también volvió con él su joven protegido y, esta vez, ya no alojado con la tía sino con el párroco al igual que en Monsols.

Allí fue donde, a la edad de 13 años y medio, según la costumbre francesa de la época, hizo Pedro su primera comunión. Era el 23 de marzo de 1817. Tomó como resolución rezar a diario el rosario, clara manifestación de su devoción a María, que sellará más tarde con la que será siempre su divisa de apostolado: Amar a la Sma. Virgen y hacerla amar.

 

En julio de 1819, con 16 años de edad, el párroco de Cras envió a su protegido a continuar sus estudios al seminario menor de Meximieux, donde Pedro se destacó muy pronto como brillante alumno y como ferviente miembro de la Congregación de la Sma. Virgen, asociación en la que se agrupaban los mejores. Permaneció allí hasta 1823, año en que terminó de cursar la retórica; para completar sus estudios con la filosofía debería trasladarse al seminario menor de Belley, donde Monseñor Devie acababa de ser nombrado obispo de la nueva diócesis.

 

El sacerdocio y el apostolado

 

En octubre de 1824 Pedro Chanel inicia su teología en el seminario mayor de Belley que Monseñor Devie había instalado en el antiguo convento de los Agustinos reformados. Su ordenación sacerdotal tan ansiada llegaría el 15 de julio de 1827. Y enseguida fue nombrado vicario parroquial en Ambérieu-en-Bugey.

Uno de sus primeros actos como vicario parroquial fue la introducción del mes de María. Y muy pronto sus actividades pastorales le hicieron soñar con las misiones. Pero su obispo no le dio autorización sino que el 1º de septiembre de 1828 lo nombró cura párroco de Crozet, pequeña población de 800 almas en las montañas del Jura. Allí debería afirmar su débil salud a la vez que ejercitar su apostolado misionero en una población de mayoría calvinista.

El joven párroco pensó enseguida en los más pequeños. Confió la enseñanza de los niños a un joven instruido y de sólida piedad; y las niñas a una religiosa, Hermana de la Providencia de Portieux, ayudada por su propia hermana, Francisca María Chanel, que aspiraba a la vida religiosa.

Si duro era el apostolado en ambiente protestante, sus múltiples obras de misericordia le conquistaron todos los corazones. Pero la vocación misionera no se apartaba de su cabeza. Vocación que se afianzó al conocer al sacerdote Juan Claudio Colin que dirigía las misiones parroquiales de la diócesis de Belley con un grupito de compañeros que se llamaban ya Maristas. Después de varias entrevistas, de mucha reflexión y oración, y de pertinentes consultas, el cura párroco Pedro Chanel manifestó su deseo de ingresar en la Sociedad de María, entre cuyas misiones figuraba la evangelización de los infieles.

Aceptado muy gustoso por el Padre Colin, y obtenido su permiso del señor obispo Monseñor Devie, lo primero que hizo fue asegurar el porvenir de su hermana y colaboradora parroquial Francisca María. Deseosa de la vida religiosa, ingresó en el convento de Bon-Repos, entonces casa-madre de las Hermanas Maristas, donde profesó con el nombre de Hermana Santo Domingo. 

Primeros ministerios como Marista

La Sociedad de María aún no estaba aprobada canónicamente, y sus dos ministerios hasta entonces eran las misiones parroquiales y el colegio de Belley, que Monseñor Devie había puesto bajo la dirección del Padre Colin.

A la espera, pues, del apostolado en las misiones entre infieles, la primera misión que se le encargó fue la de profesor en el colegio-seminario menor de Belley (1831). En el curso siguiente, octubre de 1832, se le confió la dirección espiritual del colegio, cargo donde mostró toda su capacidad. Una de sus principales funciones como director espiritual era la predicación en la capilla del colegio. Preparaba con minuciosidad todas las instrucciones, y para afianzar sus frutos estableció entre los alumnos, según el modelo de Meximieux, la Congregación de la Sma. Virgen y la de los Santos Ángeles. La confesión le ocupaba igualmente buena parte de su tiempo, pues numerosos alumnos lo preferían como confesor.

En el intervalo veraniego entre los dos cursos que pasó en Belley como director espiritual, el Padre Chanel hizo el viaje a Roma como acompañante y secretario del fundador Colin, en representación del grupo de Belley (el representante del grupo de Lyon fue el Padre Bourdin).
El objetivo era presentar ante el Papa Gregorio XVI el proyecto de la Sociedad de María. Tuvo, efectivamente, la dicha de un audiencia con el Papa, y la de una peregrinación a la santa casa de Loreto.
De regreso a Belley, hizo su segundo año de director espiritual hasta el verano de 1834, a la vez que oficiaba y predicaba en numerosos pueblos cercanos que lo invitaban para sus fiestas. Y como el Padre Colin deseaba ocuparse plenamente de los asuntos de la Sociedad de María, consiguió de Monseñor Devie que lo relevara del cargo de director del colegio-seminario menor. Para remplazarlo fue nombrado como director-superior el Padre Chanel, cargo que guardará hasta 1836.

 

El misionero Marista

 

Aprobada oficialmente la Sociedad de María por Su Santidad Gregorio XVI, con el breve Omnium gentium salus del 29 de abril de 1836, se le asignó como campo de evangelización misionera Oceanía occidental. Elegido el Padre Pompallier como Vicario Apostólico, con el título de obispo de Maronea, quedaba por encontrar el grupo de misioneros acompañantes. Habiéndose ofrecido varias veces para dicho apostolado, grande fue la dicha del Padre Chanel al ser aceptado para la primera partida.

Los dos grupos de sacerdotes Maristas, el de Belley y el de Lyon, se reunieron en Belley en el antiguo convento de los Capuchinos, bajo la presidencia de Monseñor Devie y de Monseñor Pompallier, para un retiro espiritual. Elegido el Padre Juan Claudio Colin como Superior General, los 20 sacerdotes emiten sus votos religiosos en la Sociedad de María. Era el 24 de septiembre de 1836, fiesta de Nuestra Señora de la Merced.
Nombrado el Padre Chanel como Superior del grupo de 4 Padres y de 3 Hermanos que partirían para las misiones, y por Monseñor Pompallier como su Provicario Apostólico, se dedicó febrilmente a los preparativos de la misión con numerosas visitas. Entre ellas, una visita al Hermitage, casa-madre de los Hermanos Maristas fundados por el Padre Champagnat, profeso como él del 24 de septiembre en la Sociedad, dos de cuyos miembros eran del número de pioneros para Oceanía. El santo fundador Marcelino Champagnat había solicitado ir él mismo a la misión.

El Superior de la Sociedad de María, Juan Claudio Colin le había respondido: Su misión está aquí en El Hermitage, al frente de su instituto de Hermanos Maristas y en la formación de buenos Hermanos para las misiones. Tuvo que contentarse, pues, con llevar sobre sus robustas espaldas los pesados bultos de los misioneros hasta los vehículos de transporte.

El grupo misionero estaba constituido por Monseñor Pompallier (Marista asociado, pues siendo ya obispo no podía profesar como religioso), los Padres Maristas Chanel, Bataillon, Servant y Bret, y los Hermanos Maristas Marie-Nizier, Miguel y José Javier (este último Hermano Marista Coadjutor).

La salida del puerto del Havre se efectuó el 24 de diciembre de 1836 en el buque llamado La Delphine.

 
En la isla de Futuna

El viaje fue largo y con numerosas peripecias. En Santa Cruz de Tenerife debieron permanecer 52 días para reparar la nave averiada. Cuando por fin pudieron de nuevo ponerse a la mar, el Padre Bret fue presa de fuertes dolores de cabeza y violenta fiebre. Administrado el Santo Viático y la Extremaunción por el P. Chanel el domingo de Ramos, el misionero falleció el día siguiente, 20 de marzo de 1837.

El 28 de junio anclaban en Valparaíso (Chile) donde acababa su viaje La Delphine. Después de mes y medio de gestiones, los misioneros consiguieron embarcarse el 10 de agosto rumbo a la Polinesia en un buque norteamericano, el Europa. En Tahití debieron de nuevo cambiar de embarcación: una mísera goleta que llevaba el nombre de Raiatea.

Llegados el 1º de noviembre de 1837 a la isla de Wallis (llamada entonces Uvea), dejaron allí 2 misioneros, el P. Bataillon y el Hno. José Javier Luzy: quedaba fundada la primera misión católica de Oceanía occidental. El sábado 11 de noviembre hacían escala en la isla de Futuna. Allí quedaron el Padre Chanel y el Hermano Marie-Nizier. Para el P. Chanel sería su definitivo campo de apostolado y de martirio. El Padre Servant y el Hermano Miguel irían a Nueva Zelanda.

Futuna y Alofi constituyen dos pequeñas islas: la primera de 40 km de perímetro, la segunda de 20; un total de 115 km cuadrados. Montañas volcánicas de hasta 750 m y profundos valles; acantilados abruptos y sólo algunos espacios llanos al borde del mar; temblores de tierra permanentes. Poca población: apenas 1.000 almas constituirían la grey a evangelizar, todas en la isla mayor. En ella hay dos facciones: los Vencedores y los Vencidos, en guerra permanente, ambos con su propio rey, el primero en Alo, el segundo en Sigave. Los misioneros son acogidos como huéspedes por el rey de los Vencedores, Niuliki, en Alo. Más tarde los instalarían, con casa propia, en Poi.


El día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, el P. Pedro Chanel celebró su primera misa en la misión. El día de Navidad, misa solemne con asistencia curiosa de un pequeño público. Y enseguida, rosario en mano desgranando avemarías, a recorrer la isla, tanto en el campo de los Vencedores como en el de los Vencidos, conociendo a la gente, visitando enfermos y llevándoles medicamentos. Al mismo tiempo, con ardor increíble, se puso a estudiar la lengua nativa para poder catequizar lo más pronto posible. A los niños enfermos en peligro de muerte los bautizaba; a todos les ponía el nombre de María, seguido del nombre del santo del día.

Oposición y dificultades

Si al principio los misioneros fueron bien acogidos por el rey Niuliki, a medida que la predicación iba haciendo catecúmenos, las relaciones se fueron enfriando ya que veía su religión amenazada. Los familiares del rey y el consejo de ancianos empezaron a ponerles toda clase de dificultades, empezando por escasearles la comida e incitando a sus súbditos a robarles el producto de su trabajo en la huerta propia. El hambre los llevó a tener que comerse hasta el perro de casa. Pronto, no se contentaron con robarles los frutos, sino que iban llevándose ropa y otros objetos: apenas quedaron con la ropa puesta.

Como soportaban todo con paciencia y continuaban con su apostolado y sus obras de misericordia, vinieron las amenazas. "Que se los mate, que desaparezca su religión" era el grito que empezaba a oírse por parte de los opositores. Los misioneros lo sabían y estaban dispuestos a sufrir el martirio si esa era la voluntad de Dios. Por temor al rey, la gente bien dispuesta con los misioneros no osaba prestarles ayuda. Los catecúmenos tenían que reunirse en forma secreta.

Lo que llevó a la exasperación total del rey fue la conversión a la fe cristiana de su propio hijo mayor, Meitala, quien más tarde sería su sucesor. Dio entonces la orden de asesinar a los misioneros. Su yerno Musumusu asumió el encargo y fue preparando el plan reclutando para el golpe a un grupito de adeptos. Todo se hacía en secreto para no despertar las sospechas de los catecúmenos. Y para asegurarse el buen resultado, se buscó un día en que el Padre estuviera solo.

 

El martirio

 

 

 

Ese día no tardó en llegar. Impedido por la fiebre y una llaga en el pie, el Padre Chanel envió al Hermano Marie-Nizier al valle de los Vencidos, Sigave, distante 3 leguas y media, para visitar a un enfermo y bautizar a los niños en peligro de muerte. Era el 27 de abril de 1841. Musumusu y su banda aparecieron temprano en la mañana del 28 armados de lanzas y cachiporras con extremos metálicos.

Se dirigieron primero a la casa de los catecúmenos que estaban durmiendo, a los que golpearon y dispersaron. Al hijo del rey no lo encontraron en la casa ; lo buscaron y lo golpearon violentamente, al igual que a su hermana Flora : tenían carta blanca del rey. Luego se encaminaron a la casa de los misioneros en Poi.

Se adelanta uno de los asesinos y le pide un remedio al Padre. Mientras el misionero va a buscarlo, los demás invaden la casa y comienzan el pillaje. Enfurecido, Musumusu grita: ¿Qué esperan para matarlo? El que había pedido el remedio agarra entonces al sacerdote y lo empuja con violencia; otro del grupo lo golpea con su cachiporra quebrándole el brazo que ha levantado para parar el golpe. Un segundo golpe lo hiere en la sien izquierda y sangra abundantemente. Una lanza con punta de hierro lo hiere en el pecho. El misionero retrocede y cae. Pero todos están ávidos de llevarse algo y atienden más al pillaje que a obedecer al jefe de la banda. Furioso Musumusu, y no encontrando su cachiporra, salta por la ventana y entra en la habitación del Hermano Marie-Nizier. Allí topa con una azuela escondida debajo de la cama, la toma y se lanza contra el herido: con un golpe feroz le clava el hierro en el cráneo y el mártir cae exánime. Musumusu lo depoja de su sotana y otros se llevan sus otras vestimentas.

El compañero de apostolado, el Hermano Marie-Nizier se salvó milagrosamente. Regresando a Poi ese 28 de abril, se encuentra con uno de los asesinos que viene a contarle lo sucedido y prevenirle de huir. ¿Qué había pasado? Se había adueñado de un cerdo que criaban los misioneros, pero el rey Niuliki quiso destinarlo para el festín funeral. Irritado por el despojo de su parte de botín, quiso vengarse previniendo al Hermano. Él mismo lo acompañó al valle de los Vencidos, donde su rey le dio asilo. Durante 14 días permaneció allí, defendido por los Vencidos contra amenazas e intentos de ataque, hasta que apareció un buque norteamericano que lo llevó, junto con los demás blancos también amenazados, a Wallis.

Pero volvamos al mártir. Las mujeres indígenas se mostraron piadosas, entre ellas la esposa y dos hijas del rey asesino. Lavaron su cuerpo, lo ungieron con aceite de coco, lo envolvieron en esteras y lo enterraron en la fosa que los mismos Niuliki y Musumusu ayudaron a cavar a unos pasos de la casa misionera. Esta fue destruida como signo de su triunfo completo y para borrar todo rastro de cristianismo. "El sacerdote ha muerto -decían- y su religión con él. Ya no tenemos más que temer, nuestra isla vuelve a ser feliz".

Los frutos del martirio

Pero sus previsiones fallaron. En Futuna volvió a cumplirse el dicho "La sangre de los mártires es semilla de cristianos".

El 18 de enero de 1842 aparecía en la isla la goleta "Sancta Maria", embarcación de la misión, con el Padre Viard y el Hermano Marie-Nizier. Por precaución, la corveta francesa L’Allier los acompañaba para intervenir en caso de necesidad.

Lo primero fue rescatar el cuerpo del mártir. Transportado primero a la Bahía de las Islas, fue enviado a Sydney en 1850, y en 1851 transportado a Lyon. Descansa hoy en una magnífica urna en el Seminario de Misiones Marista en Sainte-Foy-les-Lyon. También fue rescatada su sotana sacerdotal.

