Facebook Twitter Google +1     Admin

Se muestran los artículos pertenecientes a Febrero de 2013.



San Pedro Luis María Chanel

20130216180050-martirio-de-chanel.jpg

El P. Chanel y María 

San Pedro Luis María Chanel

Primer Mártir de Oceanía

Primer Santo Marista

Por el Hno. José Diez Villacorta

El 28 de abril recordamos el martirio de San Pedro Chanel, primer mártir Marista, perteneciente a la Sociedad de María, la cual también integraba el Padre Champagnat. En 1836 se unió a un grupo de misioneros Maristas y partió hacia la Polinesia. Junto al Hermano Marie-Nizier desembarcaron en la isla de Futuna el 12 de noviembre de 1837. En la isla no conocían el cristianismo y Pedro se las ingenió para predicar y empezó a convertir a los nativos.

Si al principio los misioneros fueron bien acogidos por el rey Niuliki, a medida que la predicación iba haciendo catecúmenos, las relaciones se fueron enfriando ya que veía su religión amenazada. Como soportaban todo con paciencia y continuaban con su apostolado y sus obras de misericordia, vinieron las amenazas. "Que se los mate, que desaparezca su religión" era el grito que empezaba a oírse por parte de los opositores. Los misioneros lo sabían y estaban dispuestos a sufrir el martirio si esa era la voluntad de Dios......

   Infancia y estudios

San Pedro Chanel

Nació en La Potière, aldea del pueblo de Cuet en el departamento del Ain (Francia), el día 12 de julio de 1803. Era el 5º hijo de los 8 que tuvo la familia compuesta por los humildes agricultores Francisco Chanel y María Ana Sibellas. Bautizado 4 días después, en la fiesta de Nuestra Señora del Carmen, con el nombre de Pedro, añadiría más tarde los de Luis María con ocasión de la confirmación, nombres que indican su devoción a san Luis Gonzaga y a la Sma. Virgen.

Encargado a los 7 años de sacar a pastar y cuidar el modesto rebaño familiar, sus primeros ensayos de alfabetización los realizó en los inviernos de 1810 y 1811 en la escuela más cercana (6 km) de Saint-Didier d’Aussiat. Los resultados fueron escasos, ya que lo poco aprendido en el invierno se le olvidaba rápidamente durante el cuidado del rebaño el resto del año.


La solución le vino con el encuentro del abate Trompier, cura párroco del cercano pueblo (4 km) de Cras-sur-Reyssouze, donde los 2 inviernos siguientes Pedro fue a la escuela, bajo la tutela del sacerdote y el alojamiento en casa de una tía. Cuando su protector fue nombrado en 1815 párroco de Monsols (en las montañas del Beaujolais), le propuso llevarlo consigo y encargarse de su educación, cosa que sus padres aceptaron.

En Monsols no sólo hizo grandes progresos en las ciencias humanas, sino que, como monaguillo y acompañante del cura párroco en misas, visitas a los enfermos y entierros, Pedro se iba casi sin percatarse preparando para el sacerdocio. Vuelto el párroco a Cras al año siguiente, ya que el clima de la montaña le había afectado la salud, también volvió con él su joven protegido y, esta vez, ya no alojado con la tía sino con el párroco al igual que en Monsols.

Allí fue donde, a la edad de 13 años y medio, según la costumbre francesa de la época, hizo Pedro su primera comunión. Era el 23 de marzo de 1817. Tomó como resolución rezar a diario el rosario, clara manifestación de su devoción a María, que sellará más tarde con la que será siempre su divisa de apostolado: Amar a la Sma. Virgen y hacerla amar.

 

En julio de 1819, con 16 años de edad, el párroco de Cras envió a su protegido a continuar sus estudios al seminario menor de Meximieux, donde Pedro se destacó muy pronto como brillante alumno y como ferviente miembro de la Congregación de la Sma. Virgen, asociación en la que se agrupaban los mejores. Permaneció allí hasta 1823, año en que terminó de cursar la retórica; para completar sus estudios con la filosofía debería trasladarse al seminario menor de Belley, donde Monseñor Devie acababa de ser nombrado obispo de la nueva diócesis.