Los jefes de la isla, animados por algunos regalos, se presentaron al Comandante de L’Allier y manifestaron su pesar por la muerte de quien, decían: "El Padre no hizo sino el bien en el país; siempre fue un hombre caritativo con todos". Y rogaron al Hermano Marie-Nizier se quedara con ellos y enviaran un nuevo Padre. Cuando el 29 de mayo de 1842 Monseñor Pompallier trajo en su embarcación "Sancta Maria" a 3 Padres, 2 Hermanos, el rey de Wallis ya cristiano, se encontraron con un cambio total en el ánimo de los jefes de Futuna. Todos acudieron a recibirlos, incluso Musumusu y los demás asesinos. Muchos isleños pedían el bautismo. Después de 10 días de preparación, Monseñor bautizó y confirmó a 114, primicias de la numerosa cosecha que se anunciaba.

Para llevarla a cabo quedaron con el Hermano Marie-Nizier los Padres Roulleaux y Servant. Empezando por el bautismo de los niños, le siguieron los del rey asesino Niuliki, Musumusu y sus cómplices, entre ellos el joven Musulamu quien, bautizado con el nombre de Soane Malia (Juan María), llegaría a ser rey de los Vencedores y el promotor de la construcción de la iglesia de Poi, dedicada hoy al P. Chanel, con el nombre de Nuestra Señora de los Mártires.

Ocho meses después de su llegada escribía el P. Roulleaux: "Ya tenemos 2 iglesias y 840 isleños bautizados. El fervor de los nuevos cristianos se acrecienta día a día: se sienten felices con la dicha de los hijos de Dios". Sólo quedaban entre 200 y 300 catecúmenos por instruir, y la preparación de todos los nuevos cristianos a la primera comunión.

El santo protomártir de Oceanía, Pedro Chanel, se había así vengado de sus asesinos: convirtiéndolos y haciendo cristiana toda la isla de Futuna.

 

El camino a los altares

El proceso De martirio, causa martyrii et signis tuvo lugar en la isla y acabado el 3 de agosto de 1845. Llevada a Roma la causa, fue firmada por el Papa Pío IX el 24 de septiembre de 1857, lo que le daba al mártir el título de Venerable. La beatificación tuvo lugar el 17 de noviembre de 1889 por el Papa León XIII. Y finalmente la canonización el 12 de junio de 1954 por el Papa Pío XII.
Una primera iglesia en el lugar del martirio, construida en bambú bajo la dirección del P. Roulleaux y el Hermano Marie-Nizier, tenía 25 m de largo por 10 m de ancho. Fue devorada por un incendio fortuito. Pero los ornamentos sagrados fueron salvados.
La magnífica iglesia Nuestra Señora de los Mártires, dedicada hoy a San Pedro Chanel, fue iniciada en 1885 según el plan de Monseñor Lamaze, y llevada a cabo por el Padre Quiblier y los isleños. Es de forma octogonal y de piedra tallada. Tiene 40 pies de diámetro y 60 de alto. Está rodeada por una veranda o galería que le sirve de contrafuerte y de abrigo para las multitudes que acuden y no caben en el interior. A la entrada de la iglesia está el lugar donde fuera enterrado el mártir: una estatua yacente lo representa. Enfrente, en su extremo, el lugar donde fuera asesinado, cubierto con una piedra que los habitantes de la isla veneran desgastándola con sus besos.

Una urna guarda la lanza y la cachiporra que hirieron al mártir, y otra conserva su sotana y un hueso del pie del santo. El cáliz, el misal, el alba y el mantel del altar que sirvieron para las misas de San Pedro Chanel sirven aún hoy para los mismos fines en las grandes ocasiones. Su presencia está viva, no sólo en esta minúscula isla perdida en el Pacífico, sino en toda Oceanía donde su primer mártir derramara la sangre para implantar en ella la fe de Cristo.

 
¡¡ Que el Señor conceda la Bienaventuranza a los que trabajaron por la PAZ y su sangre derramada con tanto amor sea semilla de nuevas y santas Vocaciones Maristas !!!....

 

Fuente : http://www.maristas.com.ar. Autor, Hermano José Diez Villacorta.

 

La nueva evangelización: renovación de la Iglesia

La Nueva Evangelización: Renovación de la Iglesia

Hoy contemplamos el amor misericordioso de Dios: compadeciendo nuestra debilidad, ha venido para "llamarnos" y "llevarnos" a su Amor. La Iglesia, abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión. Esta renovación forma parte de la "nueva evangelización". Ultimamente, la celebración del Jubileo del 2000, la convocatoria del "Año de la fe" constituyen una invitación a una auténtica conversión al Señor.

La fe debe plasmarse en obras de amor. La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó.

—Por la fe, la vida nueva del bautizado configura la entera existencia humana en la novedad radical de la resurrección. La fe que actúa por el amor se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia la vida del hombre.

 

La Nueva Evangelización no es "nueva": la Iglesia siempre es "misionera"

Hoy nos sentimos herederos del mandato misionero de Jesús. La nueva evangelización no es "nueva" (en el sentido de que no es una novedad para la Iglesia): hoy como ayer, Él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28,19). ¡La Iglesia siempre es misionera!

«Caritas Christi urget nos» (2Cor 5,14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos urge a evangelizar. Con su amor, Jesucristo atrae hacia sí a los hombres de cada generación: en todo tiempo, convoca a la Iglesia y le confía el anuncio del Evangelio, con un mandato que es siempre nuevo. Por eso, también hoy es necesario un compromiso eclesial más convencido en favor de una "nueva evangelización" para redescubrir la alegría de creer y volver a encontrar el entusiasmo de comunicar la fe.

—La fe crece cuando se vive como un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo.

 

La Nueva Evangelización: necesidad de redescubrir la fe

Hoy, sucede a menudo que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. Pero, en realidad, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado.

Necesitamos redescubrir el camino de la fe. No podemos dejar que la sal se vuelva sosa y la luz permanezca oculta (cf. Mt 5,13-16). Como la samaritana, también el hombre actual puede sentir de nuevo la necesidad de acercarse al pozo para escuchar a Jesús, que invita a creer en Él y a extraer el agua viva que mana de su fuente (cf. Jn 4,14). Debemos descubrir de nuevo el gusto de alimentarnos con la Palabra de Dios y el Pan de la vida, ofrecido como sustento a todos los que son sus discípulos (cf. Jn 6,51).

—Creer en Jesucristo es, por tanto, el camino para poder llegar de modo definitivo a la salvación.

 

La Nueva Evangelización: es necesario actualizar la "comprensión" de la fe

Hoy, Jesús nos llama a la "fidelidad renovada": aunque el contenido de la fe no cambia sustancialmente, debemos considerar los cambios de percepción cultural y las graves dificultades del tiempo con respecto a la profesión de la fe verdadera y su recta interpretación.

Los contenidos esenciales que desde siglos constituyen el patrimonio de todos los creyentes tienen necesidad de ser confirmados, comprendidos y profundizados de manera siempre nueva, con el fin de dar un testimonio coherente en condiciones históricas distintas a las del pasado. El magisterio de la Iglesia tiene la responsabilidad de intensificar la reflexión sobre la fe para ayudar a todos los creyentes en Cristo a que su adhesión al Evangelio sea más consciente y vigorosa en cada tiempo.

—En los tiempos más recientes la Iglesia ha cumplido esta misión con el Concilio Vaticano II ("brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza") y convocando dos veces el "Año de la Fe" (con Pablo VI y con Benedicto XVI), entre otras muchas iniciativas.

 

El acto de fe

Hoy, Jairo confía en Jesús más allá de lo que humanamente podía esperar. En él contemplamos el itinerario del acto de fe. Primero, comienza como don de Dios y acción de la gracia que transforma a la persona. El conocimiento de los misterios que se han de creer no es suficiente si después el corazón —auténtico sagrario de la persona— no está abierto por la gracia.

Segundo, la fe implica una tarea y un compromiso público (no es algo simplemente privado). La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con Él, y, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree.

—El conocimiento de la fe introduce en la totalidad del misterio salvífico revelado por Dios. No hay una "fe a la carta" (acepto sólo lo que me gusta); el asentimiento que se presta implica aceptar libremente todo el misterio de la fe. Si verdaderamente confío en Dios, entonces acepto todo lo que me viene de Él.

 

La fe sin obras es una fe "muerta"

Hoy la "Parábola del sembrador" es como una advertencia que no se ha de olvidar, y una invitación perenne a responder con frutos al amor con el que Él cuida de nosotros. La fe nos permite reconocer a Cristo en el prójimo, y Su mismo Amor nos impulsa a transformar la Palabra recibida en vida entregada.

La fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente, de modo que una permite a la otra seguir su camino. Con palabras fuertes —que siempre atañen a los cristianos—, el apóstol Santiago dice: «Si no se tienen obras, [la fe] está muerta por dentro (…). Muéstrame esa fe tuya sin las obras, y yo con mis obras te mostraré la fe» (St 2,17-18).

—Sostenidos por la fe, miramos con esperanza a nuestro compromiso en el mundo, aguardando unos cielos nuevos y una tierra nueva en los que habite la justicia.

 

La historia de nuestra fe

Hoy resulta aleccionador volver a recorrer la historia de nuestra fe, fijando la mirada en Jesucristo. En Él, muerto y resucitado por nuestra salvación, se iluminan plenamente los ejemplos de fe que han marcado los últimos dos mil años de nuestra historia de salvación.

Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio, saboreó los frutos de la resurrección de Jesús y, guardando todos los recuerdos en su corazón, los transmitió a los Doce. Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro y fueron por el mundo entero, siguiendo el mandato de llevar el Evangelio a toda criatura. Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles. Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio…

—Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida, han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor.

 

La Virgen María: Modelo del Cristiano en los documentos de la Iglesia

LA VIRGEN MARÍA EN LOS DOCUMENTOS DEL MAGISTERIO DE LA IGLESIA

LA VIRGEN MARÍA EN LA CONSTITUCIÓN DOGMÁTICA SOBRE LA IGLESIA:

LUMEN GENTIUM

60. Uno solo es nuestro Mediador según las palabra del Apóstol: «Porque uno es Dios, y uno también el Mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos» (1 Tm 2, 5-6). Sin embargo, la misión maternal de María para con los hombres no oscurece ni disminuye en modo alguno esta mediación única de Cristo, antes bien sirve para demostrar su poder. Pues todo el influjo salvífico de la Santísima Virgen sobre los hombres no dimana de una necesidad ineludible, sino del divino beneplácito y de la superabundancia de los méritos de Cristo; se apoya en la mediación de éste, depende totalmente de ella y de la misma saca todo su poder. Y, lejos de impedir la unión inmediata de los creyentes con Cristo, la fomenta.

61. La Santísima Virgen, predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, por disposición de la divina Providencia, fue en la tierra la Madre excelsa del divino Redentor, compañera singularmente generosa entre todas las demás criaturas y humilde esclava del Señor. Concibiendo a Cristo, engendrándolo, alimentándolo, presentándolo al Padre en el templo, padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad con el fin de restaurar la vida sobrenatural de las almas. Por eso es nuestra madre en el orden de la gracia.

62. Esta maternidad de María en la economía de gracia perdura sin cesar desde el momento del asentimiento que prestó fielmente en la Anunciación, y que mantuvo sin vacilar al pie de la cruz hasta la consumación perpetua de todos los elegidos. Pues, asunta a los cielos, no ha dejado esta misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna [186]. Con su amor materno se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada. Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora [187]. Lo cual, embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador [188].

Jamás podrá compararse criatura alguna con el Verbo encarnado y Redentor; pero así como el sacerdocio Cristo es participado tanto por los ministros sagrados cuanto por el pueblo fiel de formas diversas, y como la bondad de Dios se difunde de distintas maneras sobre las criaturas, así también la mediación única del Redentor no excluye, sino que suscita en las criaturas diversas clases de cooperación, participada de la única fuente.

La Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador.

63. La Virgen Santísima, por el don y la prerrogativa de la maternidad divina, que la une con el Hijo Redentor, y por sus gracias y dones singulares, está también íntimamente unida con la Iglesia. Como ya enseñó San Ambrosio, la Madre de Dios es tipo de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la unión perfecta con Cristo [189]. Pues en el misterio de la Iglesia, que con razón es llamada también madre y virgen, precedió la Santísima Virgen, presentándose de forma eminente y singular como modelo tanto de la virgen como de la madre [190]. Creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo, como una nueva Eva, que presta su fe exenta de toda duda, no a la antigua serpiente, sino al mensajero de Dios, dio a luz al Hijo, a quien Dios constituyó primogénito entre muchos hermanos (cf. Rm 8,29), esto es, los fieles, a cuya generación y educación coopera con amor materno.

64. La Iglesia, contemplando su profunda santidad e imitando su caridad y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, se hace también madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad, pues por la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por obra del Espíritu Santo y nacidos de Dios. Y es igualmente virgen, que guarda pura e íntegramente la fe prometida al Esposo, y a imitación de la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo, conserva virginalmente una fe íntegra, una esperanza sólida y una caridad sincera [191].

65. Mientas la Iglesia ha alcanzado en la Santísima Virgen la perfección, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga (cf. Ef 5, 27), los fieles luchan todavía por crecer en santidad, venciendo enteramente al pecado, y por eso levantan sus ojos a María, que resplandece como modelo de virtudes para toda la comunidad de los elegidos. La Iglesia, meditando piadosamente sobre ella y contemplándola a la luz del Verbo hecho hombre, llena de reverencia, entra más a fondo en el soberano misterio de la encarnación y se asemeja cada día más a su Esposo. Pues María, que por su íntima participación en la historia de la salvación reúne en sí y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe, cuando es anunciada y venerada, atrae a los creyentes a su Hijo, a su sacrificio y al amor del Padre. La Iglesia, a su vez, glorificando a Cristo, se hace más semejante a su excelso Modelo, progresando continuamente en la fe, en la esperanza y en la caridad y buscando y obedeciendo en todo la voluntad divina. Por eso también la Iglesia, en su labor apostólica, se fija con razón en aquella que engendró a Cristo, concebido del Espíritu Santo y nacido de la Virgen, para que también nazca y crezca por medio de la Iglesia en las almas de los fieles. La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres.

LA VIRGEN MODELO DE LA IGLESIA EN EL EJERCICIO DEL CULTO : EN LA MARIALIS CULTUS

16. Queremos ahora, siguiendo algunas indicaciones de la doctrina conciliar sobre María y la Iglesia, profundizar un aspecto particular de las relaciones entre María y la Liturgia, es decir: María como ejemplo de la actitud espiritual con que la Iglesia celebra y vive los divinos misterios. La ejemplaridad de la Santísima Virgen en este campo dimana del hecho que ella es reconocida como modelo extraordinario de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo (43) esto es, de aquella disposición interior con que la Iglesia, Esposa amadísima, estrechamente asociada a su Señor, lo invoca y por su medio rinde culto al Padre Eterno (44).

17. María es la "Virgen oyente", que acoge con fe la palabra de Dios: fe, que para ella fue premisa y camino hacia la Maternidad divina, porque, como intuyó S. Agustín: "la bienaventurada Virgen María concibió creyendo al (Jesús) que dio a luz creyendo" (45); en efecto, cuando recibió del Ángel la respuesta a su duda (cf. Lc 1,34-37) "Ella, llena de fe, y concibiendo a Cristo en su mente antes que en su seno", dijo: "he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1,38) (46); fe, que fue para ella causa de bienaventuranza y seguridad en el cumplimiento de la palabra del Señor" (Lc 1, 45): fe, con la que Ella, protagonista y testigo singular de la Encarnación, volvía sobre los acontecimientos de la infancia de Cristo, confrontándolos entre sí en lo hondo de su corazón (Cf. Lc 2, 19. 51). Esto mismo hace la Iglesia, la cual, sobre todo en la sagrada Liturgia, escucha con fe, acoge, proclama, venera la palabra de Dios, la distribuye a los fieles como pan de vida (47) y escudriña a su luz los signos de los tiempos, interpreta y vive los acontecimientos de la historia.

18. María es, asimismo, la "Virgen orante". Así aparece Ella en la visita a la Madre del Precursor, donde abre su espíritu en expresiones de glorificación a Dios, de humildad, de fe, de esperanza: tal es el "Magnificat"(cf. Lc 1, 46-55), la oración por excelencia de María, el canto de los tiempos mesiánicos, en el que confluyen la exultación del antiguo y del nuevo Israel, porque —como parece sugerir S. Ireneo— en el cántico de María fluyó el regocijo de Abrahán que presentía al Mesías (cf. Jn 8, 56) (48) y resonó, anticipada proféticamente, la voz de la Iglesia: "Saltando de gozo, María proclama proféticamente el nombre de la Iglesia: "Mi alma engrandece al Señor..." " (49). En efecto, el cántico de la Virgen, al difundirse, se ha convertido en oración de toda la Iglesia en todos los tiempos.

"Virgen orante" aparece María en Caná, donde, manifestando al Hijo con delicada súplica una necesidad temporal, obtiene además un efecto de la gracia: que Jesús, realizando el primero de sus "signos", confirme a sus discípulos en la fe en El (cf. Jn 2, 1-12).

También el último trazo biográfico de María nos la describe en oración: los Apóstoles "perseveraban unánimes en la oración, juntamente con las mujeres y con María, Madre de Jesús, y con sus hermanos"(Act 1, 14): presencia orante de María en la Iglesia naciente y en la Iglesia de todo tiempo, porque Ella, asunta al cielo, no ha abandonado su misión de intercesión y salvación (50). "Virgen orante" es también la Iglesia, que cada día presenta al Padre las necesidades de sus hijos, "alaba incesantemente al Señor e intercede por la salvación del mundo" (51).

19. María es también la "Virgen-Madre", es decir, aquella que "por su fe y obediencia engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, sin contacto con hombre, sino cubierta por la sombra del Espíritu Santo" (52): prodigiosa maternidad constituida por Dios como "tipo" y "ejemplar" de la fecundidad de la Virgen-Iglesia, la cual "se convierte ella misma en Madre, porque con la predicación y el bautismo engendra a una vida nueva e inmortal a los hijos, concebidos por obra del Espíritu Santo, y nacidos de Dios" (53). Justamente los antiguos Padres enseñaron que la Iglesia prolonga en el sacramento del Bautismo la Maternidad virginal de María. Entre sus testimonios nos complacemos en recordar el de nuestro eximio Predecesor San León Magno, quien en una homilía natalicia afirma: "El origen que (Cristo) tomó en el seno de la Virgen, lo ha puesto en la fuente bautismal: ha dado al agua lo que dio a la Madre; en efecto, la virtud del Altísimo y la sombra del Espíritu Santo (cf. Lc 1, 35), que hizo que María diese a luz al Salvador, hace también que el agua regenere al creyente" (54). Queriendo beber (cf. Lev 12,6-8), un misterio de salvación relativo en las fuentes litúrgicas, podríamos citar la Illatio de la liturgia hispánica: "Ella (María) llevó la Vida en su seno, ésta (la Iglesia) en el bautismo. En los miembros de aquélla se plasmó Cristo, en las aguas bautismales el regenerado se reviste de Cristo" (55).

20. Finalmente, María es la "Virgen oferente". En el episodio de la Presentación de Jesús en el Templo (cf. Lc 2, 22-35), la Iglesia, guiada por el Espíritu, ha vislumbrado, más allá del cumplimiento de las leyes relativas a la oblación del primogénito (cf. Ex 13, 11-16) y de la purificación de la madre (cf. Lev 12, 6-8), un misterio de salvación relativo a la historia salvífica: esto es, ha notado la continuidad de la oferta fundamental que el Verbo encarnado hizo al Padre al entrar en el mundo (cf. Heb 10, 5-7); ha visto proclamado la universalidad de la salvación, porque Simeón, saludando en el Niño la luz que ilumina las gentes y la gloria de Israel (cf. Lc 2, 32), reconocía en El al Mesías, al Salvador de todos; ha comprendido la referencia profética a la pasión de Cristo: que las palabras de Simeón, las cuales unían en un solo vaticinio al Hijo, "signo de contradicción", (Lc 2, 34), y a la Madre, a quien la espada habría de traspasar el alma (cf. Lc 2, 35), se cumplieron sobre el calvario. Misterio de salvación, pues, que el episodio de la Presentación en el Templo orienta en sus varios aspectos hacia el acontecimiento salvífico de la cruz. Pero la misma Iglesia, sobre todo a partir de los siglos de la Edad Media, ha percibido en el corazón de la Virgen que lleva al Niño a Jerusalén para presentarlo al Señor (cf. Lc 2, 22), una voluntad de oblación que trascendía el significado ordinario del rito. De dicha intuición encontramos un testimonio en el afectuoso apóstrofe de S. Bernardo: "Ofrece tu Hijo, Virgen sagrada, y presenta al Señor el fruto bendito de tu vientre. Ofrece por la reconciliación de todos nosotros la víctima santa, agradable a Dios" (56).

Esta unión de la Madre con el Hijo en la obra de la redención (57) alcanza su culminación en el calvario, donde Cristo "a si mismo se ofreció inmaculado a Dios" (Heb 9, 14) y donde María estuvo junto a la cruz (cf. Jn 19, 15) "sufriendo profundamente con su Unigénito y asociándose con ánimo materno a su sacrificio, adhiriéndose con ánimo materno a su sacrificio, adhiriéndose amorosamente a la inmolación de la Víctima por Ella engendrada" (58) y ofreciéndola Ella misma al Padre Eterno (59). Para perpetuar en los siglos el Sacrificio de la Cruz, el Salvador instituyó el Sacrificio Eucarístico, memorial de su muerte y resurrección, y lo confió a la Iglesia su Esposa (60), la cual, sobre todo el domingo, convoca a los fieles para celebrar la Pascua del Señor hasta que El venga (61): lo que cumple la Iglesia en comunión con los Santos del cielo y, en primer lugar, con la bienaventurada Virgen (62), de la que imita la caridad ardiente y la fe inquebrantable.

21. Ejemplo para toda la Iglesia en el ejercicio del culto divino, María es también, evidentemente, maestra de vida espiritual para cada uno de los cristianos. Bien pronto los fieles comenzaron a fijarse en María para, como Ella, hacer de la propia vida un culto a Dios, y de su culto un compromiso de vida. Ya en el siglo IV, S. Ambrosio, hablando a los fieles, hacía votos para que en cada uno de ellos estuviese el alma de María para glorificar a Dios: "Que el alma de María está en cada uno para alabar al Señor; que su espíritu está en cada uno para que se alegre en Dios" (63). Pero María es, sobre todo, modelo de aquel culto que consiste en hacer de la propia vida una ofrenda a Dios: doctrina antigua, perenne, que cada uno puede volver a escuchar poniendo atención en la enseñanza de la Iglesia, pero también con el oído atento a la voz de la Virgen cuando Ella, anticipando en sí misma la estupenda petición de la oración dominical "Hágase tu voluntad" (Mt 6, 10), respondió al mensajero de Dios: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra" (Lc 1, 38). Y el "sí" de María es para todos los cristianos una lección y un ejemplo para convertir la obediencia a la voluntad del Padre, en camino y en medio de santificación propia.

22. Por otra parte, es importante observar cómo traduce la Iglesia las múltiples relaciones que la unen a María en distintas y eficaces actitudes cultuales: en veneración profunda, cuando reflexiona sobre la singular dignidad de la Virgen, convertida, por obra del Espíritu Santo, en Madre del Verbo Encarnado; en amor ardiente, cuando considera la Maternidad espiritual de María para con todos los miembros del Cuerpo místico; en confiada invocación, cuando experimenta la intercesión de su Abogada y Auxiliadora (64); en servicio de amor, cuando descubre en la humilde sierva del Señor a la Reina de misericordia y a la Madre de la gracia; en operosa imitación, cuando contempla la santidad y las virtudes de la "llena de gracia" (Lc 1, 28); en conmovido estupor, cuando contempla en Ella, "como en una imagen purísima, todo lo que ella desea y espera ser" (65); en atento estudio, cuando reconoce en la Cooperadora del Redentor, ya plenamente partícipe de los frutos del Misterio Pascual, el cumplimiento profético de su mismo futuro, hasta el día en que, purificada de toda arruga y toda mancha (cf. Ef 5, 27), se convertirá en una esposa ataviada para el Esposo Jesucristo (cf. Ap 21, 2).

23. Considerando, pues, venerable hermanos, la veneración que la tradición litúrgica de la Iglesia universal y el renovado Rito romano manifiestan hacia la santa Madre de Dios; recordando que la Liturgia, por su preeminente valor cultual, constituye una norma de oro para la piedad cristiana; observando, finalmente, cómo la Iglesia, cuando celebra los sagrados misterios, adopta una actitud de fe y de amor semejantes a los de la Virgen, comprendemos cuán justa es la exhortación del Concilio Vaticano II a todos los hijos de la Iglesia "para que promuevan generosamente el culto, especialmente litúrgico, a la bienaventurada Virgen" (66); exhortación que desearíamos ver acogida sin reservas en todas partes y puesta en práctica celosamente. 

 MARÍA EN LA VIDA DE LA IGLESIA Y DE CADA CRISTIANO :

EN LA REDEMPTORIS MATER

 42. El Concilio Vaticano II, siguiendo la Tradición, ha dado nueva luz sobre el papel de la Madre de Cristo en la vida de la Iglesia. « La Bienaventurada Virgen, por el don ... de la maternidad divina, con la que está unida al Hijo Redentor, y por sus singulares gracias y dones, está unida también íntimamente a la Iglesia. LaMadre de Dios es tipo de la Iglesia, a saber: en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo ».117 Ya hemos visto anteriormente como María permanece, desde el comienzo, con los apóstoles a la espera de Pentecostés y como, siendo « feliz la que ha creído », a través de las generaciones está presente en medio de la Iglesia peregrina mediante la fe y como modelo de la esperanza que no desengaña (cf. Rom 5, 5).

María creyó que se cumpliría lo que le había dicho el Señor. Como Virgen, creyó que concebiría y daría a luz un hijo: el « Santo », al cual corresponde el nombre de « Hijo de Dios », el nombre de « Jesús » (Dios que salva). Como esclava del Señor, permaneció perfectamente fiel a la persona y a la misión de este Hijo. Como madre, « creyendo y obedeciendo, engendró en la tierra al mismo Hijo del Padre, y esto sin conocer varón, cubierta con la sombra del Espíritu Santo ».118

Por estos motivos María « con razón es honrada con especial culto por la Iglesia; ya desde los tiempos más antiguos ... es honrada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles en todos sus peligros y necesidades acuden con sus súplicas ».119 Este culto es del todo particular: contiene en sí y expresa aquel profundo vínculo existente entre la Madre de Cristo y la Iglesía.120Como virgen y madre, María es para la Iglesia un « modelo perenne ». Se puede decir, pues, que, sobre todo según este aspecto, es decir como modelo o, más bien como « figura », María, presente en el misterio de Cristo, está también constantemente presente en el misterio de la Iglesia. En efecto, también la Iglesia « es llamada madre y virgen », y estos nombres tienen una profunda justificación bíblica y teológica.121

 

43. La Iglesia « se hace también madre mediante la palabra de Dios aceptada con fidelidad ».122 Igual que María creyó la primera, acogiendo la palabra de Dios que le fue revelada en la anunciación, y permaneciendo fiel a ella en todas sus pruebas hasta la Cruz, así la Iglesia llega a ser Madre cuando, acogiendo con fidelidad la palabra de Dios, « por la predicación y el bautismo engendra para la vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios ».123 Esta característica « materna » de la Iglesia ha sido expresada de modo particularmente vigoroso por el Apóstol de las gentes, cuando escribía: « ¡Hijos míos, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros! » (Gál 4, 19). En estas palabras de san Pablo está contenido un indicio interesante de la conciencia materna de la Iglesia primitiva, unida al servicio apostólico entre los hombres. Esta conciencia permitía y permite constantemente a la Iglesia ver el misterio de su vida y de su misión a ejemplo de la misma Madre del Hijo, que es el « primogénito entre muchos hermanos » (Rom 8, 29).

Se puede afirmar que la Iglesia aprende también de María la propia maternidad; reconoce la dimensión materna de su vocación, unida esencialmente a su naturaleza sacramental, « contemplando su arcana santidad e imitando su caridad, y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre ».124 Si la Iglesia es signo e instrumento de la unión íntima con Dios, lo es por su maternidad, porque, vivificada por el Espíritu, « engendra » hijos e hijas de la familia humana a una vida nueva en Cristo. Porque, al igual que María está al servicio del misterio de la encarnación, así la Iglesia permanece al servicio del misterio de la adopción como hijos por medio de la gracia.

Al mismo tiempo, a ejemplo de María, la Iglesia es la virgen fiel al propio esposo: « también ella es virgen que custodia pura e íntegramente la fe prometida al Esposo ».125 La Iglesia es, pues, la esposa de Cristo, como resulta de las cartas paulinas (cf. Ef5, 21-33; 2Co 11, 2) y de la expresión joánica « la esposa del Cordero » (Ap21, 9). Si la Iglesia como esposa custodia « la fe prometida a Cristo », esta fidelidad, a pesar de que en la enseñanza del Apóstol se haya convertido en imagen del matrimonio (cf. Ef5, 23-33), posee también el valor tipo de la total donación a Dios en el celibato « por el Reino de los cielos », es decir de la virginidad consagrada a Dios (cf. Mt 19, 11-12; 2Cor11, 2). Precisamente esta virginidad, siguiendo el ejemplo de la Virgen de Nazaret, es fuente de una especial fecundidad espiritual: es fuente de la maternidad en el Espíritu Santo.