 

El sacerdocio y el apostolado

 

En octubre de 1824 Pedro Chanel inicia su teología en el seminario mayor de Belley que Monseñor Devie había instalado en el antiguo convento de los Agustinos reformados. Su ordenación sacerdotal tan ansiada llegaría el 15 de julio de 1827. Y enseguida fue nombrado vicario parroquial en Ambérieu-en-Bugey.

Uno de sus primeros actos como vicario parroquial fue la introducción del mes de María. Y muy pronto sus actividades pastorales le hicieron soñar con las misiones. Pero su obispo no le dio autorización sino que el 1º de septiembre de 1828 lo nombró cura párroco de Crozet, pequeña población de 800 almas en las montañas del Jura. Allí debería afirmar su débil salud a la vez que ejercitar su apostolado misionero en una población de mayoría calvinista.

El joven párroco pensó enseguida en los más pequeños. Confió la enseñanza de los niños a un joven instruido y de sólida piedad; y las niñas a una religiosa, Hermana de la Providencia de Portieux, ayudada por su propia hermana, Francisca María Chanel, que aspiraba a la vida religiosa.

Si duro era el apostolado en ambiente protestante, sus múltiples obras de misericordia le conquistaron todos los corazones. Pero la vocación misionera no se apartaba de su cabeza. Vocación que se afianzó al conocer al sacerdote Juan Claudio Colin que dirigía las misiones parroquiales de la diócesis de Belley con un grupito de compañeros que se llamaban ya Maristas. Después de varias entrevistas, de mucha reflexión y oración, y de pertinentes consultas, el cura párroco Pedro Chanel manifestó su deseo de ingresar en la Sociedad de María, entre cuyas misiones figuraba la evangelización de los infieles.

Aceptado muy gustoso por el Padre Colin, y obtenido su permiso del señor obispo Monseñor Devie, lo primero que hizo fue asegurar el porvenir de su hermana y colaboradora parroquial Francisca María. Deseosa de la vida religiosa, ingresó en el convento de Bon-Repos, entonces casa-madre de las Hermanas Maristas, donde profesó con el nombre de Hermana Santo Domingo. 

Primeros ministerios como Marista

La Sociedad de María aún no estaba aprobada canónicamente, y sus dos ministerios hasta entonces eran las misiones parroquiales y el colegio de Belley, que Monseñor Devie había puesto bajo la dirección del Padre Colin.

A la espera, pues, del apostolado en las misiones entre infieles, la primera misión que se le encargó fue la de profesor en el colegio-seminario menor de Belley (1831). En el curso siguiente, octubre de 1832, se le confió la dirección espiritual del colegio, cargo donde mostró toda su capacidad. Una de sus principales funciones como director espiritual era la predicación en la capilla del colegio. Preparaba con minuciosidad todas las instrucciones, y para afianzar sus frutos estableció entre los alumnos, según el modelo de Meximieux, la Congregación de la Sma. Virgen y la de los Santos Ángeles. La confesión le ocupaba igualmente buena parte de su tiempo, pues numerosos alumnos lo preferían como confesor.

En el intervalo veraniego entre los dos cursos que pasó en Belley como director espiritual, el Padre Chanel hizo el viaje a Roma como acompañante y secretario del fundador Colin, en representación del grupo de Belley (el representante del grupo de Lyon fue el Padre Bourdin).
El objetivo era presentar ante el Papa Gregorio XVI el proyecto de la Sociedad de María. Tuvo, efectivamente, la dicha de un audiencia con el Papa, y la de una peregrinación a la santa casa de Loreto.
De regreso a Belley, hizo su segundo año de director espiritual hasta el verano de 1834, a la vez que oficiaba y predicaba en numerosos pueblos cercanos que lo invitaban para sus fiestas. Y como el Padre Colin deseaba ocuparse plenamente de los asuntos de la Sociedad de María, consiguió de Monseñor Devie que lo relevara del cargo de director del colegio-seminario menor. Para remplazarlo fue nombrado como director-superior el Padre Chanel, cargo que guardará hasta 1836.