Pero la Iglesia custodia también la fe recibida de Cristo; a ejemplo de María, que guardaba y meditaba en su corazón (cf. Lc2, 19. 51) todo lo relacionado con su Hijo divino, está dedicada a custodiar la Palabra de Dios, a indagar sus riquezas con discernimiento y prudencia con el fin de dar en cada época un testimonio fiel a todos los hombres.126

 

44. Ante esta ejemplaridad, la Iglesia se encuentra con María e intenta asemejarse a ella: « Imitando a la Madre de su Señor, por la virtud del Espíritu Santo conserva virginalmente la fe íntegra, la sólida esperanza, la sincera caridad ».127 Por consiguiente, María está presente en el misterio de la Iglesia como modelo. Pero el misterio de la Iglesia consiste también en el hecho de engendrar a los hombres a una vida nueva e inmortal: es su maternidad en el Espíritu Santo. Y aquí María no sólo es modelo y figura de la Iglesia, sino mucho más. Pues, « con materno amor coopera a la generación y educación »de los hijos e hijas de la madre Iglesia. La maternidad de la Iglesia se lleva a cabo no sólo según el modelo y la figura de la Madre de Dios, sino también con su « cooperación ». La Iglesia recibe copiosamente de esta cooperación, es decir de la mediación materna, que es característica de María, ya que en la tierra ella cooperó a la generación y educación de los hijos e hijas de la Iglesia, como Madre de aquel Hijo « a quien Dios constituyó como hermanos ».128

En ello cooperó —como enseña el Concilio Vaticano II— con materno amor.129 Se descubre aquí el valor real de las palabras dichas por Jesús a su madre cuando estaba en la Cruz: « Mujer, ahí tienes a tu hijo » y al discípulo: « Ahí tienes a tu madre » (Jn 19, 26-27). Son palabras que determinan el lugar de María en la vida de los discípulos de Cristo y expresan —como he dicho ya— su nueva maternidad como Madre del Redentor: la maternidad espiritual, nacida de lo profundo del misterio pascual del Redentor del mundo. Es una maternidad en el orden de la gracia, porque implora el don del Espíritu Santo que suscita los nuevos hijos de Dios, redimidos mediante el sacrificio de Cristo: aquel Espíritu que, junto con la Iglesia, María ha recibido también el día de Pentecostés.

Esta maternidad suya ha sido comprendida y vivida particularmente por el pueblo cristiano en el sagrado Banquete —celebración litúrgica del misterio de la Redención—, en el cual Cristo, su verdadero cuerpo nacido de María Virgen, se hace presente.

Con razón la piedad del pueblo cristiano ha visto siempre un profundo vínculo entre la devoción a la Santísima Virgen y el culto a la Eucaristía; es un hecho de relieve en la liturgia tanto occidental como oriental, en la tradición de las Familias religiosas, en la espiritualidad de los movimientos contemporáneos incluso los juveniles, en la pastoral de los Santuarios marianos María guía a los fieles a la Eucaristía.

 

45. Es esencial a la maternidad la referencia a la persona. La maternidad determina siempre una relación única e irrepetible entre dos personas: la de la madre con el hijo y la del hijo con la Madre. Aun cuando una misma mujer sea madre de muchos hijos, su relación personal con cada uno de ellos caracteriza la maternidad en su misma esencia. En efecto, cada hijo es engendrado de un modo único e irrepetible, y esto vale tanto para la madre como para el hijo. Cada hijo es rodeado del mismo modo por aquel amor materno, sobre el que se basa su formación y maduración en la humanidad.

Se puede afirmar que la maternidad « en el orden de la gracia » mantiene la analogía con cuanto a en el orden de la naturaleza » caracteriza la unión de la madre con el hijo. En esta luz se hace más comprensible el hecho de que, en el testamento de Cristo en el Gólgota, la nueva maternidad de su madre haya sido expresada en singular, refiriéndose a un hombre: « Ahí tienes a tu hijo ».

Se puede decir además que en estas mismas palabras está indicado plenamente el motivo de la dimensión mariana de la vida de los discípulos de Cristo; no sólo de Juan, que en aquel instante se encontraba a los pies de la Cruz en compañía de la Madre de su Maestro, sino de todo discípulo de Cristo, de todo cristiano. El Redentor confía su madre al discípulo y, al mismo tiempo, se la da como madre. La maternidad de María, que se convierte en herencia del hombre, es un don: un don que Cristo mismo hace personalmente a cada hombre. El Redentor confía María a Juan, en la medida en que confía Juan a María. A los pies de la Cruz comienza aquella especial entrega del hombre a la Madre de Cristo, que en la historia de la Iglesia se ha ejercido y expresado posteriormente de modos diversos. Cuando el mismo apóstol y evangelista, después de haber recogido las palabras dichas por Jesús en la Cruz a su Madre y a él mismo, añade: « Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa » (Jn19,27). Esta afirmación quiere decir con certeza que al discípulo se atribuye el papel de hijo y que él cuidó de la Madre del Maestro amado. Y ya que María fue dada como madre personalmente a él, la afirmación indica, aunque sea indirectamente, lo que expresa la relación íntima de un hijo con la madre. Y todo esto se encierra en la palabra « entrega ». La entrega es la respuesta al amor de una persona y, en concreto, al amor de la madre.

La dimensión mariana de la vida de un discípulo de Cristo se manifiesta de modo especial precisamente mediante esta entrega filial respecto a la Madre de Dios, iniciada con el testamento del Redentor en el Gólgota. Entregándose filialmente a María, el cristiano, como el apóstol Juan, « acoge entre sus cosas propias » 130 a la Madre de Cristo y la introduce en todo el espacio de su vida interior, es decir, en su « yo » humano y cristiano: « La acogió en su casa » Así el cristiano, trata de entrar en el radio de acción de aquella « caridad materna », con la que la Madre del Redentor « cuida de los hermanos de su Hijo »,131 « a cuya generación y educación coopera » 132 según la medida del don, propia de cada uno por la virtud del Espíritu de Cristo. Así se manifiesta también aquella maternidad según el espíritu, que ha llegado a ser la función de María a los pies de la Cruz y en el cenáculo.

 

46. Esta relación filial, esta entrega de un hijo a la Madre no sólo tiene su comienzo en Cristo, sino que se puede decir que definitivamente se orienta hacia él. Se puede afirmar que María sigue repitiendo a todos las mismas palabras que dijo en Caná de Galilea: « Haced lo que él os diga ». En efecto es él, Cristo, el único mediador entre Dios y los hombres; es él « el Camino, la Verdad y la Vida » (Jn 4, 6); es él a quien el Padre ha dado al mundo, para que el hombre « no perezca, sino que tenga vida eterna » (Jn 3, 16). La Virgen de Nazaret se ha convertido en la primera « testigo » de este amor salvífico del Padre y desea permanecer también su humilde esclava siempre y por todas partes. Para todo cristiano y todo hombre, María es la primera que « ha creído », y precisamente con esta fe suya de esposa y de madre quiere actuar sobre todos los que se entregan a ella como hijos. Y es sabido que cuanto más estos hijos perseveran en esta actitud y avanzan en la misma, tanto más María les acerca a la « inescrutable riqueza de Cristo » (Ef 3, 8). E igualmente ellos reconocen cada vez mejor la dignidad del hombre en toda su plenitud, y el sentido definitivo de su vocación, porque « Cristo ... manifiesta plenamente el hombre al propio hombre ».133

Esta dimensión mariana en la vida cristiana adquiere un acento peculiar respecto a la mujer y a su condición. En efecto, la feminidad tiene una relación singular con la Madre del Redentor, tema que podrá profundizarse en otro lugar. Aquí sólo deseo poner de relieve que la figura de María de Nazaret proyecta luz sobre la mujer en cuanto tal por el mismo hecho de que Dios, en el sublime acontecimiento de la encarnación del Hijo, se ha entregado al ministerio libre y activo de una mujer. Por lo tanto, se puede afirmar que la mujer, al mirar a María, encuentra en ella el secreto para vivir dignamente su feminidad y para llevar a cabo su verdadera promoción. A la luz de María, la Iglesia lee en el rostro de la mujer los reflejos de una belleza, que es espejo de los más altos sentimientos, de que es capaz el corazón humano: la oblación total del amor, la fuerza que sabe resistir a los más grandes dolores, la fidelidad sin límites, la laboriosidad infatigable y la capacidad de conjugar la intuición penetrante con la palabra de apoyo y de estímulo.

 

47. Durante el Concilio Pablo VI proclamó solemnemente que María es Madre de la Iglesia, es decir, Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores ».134 Más tarde, el año 1968 en la Profesión de fe, conocida bajo el nombre de « Credo del pueblo de Dios », ratificó esta afirmación de forma aún más comprometida con las palabras « Creemos que la Santísima Madre de Dios, nueva Eva, Madre de la Iglesia continúa en el cielo su misión maternal para con los miembros de Cristo, cooperando al nacimiento y al desarrollo de la vida divina en las almas de los redimidos ».135

El magisterio del Concilio ha subrayado que la verdad sobre la Santísima Virgen, Madre de Cristo, constituye un medio eficaz para la profundización de la verdad sobre la Iglesia. El mismo Pablo VI, tomando la palabra en relación con la Constitución Lumen gentium, recién aprobada por el Concilio, dijo: « El conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre María será siempre la clave para la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia ».136 María está presente en la Iglesia como Madre de Cristo y, a la vez, como aquella Madre que Cristo, en el misterio de la redención, ha dado al hombre en la persona del apóstol Juan. Por consiguiente, María acoge, con su nueva maternidad en el Espíritu, a todos y a cada uno en la Iglesia, acoge también a todos y a cada uno por medio de la Iglesia. En este sentido María, Madre de la Iglesia, es también su modelo. En efecto, la Iglesia —como desea y pide Pablo VI— « encuentra en ella (María) la más auténtica forma de la perfecta imitación de Cristo ».137

Merced a este vínculo especial, que une a la Madre de Cristo con la Iglesia, se aclara mejor el misterio de aquella « mujer » que, desde los primeros capítulos del Libro del Génesis hasta el Apocalipsis, acompaña la revelación del designio salvífico de Dios respecto a la humanidad. Pues María, presente en la Iglesia como Madre del Redentor, participa maternalmente en aquella « dura batalla contra el poder de las tinieblas » 138 que se desarrolla a lo largo de toda la historia humana. Y por esta identificación suya eclesial con la « mujer vestida de sol » (Ap 12, 1),139 se puede afirmar que « la Iglesia en la Beatísima Virgen ya llegó a la perfección, por la que se presenta sin mancha ni arruga »; por esto, los cristianos, alzando con fe los ojos hacia María a lo largo de su peregrinación terrena, « aún se esfuerzan en crecer en la santidad ».140 María, la excelsa hija de Sión, ayuda a todos los hijos —donde y como quiera que vivan— a encontrar en Cristo el camino hacia la casa del Padre.

Por consiguiente, la Iglesia, a lo largo de toda su vida, mantiene con la Madre de Dios un vínculo que comprende, en el misterio salvífico, el pasado, el presente y el futuro, y la venera como madre espiritual de la humanidad y abogada de gracia.

 

 

LA NATURALEZA DE CRISTO: UNIÓN HIPOSTÁTICA

LA NATURALEZA DE CRISTO: UNIÓN HIPOSTÁTICA

Nosotros confesamos... que Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo unigénito de Dios, es perfectamente Dios y perfectamente hombre; que nació del Padre desde toda la eternidad según la divinidad; que en los últimos tiempos... nació, según la humanidad, de la Virgen María, para nuestra salvación; que es consustancial al Padre según la divinidad, consustancial a nosotros según la humanidad. Se ha producido una unión de las naturalezas, y por esto nosotros confesamos un solo Cristo, un solo Hijo, un solo Señor. A causa de esta unión sin mezcla (nosotros confesamos que la santa Virgen es Madre de Dios, porque Dios, el Verbo, se hizo carne y hombre, y desde la concepción se unió al templo que tomó de su seno. SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA

Esta doctrina fue dogmáticamente confirmada por las declaraciones de los Concilios de Efeso (431) y de Calcedonia (541). En lo que respecta a la unión hipostática, es decir, respecto de la unión de las dos naturalezas en Jesucristo, se definió que en Jesucristo, a pesar de las dos naturalezas (físis), la naturaleza divina y la naturaleza humana, no hay más que una persona o hipóstasis (hypóstasis), la de la segunda Persona de la Santísima Trinidad. Esta última asume en la unidad de su divina hipóstasis la naturaleza humana tomada de la Virgen María por la operación del Espíritu Santo. Al definir este dogma, los

La unión hipostática, es decir, la unión sustancial de la naturaleza humana con la Persona del Verbo, es el don pleno y exhaustivo de Dios, la más grande de todas las gracias que pueden ser concedidas a una criatura. Ella representa la participación más perfecta de la divinidad.

Es un término que designa la unión de las dos naturalezas, divina y humana, en la persona de Jesús. Cristo es Dios en la carne (Juan 1,1.14; Col. 2,9; Juan 8, 58; 10,30-34; Heb. 1,8). Él es plenamente Dios y plenamente hombre (Col. 2,9); así, tiene dos naturalezas, la de Dios y la humana. Decididamente, no es "mitad Dios, mitad hombre". Nunca perdió su divinidad, ni hubiese podido hacerlo.

Continuó existiendo como Dios cuando se encarnó y agregó la naturaleza humana a Su eterna naturaleza divina (Fil. 2,5-11). Consecuentemente, en Jesucristo está la "unión, en una sola persona, de una plena naturaleza humana y una plena naturaleza divina".

 

  • Es adorado (Mt. 2,2.11; 14,33).
  • Se le ora (Hch 7,59).
  • No tuvo pecado (1 Pe. 2,22; Heb. 4,15).
  • Es omnisciente (sabio) (Jn 21,17).
  • Da vida eterna (Jn 10,28).
  • En El habita la plenitud de Dios (Col.2,9)

 

  • Adoró al Padre (Jn 17).
  • Oró al Padre (Jn 17,1).
  • Fue tentado a pecar (Mt. 4,1).
  • Creció en sabiduría (Lc. 2,52).
  • Pudo morir (Rom. 5:8).
  • Tiene un cuerpo de carne y hueso (Lc 24,39).

 

 

3. LA UNIÓN HIPOSTÁTICA

Al principio del siglo quinto, tras las controversias precedentes, estaba clara la necesidad

de sostener firmemente la integridad de las dos naturalezas humana y divina en la Persona

A esta unión de la naturaleza humana con la naturaleza divina en la Persona del Hijo se llama unión hipostática. La Iglesia aclaró esta verdad de fe durante los primeros siglos frente a las herejías y errores que la falseaban, como:

  • el “docetismo” que negaba que la Humanidad de Cristo fuera verdadera (decían que era aparente); esto fue rechazado por los Apóstoles (cfr. I Ioann 4,2-3; Catecismo, 465);
  • el “arrianismo” (herejía de Arrio), que es un error sobre la Divinidad de Cristo; decía que el Hijo de Dios “era de una substancia distinta de la del Padre”. El Concilio de Nicea (a. 325) enseñó que el hijo es “de la misma substancia (homousios) que el Padre” (Catecismo, 465);
  • el “nestorianismo” (de Nestorio), que decía que en Cristo había dos personas, una divina y otra humana. El Concilio de Efeso (a. 431) enseñó que en Cristo hay una sola Persona, la divina, que ha asumido una naturaleza humana. Este Concilio proclamó que María es “Madre de Dios” (Theotokos) (cfr. Catecismo, 466);
  • el “monofisismo” (“una-naturaleza”: error de Eutiques), que decía que en Cristo hay una sola naturaleza. El Concilio de Calcedonia (a. 451) condenó esta herejía enseñando que en Cristo hay dos naturalezas, la divina y la humana, “sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación” (DS 302; cfr. Catecismo, 467);

Para salir al paso de otros errores, el quinto Concilio Ecuménico (Constantinopla, a. 553), confesó: “No hay más que una sola hipóstasis [o persona], que es nuestro Señor Jesucristo, uno de la Trinidad” (DS 424).

“Por tanto, todo en la humanidad de Jesucristo debe ser atribuido a su persona divina como a su propio sujeto (cfr. DS 255), no solamente los milagros sino también los sufrimientos (cfr. DS 424) y la misma muerte: «El que ha sido crucificado en la carne, nuestro Señor Jesucristo, es verdadero Dios, Señor de la gloria y uno de la Santísima Trinidad» (DS 432)” (Catecismo, 468).

En estas enseñanzas el Magisterio de la Iglesia utiliza las nociones de “persona”, “naturaleza”, “substancia”, etc. Estos términos están tomados del lenguaje común y se utilizan con un sentido que supera los esquemas filosóficos griegos de la antigüedad. Por eso, si estos términos se entienden mal, se entenderá mal también la enseñanza de la Iglesia.

 

IGLESIA CATÓLICA Y DIÁLOGO ECUMÉNICO E INTERRELIGOSO

IGLESIA CATÓLICA Y DIÁLOGO ECUMÉNICO E INTERRELIGOSO

El término ecuménico del griego "oikoumene" ("el mundo habitado") comenzó a emplearse en los concilios ecuménicos de la Iglesia, el primero tuvo lugar en Nicea en el año 325, porque los asistentes representaban a todas las confesiones conocidas. Aunque el ecumenismo moderno, que promueve la unidad de los cristianos, se inició a comienzos del siglo XX, la Iglesia Católica permaneció inflexible en su rechazo a este movimiento, al entender que la unidad de la Iglesia sólo podía conseguirse con el regreso de lo que consideraba "sectas cismáticas" a la única "Iglesia verdadera". El Concilio Vaticano II, que convocó Juan XXIII, supuso una renovación doctrinal. La unión con otras confesiones fue uno de los puntos más debatidos y en su decreto sobre ecumenismo "Unitatis Redintegratio" promulgado en 1964 se hablaba ya no de confesiones "cismáticas", sino de "hermanos separados". Pablo VI impulsó esa idea ecuménica del concilio, que plasmó en gestos como el encuentro en Jerusalén con el patriarca ortodoxo Atenágoras I en 1964 o la visita del arzobispo de Canterbury, cabeza de la iglesia anglicana, al Papa en 1967. Juan Pablo II continuó con esa idea de ecumenismo iniciada por sus predecesores y lo convirtió en uno de sus principales empeños
pastorales durante sus más de 26 años de Pontificado.

En su primera y programática encíclica de 1979 "Redemptor hominis" dedicaba ya un extenso apartado a tratar el tema de la unión de los cristianos, primer paso hacia la encíclica "Ut unum sin" (que todos sean uno) de 1995 primera de un Pontífice dedicada al ecumenismo. Además su idea de búsqueda del entendimiento en las distintas interpretaciones de la fe la acompañó con múltiples gestos. Fue el primer pontífice que habló en una asamblea islámica (Casablanca, Maruecos, 1985); entró en una sinagoga en Roma en 1986, en la mezquita de los Omeyas, en Damasco, Siria 2001; convocó en Asís (Italia) a los líderes de todas las religiones del mundo en jornadas de oración y abrió la Puerta Santa de la Basílica de San Pablo Extramuros junto a un metropolitano ortodoxo (Athanasios) y un protestante (George Carey).

Benedicto XVI, siguiendo los pasos de su predecesor, visitó en los primeros meses de su pontificado, la Sinagoga de Colonia (Alemania), el primer pontífice alemán que pisa una sinagoga en Alemania, el país donde el régimen nazi ejecutó a millones de judíos.

RELIGIONES CRISTIANAS (DIÁLOGO ECUMÉNICO) IGLESIAS ORTODOXAS

Las iglesias de Oriente y Occidente se separaron tras el cisma religioso de 1054, con las excomuniones del Papa León IX y del patriarca Miguel Cerulario. Estas iglesias no estaban de acuerdo en cuestiones dogmáticas como el Filioque, (el Espíritu Santo no sólo procede del Padre, sino también del Hijo), el primado papal de jurisdicción universal y también había diferencias en cuestiones canónicas como el celibato de los sacerdotes.

Tras siglos de distanciamiento, el primer encuentro entre ortodoxos y católicos tuvo lugar durante el Pontificado de Juan XXIII (1958-1963).

En 1964, un día antes de la clausura del Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI y el Patriarca Anetágoras levantaron la excomunión que pesaba sobre ambas iglesias.

No obstante, el Patriarcado de Moscú es con el que el Vaticano encuentra más dificultades para entenderse.

Rusia fue evangelizada por misioneros procedentes de Constantinopla y en el siglo X el príncipe Vladimiro impuso el cristianismo, quedando el Obispo Metropolitano de Kiev ligado al Patriarca Ecuménico de Constantinopla.

En el siglo XV el Metropolitano de Kiev se desliga de la obediencia del Patriarca Ecuménico y se constituye en Iglesia autocéfala. El Patriarca de Constantinopla por su parte se niega a reconocer al Patriarca de Moscú, el obispo Jonás Riasau, elegido en el Concilio Ortodoxo de 1448. Los primeros contactos tuvieron lugar durante el Pontificado de Juan XXIII, que por su mediación logró la asistencia de una delegación del Patriarcado al Concilio Vaticano II

Tras el concilio, se constituyó una comisión mixta, que aunque se ha reunido regularmente, no se han logrado muchos acuerdos, ya que la Iglesia Ortodoxa Rusa acusa a la Iglesia Católica de proselitismo. Pese a la invitación realizada por el último presidente de la extinta Unión Soviética, Mijail Gorbachov, a Juan Pablo II en 1989 para que viajara a Rusia, Alexis II ha vetado todo intento de viaje a Moscú. No obstante, siguen los contactos.

La iglesia grecocatólica de rito bizantino tuvo su origen en la Unión de Brest, en 1596, cuando un numeroso grupo de obispos de Ucrania, Bielorrusia y Rumanía, decidieron desligarse del Patriarcado de Moscú para volver a la obediencia del Papa de Roma. En 1946 la iglesia grecocatólica fue suprimida por Stalin y sus bienes entregados a la Iglesia ortodoxa de Moscú hasta que en 1990 Mijail Gorbachov promulgó la Ley de Libertad Religiosa y volvió a adquirir la personalidad jurídica que suprimió Stalin. Los gregocatólicos reclamaron sus templos y fue entonces cuando surgió el conflicto con el Patriarcado de Moscú.

En 1999 se creó una comisión cuatripartita formada por ortodoxos, grecocatólicos, patriarcado y Vaticano para tratar de resolver una situación difícil en la que se ha avanzado poco.

IGLESIAS ORIENTALES

Las iglesias que más tiempo llevan separadas de Roma son las de Oriente, donde en el siglo V se produjeron las primeras escisiones por la impugnación de fórmulas dogmáticas derivadas de los Concilios de Éfeso (431) y Calcedonia (451).

Se denominan Antiguas Iglesias Orientales y no son muy numerosos, sin embargo, la discrepancia más importante y común a todas ellas es la función que corresponde al Obispo de Roma en la Iglesia.

Los arrianos y los macedonios fueron los primeros que se separaron de la fe católica, pero su existencia no se prolongó hasta más allá del siglo  VII. Negaban la divinidad de Cristo (Nicea, 325) y del Espíritu Santo (Constantinopla, 381).

Los nestorianos y monofisitas atribuían a Cristo doble persona y una sola naturaleza. Ambos han llegado hasta nuestros días.

Las llamadas Antiguas Iglesias Orientales, a diferencia de las ortodoxas de tradición bizantina, forman dos grupos en la actualidad. Por un lado, la Iglesia Asiria de Oriente, también llamada nestoriana por apoyarse en los errores del arzobispo de Constantinopla Nestorio y cuyo origen se encuentra en el Concilio de Éfeso y por otro, un conjunto de iglesias llamadas monofisitas compuestas por: la Iglesia Armenia apostólica, la Iglesia Copta Ortodoxa, la Iglesia Etíope Ortodoxa y la Iglesia Siria Ortodoxa, de la que surgió en siglos posteriores y por efecto de las
misiones, la Iglesia Siria Ortodoxa de Oriente.

A todas se las denomina no calcedonias porque no aceptaron la doble naturaleza en Cristo definida en el concilio de Calcedonia.

Entre los nestorianos y católicos se inicia el diálogo ecuménico con el encuentro entre el Papa Juan Pablo II y el Patriarca Mar Dinkha IV que tuvo como resultado la Declaración común de noviembre de 1994 con la que ponían fin a 1.600 años de controversias teológicas sobre Cristo y la Virgen María.

Ambos jerarcas decidieron crear una comisión mixta para llevar a cabo el diálogo teológico, cuya primera reunión tuvo lugar el Roma en noviembre de 1995.

- Iglesias monofisitas.- Partidarios de la doctrina del monje Eutiques que defendía que Cristo sólo tenía una naturaleza (monos fisis) y que fueron condenados por el Concilio de Calcedonia. Esta doctrina, que se extendió por todo el mundo, dio origen a las cuatro primeras iglesias en Egipto, Etiopía, Armenia y Siria.

- Iglesia copta ortodoxa.- Los coptos o cristianos de Egipto siguieron el monofisismo, tras el Concilio de Calcedonia. Ubicada en medio del mundo musulmán, ha tenido dificultades para contactar con Roma. Sin embargo, el primer encuentro se plasmó en el Concilio de Florencia, en 1442 mediante la bula Cantate Domino.

Posteriormente, en mayo de 1973 el Papa Pablo VI y el Patriarca Shenouda firmaron una Declaración conjunta en la que se afirma que "la divinidad de Cristo está unida a su humanidad en una unión real, sin división".

Posteriormente se creó una comisión mixta y en 1979 ambas iglesias aprobaron unos principios hacia la unidad.

- Iglesia etíope ortodoxa.- Nacida de la anterior, con la que estuvo unida hasta 1959. Es una de las iglesias no calcedonias con mayor número de fieles, sin embargo, católicos y coptos de Etiopía no han iniciado aún un diálogo estable.

- Iglesia Armenia.- Tiene cuatro patriarcados con sedes en Etchiadzin, conocida como el Vaticano de Armenia, Jerusalén, Constantinopla y Cilicia.

Debe su origen a los apóstoles Bartolomé y Tadeo que evangelizaron Armenia y más tarde, a Gregorio, que organizó esta iglesia. Los contactos entre Roma y la Iglesia Armenia se iniciaron durante el Pontificado de Pablo VI y continuaron con Juan Pablo II. Actualmente, aunque las relaciones son buenas, no existe por el momento, un diálogo teológico.

- Iglesia sirio ortodoxa.- La separación se origina en el Concilio de Calcedonia y en primer lugar, afectó a la comunidad cristiana de Antioquia. Los seguidores de esta iglesia son los denominados "jacobitas", ya que fue el obispo Jacobo Baradeo, quien apoyado por la emperatriz Teodora, organizó esta iglesia.

Los contactos con Roma se iniciaron en la época de las cruzadas y aunque se materializaron con la firma de la unión en el Concilio de Florencia en 1444, resultó un fracaso.

Más recientemente, sus jerarcas visitaron Roma en 1971, 1980 y 1984.

Ese año se suscribió una Declaración conjunta por la que ambas iglesias autorizan a sus fieles a recibir de la otra iglesia en determinadas circunstancias los sacramentos de la penitencia, eucaristía y unción de enfermos.

PROTESTANTES

La Reforma Protestante tiene su origen en los siglos XV y XVI y provocó el mayor cisma de la cristiandad desde el nacimiento de Jesús. La separación entre la Iglesia Protestante y la Iglesia de Roma se produjo cuando la Iglesia Católica decidió vender indulgencias, basándose en la Epístola del apóstol Santiago, según la cual para llegar al cielo no basta la fe sino también las buenas obras, incluidas las donaciones a la Iglesia, con las que el creyente podía "comprar" el perdón de sus pecados.

El monje católico Martín Lutero (1486-1546) se opuso a este dictado y clavó sus 95 tesis en la puerta de la iglesia de Wittemberg (Alemania).

Basándose en el apóstol San Pablo, Lutero argumentaba que la salvación y el perdón sólo se logran a través de la fe, de la gracia y de un diálogo con la Divinidad, sin intermediarios eclesiásticos.

Martín MLutero fue perseguido, primero por hereje, y después por cismático; y las posturas irreconciliables entre ambas corrientes generaron en Europa sangrientas guerras de religión entre luteranos y los seguidores del Papa.

En la actualidad el movimiento protestante aglutina diversas iglesias y comunidades evangélicas que sobre todo coinciden en principios básicos como la "sola Scriptura" o la salvación por la fe.

Por lo demás son diferentes entre sí y generalmente autónomas, agrupadas en ocasiones en federaciones mundiales en virtud de sus raíces históricas y similitudes doctrinales.

Con las comunidades evangélicas o protestantes, al igual que con las anteriores, el Concilio Vaticano II supuso el inicio del diálogo.

Fundamentalmente, el Pontificio Consejo para la Unidad de los Cristianos, en representación de la Iglesia Católica, mantiene contactos con: - Luteranos, asociados en la Federación Luterana Mundial. - Anglicanos, federados en la Alianza Baptista Mundial. - Reformados (calvinistas), federados en la Alianza Mundial de las Iglesias Reformadas. - Metodistas, federados en el Consejo Metodista Mundial.

Además, la Iglesia mantiene abierto un diálogo oficial con algunas iglesias Pentecostales, surgidas a principios del siglo XX, con los Discípulos de Cristo (Iglesia Cristiana) nacidos en el siglo XIX y con los mennonitas fundados en 1536 por el sacerdote holandés Menno Simons y federados en la Conferencia Mennonita Mundial.

Igualmente, la Santa Sede mantiene contactos en fase inicial con otras confesiones protestantes como: Husitas, cuáqueros, adventistas, mormones, etc, así como con las Iglesias vétero-católicas asociadas en la Unión de Utrech.

- Católicos-Luteranos. Los primeros contactos entre católicos y luteranos tuvieron lugar en 1965 y 1966 en Estrasburgo.

Creada una comisión de estudio primero y una comisión mixta después, los representantes de ambas creencias han tratado sobre todo cuestiones como el valor sacrificial de la misa o el ministerio episcopal.

El acuerdo más importante con los luteranos se alcanzó el 31 de octubre de 1999. Ese día la Iglesia Católica y la Federación Luterana Mundial suscribieron en la catedral de Augsburgo la “Declaración conjunta de la gracia divina”, por la que por primera vez en la historia, los católicos aceptaron una idea central de la Reforma Protestante. La Federación Luterana Mundial aglutina a 122 Iglesias con unos 43 millones de fieles.