 

El misionero Marista

 

Aprobada oficialmente la Sociedad de María por Su Santidad Gregorio XVI, con el breve Omnium gentium salus del 29 de abril de 1836, se le asignó como campo de evangelización misionera Oceanía occidental. Elegido el Padre Pompallier como Vicario Apostólico, con el título de obispo de Maronea, quedaba por encontrar el grupo de misioneros acompañantes. Habiéndose ofrecido varias veces para dicho apostolado, grande fue la dicha del Padre Chanel al ser aceptado para la primera partida.

Los dos grupos de sacerdotes Maristas, el de Belley y el de Lyon, se reunieron en Belley en el antiguo convento de los Capuchinos, bajo la presidencia de Monseñor Devie y de Monseñor Pompallier, para un retiro espiritual. Elegido el Padre Juan Claudio Colin como Superior General, los 20 sacerdotes emiten sus votos religiosos en la Sociedad de María. Era el 24 de septiembre de 1836, fiesta de Nuestra Señora de la Merced.
Nombrado el Padre Chanel como Superior del grupo de 4 Padres y de 3 Hermanos que partirían para las misiones, y por Monseñor Pompallier como su Provicario Apostólico, se dedicó febrilmente a los preparativos de la misión con numerosas visitas. Entre ellas, una visita al Hermitage, casa-madre de los Hermanos Maristas fundados por el Padre Champagnat, profeso como él del 24 de septiembre en la Sociedad, dos de cuyos miembros eran del número de pioneros para Oceanía. El santo fundador Marcelino Champagnat había solicitado ir él mismo a la misión.

El Superior de la Sociedad de María, Juan Claudio Colin le había respondido: Su misión está aquí en El Hermitage, al frente de su instituto de Hermanos Maristas y en la formación de buenos Hermanos para las misiones. Tuvo que contentarse, pues, con llevar sobre sus robustas espaldas los pesados bultos de los misioneros hasta los vehículos de transporte.

El grupo misionero estaba constituido por Monseñor Pompallier (Marista asociado, pues siendo ya obispo no podía profesar como religioso), los Padres Maristas Chanel, Bataillon, Servant y Bret, y los Hermanos Maristas Marie-Nizier, Miguel y José Javier (este último Hermano Marista Coadjutor).

La salida del puerto del Havre se efectuó el 24 de diciembre de 1836 en el buque llamado La Delphine.

 
En la isla de Futuna

El viaje fue largo y con numerosas peripecias. En Santa Cruz de Tenerife debieron permanecer 52 días para reparar la nave averiada. Cuando por fin pudieron de nuevo ponerse a la mar, el Padre Bret fue presa de fuertes dolores de cabeza y violenta fiebre. Administrado el Santo Viático y la Extremaunción por el P. Chanel el domingo de Ramos, el misionero falleció el día siguiente, 20 de marzo de 1837.

El 28 de junio anclaban en Valparaíso (Chile) donde acababa su viaje La Delphine. Después de mes y medio de gestiones, los misioneros consiguieron embarcarse el 10 de agosto rumbo a la Polinesia en un buque norteamericano, el Europa. En Tahití debieron de nuevo cambiar de embarcación: una mísera goleta que llevaba el nombre de Raiatea.