- Católicos-Reformados (Calvinistas). El diálogo entre católicos y reformados es uno de los más complejos debido al alejamiento dogmático que inició Calvino (1509-1564) en la Suiza del siglo XVI y continuaron posteriormente otras corrientes, como el presbiterianismo escocés de John Knox.

Los primeros contactos entre la Iglesia Católica y la Alianza Reformada se iniciaron en los años setenta, pero decayeron a raíz de la canonización en 1995 del sacerdote checo Jan Sarkander, que murió asesinado por los protestantes. Sin embargo, los encuentros se mantienen. La Alianza Mundial de las Iglesia Reformadas federa a 188 iglesias reformadas, presbiterianas y congregacionalistas que cuentan con unos 32 millones de fieles.

- Católicos-Baptistas Los baptistas se consideran el ala radical de la Reforma. Se llaman así, porque sólo administran el bautismo a los creyentes adultos. Surgieron en Inglaterra en el siglo XVII y la mayoría viven en Estados Unidos, donde representan el mayor grupo cristiano después del católico. La organización baptista es congregacionalista, es decir que cada comunidad local es independiente. En 1905 se federaron en la Alianza Baptista Mundial. El primer encuentro con la Santa Sede tuvo lugar entre 1984 y 1988, y aún no se ha producido un reconocimiento recíproco de la eclesialidad de la Iglesia Católica y las comunidades baptistas.

Los baptistas suman alrededor de cuarenta millones.

- Católicos-Metodistas Surgieron en la Inglaterra del siglo XVIII. Su nombre se atribuye a los que según John Wesley, su fundador, viven de acuerdo con el método establecido en la Biblia.

Es metodista aquél que ha sido bautizado; ha recibido instrucción religiosa y ha hecho profesión de fe.

La base de su organización es la comunidad local, y a diferencia de Estados Unidos, en Inglaterra y en otros países los metodistas no tienen obispo. En Estados Unidos forman, tras los baptistas, el segundo grupo protestante más numeroso.

Las diversas iglesias están federadas en el Consejo Metodista Mundial.

El diálogo católico metodista es fluido desde sus inicios en 1967. Los encuentros suelen ser quinquenales y entre otros temas se ha tratado sobre la naturaleza de la Iglesia los sacramentos, la unidad y el primado de Pedro.

- Católicos-Iglesia de Inglaterra (Anglicanos)  La Iglesia de Inglaterra surgió en 1531 tras el cisma provocado por la disputa entre el rey Enrique VIII con Roma a raíz de su divorcio de Catalina de Aragón, su primera esposa e hija de los Reyes Católicos de España.

En 1531 el rey se hizo reconocer jefe de la Iglesia de Inglaterra mediante la promulgación de la denominada Acta Suprema que consagraba la separación de la Iglesia Anglicana de la obediencia del Papa.

El anglicanismo y su contrapartida norteamericana, el episcopalianismo, son las ramas protestantes más cercanas al catolicismo de Roma.

Pese a los desencuentros dogmáticos y a que en 1896 el Papa León XIII negó mediante la bula Apostolicae Curae la validez de las ordenaciones anglicanas, el diálogo entre ambas iglesias, aunque con altibajos, nunca se ha interrumpido.

Sin embargo, el impulso más importante se dio a raíz del Concilio Vaticano II, durante el Pontificado de Juan XXIII. La Declaración conjunta firmada en 1966 por la que católicos y anglicanos se comprometen a buscar soluciones; la visita del entonces arzobispo de Canterbury, Michael Ramsay, cabeza de la iglesia anglicana, a Pablo VI en 1966, o la creación de la Comisión Internacional Católico-Anglicana, (ARCIC, de sus siglas en inglés) que por primera vez se reunió en 1970, son algunas de las muestras del diálogo entre ambas confesiones.

Aunque en estos años las distancias entre católicos y anglicanos se han acortado, las diferencias entre ambos radican sobre todo en el misterio de la Eucaristía, el orden sagrado y la autoridad de la Iglesia. Posteriormente se ha añadido la aceptación de la ordenación presbiteral y episcopal de mujeres, la admisión a la comunión eucarística de divorciados vueltos a casar y la legitimidad moral de los métodos anticonceptivos.

Pese a lo aún pendiente, existe voluntad de diálogo. En medio de este clima de entendimientos el Arzobispo Carey ha viajado a Roma en diversas ocasiones, como la de 1996 para tratar de la Primacía del Papa, o la de 2000 que junto a Juan Pablo II asistió en Roma a la apertura de la Puerta santa de San Pablo Extramuros, en una celebración ecuménica sin precedentes en la historia.

OTROS CISMAS

FRATERNIDAD SACERDOTAL DE SAN PÍO X O LEFEBVRIANOS

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X, más conocidos como lefebvrianos, son los seguidores del arzobispo tradicionalista francés, Marcel Lefebvre, fallecido en Suiza en 1991, y que protagonizó el tercer cisma en el seno de la Iglesia Católica del siglo XX, tras los de las iglesias nacional checoslovaca, en 1920 y la iglesia china en 1950.

Contrario a las reformas de la Iglesia surgidas a raíz del Concilio Vaticano II, fundó la ortodoxa Reunión Internacional de Sacerdotes y posteriormente, la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, que pese a que fue prohibida por la Santa Sede en 1975, siguió ordenando sacerdotes y obispos, hasta incurrir en la excomunión automática en 1988.

La Fraternidad de San Pío X no acepta las innovaciones litúrgicas posteriores a 1969 y considera que aunque la misa moderna es válida, no expresa claramente la fe de la Iglesia.

Los primeros contactos con la Santa Sede se mantuvieron en los años setenta, aunque sin éxito. Con la elección de Juan Pablo II como Pontífice en 1978 se suavizaron las relaciones pero aún siguen las divergencias.

En 1987 el entonces cardenal Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, dirigió unas negociaciones que culminaron en la firma de un protocolo sobre cuestiones doctrinales.

En el acuerdo Lefebvre aceptaba el Concilio Vaticano II y reconocía a la Santa Sede el papel de la tradición en la Iglesia Católica, a cambio de que se regularizasen situaciones canónicas de personas vinculadas a la Fraternidad.

Tras la ordenación de cuatro obispos el 30 de junio de 1988, Alfonso de Galarreta, de España, Bernard Fellay, de Suiza; Bernard Tissier, de Francia y Richard Williamson, de Inglaterra, que derivó en la excomunión el 2 de julio de 1988, las relaciones se enfriaron.

Sin embargo, en 2001, diez años después del fallecimiento del obispo cismático, la Santa Sede confirmó la existencia de contactos con los seguidores de Lefebvre, a los que el Vaticano permitió celebrar la misa en latín por el rito de San Pío V y estableció que formaran parte de una Administración apostólica dependiente directamente del Papa.

En 2003, en un gesto de distensión, el cardenal Darío Castrillón, prefecto de la Congregación para el Clero, presidente de la Comisión Pontificia Eclesia Dei, y mediador con los "lefebvrianos" ofició una misa tridentina, la primera desde 1970 realizada siguiendo el rito preconciliar de Pío V y a solicitud del Concilio de Trento, que fue visto como un gesto de apertura del Vaticano hacia los seguidores de Lefebvre. Desde 1996 el suizo Bernard Fellay es el superior general de la Fraternidad de San Pío X, organización que cuenta con más de trescientos mil seguidores que están presentes en treinta países. De ellos cuatrocientos son sacerdotes, doscientas religiosas y unos cien seminaristas y disponen de setecientos lugares de culto.

En enero de 2002 unos treinta mil seguidores de Lefebvre establecidos en Brasil y liderados por el obispo Liciano Rangel, volvieron a la comunión con Roma. Reconocieron la autoridad del Papa, la legitimidad del Concilio Vaticano II y la validez del rito de la misa aprobado por Pablo VI (el actual).

RELIGIONES NO CRISTIANAS (DIÁLOGO INTERRELIGIOSO)

Además del diálogo ecuménico (búsqueda de la unidad entre los hermanos cristianos de distinto nombre), el diálogo interreligioso, entre personas de distinto credo, ha sido otra constante desde el Concilio Vaticano II.

ISLAMISMO

El Islám es junto al Judaísmo y el Cristianismo la más joven de las tres religiones monoteístas que arrancan directa o indirectamente de la Biblia.

Está basada en las revelaciones que a partir del año 610 Dios hizo a Mahoma a través del arcángel Gabriel, por ello es una religión profética. Extendida especialmente por Asia y África, es la más importante en número después del cristianismo, y en las últimas décadas ha resurgido como núcleo de una civilización que acentúa su identidad frente a Occidente.

El texto religioso de los musulmanes es el Corán, que se complementa con la Sunna, la tradición que contiene los "hadiths" o dichos del Profeta.

La Sunna tiene un rango semejante al Corán y en ocasiones, superior.

Los "cinco pilares de la fe" del Islam son: la "shahada", la profesión de fe por la que el musulmán reconoce su adhesión y fidelidad a Dios (Alá) y a su Profeta (Mahoma); "Salat", la oración un deber que se practica individual y públicamente; "Zakat", la limosna o "caridad obligatoria"; "Sawm" el ayuno anual del Ramadán, noveno mes del calendario lunar; y el "Hajj", o la peregrinación a la Meca instituida por Mahoma en el año 632, el de su muerte.

La mayoría de los musulmanes siguen la corriente Suní, (tradicionalistas), constituyen la rama principal del Islam y son fieles al Corán y a las enseñanzas de Mahoma. Dentro de esta corriente se encuentran los wahabitas, radicales ortodoxos, los talibanes inflexibles en la aplicación de la ley islámica que interpretan desde un punto de vista particular y salafíes que persiguen la expansión del integrismo. También se encuentran, los musulmanes Chiíes, los que además de seguir el Corán y la Sunna, siguen las palabras y los hechos de sus imanes. Se remontan a la figura de Alí, primo y yerno de Mahoma, cuarto califa muerto en el año 661. Los chiíes se subdividen en "Ithna Asari", "Zaydíes", Alauíes e Ismailíes.

En el transcurso de los siglos muchas han sido las desavenencias surgidas entre cristianos y musulmanes, sin embargo, los contactos son fluidos ya que "adoran como nosotros al Dios único y misericordioso", según el Catecismo de la Iglesia Católica. Entre católicos y musulmanes hay un comité de enlace, creado en 1998 para promover el diálogo entre ambas confesiones. Está formado por representantes del Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso y por el Comité Permanente Al-Azhar para el Diálogo con las Religiones Monteístas. Desde su constitución se ha reunido en nueve ocasiones, la última tuvo lugar en el Vaticano en enero de 2004, donde se trató el tema "La dignidad humana y los derechos humanitarios en los conflictos armados". En el VII encuentro celebrado en julio de 2001 en Roma ambas partes firmaron un documento que reconoce la libertad religiosa.

JUDAÍSMO

Fundada por Abraham, fue transmitida por su hijo Isaac y luego por Jacob y su religión fue la de los descendientes de Israel, nombre éste dado por dios a Jacob. Los practicantes del judaísmo tienen en común la veneración de la Torah, designación judía de la ley mosaica o Pentateuco: los primeros cinco libros del Antiguo Testamento, y de la Tradición Rabínica, así como de la institución de la Sinagoga, de gran importancia, tras la destrucción del segundo Templo en el año 70 después de Cristo. El Judaísmo tradicional observa y cumple la Tradición que, mediante el Talmud y sobre todo la Mishna, interpreta y desarrolla la Torah. Dentro del judaísmo se encuentra la corriente denominada Casidismo, nacida en Europa oriental en el siglo XIX como reacción a la ortodoxia rabínica y mención aparte merece el Judaísmo norteamericano, que surgió en New Amterdam en 1654 y que se ha convertido en una fuerza de gran influencia socio-política, cultural y económica. Los judíos norteamericanos se agrupan en tres corrientes: - reformada, que surge con la idea de adaptar la religión a la práctica cambiante de la vida;

- ortodoxa, como reacción a la anterior y

- conservadora, que combina lo tradicional con algunas formas de vida moderna. Desde la celebración del concilio Vaticano II en el que se aprobó la Declaración “Nostrae aetate”, en la que entre otras manifestaciones figura "es inmenso el patrimonio común de la Iglesia con el pueblo Judío", las relaciones han experimentado cambios.

En el último cuarto de siglo el Papa Juan Pablo II aprovechó todas las oportunidades para promover el diálogo entre ambas comunidades de fe.

En 1994 el Vaticano reconoció oficialmente el Estado de Israel, primer paso para futuros acuerdos y encuentros que se siguen por el comité Internacional de enlace entre Católicos y Judíos.De 1998 es el documento papal "Nosotros recordamos", una reflexión sobre la Shoah y de 2002 el comunicado conjunto en el que ambas partes rechazan cualquier forma de racismo y subrayan que Dios ha creado a todos los individuos "iguales en dignidad". En la línea de Juan Pablo II, su sucesor Benedicto XVI, en su primer viaje

como Pontífice a Colonia, Alemania, agosto de 20065) visitó la sinagoga de Colonia, la primera realizada por un Papa a un templo judío en el país del Holocausto y condenó con dureza el nazismo que calificó de "demencial ideología racista de matriz neopagana".

ANIMISTAS

Son las formas de creencia más extendidas en África, según las cuales no sólo los hombres están dotados de alma, sino también los animales, los vegetales y los objetos inanimados. Aunque en la práctica totalidad de los pueblos africanos creen en un Ser Supremo, colocan en un primer plano el culto a los antepasados.

Además de en África, estas religiones aunque minoritarias, tienen su influencia en el Caribe (Haití, Cuba) y Brasil.

Con estas religiones, la Iglesia Católica también ha dado muestras de acercamiento. Juan Pablo II en su libro "Cruzando el umbral de la esperanza" señala que "Parece que quienes las practican se encuentran especialmente cerca del cristianismo". Cuando en 1978 fue elegido Papa, Juan Pablo II avanzó "quiero ver a todos" "a todos los que rezan, donde ellos recen..". En 1985 en Togo (África) asistió a ritos animistas.

En las Jornadas de Paz en Asís (Italia) el Papa rezó con los líderes religiosos de todas las creencias, también animistas.

ZOROASTRISMO: Es la religión enseñada por Zoroastro (o Zaratustra), también llamada Mazdeísmo y Parsismo.

Su dios es Ormuz y Zoroastro el profeta. Es la más antigua de las religiones basadas en un determinado credo y el Avesta, que recoge los textos sagrados. Están asentados en la India, sobre todo en Bombay, y en la actualidad, tiene también seguidores en Hong Kong, Singapur, Australia, Kenya, Francia, Inglaterra, Estados Unidos y Canadá.

Católicos y zoroastristas participan juntos en las asambleas que organiza la Conferencia Mundial de las Religiones por la Paz (WCRP), organización interreligiosa fundada en 1970 y que trata de favorecer el diálogo entre los distintos credos. A este foro ha asistió en diversas ocasiones Juan Pablo II.

HINDUISMO

El Hinduismo no es una religión concreta, sino un modo de vida asociado a una religión. Su Dios es Krishna y en un principio, se designaba así a la religión de los indios que no eran musulmanes. Solo más tarde, el término comenzó a ser empleado por los hindúes para referirse a su propia religión.De fuerte contenido ritual y unida por el sistema de castas, el Hinduismo encuentra en los Vedas, colección de antiguas escrituras, su fundamento.