Llegados el 1º de noviembre de 1837 a la isla de Wallis (llamada entonces Uvea), dejaron allí 2 misioneros, el P. Bataillon y el Hno. José Javier Luzy: quedaba fundada la primera misión católica de Oceanía occidental. El sábado 11 de noviembre hacían escala en la isla de Futuna. Allí quedaron el Padre Chanel y el Hermano Marie-Nizier. Para el P. Chanel sería su definitivo campo de apostolado y de martirio. El Padre Servant y el Hermano Miguel irían a Nueva Zelanda.

Futuna y Alofi constituyen dos pequeñas islas: la primera de 40 km de perímetro, la segunda de 20; un total de 115 km cuadrados. Montañas volcánicas de hasta 750 m y profundos valles; acantilados abruptos y sólo algunos espacios llanos al borde del mar; temblores de tierra permanentes. Poca población: apenas 1.000 almas constituirían la grey a evangelizar, todas en la isla mayor. En ella hay dos facciones: los Vencedores y los Vencidos, en guerra permanente, ambos con su propio rey, el primero en Alo, el segundo en Sigave. Los misioneros son acogidos como huéspedes por el rey de los Vencedores, Niuliki, en Alo. Más tarde los instalarían, con casa propia, en Poi.


El día 8 de diciembre, fiesta de la Inmaculada Concepción, el P. Pedro Chanel celebró su primera misa en la misión. El día de Navidad, misa solemne con asistencia curiosa de un pequeño público. Y enseguida, rosario en mano desgranando avemarías, a recorrer la isla, tanto en el campo de los Vencedores como en el de los Vencidos, conociendo a la gente, visitando enfermos y llevándoles medicamentos. Al mismo tiempo, con ardor increíble, se puso a estudiar la lengua nativa para poder catequizar lo más pronto posible. A los niños enfermos en peligro de muerte los bautizaba; a todos les ponía el nombre de María, seguido del nombre del santo del día.

Oposición y dificultades

Si al principio los misioneros fueron bien acogidos por el rey Niuliki, a medida que la predicación iba haciendo catecúmenos, las relaciones se fueron enfriando ya que veía su religión amenazada. Los familiares del rey y el consejo de ancianos empezaron a ponerles toda clase de dificultades, empezando por escasearles la comida e incitando a sus súbditos a robarles el producto de su trabajo en la huerta propia. El hambre los llevó a tener que comerse hasta el perro de casa. Pronto, no se contentaron con robarles los frutos, sino que iban llevándose ropa y otros objetos: apenas quedaron con la ropa puesta.

Como soportaban todo con paciencia y continuaban con su apostolado y sus obras de misericordia, vinieron las amenazas. "Que se los mate, que desaparezca su religión" era el grito que empezaba a oírse por parte de los opositores. Los misioneros lo sabían y estaban dispuestos a sufrir el martirio si esa era la voluntad de Dios. Por temor al rey, la gente bien dispuesta con los misioneros no osaba prestarles ayuda. Los catecúmenos tenían que reunirse en forma secreta.

Lo que llevó a la exasperación total del rey fue la conversión a la fe cristiana de su propio hijo mayor, Meitala, quien más tarde sería su sucesor. Dio entonces la orden de asesinar a los misioneros. Su yerno Musumusu asumió el encargo y fue preparando el plan reclutando para el golpe a un grupito de adeptos. Todo se hacía en secreto para no despertar las sospechas de los catecúmenos. Y para asegurarse el buen resultado, se buscó un día en que el Padre estuviera solo.

 

El martirio

 

 

 

Ese día no tardó en llegar. Impedido por la fiebre y una llaga en el pie, el Padre Chanel envió al Hermano Marie-Nizier al valle de los Vencidos, Sigave, distante 3 leguas y media, para visitar a un enfermo y bautizar a los niños en peligro de muerte. Era el 27 de abril de 1841. Musumusu y su banda aparecieron temprano en la mañana del 28 armados de lanzas y cachiporras con extremos metálicos.

Se dirigieron primero a la casa de los catecúmenos que estaban durmiendo, a los que golpearon y dispersaron. Al hijo del rey no lo encontraron en la casa ; lo buscaron y lo golpearon violentamente, al igual que a su hermana Flora : tenían carta blanca del rey. Luego se encaminaron a la casa de los misioneros en Poi.