Al igual que los anteriores, los hinduistas participan con los católicos en la Conferencia Mundial de las Religiones por la Paz (WCRP), además, cada año el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso dirige un mensaje a los hindúes destinado a promover las relaciones entre todas las creencias. El último mensaje tuvo lugar el 8 de noviembre de 2004, con motivo de la fiesta hindú de Diwali.

JAINISMO: Es una de las tres grandes religiones nacidas en la India junto con el
Hinduismo y el Budismo.

urgió en el siglo VI antes de Cristo como protesta contra el ritual védico y se debe a Mahavira, fundador del Budismo. El jainismo no tiene dioses y su doctrina es la "ahimsa" que prohíbe las lesiones y sacrificios de seres vivos.

Sus más de dos millones de seguidores (jainas) están diseminados por todos los estados de la India, pero sobre todo se concentran el en oeste del país. Documentos publicados por el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso hacen referencia entre otros credos al jainismo, con la idea de "introducir a los cristianos en las tradiciones religiosas más importantes del mundo, estimulando en ellos una reflexión sobre el cristianismo" (documento publicado en 1999).

BUDISMO

Fundada en el noroeste de la India, el Budismo nace de las enseñanzas impartidas en los siglos VI y V antes de Cristo por Siddhartha Gautama, más conocido como Buda (el despertado). Buda rechazó aspectos importantes del Hinduismo, abrió su movimiento a todas las castas y no aceptó la validez de las escrituras védicas. El núcleo del Canon Budista está formado por los libros incluidos en el Tripitaka, que comprende: Vinaya Pitaka (reglas monásticas), Sutta Pitaka (sermones y dichos de Buda) y el Abidhama Pitaka (reflexiones y especulaciones sobre las palabras de Buda).El Budismo, que en la actualidad se divide en dos grandes escuelas: el budismo Thervada (Enseñanza a los Ancianos) y el budismo Mahayana (Gran Vehículo) es la única religión de origen asiático que se ha difundido en todo el continente, desde la India hasta Siberia, y desde finales del siglo XIX ha penetrado débilmente en Europa y América.

En 2001 Juan Pablo II abogó por fomentar el diálogo entre cristianos y budistas ante los obispos de Tailandia reunidos en el Vaticano y en 2003 pidió la unión de las religiones por la paz ante los líderes religiosos de Indonesia a los que recibió en el Vaticano.

Además, convocados por Juan Pablo II, los budistas han participado en los encuentros de Oración Mundial en Asís (norte de Italia) junto a los líderes de las confesiones más importantes del mundo.

CONFUCIANISMO

Designa el pensamiento de Confucio (Kong Fuzi, 551-479 a d.C.), que más que una religión, es responde a un sistema de enseñanzas morales, sociales, políticas y religiosas sobre las antiguas tradiciones chinas. Convertido en forma de pensamiento del imperio chino, el Confucianismo no tiene revelación positiva y sus doctrinas contribuyen a mantener vivos los cultos de veneración de los antepasados. A Confucio se atribuyen los Analecta, una guía de instrucción moral que se centra en el gobierno de la sociedad a través de un sistema definido de relaciones sociales y que fueron traducidos al Latín en el siglo XVII por misioneros de la Compañía de Jesús. Desde China, se extendió a Corea, Japón y Vietnam, donde muchos sintoístas y budistas se declaran también confucianos. Los confucianos asistieron en 1962 al Concilio Vaticano II convocados por Juan XXIII y también con una vocación de encuentro, fueron convocados por Juan Pablo II en las jornadas de Oración Mundial por la Paz en Asís (norte de Italia), que se han celebrado en 1983, 1996 y 2002.

TAOÍSMO

Es una Religión-filosofía que nació en China en el siglo IV a.d.C. El término deriva del vocablo "tao", vía, camino, y se atribuye a Lao-Tse. De marcados rasgos exotéricos, el Taoísmo preconiza el sometimiento del hombre al Tao (camino) y sus creencias se encuentran recogidas en el Tao Te-King, libro de la Vida y de la Virtud, y en el Zhuangzi, libro de parábolas y alegorías que data del siglo III antes de Cristo. Alrededor de treinta millones de personas practican esta filosofía, la mayoría chinos.

Junto a representantes de otras religiones, entre ellos católicos, los taoístas participaron en 2004 en la cuarta edición del Parlamento de las Religiones del Mundo en el Forum Universal de las Culturas de Barcelona.

 

SINTOISMO

Del japonés Shinto, (el camino de los dioses), el sintoísmo es una religión politeísta surgida y profesada mayoritariamente en Japón. Se basa en la creencia del Kami (dioses o espíritus) que personifica a fuerzas de la naturaleza y en cuya cúspide se encuentra Amaterasu, la diosa del Sol. También se rinde culto a los antepasados y a determinados hombres, que por su importancia pueden llegar a ser Kami. A partir de los siglos V y VI de nuestra era, el sintoísmo sufrió importantes cambios debido a las influencias budistas y confucianistas. Convocados por el Papa Juan Pablo II, los sintoistas han participado, junto a representantes de otras religiones del mundo en las jornadas de oración mundial por la Paz celebrada en Asís (Italia) en 2002. Ya en 1994 participaron en el Vaticano en la VI Asamblea Mundial de las Religiones por la Paz.

NUESTRA PERTENENCIA A LA IGLESIA

NUESTRA PERTENENCIA A LA IGLESIA

Hoy nuestro mundo está afectado en sus valores éticos. Principios fundamentales sobre los cuales nuestros predecesores concibieron y construyeron la sociedad contemporánea, se encuentran erosionados. Hemos  perdido mucho de nuestro sentido de unidad y eso nos hace como individuos moralmente débiles, y como conjunto social… vulnerables.

Integramos países y comunidades, pero como  individuos hemos ido distanciándonos y perdiendo esa unión que nos hacía mejores padres, respetuosos hijos, amorosos esposos, solidarios vecinos, y… buenos ciudadanos.

El bombardeo constante de consumismo, vanidad desbordada, violencia sin límites, indiferencia afectiva y… sexo grotesco, han producido sus resultados: pragmatismo, cortoplacismo, irresponsabilidad, indiferencia afectiva y religiosa; pero también  han disminuido nuestra firmeza y sembrado en nuestras almas profundos vacíos, difíciles de superar.

Pertenecer a la Iglesia, ser miembros de la Iglesia constituye un llamado para ser “otros cristos”, hacer presente a Cristo en el mundo en la medida en que participamos del sacramento de su Cuerpo y de su Sangre. No somos nosotros los que humanizamos a Jesús cuando lo recibimos, por el contrario, es Él quien nos “diviniza”, depositando en nosotros esa gran responsabilidad de ser coherentes con tal misterio, de reflejar en nuestra vida corriente esa profunda realidad teológica. “En definitiva, está en juego una relación de comunión: la vertical entre Jesucristo y nosotros, pero también la horizontal, entre todos los que se distinguen en el mundo por el hecho de invocar el nombre de nuestro Señor Jesucristo". Dos consecuencias prácticas se desprenden del discurso del Papa para los fieles: ver si en verdad estamos en comunión con Cristo a través de la recepción frecuente del sacramento de la eucaristía, y ver si esa comunión se muestra eficaz para crear la otra comunión con nuestros semejantes a través del amor.

Cada fiel, mediante la fe y el Bautismo, es incorporado a la Iglesia una, santa, católica y apostólica. No se pertenece a la Iglesia universal de modo mediato, a través de la pertenencia a una Iglesia particular, sino de modo inmediato, aunque el ingreso y la vida en la Iglesia universal se realizan necesariamente en una particular Iglesia. Desde la perspectiva de la Iglesia considerada como comunión, la universal comunión de los fieles y la comunión de las Iglesias no son pues la una consecuencia de la otra, sino que constituyen la misma realidad vista desde perspectivas diversas.

Además, la pertenencia a una Iglesia particular no está nunca en contradicción con la realidad de que en la Iglesia nadie es extranjero: especialmente en la celebración de la Eucaristía, todo fiel se encuentra en su Iglesia, en la Iglesia de Cristo, pertenezca o no, desde el punto de vista canónico, a la diócesis, parroquia u otra comunidad particular donde tiene lugar tal celebración. En este sentido, permaneciendo firmes las necesarias determinaciones de dependencia jurídica, quien pertenece a una Iglesia particular pertenece a todas las Iglesias; ya que la pertenencia a la Comunión, como pertenencia a la Iglesia, nunca es sólo particular, sino que por su misma naturaleza es siempre universal.

Dice san Pablo: "Dado que hay un solo pan, nosotros, aun siendo muchos, somos un solo cuerpo" (1 Co. 10,17). En la misma Eucaristía Cristo nos da su Cuerpo y nos convierte en su Cuerpo. En este sentido, san Pablo dice a los Gálatas: "Todos ustedes son uno en Cristo" (Gál. 3, 28). 

Con todo esto, san Pablo nos da a entender que no sólo existe una pertenencia de la Iglesia a Cristo, sino también una cierta forma de equiparación e identificación de la Iglesia con Cristo mismo. Por tanto, la grandeza y la nobleza de la Iglesia, es decir, de todos los que formamos parte de ella, deriva del hecho de que somos miembros de Cristo, como una extensión de su presencia personal en el mundo.

Los Nuevos Movimientos Religiosos (NMR)

Nuevos Movimientos y Grupos Religiosos

Panorama actual

En la actualidad, la cultura occidental, ha cambiado su manera de creer y de concebir a la religión y las experiencias religiosas. No es que la gente cree menos, sino que cree de una manera diferente.

Las razones de este cambio son diversas, aunque podríamos describir  las tres más significativas, y que expone el documento pontificio “Jesucristo portador de agua viva”.

La primera razón de este cambio es la sensación de que las religiones tradicionales e institucionales no alcanzan a dar una respuesta a las necesidades del hombre actual.  Algunas personas ya no encuentran espacio para creer en un Dios trascendente y personal.  El mundo vive mucho desconcierto ante la miseria, la pobreza, la guerra, el dolor, el sufrimiento y se ha vuelto desconfiado y escéptico con respecto a la religión.

Otra razón para explicar este cambio es la propuesta de volver a una religión más ligada a la naturaleza y al ecosistema.

Por último, es evidente también en la cultura actual que las personas van en busca de nuevas experiencias y sensaciones.

Es así como se han abierto a la exploración de otras propuestas de espiritualidad tales como la meditación, nuevos caminos de sabiduría y prácticas esotéricas, entre otras.

Muchas personas por otra parte, tienen la idea de que se puede llegar a una forma universal de religión, integrando algunos  elementos de las diversas religiones tanto monoteístas como panteístas.

Los Nuevos Movimientos Religiosos (NMR)

La expresión “Nuevos Movimientos Religiosos” está aceptada por la mayoría de los sociólogos, teólogos y educadores para designar a ciertos grupos que vienen desarrollándose desde hace aproximadamente cuarenta años. 

Es muy difícil agruparlos en una categoría única, pues poseen variedad de fuentes culturales y religiosas. Algunas de sus raíces se remontan a antiguas tradiciones y otros constituyen fenómenos más recientes.

Existen movimientos que tienen sus orígenes en tradiciones  orientales; otros han surgido como movimientos de tradición cristiana; otros del encuentro de sociedades tribales con las religiones universales, y también hay una gran gama de grupos secretos y gnósticos.

Aún dentro de la tradición oriental o cristiana, existe a su vez una múltiple diversidad.  La práctica del yoga, la meditación, la devoción, las prácticas esotéricas, etc. Igualmente, en la tradición cristiana, algunos movimientos se consideran a sí mismos como restauradores de la verdadera Iglesia; otros como destinados a cumplir fielmente la misión cristiana.

Cuando se dice “nuevos”, en realidad esta novedad no se refiere a su fecha de aparición, sino más bien a la fecha de su incursión o difusión en una determinada zona geográfica y cultural determinada.

Asimismo, cuando se les califica de “religiosos”, no siempre es adecuada esta expresión, ya que algunos de estos grupos no están de acuerdo con ser denominados de esa manera.

La denominación “Nuevos Movimientos Religiosos” ha sido utilizada también en varios documentos eclesiales. La Iglesia ha analizado profundamente las características de estas nuevas realidades ofreciendo elementos de discernimiento para el diálogo, la acogida y la aceptación de la diversidad religiosa, sin caer en errores, frente a la enorme diversidad.

Una clasificación de los NMR

Como ya hemos dicho, es difícil hacer una clasificación exacta. Sin ánimo de incluir a todos, hemos optado por una clasificación sencilla, agrupándolos en tres tipos:

Esta clasificación no obstante, no es estática, ya que hay grupos que incluyen elementos de distintas procedencias.  

Grupos de origen cristiano

  1. A. Evangélicos.

 Están constituidos por Iglesias procedentes en su mayoría de los Estados Unidos, separadas a su vez del tronco de las Iglesias Históricas Protestantes.

A estas Iglesias Evangélicas se las puede denominar cristianas si cumplen con los fundamentos básicos del Cristianismo según el Consejo Mundial de Iglesias.

Los Nuevos Movimientos Religiosos en el Perú

En el Perú existe una entidad llamada Concilio Nacional Evangélico del Perú (CONEP), que agrupa a la mayoría de Iglesia evangélicas, con quienes se mantiene un diálogo abierto y de mucha ayuda social en el país.

Las Iglesias más conocidas que la integran son:

  • - Iglesia Evangélica Asamblea de Dios
  • - Iglesia Evangélica Bautista
  • - Iglesia Evangélica Metodista
  • - Iglesia Evangélica Pentecostal
  • - Iglesia Evangélica Alianza Cristiana y Misionera
  • - Evangélica Dios es Amor entre otras

Existe también otra organización llamada Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas del Perú (UNICEP), creada el 20 de abril del 2003 que agrupa diversas entidades religiosas evangélicas:

  1. - Movimiento Misionero Mundial
  2. - Iglesia Camino de Vida
  3. - Iglesia Bíblica Emmanuel
  4. - Centro Cristiano Vida
  5. - Centro Cristiano Bíblico  

Entre otras: Algunos lo dan por llamar “iglesias electrónicas, porque cuentan con tecnología de punta para su difusión.

B. Para-cristianos o cuasi cristianos.

Son aquellos grupos que utilizan elementos o características cristianas, pero no cumplen con los fundamentos básicos del cristianismo, ya sea porque tienen sus propios libros sagrados que sustituyen a la Biblia, o bien versiones adaptadas a sus doctrinas (el libro del mormón, sagrada escritura para el nuevo mundo, revelaciones, etc.).

Otros mantienen un monoteísmo rígido bajo un solo Dios que es Jehová y consideran que Jesús es sólo el Hijo de Jehová.

Algunos plantean que Jesús como hombre, descubrió que  El mismo era Dios a través de un camino de autoconciencia. Por lo tanto, cada hombre puede llegar a esta autoconciencia, negando de esta manera la doctrina de la Trinidad y ubicando a Jesús como un seudo Dios o un súper hombre.

Los grupos que promueven esta doctrina son:

  • -  Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos días (Mormones)
  • -  Testigos de Jehová
  • -  Iglesia Adventista del Séptimo día
  • -  Asociación Evangélica de la Misión Israelita del Nuevo Pacto Universal

Los grupos  separados de las grandes Iglesias constituyen un apartado muy complejo. Se les considera en esta clasificación como para-cristianos pues sus orígenes se remontan a la lectura e interpretación de textos bíblicos, del mensaje evangélico y de la tradición cristiana hecha por sus fundadores, pero su fe se aparta sustancialmente del núcleo central de la fe cristiana, de las iglesias históricas.

Los Grupos de origen oriental

Nacen como disidentes de las grandes religiones asiáticas, por lo tanto sus creencias son muy distintas de las que profesan quienes pertenecen a la cultura occidental. Sin embargo, para poder ingresar en esta cultura tuvieron que adaptar su lenguaje. En sus creencias, consideran que el hombre se reencarna varias veces hasta llegar a la perfección; promueven el yoga tártrico, la meditación trascendental, la búsqueda del propio karma.

La fuente principal del pensamiento se encuentra en el Bhagavad-Gita. 

Algunos de estos grupos son:

  • -   Sokka  Gakkai Internacional
  • -   Asociación Mahikari-Luz de Vida
  • -   Hare Krishna
  • -   Ananda Marga

La meditación tal y como se entiende en la cultura oriental, no se refiere a reflexión o pensamiento profundo (sentido comúnmente aceptado en Occidente), sino exactamente lo contrario. Por meditación se entiende la eliminación total de cualquier tipo de pensamiento, mediante la concentración de la mente en un solo punto.

La experiencia de la paz interior se entiende como el logro de un punto de concentración constante y utilizable en cualquier circunstancia.

Los grupos de origen cientista

Este tercer grupo es de mayor complejidad.

Poseen en común ciertas características y un cierto número de convicciones que les anima a todos ellos.

Estas comunes convicciones consisten  en ofrecer los medios para hacer del adepto un “ser realizado”, posibilitarle el acceso a un nivel superior de existencia y de autoconocimiento,  liberar y sacar a flote todo lo divino que está escondido en cada ser humano por medio de diversas técnicas psicológicas y corporales.

Las fuentes de que se alimentan estos grupos proceden de la Biblia y del Oriente, aunque remodeladas por la tradición esotérica occidental.

Se puede clasificar de la siguiente manera:

  1. A.  Cientistas o Cientificistas

Estos grupos no se asumen como una religión o como religiosos. No reconocen un Dios personal como el de la tradición Judea-cristiana: un ser único, trascendente y revelado. Creen que debemos prepararnos para un contacto con “nuestros hermanos mayores”, los extraterrestres.

Algunos de estos grupos son:

  • -   Iglesia de Cristo Cientista
  • -   Iglesia de la Cienciología
  • -   Misión Ramma
  • -   Movimiento Raeliano
  1. B.      Teosofistas y Gnósticos

Estos grupos se caracterizan porque realizan un cierto sincretismo al juntar filosofías antiguas occidentales con la revelación cristiana y algunas doctrinas del oriente.

Consideran a la religión como la íntima relación de la mente con la verdad, por esa razón, piensan que no es necesario entrar a formar parte de ninguna “forma religiosa” para ser religioso.

La síntesis del pensamiento gnóstico se resume en dos principios: disolver el yo, y levantar las columnas del Templo del Dios Vivo. Solo con la muerte del yo se entra en el “nirvana” y nace el Cristo interno en la morada divina del alma. El Cristo interno es la verdad que quiere conocerse a sí misma en cada hombre.

La mayoría de estas organizaciones considera que la Iglesia Católica no dice la verdad sobre Jesús y su misión. Por el contrario, sostienen que están llamados a “descubrirnos” y darnos a conocer la verdad de la fe.

Se pueden identificar con los siguientes nombres:

  • -  Organización Internacional Nueva Acrópolis
  • -  Sociedad Teosófica
  • -  Iglesia Gnóstica
  • -  Nueva Era (New Age)

Las sectas y los Nuevos Movimientos Religiosos

La denominación “Nuevos Movimientos Religiosos” permite distinguirlos de aquellos que podrían ser designados como “sectas clásicas”, o bien como “cultos”. El término goza entonces de cierta ventaja por ser ideológicamente neutro y sin connotaciones peyorativas.

Tanto la Iglesia Católica como la Federación Luterana Mundial y el Consejo Ecuménico de las Iglesias coinciden en determinados puntos en el análisis sobre el fenómeno de los Nuevos Movimientos Religiosos y en su gran diversidad.

Por ello, recomiendan especial discernimiento sobre las características y las respuestas que ofrecen a los fieles para que nadie se vea sorprendido en su buena fe.

Iluminación teológica sobre los Nuevos Movimientos Religiosos

La diversidad numérica, teológica y filosófica de los nuevos movimientos religiosos, ofrece una gran dificultad de análisis para detectar el núcleo común de creencias de estos grupos.

Por lo general, no siempre hallamos en el cuerpo de sus doctrinas, la centralidad de Jesucristo como la hallamos en las Iglesia históricas.

Otro de los elementos comunes en las Iglesias cristianas, como es el uso de la Biblia, se encuentra diversificado en estos nuevos grupos, ya que en muchos casos sufre distorsiones porque se lee de una manera fundamentalista.

Se debe reconocer que no todos los Movimientos Religiosos tienen como base doctrinal la Biblia.

La pérdida del sentido de la paternidad de Dios, que proponen estos nuevos grupos, hace que se le conciba como alguien a quien hay que temer. Por otra parte la espera de la venida del Reino de Dios, es presentada con frecuencia como algo que vendrá pronto, en días de angustia y destrucción.

Los nuevos movimientos religiosos en el Magisterio de la Iglesia

Esta iluminación nace de una visión católica, aunque de ninguna manera renuncia a los principios aceptados en el Concilio Vaticano II, tanto en el decreto Unitatis Redintegratio como en la declaración Nostra Aetate. En estos documentos se sustentan los principios ecuménicos aplicables en primer lugar a las Iglesias cristianas separadas de Roma, en segundo lugar a los hermanos de las grandes tradiciones religiosas mundiales y en tercer lugar a quienes participan de nuevos grupos, movimientos o cultos religiosos.

Existen además otros documentos que ofrecen las líneas de acción en el diálogo con estos nuevos grupos.

Por ejemplo, la “Consulta de Obispos y Pastores de América Latina y el Caribe”, celebrada en 1986 en Cuenca, Ecuador.

La Iglesia reconoce  además, explícitamente que este fenómeno religioso debe ser visto a la luz de la fe como uno de los signos de los tiempos que nos pide una renovada respuesta y acción pastoral.

En nuestro País se ha dado una Ley de Libertad Religiosa (Ley nº 29635). En este documento precisamos tres aspectos relevantes de dicha ley:

Todos tienen libertad de profesar una fe individual o colectiva, privada o pública.

  • Igualdad ante la ley; no criscriminación por razón de su fe.
  • Objeción de conciencia, si una ley va en contra de sus creencias.

Información tomada de la pagina de la ODEC-Lima

http://www.odeclima.org/html/recursos/curso-online.html

Las Cartas Católicas

LAS CARTAS CATOLICAS

Santiago, 1 y 2 Pedro, Judas, 1, 2 y 3 de Juan

CATÓLICO SIGNIFICA UNIVERSAL; son dirigidas a todas las iglesias; su mismo contenido también es universal, referido para todos.

Son como breves exposiciones y sentencias doctrinales acompañadas de algunas normas prácticas, con objeto de defender la pureza de la fe, amenazada por herejías propagadas en el seno de las comunidades cristianas por falsos maestros, como ya lo había anunciado san Pablo (Hechos 20, 29-30).

 

Santiago

Autor  es el mismo Santiago, hermano de Cleofás y de María, hermana de la Virgen . Por tanto, es primo de Jesús, gobernó la comunidad cristiana de Jerusalén desde el año 42 en adelante y sufrió el martirio en el 62. Compuso su carta hacia el año 60. La dirige a las doce tribus de la dispersión, esto es, a los cristianos de origen judío dispersos por todo el mundo grecorromano.

Características literarias

  • Escrita en griego esmerado. Vocabulario rico, parece una homilía o catequesis de tono moralizante.
  • utiliza a fondo el legado de las tradiciones proféticas y sapienciales del Antiguo Testamento,
  • conserva dentro de la corriente cristiana algunos valores tradicionales que él  autor consideraba peligrosamente amenazados.

División y contenido

Capitulo 1: alegría y paciencia en la prueba.

Capítulo 2: la fe sin obras es una fe muerta.

Capítulo 3: el control de la lengua y la verdadera sabiduría.

Capítulo 4: la humildad frente a la ambición.

Capítulo 5: diversas exhortaciones

Cartas de Pedro 1º y 2º 

  • Autor de las cartas de Pedro es el mismo Pedro, el Príncipe de los apóstoles. Compuso sus cartas hacia el año 64-67. Las dirige a los fieles del Asia Menor, gentiles que habían sido evangelizados por Pablo

División y contenido

Primera carta de Pedro:

Capítulo 1: Llamado a una vida nueva.

Capítulo 2: Llamado a una conducta cristiana.

Capítulo 3 y 4: Llamada a la caridad.

Capítulo 5: Exhortaciones.

Segunda carta de san Pedro:

Capítulo 1: Exhortación a consolidar la vocación recibida. Recuerdo de la enseñanza de Cristo y los profetas.

Capítulo 2: Polémica contra los falsos maestros

Capítulo 3: El día del Señor. Exhortación a una vida santa.

Características literarias

Las cartas de Pedro están escritas en griego.

La primera carta es un denso resumen del Nuevo Testamento sobre la fe cristiana y sobre la conducta que e

LAS CARTAS CATOLICAS

sta fe inspira; está escrita en tono seguro, entusiasta, alegre.

La segunda carta  alterna exposición, exhortación y controversia; junto a tonos solemnes y mesurados encontramos arrebatos apasionados; con estructura concéntrica que tiene a poner de relieve la polémica contra los falsos maestros, parte central de la carta. Esta segunda carta tiene las características propias del género literario “carta testamento.

Carta de Judas
Autor de la carta de Judas es el apóstol Judas Tadeo, el hermano de Santiago. Compuso su carta hacia el año 62-67. La dirige a los cristianos convertidos del judaísmo que en ese momento se encontraban dispersos por territorios del imperio romano, expuestos a unos pretendidos maestros de la verdad.

División y contenido

  • Recuerdo de ejemplos pasados.
  • Denuncia contra los falsos maestros.
  • Exhortación a la comunidad.

Características literarias

  • está en griego, rico en vocabulario y construcción clásica.
  • tiene características de un folleto antiherético.

 pertenece al género literario “controversia”.

Contenido teológico de las cartas católicas

Carta de Santiago:

a) Fin de la carta de Santiago: animarles a soportar con fortaleza las persecuciones y hacer vida y obras la fe.

b) Contenido teológico-espiritual: exhorta a vivir las virtudes cristinas: paciencia, dominio de la lengua, caridad para con los pobres; condena la avaricia, la ambición, la acepción de personas. En esta carta está la fundamentación bíblica del sacramento de la unción de enfermos. Y sobre todo, lanza su mensaje principal: la fe sin obras es una fe muerta.

Cartas de san Pedro:

a) Fin de las cartas de Pedro: consolar y sostener la fe de aquellos cristianos en momentos difíciles.

b) Contenido teológico-espiritual:

+ En la primera carta exhorta a una vida cristiana más santa.

+ En la segunda carta refuta el error de aquellos que trataban de quitar importancia al juicio de Dios y negaban la Parusía. Recomienda la paciencia, arrepentimiento y conversión, porque el Señor puede pedir cuentas en cualquier momento.

Carta de Judas:

a) Fin de la carta de Judas: poner en guardia contra los falsos doctores que ponían en peligro la fe cristiana
b) Contenido teológico-espiritual: transmite estas verdades:

*Dios Padre es fuente de gracia y poder, y de Él procede la salvación.

*Jesucristo es nuestro Dueño y Señor.

*El Espíritu Santo es quien nos conserva en el amor de Dios y en Él encontramos la esperanza de alcanzar la vida eterna.

LAS CARTAS DE JUAN

Las cartas de san Juan son una síntesis de lo que tiene que ser una vida cristiana: por encima de todo el amor y la vigilancia para conservar y defender la propia fe y doctrina.

Las tres cartas que llevan el nombre de san Juan –una más general, importantísima, y las otras muy breves- han sido escritas por el mismo autor del cuarto evangelio. San Juan fue el discípulo que Jesús amaba con predilección y al que fueron revelados los secretos del cielo; aquel que se reclinó en la Cena sobre el pecho del Señor y que allí bebió, en la fuente del sagrado pecho, raudales de sabiduría que encerró en su Evangelio, como ya hemos visto

Autor, fecha y destinatarios

  • El autor de la primera carta y del evangelio es Juan, el apóstol virgen, uno de los predilectos del Señor.
  • El autor de la segunda y tercera carta tal vez sea un cristiano perteneciente a la comunidad joánica y conocido por el nombre de Juan el presbítero.

La primera carta fue escrita alrededor de los años 95-100 d.C.

La segunda y la tercera carta fueron escritas alrededor del año 100.

Características literarias

a) La primera es una encíclica de carácter 

         homilético y teológico.

b) Las tres tienen un carácter polémico, pues

están escritas en el marco de la controversia , que sacudió las comunidades joánicas de los últimos decenios del siglo I.

c) Vocabulario de la literatura de Qumrán (ruinas en las que se descubrieron rollos con textos religiosos) antítesis Dios-mundo, luz-tinieblas, verdad-mentira.

División y contenido temático

La primera,  es la más elaborada teológicamente y  recoge los elementos doctrinales de las otras dos:

a) Dios es Luz (1)
b) Dios es Padre (2-3)
c) Dios es Amor (4-5)

El anticristo es el adversario de Cristo, y es toda persona o doctrina que va en contra de la luz, que es Cristo Jesús. Debemos rechazar el anticristo.

Contenido teológico y espiritual

1º CARTA DE JUAN

a) Necesidad de caminar en la luz, no en el pecado que es la oscuridad del anticristo, pues Dios es Luz.

b) Necesidad de vivir como hijos de Dios Padre.

c) Necesidad de amar. La caridad es la prueba de nuestro amor a Dios. No basta con creer; hay que cumplir los mandamientos del amor, y hacer la voluntad del Padre.

2º CARTA DE JUAN

  • - Pureza de la fe
  • - Amor fraterno.
  • - Ruptura con los falsos maestros

3RA CARTA DE JUAN

- Ser fiel a la verdad y vivir de acuerdo a ella.

- Imitar lo bueno, no lo malo: quien hace el bien es de Dios

Las tres cartas de san Juan son una magnífica síntesis, hecha desde una óptica muy especial, de lo que tiene que ser la vida cristiana. Su mensaje sigue siendo actual porque los cristianos quieren saber también hoy cuáles son los criterios válidos para descubrir dónde está el Espíritu de Dios, para conocer cuál es la verdadera dimensión de Cristo, para vivir así con total autenticidad una fe siempre en peligro.