Se adelanta uno de los asesinos y le pide un remedio al Padre. Mientras el misionero va a buscarlo, los demás invaden la casa y comienzan el pillaje. Enfurecido, Musumusu grita: ¿Qué esperan para matarlo? El que había pedido el remedio agarra entonces al sacerdote y lo empuja con violencia; otro del grupo lo golpea con su cachiporra quebrándole el brazo que ha levantado para parar el golpe. Un segundo golpe lo hiere en la sien izquierda y sangra abundantemente. Una lanza con punta de hierro lo hiere en el pecho. El misionero retrocede y cae. Pero todos están ávidos de llevarse algo y atienden más al pillaje que a obedecer al jefe de la banda. Furioso Musumusu, y no encontrando su cachiporra, salta por la ventana y entra en la habitación del Hermano Marie-Nizier. Allí topa con una azuela escondida debajo de la cama, la toma y se lanza contra el herido: con un golpe feroz le clava el hierro en el cráneo y el mártir cae exánime. Musumusu lo depoja de su sotana y otros se llevan sus otras vestimentas.

El compañero de apostolado, el Hermano Marie-Nizier se salvó milagrosamente. Regresando a Poi ese 28 de abril, se encuentra con uno de los asesinos que viene a contarle lo sucedido y prevenirle de huir. ¿Qué había pasado? Se había adueñado de un cerdo que criaban los misioneros, pero el rey Niuliki quiso destinarlo para el festín funeral. Irritado por el despojo de su parte de botín, quiso vengarse previniendo al Hermano. Él mismo lo acompañó al valle de los Vencidos, donde su rey le dio asilo. Durante 14 días permaneció allí, defendido por los Vencidos contra amenazas e intentos de ataque, hasta que apareció un buque norteamericano que lo llevó, junto con los demás blancos también amenazados, a Wallis.

Pero volvamos al mártir. Las mujeres indígenas se mostraron piadosas, entre ellas la esposa y dos hijas del rey asesino. Lavaron su cuerpo, lo ungieron con aceite de coco, lo envolvieron en esteras y lo enterraron en la fosa que los mismos Niuliki y Musumusu ayudaron a cavar a unos pasos de la casa misionera. Esta fue destruida como signo de su triunfo completo y para borrar todo rastro de cristianismo. "El sacerdote ha muerto -decían- y su religión con él. Ya no tenemos más que temer, nuestra isla vuelve a ser feliz".

Los frutos del martirio

Pero sus previsiones fallaron. En Futuna volvió a cumplirse el dicho "La sangre de los mártires es semilla de cristianos".

El 18 de enero de 1842 aparecía en la isla la goleta "Sancta Maria", embarcación de la misión, con el Padre Viard y el Hermano Marie-Nizier. Por precaución, la corveta francesa L’Allier los acompañaba para intervenir en caso de necesidad.

Lo primero fue rescatar el cuerpo del mártir. Transportado primero a la Bahía de las Islas, fue enviado a Sydney en 1850, y en 1851 transportado a Lyon. Descansa hoy en una magnífica urna en el Seminario de Misiones Marista en Sainte-Foy-les-Lyon. También fue rescatada su sotana sacerdotal.

Los jefes de la isla, animados por algunos regalos, se presentaron al Comandante de L’Allier y manifestaron su pesar por la muerte de quien, decían: "El Padre no hizo sino el bien en el país; siempre fue un hombre caritativo con todos". Y rogaron al Hermano Marie-Nizier se quedara con ellos y enviaran un nuevo Padre. Cuando el 29 de mayo de 1842 Monseñor Pompallier trajo en su embarcación "Sancta Maria" a 3 Padres, 2 Hermanos, el rey de Wallis ya cristiano, se encontraron con un cambio total en el ánimo de los jefes de Futuna. Todos acudieron a recibirlos, incluso Musumusu y los demás asesinos. Muchos isleños pedían el bautismo. Después de 10 días de preparación, Monseñor bautizó y confirmó a 114, primicias de la numerosa cosecha que se anunciaba.

Para llevarla a cabo quedaron con el Hermano Marie-Nizier los Padres Roulleaux y Servant. Empezando por el bautismo de los niños, le siguieron los del rey asesino Niuliki, Musumusu y sus cómplices, entre ellos el joven Musulamu quien, bautizado con el nombre de Soane Malia (Juan María), llegaría a ser rey de los Vencedores y el promotor de la construcción de la iglesia de Poi, dedicada hoy al P. Chanel, con el nombre de Nuestra Señora de los Mártires.

Ocho meses después de su llegada escribía el P. Roulleaux: "Ya tenemos 2 iglesias y 840 isleños bautizados. El fervor de los nuevos cristianos se acrecienta día a día: se sienten felices con la dicha de los hijos de Dios". Sólo quedaban entre 200 y 300 catecúmenos por instruir, y la preparación de todos los nuevos cristianos a la primera comunión.

El santo protomártir de Oceanía, Pedro Chanel, se había así vengado de sus asesinos: convirtiéndolos y haciendo cristiana toda la isla de Futuna.

 

El camino a los altares

El proceso De martirio, causa martyrii et signis tuvo lugar en la isla y acabado el 3 de agosto de 1845. Llevada a Roma la causa, fue firmada por el Papa Pío IX el 24 de septiembre de 1857, lo que le daba al mártir el título de Venerable. La beatificación tuvo lugar el 17 de noviembre de 1889 por el Papa León XIII. Y finalmente la canonización el 12 de junio de 1954 por el Papa Pío XII.
Una primera iglesia en el lugar del martirio, construida en bambú bajo la dirección del P. Roulleaux y el Hermano Marie-Nizier, tenía 25 m de largo por 10 m de ancho. Fue devorada por un incendio fortuito. Pero los ornamentos sagrados fueron salvados.
La magnífica iglesia Nuestra Señora de los Mártires, dedicada hoy a San Pedro Chanel, fue iniciada en 1885 según el plan de Monseñor Lamaze, y llevada a cabo por el Padre Quiblier y los isleños. Es de forma octogonal y de piedra tallada. Tiene 40 pies de diámetro y 60 de alto. Está rodeada por una veranda o galería que le sirve de contrafuerte y de abrigo para las multitudes que acuden y no caben en el interior. A la entrada de la iglesia está el lugar donde fuera enterrado el mártir: una estatua yacente lo representa. Enfrente, en su extremo, el lugar donde fuera asesinado, cubierto con una piedra que los habitantes de la isla veneran desgastándola con sus besos.

Una urna guarda la lanza y la cachiporra que hirieron al mártir, y otra conserva su sotana y un hueso del pie del santo. El cáliz, el misal, el alba y el mantel del altar que sirvieron para las misas de San Pedro Chanel sirven aún hoy para los mismos fines en las grandes ocasiones. Su presencia está viva, no sólo en esta minúscula isla perdida en el Pacífico, sino en toda Oceanía donde su primer mártir derramara la sangre para implantar en ella la fe de Cristo.

 
¡¡ Que el Señor conceda la Bienaventuranza a los que trabajaron por la PAZ y su sangre derramada con tanto amor sea semilla de nuevas y santas Vocaciones Maristas !!!....

 

Fuente : http://www.maristas.com.ar. Autor, Hermano José Diez Villacorta.

 

16/02/2013 11:00 Formación Religiosa Enlace permanente. sin tema No hay comentarios. Comentar.


Blog creado con Blogia. Esta web utiliza cookies para adaptarse a tus preferencias y analítica web.
Blogia apoya a la Fundación Josep Carreras.

Contrato Coloriuris